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31 jul. 2014

HASTA SIEMPRE, CAMARADA



CHARLIE HADEN                 "LIBERATION MUSIC ORCHESTRA"
No quisiera terminar este tórrido mes de Julio sin hacer un breve y merecido homenaje al recientemente fallecido músico Charlie Haden, nacido en Shenandoah (Iowa) en 1937 y muerto en Los Ángeles el pasado día 11. También decir que los textos sobre los obituarios de personas a las que admiro, sean de la condición o profesión que fueran, nunca han sido una especialidad de esta casa. El hecho de intentar resumir en unas pocas palabras (sobre todo cuando se trata de un sencillo homenaje) un cúmulo de hechos que tienen más que ver con las personales impresiones y sensaciones del receptor, me ha resultado la mayoría de las veces una tarea que puede poner en evidencia la cortedad profesional del escribiente, especialmente cuando no es, como es mi caso, un reputado especialista en la obra y vida del personaje del que se habla. No obstante lo susodicho, y a fuerza de resaltar el carácter meramente personal (y obligadamente subjetivo) de mis comentarios, quisiera simplemente dejar constancia de mi pesar y admiración por el músico fallecido, por el gran contrabajista Charlie Haden.

Mis primeros contactos musicales con su figura datan ya de algunos años atrás, no sabría cuantificarlos exactamente. Las primeras grabaciones del artista que pasaron por mis manos no guardaron un orden cronológico estrictamente hablando. Desde luego, si recuerdo con nitidez, la primera adquisición del maravilloso "Missouri Sky" con Pat Metheny, una obra que me dejó marcado a perpetuidad, como una especie de señal por la que Charlie me indicaba un camino a seguir, una suerte de pacífica intromisión en un universo de nubes y manzanas celestes. Aleatoriamente, siguieron otras compras como su "Rambling Boy, with Family & Friends" y su maravilloso "Jasmine" con Keith Jarrett; el primero más ligado a sus raíces y antecedentes como miembro de una gran familia y tradición musical americana; el segundo, un sencillo y sorprendente ejercicio de sumisión y entrega al oyente, haciendo de éste último copartícipe de la misma emoción que los propios músicos sintieran al crear una red de emociones inevitablemente humanas, belleza, ternura, profundidad, confianza, realidad, tristeza...

Pero la grabación que me conmocionó más profundamente fue su inigualable primera "Liberation Music Orchestra" de 1969, obra que publica ese mismo año al calor de los recuerdos de sus mayores, aquellos voluntarios norte-americanos supervivientes de la "Brigada Abraham Lincoln" que lucharon en la Guerra Civil Española, además de su más inmediata memoria, aquella que le hablaba de la figura muerta del último gran revolucionario americano, Ernesto "Ché" Guevara, en 1967, y también de los acontecimientos sucedidos con motivo de la Convención Nacional Demócrata en Chicago en el verano de 1968. Una auténtica demostración de la mejor música, independientemente de su estilo, como vehículo de conmemoración histórica, en este caso ejemplo de la lucha por unos ideales que, según manifestaba el propio artista en el mismo texto que acompañaba a la grabación, ojalá sirvieran para "asistir al nacimiento de una nueva sociedad de tolerancia y sensatez, donde el pensamiento creativo llegara a ser la más importante fuerza dominante en la vida de todos los seres humanos"

En lo que propiamente se refiere a la memoria histórica relacionada con la Guerra Civil, Charlie Haden se vale fundamentalmente del folklore republicano de la época, aquellos muy conocidos temas tradicionales que se entonaban tanto en los frentes de batalla como en la retaguardia. "Song Of The United Front", "El Quinto Regimiento (The Fifth Regiment)", "Los Cuatro Generales (The Four Generals)" y "Viva La Quince Brigada (Long Live The Fifteenth Brigade)". La relativa al "Ché" Guevara, "Song For Ché", escrita por el propio Charlie adaptándola, en un "mixing" donde se intercala al final una parte de la melodía del tema "Hasta Siempre" del compositor cubano Carlos Puebla, y las que rememoran el clima de enfrentamiento político y violencia callejera que se sucedieron en la ciudad de Chicago en el verano de 1968, "Circus´68 ´69", escrita también por Charlie, y la famosa "We Shall Overcome" de Pete Seeger. Completan el disco el "War Orphants" de Ornette Coleman y los magníficos interludios que Carla Bley aporta al comienzo, "The Introduction", en la mitad de la grabación, "The Ending To The First Side" y casi al final de la misma, "The Interlude (Drinking Music)".

Los músicos que participan en esta grabación, a los que Charlie en sus notas califica de auténticos y muy meritorios creadores, conforman un excepcional elenco de virtuosismo instrumental. Por nombrar a los más relevantes, Gato Barbieri (saxo tenor y clarinete), Dewey Redman (saxo alto y tenor), Don Cherry (trompeta y flautas), Sam Brown (guitarras, excepcionales cuando reflejan muy fielmente  el estilo candente del sonido de la guitarra española), Paul Motian (batería) y Carla Bley (piano, en la foto adjunta con Charlie), auténtica protagonista responsable de los arreglos generales de la grabación y, Charlie también lo reconoce, inspirada potencia creativa que alienta un ambiente general de compromiso y culminación de una obra que, a todas luces, merece el calificativo de grabación histórica.

No por ser, muchas veces mal que me pese, ciudadano de este país, dejaría de destacar la muy conseguida simbiosis entre la música folklórica española y republicana y la realizada por la propia formación de la "Liberation Music Orchestra", en cuanto intenta reflejar lo más exactamente posible el timbre orquestal y popular de las interpretaciones que de los temas reseñados se hacían en España durante la Guerra Civil. Lo consiguen sin paliativos de ningún tipo, al igual que el ambiente musical propiamente cubano de su "Song For Ché" mezclado con el "Hasta Siempre" de Carlos Puebla (del que doy personal testimonio de su fuerza reivindicativa al haber asistido a uno de los conciertos más "broncas" de mi época universitaria, el que ofreció con Los Tradicionales en el Teatro Monumental en 1977, no recuerdo el mes, y que fue posteriormente grabado en el disco "Cuba Si, Yanquis No", editado por Movieplay el mismo año). También consigue la "Liberation Music Orchestra" transportar en su "We Shall Overcome" al ambiente de profunda protesta política del Chicago del verano del 68, cuando las delegaciones de Nueva York y California se rebelan, entonando al unísono la conocida canción de Pete Seeger,  contra la falta de condena de la Guerra del Vietnam en la propia Convención Demócrata. Fuera del Anfiteatro Internacional de Chicago, en los parques colindantes de Lincoln y Grant, los "Siete de Chicago" y los MC5 se encargaban de alentar a los miles de congregados con sus arengas, mítines y conciertos, casi siempre interrumpidos por las feroces cargas policiales.


Así es que Charlie, mejor expresado que nunca, "Hasta Siempre" camarada. Empecé el mes de Julio con la referencia que hacía el insigne bloguero (y amigo) Gonzalo Aróstegui en su magnífica entrada "The Shape Of Jazz To Come" de Ornette Coleman, donde se mencionaba a Charlie como destacado participante de la grabación, y lo termino con este breve y emocionado homenaje al contrabajista americano. ¡Gracias por lo que nos toca, maestro!


27 jul. 2014

RAREZAS IV. "MINIATURES", PRIMERA PARTE





"MINIATURES , A SEQUENCE OF FIFTY-ONE TINY MASTERPIECES EDITED BY MORGAN-FISHER"
Desconozco si Morgan Fisher, teclista de la renombrada banda inglesa Mott The Hoople , y quizás el más abierto de sus miembros a la experimentación musical (algunos lo calificarían también como su miembro más excéntrico), asistió al festival titulado "Nouvelle Musique, Rock In Opposition" que se celebró en la ciudad francesa de Reims durante los días 17 al 20 de Abril de 1980. Lo que si es probable es que se sirviera de la idea del festival para poner en marcha una iniciativa que por entonces, en una época donde la música rock ya había adquirido una cierta mayoría de edad, no dejaba de estar claramente en minoría ante la audiencia general de oyentes. Una música que, partiendo fundamentalmente de las teorías y enseñanzas impartidas por la escuela francesa de la "musique concrète" de Pierre Schaeffer y de los movimientos artísticos y políticos conocidos como "dadaísmo" y "situacionismo", pretendía desconceptualizar el arte y acercarlo, desproveyéndolo de un entorno formal opresivo, a una esencia más humanizada, haciendo más sencilla su propia creación y facilitando al receptor una sensación de mayor participación y cercanía.

Con esta idea en la mente Morgan Fisher se pone en contacto con una serie de músicos y artistas ingleses , continentales y americanos, algunos de ellos participantes en el mismo festival referido de Reims, otros totalmente alejados del propio territorio musical, y les propone la grabación de un tema musical, con un máximo de tiempo de un minuto, para dar lugar a la edición posterior de un Lp que recogería el compendio de la participación de todos los implicados. Por supuesto el tema musical, bien fuera una propia canción como tal, pieza instrumental, recitación literaria, grabación aleatoria de sonidos, o cualquier artefacto que tuviera un mínimo sentido de comprensión sensorial, quedaba al absoluto albedrío de los artistas elegidos. Muchos de ellos aceptarían la propuesta y, poco a poco, grabación a grabación, van remitiendo a Morgan sus cintas correspondientes para que, posteriormente, el músico de Mott The Hoople les diera forma en formato de vinilo y lo editara bajo el nombre de "Miniatures, a sequence of fifty-one tiny masterpieces edited by Morgan Fisher". Este vinilo, originalmente publicado en Inglaterra en el sello Pipe Records, lo sería en Europa a través del sello Cherry Red y en nuestro país por medio de la distribuidora catalana Edigsa en 1981. 

Con estas premisas fácil es comprender que el contenido de los temas que componen este "Miniatures" es absolutamente fascinante (evidentemente más para los amantes de la experimentación artística en general). Organizado en base a un total de 10 cintas, cada una de ellas con un número aleatorio de temas, se subdivide a su vez en 26 cortes en la cara A y 25 en la cara B del disco. Se incluye igualmente en el Lp un enorme póster, en forma de collage, donde se facilita al oyente la actualización discográfica de los músicos participantes e información sobre el resto de artistas, además de una serie de fotografías, pictogramas y textos (algunos realmente hilarantes) que vienen a conformar un auténtico, y muy meritorio,  trabajo de compilación de las corrientes artísticas más vanguardistas que se dejaban ver ya en los mismos inicios de la de década de los 80 del anterior siglo.

La primera cinta de la cara A contiene 5 temas. Encontramos en ellos en primer lugar al añorado Olie Halsall junto al menos conocido John Halsey (miembro de The Rutles, esa maravillosa banda que parodiaba la música de The Beatles, además de guitarrista participante en el "Transformer" de Lou Reed y músico en alguna de las giras de la época de Joe Cocker). Su tema "Burn Love", una suerte de recitación desganada de un crooner somnoliento, que va elevando su intensidad según se desarrolla el tema y cambia su lengua del inglés a alemán. Le siguen los irreductibles (en su anonimato) The Residents , versioneando el "We Are A Happy Family/Blai Ha" de los Ramones. Imaginarse el embrollo resultante es cosa fácil. Continuamos con Roger McGough, un escritor y lector de textos, miembro de una troupe de músicos viajeros (que recuerda un tanto a la fórmula de Ronnie Lane con su Slim Chance), la Scaffold & Grimms. Su tema, "The Wreck Of Hesperus", una recitación literaria que, dada su velocidad y vértigo, se convierte en una atolondrada extravagancia. Nuestro protagonista, el propio Morgan Fisher nos "deleita" a continuación con una composición que supone una sucesión de poemas de Blake, Parry y Bridges con una variante musical que viaja desde la inicial sonoridad de las catedrales a una leve diáspora de versos ritmicos, su tiítulo "Green and Pleasant". Culmina la primera cinta con John Otway, un auténtico "performer" muy conocido y prestigioso (en muy amplios círculos, TV incluida) de Inglaterra. Aquí interpreta con su amigo Adam Francis "Mine Tonight", una deliciosa canción acústica.

La segunda cinta comienza con una levísima versión del "My Way" de Frank Sinatra interprentada por Pete Challis y Phil Diplock, tan ingrávida y extraña versión que supone una auténtica deconstrucción de la original. Proseguimos con nuestro admirado Robert Wyatt, con uno de los mejores temas del disco, una maravillosa, triste y melancólica versión del "Strangers In The Night", también de Sinatra. Reanudamos nuestra ruta con Mary Longford, conocida productora teatral, que toca por primera vez el bajo en un delicioso tema titulado "Body Language", acompañándose de unos magníficos efectos de sonido. Atención porque ahora aparece el genial Andy "Thunderclap" Newman, miembro de la imprescindible formación creada por Tonwsend y Lambert (Thunderclap Newman). Su tema, "Andy The Dentist", nos transporta a una suerte de vodevil típico inglés con texto hilarante incluido. David Bedford, compositor inglés muy conocido por sus trabajos con Kevin Ayers ("Joy Of A Toy") y Mike Oldfield (la versión orquestal del "Tubular Bells") nos asombra en menos de un minuto con una de las obras clásicas más universales, "Wagner´s Ring In One Minute". 

Nos adentramos ya en la tercera cinta con el primer corte debido a Fred Frith (al que tuve la suerte de ver en el "Johnny" de Madrid con su banda Henry Cow y me firmó su autógrafo en una bota de vino, preguntándome previamente "..are you sure"?). Su tema "The Entire Works Of Henry Cow", en tan solo un minuto, resulta un auténtico resplandor de síntesis compositiva. Tocamos ahora a Maggie Nicols, que trabajó en la Spontaneous Music Ensemble (antigua guarida también de una tal Julie Tippett, nacida Driscoll, ¿les suena?). Su tema, "Look Beneath The Surface" es una de las piezas más conmovedoramente hermosas de la compilación. Alargamos nuestro repaso con Joseph Racaille, miembro de la banda ZNR (que recreaba el espíritu del gran Erick Satie; algún día hablaremos de sus maravillosas "gymnopedies"), uno de los participantes en el festival de Reims y que nos asombra aquí con el tema más corto de la recopilación, "Week-End", en apenas veinte segundos. Nos escolta ahora otro grupo que también participó en el festival de Reims, The Work, formado por antiguos miembros de Henry Cow. En su participación, "With Wings Pressed Back", usan mezcladores donde los sonidos quedan modulados como si se tratara de un solo instrumento; resultado, quizás la pieza más "dada" posible de la compilación. Tremina la tercera cinta con Neil Innes y su hijo de 5 años. Neil fue fundador del mítico grupo Bonzo Dog Doo Dah, y también participó en las grabaciones musicales y fílmicas de los anteriormente mencionados The Rutles. Aquí su hijo nos impresiona versioneando a la batería el famoso "Cum On Feel The Noize" de Slade.

Con esta pieza sorprendente termina la tercera cinta y nos adentramos en la cuarta con Herbert Distel, un experimentado minimalista suizo que nos sorprende realmente con la grabación más original del Lp, "Toscany In Blue Last Minute" , una "orquesta animada" por los sonidos generados por tres gatos, un gallo, cinco grillos, una sección coral de ranas y dos pájaros, uno carpintero y un cuco. Sin palabras. Prolongamos nuestro grato "tormento" con el gran Lol Coxhill, saxofonista de vanguardia, participante en numerosas grabaciones de grandes, muy grandes como Rufus Thomas, Moses Allison, Otis Spann o "Champion" Jack Dupree, también en alguna grabación del The Whole World Band de Kevin Ayers. Su tema aquí, "An End To The Matter", apuesta por un solo de saxo comedido en su forma y contenido. Proseguimos con Ken Ellis, personaje curioso que, en sus épocas, se dedicaba a recitar textos de rock en el famoso Speaker´s Corner de Hyde Park. Minimiza aquí un breve texto literario de Alexander Solzenhitsyn titulado "One Minute In The Life Of Ivan Denisovich". Y terminamos la cinta con un tema de Steve Miller, quien no hace casi falta presentar (miembro de Alexis Korner, Free y Caravan, entre otros). Gran pianista, la pieza que nos presenta, "Alice", lleva el nombre de su perro. Un delicado corte donde su piano nos transporta a una probable nebulosa campiña inglesa.

Permanezcan, por favor, atentos ya que entramos en la última cinta de la cara A, la quinta, que nos presenta inicialmente a Norman Lovett, un "performer" a la usanza del anteriormente mencionado John Otway. Aquí solaza al oyente con un texto medio inconexo que titula "John Peel Sings The Blues Badly". No cesa nuestro empeño al llegar a una de las mejores piezas de la compilación, la ideada por el autor francés Patrick "Pepe" Portella, amigo del anteriormente mencionado Joseph Racaille, clarinetista de su grupo ZNR, y también participante en el festival de Reims. Su tema "Seron Nous Les Coudes" está sobre-grabado en varias multipistas y nos ofrece un muy interesante sonido homogéneo. LLega, a continuación, George Melly, cantante de jazz y experto en performances dadaístas y surrealistas. Amigo del pintor Magritte durante muchos años, su pieza en el disco, "Sounds That Saved My Life", es un ejercicio pianístico de un famoso poema dadá del poeta Kurt Schwitters. Y terminamos, gracias por su paciencia, la quinta cinta con el imprescindible Robert Fripp, en esta ocasión ya fuera de su King Crimson y de sus posteriores colaboraciones con Eno. En ese momento estaba trabajando en su proyecto con su nueva banda "The League Of Gentlemen" y nos ofrece una sobria pieza de sintetizador titulada "Miniatures", como el mismo nombre de la compilación.


Les espero a ustedes en la segunda parte de este "Miniatures" que expondrá, mejor con mayor brevedad, la cara B y las cintas correspondientes de esta tan interesante (espero que para algunos así lo haya sido) recopilación multi-artística de algunos de los más celebrados autores de la primera década de los 80.

23 jul. 2014

IGNORANCIA




THE BEVIS FROND                "WHITE NUMBERS"
Ignoro totalmente cuando supe algo sobre The Bevis Frond, la banda creada por el considerado por algunos expertos como el "Verdadero Rey Underground de la Psicodelia Inglesa". Pudo ser en alguna revista especializada hacia la segunda mitad de los años 80 o, en la misma época, fruto de alguna recomendación que me hiciera algún "dealer" en varias de las tiendas de discos que entonces frecuentaba en Madrid, "Record Runner", "Tony Martin" o "Discos del Sur". El caso es que allá por el 88 llegó a mis manos una recopilación de la banda, "Bevis Frond Through The Looking Glass", editada por un maravilloso y esotérico sello londinense Reckless Records (creo que ya desaparecido), y que daba a conocer a los aficionados varios de los temas que el líder de la banda, Nick Saloman, había editado anteriormente en otros LPs y en su propio sello, el también mítico Woronzow Records  (éste aun existe afortunadamente). El efecto que me causó tal pieza fue de un extraordinario asombro. Un músico de un talento portentoso que, haciendo alarde de su propio virtuosismo, tocaba la guitarra sin púa (como si los ángeles volaran sin alas), además de otros instrumentos que dominaba a la perfección, piano, bajo y teclados. Una posterior entrevista con el artista en el "Ruta 66" (¡cuanto le debo a esta revista!) en Junio del 94 me puso más en antecedentes y asentó aún más mi admiración por este vecino de Walthamstow, barrio norteño de Londres que pienso, en homenaje a nuestro protagonista de hoy,  visitar en mi próximo (e improbable) viaje a la capital inglesa.

Ignoro también, y esta ausencia puede que pese más como una losa en mi conciencia, cómo desde esos años de conocimiento previo (1988-1994) no tuve la oportunidad de ir adquiriendo parte de la obra del artista londinense, aunque en mi descargo debo admitir que no era nada fácil el hacerse con ella, entre otras cosas porque los discos que se iban editando lo hacían en cantidades minúsculas (no más de 250) y su llegada y distribución a nuestro país no era tarea sencilla. Vuelvo ahora afortunadamente al redil del que nunca debí salir con la adquisición y atenta escucha de la última obra publicada por The Bevis Frond el año pasado, el maravilloso "White Numbers", triple Lp que contiene 24 canciones agrupadas en dos vinilos más un tercero que añade las dos partes de una maravillosa "jam" casera titulada "Homemade Traditional Electric Jam", con los textos de las canciones incluidos.

Ignoro igualmente por que cuando un servidor tenía la tierna edad de 5 años no hizo lo mismo que Nick Saloman hiciera en su tierra natal, aprender a tocar el piano y además, dos años después e influenciado  por The Shadows, cambiarse a la guitarra para formar su primer grupo, cuando no era más que un mero colegial. También como excusa podré decir que entonces en mi país ("mierda de país" como ahora bien dice Rosendo Mercado en su último "Vergüenza Torera"), los chavales vivíamos más atrapados entre los "últimos coletazos del Imperio hacia Dios" y, ante tal hazaña épica, no cabían demasiadas alternativas liberadoras. Lo que sí pude paliar en parte fue algo de lo que Nick se hartaría cuando era adolescente en el inolvidable "swinging London" de los 60, aunque eso sí, ni color con el contenido ni con el continente. Mientras él no se perdía por entonces los grandes conciertos en los Roundhouse, Marquee o UFO, yo veinte años después, no faltaba a ninguno en los RockOla, El Sol, El Jardín, La Universal, La Montesol u otros similares. Algo es algo.

Ignoro si los que lean esta entrada conocen o no algo de Nick Saloman y The Bevis Frond. A aquellos que no tengan la suerte de hacerlo, se lo recomiendo muy de veras. Y es que hablaba antes del virtuosismo instrumental del músico inglés, expresado más significativamente en su personalísmo estilo guitarrero, una especie de cruce entre el mejor Jimi Hendrix, nuestro admirado J. Mascis o el más desconocido (pero no por ello menos digno de elogio) Greg Sage de The Wipers,  cuando aborda temas en una onda más de "hard-rock-melódico", sus riffs creando un escalonamiento de capas que elevan la melodía hasta terrenos a veces psicodélicos, otras, las más sosegadas, creando ambientes más folk-rock-ácido en la senda "byrdiana". En el primer caso cuenta Nick con la inestimable ayuda, y seguimos hablando de este su "White Numbers", de Paul Simmons, otro guitarrista que se acopla maravillosamente con nuestro protagonista, facilitando la estructura rítmica para que, a continuación, Nick vuele tan alto como las cigüeñas en las cubiertas de las más innacesibles catedrales sónicas. La base rítmica, compuesta por Ade Shaw (ex Camel) al bajo y Dave Pearce a la batería, refuerzan con sus punteos un andamiaje, a veces avasallador, otros más ligero, logrando un cúmulo de sonidos que transportan fácilmente al oyente al típico territorio efervescente y/o somnoliento del que nunca querría salir. 


Ignoro del mismo modo el afán de algunos críticos de la época (ya no tantos en la actualidad, cuando el artista ha logrado desde luego un cierto nivel de reconocimiento) en afearle el que no se alzara a los más altos peldaños de la fama, dada su relevancia como hombre de música global, esto es, compositor, multi-instrumentista, escritor y editor de magazines "on-line" (véase su muy plausible creación "Ptolemaic Terrascope"), o participación en sugestivas compilaciones como "Children of Nuggets: Original Artyfacts from Second Psychedelic Era - 1976-1995", además de sus grabaciones (entre otras muchas) con luminarias del calibre de Twink de The Pink Fairies, Country Joe McDonald o, más recientemente, Mary Lou Lord. Nick Saloman ha ido siempre por libre, ajeno al "mainstream" comercial por supuesto, sabedor de que su propuesta musical quedaba, y lo sigue haciendo, reservada para un determinado público, aquel que prefiere la estancia en el garito desconocido, cargado de miradas detonantes y humo púrpura, frente a los macro-conciertos y festivales de moda, donde la mera apariencia es el disfraz más "cool".


Dicen que no hay peor ignorante que aquel que ignora su ignorancia. Reclamo pues la mía, la relatada en este breve ensayo, como un ejercicio de pura humildad, un desamparo alimentado por muchos años de alejamiento, consentido o no (ya da igual a estas alturas) de la obra de un auténtico genio del rock, Nick Saloman, que, de haber seguido la senda contraria, seguro que hubiera llenado mis días de más soles, de más dudas, de más preguntas, de más vida. Hay un párrafo en uno de los temas del disco, "Begone" (y solo reseño uno entre montones de ellos) que dice: "Your plans of thought  will leave no vapour trails..."; nada va a quedar de tus planes, ni siquiera una breve estela de humo; y aunque ya lo intuía no por ello dejo de ser menos ignorante.




12 jul. 2014

LA VIDA MARGINADA




PÍO BAROJA                 "MALA HIERBA"
Llega ahora la segunda entrega de la trilogía "La lucha por la vida" con "Mala Hierba", obra en la que Pío Baroja ofrece al lector la continuación de las aventuras urbanas de su personaje principal, Manuel Alcázar, y también los quehaceres de muchos de los protagonistas que aparecieron durante el transcurso de la primera novela de la trilogía, "La busca", recientemente comentada en este blog.. Lejos de la estructura folletinesca, tan denostada por el escritor donostiarra al acusar a esta de falta de exigencia estética, se sirve sin embargo de su típica secuencia narrativa para enfrentar al lector a un conocido entorno (el Madrid de principios del siglo XX) en el que tanto hombres como parajes aparecen en sucesivas travesías de tiempo y espacio, armadura que da pie al escritor para representar y dar a conocer las costumbres, casi siempre degeneradas, de determinadas clases y capas sociales madrileñas.

Si en "La busca" asistimos a las vivencias de un Manuel Alcázar demasiado joven e inexperto, ingenuo y más proclive a vivir "el juego de la vida" (aunque en el flanco más deteriorado por la miseria y la falta de recursos), en "Mala Hierba" le observamos ya dando el salto hacia una existencia más adulta, plagada también de sinsabores. Un muchacho joven, aprendiz de hombre, que une a su falta innata de energía una gran capacidad de observación, también unos inicios de percepción hacia una realidad que en nada le ayudan para consolidar su más íntimo deseo, aun desconocido en su totalidad, la lucha por abrirse camino honradamente en un mundo que por principio está mejor organizado para rechazarle. Esa contemplación, y el propio papel que juega el protagonista a lo largo de la novela, le conducirá igualmente hacia un constante autoanálisis que, en su propio desconcierto concluyente, le llevará hacia situaciones donde pugnará por sobrevivir como persona decente para caer, las más de las veces, en fases de abandono y dejadez, rayana la delincuencia. Su inquietud por llegar a ser partícipe de una determinada clase menestral y pre-burguesa choca, ineludiblemente, con sus querencias de antaño, la vida libre y sin cortapisas, el alegre deambular del golfo sin mayor objetivo que el vivir la inconsciente inmediatez de la vida, aun a costa de existir como marginado.

Uno de los mayores logros de la novela, conquista que es paradigmática en muchas de la obras de Baroja, es la confluencia entre el deambular propio del protagonista y su relación con los distintos personajes que le acompañan. Aunque se salga un poco del tono de esta breve entrada, ese famoso himno liverpudiano del "You Never Walk Alone" epitomiza la imbricación de Manuel Alcázar con todos y cada uno de los compañeros de viaje que se asoman por las páginas de "Mala Hierba". Su vida y andanzas no le pertenecen al cien por cien, sus decisiones, éxitos y fracasos, le vienen dados en muchos casos por las determinaciones tomadas por otros, los desenlaces de sus aventuras, enmarcados en una perpetua y brillante línea de sucesión (otro de los grandes aciertos del libro), se suceden dentro de unos escenarios en los que parece que Manuel es un mero comparsa, la pequeña pieza de un "puzzle" del que otros (los más aprovechados, también los más vinculados por su amistad) toman decisiones que le llevarán de un espacio a otro, de un estado anímico a aquel diametralmente opuesto.

A fuerza de ser redundante no me cansaré de repetir (y elogiar) el ritmo narrativo cíclico de muchas de las novelas de Pío Baroja, y esta "Mala Hierba" no se queda al margen de esta afirmación. Y ese tiempo seriado de acontecimientos queda perfectamente reflejado en la misma geografía urbana del Madrid de la época. De una ciudad arrabalera saltamos a los núcleos situados en el centro de la misma para volver, al finalizar, al origen primario de su contorno más externo, el propio extrarradio de la ciudad. Y en cada mapa se suceden los acontecimientos más identificados con su propia topografía; la miseria extrema de la periferia, la corrupción y el vicio lacerante en el centro (también el trabajo menesteroso y la supervivencia honrada, no todo debería ser tan penoso) para finalizar, como si de una extraña moraleja se tratara, con una escenificación donde, al amparo de un texto de acerada crítica social,  aparece el breve atisbo de una futura arcadia anarquista, suceso que tendrá lugar en los suburbios más lúgubres. El ciclo se cierra convincentemente.


En la anterior entrada dedicada a "La busca" apuntaba yo brevemente la capacidad del escritor vasco para reproducir pictóricamente muchas de las imágenes más características de la ciudad. Si entonces mencionaba esa su brillante disposición para colorear los contornos externos y los perfiles de la misma, ahora en "Mala Hierba" debería hacer lo mismo con aquellos interiores que son también espejos (nunca enmudecidos) de Madrid. Calles empedradas, salpicadas por una lluvia triste, soportales de una oscuridad casi medieval, faroles de gas frente a un nocturno Palacio Real, tabernas recónditas y bullangueras, cuartos lóbregos donde malviven la bohemia y la delincuencia, barrizales por donde trasiega un ejército de desheredados, portalones de cuarteles y prostíbulos y casas de timbas encubiertas. Toda una pirámide de imágenes que, más que una sucesión de fotografías añejas, mejor se nos antojaría como una cadena de grabados de tipos y de rincones madrileños que tan bien supo reflejar Ricardo Baroja, hermano del escritor.




6 jul. 2014

SONIDO Y PALABRA




DAMIEN JURADO       "BROTHERS AND SISTERS OF THE ETERNAL SON"
Existe un antes del sonido y un prólogo de las palabras para producir una música y una poesía como la de "Brothers And Sisters Of The Eternal Son". No es un vacío, es un silencio que abre las puertas a la percepción de una ilusión sin materia. Llenan sus ondas un espacio entre habitaciones antiguas, un mundo abandonado al alcance de las emociones vivas del cerrojo. Se ha disipado la herrumbre del pestillo y entramos directamente en la emoción pura de la música y de su lírica. La clave puede que se encuentre en la celebrada combinación de sonidos y palabras.

 Es la primera vez que llego a la parada de Damien Jurado y siento un feliz desasosiego. Intento bucear y meterme dentro de mí mismo. Una primera estructura jazzística en la percusión, sus ecos metálicos escupen plata, sus redobles abren el archivo de Max Roach. Y cuando el esqueleto rítmico varía hacia la guitarra acústica y el piano, me envuelve una lectura de Nick Drake, la velocidad del sonido es íntima y las notas musicales parpadean hacia un dulce sopor. La voz de Damien se expande desde esquinas semi oscuras hasta las mejores avenidas celestes, tal es su registro y tono.

 Y aun siendo la riqueza instrumental del disco digna del mejor elogio, con mención especial a su productor Richard Swift, lo que más llama mi atención es el comentado ensamblaje entre el sonido y las palabras que emergen de él, un misterioso pulso entre niebla y rayos de sol. Todo en su conjunto evoca, me atreveré a compararlo, una suerte de consagración de la vida, más aun, un adelanto al principio, una carencia intacta, la celebración del inicio. 

 Palabras y frases en círculo contínuo, escritura que pretende alcanzar el meollo de la creación. Dioses que enseñaron a Damien un camino que compartir con los oyentes. Iniciaciones esotéricas en "Magic Numbers", vuelta al reino de la levedad de la lluvia en "Return To Maraqopa" (si, debe existir Maraqopa y quizás su aspecto sea el del gran globo de cristal que aparece en la portada...), "Metallic Cloud" con sus cielos retrasados y extraños paréntesis, "Jericho Road", el arcoiris como materia genética, y "Suns In Our Mind", visiones espaciales a punto de colisión.

 Pero donde, de manera más nítida, corre el arco hacia su inacabable circuito es en la secuencia de canciones dedicadas a unos protagonistas iniciados, una especie de cordón umbilical que liga los textos con la labor de Damien, misionero predicador de una probable dicha salvadora. "Silver Timothy", "Silver Donna", "Silver Malcolm", "Silver Katherine" y "Silver Joy". Caídas sin daño, levitación, amor sin fin, planas atmósferas de luz, pastores celestiales, despertares en los comienzos de la eternidad, un cúmulo de felicidad y redención ofrecidos a los dispuestos feligreses de la Sagrada Escritura Ecléctica. 


 Volveré a "Brothers And Sisters Of The Eternal Son" con la frecuencia del sediento, aquel que añora el espejismo de los dátiles, cuando busque en la música la cura de las heridas de la rutina y alivio para el camino a la tierra de ninguna parte. No pudo ser mejor esa primera estación con Damien Jurado, ya oficiante de un nuevo credo, aquel que existe solo para sus hijos preferidos.