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15 nov. 2015

SIEMPRE PARÍS





Cabreo. Ignoro si existe tal palabra en francés y si existiera se quedaría seguramente demasiado limitada ante los últimos acontecimientos. Merde!! Esa sí, pienso que sería la expresión más idónea con lo que siento en estos momentos. Merde!! Putain!! Voy a ver un concierto de una banda americana en una sala y me encuentro con la muerte a la salida. Así de sencillo, con la puta muerte no buscada en un evento que quisiera que significara justamente lo contrario. Celebración, fiesta. Brazos en alto, felices contorneos de caderas, brillantes clavículas apalachianas, sudor en sudor de perlas. Todo lo que muchos hemos compartido en innumerables eventos, miradas cómplices que suturan la soledad de tantos otros que estaban con nosotros sin estarlo y que, en ese mismo momento, se han librado de la fotografía de las vísceras destrozadas, empapadas en la viscosidad de la sangre contra el frío asfalto de noviembre, en París, nuestra ciudad de "La educación sentimental" de Flaubert y de la "Rayuela" de Cortazar.

Pareciera como si a partir de ahora en cada concentración de sonidos en vivo, en cada riff de guitarras y solos de teclados, en ese pulso final en el que el bajo de Bill Wyman nos aúna en un mágico corral de cabestros educados, y bajamos algo más que la cabeza al unísono de ese orgasmo vital, adorando lo profano hacia una misa de miles de soles, la mágica celebración hubiera repentinamente terminado. Un fogonazo de azufre y de infierno de ambulancias exclusivamente deseadas para los veteranos del Tercer Reich hubiera masacrado los aplausos unánimes de la audiencia. La cámara lenta del "mirror ball" escupe estalactitas de odio ajeno, no el nuestro. Nada, ni siquiera el impacto mostaza del desierto de Lawrence de Arabia, nos sirve de cortina.

Ni siquiera tuvieron el consuelo de que al arrastrar los cuerpos destrozados hacia una esquina escondida pudieran sobrevivir esos torsos entumecidos, tan nuestros. Hacerlo es claudicar a un milagro del todo imposible. Y seguramente aun les quedaba el eco de la última canción, cualquiera que fuera la que escuchaban antes de que les  privaran de su pequeña felicidad, la vida de las manos de hombres y mujeres que se quieren, el último beso sin saberlo, el gusto del café de la mañana que en París sabe mejor que en cualquier otro lugar.

Siempre París, quiero vivir contigo hasta el final, muy cerca de la luz de tus magdalenas. Que las aceras urbanas de Truffaut me transporten hasta aquellas orillas de un Sena que aun pudiera recoger el eco de las ninfas de Renoir. Que la muerte de tus hijas sea mermelada de Erik Satie,  que los puentes caigan sobre el agua y revivan en los colores multicopistas de Pissarro. Que el cielo sea del color de la sangre de los hugonotes y del pensamiento campestre de Montaigne, y que los garitos del jazz de la "rive gauche"  nos sigan enseñando que no todo está perdido, que aun nos queda la esperanza de la guillotina.

Quiero besarte Paris como besa un pan las carreteras dulces de Francia. Que el tenue contacto de los labios contra tu boca comunal sea la despedida de los árboles y que tus calles ensangrentadas queden limpias al menos por los parabrisas de un DS 19, siquiera borrando la tristeza tan bella del final de la Revolución. Que la bandera tricolor salpique de lágrimas nuestro dolor de hoy, que nos acojas en tu seno de escarlata republicana. Una oración elevada hacia las torres húmedas de Sant Sulpice, aquellas que imploran permanentemente el último rocío. Lavatorio de la masacre que aun perdura en las estribaciones del sueño amarillo del ogro.

El Paris dálmata de Cruella de Ville ha muerto hoy.




5 comentarios:

  1. Podríamos haber sido nosotros viendo a los Nomads, a Dream Syndicate o a Sex Museum, Javier. Yo mismo he visto a Sonic Youth en París. Precioso homenaje, Javier, a las victimas del fanatismo.

    Un abrazo.

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  2. No he ido a Paris pero he volado alli leyendo estas palabras . Una desgracia

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  3. Merde! Me pongo de la misma a Jean Patrick Capddevielle! Que se muera el horror pero nunca Paris.

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  4. Que mal estructurada esta la realidad de los elementos, el odio no debería poder atravesar la barrera del arte, de la humanidad ni de la poesia, debía quedarse atrapado en el interior de los ruines y envilecerles a ellos, no conozco Paris pero me parece sentirlo.
    Un abrazo master.

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  5. Javier ,

    Excelente texto para recordar esta triste masacre, sin sentido.
    Como dice Gonzalo podíamos haber sido nosotros.
    La verdad es que no me salen más palabras.
    Abrazos,

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