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24 abr. 2013

LOS COLECCIONISTAS


"La liebre clon ojos de ámbar. Una herencia oculta".Edmund de Waal. (Edit. Acantilado, 2012)
 
Para aquellos acostumbrados a la observación de las cosas, a reconocer que muchas veces cobran vida propia, a ver cómo, al igual que la personalidad remite a los actos y eventos de las personas como sujetos de la acción, la "cosidad" otorga a éstas últimas un protagonismo que sobrepasa en ocasiones la mera racionalidad de los acontecimientos, este libro de Edmund de Waal supondrá un regalo, un acierto, una razón en sus convicciones.
 
Ya lo advierte una breve cita de Marcel Proust en el inicio del libro, cuando en boca de Charles Swann, protagonista en Sodoma y Gomorra, dice: "Aun cuando uno ya no tenga apego por las cosas, sigue importando haberlo tenido; porque siempre fue por razones que los demás no comprendían...Y bueno, ahora que estoy algo cansado para vivir con otros, estos viejos sentimientos del pasado, tan personales e individuales, me parecen -es la manía de los coleccionistas- muy valiosos"
 
Los objetos protagonistas de esta historia son mas de doscientas figuritas japonesas de madera y marfil, ninguna mayor de una caja de cerillas, conocidas como netsukes. Su itinerario parte del mismo Japón desde donde tratantes de arte franceses las llevan a París, motivos de coleccionismo de la aristocracia artística y financiera de finales del siglo XIX. Se trasladan posteriormente a Viena, objeto de regalo entre miembros de una misma familia, y sirven de espejo a los acontecimientos que se suceden entre el ocaso del imperio austro-húngaro y el final de la Segunda Guerra Mundial. Retornan al Japón ocupado por los americanos para, finalmente cuando el mismo lector esperaba que allí, en su cuna, obtendrían el merecido descanso, nos sorprenden con un último y quizás definitivo asentamiento en Londres.
 
Los paisajes que el autor modela (de Waal es ceramista en la vida real) en las distintas ciudades donde residen los netsuke son de singular belleza. El París central de la civilización de finales de siglo, con su brillante cultura urbana y pictórica, especialmente atrayente en sus colores y exotismos (el japonisme se pone entonces de moda), da pie a la creación de la colección de las figuritas. Su traslado a una Viena en plena expansión urbana, capital y culmen del más trasnochado imperio de los últimos Habsburgo, llena de polvo y de judíos, centro de la cultura musical, derrumbe de una sociedad que, queriendo ser elegante,  primero se mira en Francia para terminar, llena de miedo y sacudida en sus raíces, aceptar el Anschluss de Hitler en 1938. Y allí los netsuke, confirmando su fuerte alteridad, son salvados sin caer bajo el yugo alemán.
 
El círculo se completa realmente en un Tokio derrotado. Los japoneses avergonzados asisten sorprendidos al advenimiento de la pax americana y de la cultura yanki. La ciudad en ruinas se va reconstruyendo entre bloques plateados que no logran borrar las edificaciones de madera, donde las mujeres cuelgan la colada diaria en sus balcones. Los barrios populosos (Ginza), las calles por las que en más de media hora solo pasa un transeunte y un perro, los jardines, los árboles, los crisantemos. Allí los netsuke respiran su propio aire.  Y la ciudad rusa de Odesa también, cuna de la familia protagonista de la novela, puerto y granero de la inmensa fortuna que atesoran, con los escalones donde tiene lugar la más célebre secuencia del Acorazado Potemkim.
 
Hay además múltiples referencia a escritores y otros artistas que recogen nítidamente las distintas épocas que las ciudades reflejan. El Marcel Proust de "Du Côté de Chez Swann", Edmundo de Goncourt y el Emile Zola de "J´accuse" aparecen en París; el Robert Musil de "El Hombre sin Atributos" se encuentra en Viena, al igual que el Josepth Roth de "La Marcha de Radetzky", el Rilke de "Las Elegías de Duino", se cartea con una de las protagonistas en esa misma ciudad; el Hotel Imperial de Frank Lloyd Wright en Tokio, uno de los pocos edificios que resistió a los bombardeos americanos, también aparece.
 
Al final, las certeras reflexiones del autor vienen a cerrar el círculo, a dar el pase de pecho. "No es solamente que las cosas lleven historias consigo. Es que además las historias son un tipo de cosa. Historias y cosas comparten algo, una pátina"
 
¡Ah!, la novela va de una rica familia de judíos, pero eso es otra historia...

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