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4 feb. 2014

LAS TRANSFORMACIONES DE LOU REED.



VICTOR BOCKRIS            "LAS TRANSFORMACIONES DE LOU REED"
Acabo de terminar la lectura del "famoso" libro de Victor Bockris, "Las transformaciones de Lou Reed" (editorial Celeste, 1997), empujado por la aun latente emoción causada por la reciente desaparición del artista neoyorquino, y estoy cabreado. Podría decir que ese disgusto me sobrevino al constatar, como se hace bien patente a lo largo de sus casi cuatrocientas páginas, el malévolo (por no emplear otro calificativo más fuerte, no por ello menos merecido) carácter de la personalidad de Lewis Allen Reed. La razón definitiva que apuntala el enfado que describo viene dada cuando leo en la página 384, apenas a diez del final del libro, lo siguiente: "Cuando Kurt Cobain murió de sobredosis en un hotel de Roma durante la primera semana de marzo de 1994, llamó (se refiere a Sylvia, la por entonces mujer de Lou) a Lou para sugerirle que enviaran flores y una nota. "No", respondió Lou". Ahora me entero que una de las más sabias decisiones que tomó el amigo Reed en su existencia fue negarse a manifestar públicamente su pesar por la muerte de un colega, todavía vivo entonces, aunque por poco tiempo, eso si.

 Esta anécdota, que puede parecer banal,  plantea una pregunta de fondo del máximo interés académico. Si la información de Bockris sobre la muerte de Cobain es a todas luces inexacta, ¿cabría entonces pensar que todo (o parte) del cúmulo de información que baraja (y publica) el autor sobre la vida de nuestro protagonista está realmente contrastado, dándole en definitiva al trabajo final la consideración de biografía fidedigna?. Más vale que corramos un tupido velo sobre el asunto y, además de refrendar con nuestro texto tanto el clamoroso error del autor como el de los correctores de la editorial que publicaron el libro original a mediados de 1994, "Transformer, the Lou Reed Story" (y de la editorial española que lo hizo en 1997, que bien podría haber incluido un desmentido en nota a pie de página), nos centremos brevemente en el propio contenido del libro.

Históricamente hablando el libro de Bockris cubre desde 1959 hasta 1994, desde el momento en que Lou es sometido a unas escalofriantes sesiones de electrochoque, con el fin de combatir su homosexualidad, en el Hospital Psiquiátrico Estatal de Creedmore, hasta que rompe la relación con su esposa Sylvia Morales y consolida su vínculo sentimental con Laurie Anderson. Durante esos 35 años asistimos a las aventuras (y desventuras) de un Reed irremediablemente influenciado por su entorno más cercano. El de su propia familia, enmarcado por un odio patente hacia sus padres (motivado quizás por las sesiones hospitalarias mencionadas anteriormente, aunque esto no queda suficientemente aclarado), hasta su paso y licenciatura (en Lengua y Literatura Inglesa)  por la Universidad de Siracusa, plataforma que Lou aprovecha para profundizar y afianzar su amor por la literatura y la entonces incipiente música rock (allí conoció a Garland Jeffreys y al mismo Sterling Morrison, creando la primera de sus bandas, LA & The Eldorados), así como para empezar a cultivar una imagen de doble vertiente; la una dedicada a su indomable afán por convertirse en "el más loco de los locos del campus universitario" (un psiquiatra probablemente diría que, con su estrafalaria y corrosiva actitud, estaría intentando crearse una personalidad propia ante una multitud de alumnos convencionales), la otra a experimentar hasta el límite (normalmente en sus niveles más groseros) en sus relaciones personales, tanto en el aspecto afectivo (su amistad con el poeta Delmore Schartz y la relación con su primera novia Shelley Albin o la curiosa admiración por su compañero Lincoln Swados), como también en el aspecto puramente sexual. Literatura, rock incipiente, drogas y alcohol a mansalva, bisexualidad que pretende ser promiscua, y un comportamiento de personaje muy en la onda de su idolatrado Lenny Bruce, conforman la carta de presentación de Lou antes de su definitiva llegada a Nueva York. 


Y ya en Nueva York sucede la mayoría temporal de la historia de Lou. Asistimos a una muy primera época (verano de 1964) en que el artista se ejercita como "escritor de canciones a destajo" en la compañía Pickwick International (ubicada en Long Island City), y su traslado posterior a la gran urbe; los primeros contactos con el expatriado John Cale en la primavera de 1965 (y la profunda admiración inicial por el músico galés que, por entonces, pertenecía al renombrado Theatre Of Eternal Music de La Monte Young) y Angus McLise (que propiciaría su conexión con Andy Warhol y su Factory). La creación de una muy efímera primera formación musical que respondiera al nombre de The Primitives (ya entonces Lou había compuesto temas como "Heroin" y "Waiting For My Man", aunque aun no las ejecutaban en directo)
para, al poco tiempo, convertirse en The Warlocks (aquí ya con Sterling Morrison a la guitarra rítmica), plataforma en la que ya ensayaban canciones como "Venus In Furs", "Black Angel´s Death Song" o "Wrap Your Troubles In Dreams",  hasta dar definitivamente con The Velvet Underground, nombre sacado del título de una novela de sexo suburbano, en edición barata de bolsillo, , con la que se presentó un día uno de sus colegas, Tony Conrad, en el fétido apartamento que todos compartían en Ludlow Street. 


 La entrada de The Velvet Underground en la onda de Andy Warhol y su Factory es uno de los capítulos en la vida de Lou que mejor quedan reflejados a lo largo del libro. La influencia personal y artística que el, entonces ya consagrado artista de Pittsburgh (hablamos de febrero de 1966), ejerciera sobre "su alumno preferido" Lou Reed fue inmensa. Pero así mismo sería  justo decir que ambos personajes, alimentados por unos egos de dimensiones estratosféricas, se sirvieron mutuamente para alcanzar las cotas de notoriedad que anhelaban. Andy, guiando a la banda en cuanto a imagen y reflejo del más fascinante glamour de la época, patrocinando los primeros conciertos del grupo y financiando, en buena parte, la grabación de su primer Lp "The Velvet Underground And Nico", consigue hacer de ellos, en muy poco tiempo, la marca musical de su proyecto multi-artístico (con evidentes ambiciones de lucro económico también); Lou, se sirve de ello para patentar su primera imagen culta y elitista, aprovechando para ejercer sin cortapisas un comportamiento sexual desinhibido (marca de la casa), y sacando a la postre las primeras lecciones que consolidarían su siguientes intentos por encaramarse al estrellato del firmamento rock. En el transcurso de estos acontecimientos hay guerras soterradas entre los principales contendientes. Lou contra Andy al imponerle éste a Nico como cantante en el primer album, Andy contra Lou al no satisfacerle aquél económicamente por los beneficios obtenidos por las ventas de ese primer trabajo, Lou contra John Cale, celoso de su protagonismo y de la clara influencia y preponderancia musical de éste último, situación que produce su despido y posterior sustitución por Doug Yule, Sterling contra Lou alineado con John, solo Moe (condición que mantendrá durante gran parte de su vida) parece que apoya y comprende a un Reed cada vez más caprichoso.


Otra de las partes más entretenidas del libro de Bockris nos presenta al Reed inmediatamente alejado de una Velvet Underground que da las últimas bocanadas sin su presencia. Nos enfrentamos ahora a la titánica lucha de Lou por transformarse de nuevo, partiendo de cero, sin querer basar su nueva propuesta en lo logrado con sus antiguos compañeros, desechando su más reciente pasado. Viviendo la ciudad al límite, en las aristas de sus más arriesgados contornos, de las más oscuras calles y lóbregos garitos recogiendo vivencias que le pudieran servir para crear su propio corpus literario de canciones. Exprimiendo al máximo la resistencia corporal con la ingesta inmisericorde de "speed" y alcohol, marcando un ámbito de actuación donde solo cabrían los por él mismo elegidos, hombres y mujeres, novias trasvestis, ejecutivos musicales amigos (y algún que otro enemigo) "partenaires" en su alocada carrera por encontrar su nueva personalidad musical y, al mismo tiempo, intentando controlar artísticamente todos los productos discográficos que pudiera su entonces febril mente alumbrar. Toda la década de los 70, sin duda la mejor a nivel creativo de Lou, fue una continua batalla por encontrar y consolidar su propio y nuevo lenguaje, apoyándose muchas veces en amistades que le ayudaron, con las que acabaría peleándose (caso de David Bowie), sirviéndose otras tantas de los consejos nunca olvidados de Andy Warhol, antaño su mejor valedor y, por mucho que durante esa década Lou siguiese enfrentado con él y criticándole públicamente, en la intimidad (junto a un hermano Cale) el verdadero referente paternal.


La década de los 70 termina con un Lou Reed más que mermado físicamente, aborrecido por una gran parte de sus amigos y conocidos (sentimiento que él mismo compartía a la inversa) y prácticamente arruinado. Desde lo más alto de su cúspide, propiciada por un reconocimiento internacional (que no le satisface totalmente) de las grandes obras creadas entonces y, al mismo tiempo, enfurecido por sus fracasos tanto inmerecidos ("Berlin") como buscados ("Metal Machine Music"), Lou se enfrenta a la siguiente década con la lección bien aprendida. Fuera drogas y alcohol, fuera ambivalencia sexual, fuera falta de control económico en sus trabajos. Igual que supo valerse de otras personalidades (Cale, Warhol, Bowie) para mantener su "status" la década pasada, en esta nueva se servirá de un personaje que hará de él un ser, si no diferente en su atribulado y feroz carácter, si claramente enfocado a la visión crematística del negocio, intentando, eso siempre, mantener la excelencia creativa a la que nunca renunció. Hablamos de Sylvia Morales, la mujer con la que contrae matrimonio el día de San Valentín de 1980. Su presencia a partir de ahora, otorga a Lou la tranquilidad de saberse cobijado por una persona que mira al detalle sus cuentas, organiza sus giras, asesora en sus contratos, engorda sus cuentas bancarias y, cómo no, también le sirve como colchón para cebar en ella todas sus frustaciones pasajeras y fortuitas, con o sin la razón de su lado. Esa situación estable y casi convencional, que a varios de los miembros de sus distintas bandas les parecía el colmo del aburrimiento cuando iban de gira (nada de drogas, ni alcohol, ni fiestas post-conciertos), sirve a nuestro personaje para mantener un alto nivel creativo, que se manifiesta en obras del tamaño de "The Blue Mask", "New York" y "Magic And Loss", al tiempo que le abre nuevos caminos de reconocimiento internacional (por instituciones de prestigio, nacionales y extranjeras) y suculentos contratos con empresas privadas (American Express y Honda).

Ya en los 90, la última parte del libro de Bockris, aparece un Reed que ha recogido los frutos de su disciplinada década anterior y al que, en el año 1992, se le ofrece la oportunidad histórica de una nueva reunión con los antiguos miembros de Velvet Underground, la grabación de un album en directo ("MCMXCII") y la gira que les lleva por gran parte de Europa, anulada en su siguiente vertiente americana y una de las causas de su posterior alejamiento de su mujer Sylvia. Poco tiempo antes (en 1990), y como homenaje y saldo de cuentas con su amado Andy Warhol (muerto inesperádamente en 1987), él y John Cale publicarán el album homenaje "Songs For Drella". Ambos hitos discográficos son, quizás, las reseñas más interesantes, además de su encuentro y unión sentimental con Laurie Anderson, de esos primeros cuatro años con los que se cierra definitivamente el libro.

Trabajo el de Bockris, muy bien traducido por Roger Wolfe, que sirve para contrastar lo que muchos sabíamos, aunque no en los escabrosos detalles que nos muestra el autor. El endiablado y soez carácter de un portentoso talento artístico, su maldad innata, su crueldad muchas veces gratuita y humillante. También su lado bondadoso e inmaduro, egoísta y, muy al final, altruista. Quedan suficientemente bien relatados por el autor todos y cada uno de los grandes discos de The Velvet Underground y de Lou Reed (casi siempre usando las voces de críticos musicales de los medios de las distintas épocas), así como todos aquellos músicos (además de Cale y Bowie) que le ayudaron a encontrar su propia voz como intérprete (mención especial para Mick Ronson, Steve Hunter, Dick Wagner y Bob Quine, todos guitarristas, en este apartado). También, para finalizar, página  a página, se nos muestra una fascinante ciudad de Nueva York, desde los inicios del "underground" a mitad de los 60, pasando por los canallas y desbordados 70, hasta una cierta y acusada impersonalidad que refleja el "boom" económico y financiero de los 80 y 90. Muy recomendable, a pesar del increíble gazapo reseñado al comienzo.

6 comentarios:

  1. Joder, vaya metedura de pata. No me suelen gustar mucho las biografías sobre los artistas que más aprecio, pues tendemos a buscar pistas en su vida acerca de su obra o a practicar un psicoanálisis barato con el que explicarla. De Reed he leído la biografía de Rafa Cervera amén de miles de textos en revistas, pero el libro que comentas seguro que es tan interesante como dices. Aprovecho tu texto para reivindicar su último y excepcional doble álbum con Metallica, que cada día que pasa lo veo más cerca de sus mejores obras. Provocador y sabio hasta el final.

    Un abrazo.

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  2. Pues sí, acabo de comprobarlo, no sé si será un problema de la traducción, en fín,el error en la fecha es de apenas un mes y ahí queda. El libro, que leí hace bastantes años, en una edición del 1997 de la editorial Celeste, me llegó sin haber escuchado algunos discos esenciales de su discografía por aquel entonces. Y la verdad es que me mosqueó bastante y maldije al Bockris durante bastante tiempo, ¿cómo un fan a ultranza de Lou podía tragarse aquello? Me dio la sensación de que descargó toda su ira sobre el personaje, sacando trapos sucios y otros datos banales. Siempre he acabado algo decepcionado de las biografías de artistas a los que admiro, me gusta más el análisis de lo estrictamente musical antes que conocer datos sobre su vida personal. No lo he vuelto a leer, sí consultas puntuales, pero quizás es un buen documento para conocer que rodeaba a Reed cuando hacía obras capitales en la historia de la música como "Transforme", "Berlin", "N.Y."...

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  3. Pues me acaban de entrar unas ganas terribles de leerlo. Gracias, Javier. Abrazo.

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  4. a mi me interesa más el aspecto musical que la vida y milagros de la vida del artista. Es evidente que pinceladas de la historia de un personaje sirven para entender su obra pero la mera narración factica me deja indiferente como pasa en este libro. De Lou me quedo con su etapa Velvet creo que su estilo esta ahí luego con mayor o menor fortuna a venido repitiendo a lo largo de los años

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  5. Gana grandes de leer este libro y como dice Gonzalo la metedura de pata es gorda. Yo en el documental sobre Foo Fighters cuando Dave Grohl habla con una pena tremenda sobre Kurt Cobain, dice que en Roma estuvo a punto de palmarla, pero que se salvó, estaba claro que era el principio del fin.
    Lou es muy grande como músico y se tiende a meter en el mismo saco a la persona y al músico, no seré yo el que lo haga, porque me pareció siempre un error, hay grandísimos cabrones como personas que componen de puta madre.

    Un abrazo.

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  6. Perdonad todos el retraso en agradeceros vuestros comentarios. La verdad es que el libro lo compré hace muchos años y he tardado en darle el pase. Pero ha merecido la pena. Quiero (y aborrezco) más a Lou ahora que antes. Bockris ya amenaza con actualizar el libro a partir de 1995, y espero que desde entonces no se haya cebado en echar tanta mierda sobre nuestro héroe.
    Abraçada a totom,
    JdG

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