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17 dic. 2014

SURCOS



THE WIPERS                        "YOUTH OF AMERICA"
Queda solamente visible una leve línea rosada en el helado cielo de Diciembre, momentos después de que desde un cúmulo hinchado de nubes anaranjadas emanara un fulgor de repollos en erupción. Como recogida por el calor intrauterino de un vientre cósmico, la luz tiene la templanza del azafrán planchado por el inminente atardecer, sus ángulos de plata se abren hacia el firmamento de un desierto totalmente azul. En ese momento previo a la primera oscuridad universal, cuando los colores se difuminan en surcos opacos, entremos en el círculo del día que termina antes de tiempo. De los astros aun invisibles se alza una señal oculta,  y sonará el pífano de las primeras estrellas que caen como nieve invisible. Penetremos entonces en el mundo que se torna oscuro y seamos delicadas larvas de la imaginación.

Hablar de The Wipers hoy en Diciembre, cuando las luces que nos imponen en nada se asemejan a las que quisiéramos espiar, supone una gimnasia de desnutrición necesaria. Queden alejados los genéricos que ensalzan el rock por el rock, el punk como estilo más identificado con el grupo de Portland, la industria musical como soporte de la demanda social, los contratos como garantía jurídica de autores y grupos, lo "cool" y lo "fashion" como adjetivos impuestos. Volvamos al instante perpetuo de la falta de peso, de ingravidez y del desnudo. Permitámonos viajar de nuevo hacia el huevo cósmico, al origen y la génesis de la misma música como resumen de todas las artes, el más fidedigno espejo del ansia de trascendencia humana. Allí, en ese estado embrionario, donde el sólo flujo simbiótico fuera nuestro alimento, quizás encontremos a The Wipers.

Y hablar de The Wipers es proferir el nombre de su más significado pope, Greg Sage, un hombre iluminado que quiso dar una nueva dimensión a la misma música, aquella que primara la propia experiencia sensorial del oyente sobre el producto terminado. Para este loable fin Greg se vale de su destreza y pericia en lo que es esencial en el propio proceso creativo de un disco, su labor puramente industrial, el ingenio mismo de la plancha y torneado de un vinilo. Desde su adolescencia poseedor de la maquinaria necesaria para la fabricación de estos soportes de acetato (facilitado por un padre inmerso entonces en la industria musical), Greg se dedica durante interminables horas a escudriñar, valiéndose del microscopio anejo a la plancha de torneado, los surcos producidos por la grabación y a embrujarse, también,  ante la distinta modulación que del empleo de diferentes instrumentos van apareciendo sobre el polímero. De esa venerable enajenación mental Greg saca una conclusión primaria, la necesidad de dibujar el sonido en base al propio decurso polimórfico de los surcos grabados.

La siguiente decisión de Greg es valerse de su dispositivo para crear su propia música, actividad que tendría que estar íntimamente ligada al descubrimiento visual antes reseñado y que, dado lo revolucionario de su concepto, le obligaría a enfrentarse al mundo musical amparado por una concha protectora de "no contaminación" por los usos convencionales del mercado de la época, abogando en definitiva por una independencia a ultranza. Fabricación, grabación, maquetación, producción en su estudio y distribución propia que le llevarían a la creación de su sello Trap Records, sello que también pone a disposición de aquellos grupos de su Portland natal con los que comulga estéticamente. Explorar, en definitiva,  un nuevo territorio donde The Wipers funcionaran más como proyecto experimental que como grupo de rock, donde la falta absoluta de clasificación de su opción quedara enmarcada como una ineludible apuesta por la independencia antes mencionada.

Como bien podrá sospechar el lector maduro, el eslabón que viene a fallar en la cadena ideada por Greg Sale es el necesario acuerdo final con las discográficas para distribuir sus grabaciones. Su falta inicial de financiación le obliga a contratar con un sello independiente de la zona, Park Avenue Records, del que confía le ayude para conseguir que sus productos lleguen a un número de compradores mínimamente aceptable. Greg se embarca en 1980 (él mismo como guitarra) junto a Sam Henry (batería) y Dave Koupal (bajo) en la grabación de su primer Lp, "Is This Real?", en su propio estudio . Aunque no es este su primer trabajo, hubo un anterior EP "Better Off Dead" (editado, eso sí, en su propio sello Trap Records) en 1978, aquí encontramos a una banda sin duda influida por el tono punk del momento, no tan orientado a la línea politizada de algunos de los grupos coetáneos ingleses, aunque no sin dejar de tener un cierto acento reivindicativo, empañado, eso sí, por un ambiente grisáceo y húmedo, muy característico del propio clima de la costa noroccidental americana.

Las críticas a este "Is This Real?", que acentúan sin dudar el alineamiento de la banda en el punk ortodoxo, canciones rápidas y cortas, instrumentación tensa, áridos mensajes de cuestionamiento social, llevan a Greg a plantearse un cambio de dirección que resuma de una manera más clara su propuesta inicial, la autarquía estilística y la desclasificación musical. Así nace entonces el germen del que será su segundo trabajo en 1981, el legendario "Youth Of America", también distribuido por Park Avenue Records, y que nos ocupa hoy. De la banda se ha caído el batería Sam Henry (que entrará al poco a formar parte de los Napalm Beach, otra banda veterana de la escena punk de Portland, en cuya casa residió durante algún tiempo en el mismo 1981 una tal Courtney Love) y la sección rítmica ha sido ampliada con un nuevo bajo, Brad Davidson que reforzará al entonces itinerante miembro original  Dave Koupal, y otro Brad, Naish esta vez, a la batería. 

Este "Youth Of America", que tuvo entonces escaso éxito en Estados Unidos y algo más en Europa, está ideado entonces como reacción de la banda ante la acepción generalizada al encuadrarles dentro del estilo punk. Con tal motivo varios de los temas que aquí se incluyen tienen una extensión temporal mayor de las acostumbradas en ese género musical (4:25, 6:30 y hasta 10:30 minutos), pero no es esta exclusivamente la diferencia con el anterior "Is This Real?". Sin prescindir en ningún momento de la tensión rítmica, fundamentada en el choque constante del sonido de los bajos (instrumento, dicho sea de paso, que mejor epitomizaba la imagen sonora que Greg Sage sacó de sus primeras experiencias musicales), la guitarra del mismo Greg se distorsiona en bucles armónicos que muchas veces alcanzan ecos similares al garaje psicodélico californiano, al mismo krautrock alemán y a un space-rock cortante. El piano, usado con deliberada precisión en varias de las entradas y puentes de los temas, dispensa a la grabación en su momento una riqueza musical difícil de imaginar en su disco anterior. La batería de Brad Naish refuerza también la intensidad melódica del disco, unas veces robusteciendo la tensión, otras ampliando el curso rítmico hacia niveles más elevados.

Si accedemos (ya era hora, ¿no?) al análisis algo pormenorizado de los temas que componen este "Youth Of America" nos obsequiamos con algunas de las ideas que hemos ido transmitiendo a lo largo de esta entrada. El "Taking Too Long", canción con la que comienza la cara A del disco, es una pieza que calificaría como sofisticada, en el sentido de que es la que quizás más se aleje del tono afilado a la vez que extravertido de la obra; adornos de guitarra arropados en un tempo relajado al que acompaña un piano vibrante. "Can This Be", un retorno a la orientación tensa del punk, tono metálico y aristas agudas. "Pushing The Extreme", pieza que me gusta especialmente, recoge una atmósfera antigua, macabra y abrasiva al mismo tiempo. Greg suavemente aullando en el texto "so you think your soul is free?...(sic), equivalente a un bramido diabólico que le otorga un aire de corrientes góticas, melodía sofocante para el yuppie al que critica, "through your mirror there is such vanity"...(sic). "When It´s Over", pieza en su mayor parte instrumental y que cierra de una forma casi apocalíptica la cara A. Atmósfera casi operística, base rítmica endiabladamente rápida, líneas de piano que ascienden acompañadas por la guitarra, en un traqueteo de ferrocarril desbocado y al final un susurro de Greg, "in the land of dreams I find myself sober"..., "do you think we´ll ever be saved?"..., "All be over!" (sic). Auténticamente excepcional esta pieza.

La cara B tiene tan solo dos temas. El primero es "No Fair", pieza con un calado dramático en el que el cantante recuerda al oyente la historia americana del momento (estamos en la entonces America de Reagan, no olvidemos el dato). Un eco reverberado,..."it´s no fair" (sic),  resuena una y otra vez para terminar en un fundido rítmico que deja al oyente precariamente colgado en la nada. Fabuloso tema que da entrada a la última canción (10.30 minutos sublimes), la misma "Youth Of America", una suerte de experiencia que intenta copiar el mismo sonido de la vida, o mejor la propia iniciativa de Greg emulando un emotivo "State of the Union" para la juventud americana de los 80. Intensidad sostenida por el motor interno de una pesadilla bellísima, turbinas que elevan su vapor con la dejadez propia del desastre que se avecina, dirigida a una clase trabajadora alienada (mayormente seguidora del punk) a la que pide el esfuerzo final de una suerte de revolución cultural. El final, que es también el principio de la esperanza (después tantas veces frustrada) no puede ser más emocionante.


Lamentablemente el mayor éxito de The Wipers ocurre solamente cuando Kurt Cobain les reivindica como padrinos de Nirvana (y también al interpretar varios de sus temas); antes su alcance fue relativamente escaso en América, aunque mayor en Inglaterra sobre todo y en algunos países de Europa. Otros grupos como Melvins, Dinosaur Jr., Mono Men, Hole, Poison Idea, Nation of Ulyses o Mudhoney les reconocen como gran y fructífera influencia. Incluso Thurston Moore les alaba sin cesar y, además de interpretar en ocasiones varios de sus temas en solitario, los considera como fuerza motora en la inspiración del último album de Sonic Youth, "The Eternal". A partir de la publicación de "Youth Of America", la carrera de The Wipers, hasta el 88 en una primera etapa, y del 93 hasta el 99 en la última, intentó no alejarse demasiado de la idea original de su creador Greg Sage. Creo firmemente que lo consiguió en gran medida, además de hacerlo también en sus grabaciones en solitario. Invito a los lectores que hayan tenido la santa paciencia de llegar hasta estas líneas a que descubran, si es que no lo han hecho todavía, a este auténtico visionario de la música, Greg Sage, y a una de las bandas más importantes en el historial secundario del rock, el que tantas veces supera a aquel al que pertenecen las grandes estrellas.






2 comentarios:

  1. Un disco tremendo de una banda esencial por su influencia (impresionante el tema que le da título). Excelente y necesario tu artículo, Javier. "(…) un hombre iluminado que quiso dar una nueva dimensión a la misma música, aquella que primara la propia experiencia sensorial del oyente sobre el producto terminado", ahí está la clave.

    Un abrazo.

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  2. Loable reivindicacion de una gran banda. Mucho mas importante en la influencia posterior que su total desconocimiento por las masas podría imaginar. Mucho más que un grupo de punk rock. Demasiado inteligentes en sonidos y letras que el simple pop punk de años despues. maestros

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