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16 sept. 2014

CORO DE LIBÉLULAS




BECK                         "MORNING PHASE"
El comienzo de "Morning" es intensamente bello, como el alquitrán perfumado. Su entrada orquestal queda enmarcada en una lenta sucesión de nubes que nos transportan hacia una intensa línea emocional de bajos, guitarra acústica, piano y nueva sección de cuerda, todas ellas conforman la estructura armónica del resto del disco, "Morning Phase". En ese momento sublime, tan leve que es apenas percibido, cuando la orquesta suavemente abre la puerta a los instrumentos que fijan definitivamente la melodía final, el mundo parece detenerse. Hay una inmersión y un cerrar de ojos, la mente queda anestesiada por un vapor de melancolía, el cuerpo deja sus contornos físicos, abandona su peso molecular, y la música nos conduce hacia otra dimensión. Llega entonces, de manera instantánea, a poseernos una sensación de curación, una breve brisa acaricia los cristales y las gotas de un tenue sol lucen dentro nuestras pupilas. Resucitamos de nuevo a la vida. "Wake up this morning / From a long night in the storm"


¿Cómo hemos llegado hasta aquí, desde el Bunker Hill de Los Ángeles hasta el Nueva York de la Factory de Andy Warhol, pasando por el Nashville que forman, todas ellas, el imprescindible triplete urbano de la música americana contemporánea? El degradado barrio angelino que vio crecer a Beck Hansen en 1970, las iniciales influencias del hip-hop negro y latino, el aprendizaje del "skatedance" y la temprana inmersión en el "delta-blues" de Son House y Leadbelly. El "anti-folk movement" del Village, rociado por el recuerdo ultra vanguardista de la tribu warholiana, el primer viaje iniciatico de Beck fuera de Los Ángeles. Antes el punk primitivo de la ciudad californiana, la asistencia a numerosos conciertos de The Screamers, The Controllers y The Germs; la convivencia adolescente con muchos de los personajes de la época radical, Darby Crash, DOA Dan, Kid Spike, Carla Mad Dog. Después, mucho tiempo después, la grabación en Nashville de las primeras versiones que dieron lugar a muchas de las canciones que formaron el definitivo "Morning Phase", mientras tanto, el fantástico "Loser" de 1993.

Para Beck fue fácil llegar hasta aquí..., quiero decir que siendo nieto e hijo de personajes reconocidos por la vanguardia artística y musical de la Norteamérica contemporánea, pareciera como si en su propio ADN estuviera fijado el propio estigma de la mejor creación (lo que no significa que su inmenso talento, dedicación y grandes dotes de trabajo no le hayan ayudado). Su abuelo, Al Hansen, amigo de Jack Kerouac, apóstol zen en la década de los 50, importante miembro del Fluxus, rama neoyorquina, manager de grupos punk en la primera hornada de la Costa Oeste (siempre Los Ángeles...), creador de fanzines musicales que retrataban la escena musical radical de la segunda mitad de los 70. Su madre, Bibbe Hansen, con apenas 16 años la estrella más joven del universo de la Factory, actriz en varias películas de Warhol, miembro de una de las primeras "all girl bands" (The Whippets) neoyorquinas, también del grupo black fag en Los Ángeles, sus letras minúsculas parodiando su rechazo al exceso de testosterona de gente como Black Flag o The Nation of Ulysses. Auténtica heredera de la Gertrude Stein del París de los años 30, musa y belleza incuestionable en la pasarela artística angelina desde la década de los 80 hasta la actualidad. David Campbell, su padre, un reputado músico, arreglista y director de orquesta, aparte de sus propias composiciones reconocido también por su participación en grabaciones tan perdurables como el "Tapestry" de Carole King o el "What´s Going On" de Marvin Gaye, por citar solo unos pocos.

Debo decir, antes de olvidarlo y porque ahora se me ocurre una significativa conexión con los impresionantes antecedentes artísticos de Beck, que la desustructuración familiar a veces tiende a producir un profundo estrato de libertad, los miembros que la "padecen" es fácil que queden fuera de un estricto ámbito de convención y controles sociales, el traspaso de fronteras se hace con mayor facilidad y, en definitiva, la ausencia de una organización tutelar arraigada propicia una suerte de independencia que, bien aprovechada, favorece la búsqueda del propio camino. Beck creció en ese mundo, en sus orígenes muy ligado a la pobreza económica y a la falta de educación escolar. La influencia del comportamiento vital de sus mayores, auspiciado en ellos por un concepto de libertad a ultranza, le dio alas para desligarse de cualquier atadura e iniciar un recorrido profesional, musical en su caso, que le llevaría hasta las cimas que actualmente ocupa.

Dicho esto me centro en este excelente "Morning Phase". Afirma Beck (varias entrevistas en noviembre de 2013 en Rolling Stone y marzo de 2014 en Mojo) que este su doceavo disco, el último después de un hiatus de más de 5 años (su anterior obra "Modern Guilt" fue publicada en 2008), y el primero en su nuevo sello Capitol Records, es simplemente música de California, aquella que intentando recoger el legado de The Byrds, Crosby, Still and Nash, Gram Parsons y Neil Young, continúa caminando por el sendero del "sunshine pop" lisérgico aclimatado a los retos de nuestro tiempo actual, un momento presente que intenta encontrar un nuevo "cosmic cowboy" que revitalize el espíritu del legendario Topanga Canyon. Sus antecedentes nos retrotraen al año 2005 cuando graba en Nashville las primeras maquetas de algunos de los temas que compondrán el corpus final de este "Morning Phase". El resto de las canciones las completa en 2012, también en Nashville y esta vez en los estudios Third Man Records de Jack White, y en su estudio doméstico de Los Ángeles en 2013. Le acompañan en esta estancia la última hornada de músicos habituales del artista, Justin Meldal-Johnsen (bajo), Joey Waronker (batería), Roger Joseph Manning Jr (teclados) y Smokey Hormel (guitarra). Su padre David Campbell contribuyó brillantemente en todos los arreglos orquestales.

Manifiesta también Beck en las entrevistas mencionadas que este "Morning Phase" es de alguna manera una continuación del celebrado "Sea Change" de 2002. Les une una reacción interior propulsada por unos acontecimientos que conforman la base anímica de ambos trabajos. Si la ruptura sentimental, y el dolor consiguiente, es la trama emocional del "Sea Change", la enfermedad y la postración causada por una grave dolencia en la espalda del artista, es el motor que inicialmente alimenta la creación en "Morning Phase", bien entendido que mientras en el primero Beck relata un estado personal donde la pena y la tristeza se adueñan del espíritu del disco sin salir de él, en "Morning Phase", por el contrario, la superación del estado de abatimiento toma carta de naturaleza. Conviene apuntar, de todas maneras, que esa naturaleza no priva a "Morning Phase" de encuentros con la soledad, la angustia y la tristeza, aunque como colofón se desprenda un sentimiento general de melancolía en vías de superación por un Beck más maduro y ya en camino de una completa revitalización.

Y este nuevo revivir lo encuentra Beck en la necesidad de acudir a un estado de paz interior propiciado por la imagen de una mañana plena de luz, un anclaje al que se agarra casi desesperadamente, frente a las tinieblas de una noche de tormentas donde las sombras y malos augurios pueden extenderse hasta el alba. Desde el inicial "Morning", que refleja el estado preliminar de un artista acosado por sus fantasmas, hasta el último tema "Waking Light", donde la claridad del día le empuja al merecido confort del alivio final, el disco transcurre por una suerte de diástoles y sístoles compulsivas. "Heart Is A Drum" suplica la ayuda de una providencia desconocida, "Say Goodbye" se aleja temporalmente de su mejor estado mental, mientras "Blue Moon" recuerda, enmascarado con un divertido aporte de banjo, sus años de vagabundo buscador de los orígenes del blues. En "Unforgiven" se deleita en un lastimero ejercicio de introspección, y hay una inquieta elegancia en "Wave" que no deja oculta la posible rendición de su alma solitaria. "Don´t Let It Go" es un mantra proclive a la autoestima como terapeútica; exquisita e inteligente modulación del sueño eterno en "Blackbird Chain", que da paso a la invocación estéril del egoismo en "Turn Away". "Country Down", un country-rock premeditadamente limitado en sus formas externas, le acerca a sus raíces campestres (Gram Parsons).


Beck, que en su propia constitución como músico, ha bebido de innumerables estilos para adaptarlos a su propia idiosincrasia como compositor y productor de éxito reconocido, adquiere en este "Morning Phase" un estado de sazón que le encumbra ya como un artista clásico. Este estatus no le puede llevar a una situación de acomodo, antes al contrario, le empuja por caminos de experimentación tanto en la propia composición musical como en los posibles formatos a utilizar (sus últimos trabajos en "Song Reader", con la publicación de partituras de 20 canciones para ser interpretadas por músicos aficionados, además de sus composiciones instrumentales para varios videojuegos de PlayStation 3 y PlayStation Vita, lo atestigua). Sus declaraciones mencionadas en el Mojo de marzo de este año hablan de sus intenciones actuales para, literalmente, "romper barreras establecidas de sonidos", y explorar básicamente las posibilidades sonoras en el final de las canciones, volviendo a los conceptos que ya el gran Miles Davis atemperara en la década de los 70, cuando a las canciones se les permitía "respirar" durante 30 ó 40 minutos. "Morning Phase", independientemente de su contexto compositivo, supone un pequeño paso en esa dirección. Escuchen con atención los finales de cada tema incluido en el album y verán cómo queda abierta en todos una melodía que no parece tener conclusión.








3 comentarios:

  1. Vamos a ver Javier, este año he leído un puñado de artículos sobre este disco, entre ellos el mío. Ya puedo anticipar que, y permíteme que te lo diga, este es el mejor con mucha diferencia sobre el segundo clasificado, a la altura de un gran disco, uno de los mejores del año. Abrazos.

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  2. Gracias por tus palabras Johnny. De acuerdo en que se trata de uno de los mejores discos del año, por lo menos de los que he escuchado (que ni de lejos son todos los publicados). No tan de acuerdo con tus alabanzas en cuanto a que esta entrada sea la mejor que hayas leído, sobre todo por que la tuya era mejor y, además, por que aun te queda tiempo (antes de terminar el año) para leer alguna otra.
    Un abrazo,
    Javier.

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  3. Tu modestia te honra pero me vas a permitir que te insista: la tuya es la mejor, y de largo.

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