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22 dic. 2014

FLASHBACK 4





FLASHBACK ISSUE 4 (WINTER 2013)
Inicio esta breve crónica sobre el número 4 de la revista "Flashback" intentando concentrarme al mismo tiempo en la escucha y valoración del último disco de Buffalo Killers "Heavy Reverie", grupo que nada tiene que ver con las bandas y contenido que habitualmente aparecen en esta magnífica revista inglesa. Publicación que, a la fecha de esta entrada, ya lleva 5 números publicados y que, por su propio concepto musical y público lector al que va dirigida, está concebida como plataforma de información y conocimiento exhaustivo de las bandas que tuvieron su momento creativo durante las décadas de los 60 y 70 (salvo alguna rara excepción). Tarea harto complicada, como digo,  esta de intentar mantener a la par la atención entre dos distintas realidades sensoriales, una "en vivo" mientras los surcos de "Heavy Reverie" siguen su curso implacable (y mi talento calificador se esfuerza en mantenerse ecuánime), y otra enmarcada en recuperar del más inmediato recuerdo las impresiones de la lectura del mencionado número 4 de la revista. El resultado de tamaña hazaña creo que será mejor apreciado por aquellas personas acostumbradas a cierto comportamiento bipolar.

Al margen de las revistas más conocidas del sector ("Rolling Stone", "NME", "Uncut", "Mojo", "Q"...), "Flashback" constituye una de las plataformas de cultura musical más importantes recientemente aparecidas. Sus números, además de informar sobre un amplio abanico de bandas, estilos, información sobre sellos, crítica de discos, publicaciones literarias y opiniones conectadas con múltiples aspectos de la historia del rock, suelen estar centrados en material ligado mayoritariamente a una banda en concreto. Mientras en los tres números anteriores la parentela elegida respondía a los nombres (tan queridos...) de Mad River, Tomorrow y Mighty Baby, en éste cuarto número le cabe a la excelente banda londinense Trees el privilegio de ser portada de la revista. Sobre ese grupo seleccionado se suele desarrollar un extensísimo y exhaustivo estudio biográfico que abarca toda la historia del conjunto, desde sus orígenes y antecedentes hasta su época actual, caso de que alguna de ellas haya visto la oportunidad de relanzar su carrera musical.


Trees es , por lo tanto, la banda escogida en este número de "Flashback". Conocí al grupo, permítanme que haga un poco de historia personal, allá por 1970 cuando CBS publicó en nuestro país su célebre recopilatario de bandas del sello "Llena Tu Cabeza De Rock", un disco que ha sido fundamental en mi educación musical. Trees allí aparecía con su tema más conocido, "In The Garden Of Jane Delawney", homónimo del mismo primer Lp que grabaron en el mismo año de 1970. Ni que decir tiene que el tema, además de ser uno de mis favoritos en la recopilación, me dejó tocado de por vida. Si uno ya de por sí tiende a lo romántico, el tono y el ambiente de la canción, tan extraordinariamente recreado por la espléndida voz de Celia Humphris, concibieron en mí una parte bien importante de lo que ha sido hasta ahora la banda sonora de mi existencia.

No solo de ése "In The Garden Of Jane Delawney", siendo como lo es de capital significado para identificar el sonido y el espíritu de la banda, habla el articulista David Biasotti en este "Flashback" 4. Lo hace, con intensidad e inmensa erudición, también de la trayectoria vital del grupo. Sus inicios como tal, sus primeras actuaciones, sus grabaciones y originales contactos con la industria discográfica, la personalidad de los distintos miembros, el ambiente de la época (primeros años de la década de los 70) en una Inglaterra inmersa en la revitalización del folk autóctono y la conexión con el rock californiano, las críticas de sus discos (tan sólo dos, siendo el segundo "On The Shore" objeto de un completo estudio) y las causas de la defunción de la banda se agolpan en párrafos de innegable valor biográfico para el aficionado..., (mientras estas palabras dibujan la valla de un prado improvisado, Dean Wareham con su "Heartless People" se esfuerza en incrementar la valoración de su Lp homónimo de este año...)

Además del extenso material dedicado a Trees, el número 4 de "Flashback" atiende asuntos de indudable interés para el aficionado curioso. Artículos sobre la revista neoyorquina "Go", una de las pioneras en la información relativa al amplio escenario del pop y del rock internacional de la época. Disecciones sobre los discos preferidos de bandas actuales como Blood Ceremony o de productores ingleses como Peter Eden (ligado a artistas como Donovan, Clive Palmer o Heron, entre muchos otros). Disertaciones sobre las excelencias del sonido monoaural frente el estereofónico a cargo del gran Patrick Lundborg  (una de las plumas más eminentes en la historia del rock, fallecido este año), o argumentaciones de indudable interés como el que dedica Aaron Milenski a las semillas "sixties" y "early-seventies" del punk. También se complace el lector con artículos dedicados al género "exploito", aquel que durante los 70 inundó los anaqueles de los supermercados con discos de artistas y bandas desconocidas, todos ellos y ellas dirigidas a ensalzar las corrientes estilísticas y los hits del momento. (Su lectura me deparó la agradable sorpresa de encontrarme en mi colección, y yo sin saberlo, con uno de los más celebrados artefactos de la época y estilo "exploito", el "Psychotic Reaction" de la banda fantasma californiana The Fire Escape)

Y si todo esto no fuera poco, no siéndolo desde luego para el codicioso lector de este tipo de publicaciones, el número 4 de "Flashback" ahonda en el clímax del aficionado con artículos sobre grupos cuasi-desconocidos como Wilkinson Tri-Cycle o Fraction (onda cristiana), algunos de más renombre como Mandrake Memorial (de los que me prometo indagar más) y July, para terminar con una prolongada y suculenta entrevista con Beverly Kutner, más conocida como Beverly Martyn por su matrimonio con el gran John Martyn, tan extraordinario compositor e intérprete como poli-toxicómano y violento marido que, a la postre, truncó la carrera musical de la artista de Coventry. Su recorrido vital desde su llegada a Londres (huyendo de una familia fragmentada), las fiestas interminables del "swinging London",  hasta su paso por el Nueva York urbano de la mano de Paul Simon (con quien ejerció como compañera sentimental) hasta el Woodstock rural, donde coincidió con el Dylan recién recuperado de su accidente motociclista, su conexión final con un Nick Drake a punto de tálamo, es un cúmulo de hechos históricos de gran valor documental.


La crítica de discos y de libros (Harry Nilsson, Scott Walker, The Beach Boys, The Runaways, Cactus, "The War On Record: 1961-2008", el rock y su influencia en los años de la guerra del Vietnam,  "Art Of The Dead", breve pero sustanciosa crónica de los mejores diseñadores gráficos del San Francisco hippy que enlaza, en siguiente artículo, con "Com/Co, The Diggers & The Haight", ideológos del momento, el dibujante Robert Crumb y su "The Complete Record Cover Collection", o "The Rhino Records Story", dando cumplida cuenta de los avatares de este fértil sello americano, son algunos de los temas tratados en el apartado que analiza las distintas obras musicales y literarias que llegaron a la redacción de la revista. 

Como conclusión, para todos aquellos que tengan la ocasión de hacerse con esta magnífica publicación inglesa, imposible prácticamente de encontrar en kioscos (más fácil hacerlo en tiendas de discos o vía "internet"), no dejen escapar la oportunidad. Su lectura, además de ser un arsenal de magnífica y contrastada información, depara al aficionado musical momentos de enorme placer..., mientras en este momento Drive-By-Truckers suena con su "English Oceans", intentando subir algunos peldaños en la calificación final de este 2014.




17 dic. 2014

SURCOS



THE WIPERS                        "YOUTH OF AMERICA"
Queda solamente visible una leve línea rosada en el helado cielo de Diciembre, momentos después de que desde un cúmulo hinchado de nubes anaranjadas emanara un fulgor de repollos en erupción. Como recogida por el calor intrauterino de un vientre cósmico, la luz tiene la templanza del azafrán planchado por el inminente atardecer, sus ángulos de plata se abren hacia el firmamento de un desierto totalmente azul. En ese momento previo a la primera oscuridad universal, cuando los colores se difuminan en surcos opacos, entremos en el círculo del día que termina antes de tiempo. De los astros aun invisibles se alza una señal oculta,  y sonará el pífano de las primeras estrellas que caen como nieve invisible. Penetremos entonces en el mundo que se torna oscuro y seamos delicadas larvas de la imaginación.

Hablar de The Wipers hoy en Diciembre, cuando las luces que nos imponen en nada se asemejan a las que quisiéramos espiar, supone una gimnasia de desnutrición necesaria. Queden alejados los genéricos que ensalzan el rock por el rock, el punk como estilo más identificado con el grupo de Portland, la industria musical como soporte de la demanda social, los contratos como garantía jurídica de autores y grupos, lo "cool" y lo "fashion" como adjetivos impuestos. Volvamos al instante perpetuo de la falta de peso, de ingravidez y del desnudo. Permitámonos viajar de nuevo hacia el huevo cósmico, al origen y la génesis de la misma música como resumen de todas las artes, el más fidedigno espejo del ansia de trascendencia humana. Allí, en ese estado embrionario, donde el sólo flujo simbiótico fuera nuestro alimento, quizás encontremos a The Wipers.

Y hablar de The Wipers es proferir el nombre de su más significado pope, Greg Sage, un hombre iluminado que quiso dar una nueva dimensión a la misma música, aquella que primara la propia experiencia sensorial del oyente sobre el producto terminado. Para este loable fin Greg se vale de su destreza y pericia en lo que es esencial en el propio proceso creativo de un disco, su labor puramente industrial, el ingenio mismo de la plancha y torneado de un vinilo. Desde su adolescencia poseedor de la maquinaria necesaria para la fabricación de estos soportes de acetato (facilitado por un padre inmerso entonces en la industria musical), Greg se dedica durante interminables horas a escudriñar, valiéndose del microscopio anejo a la plancha de torneado, los surcos producidos por la grabación y a embrujarse, también,  ante la distinta modulación que del empleo de diferentes instrumentos van apareciendo sobre el polímero. De esa venerable enajenación mental Greg saca una conclusión primaria, la necesidad de dibujar el sonido en base al propio decurso polimórfico de los surcos grabados.

La siguiente decisión de Greg es valerse de su dispositivo para crear su propia música, actividad que tendría que estar íntimamente ligada al descubrimiento visual antes reseñado y que, dado lo revolucionario de su concepto, le obligaría a enfrentarse al mundo musical amparado por una concha protectora de "no contaminación" por los usos convencionales del mercado de la época, abogando en definitiva por una independencia a ultranza. Fabricación, grabación, maquetación, producción en su estudio y distribución propia que le llevarían a la creación de su sello Trap Records, sello que también pone a disposición de aquellos grupos de su Portland natal con los que comulga estéticamente. Explorar, en definitiva,  un nuevo territorio donde The Wipers funcionaran más como proyecto experimental que como grupo de rock, donde la falta absoluta de clasificación de su opción quedara enmarcada como una ineludible apuesta por la independencia antes mencionada.

Como bien podrá sospechar el lector maduro, el eslabón que viene a fallar en la cadena ideada por Greg Sale es el necesario acuerdo final con las discográficas para distribuir sus grabaciones. Su falta inicial de financiación le obliga a contratar con un sello independiente de la zona, Park Avenue Records, del que confía le ayude para conseguir que sus productos lleguen a un número de compradores mínimamente aceptable. Greg se embarca en 1980 (él mismo como guitarra) junto a Sam Henry (batería) y Dave Koupal (bajo) en la grabación de su primer Lp, "Is This Real?", en su propio estudio . Aunque no es este su primer trabajo, hubo un anterior EP "Better Off Dead" (editado, eso sí, en su propio sello Trap Records) en 1978, aquí encontramos a una banda sin duda influida por el tono punk del momento, no tan orientado a la línea politizada de algunos de los grupos coetáneos ingleses, aunque no sin dejar de tener un cierto acento reivindicativo, empañado, eso sí, por un ambiente grisáceo y húmedo, muy característico del propio clima de la costa noroccidental americana.

Las críticas a este "Is This Real?", que acentúan sin dudar el alineamiento de la banda en el punk ortodoxo, canciones rápidas y cortas, instrumentación tensa, áridos mensajes de cuestionamiento social, llevan a Greg a plantearse un cambio de dirección que resuma de una manera más clara su propuesta inicial, la autarquía estilística y la desclasificación musical. Así nace entonces el germen del que será su segundo trabajo en 1981, el legendario "Youth Of America", también distribuido por Park Avenue Records, y que nos ocupa hoy. De la banda se ha caído el batería Sam Henry (que entrará al poco a formar parte de los Napalm Beach, otra banda veterana de la escena punk de Portland, en cuya casa residió durante algún tiempo en el mismo 1981 una tal Courtney Love) y la sección rítmica ha sido ampliada con un nuevo bajo, Brad Davidson que reforzará al entonces itinerante miembro original  Dave Koupal, y otro Brad, Naish esta vez, a la batería. 

Este "Youth Of America", que tuvo entonces escaso éxito en Estados Unidos y algo más en Europa, está ideado entonces como reacción de la banda ante la acepción generalizada al encuadrarles dentro del estilo punk. Con tal motivo varios de los temas que aquí se incluyen tienen una extensión temporal mayor de las acostumbradas en ese género musical (4:25, 6:30 y hasta 10:30 minutos), pero no es esta exclusivamente la diferencia con el anterior "Is This Real?". Sin prescindir en ningún momento de la tensión rítmica, fundamentada en el choque constante del sonido de los bajos (instrumento, dicho sea de paso, que mejor epitomizaba la imagen sonora que Greg Sage sacó de sus primeras experiencias musicales), la guitarra del mismo Greg se distorsiona en bucles armónicos que muchas veces alcanzan ecos similares al garaje psicodélico californiano, al mismo krautrock alemán y a un space-rock cortante. El piano, usado con deliberada precisión en varias de las entradas y puentes de los temas, dispensa a la grabación en su momento una riqueza musical difícil de imaginar en su disco anterior. La batería de Brad Naish refuerza también la intensidad melódica del disco, unas veces robusteciendo la tensión, otras ampliando el curso rítmico hacia niveles más elevados.

Si accedemos (ya era hora, ¿no?) al análisis algo pormenorizado de los temas que componen este "Youth Of America" nos obsequiamos con algunas de las ideas que hemos ido transmitiendo a lo largo de esta entrada. El "Taking Too Long", canción con la que comienza la cara A del disco, es una pieza que calificaría como sofisticada, en el sentido de que es la que quizás más se aleje del tono afilado a la vez que extravertido de la obra; adornos de guitarra arropados en un tempo relajado al que acompaña un piano vibrante. "Can This Be", un retorno a la orientación tensa del punk, tono metálico y aristas agudas. "Pushing The Extreme", pieza que me gusta especialmente, recoge una atmósfera antigua, macabra y abrasiva al mismo tiempo. Greg suavemente aullando en el texto "so you think your soul is free?...(sic), equivalente a un bramido diabólico que le otorga un aire de corrientes góticas, melodía sofocante para el yuppie al que critica, "through your mirror there is such vanity"...(sic). "When It´s Over", pieza en su mayor parte instrumental y que cierra de una forma casi apocalíptica la cara A. Atmósfera casi operística, base rítmica endiabladamente rápida, líneas de piano que ascienden acompañadas por la guitarra, en un traqueteo de ferrocarril desbocado y al final un susurro de Greg, "in the land of dreams I find myself sober"..., "do you think we´ll ever be saved?"..., "All be over!" (sic). Auténticamente excepcional esta pieza.

La cara B tiene tan solo dos temas. El primero es "No Fair", pieza con un calado dramático en el que el cantante recuerda al oyente la historia americana del momento (estamos en la entonces America de Reagan, no olvidemos el dato). Un eco reverberado,..."it´s no fair" (sic),  resuena una y otra vez para terminar en un fundido rítmico que deja al oyente precariamente colgado en la nada. Fabuloso tema que da entrada a la última canción (10.30 minutos sublimes), la misma "Youth Of America", una suerte de experiencia que intenta copiar el mismo sonido de la vida, o mejor la propia iniciativa de Greg emulando un emotivo "State of the Union" para la juventud americana de los 80. Intensidad sostenida por el motor interno de una pesadilla bellísima, turbinas que elevan su vapor con la dejadez propia del desastre que se avecina, dirigida a una clase trabajadora alienada (mayormente seguidora del punk) a la que pide el esfuerzo final de una suerte de revolución cultural. El final, que es también el principio de la esperanza (después tantas veces frustrada) no puede ser más emocionante.


Lamentablemente el mayor éxito de The Wipers ocurre solamente cuando Kurt Cobain les reivindica como padrinos de Nirvana (y también al interpretar varios de sus temas); antes su alcance fue relativamente escaso en América, aunque mayor en Inglaterra sobre todo y en algunos países de Europa. Otros grupos como Melvins, Dinosaur Jr., Mono Men, Hole, Poison Idea, Nation of Ulyses o Mudhoney les reconocen como gran y fructífera influencia. Incluso Thurston Moore les alaba sin cesar y, además de interpretar en ocasiones varios de sus temas en solitario, los considera como fuerza motora en la inspiración del último album de Sonic Youth, "The Eternal". A partir de la publicación de "Youth Of America", la carrera de The Wipers, hasta el 88 en una primera etapa, y del 93 hasta el 99 en la última, intentó no alejarse demasiado de la idea original de su creador Greg Sage. Creo firmemente que lo consiguió en gran medida, además de hacerlo también en sus grabaciones en solitario. Invito a los lectores que hayan tenido la santa paciencia de llegar hasta estas líneas a que descubran, si es que no lo han hecho todavía, a este auténtico visionario de la música, Greg Sage, y a una de las bandas más importantes en el historial secundario del rock, el que tantas veces supera a aquel al que pertenecen las grandes estrellas.






8 dic. 2014

HAY VIDA EN GETXO



RAMIRO PINILLA (1923-2014)                 "IN MEMORIAM"
Entro en una librería con la premeditada intención de hacer tiempo antes de un concierto. Camino lentamente entre las estanterías apiladas de libros, muchos de ellos aparecen ante mi vista con sus títulos y autores medio borrosos ya que he olvidado las gafas en casa y apenas puedo distinguir los textos en la distancia. En una esquina al final del pasillo principal (la librería está formada por una gran nave diáfana donde los libros quedan distribuidos lateralmente, también en anaqueles que ocupan buena parte de la zona central de la estancia), encuentro varios libros de Ramiro Pinilla, uno de mis escritores favoritos. El autor bilbaino ha fallecido el 23 de octubre, casi un mes antes de este recorrido libresco, y me decido como pequeño homenaje a comprar una de sus obras. Elijo "El cementerio vacío", segunda entrega de la serie policíaca que tiene por protagonista al singular librero y detective getxotarra Samuel Esparta.


Conocí a Ramiro Pinilla a principios de 2005, al poco tiempo de publicar "La tierra convulsa", primera parte de su famosa e imprescindible trilogía "Verdes Valles, Colinas Rojas". La lectura de esta obra inmensa, por su amplitud y volumen cuanto por la extensión temporal que abarca, me deparó momentos de gozosa alegría. Uno que, no sabe bien la razón, siempre ha tenido cierta querencia por todo lo vasco, encontró en Pinilla a un autor con una muy profunda y convincente fuerza para transmitir al lector gran parte de la energía y vigor de la raza eusquérica, versión contemporánea. Su conocimiento y análisis de la razón de ser y del comportamiento de un pueblo, delimitados ambos (en la trilogía reseñada) al espacio temporal que supone el inicio de la masiva industrialización en la Vizcaya de finales del siglo XIX, para concluir con la aparición de ETA y sus primeros atentados en 1959 (el franquismo ya plenamente instalado en toda la geografía nacional), se narran (ficción y realidad dándose profusamente la mano) de una manera amplia y sin complejos. Tanta holgura hay para entrar en la comprensión ideológica del primer nacionalismo vasco como, de igual manera, reconocer la valiosa aportación al desarrollo del país que tuvieron los inmigrantes que, a miles, se instalaron en sus territorios. Y si es ancho el camino de la comprensión y del reconocimiento de ambas realidades, asimismo lo es cuando el autor critica con dureza los ámbitos, mentales y prácticos, que el nacionalismo trato de imponer como separación entre unos y otros. A los maketos solo les quedaban (salvo honrosas excepciones literarias), agarrarse a los mitos de impureza de sangre y simiente de la barbarie pro-revolucionaria.

Toda la simbología euskalduna que abunda en la trilogía "Verdes Valles, Colinas Rojas" queda un tanto disminuida en la siguiente obra que leí del autor. En "La Higuera" se ofrece al lector una muy lograda simbiosis de la resistencia de la propia tierra y de la gente autóctona ante la masacre ética y moral que supuso el franquismo. La higuera crece año a año como alegoría del crimen no olvidado, como fermento que generación tras generación va creando la levadura necesaria para mantener viva la imagen de la ignominia causada a todo un pueblo, aquel que recogió de los propios nervios de sus raíces étnicas el rechazo a la imposición de las armas. Al poco, ya infectado por la prosa de Pinilla, siempre cercana aun a fuerza de pasajeros circunloquios, me encontré  con "Las ciegas hormigas", una novela que algunos, más expertos, ya tildan de legendaria. La fuerza activa de una pequeña comunidad rural que, ejemplificando la singularidad de un linaje secular de luchadores, moviliza a todos sus miembros para conseguir de una imprevista desgracia natural el máximo beneficio.

Termino esta breve entrada con una mera reseña a la última adquisición del autor vizcaíno. "Los cementerios vacíos", trasunto en su título de una de las más hermosas y enigmáticas leyendas que cubren la rica fabulación vasca, aquella que habla de los cementerios costeros y como los enterrados, al cabo del tiempo, se deslizan hacia el fondo de la mar para encontrarse con sus seres queridos, también desaparecidos. Ello en el entorno de una investigación por un crimen inciertamente adjudicado a un maketo. Lo peculiar del protagonista, a la vez detective y escritor, otorga a la novela una dimensión de ficción que enriquece de forma magnífica su lectura. 

Queda pendiente la adquisición de las dos otras series que conforman esta última trilogía detectivesca del autor, la última "Cadáveres en la playa" publicada en el mismo mes del fallecimiento de Pinilla, además de sus otras obras, "Seno", "Antonio B el Ruso, ciudadano de tercera", "Los cuentos" y "Aquella edad inolvidable". Alguna de ellas tocará la puerta estas navidades, el resto confío en que se irán incorporando poco a poco. Un sorbo de txakolí, y de fondo musical el "Shining On Everyone" de The Fakeband, tratarán de emular el ambiente fresco de Getxo, aquel que a veces tanto deseamos por estos secarrales castellanos.









3 dic. 2014

RAREZAS VI. BLANCO Y NEGRO





MILT MATTHEWS INC.                         "FOR THE PEOPLE"
Es conocido por los aficionados el hecho de que a finales de los 60 y comienzos de la siguiente década, una época de relevante mezcla en el campo musical, muchas bandas de rock al otro lado del charco combinaron sus raíces culturales al objeto de alumbrar propuestas de mayor amplitud y calado artístico. Esta empresa, más propia de músicos alojados en las grandes urbes de las costas americanas, ya se había producido con bastante antelación en el mundo del jazz, cuando músicos negros y blancos colaboraban y publicaban al unísono obras de singular valor multiracial. Ejemplo, por quizá mencionar uno de los más significativos, es el que alumbra Miles Davis junto a músicos e instrumentistas blancos como Gil Evans, David Holland, Bill Evans, John McLaughlin o Joe Zawinul. A las raíces iniciales del blues, big-band-swing, posteriores bebop, cool y fussion, se agregaron en el caso del jazz, ya a comienzos de los 70, cepas propias de educaciones más clásicamente europeas, dando lugar, para mayor deleite de sus seguidores, a distintos estilos musicales agrupados en lo que genéricamente conocemos como fusión.

Dentro de este ambiente de apetitoso revoltijo estilístico, bandas como The Blues Project, Blood, Sweat And Tears, Chicago Transit Authority, The Electric Flag, The Flock, Lighthouse, Rare Earth, en el lado blanco, Santana, Osibisa, Funkadelic/Parliament, Mandrill, Sly & The Family Stone, entre muchas otras en el lado negro y latino, encendieron las suficientes antorchas para iluminar una corriente que creció y se consolidó durante aquellos años. El éxito de estos grupos, mayor para algunos o de menor profundidad para otros tantos, no fue más que la punta de un iceberg que lamentablemente menguó la audiencia de otras bandas que, por su calidad y apuesta, bien merecieron mucha mayor repercusión. Una de ellas fue la Malt Matthews Inc.

La banda que nos ocupa hoy se forma en el Nueva York de finales de 1969, territorio más que abonado para experiencias musicales de todo tipo. Milt Matthews, cantante muy en la onda de registros de un grande como Otis Redding, junto a su hermano Carl Matthews al bajo, crea su banda homónima valiéndose de otros dos músicos blancos, Randy Burney a la guitarra solista y Tommy Byrd a la batería. En 1971 graban en Washington DC para Catalyst Records su segundo disco "For The People", una propuesta que pretendía combinar estilos como el blues y el gospel con el rock para (el texto de disco habla de una "ofrenda para las nuevas audiencias"),  ampliar el panorama de una escena musical que se suponía creciendo a la luz de nuevos horizontes. El disco, a pesar de las buenas críticas entonces recibidas, no cosecha ni de lejos los niveles de ventas esperados y Milt, sin llegar a descomponer oficialmente el grupo, se deja llevar por una suerte de olvido obligado.

Y si antes hablábamos de la peculiar voz del principal protagonista, en ese bucle "reddingniano", es porque Milt Matthews se zambulle en una magnífica onda soul que, gracias a los muy logrados arreglos de Bert DeCoteaux, otorga al disco un característico sonido Atco y Stax en no pocos de los temas que componen este "For The People". A esa atmósfera de embrujo gospel y blues tan cálida, perfectamente ensamblada por una producción sobresaliente a cargo de Beau Ray Fleming (que en el momento de la grabación compaginaba este trabajo con la entonces última obra de Mandrill), se añade una guitarra de Randy Burney que cabalga por olas de fuzz sin cortapisa ninguna, sus pedales modulando cadencias y sonidos íntimamente ligados al Hendrix más académico. También coros femeninos que se ajustan muy convincentemente al ambiente de demanda social que tienen muchos de los textos de las canciones (esos "brothers and sisters", aquellos "time to go home"..., que pretenden convencer al oyente de la necesidad de sujetar la diáspora de valores necesarios para la reivindicación racial que se iniciaba entonces. Marvin Gaye lo logró posteriormente con mayor gloria)

En aquellos años, y sobre todo en muchos de los primeros trabajos que las nuevas bandas publicaban, no era nada extraño que además de sus propias composiciones se incluyeran versiones de otros artistas. Tal es el caso en este singular "For The People". A las composiciones propias de Milt, "Can´t See Myself Doing You Wrong", que me recuerdan poderosamente al mejor Traffic de "Last Exit", "Oh Lord (You Gotta Help Me)", aromas del Harrison de "All Things Must Past", "That´s What I Feel (Like A Burning Fire)", el fuzz de Randy Burney emulando la paleta de Blue Cheer y The Electric Prunes y "Disaster Area", con un claro toque del "Masterpiece" de Temptations, se añaden covers más que conocidas. El "Hard Day´s Night" de John y Paul, "The Thrill Is Gone" de B.B. King, "Runaway People" de Arlester Christian y el "Presence Of The Lord" del Clapton de Blind Faith. Todo un elenco de versiones bien escogidas que la Milt Matthews Inc. enriquece con sus propias interpretaciones. 


Debo agradecer a Joaquín, mi antiguo dealer de Rock´n´Roll Circus en Madrid, el que me aconsejara la adquisición de esta joya allá por el año 2010. Reconozco que, desde entonces, cada audición es un auténtico regalo, y no solo por la intrínseca calidad de la obra, que la tiene y mucha, también como evocación por la encomiable labor que supone la recomendación de obras desconocidas para los compradores que, como es mi caso, en no pocas ocasiones se deja llevar por las sabias sugerencias de los más entendidos. Si en algo se llegan a fiar de éste que suscribe, y no porque sea más versado que muchos de los que me puedan leer, háganme caso en este lance y dense una zambullida en la tan corta, pero magnífica, obra de esta efímera banda americana.


Entrada dedicada a Peck McGregor, Diana, Diego y Manuel.