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29 jul. 2013

NATURALMENTE, UN GRAN AMIGO




J.J. CALE      "NATURALLY..."
Ocurre sí, ocurre a veces cuando la adormidera de los años se apodera del tiempo todo y , sin respeto a la memoria, sin ceder el paso en la cebra de la experiencia, se vive un presente que no es más que una pesada losa de olvido. Es entonces cuando parece que se esfumaran incluso las referencias más personales, aquellas que incólumes están ligadas al ritmo genético de las personas. Si hubo pasado no forma parte del hoy, el ahora no tendrá sitio en el futuro.

Nada de esto, afortunadamente, ocurre con J.J. Cale porque su música es similar al latido del corazón, pero en su fase de diástole, cuando el órgano se relaja después de su impulso poderoso y la vida toda se nos ofrece como una dicha en calma, un "alegre run-run de la existencia", como dijera don Benito Pérez Galdós. Es entonces cuando la propia respiración nos contenta en su bondad, el estómago subiendo y bajando impulsado por el fuelle de unas apacibles melodías, un susurro al oído que nos viene desde Oklahoma, que nos dice "Call Me The Breeze".

Mi primer contacto con el bardo de Tulsa fue allá por el 74 en el Rastro de Madrid, en el templete donde "el Rubio" vendía discos de segunda mano, normalmente en buen estado y a precios asequibles. Adquirí entonces el "Okie", me impactó su portada tan aparentemente sencilla, casi dibujo de un comic. A partir de entonces me convertí en un fiel admirador del compositor americano y tres años más tarde compré el "Naturally...", desde entonces mi disco de referencia del artista.

Todo el disco es una invitación a disfrutar del ritmo sosegado de la existencia. Desde los latidos iniciales del bajo de Norbert Putman en "Call Me The Breeze" hasta la última balada, soñolienta de guitarras y teclados, de "Crying Eyes", incluso en los momentos más álgidos, donde el pulso de la melodía se desata como un torbellino, "Bringing It Back" (para mí uno de los mejores temas del disco), se sucede una fiesta subterránea que une al cantante con su audiencia. 


¡Qué swing, qué bondadosa mano meciendo los sentidos del oyente!, ¡qué transporte, qué gozo, qué primer susurro de Morfeo en nuestros nervios a punto ya para la inercia! Y es que todos y cada uno de los temas envuelven al oyente en una fraternidad de sonidos, melodías, compases, ritmos de los que a nadie he escuchado perjurar. ¡Una psicodelia del aire puro!

Y esa auténtica y genuina filarmónica rural de Mt. Juliet y Nashville, con instrumentistas de la categoría de los Radle y Drummond mencionados, más David Briggs, Bob Wilson y Jerry Whitehurst a los teclados, Himmel & Browning a las baquetas, el "steel" de Weldon Myrick, al "fiddle" Buddy Spiker y Shorty Lavender, el dobro de Walter Haynes y la harmónica de Ed Colis, todos merecedores de ser mencionados al haber participado en una grabación que se me antoja antológica, cooperadores necesarios de un disco entrañable. Y el detalle en el reverso, con los puntos coloreados para indicar al oyente, que coge el disco, que palpa su extensión, que se recrea en su propia materia de cartón difuminado, aquellos músicos que participan en cada uno de los temas. ¡Qué lujo!

Imposible resaltar con justicia las preferencias de las canciones de esta obra maestra. "Don´t Go To Strangers" (maravilloso sonido pre Dire Straits), ese "Woman I Love" tan "cajun" emulando al mejor Dr. John, "Magnolia" (qué barbaridad de canción), los "fiddles" entrando en "Clyde" y haciendo de ella pura emoción country-blues, la vacilada pantanosa de "Crazy Mama", el funky vaquero de "Nowhere To Run" (¡qué piano de Bob Wilson, sumadresanta!), la conocidísima "After Midnight" (más sencillo aquí J.J. que el colosal Clapton en la versión de su primer Lp en solitario), el sendero solitario de la guitarra en "River Runs Deep". No hay quien dé más.

"One, Two, Three, Four"..., en varios temas J.J. Cale da entrada a los músicos a la antigua usanza, el oyente se prepara feliz para cabalgar junto a la banda y el mundo sigue su rumbo. Gracias Gei Gei, Gi Gi, Jota Jota Cale. Mi amigo Álvaro ya tiene nuevo compañero en el cielo.

(Dedicado a mi amigo Álvaro, fallecido hace 5 años, aquél que me convenció de lo de Gei Gei, yo empeñado toda la vida en lo de Gi Gi)

26 jul. 2013

PEAJE EN LA AUTOPISTA



STEVE EARLE & THE DUKES (& DUCHESSES)        "THE LOW HIGHWAY"
No hay distancias que valgan cuando la desazón pica, ni cuando el sentimiento encontrado, aquel que nos devuelve el sueño roto, se adueña instantáneamente del paisaje interior. Puede uno vivir cercano a las alcantarillas de la gran ciudad, o en lujosa conurbación, todo se asemeja en el momento de recordar las experiencias del narrador.

Steve Earle ha seguido la cuerda de personajes como Jack Kerouac y Woody Guthrie y, en éste su nuevo trabajo "The Low Highway" junto a The Dukes (& Duchesses), nos cuenta sus historias más cercanas, esas vivencias momentáneas que ya han dejado un poso de amargura, de rebeldía, de resurrección también.

Su estilo, ya más que conocido por todos los aficionados, ese abanico de fortaleza, rock de arrabales, country polvoriento, blues de mecedora desvencijada, a veces boogie trotón, otras crooner acústico, aquí en este trabajo muchas veces arropado por una rica instrumentación de guitarras, pedal steels, banjos, mandolinas, accordeones, teclados , cuerdas , base rítmica excelentemente acoplada a la atmósfera general del disco, hace crujir el ensamblaje supuestamente más cohesionado de la realidad americana.

Y es que hay guiños patentes a algo más profundo que la denuncia (fijación de Steve en muchos de sus trabajos anteriores) en temas como "Calico County" y "Burnin´It Down" (llamadas a una acción cruel y directa), quejas sociales en "That All You Got?" (magnífica aquí Allison Moorer a la voz y acordeón), promesas de evitar de nuevo la caida en "Pocket Full Of Rain" (muy lograda ahora una atmósfera mezcla jazz y boogie en este tema), juegos imposibles en "Invisible", desarraigo existencial en "Down The Road Pt II", crónicas de un prolongado fracaso en " 21st Century Blues"


Y aunque el tono del "outsider" parezca que marca el ambiente general del disco, no es así totalmente. Tiempo hay para reivindicar al amor como tabla de salvación en "Love´s Gonna Blow My Way" y "Remember Me", la necesidad de diversión gana la partida en "After Mardi Gras" y "Warren Hellman´s Banjo" y, como enmarcando la experiencia en su totalidad, más negra que blanca, en un tono grisáceo que pincela el horizonte a gran velocidad, el tema que da nombre a la grabación, "The Low Highway", patrón que guía al viajero desde altas montañas a lunas amarillas, aquellas que pudieran iluminar las sombras más esquivas, el Earle más poético se muestra aquí como un poderoso narrador de las planicies del vacío.

Mención especial para los músicos que acompañan al bardo. Allison Moorer, sus teclados son los de una musa, Chris Masterson, a la guitarra y pedal steel, fuerte como una arribada fluvial, Eleanor Whitmore, esos vientos suyos que alcanzan el cielo, especialmente el violín de "After Mardi Gras", Kelley Looney al bajo y Will Rigby a la batería, base rítmica plena de ese fuel que da fuerza al vehículo expresivo de Steve. Colabora a las voces Siobhan Kennedy, ignoro si tiene parentesco con Ray Kennedy, viejo socio ya de Steve en las labores de producción desde hace años.

Steve y su grupo han facturado uno de los mejores discos de este año 2013. Agrio como el limón, a veces dulce como la cortina que recoge la última luz de la tarde, amplio siempre como el paisaje que refleja. Coraje, desilusión, marcha y retorno, vida en fin.

(Entrada dedicada a las víctimas de Santiago, ciudad a la que me unen muchos recuerdos)

24 jul. 2013

VUELTA A LA GRANJA




SEASICK STEVE         "HUBCAP MUSIC"
Hay alambradas oxidadas en los polvorientos caminos de los pueblos perdidos, y aquel tenue hilo de algodón sintético sigue revoloteando entre la púas de sus cercados. A un lado cardos de fuerza militar guarecen las cunetas, al otro finísimas cañas cereales, agigantadas por las copiosas lluvias primaverales, homenajean al forastero con una suerte de salve agrícola. Es la fuerza aérea del verano de 2013 la que hace su aparición, todo el calor concentrado en un soplo de viento africano, fulgor de piedras y líquenes resecados, olor de serpientes en celo que acechan.

A Seasick Steve, casi se podría deducir de su mismo nombre, le gustan los tractores y los tapacubos de los viejos pickups Chevys, también las charcas repletas de ranas, aquellas que croan como ratas somnolientas en las noches calurosas de los arrabales de Nashville, nada más alejado de las glamurosas imágenes de los selectivos clubs de Nueva York o de las suites de cualquier motel angelino. Nada de eso pega aquí.

Y a fe que lo demuestra con la edición de su último trabajo "Hubcap Music", conglomerado de composiciones donde priman ambientes básicamente campestres, hilos de luz y polvo colándose por los resquicios de los graneros, herrumbrosos molinos de viento empujados por un viento mezquino, granjeros con sus grasientas gorras anunciando maquinaria de John Deere o serruchos de Black & Decker.

Todo el pasado del blues más rural, cercano al "red-neck-billy", resbaladizo como el lodo de los pantanos, corre por los surcos de esta grabación. Temas singulares como "Down On The Farm" o "Self Sufficient Man", hablan de hombres cuajados en surcos de arados , sus espaldas dobladas acarreando balizas de alfalfa, individualidades curtidas a la luz de un sol cegador, únicos seguidores de una naturaleza  a la que ya han dominado. "Keep On Keepin´On" y "The Way I Do" manifiestan su voluntad de no cambiar de rumbo. "Over You" muestran un lienzo donde el tipo duro ya no ofrece más poesía a su chica, aunque en "Purple Shadows", acompañado Seasick Steve ahora por la melosa voz de Elizabeth Cook, da pie a una lírica donde hay cabida para curar en cierta medida la soledad del perdedor.

"We cool down / the awful burningness of love"


Corre el sudor por su cuarteada frente y gira el volante de su avejentado Ford Range; va camino de la autopista sin rumbo de "Freedom Road", pero puede que decida dar la vuelta y volver al antiguo trabajo, aquel "Home" que le permita pagar facturas atrasadas, solo tiene que escupir por la ventana esa masa informe de tabaco mascado que pudre sus encías, "Hope", y sentir el estómago atrasado, añorando los queridos gases de huevos y bacon con frijoles. ¿Cargar de nuevo con esos pesados recuerdos, molicies de nada, eterno aburrimiento?, "Heavy Weight"..., ¿o dejarse atrapar como una perca de mierda por el anzuelo de otra nueva persona, que nada va a arreglar?, "Coast Is Clear".

"I´d like to be / a fish / on the end of your hook"

Toda esa atmósfera de uñas ennegrecidas por tierra y grasa de motores, palillos en las comisuras de labios requemados, rasgados ojos de un gris metalizado, antaño azules como el cielo, piernas arqueadas por la doma de mulas, suena de forma más que convincente en la curiosa guitarra, mezcla tapacubos y palo de escoba, de Seasick Steve, en el bajo del valiente John Paul Jones (en qué magnífico fregado se ha metido el ex Zepp), la percusión de Dan Magnusson, cálida como el vientre de un pollo, el "pedal steel" de Fats Kaplin, ecos de barbacoas y cervezas lejanas, otras guitarras en las que colaboran Jack White III y Luther Dickinson, miembros del club revisionista de gasolineras abandonadas. Elizabeth Cook pone la guindilla en un mundo solo para hombres.

Se oye al comienzo y al final de la grabación el sonido de un motor en marcha. Mejor que dejes lo que estás haciendo ahora y te abras. No importa donde, deja simplemente que el caballo mecánico te guíe.

15 jul. 2013

GARAJE EN VENECIA


   

VIBRAVOID         "DELIRIO DEI SENSI"
Curioso cómo a veces cuando se está del todo enfrascado en lecturas sobre historias urbanas, arquitecturas, costumbres, herencias literarias, leyendas y personajes variopintos de una ciudad  concreta ("El Antiguo Madrid" de Mesonero Romanos), y se presenta la audición de un disco en los antípodas de esas sensaciones casi cavernícolas, se observa, como inesperada reacción a esa labor intelectual, una súbita liberación de esa anterior sensación dominante de catacumbas, una suerte de nuevo hálito que se torna en nueva luz y aire bueno entre el polvo acumulado de los siglos.

Tal ocurre, como digo, con la audición del "Delirio dei Sensi" del grupo alemán de "space-rock" Vibravoid, disco editado este mismo año por el recomendable sello italiano "Go Down Records". Y es que de sus surcos, del arado analógico recorrido por la bendita aguja Shure (que dure muchos años más), surgen tanto avenidas elíseas como vericuetos de arrabales, tanto da en cuanto ambos son caminos que transportan al oyente a otras dimensiones, a otros territorios, no por menos transitados, novísimos.

A finales de Abril de este "Sexto Anno Aetatis Discrimine", publicaba una entrada sobre el anterior trabajo del grupo de Düsseldorf, "Politics Of Ecstasy", y hablaba entonces de "space-rock", de "neo-psicodelia", de "kraut" revisitado. Siendo válidas para este "Delirio dei Sensi" todas esas identificaciones, nos enfrentamos ahora a una deriva más pop y garajera; a las reverberaciones electrónicas y "overdubs" sincopados del anterior trabajo se añaden aquí preclaros pasajes de teclados, muy en la onda del Manzarek de The Doors y de los grupos de la cuadra del sello "Get Hip", capas rítmicas más cercanas a la inmediatez del simple compás pop, riffs guitarreros más alineados con la tercera generación de The Sonics.


Y para el tono pop qué mejor que una "version extraordinaire" de la afamada "Poupee De Cire" (han omitido aquí el "Poupee de Son"...) de Serge Gainsbourg, aquella joyita que interpretada por France Gall ganó en el certamen de Eurovisión de 1965 representando a Luxemburgo. ¡Pura extravagancia del grupo alemán que asienta aún más los inamovibles lazos de unión con su vecina Francia!

Y en el entorno "space-garage" ya apuntado anteriormente, temas como "Colour Your Mind", sublime versión cosida con hilo de seda sobre la pieza original de la banda australiana Tyrnaround; el "Magic Mirror" de Aphrodite´s Child, el grupo alemán homenajeando a una Grecia aun cuna de la civilización no sedentaria , "Listen, Can´t You Hear", con unos maravillosos teclados, propios de escenarios casi catedralicios, "The Empty Sky" y "The Golden Escalator", mejor que canciones, cantos, salmodias olímpicas, ascensiones lisérgicas a la casa de Zeus.

Todo ello labor esforzada de Christian Koch a las voces y guitarras, Robert Braume a la batería y M. Lammert al bajo. Producción de la misma banda y grabación en los estudios de Go Down de Savignano Sul Rubicone de Italia, país al que últimamente, y de forma acertada, dirige sus pasos la banda alemana; el título "Delirio Dei Sensi" no deja de ser una apuesta también por cierto entorno veneciano, puede que estemos hablando, en definitiva, de garajes de góndolas, de efectos psicotrópicos producidos entre canales y palacios.

Vibravoid..., una mariposa se posa en el azulejo del cuarto de baño, el más cercano a la luz cegadora y extiende sus alas de papel. Dejo un instante de mover el cepillo dental y observo cómo una burbuja desnuda su color transparente. De su boca agrandada sale el dragón vencido y se oye un silbido vertical. Un torrente de alfileres multicolores se acercan hacia mis ojos y no los esquivo.

12 jul. 2013

MÚSICA EN EL RECREO





BELBURY POLY      "THE BELBURY TALES"
Jonás no había dormido había dormido. A las 5 y 10 de la mañana seguía con los ojos como platos pegados a la pantalla del televisor. Había paralizado la imagen y aún aparecía la figura espectral de Mazinger Zeta. Salió de su casa y buscó el camino de las hormigas. Al encontrar la cabeza del hormiguero trazó una cruz en la tierra, señal inequívoca de que la imparable fábrica industrial quedaba bajo su protección. Extendió la mano y recogió de su mesilla de noche el último tebeo de Hopalong Cassidy, aquel que su madre le trajo ayer, 35 años atrás.

Sumergerse en el mundo de Belbury Poly es volver hoy al recreo del colegio. Ningún plan previsto, ninguna acción planeada a priori, simplemente dejarse llevar por la serie de televisión vista ayer, cabalgar junto al cabo Rusty, conducir al aire libre de 77 Sunset Strip, ver de verdad las carreteras grises de Patrullero de Caminos, girar el cuerpo como los protagonistas de "Fame", secarse la boca con la manga como hacía Algarrobo en "Curro Jiménez", volver a un lugar desde donde nunca se ha partido.

Belbury Pot pertenece a la cuadra del sello Ghost Box, excentricidad de alta calidad que solo los ingleses saben fabricar. Algunos califican el ideario de este sello como propio del género "hauntology", aquel que influenciado por estilos como el folk, la psicodelia, la "library music", la "musique concrete", la electrónica analógica, y los experimentos de la "BBC Radiophonic Workshop", también encuentra sus pilares en conceptos e ideas ligados con el cambio cerebral inducido por una realidad mutable y subjetiva, siempre ligada al pasado como memoria del presente, al futuro como espectro del ayer. 

Jim Jupp, que graba con los mismos Belbury Poly, es junto a Julian House, que graba con los muy recomendados The Focus Group, el creador del sello en 2004. La idea fundamental del sello, según sus palabras, tiene que ver con la "reinterpretación de un imaginario o de un pasado pobremente recordado" Para ello se sirven de ideas narrativas (en éste "The Belbury Tales" hay un magnífico texto adjunto de Rob Young), piezas sueltas de imágenes, títulos, sonidos y palabras que hacen que cada disco se enriquezca en paralelo por el mismo concepto del sello. Estamos entonces ante los a veces denostados "albumes concepto" pero, muy en la pauta del eclecticismo que nos domina, ninguno de estos conceptos pretende crearnos mapas, la topografía como un "collage" es libre y depende tanto del creador como del oyente.


En éste "The Belbury Tales" es el oyente más que nada espectador. Observador que "ve la música", que la entiende como un suceso de imágenes de libre elección y para ello, siguiendo las pautas de los pioneros de las experimentaciones electrónicas del sonido, vaga libremente por las ondas y surcos del vinilo. Y así, confieso que hoy he visto claramente una sucesión de explanadas de aeropuertos en "Belbury Poly Logotome B" y en "A Pilgrim´s Path", caravanas de elefantes lentamente caminando por desiertos de mostaza en "Cantalus", la noria del Pratter de Viena (desde arriba Joseph Cotten y Orson Welles me saludaban) en "Green Grass Grows", recolectores de arroz asustados ante la crecida del río Yangtsé en "The Geography", gotas de lluvia crepitando en ondulados tejados de zinc en "Now Then" o líneas grises de envasado industrial en "Chapel Perilous"

Muere una paloma frente a la verja de una abandonada pista de tenis en "Unheimlich", observan los sacerdotes etruscos los intestinos de una cabra en "My Hands", se sucede un curioso baile de máquinas de escribir "Underwood" en un bazar de Estambul en "Goat Foot", no menos extraño que el vals que ejecutan dos teteras de grosor imposible en "Unforgotten Town", un aeroplano sin motor se desliza silencioso por el valle de Malvern en "Earth Lights", cierra la sesión "Summer Round" con la visión de un carrizo empujado por el aire terroso del verano. Todo ha sido hoy así, mañana será distinto.

Interesados en Belbury Poly no harían mal en ejercitarse con grupos como Silver Apples, Suicide, Sun Ra, The United States of America, Fifty Foot House, Broadcast o White Noise. Lecturas afines las de Robert Anton Wilson y su trilogía "Cosmic Trigger", el Jacques Derrida de "Espectros de Marx", las películas de Luis Buñuel, todas las películas de Luis Buñuel.

Jonás volvió a su casa que ya no existía. En su cuarto se apilaban ingentes cantidades de comics de la Marvel y dvds de "La Ponderosa", "Perry Mason", "Lasie" y "Embrujada". El teniente Colombo bajó de su Peugeot y le hizo una señal. La torre de naipes cayó y su estrépito fue mayor que el producido por el bombardeo de Coventry.

8 jul. 2013

HAIKU MUSICAL




THE MILLENNIUM       "BEGIN"
Me voy poco a poco preparando para dar el gran salto, aquel en el que el centro gravitacional juega un papel contrario, esto es, hace virar mi cuerpo lentamente hacia el flanco de menos peso y, coincidiendo con  la fisura abisal de la falla de San Rafael, me lanza muy arriba, hacia los roquedales de Big Sur. Allí me espera Curt Boettcher que quiere hablarme del espacio y del tiempo.


Sí, porque el protagonista de esta pequeña historia es el mencionado artista, compositor y productor americano de una música intemporal, navegante de espacios expansivos donde la deriva siempre dependerá de la capacidad del oyente para dejarse premeditadamente embaucar por la más bellas de las soledades, aquellas que hablan de paz, de amor, de días soleados, de cuerpos brillantes, de tímidas miradas de impalas.



Curt Boettcher nació para alegrarle la vida a los demás. Tanto si se sumergen en sus otros proyectos, The Ballroom, The Association, Saggitarius o en éste The Millennium, su visión del mundo es semejante la del padre que pasea con su pequeño hijo descalzo por la playa, la de la madre que deja a su hija peinar por primera vez su pelo de oro, la del jubilado que desde un banco del parque ofrece almendras a las ardillas atrevidas.



Hay en éste su único Lp con The Millennium, "Beguin", una pequeña historia en la que pueden sobrar palabras, tal es la altitud y la riqueza del sonido de sus temas, pero no, no es así. Se trata de un pequeño relato, de apenas 50 minutos, en los que caben voces, coros, palabras y letras que se hacen todas una con los instrumentos, que también aislados, se convierten en un conjunto de sorprendente arcoiris psicodélico.



¡Qué comienzo de disco!, con ese "Prelude" de clavicordios y "loops" de sintetizadores que dan paso a "To Claudia On Thursday", iniciando su jugada con un tono de "bossa-nova" abriéndose hacia una maravillosa balada de pop barroco. Y si en el tema anterior recordamos a The Left Banke, en otros como "I Just Want To Be Your Friend", "5 A.M." o "I´m With You" son los mejores Beach Boys los que aparecen en escena, perfume de brisa de la costa oeste, aquella huella que la eterna saliva de las olas deja posar. "Sing To Me" e "It Won´t Always Be The Same", baladas de un pop elegante y sofisticado, rememoran a esos The Mamas & The Papas que saludaban los días con las alas abiertas del cielo en los ojos, "The Island", con su comienzo acústico de tenue simplicidad, y su puente con las guitarras de tono "surf", nos muestra al Dick Dale que cabalgaba las olas de Redondo Beach.



La cara B, sin perder su preponderante orientación de baladas pop, tiene un fondo más acusado de ejercicio orquestal, de un imaginario septeto clásico que ejecuta una pieza única en distintos tempos, casi todos "allegros molto vivaces". "It´s You" galopa por una sección rítmica de suaves acordes, "Some Sunny Day", paradigma del "sunshine pop" con que fue atildado el estilo compositivo de Curt Boettcher, nos ofrece una melodía de feliz cadencia y coros celestiales, "The Know It All" , conjuntando la sección ritmica con vientos de gran riqueza melódica, llega a crear una tensión de gran elegancia. Los dos mejores temas para mí son "Karmic Dream Sequence #1" y "There Is Nothing More To Say", mezcla el primero punteos acústicos con arpegios de teclados, facilitando la incursión en extensos pasajes de sobrecogedora lisergia oriental; el segundo logra el pequeño milagro de hacer del susurro rítmico una obra de arte. Y termina el disco con "Anthem (Begin)", un ejercicio de "corta y pega", acordes quebrados, coros, efectos experimentales que nos llevan a un final de "andante con molto tono expressivo".



Fantástica labor de producción a cabo del mismo Curt Boettcher y Keith Olsen. Los miembros de The Millenium, supergrupo de curtidos músicos de estudio, Ron, Lee, Joey, Doug, Mike y Sandy. Coordinador ejecutivo, el inigualable Gary Usher. Sello Columbia Records, para una grabación que, según cuentan, fue una de las más caras de su época, 1968.



Tal como indica el texto incurso en la carpeta del disco, decorado con un precioso estampado japonés de flores, ..."desde capas de deidades flotando en meditación, nada hay que perder, padre, deja tu sable descansar por un Milenio". Sumérjete en el aire de los "haikus" y mira las hojas del árbol. El resto es solo literatura.

5 jul. 2013

ME QUEDO EN CALIFORNIA




BUFFALO SPRINGFIELD    "COLLECTION"
Caen lágrimas de lava desde el cielo y seguramente son producto de la ira divina. Algunos pensarán que expurgaremos nuestros pecados ardiendo aquí en la tierra, un infierno inmediato, preludio del que nos espera. Pero no yo, que apenas he salido hoy de mi gruta roqueña y vivo en un mundo de hibernación, más fresco, menos expuesto al discurso de políticos telepredicadores.

He tomado entre mis manos el "Collection" de Buffalo Springfield, editado por el sello Atlantic en 1973, y le estoy pegando un repaso de miedo. Fue el primer album del grupo americano que adquirí ya hace muchos años, antes de los tres discos oficiales publicados por Stills, Furay, Young, Palmer y Dewey. 23 temas en total, casi los mismos que horas tiene el día, la última la estoy empleando en describir las maravillosas sensaciones que me produce su escucha.

Los aficionados a la banda ya conocerán la famosa mitología que habla de la búsqueda y del encuentro casual entre Stills y Fury con Young y Palmer, Neil conduciendo su viejo coche fúnebre por la autopista del Sunset Boulevard en Los Angeles, o la caprichosa elección del nombre Buffalo Springfield al ver, desde una ventana en casa de su primer mánager en Mountain Avenue, una apisonadora luciendo ese mismo nombre comercial. También sabrán que, aunque el embrión de la formación se gesta en Nueva York por Stills y Furay con los Au Go Go Singers, a Buffalo Springfield se les puede considerar como una banda californiana, que no solamente graba sus tres únicos Lps en Los Angeles, si no que también se alimenta de toda la cultura de mezcla y tolerancia de dicho estado. Frente al frío del folk del Village neoyorquino, el calor del folk-rock, del "country-western", del "bluegrass", del "soul", de los sonidos latinos de la costa oeste.

Este "Collection" recoge los mejores temas del grupo. Obras maestras, muchas. "For What Is Worth", "Nowadays Cancy Can´t Even Sing", "Out Of My Mind", "Mr. Soul", "Bluebird", "Broken Arrow", "Rock´n Roll Woman", "Expecting To Fly", "Kind Woman", "I Am A Child", "Pretty Girl Why", un listado impresionante. Pero el resto de los cortes no se queda a la zaga; "Sit Down, I Think I Love You", "Go And Say Goodbay", "Pay The Price", "Burned", "On The Way Home", "Special Care" y "Uno Mundo" brillan con intensidad refulgente. Solamente "Hung Upside Down", "A Child Claim To Fame", "In The Hour Of Not Quite Rain", "Four Days Gone" y "Questions", sin ser piezas para nada menores, funcionan más empujando al oyente a un cierto descanso, el corazón en proceso de extremada arritmia después del nivelazo de los temas anteriores.


Esta recopilación es pues fiel trasunto del devenir musical de la banda. Desde su primera grabación con el Lp homónimo, fuertes individualidades proyectadas en una entidad común como grupo, pasando por su segunda grabación de "Buffalo Springfield Again", para muchos la mejor, donde su madurez como músicos y compositores se expande brillantemente, hasta su tercera y última "Last Time Around", magnífica también aunque con el poso de la ruptura ya anclado entre sus miembros.

Reseñar también lo que a muchos seguidores de Buffalo Springfield no se les escapa. La muy atractiva dicotomía entre Stills y Young, presencia constante a lo largo de todos los temas de los que ambos artistas son autores. Frente a la búsqueda constante de nuevas experiencias de sonido de Stills, la facilidad y genio de Young para expresar líricamente un mundo complejo de vivencias, creando en sus textos alegorías expresivas, poemas en definitiva que, en no pocos casos, para mí superan al mismo Dylan. El Stills directo y al grano, sus canciones lo dicen todo desde sus mismos títulos ("Sit Down I Think I Love You", "Go And Say Goodbye" o "Pay The Price") frente al Young de composiciones más surrealistas; cuando Stills quiere expresar esa frontera onírica se marca una pieza descomunal como "Bluebird" (por cierto, la versión original de 9 minutos que aquí aparece lo hacía por primera vez en grabación oficial en este "Collection") y Young le responde  en "Broken Arrow", tema complejo que contiene nada menos que siete rupturas armónicas, o en "Expecting To Fly", auténtica maravilla que con sus arreglos de cuerdas (mención especial al gran Jack Nitzsche) hace que la canción esté siempre elevada.

Buffalo Springfield fue un grupo condenado desde el principio a morir de éxito, no el de los "charts", si no el producido por la propia combustión de sus miembros, capaces de ser brillantes compositores y productores de sus propias creaciones y caer celosos a la vista de sus impresionantes resultados (sobre todo por parte de Stills hacia Young); sujetos de conductas erráticas (Bruce Palmer fue sustituido en el tercer Lp por Jim Messina, otro gran músico), finalmente disacordes con los estilos preponderantes, caso de un Richie Furay más cercano a expandirse por los pasajes "country-western". Dewey Martin, que procedía de The Dillards (próxima entrada veraniega) ejercía de Ringo Starr y parece ser que no ponía demasiados problemas.

No se entiende a Crosby, Stills, Nash & Young, a Poco o Loggins & Messina (por citar solo a los grupos en los que recalaron posteriormente Fury y Messina) sin Buffalo Springfield. Su influencia fue inmensa y, aun a día de hoy, no es raro leer en artículos de bandas actuales tal reconocimiento. Su legado, que tan espléndidamente recoge este "Collection", es un broche de oro más en una época y escena míticas, los últimos años de la década de los 60 en California.

3 jul. 2013

VUELTA A LA INFANCIA




BLOSSOM TOES      "WE ARE EVER SO CLEAN"
En estos malencarados tiempos, cuando la cruda realidad, antipática la más de la veces, se empobrece aún más por la ingente profusión de humúnculos gusanos, es grato echar la vista atrás y volver a la infancia, a la sencillez musical, a aquellos discos que se asemejan a la mirada ingenua de un niño, al simple sentimiento del "me gusta".

Blossom Toes, un grupo apenas conocido a inicios de 1967, cuando aun se identificaban como The Ingoes y practicaban, como muchos otros, una suerte de comunal rythm & blues, entran en los London´s Chappell Studios a finales del verano de ese año mágico. A la producción está uno de los maestros de la época, Giorgio Gomelski. Antes de comenzar las sesiones de grabación escuchan hasta la saciedad el "Sargent Pepper´s..." y preparan su respuesta.

Y esta no puede ser más beatíficamente hermosa. Se llama la obra "We Are Ever So Clean" y es una de las más genuinas joyas del pop psicodélico inglés. ¡Ah, estos hijos de la pérfida Albión!, no hay quien los gane cuando trasladan su imaginario literario al territorio musical. Y es que toda la grabación está perfumada por una atmósfera de cuento de hadas, de gnomos traviesos, de mínimos trovadores que en cada inicio de los temas avisan al oyente con toda suerte de rarezas y sorpresas.

El efecto respuesta "Sgt.Pepper", además de un entorno de encantamiento armónico similar, se basa profusamente en los arreglos que Gomelski consigue en cada tema. Secciones de viento y cuerda muy precisamente incarnados en las melodías, base rítmica dibujando constantes líneas de un pop expansivo y rico, atmósferas de una psicodelia primigenia, ligada a la pequeña campiña de los parques, pasajes orquestales de una elaborada artesanía, tiempos altos y bajos que van modulando unas voces siempre atentas a la idea original, hacer de la sencillez del relato el mejor acorde musical.

Temas de inusitada brillantez como "Look At Me I´m You" con sus bellos cambios de melodía, "I´ll Be Late For Tea", con sus arpegios de trompeta tan a lo "Penny Lane",  "Love Is", inicio de vodevil fraseado que se abre hacia una grandeza orquestal memorable, "What´s It For", con una base tonal cercana al "latin-jazz", "People Of The Royal Parks", con su diletante lucha entre lo infantil y lo irónico, "Mister Watchmaker", balada en el más puro estilo "macarthiano" con leves y elegantes toques jazzísticos y clásicos,  "When The Alarm Clock Rings", con bucles instrumentales dignos del más inmaculado pop inglés, "Track For Speedy Freaks (Or Instant LP Digest)", inicio espacial que se alarga en pasajes de gran eco interior.


Todos estos temas y los restantes, sin desmerecer en absoluto de los reseñados, se encuentran como encapsulados en una burbuja de belleza ingenua y campestre. Antes comentaba ese ambiente de primigenia psicodelia inglesa, esa que aun basándose en la aportación instrumental se sostiene más en las recitaciones vocales, en la magia de las historias contadas, incluso en una suerte de hacer de la ironía algo apreciable (mención especial aquí también a The Kinks), en crear un auténtico y excitante clima inglés, tanto lírico como musical. Esa es la psicodelia que más me gusta y eso es lo que consigue de largo Blossom Toes en "We Are Ever So Clean".

Mención singular para los cuatro miembros de la banda y sus alias especiales, creados al amparo de la magia a la que la grabación dio pié. Brian Godding "Wellington", Jim Cregan "Bartholomew" (músico al que tengo especial predilección por su participación en los proyectos de Family y Steve Harley & Cockney Rebel), Kevin Westlake "Plod" y Brian Belshaw "Scarlet". Como se indica en el reverso del disco, cuatro personajes entre sí desconocidos, con sus propias y jocosas personalidades, que terminan aunándose en Blossom Toes, "...ni por buena ni por mala razón"

Mérito aparte de los músicos, no podría terminar esta nota sin reseñar la labor a la producción de Giorgio Gomelski. Melody Maker llegó a decir de esta obra que se trataba "...del Lonely´s Hearts Club Band de Giorgio Gomelski", y razón no les faltaba en absoluto.

(Dedicado a las víctimas del accidente del metro de Valencia, del que hoy se cumplen 7 años)