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26 may. 2013

LLEVADME AL NORTE






ELVIS COSTELLO      "NORTH"
Seguramente Elvis, medio adormilado, dejó caer el libro al suelo, en aquella página que marcaba el poema "Los Dafodelos" de Wordsworth:

"Mi corazón da un brinco cuando observo
el iris en el cielo;
así fue, igual, al empezar mi vida, 
así es ahora cuando soy un hombre,
así será cuando me vuelva un viejo,
¡oh dejadme morir!
El Niño es padre del Hombre: ojalá
mis días estuvieran vinculados
por natural piedad unos con otros"

Se levantó del sofá. Vencida ya la última luz de la tarde se acercó a la ventana y corrió las cortinas. El cristal, empapado por una lluvia monótona y triste, le acarició con su pequeña oleada de frío. Ese cielo metálico se atragantó en su mirada y, repeliendo su eco cruel, prefirió volver la vista hacia la calle mojada. Los adoquines, antes empapados por lágrimas de cerveza y orines que cantaban, ahora brillaban como planetas y estrellas a punto de ser pisadas.

"All the words you say to me
Have music in them
All the sorrows and the joys like magnetism
And a selfish boy looks through a prism
And says what is
But never asks what isn´t" ("When It Sings")

Levantó la guillotina de la ventana y se asomó al quicio. Las gotas de lluvia eran finas como agujas y crepitaban contra los marcos de madera blanca. Algo le empujó levemente hacia fuera, una mano de mujer ausente, y sintió cómo su frente, sus mejillas, sus ojos cerrados, la boca entreabierta, lloraban lágrimas calientes.

"See how the elements obey?
Eyes are blue
Skies are grey
Nothing I do can make you stay
I´m glad it will rain today" ("You Left Me In The Dark")




Cuentan que Elvis, aun la cara mojada y con una cierta sensación de levedad, sin bajar la ventana volvió al salón. La luz de unas lámparas bajas resaltaban la penumbra de la habitación. Las paredes, antes de color pistacho, se tornaban ahora pardas, parecidas al vientre de una tetera muy usada. El ambiente era de migajas de pastel desparramadas en un plato de Wedgewood, pegajosos los minutos clamaban su inutilidad. Elvis se acercó al piano.

"Then why you should care?
This is my nightmare
Was that one dream too deep?
Now if I could only sleep" ("When Did I Stop Dreaming?")

Por un momento dudó. Sus dedos hicieron una mueca extraña antes de posarse suavemente en el teclado, mientras trataba de recordar los primeros compases de "Porgy And Bess". En ese instante imaginó como un cuchillo untado de mantequilla, sosegadamente desde su punta, corría hambriento a lo largo de una tostada caliente. Sus manos no hicieron ningún movimiento preciso.

"Every single time
It becomes too much
There´s nothing I can say
Or touch" ("When Green Eyes Turn Blue")

Una marea de silencio interminable recorrió la habitación. Cada segundo no era nada sin el anterior que no había existido. Las luces se apagaron súbitamente. Entró sin permiso el sonido de los aplausos, aquellos extraños juegos de manos, clamores orquestados para una emoción compartida por muchos. Un foco ilumina por sorpresa la cara de Elvis. Por el cono de luz revolotean diminutas partículas de polvo, luchan recuerdos, claman suspiros olvidados, se encuentran miradas perdidas. Suenan ahora los ecos de "Las Gimnopedias" de Erik Satie. Del suelo se eleva una tenue niebla y todo el piso está mojado. La lluvia ha inundado la estancia. Una luciérnaga despide el día con un chasquido final de luz eléctrica.

"All the leaves are turning yellow, red and brown
Soon they´ll be scattered as they tumble down
Although they might be swept up so invitingly" ("Fallen")

(Dedicado a los jugadores del Borussia de Dortmund)

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