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23 sept. 2016

RESERVA INDIA





LINCOLN STREET EXIT                         "DRIVE IT!"
La tarde del 21 de Julio de 1993 el Ingeniero Luis Barranco, con apartado postal 929 de Oaxaca (según me indicó posteriormente en un breve apartado en el que ambos fumamos la pipa de la paz), interrumpió de forma abrupta la hasta entonces placentera visita que estaba disfrutando en el magnífico Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México. En ese momento andaba por una de sus salas tomando notas sobre el árbol de hormigas de los indios yaquis y el culto del peyote de sus hermanos nativos, los coras y los huichales. He de reconocer que, a pesar de la inicial mirada recriminatoria que observé en los ojos del Ingeniero Barranco (al conocer mi condición de español y asimilarme, supuse entonces, con el opresor colonialista), la idea y la imagen de unas diminutas hormigas rojas comestibles (me las imagino con cierto sabor a miel y olor de flor de azalea) me fascinaron mucho más que la perspectiva del casual encuentro con el Ingeniero Barranco; y... ¡qué decir del peyote!..., su sola mención me retrotrajo a la fascinante lectura de "Las enseñanzas de don Juan" de Carlos Castaneda. Condenemos pues de antemano al Ingeniero Barranco al olvido.

A 2.247 kilómetros de distancia de la capital federal mejicana se encuentra la ciudad de Alburquerque, una de las más importantes del estado de New Mexico, territorio que  junto a los de California, Arizona, buena parte de Nevada, Colorado y Texas fue usurpado, a principios del siglo pasado, por los Estados Unidos a la no entonces tan incipiente (pero si debilitada por las contínuas luchas internas) República de los Estados Unidos Mexicanos. Con una población que superaba los 300.000 habitantes a principios de la década de los 60, la ciudad de Alburquerque estaba democráticamente dividida en dos partes claramente diferenciadas. La zona alta del Este, conocida como la "Burque´s Eastside Heights", era el territorio donde los ciudadanos blancos gozaban de todos sus derechos y extendían su asentamiento como pobladores mayoritarios. También estaban allí los mejores clubes y los pocos estudios de grabación operativos. La parte baja de la ciudad, el "Mesa Valley" que se expande por una enorme meseta hasta el Río Grande (y que sirve además de demarcación territorial entre las dos comunidades) domiciliaba a los nativos americanos (amerindios), afroamericanos e hispanos (cerca de un 30% de la población en aquella época).

Algunas damas que siguen soñando con el beso de los lagartos de oro me cuentan cómo Dean Moriarty (1) pasó por aquellos parajes buscando un satori en su camino hacia los fértiles viñedos de California, al igual que lo hicieron los okies  de John Steinbeck y de J.J.Cale. Enormes carrizos salvajes solían cruzar las solitarias carreteras empujados por el viento seco del desierto, mientras los correcaminos (que el gran Chuck Jones creó para la Warner Brothers) rivalizaban en velocidad contra los lentos efectos narcóticos de la picadura de las serpientes de cascabel. En las cunetas, abrasados por un sol sin piedad, Dick Hickock y Perry Edward Smith (2) recogían el vidrio abandonado para costearse su  huida hacia México. La Ruta 66 atraviesa Alburquerque, en lo que se supone es la mayor planicie en la última parte de la mítica ruta (más de 1.873 kilómetros), desde Shamrock en Texas hasta Los Ángeles. Un autobús de la compañía "Aztec Bus Lines" hace un alto para recoger a unos pasajeros que viajarán en total silencio hasta la frontera en El Paso.

En ese escenario de bellísima desolación, los músicos Mike Martínez, Lee Herrera, Mac Suazo y Paul Chapman graban a lo largo de 1967 para los sellos Lance y Psychout Records los primeros singles de lo que sería la prolífica carrera de Lincoln Street Exit, una banda de rock, con fuerte carga hard-blues y tonalidades heavy-psych, y que además fue considerada como una de las primeras formaciones de rock estadounidenses en las que la mayoría de sus miembros eran aborígenes americanos (Redbone se les adelantaron unos meses) Hay quienes piensan (como yo lo hago ahora) que por sus apellidos hispanos deberían ser considerados más como indios navajos que sioux, tribu a la que quedan asignados por la mayoría de los críticos y expertos conocedores de la banda.


Ante la inesperada muerte de Paul Chapman, a las figuras de Martínez (guitarra principal y voces), Herrera (batería) y Suazo (bajo) se une a finales de 1967 R.C. Gariss como segundo guitarra. En los siguientes años el grupo se curte en numerosas actuaciones por la zona donde, ante un público de todo pelaje y que, como en muchas áreas de la frontera, no era reacio a las mezclas de estilos e influencias (el tex-mex surgiría pocos años después) refuerza sus avales como una banda orientada hacia un potente psych-blues-rock. 1970 es el año clave de Lincoln St. Exit porque sus sueños de dar a luz por fin un larga duración llegan a convertirse en realidad. Bob Shad, creador del sello neoyorquino Mainstream Records y figura destacadísima en la historia de la música moderna (tanto en sus vertientes de productor como propietario de vallos sellos de jazz y rock) les graba su primer y único Lp como Lincoln St. Exit, el "Drive It!" que nos ocupa hoy.

¡Bob Shad asistió a algunas de las grabaciones de Charlie Parker en los últimos años de la década de lo 40, señores! En los inicios de los 50 ya estaba al tanto de lo que  ocurría musicalmente en todas las down-towns de cualquier ciudad norteamericana que se preciara como importante. Entendía la voz de Billy Eckstine y de Quincy Jones recogió el legado de la nueva balada negra americana. Grabó el primer disco de Big Brother & The Holding Company, incluyendo a una casi bisoña Janis Joplin. Sabía que, tarde o temprano, lo que no pudieron ni Stax ni Hi Records lo iban a conseguir ellos, vencer a la poderosa Motown, o por lo menos conseguir un mayor hueco en el mercado del creciente interés blanco por la música de raíces autóctonas. Y es que cuentan (las damas del beso del lagarto dorado entran de nuevo aquí en acción...) que alguien grabó a Berry Gordy saliendo del parking elevado del Blue Deck en Detroit, pronunciando un sonado "whatfuckingisthatshit!!!" mientras escuchaba el "Soulful Drifter" de la banda,... o ¿cómo es posible que nadie antes me haya hablado de esta canción y de este grupo?. ¡Joder!, para conseguir un hit solo hace falta que la canción suene de puta madre en la radio del coche. ¡Y estos tíos son indios además...! Joder, menudo negocio te espera Berry, hazlo bien y tuya será la mayor parte del pastel de la "native american rock music".

En el reverso de la cubierta de este "Drive It" aparece el nombre de Tommy Bee, un personaje inicialmente parapetado en la sombra pero que controla a la distancia de un dron no inventado todavía los hilos de la banda. Sus excelentes contactos en el Burque´s Eastside Music Scene y su olfato innato para el negocio coinciden con la idea que Bob Shad tiene de ampliar la paleta de estilos del sello Mainstream. Tomar la delantera en publicar la noticia resaltando el detalle de Lincoln St Exit como la primera banda de nativos americanos que reivindica su etnia y su cultura. Bob Shad y Tommy Bee potenciaron esa diferencia y deciden grabar el "Drive It" en las mejores condiciones posibles. El mismo Bob Shad será el productor (quién mejor que él, también productor de grabaciones míticas de Max Roach, Lightnin´Hopkins o Big Bill Broonzy...). En ese reverso del disco, que recoge un breve texto de Mark Janowsky y del mismo Tommy Bee, recalcan sus antecedentes indígenas y reconocen este hecho como el impulsor del estilo musical que practican. En el anverso del disco, un magnífico dibujo de un tal R.J.W. nos muestra un paisaje con un escenario completamente diferente y, casi sin que nadie lo presienta, pronto aparecerá desde Detroit alguien que comprenderá con mayor agudeza el negocio que se presenta ante sus ojos.

Henry Fonda camina hacia el amplio balcón de su habitación en el rascacielos del Omni Hotel de Los Ángeles y contempla el atasco de tráfico de cada mañana (vayan por favor hacia la primera imagen del post, si..., a la portada del disco...) Después de anudarse la bata de algodón dirige los prismáticos hacia el nudo del Financial District y Chinatown. (Jack Nicholson sigue contando el dinero que ganó gracias al éxito conseguido con la película de Roman Polanski). Una inmensa serpiente de acero y luces se desliza lentamente por las confluencias de la autopista 101 hasta San Fernando. El ..."Cars Hiss By My Window" del "L.A.Woman" de The Doors es ahora la banda del amanecer de un día de septiembre en el que conduzco mi Porsche 914/6 pistacho desde San Bernardino hacia Joshua Tree. Recuerdo a su hijo Peter y a Dennis Hopper estudiar detalladamente en un bungalow de Santa Mónica la logística del "Easy Rider", pero Henry está absorto en otro atasco que refleja demasiado bien su situación personal. Recientemente separado de su entonces compañera Shirlee, harto de las extravagancias de su hijos Jane y Peter, decide coger su cámara y disparar unas cuantas fotos.


[Desde el primer tema del "Drive It", un "Man Machine" (tan bueno que seguramente les liberará de alguna hora extra de trabajo en el Infierno) una fabulosa onda rítmica (dirigida básicamente por la convincente y limpia voz de Mike Martínez y el destacado beat de la batería de Lee Herrera y del bajo de Mac Suazo) se adueña del disco. El espejo musical de Lincoln St. Exit refleja entonces, en 1970,  un insuperable y delicioso emparejamiento con el mejor boogie de Canned Heat, la fortaleza agrícola de Creedence Clearwater Revival, con la guinda además de la elegancia bizarra de Johnny Winter. Su "Dirty Mother Blues" funciona como el oxidado motor de un John Deere. La sensual "Got You Babe" calienta al más puritano amish de Pensilvania y  en "Teacher Teacher", John Fogerty y Alice Cooper hacen maravillas jugando a las cartas. Del "Soulful Drifter" ya sabemos la opinión del capo de Motown, a punto de mudarse desde Detroit hasta la nueva sede de la compañía  en Los Ángeles (Motown abrió su primera oficina en L.A. mucho antes, en 1962). "Time Has Come Gonna Die" se suma dignamente (junto a "Man Machine" y en menor medida "Going Back Home") a  la paleta de temas que tienen a la Guerra del Vietnam como objeto de su crítica. En esta última canción los iniciales apuntes gospel progresan hacia una forma fronteriza de tex-mex y southern rock. "Straight Shootin´Man" muestra la faceta más Blue Cheer de la banda, las potentes líneas de las guitarras de Mike y Gariss quedan perfectamente ensambladas con el resto de los instrumentos. Phantom Child" cierra el disco y anticipa con su aridez melódica el futuro hardcore californiano.]

El primer disparo de Henry Fonda nos muestra la pegatina trasera de un coche (no reconozco la marca ni el modelo) donde se puede leer "Spiro Missed Woodstock", y no me cuesta nada levantarme para sacar de la balda 5B el doble antológico "2400 Fulton Street" de Jefferson Airplane. En su sleeve central un recorte de periódico muestra una de las muchas declaraciones de Spiro Agnew, primer vicepresidente de Richard Nixon, en contra de la exaltación del consumo de drogas por la cultura rock,..."Agnew Hits At Drug Lyrics",  y dándome la razón (una vez más) muevo la ficha un poco más arriba, hacia la derecha, y observo como Henry Fonda y yo coincidimos en un momento preciso con la leyenda "Return Indian Lands To Indians" que aparece en la pegatina de la parte trasera de un Ford F-150 Tornado azul. Un par de años después de la grabación (1970) de este "Drive It" de nuevo aparece en escena el avispado Berry Gordy. Firma bajo su sello Motown  un contrato con una banda que ya ha cambiado su nombre, de Lincoln St. Exit por el de  XIT (acrónimo de Xing Indian Tribes), y vuelve a reforzar el marketing del grupo como los primeros abanderados en la revitalización de la causa indígena americana. La jugada de Berry le permite pagar algunas deudas atrasadas desde la mudanza de Detroit hasta Los Ángeles e invitar a cenar esa noche a su amigo Henry Fonda en el exclusivo Mastro´s Ocean Club de Malibú.




(1) "En el camino", Jack Kerouac
(2) "A sangre fría", Truman Capote.






2 comentarios:

  1. ¿Por donde empezar?, al grupo no lo conocía y desde luego tu reseña me ha seducio y me pondré manos a la obra. Tu prosa como siempre resulta un intrincado y a la vez refrescante ejercicio de aprendizaje y goce, siempre es un placer viajar contigo por la ruta 66, conocer Alburquerque (una de mis canciones favoritas de Neil) y recordar a Henry Fonda y sus congéneres. También me ha encantado conocer a Bob Shad.
    Gracis y un abrazo Javier.

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  2. Hay un sinfín de grupos americanos de la década de los 60 poco o nada conocidos, conectados muchos de ellos a raíces y escenarios que enriquecen su propuesta, como es el caso de Lincoln St Exit, una banda que merece la pena conocer. Lo mismo pasa con otros personajes que, para bien o para mal, se cruzan en la vida de las bandas. El caso de Bob Shad y Berry Gordy es un claro ejemplo en este caso.
    Gracias y un fuerte abrazo,
    Javier.

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