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8 jun. 2016

RAREZAS X: VIAJE A LOS GRANDES LAGOS




GRANICUS                                 "GRANICUS"
Cuando la tarde se hace de papel de fumar me da por rememorar las palabras de mi abuelo materno, un tipo humanista cuyo paréntesis vital abarcó desde el Desastre del 98 hasta la victoria del neoliberalismo en la primera mitad de la década de los 80. El propósito de una de sus más celebradas sentencias, atemperada por el cuajo de un hombre que supo vivir mucho y bien, venía a instruirme en el sentido de que hiciese lo que hiciese lo hiciera siempre en exclusiva, nunca compartiendo algo que especialmente me gustara con otra cosa que quisiera hacer al mismo tiempo. Si lees un buen libro, me decía, no escuches música ajena entre sus páginas, deja que las propias palabras del texto lleven hacia tí la mejor melodía posible. Si te evades con un buen cuarteto de cuerda (el rock´n´roll nunca llegó a tener para él carta de naturaleza), evita que un sorbo de Rioja te embriague aun más. Si contemplas una pintura, haz que solo la vista sea protagonista de tu emoción, ni el tacto del lienzo, ni el posible olor del óleo deben tomar partido, solo la inundación de los colores merece entrar en tu retina.

Saco esto a colación porque me resulta muy difícil abstraerme mientras escribo esta entrada sobre el grupo americano Granicus, prototipo del mejor hard-rock de los primeros años 70 del pasado siglo. Una banda del mid-west que tuvo su sede en Cleveland (ciudad del Ohio limítrofe con el Lago Erie) y gozó de un primer momento de no-gloria entre 1969 y 1973. Incólumes vuelan sobre mi cabeza multitud de imágenes de estos días atrás, frases, lecturas, conversaciones, sabores y paisajes que seguramente tengan influencia en el texto que ahora sale a luz. Intentaré disculparme con el improbable lector si entre párrafo y párrafo no encontrara sentido a mis palabras, ... ¿o no?, mejor dejar que salga el sol por donde le venga en gana y asunto concluido.

Mientras escucho el primer corte de su homónimo Lp, publicado en 1973 por el sello RCA, "You´re In America", debería hablarles de una ciertísima conexión del estilo musical de Granicus y gente como Blue Cheer y Cactus, por ejemplo, también de Led Zeppelin. Pero, ya me perdonarán, prefiero comentarles un excelente plato que cociné en casa de mi madre hará un par de semanas, experiencia de cuyo resultado me enorgullezco profundamente. Pochar primero un par de cebollas, repetir después la misma operación con 4 ó 5 patatas peladas en láminas y un pimiento verde previamente troceado. Verter todo el contenido ya preparado en una sartén y, a medio fuego, cuando el chup-chup no llegue al nivel de la burbuja inmobiliaria, partir en cuatro mitades una pieza entera de queso camembert. Finalizamos dejando que se mezcle todo, ahora a fuego lento. El resultado es espectacular, tanto o más que el sonido de la guitarra de Wayne Anderson, uno de los virtuosos intérpretes de la banda,  y la voz de otro miembro (el que salpimienta el plato), el cantante Woody Leffel, auténtico fuera de serie que eleva su fraseo vocal hasta los mismos niveles de un Robert Plant.

Granicus fueron un grupo de hard-rock parcialmente politizado (no en el nivel del MC5 de John Sinclair), sus miembros movilizados (a su pesar) por la onda expansiva de una juventud americana urbana,  marginada y golpeada por la crisis económica (rampante en una ciudad como Cleveland, que veía como una parte importante de de su tejido industrial y manufacturero perdía gran peso durante una buena parte de la década de los 60), un racismo feroz  y la oposición a la guerra de Vietnam. Su visión de USA es la de un país maldito ("Wicked!, Wicked!, Wicked!", claman en el texto de su mencionado "You´re In America", ..."politicians and bankers sleep on silken sheets,...let me load my drop on you Americaaaaa!!"). Cleveland, una ciudad escenario de violentos altercados raciales en los mismos años en los que los miembros de la banda inician su formación musical. El guitarra Wayne Anderson (abandonado mucho antes por sus padres a los 3 años de edad), se esconde en un piso abandonado durante los disturbios sangrientos en el barrio de Glenville; su compañero Al Pinell, guitarra rítmica, es salvado a tiempo de perecer en las batallas callejeras que protagonizaban las bandas que controlaban el juego ilegal en la ciudad.

Granicus es el prototipo de la banda americana que se sirve del rock´n´roll como vía de redención para buena parte de sus miembros. Pero antes de seguir en esta línea, añadiendo a los problemas de Wayne Anderson y Al Pinell la breve mención de una juventud frustrante en la que se vio envuelto el cantante Woody Leffel (agobiado por el carácter dictatorial de un padre intransigente y una devotísima madre católica), o la catarsis curativa a una complicada operación de espalda que mantuvo a Joe Battaglia, batería del grupo, fuera de juego durante buena parte de su adolescencia, [el único que se libró de esa sordidez juvenil fue el bajo Dale Bedford], permítanme incluir en este texto el escueto párrafo de un poema de J.M.Caballero Bonald, su letanía me ha perseguido sin descanso durante estos últimos días: "¿Qué habría sido de mí sin esas donaciones consoladoras de tus ojos? /  ¿Cómo habría yo podido sustraerme a la evidencia de saber que he vivido / porque estaba mirándote?"

Y es que hay dos canciones en la primera cara del disco, "Bad Talk" en las que las palabras de nuestro poeta andaluz deberían servirnos como guía; contrapeso figurado en una frase como "...cause I´m hated by the tongue..." y que podría encontrar su justificación en el transcurso del párrafo final del tema "...we knew you when you sent us off to war. No more!". En la otra, "Twilight", una pieza instrumental con una maravillosa introducción de la guitarra acústica de Woody Lefell (y un no menos extraordinario arreglo de melotrón del mismo productor del disco Martin Last), la atmósfera conseguida por la banda se transforma en un verdadero poema armónico, tanta es la elevación que evoca, casi sin pretenderlo. Los mejores pasajes del "Lizard" de King Crimson ("Lady Of The Dancing Water") se esparcen entre sus acordes de seda dormida. El extenso corte de once minutos que cierra la cara A, "Prayer", sigue insinuando en su comienzo, también acústico, un dulce ambiente de torneo medieval para, según progresa la canción, introducir al oyente en una estructura melódica donde las aristas sangrantes de la voz de Woody (en su mejor momento en el disco) y el punteo y los riffs medidamente violentos en la guitarra de Wayne van ganando escalas dentro de una ascendente agonía rítmica.

El comienzo del primer corte de la cara B, "Cleveland, Ohio", desentierra de mi cámara fotográfica la piedra contemplada recientemente en el Pantano de Valmayor. Una extensa placa de granito cuarteado por unos riffs de Wayne Anderson, que para nada añorarían la fuerza y el estilo de otro guitarrista coetáneo como el Leslie West de Mountain, y que añaden mayor convicción, si cabe, a una voz de Woody que arremete sin piedad en su lírica contra una ciudad condenada a una crispada rutina . En "Nightmare" rescato la visión maligna de aquel tronco yacente sobre un tálamo rocoso, al igual que la palpitante voz de Woody denuncia con gritos de piedra la partida de sus hermanos con dirección a Vietnam. Análogo sentimiento de oración fúnebre posee la instrumentación de la canción, un lamento que sabe a epitafio. La idea de una Armageddon revisitada cobra visos de realidad, pero es aun un sueño de taller de chapa y pintura, la materialidad que invoca la obra de Granicus (grabada en 1973) no posee afortunadamente ninguno de los posteriores efectos especiales de la industria discográfica.


"When You´re Moving" se mueve como un quitanieves Sterling en los suburbios de Cleveland, un reguero de lubricante fluye viscoso desde el manguito del bajo de Dale Bedford hasta la pala articulada en la guitarra de Wayne. La batería de Joe Battaglia funciona como la cadena de un engranaje en perfecto servicio de post-venta, la voz de Woody, inexplicablemente, habla de folleteo..., "Plant my seeds in you baby / Plant my love in you baby"..., cuando el sonido sugiere claramente el bellísimo rugido de un motor Chrysler V8 sobrealimentado. Lo mismo ocurre en el tema final del disco, un prolongado "Paradise", donde Woody implora al Innombrable..., "...funky Ol´ Devil / you gotta go / you gotta rock mah soul!!"..., en un imparable ritmo sabiamente moderado en algunos pasajes. La banda está poseída por una ferocidad post-industrial típicamente americana, en algunos de los puentes las guitarras tienen un magnífico e inesperado crujido funky, el tono final del disco es el de una libélula armada de napalm.

Hay datos que hablan de la reunión posterior de Granicus después de su separación inicial ocurrida en 1973, poco tiempo después de la grabación de este magnífico trabajo homónimo. La decisión de reaparecer en 2009, en principio provocada con la intención de contrarrestar la edición pirata europea de su hasta entonces único disco (¿tan tarde?), les motiva para grabar un nuevo album, "Thieves, Liars And Traitors" en un sello independiente un año después. Esta nueva obra contenía temas compuestos en el año 1974  que permanecían encarpetados por alguno de los miembros originales de la banda. Además, para este mismo año 2016, Granicus ha anunciado la grabación de un nuevo disco. De lo que se da el oportuno aviso a todos los amantes del mejor american-high-energy-rock, puro y genuino octanaje abrasivo sin aditivos.











4 comentarios:

  1. Tremendo álbum, Javier, aunque no se si hablar del plato que comentas, del que he tomado buena nota. Las conexiones de Granicus con Blue Cheer, Cactus y Zeppelin están fuera de toda duda, al igual que la fuerte personalidad del grupo. Como siempre, tan certero como único, amigo.

    Abrazos.

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  2. Creo que la mención al plato cocinado es la aportación más extraña a la historia del disco de Granicus.
    Abrazos hermano.
    Javier.

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  3. Gran lp y disertación sobre un ignoto lp salvo para maestros de esto de la música como su persona. he localizado el disco y lo he disfrutado enormemente

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  4. Me alegro de que lo disfrutaras Bernardo, el grupo y esta su primera obra merece la pena. Yo ando buscando ya su último trabajo que, espero, llegue a tan altas cotas como su obra homónima.
    Gracias y abrazos,
    Javier.

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