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29 sept. 2015

RAREZAS VIII: COINCIDENCIAS




BIG BROTHER ERNIE JOSEPH                              "CONFUSION"
Parece como si hubiera coincidencias que solamente se muestran para aquellos que quieran verlas, tan alejadas están del normal concurrir de una vida plena de detalles pasajeros y olvidados al instante. Algunas suceden oportunamente en un mismo tiempo y espacio (ciertamente más inspiradas por la remota casualidad); otras confluyen de una manera mucho más aleatoria, sin apenas un eje que las conecte entre sí. Hoy hablaremos de una de aquellas en las que la duplicidad tiempo-espacio se produce de una forma nítida, ensamblada además con un hilo conductor que muestra al observador atento la convergencia de un mismo deseo. Aquel que dos personajes distintos lanzaron al albur de un presente entonces conflictivo. El futuro con el que ambos soñaron haciéndose realidad años más tarde y los beneficiados por el cumplimiento de aquel anhelo satisfecho, ajenos al curso del azar, encontrándose en un mismo lugar remoto como protagonistas de un evento de singular importancia histórica, el Love Valley Music Festival de Julio de 1970.

Con la diferencia de apenas unos meses, entre principios de 1943 y Junio de 1944, Ernest Orosco y Andy Barker Sr. se encuentran luchando en la Segunda Guerra Mundial. El primero en la batalla de Guadalcanal y el segundo en las trincheras de la Francia a punto de ser liberada. Tanto Ernest como Andy han prometido a The Almighty su reverencia perpetua si salen del atolladero en el que andan metidos. El primero manifiesta su deseo de tener tres hijos y dedicarles a la música (sin especificar el tipo), mientras que el segundo escribiendo a su madre le relata su intención de crear de la nada una ciudad en su país, un pequeño poblado más bien dedicado a ejemplificar aquella vida del sueño americano más ligada a la agricultura, la perseverancia del individualismo emprendedor y el temor de Dios.

En el verano de 1970, los hijos de Ernest y Andy se encuentran en el Love Valley Music Festival. Los primeros como miembros de la banda Big Brother Ernie Joseph (uno de los 7 grupos que formaron el cartel del evento); los segundos como organizadores del mismo, émulo sureño del Woodstock yanki de un año antes. Ernest y Andy habían visto cumplidas sus intenciones iniciales de largo y sus hijos, ignoro si ajenos a las pretensiones de sus progenitores, hicieron realidad la casualidad de un deseo formulado veinticinco años antes.


El Love Valley Music Festival tuvo lugar en la pequeña población del mismo nombre entre los días 17 a 19 de Julio de 1970. Love Valley era entonces una ciudad singular del estado de Carolina del Norte a 15 millas al norte de la ciudad de Statesville y no muy lejos de Greensboro. Singular no tanto por ser un lugar alejado de las grandes ciudades sureñas (hermanado no obstante a la actividad eminentemente agrícola, ideología ultraconservadora y sentimiento muy religioso del resto del estado) sino por haberse convertido en el epicentro de la revitalización de los primeros colonizadores del Oeste americano. Ciudad donde estaba prohibida la circulación de vehículos a tracción fuera del caballo y del carromato, sus habitantes seguían el dictado comunal de ayuda desinteresada entre los vecinos y el desarrollo económico estaba fundamentado en la exaltación de las labores propias de la tierra. Cuesta creer, a años vista, que entre 150.000 y 200.000 personas (la mayoría procedente de las zonas geográficas surorientales de Estados Unidos) tuvieran cabida en una parte de la Unión que se proclamaba (entre otras cosas y con cierta delectación) como reducto nacional de los "hippie-haters".

Big Brother Ernie Joseph (a estas alturas de la redacción seguramente nadie confundirá a la banda con la homónima Big Brother & The Holding Company de nuestra querida Janis Joplin) tuvo su andadura inicial en la California costera de Santa Bárbara, Ventura y San Luis Obispo. Allí los hermanos Orosco crearon sus primeros grupos bajo el influjo de la British Invasion, dándose a conocer como Ernie and The Emperors y Giant Crab. Inician a mitad de la década de los 60 su camino musical participando en las numerosas "Battle of Bands" locales y, aupados por una fiel legión de seguidores, logran su primer hit con un tema propio llamado "Meet Me At The Corner", éxito que les convierten en uno de los grupos de garaje de mayor progresión estatal. El salto a nivel nacional está prácticamente asegurado, ya como miembros de Giant Crab y Big Brother Ernie Joseph, y su inclusión en el circuito nacional de conciertos multitudinarios es un hecho ya a finales de la década de los sesenta.

Es entonces cuando, sin olvidar totalmente sus influencias musicales iniciales, cambian en gran medida su estilo. La llamarada de la guitarra de Jimi Hendrix ha hecho estragos desde el Monterey Pop Festival de 1967 y Ernie Joseph, el líder de la banda y gran virtuoso del instrumento, toma muy buena nota del nuevo estilo que propicia el genio mitad cherokee. Otros grupos como Cream, Creedence Clearwater Revival, Steppenwolf, C.S.N., Rolling Stones, marcan también su impronta en el espíritu de la banda californiana, sin olvidar (existe afortunadamente una gran amplitud de miras entre los miembros del grupo) las fuentes negras del más aguerrido James Brown o del funk-rock de Sly & The Family Stone. Todo ello hace que cuando la banda inicie sus giras nacionales compartidas con gente como Allman Brothers Band, Vanilla Fudge, Marshall Tucker Band, Lynyrd Skynyrd, Iron Butterfly o Three Dog Night, sus credenciales, si no tan acreditadas en los medios de la época como las de los grupos mencionados, ya tenga ganado a pulso un brillo propio. Un genuino grupo de hard-rock americano que se mueve al amparo de una potente instrumentación envuelta, muchas veces, en la lírica contestataria de la época.

Big Brother Ernie Joseph sube al escenario el primer día (17 de Julio) del Love Valley Music Festival junto al B.B. & THC de Janis, Wet Willie y The Allman Brothers Band. Estos últimos también lo hacen como única banda el postrero día 19 y, sirva como anécdota, quedan tan prendados del ambiente que varios de los miembros de la banda (Gregg entre ellos) pasarán grandes temporadas de descanso en el lugar (una vez consagrados como grandes estrellas). El concierto que ofrecen Ernie Joseph y sus compañeros (su hermano Ruben Orosco al bajo, Cory Colt, segunda guitarra y teclados y Stevie D a la batería) supone un auténtico aldabonazo entre la audiencia, ya influida (como no podía ser de otra manera en aquellas épocas) por la ingesta masiva de alucinógenos (proporcionada mayoritariamente por los clubs de moteros de poblaciones cercanas a Love Valley). Tal es así que muy poco tiempo después tienen la primera propuesta del sello All American (Loma Linda, California) para grabar el que sería su primer y único Lp.

Este "Confusion" que nos ocupa hoy es un fiel reflejo de las influencias (ya mencionadas) que los miembros de la banda han ido acumulando a lo largo de sus últimos años. Un trabajo encapsulado dentro de la corriente hard-rock americana de entonces, donde mientras la guitarra del mismo Ernie Joseph hace de sus riffs un plausible ejercicio de estilo hendrixiano (sin perderse en arpegios inútiles), la base rítmica de bajo y batería apoyan como un yunque sin fisuras la melodía resultante. Los teclados, poderosos como ladrillos, revolotean entre el resto de los instrumentos y las voces, entarimadas en una gran fuerza expresiva, rematan la sensación de poderío y fragua de acero. Rock puro de raíces setenteras que, además del propio y genuino sonido blues-metal originario de aquel estilo inicial de la década, también deleita al oyente con algunos aromas orquestales funky y medios tiempos y baladas de gran contundencia rítmica. Por haber hay, muy propio de la época, los consabidos solos de batería y bajo que, al día de hoy, tan extraño y fuera de lugar se nos hace.


Para los interesados mencionar que la banda de los hermanos Orosco sigue actualmente en la brecha, tantos años después, bajo el nombre de Brian Faith Band. Ignoro sus nuevas grabaciones aunque, dado el calado de sus trabajos anteriores, no descarto en absoluto un seguimiento siquiera honorífico de su nueva propuesta. Continuidad e investigación que dedicaré, por supuesto, tanto a la nueva banda como a la honra de sus progenitores, aquellos que burlando una muerte casi segura, escribieron sin saberlo una bella historia predestinada al goce y consuelo de los aficionados al rock.




16 sept. 2015

NUEVA PELÍCULA DE TARANTINO




E.L. DOCTOROW                                   "RAGTIME"
Es ahora mismo y no antes, y parece que el calor yunquero ha dejado aparentemente de tener un protagonismo exagerado en mi organismo, cuando me decido a retomar la escritura. Han sido meses pasados en un letargo de gamba cocida, expuesto inane a la única dictadura de un cuerpo que en exclusiva pedía quietud, mucho más de sombra y la hoguera para los mosquitos. También sujeto (cuerpo y mente del escritor) al único capricho de satisfacer mis pasiones más bajas, aquellas derivadas del solo deseo de no hacer nada, de no ser nadie, de diluirme en un cuarto oscuro, como si así manifestase de la forma más nítida posible mi ya antiguo y creciente odio al verano de Madrid. La incubadora de tamaña situación, así me gustaría pensarlo, ha sido también culpable de mi estado. Una hembra de cocodrilo de 400 kilos de peso (Cocodrylus niloticus) aplastando mi tronco mientras dormía narcotizada una siesta interminable. No podía moverme, tampoco pensar con un mínimo de sentido común.

He leído mucho durante esos meses de cautiverio inmerso en el vientre materno de líquido amniótico. He escuchado mucha música, he hecho el tonto y, salvo pasar páginas y cambiar discos en el plato, demasiado poco ejercicio. En cada primer guiño a la mañana ya estaba Lorenzo dando la brasa; empezaba a sudar recién salido de la ducha y por cada uno de los muchos sorbos de agua helada que tomaba el pantano seguía bajando al nivel de mínimos. Bajo ese espartano pedregal solamente el Tour y la Vuelta han logrado mantener mi espíritu alerta. Se iban acumulando las notas sacadas sobre libros, discos, algún viaje y ruta cortos cuando llegué a pensar que formarían un muro semejante a las maravillosas mezquitas de barro sudanesas. Así y todo siempre llega una primavera rara justo antes de terminar el verano y en ella me encuentro ahora. ¿Por qué no desempolvar entonces alguna de esas notas que pesan ya como costras muertas?

Y es así que llegó E.L.Doctorow con su "Ragtime" para aliviarme. En versión rústica publicada por Ediciones de Bolsillo de Muchnik Editores de Barcelona, una gran novela en formato de lectura grasienta en el metro (siempre me han apasionado las texturas de los libros, deslizar mis dedos por sus cubiertas y rozar apenas sus páginas, olerlos también). De esa manera en que me solazaba con la geografía material y literaria de la novela, llegué a pensar (y es una reflexión de la que me siento orgulloso) que Quentin Tarantino ha perdido una gran oportunidad de llevarla al cine, en su estilo inimitable. La lectura de "Ragtime" es como entrar a una sesión doble de cine en una tarde de lluvia y no querer salir de la sala, aun cuando la proyección hubiera terminado y fuera (los charcos en las aceras reflejando las nubes de gasa sucia), nos esperara un buen bocadillo de calamares calientes, un vaso de vino y un Marlboro.


Digo lo de Tarantino porque "Ragtime" es la típica novela de narrativa cinematográfica (de hecho en varias de sus secuencias de ficción se habla del nacimiento y desarrollo del séptimo arte en los EEUU) tanto a nivel de personajes como de paisajes, y allí seguro que el director americano hubiera sacado mucho partido al contenido de la novela. Una novela que a ritmo de "ragtime", ese estilo genuinamente norteamericano (desarrollado básicamente entre 1890 y 1910), nos presenta la apasionante historia de dos familias (una rica, otra pobre, ambas sin apellidos...) y un nexo de unión en la persona de un músico negro, Coalhouse Walker Jr. Historia y relato que se va conjuntando con la propia de los EEUU de la décadas finales del XIX y primeras del siglo XX. Aquellos tiempos inmediatamente posteriores a la Guerra de Secesión Americana y que Mark Twain bautizó como "The Gilded Age". Época en que la inicial gran expansión económica americana choca abruptamente con las reivindicaciones sociales de una gran masa de desheredados, inmigrantes y mujeres que comienzan su lucha por el reconocimiento de sus derechos más básicos.

Además de los personajes de ficción aparecen en la novela otros reales, figuras que hicieron en diversos campos (economía y finanzas, política, cine, arquitectura, mundo del espectáculo, prensa, pintura y música) historia relevante en el amplio espectro del desarrollo identitario de una gran nación en pleno proceso de expansión. La América de J.P. Morgan, de Henry Ford, de Houdini, de Scott Joplin, de Edison, y de Booker T. Washington y Winslow Homer, los ganadores en un país nuevo que entones Freud calificaba como "un error gigantesco". A su lado, los perdedores. Los anarquistas procedentes de la rama socialista europea, Alexander Berkman, Emma Goldman y Leon Gzolgosz, luchadores que plantearon en la tierra de las oportunidades la necesidad del comunismo libertario. Entre ellos, invitados de honor, protagonistas como el archiduque austriaco Francisco Fernando, el Capitán alemán Von Papen o los revolucionarios mexicanos Villa y Zapata, otorgan al paisaje un contenido que adquiere reflejo universal.

Seguramente Tarantino tendría que echar mano de su mejor arte cinematográfico para reflejar aquellos pasajes de la obra en que Doctorow alcanza las más altas cotas creativas, episodios estos que gozosamente para el lector se suceden con cierta promiscuidad. El escritor neoyorquino (muerto el 22 de Julio, justo cuando ya se estaba consolidando mi desmayo veraniego) otorga en la voz de uno de los protagonistas de ficción las líneas literarias de mayor enjundia poética. Un par de breves ejemplos: "Se sentía incorpóreo. Como persona, ya no era exacto. La sensación de que estaba separándose de sí mismo sin cesar le producía vértigo. Se sumía tan profundamente en este proceso que, pese a mantener la lucidez, era incapaz de salir de él". El otro: "Se sentaba en los vestíbulos de los hoteles, capturando con sus inquietos ojos el movimiento y el color antes de que éste se definiera".

Todo a ritmo de "ragtime", ese estilo que el protagonista Coalhouse Walker Jr. nos interpreta al piano en varias secuencias de la novela. Las piezas "Wall Street Rag" y  "The Maple Leaf" que el mismo Scott Joplin nos recomienda no tocar deprisa, contrarios a la propia idiosincracia del género, y que planeaban en los garitos de jazz de Nueva York, una nueva conmoción que enmarcaría para siempre la impresionante aportación musical de los afroamericanos al desarrollo del jazz futuro. Ese "tiempo rasgado" ("ragged-time") que se desliza por la novela como un trote nunca cansino, un baile de salón donde la estrella protagonista se cansa de brillar y, al final, es la invitada a la que nadie saca a la pista la que hace de su frustación lo más interesante de la narración.

Novela mucho más que recomendable, tanto en su versión literaria, como en su versión fílmica, aquella que solamente hará posible la imaginación del lector. Una nueva película de Quentin Tarantino que solo se estrenará en las catacumbas del verano, aprisionado el espectador por el calor más soporífero, aislado del mundo.