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14 abr. 2014

UN POCO DE GALDÓS...Y DE MADRID.




"MISERICORDIA"                                     BENITO PÉREZ GALDÓS
La lectura de uno de los mejores libros de un autor consagrado, en ambos sentidos, tanto a nivel interno como externo, supone siempre un benéfico ejercicio para el lector. Si ese autor es Benito Pérez Galdós y el libro "Misericordia", créanme, se cae rápidamente en la cuenta de haber dado al tiempo su merecido, de haberle vencido en toda regla, sabedores de que la partida ha caído esta vez de nuestro lado, tan grata es la satisfacción producida al concluir la obra. Y cuanto más cuando ahora mismo, en esta especie de submundo virtual en el que vivimos, la lectura pone aun en marcha todo un proceso mental en el que la imaginación, potenciada al máximo en los buenos textos de los grandes escritores, choca y vence afortunadamente contra los guiones de cartón piedra impuestos por unas plataformas sociales que, intentando englobarlo todo, solo consiguen patentar su más que continua vaciedad.

Lejos de mi intención el imponer una previa distinción entre los lectores (incluyendo a aquellos que pretendan serlo) de esta magnífica novela, pero no deja de ser evidente que al ser "Misericordia" un historia eminentemente localista en su entorno geográfico, el Madrid de las postrimerías del siglo XIX, aquellos habitantes "gatos", oriundos o producto del aluvión inmigrante (que todos maullamos en este extenso prado), jugarán siempre con ventaja respecto de aquellos otros que no tengan la suerte (nunca la desdicha) de ser habitantes de esta ciudad sin ley. Y es que por sus páginas corre el sabor añejo de un Madrid ya en el filo del fin de siglo decimonónico, con especial mención a muchas de sus calles, todavía hoy en buena medida subsistentes, barrios que pueden haber cambiado de nombre (en pocos casos) y de contorno social (afortunadamente en la mayoría de los entonces más degradados) y ambientes populares (afortunadamente también ajenos al casticismo chulapo) que nunca serán del todo ajenos a todos aquellos que llevamos viviendo ya unos cuantos años en la ciudad de Madrid. Así de fácil, entonces, resulta en muchos de los pasajes de las novelas que el "lector madrileño" (¿queda alguno por ahí...?) pueda identificar con facilidad el entorno urbano del que se sirve Galdós para presentar a sus protagonistas y, en ellos, la historia que conforma el entramado de la novela.

Madrid que a principios de siglo XIX no llegaba a los 200.000 habitantes ve, en el transcurso de apenas 90 años, incrementada su población hasta la cercanía del medio millón. Una ciudad a la que acude un torrente ingente de inmigración interior, rural en su mayoría, que tiene más que difícil acomodo en una urbe sin apenas industria, casi nulo trabajo que ofrecer a esa riada de foráneos, además de no disponer de suficiente espacio inmobiliario para acogerla, produce sin quererlo una tipología de habitante que será lacra hasta los primeros años 30 del siglo pasado. El pobre, el miserable, un ser humano sometido a las condiciones de vida más penosas que podamos imaginar, falto de todo tipo de prestaciones sociales (salvo la proporcionada por los servicios oficiales del propio municipio, a todas luces escasísimo, o por una Iglesia acomodada a una labor caritativa, lejos también de solucionar el problema en origen), condenado de por vida a la mendicidad, a la delincuencia en muchos casos, cuando no y en toda forma, a una corta expectativa de vida, tantas veces segada por la falta fragante de condiciones higiénicas en sus lugares de residencia o de atención sanitaria adecuada. 

Todo ello enmarcado en un ambiente social donde el inmovilismo, la parálisis de ideas y el recelo por el esfuerzo productivo promovían en la mayoría de la ciudadanía madrileña una sensación de grande apatía por el cambio y el progreso (cambio y progreso que ya se habían dado en ciudades como Barcelona o Bilbao...) Madrid, entonces habitada por una burguesía de pequeños comerciantes y artesanos, enriquecidos especuladores de Bolsa, aristocracia terrateniente, funcionarios y cesantes, incipiente clase obrera, se enfrenta a un reto de inmenso alcance que nunca supo (o quiso) resolver. Políticos logreros, al arrullo de las regalías y corruptelas producidas por el propio sistema de la Restauración, hicieron todo lo posible para perpetuar esta situación, paradigma de una concepción fuertemente arraigada entre la clase dominante, la de un país del que se consideraban como dueños absolutos y del que pretendían seguir siéndolo.

Es este el entramado histórico de la novela de Galdós, "Misericordia", cuyo título hace alusión a un asilo para ancianos y ancianas mendicantes que se encontraba a las afueras de la ciudad, en El Pardo y que, según comentan algunos de los protagonistas que tienen la desdicha de "alojarse" en sus instalaciones, más bien parecía cárcel que hospicio. Y por esos vericuetos se mueven, buscándose la vida como pueden, la Benina, doña Paca y sus hijos, el ciego Almudena, el sacerdote don Romualdo, y tantos otros tipos humanos que otorgan a la novela, con un colorido de evidente denuncia social, un friso incomparable donde queda patente y a la luz pública la situación de tremenda decadencia y desigualdad de la sociedad de entonces. 

Galdós, escritor de poderosa prosa, artífice de un idioma brillante, humorístico e irónico, arrebolado a veces en su ansia de recreo estilístico, lleva al lector en volandas por los meandros de una acción que, según transcurren los capítulos, convierte inesperadamente lo ideado en realidad, dando un giro argumental a la novela que la dota, en toda regla, de una chispa incomparable. Queda así el lector atrapado, tanto por la sólida estructura narrativa como por el capricho de unos acontecimientos que, gracias al invento y al embuste perseguido, no dan hasta muy al final del libro con la solución buscada. Una suerte de respuesta evangélica que pueda redimir a una última prepotente protagonista, una absolución del pobre frente al nuevo rico que, en buena medida, nos sitúa frente a un autor que reconoció al final en la piedad unas mínimas condiciones salvadoras.


4 comentarios:

  1. Nunca me he acercado a Galdós, tengo que reconocer que debido a los prejuicios adquiridos por la falta de interés que hacia su obra sentía mi admirado Juan Benet. Espero que tu excelente texto (y van docenas) me anime a ello.

    Un abrazo, Javier.

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    1. Amigo Gonzalo, con la venia de San Juan Benet (también admirado por mí), que un escritor como tú esté alejado del torrente creativo e inspirador de don Benito me parece, cuanto menos, imperdonable. Al igual que hiciste tú conmigo en mi flagrante y antigua desidia con AC/DC y Frank Zappa, le conmino muy seriamente a la lectura de "Fortunata y Jacinta" y de esta obra reseñada, "Misericordia". Tiempo habrá para que se introduzca usted en los "Episodios Nacionales".
      Abrazos,
      JdG

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  2. Pérez Galdós fué un creador narrativo muy potente ; me atrae mucho el costumbrismo que parece abarcar ¨Misericordia ¨ ; tus palabras han encendido mi interés nuevamente por su prosa, te vuelvo a dar las gracias por ello .
    Por cierto , he tenido que hacer una mudanza que no sé si será definitivamente porque no he podido volver a acceder a Against the Cierzo ; estoy en Idiot Cierzo (http://jesusmba26.blogspot.com.es/ ) , casa que también es la tuya .
    Saludos !

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  3. Caballero, tengo 23 años, y cuando creo que sé mínimamente de algo, llega ud. y se casca esta pedazo de post sobre Madrid y don Benito, mi novelista español del siglo XIX junto con Baroja. Qué decir, este no me lo he leído, pero qué manera de diseccionar, santo Dios. Me quedo en su lista de seguidores y rularé esta entrada porque no he visto desgranar algo con tanta fruición como ha hecho ud. Un abrazo y gracias por seguirnos en Blogger :)

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