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6 ene. 2013

CARRETES

 
 
Platinum Coils - album cover
 
 
 
THE MONOCHROME SET  "THE PLATINUM COILS"
Vuelvo a The Monochrome Set después de haber reescuchado sus dos trabajos durante el verano pasado, "Volume, Contrast, Brilliance" (recopilación de sesiones y singles de 1983) y "The Lost Weekend" (1985), esta vez en su nuevo trabajo "The Platinum Coils" de 2012. Y es un retorno gozoso reencontrarse con el gran Bid, alma mater de la banda, después de reunificarla en 2010, esta vez con dos de los miembros originales, Lester Square (guitarra y harmónica) y Andy Warren (bajo).

The Monochrome Set es una banda para elegidos. No busquen aquí los advenedizos , "post-indies", "post-modernistas", "post-electrónicos", "post-eclécticos" del pop insustancial algo con lo que fardar ante sus tribus. Este grupo no es válido para cualquiera. Su visión musical, acorde con una cierta decadencia estética, será más del gusto de aquellos aficionados que sientan placer por aquellas melodías con alma y espíritu extravagante, propicias al ensimismamiento que proporciona la sencillez, el tono sosegado del reloj de cadena y las levitas de los poetas incomprendidos.

Bid, una vez superado el derrame cerebral que sufrió en 2010, dió carpetazo a su proyecto de entonces, Scarlet´s Well, y toma contacto con dos de los miembros originales de la banda, ya mencionados anteriormente. En Abril de 2012 sale a la luz esta grabación, "The Platinum Coils", que pone de nuevo a la banda en el candelero. Y no han podido hacerlo de mejor manera, siendo este trabajo una fidedigna continuación del estilo y lectura a la que nos tenían acostumbrados.

Grandes temas se suceden a lo largo del disco; desde "Hip Kitten Spinning Chrome" hasta "Brush With Death", flota una atmósfera de nieblas soleadas, de narraciones que acunan a infantes recién amamantados, aun con el sabor a miel del pezón materno. Textos donde la lírica es reflejo de una literatura leída en jardines, recordada en estaciones de trenes vacías, al rebufo de hojas removidas por un viento cuidadoso, dispuesto a dejar oir su eco solamente a los participantes de cierta magia ancestral.

¡Bienvenidos de nuevo!, ángeles del despilfarro onírico. Tornen sus oídos al tono crustáceo de los rollos plateados, aquellos carretes de Kodakchrome que vistieron el sepia del paso del tiempo.
 

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