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1 dic. 2012

UNAMUNO




A punto de la terminación del año, y como homenaje a la figura de Don Miguel de Unamuno del que se cumplen en este 2012 setenta y cinco años de su fallecimiento (Salamanca, 31/12/1936), le he dedicado un pequeño recordatorio después de la lectura del tomo IV de sus Obras Completas (Poesías, Rosario de Sonetos Líricos, El Cristo de Velázquez, Teresa, De Fuerteventura a París, Romancero del Destierro), primorosamente editadas por la Biblioteca Castro.

Debo decir que hubo momentos durante la lectura en que me sentía un tanto "fatigado", sobre todo al comprobar ese afán tan unamuniano de centrar su visión poética,  casi con exclusividad,  en su "angustia vital", esa confrontación en su "intrahistoria" personal entre la falta de fe y las ansias de la trascendencia. Es por eso que he preferido resaltar dos poesías ajenas a esa temática, una perteneciente a "De Fuerteventura a París", la otra a "Romancero del Destierro", donde la lírica poética del bilbaino transcurre por derroteros distintos.

La primera es el soneto VIII ("De Fuerteventura a París"). Unamuno aprovecha para rendir pleitesía lírica a la isla de Fuerteventura, exilio forzoso impuesto por el entonces dictador Primo de Rivera y, de paso, atizar al tirano.

"¡Oh, fuerteventura isla africana
sufrida y descarnada cual camello,
en tu mar compasiva vi el destello
del sino de mi patria! Mar que sana
 
con su grave sonrisa más que humana
y cambia en suave gracia el atropello
con que un déspota vil ha puesto el sello
de la loca barbarie en que se ufana.
 
Roca sedienta al sol, Fuerteventura,
tesoro de salud y de nobleza,
Dios te guarde por siempre de la hartura,
 
pues del limpio caudal de tu pobreza
para su España celestial y pura
te ha de sacar mi espíritu riqueza.

La segunda, romance perteneciente a "Romancero del Destierro", escrita ya en su exilio de Francia, carga sus tintas contra la figura del rey Alfonso XIII, paradigma junto a Primo de Rivera, del hediondo tufo que asolaba entonces España.

"Rey Alfonso, rey Alfonso,
engendrado en agonía,
agónica a nuestra España
mantienes, con tu injusticia.
Rey Alfonso el Africano,
el de la fatal divisa,
de tu corona el bateo
ve que de sangre destila...
Rey Alfonso, rey Alfonso,
rebojo de dinastía,
desecho de los Habsburgos
los de quijada fatídica,
ya no hay sangre que te valga
mas que te sea querida.
Te rodeaste de podencos
adiestrados en traílla,
dándoles carne de siervos
motejados de gallinas.
A los verdugos en jueces
erigiste en un mal día
cuando soñabas, ¡cuitado!,
el imperio a la otra orilla.
A tus fieles consejeros
difamaste con mentiras,
palacio de la injustica,
hiciste de tu guarida.
Ni una verdad de tu boca
salió porque si decías
algo de cierto, lo cierto
era que no lo creías.
Te rechinaban los dientes
por dentro de la sonrisa
de esa tu boca entornada
que aire de tumba respira.
Rey Alfonso, rey Alfonso
de la cruzada maldita,
del perjurio fernandino,
de la negra pesadilla;
rey Alfonso, rey Alfonso,
hay un Dios que nada olvida,
que te conoce el linaje
hay un Dios sobre la vida.
 
 
Miguel de Unamuno, intelectual de altos vuelos en la primera mitad del siglo pasado, personaje controvertido, ya considerado un clásico entre los lectores, sigue manteniendo el fervor del público 75 años dsespués de su muerte.

 

 







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