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7 ene. 2013

GILGAMESH




GILGAMESH.  Versión de Stephen Mitchell.
Comienzo el año con la lectura del poema épico más antiguo del mundo, el célebre Gilgamesh, trasunto de la epopeya del rey del mismo nombre, histórico monarca de la bien amurallada ciudad mesopotámica de Uruk hacia el año 2.750 a.d.C.

Este relato formidable, un milenio más antiguo que la Iliada o la Biblia, parte de la revisión que un sacerdote erudito, Sin-lequi-unninni, realizó unos 500 años después de que se escribiera la versión paleobabilónica, versión que los expertos consideran como estándar. Su lectura moderna se debe a la encomiable labor de un entonces, 1857,  joven conservador del Museo Británico, George Smith, año por otro lado en que las originales tablillas en escritura cuneiforme fueron oficialmente descifradas.

Gilgamesh (dos tercios de ser divino y un tercio de ser humano) es el relato del viaje de un héroe, unas veces acompañado por su par y hermano Enkidu, otras veces solo, en el viaje final que le encamina a recuperar el secreto de la eternidad.

Además de los personajes citados, en la obra aparecen múltiples protagonistas que otorgan al relato una magnificiencia digna del mejor libro de caracteres. Dioses mayores, Ea, Anu, Enlil y Aruru (Diosa Madre)  prototipos de los creadores del universo y de los hombres, otros menores aunque no menos importantes, Ishtar (reina del mundo inferior), Ninsun (madre de Gilgamesh), Shamash, Shiduri, Sin, Utnapishtim (celador del secreto último de la eternidad), se entremezclan con seres monstruosos, Humbaba (guardián del Bosque de los Cedros), Los Hombres de Piedra, el Toro Celeste; sacerdotisas, Shamhat, cuya labor consiste en civilizar a Endiku, escribas, Belet-Seri (que sostiene la tablilla en la que se registra la viad y la muerte), el aguacil Ennugi, Namtar, guardián de la puerta del inframundo y otros tantos.




Todo el relato se conforma como un maravilloso mundo de aventuras. El conocimiento de Gilgamesh y Endiku, previo al proceso de adaptación del último por la sacerdotisa Shamhat, las luchas contra Humbaba y el Toro Celeste, la maldición sobre Endiku y su muerte, la desolación (punto álgido de la narración) de Gilgamesh y su postrer viaje hacia las Aguas de la Muerte, el relato del Diluvio, la aparición final de la serpiente. Un impresionante ejercicio de imaginación al servicio de la gesta épica más emocionante.

Recomendar vivamente su lectura a los que no conozcan esta obra maestra de la literatura. A los que ya tengan noticia de la misma, felicitarles porque seguramente serán más ricos.

Aquel que todo lo ha visto, que ha experimentado todas las emociones, del júbilo a la desesperación, ha recibido la merced de ver dentro del gran misterio, de los lugares secretos, de los días primeros del Diluvio...
 
 

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