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8 nov. 2016

INUNDACIÓN




LUIS BOULLOSA "SANTOS Y FRANCOTIRADORES. Supervivencia, literatura y Rock & Roll"

Pensaba hasta hace bien poco que en la página 69 de cada libro era cuando sucedía lo más importante, lo más inspirado del texto. Leí en algún artículo que esa era la costumbre de algún autor conocido, abrir cualquier libro al azar por ese folio y ojeando tan solo parte de su texto columbrar si merecía o no la pena leerlo, quizás adquirirlo.

30 páginas (martes) después de la experiencia erótica el órgano de la catedral entona una nueva melodía llamando a la calma. Tanto era el embrollo en el que pensaba inmiscuirse el autor durante 498 páginas que (el siguiente miércoles) el comandante aconsejó parar: (sic) "Sea como sea, este es uno de los momentos en que en un libro como este, hecho para ser escuchado como para ser leído, debe ser apartado temporalmente..., le recomiendo fervientemente que deje el tocho en la mesa y consiga esos discos..., que se encierre en casa y experimente con la mente abierta y el volumen a tope"

Y paré, no recuerdo el día en que fue pero se que hoy seguimos en el lunes de ayer y hago esfuerzos por no olvidar lo que había hasta entonces leído. Apenas han pasado unos días llenos de semanas.

Paré, si,  y me sumergí en unas jornadas alegres y confusas. Revistas de música, apuntes de poesías en el reverso de recibos de Supermercados Leclerc, fotografías, conciertos sin parar, de parranda con la pandilla por barrios que no volveré a pisar, lo típico de cualquier friki demasiado tiempo encerrado, corte radical de pelo, parezco un puto skin. Punto álgido, la visión (un domingo) del "Rude Boy, Ray Range & The Clash" de Jack Hazan y David Mingay (Beefeater-In-Edit, 2016) La crudeza de los primeros y más salvajes conciertos de la banda londinense, todos los miembros con un formidable stress escénico y creativo a cuestas, en una Inglaterra donde Thatcher ya sacó el hacha de la guerra...., y si me descuido hacia las Islas Malvinas me llevaba tal un corte tal del "Two Quid Deal" de Skin Alley, que me encontraba felizmente perdido entre su música (en ese mismo lunes precisamente)...,y por favor (no puedo más), por eso ruego encarecidamente al admiral de La Madre Atlántica Sir Luis Boullosa que me perdone (por el momento)..., que me levante la leva y permita de nuevo que recupere el tocho y empiece a hablar con cierta seriedad del libro, si es que soy capaz.

Conocí a Luis Boullosa como a él seguramente le gustaría decir periféricamente,  yo prefiero hablar de una cercanía producto de un azar disfrazado de oportunismo. Y es que la tienda de discos favorita tiende a ser como el salón oscuro de casa cuando paras por allí, y entonces pedí permiso a Jesús y cogí de una silla el número 0 de Karate Press, me quedo mirando su atractiva portada, lo hojeo y sin dudar de su gratuidad me lo llevo a casa. Debo admitir que desde aquel viernes soy otro hombre, ni mejor ni peor, solo que muy otro. Gracias a Karate Press  he descubierto unos autores (literarios y musicales) que me han abierto cajones hasta entonces cerrados en mi cabeza. Los he leído y escuchado al mismo tiempo que pasaba, número a número, las hojas de sus revistas. Todos los números hasta ahora publicados han aumentado mi temperatura corporal y mental, orgánica y psicotrópica. No estoy yo muy seguro si lo hemos comentado antes, pero es en la oportunista estrategia de la provocación cuando mejor o peor se obtiene el objetivo perseguido. En mi caso no se, es como haber descubierto con Karate Press un viejo tractor Ebro-Kubota  en el pajar abandonado y empeñarte en arreglarlo, no se sabe por qué razón, no tengo finca que arar. Como si te guiara alguien desconocido por un desierto donde sonaran  máscaras desconocidas de black metal y las cortinas se quemaran con el experimental y noise más extremo. Y eso al hablar de música, no quiero pensar que me ocurrirá cuando me meta con la literatura de una de sus recomendaciones, Thomas Ligotti.

Los caminos varios con los que Luis Boullosa pretende convencer al lector de su "Santos y francotiradores" (Edit 66rpm, 2016) se bifurcan en, a saber,  presentación de personajes y bandas, hablan los personajes y diserta el autor. Rafael Berrio y Blooming Látigo, por ejemplo; se entrevista a Josele Santiago de Los Enemigos y también Luis Boullosa se retrata en no pocos temas más o menos polémicos, siempre interesantes. Estos tres canales comentados confluyen en una única divinidad tan verdadera, tan potente, y tan osamenta del credo como las del cristianismo tridentino. Es en definitiva el verdadero lenguaje del autor el que se convierte en el magnífico salvador del libro, aglutinador y pegamento además del numeroso fárrago de información que facilita Luis en el transcurso de la obra. Discos, libros, filósofos, poetas, psiquiatras, países, muchas ciudades, calles y bares, intoxicaciones, hoteles, viajes y conciertos, años y más años, historias que, en la mayoría de los entrevistados, superan bien las decenas, las generaciones. Luis escribe muy bien, a veces se nota el esfuerzo con qué lo hace, otras muchas le sale el verbo de corrido, con una naturalidad pasmosa. El empleo de símbolos e imágenes en muchas frases crea para los entendidos asociaciones dignas de análisis pormenorizado. Aquellos que conozcan la música por dentro y por fuera, como algo serio y desenfadado a la vez, agradecerán expresiones como la de la página 127, hablando de la obra de Javier Colís:"...esa solidez constructivista abrasada por un calambre inesperado. Esa capacidad para hacer que te sientas al tiempo incómodo y atraído que poseen las serpientes y algunos -muy pocos- músicos. Esa torre herida por el rayo".

Los buscados manifiestos supuestamente incorrectos o de discutible elegancia (su empleo puede a veces no quedar tan cool),  los exabruptos periféricos hacia un centro peninsular sistémicamente cerrado (la salvación redentora nos viene otorgada desde los ejes periféricos), el no cesar en la crítica a una sociedad banal e inexorablemente globalizada (algunos de cuyos hijos compran los productos objeto de nuestro culto), además de otros argumentos cercanos a considerar el detritus secular de la nación como razón suficiente para seguir por esa línea crítica , no dejan de utilizarse sabiamente por el autor para asegurarse su parcela de escritor outsider. Jaime Gonzalo, (también algo más que crítico), también escritor musical de amplio espectro, en numerosas ocasiones mencionado en este "Santos y francotiradores" por Luis (con admiración la mayoría de los casos) nos serviría de parangón para llegar a comprender lo que el autor quizás pudiera pretender con su prosa y estilo. Frente al lenguaje muchas veces (razonadamente) barroco de Jaime, Luis antepone un idioma más crudo y simple, barojiano y bello en sus venas de palabras cultas y expresiones concisas, frases poderosamente ingeniosas, muchas veces matemáticamente exactas. Lo prefiero a él.

"Dance To The Music....", martes, vísperas de festivo.

"Santos y francotiradores" no defraudará al lector ávido de noticias tanto musicales como puramente existenciales. Los protagonistas del libro se posicionan ante su obra artística y explican al lector sus razones para crearla, mantenerla, modificarla o (incluso) criticarla. Nos hablan de sus ambientes cercanos, de sus gentes e influencias, de sus experiencias, gratificantes muchas de ellas (recuerdo especialmente las de Alberto Acinas en la selva de Nayarit, o la clarividencia de Luna de Carpa después de leer "La Diosa Blanca" de Robert Graves, y ligar su análisis entre la existencia circular y la lineal). No resultan tampoco insustanciales para el lector el conocer del elaborado razonamiento y compromiso socio-político de un Niño de Elche y contraponerlo con la aparente ingenuidad naïve de un Dorian Vian más pop, sin ser forzosamente más sencillo, antítesis necesaria a un prurito intelectualoide que planea en muchas de las opiniones de los artistas invitados. Y entre opinión y opinión, el autor muestra su amplia cultura literaria y musical, pocos son los que mencionan a un Rudimentary Peni o a un Dim Stars, menos aun los que en un texto musical hablan de Celine o de Jung.

Parte interesante, y bien necesaria en un libro como éste, cuando Luis Boullosa nos expone, casi en la conclusión, su posición sobre la crítica musical y el papel que debería jugar en una escena que aun no ha dejado de ser considerada subterránea. Los puntos de vista de su colega Xavier Castroviejo, en cuanto a la imperiosa necesidad de contemplar un paisaje paralelo entre música y literatura que la sostenga, revaloriza sin duda la necesidad y la razón de libros como éste. Más que libro-río, libro-canal con sus correspondientes exclusas, este "Santos y francotiradores" posee en cada capítulo una zona estanca, unicamente dedicada al artista que lo protagoniza. El lector tiene en sus manos, una vez terminado cada episodio, las llaves para abrir las compuertas que le siguen. Dos son sus opciones. Mantener a cada protagonista en su inmensa pecera de hormigón o, abriendo la presa en sentido contrario, la inundación. Prefiero ésta última. Elijo leer y escuchar. (Elliott Smith, "Figure 8", es casi miércoles)










4 comentarios:

  1. Uno de los mejores escribas que han pasado por Ruta 66, la verdad es que este libro de Luis Boullosa me apetece mucho. Y tu artículo no es ajeno a que esa apetencia se haya acrecentado.

    Un abrazo, Javier.

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    1. Muy recomendado Gonzalo, no te digo más.
      Abrazos,
      Javier.

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  2. Subyugante como siempre la lectura de tus textos, conozco al Luis por el Ruta, pero no el libro, me lo apunto de inmediato, aunque como te comenté hace poco tengo una pila de libros pendientes enorme.
    Un abrazo.

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    1. Ah! tantos libros pendientes de leer, qué maravilla! De vez en vez (como decía don Pío) conviene dejar de lado lo urgente y centrarse en lo importante.
      Abrazos,
      Javier.

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