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8 jun. 2013

PURO DELICATESSEN




KURT VILE     "WAKIN ON A PRETTY DAZE"
Enfrentarse de primeras a un artista totalmente desconocido es como dar un salto al vacío. Apenas unas palabras escritas, algún vídeo que se cuela entre los muchos vistos, un comentario aislado, poca cosa para tener una referencia válida que permita saber, de antemano, por qué mares transita el susodicho elemento.

Y éste hecho, que a simple vista podría parecer un escollo, se puede convertir en una ventaja. No existe ninguna idea preconcebida, no hay comparación posible con lo anteriormente adquirido del artista, ya que nada hubo, se empieza de cero, todos los sentidos juegan su papel desde el inicio. El acudir a una cita a ciegas tiene su emoción. Y ésto es lo que me ha ocurrido con Kurt Vile y su nuevo trabajo "Wakin On A Pretty Daze", publicado por el celebrado sello Matador Rcds este año 2013.

Dejarse llevar desde el inicio, mecido por un sonido sin contrastar, y enfrentarse a una propuesta musical novedosa, aceptar la paleta de colores, visiones y atmósferas que puedan hacerte viajar a territorios que, aun conocidos más por ser itinerarios anteriormente transitados, no dejan de sorprenderte. Ése es el punto.

"Wakin On A Pretty Daze" transcurre por paisajes de un pop eléctrico y sedante. Salvo uno de sus temas, "KV Crimes" que tiene un tono claramente rock con espejos de Neil Young, el resto de las piezas se mueve en un ambiente "low-key", etéreo, sin que eso signifique falta de fuerza, ausencia de garra. Cortes como el que da título al disco y "Never Run Away", ambos con riffs de guitarras susurrantes, expandiéndose hacia horizontes de pura belleza melódica, o "Was All Talk", donde aparece una elegante línea de base rítmica y percusión sosegada, el más sofisticado Barry Adamson asomando por la puerta, o "Girl Called Alice", donde Kurt experimenta con "loops" y bases "reverb", creando una música de ambiente semejante a la de una banda fílmica, y qué decir de "Pure Pain", entrada roquera con un puente de pop acústico,  arropada por un "pedal steel" que da entrada a una potente oleada instrumental.


Pero hay para más. La sensación de explendor musical continúa en piezas como "Too Hard", armonía acústica que recuerda a los mejores Weekend, Anna Domino o Blaine L. Reininger, o el "beat" trotón de "Shame Chamber" dando entrada a unos arreglos coloristas, pop "arty" con riffs elásticos en "Snowflakes Are Dancing", donde la voz de Kurt se introduce como muelle orbital en la melodía. Cierran dos temas el disco. "Air Bud" con un tono tecno inicial que, aunque va dando paso a un pop eléctrico con ritmo acusado, vuelve a ese ambiente original, aquí la voz de Kurt agolpa recuerdos de los mejores Hugo Largo. "Goldtone", el corte más extenso, melodía digna de la Mitchell de "Hejira", con toques jazz de la "new age", pop sincopado y coros "angelinos", una suerte de recreación sonora final.

Th´Violators acompañan y arropan con éxito a Kurt, cuya voz, muchas veces apuntada más que recitada, otorga  a la grabación un aura intimista, plataforma de textos que hablan de vivencias instantáneas, trasunto de imágenes mentales de sentida belleza, pérdidas simbólicas, encuentros inesperados. La producción de John Agnello ayuda y mucho a crear esa sensación que revolotea durante todo el trabajo. Hay una paz al alcance de la mano pero hay que luchar por ella. Puro "delicatessen"

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