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29 sept. 2016

ALIEN





FLASHBACK ISSUE 8                        "SPRING 2016"
En la parte trasera de la portada del número 8 (Spring 2016), correspondiente a la fantástica edición musical del Flashback, aparece una descomunal maquinaria industrial cuyo uso va más allá de mi conocimiento de hombre de letras (nunca por ello contrario al progreso de la ciencia). Sobre una difusa intemperie, a la que sirve de fondo un característico e insípido cielo blanco inglés, se recortan tímidamente las ramas y las hojas verdes de un par de árboles situados a ambos lados de la escena principal. Atravesando la trayectoria de la imagen, en una aparente dirección de derecha a izquierda, se nos muestran unos herrumbrosos brazos de acero, estáticos en su definitiva fuerza estética, terribles reflejos de una linealidad que parece anunciar una violencia desconocida. Son líneas de acero azules perfectamente trazadas, con sus ejes, rotores, ruedas y latiguillos hidráulicos que se asemejan, más por lo que anuncian que por lo que realmente representan, a una reencarnación del monstruo Alien. El esqueleto de la máquina alcanza a tres de los cuatro miembros de la banda inglesa The Koobas, cabecera de la edición de este número octavo. El cuarto integrante del grupo, colocado fuera del alcance del maligno artefacto, fue el único que sobrevivió a un destino terrible.

Como ya viene siendo habitual desde su inicio en el año 2012, la revista inglesa Flashback rompe la pana con un número de soberbia elaboración. Y lo hace no solo por el atractivo contenido de ésta su última propuesta musical, rica, diversa y tan amena para el lector (supuesto que entienda la lengua), también porque entre sus páginas se sigue mostrando el amor y la esmerada dedicación de unos profesionales que, liderados por Richard Morton Jack, demuestran al mundo mundial que en este apartado de la crítica musical no hay Brexit que valga.

Es habitual, dentro de la estructura narrativa de Flashback, ofrecer al aficionado unos entremeses de entrada. Para abrir boca, Michael Tanner, un elfo lleno de esporas como solo las Islas Británicas pueden producir, nos muestra sus predilecciones musicales. Entre sus múltiples preferencias he tomado buena nota en favor de Lino Capra Vaccina y su obra "Antico Adagio", un grupo psicodélico italiano de finales de la década de los 70 que elabora a su alrededor un nuevo misterio religioso (alineado con el gélido mármol del futurismo). David Hitchcock, testigo de excepción del swinging London de los 60, responsable del diseño artístico de los sellos Decca y RCA de la época. El "Aardvark", homónimo del mismo grupo, el "In The Land Of Grey And Pink" de Caravan, el "Swadding Songs" de Mellow Candle, el "Foxtrot" de Genesis, el "Kings Of Oblivion" de Pink Fairies o el "Mirage" de Camel son, entre otras muchas referencias, cubiertas históricas en las que David participa. Tony Elliott, creador de la revista Time Out, junto a International Times portavoz del mejor momento musical y del underground del Londres de finales de los 60 (el primer número de la revista aparece en Agosto de 1968) tiene su momento de excepción. Una extensa reproducción de las mejores portadas de la revista, y de la selección de conciertos que entonces acontecían, me retrotraen al primer Londres que conocí en el verano de 1974, cuando empezaba a fumar en pipa y todavía persistía el encanto inigualable de una urbe que aun no había cedido el testigo a la ciudad de Nueva York.


En el apartado de artículos dedicados a grupos, Catapilla, una banda de folk-rock progresivo de los últimos años 60 (he visto hace pocos días, en la Feria del Disco de Madrid, su obra magna homónima, en la primera edición del sello Vertigo, por 80,-€). Robert Calvert, su saxofonista, no solo cuenta la historia de la banda (con una Anna Meek pletórica en virtuosismo y belleza), también relata con pasmosa exactitud la (super)vivencia de las bandas inglesas de la época. Paternoster, otro grupo progresivo de los primeros años 70, austriaco en este caso, y como no podía ser de otra manera, imbuido por una poderosa educación clásica que influiría en su estilo. The Human Beast, un power-trío escocés también de comienzo de la década de los 70, más conocido por sus más fieles seguidores por el nombre de Skin (bastante más atractivo). Su única producción "Volume One" la he visto reeditada en alguna de las mejores tiendas de discos de Madrid. Mushroom, Taman Shud y The Parlour Band completan la paleta crítica sobre las bandas objeto a examen. Irlandeses los primeros, australianos los segundos, de la Isla de Jersey los terceros, todos con suficientes y atractivos entresijos históricos, su interés musical queda presupuesto y entretiene al lector siempre ávido de conocimiento en la materia.

Entre plato y plato, y antes de entrar en la especialidad de la casa de este número 8 de Flashback, algunas tapas para seguir potenciando el apetito de los insaciables comensales. Una entrevista a George Martin, publicada en la efímera revista Eye por J. Marks en 1968. Un prodigio de anécdotas, a cual más sabrosa, sobre los primeros (y posteriores) tiempos de The Beatles en Londres. Un jugoso artículo de Aaron Milenski sobre la evolución de los periodistas críticos de rock (y el nacimiento de la figura del coleccionista de vinilos), basado en el ya mítico libro de Paul Gambaccini, "Rock Critics´Choice. The Top 200 Albums" y una extensa relación, firmada por eminentes arqueólogos del asunto (Richard Falk, Stig Lundgren, Austin P. Matthews, Aaron Milenski y el mismo editor de la revista, Richard Morton Jack) sobre las más importantes grabaciones privadas hechas en Inglaterra entre las décadas de los 60 y 70 ("British Private Pressings"). Gran placer al descubrir que mi colección contiene obras de Complex, Dark y Forever Amber.

Lo mejor de la boda de este Flashback queda para el final, cuando aparece sobre la pista de baile la banda liverpudiana The Koobas, uno de los mejores exponentes de la naciente escena (mitad de los 60) merseybeat. Apadrinados por el gran Tony Smith (más tarde (re)conocido internacionalmente con el más aristocrático nombre de Anthony Stratton-Smith), su trayectoria es temporalmente pareja a la de The Beatles en su época Brian Epstein, a la del Star Club de Hamburgo, a la de la eclosión de los singles y de los charts, el mejor momento sin duda de la entonces no tan extensa historia del pop y del R&B en las Islas Británicas. Las entradas y salidas de varios miembros en los primeros momentos de la banda se suceden hasta que queda consolidada la formación definitiva, acontecimiento objeto del extenso (y documentadísimo) artículo de Richard Morton Jack


Roy Morris, Tony O´Reilly, Keith Ellis y Stu Leathwood conforman el representativo ADN de los músicos ingleses de los años 60. Con un nivel técnico e instrumental apreciable (no fueron los primeros de la clase, a pesar de numerosos antecedentes musicales familiares), con un escaso nivel de composiciones propias (pereza creativa que, a la larga, les condena a cierto y merecido ostracismo), carne de carretera para innumerables conciertos por Inglaterra y el Continente europeo, muy apreciados en Suiza (donde coinciden en un terrorífico concierto en Zurich, el Monsterkonzert de Mayo de 1968, [ríanse de la violencia policial los asistentes por entonces a conciertos en nuestro país], donde comparten escenario con las luminarias del cartel, Jimi Hendrix Experience, The Animals y los Bluesbreakers de John Mayall), su trayectoria es el glorioso relato y reflejo por el que pasaron un sinfín de bandas inglesas de la época, un cúmulo interminable de anécdotas muchas veces curiosas y divertidas, otras no tanto.

El número 8 de este Flashback de la primavera de este año 2016 (¿eramos entonces más felices?...), termina con las usuales secciones de crítica de discos, libros, imagen (DVDs) y la última página, inteligentemente reservada a un enigmático (y relativamente desconocido) autor, banda o grabación que bien hubiera merecido una reedición, a estas alturas negada por la industria. Entre los muchos discos comentados apunto como preferencias a la banda tejana Stud en su Lp homónimo y al freak también americano John Michael Roch (recomendado además por mi admirado Patrick Lundborg), en su "With You In My Arms", ambos recientemente desenterrados; entre los libros el "Future Days: Krautrock & The Birth Of A Revolutionary New Music" de David Stubbs, y en el apartado imagen, me llevo a la cama al querido Rory Gallagher con su "Taste, What´s Going On - Live At The Isle Of Wight". La última página está dedicada a un (reconozco) desconocido John Wonderling. Su obra magna "Day Breaks", originalmente publicada por Paramount en 1973, seguramente hizo las delicias para los afortunados que la poseyeran. No parece que en este caso mi suerte cambie para tanto.




23 sept. 2016

RESERVA INDIA





LINCOLN STREET EXIT                         "DRIVE IT!"
La tarde del 21 de Julio de 1993 el Ingeniero Luis Barranco, con apartado postal 929 de Oaxaca (según me indicó posteriormente en un breve apartado en el que ambos fumamos la pipa de la paz), interrumpió de forma abrupta la hasta entonces placentera visita que estaba disfrutando en el magnífico Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México. En ese momento andaba por una de sus salas tomando notas sobre el árbol de hormigas de los indios yaquis y el culto del peyote de sus hermanos nativos, los coras y los huichales. He de reconocer que, a pesar de la inicial mirada recriminatoria que observé en los ojos del Ingeniero Barranco (al conocer mi condición de español y asimilarme, supuse entonces, con el opresor colonialista), la idea y la imagen de unas diminutas hormigas rojas comestibles (me las imagino con cierto sabor a miel y olor de flor de azalea) me fascinaron mucho más que la perspectiva del casual encuentro con el Ingeniero Barranco; y... ¡qué decir del peyote!..., su sola mención me retrotrajo a la fascinante lectura de "Las enseñanzas de don Juan" de Carlos Castaneda. Condenemos pues de antemano al Ingeniero Barranco al olvido.

A 2.247 kilómetros de distancia de la capital federal mejicana se encuentra la ciudad de Alburquerque, una de las más importantes del estado de New Mexico, territorio que  junto a los de California, Arizona, buena parte de Nevada, Colorado y Texas fue usurpado, a principios del siglo pasado, por los Estados Unidos a la no entonces tan incipiente (pero si debilitada por las contínuas luchas internas) República de los Estados Unidos Mexicanos. Con una población que superaba los 300.000 habitantes a principios de la década de los 60, la ciudad de Alburquerque estaba democráticamente dividida en dos partes claramente diferenciadas. La zona alta del Este, conocida como la "Burque´s Eastside Heights", era el territorio donde los ciudadanos blancos gozaban de todos sus derechos y extendían su asentamiento como pobladores mayoritarios. También estaban allí los mejores clubes y los pocos estudios de grabación operativos. La parte baja de la ciudad, el "Mesa Valley" que se expande por una enorme meseta hasta el Río Grande (y que sirve además de demarcación territorial entre las dos comunidades) domiciliaba a los nativos americanos (amerindios), afroamericanos e hispanos (cerca de un 30% de la población en aquella época).

Algunas damas que siguen soñando con el beso de los lagartos de oro me cuentan cómo Dean Moriarty (1) pasó por aquellos parajes buscando un satori en su camino hacia los fértiles viñedos de California, al igual que lo hicieron los okies  de John Steinbeck y de J.J.Cale. Enormes carrizos salvajes solían cruzar las solitarias carreteras empujados por el viento seco del desierto, mientras los correcaminos (que el gran Chuck Jones creó para la Warner Brothers) rivalizaban en velocidad contra los lentos efectos narcóticos de la picadura de las serpientes de cascabel. En las cunetas, abrasados por un sol sin piedad, Dick Hickock y Perry Edward Smith (2) recogían el vidrio abandonado para costearse su  huida hacia México. La Ruta 66 atraviesa Alburquerque, en lo que se supone es la mayor planicie en la última parte de la mítica ruta (más de 1.873 kilómetros), desde Shamrock en Texas hasta Los Ángeles. Un autobús de la compañía "Aztec Bus Lines" hace un alto para recoger a unos pasajeros que viajarán en total silencio hasta la frontera en El Paso.

En ese escenario de bellísima desolación, los músicos Mike Martínez, Lee Herrera, Mac Suazo y Paul Chapman graban a lo largo de 1967 para los sellos Lance y Psychout Records los primeros singles de lo que sería la prolífica carrera de Lincoln Street Exit, una banda de rock, con fuerte carga hard-blues y tonalidades heavy-psych, y que además fue considerada como una de las primeras formaciones de rock estadounidenses en las que la mayoría de sus miembros eran aborígenes americanos (Redbone se les adelantaron unos meses) Hay quienes piensan (como yo lo hago ahora) que por sus apellidos hispanos deberían ser considerados más como indios navajos que sioux, tribu a la que quedan asignados por la mayoría de los críticos y expertos conocedores de la banda.


Ante la inesperada muerte de Paul Chapman, a las figuras de Martínez (guitarra principal y voces), Herrera (batería) y Suazo (bajo) se une a finales de 1967 R.C. Gariss como segundo guitarra. En los siguientes años el grupo se curte en numerosas actuaciones por la zona donde, ante un público de todo pelaje y que, como en muchas áreas de la frontera, no era reacio a las mezclas de estilos e influencias (el tex-mex surgiría pocos años después) refuerza sus avales como una banda orientada hacia un potente psych-blues-rock. 1970 es el año clave de Lincoln St. Exit porque sus sueños de dar a luz por fin un larga duración llegan a convertirse en realidad. Bob Shad, creador del sello neoyorquino Mainstream Records y figura destacadísima en la historia de la música moderna (tanto en sus vertientes de productor como propietario de vallos sellos de jazz y rock) les graba su primer y único Lp como Lincoln St. Exit, el "Drive It!" que nos ocupa hoy.

¡Bob Shad asistió a algunas de las grabaciones de Charlie Parker en los últimos años de la década de lo 40, señores! En los inicios de los 50 ya estaba al tanto de lo que  ocurría musicalmente en todas las down-towns de cualquier ciudad norteamericana que se preciara como importante. Entendía la voz de Billy Eckstine y de Quincy Jones recogió el legado de la nueva balada negra americana. Grabó el primer disco de Big Brother & The Holding Company, incluyendo a una casi bisoña Janis Joplin. Sabía que, tarde o temprano, lo que no pudieron ni Stax ni Hi Records lo iban a conseguir ellos, vencer a la poderosa Motown, o por lo menos conseguir un mayor hueco en el mercado del creciente interés blanco por la música de raíces autóctonas. Y es que cuentan (las damas del beso del lagarto dorado entran de nuevo aquí en acción...) que alguien grabó a Berry Gordy saliendo del parking elevado del Blue Deck en Detroit, pronunciando un sonado "whatfuckingisthatshit!!!" mientras escuchaba el "Soulful Drifter" de la banda,... o ¿cómo es posible que nadie antes me haya hablado de esta canción y de este grupo?. ¡Joder!, para conseguir un hit solo hace falta que la canción suene de puta madre en la radio del coche. ¡Y estos tíos son indios además...! Joder, menudo negocio te espera Berry, hazlo bien y tuya será la mayor parte del pastel de la "native american rock music".

En el reverso de la cubierta de este "Drive It" aparece el nombre de Tommy Bee, un personaje inicialmente parapetado en la sombra pero que controla a la distancia de un dron no inventado todavía los hilos de la banda. Sus excelentes contactos en el Burque´s Eastside Music Scene y su olfato innato para el negocio coinciden con la idea que Bob Shad tiene de ampliar la paleta de estilos del sello Mainstream. Tomar la delantera en publicar la noticia resaltando el detalle de Lincoln St Exit como la primera banda de nativos americanos que reivindica su etnia y su cultura. Bob Shad y Tommy Bee potenciaron esa diferencia y deciden grabar el "Drive It" en las mejores condiciones posibles. El mismo Bob Shad será el productor (quién mejor que él, también productor de grabaciones míticas de Max Roach, Lightnin´Hopkins o Big Bill Broonzy...). En ese reverso del disco, que recoge un breve texto de Mark Janowsky y del mismo Tommy Bee, recalcan sus antecedentes indígenas y reconocen este hecho como el impulsor del estilo musical que practican. En el anverso del disco, un magnífico dibujo de un tal R.J.W. nos muestra un paisaje con un escenario completamente diferente y, casi sin que nadie lo presienta, pronto aparecerá desde Detroit alguien que comprenderá con mayor agudeza el negocio que se presenta ante sus ojos.

Henry Fonda camina hacia el amplio balcón de su habitación en el rascacielos del Omni Hotel de Los Ángeles y contempla el atasco de tráfico de cada mañana (vayan por favor hacia la primera imagen del post, si..., a la portada del disco...) Después de anudarse la bata de algodón dirige los prismáticos hacia el nudo del Financial District y Chinatown. (Jack Nicholson sigue contando el dinero que ganó gracias al éxito conseguido con la película de Roman Polanski). Una inmensa serpiente de acero y luces se desliza lentamente por las confluencias de la autopista 101 hasta San Fernando. El ..."Cars Hiss By My Window" del "L.A.Woman" de The Doors es ahora la banda del amanecer de un día de septiembre en el que conduzco mi Porsche 914/6 pistacho desde San Bernardino hacia Joshua Tree. Recuerdo a su hijo Peter y a Dennis Hopper estudiar detalladamente en un bungalow de Santa Mónica la logística del "Easy Rider", pero Henry está absorto en otro atasco que refleja demasiado bien su situación personal. Recientemente separado de su entonces compañera Shirlee, harto de las extravagancias de su hijos Jane y Peter, decide coger su cámara y disparar unas cuantas fotos.


[Desde el primer tema del "Drive It", un "Man Machine" (tan bueno que seguramente les liberará de alguna hora extra de trabajo en el Infierno) una fabulosa onda rítmica (dirigida básicamente por la convincente y limpia voz de Mike Martínez y el destacado beat de la batería de Lee Herrera y del bajo de Mac Suazo) se adueña del disco. El espejo musical de Lincoln St. Exit refleja entonces, en 1970,  un insuperable y delicioso emparejamiento con el mejor boogie de Canned Heat, la fortaleza agrícola de Creedence Clearwater Revival, con la guinda además de la elegancia bizarra de Johnny Winter. Su "Dirty Mother Blues" funciona como el oxidado motor de un John Deere. La sensual "Got You Babe" calienta al más puritano amish de Pensilvania y  en "Teacher Teacher", John Fogerty y Alice Cooper hacen maravillas jugando a las cartas. Del "Soulful Drifter" ya sabemos la opinión del capo de Motown, a punto de mudarse desde Detroit hasta la nueva sede de la compañía  en Los Ángeles (Motown abrió su primera oficina en L.A. mucho antes, en 1962). "Time Has Come Gonna Die" se suma dignamente (junto a "Man Machine" y en menor medida "Going Back Home") a  la paleta de temas que tienen a la Guerra del Vietnam como objeto de su crítica. En esta última canción los iniciales apuntes gospel progresan hacia una forma fronteriza de tex-mex y southern rock. "Straight Shootin´Man" muestra la faceta más Blue Cheer de la banda, las potentes líneas de las guitarras de Mike y Gariss quedan perfectamente ensambladas con el resto de los instrumentos. Phantom Child" cierra el disco y anticipa con su aridez melódica el futuro hardcore californiano.]

El primer disparo de Henry Fonda nos muestra la pegatina trasera de un coche (no reconozco la marca ni el modelo) donde se puede leer "Spiro Missed Woodstock", y no me cuesta nada levantarme para sacar de la balda 5B el doble antológico "2400 Fulton Street" de Jefferson Airplane. En su sleeve central un recorte de periódico muestra una de las muchas declaraciones de Spiro Agnew, primer vicepresidente de Richard Nixon, en contra de la exaltación del consumo de drogas por la cultura rock,..."Agnew Hits At Drug Lyrics",  y dándome la razón (una vez más) muevo la ficha un poco más arriba, hacia la derecha, y observo como Henry Fonda y yo coincidimos en un momento preciso con la leyenda "Return Indian Lands To Indians" que aparece en la pegatina de la parte trasera de un Ford F-150 Tornado azul. Un par de años después de la grabación (1970) de este "Drive It" de nuevo aparece en escena el avispado Berry Gordy. Firma bajo su sello Motown  un contrato con una banda que ya ha cambiado su nombre, de Lincoln St. Exit por el de  XIT (acrónimo de Xing Indian Tribes), y vuelve a reforzar el marketing del grupo como los primeros abanderados en la revitalización de la causa indígena americana. La jugada de Berry le permite pagar algunas deudas atrasadas desde la mudanza de Detroit hasta Los Ángeles e invitar a cenar esa noche a su amigo Henry Fonda en el exclusivo Mastro´s Ocean Club de Malibú.




(1) "En el camino", Jack Kerouac
(2) "A sangre fría", Truman Capote.






13 sept. 2016

COP




THE FALL                "THE WONDERFUL AND FRIGHTENING WORLD OF THE FALL"
Ha ocurrido en un día de Agosto, a principios del mes, y he recordado cómo en 1984 cogí un autobús cerca de Earl´s Court Station y cruzando el puente de Putney llegué hasta Brixton. En el cercano parque de Brockwell se celebraba un concierto auspiciado por el Great London Council, un garito municipal laborista que después destruyó Maggie Thatcher.  Unos pocos días antes he estado cerca de Portobello Road y en la tienda de Rough Trade he comprado mi primer disco de The Fall, "Grotesque/After The Gramme" por 4,75 stp. Es el año 2016 y hace algunos pocos meses me he hecho con el "The Wonderful and Frightening World of The Fall". Me gustaría que la espiral que aparece en la cubierta del disco quedara reflejada como nuevo anagrama de los Convalecientes del Olvido Progresivo, una agrupación sin ánimo de lucro cesante y que pretende la recuperación de la memoria histórica más en minúsculas, aquella que nos ayudara en el día a día de los mayores, pero han pasado más de 30 años y las sensaciones son lamentablemente bastante distintas. Me explico, antes, en 1984, las cosas eran algo más sencillas que ahora, aunque visto en perspectiva no llegara a ser tan clara la diferencia. Eso si, seguía habiendo capacidad de estreno y George Orwell estaba en su año mágico.

En Inglaterra solo los mayores se acordaban de la victoria de 1966 pero la nación seguía siendo en 1984 (según León Felipe) la patria de los piratas (nunca dejará de serlo), y Londres todavía mantenía un punto de jardín exhuberante, no del todo absorbida la capital británica por la gentrificación urbanística posterior, estamos ahora en 2016. Quiero pensar que todavía existía una cierta educación literaria entre la juventud inglesa, incluso la roquera y urbanita, aquellos primeros squatters de la época, estamos en 1984, que tomaban su espejo en el Ladbroke Grove cenital, cuna del hippismo y la contra-cultura londinense. ¿Qué pasaba en Manchester en 1984..., y en 2016? Me resulta mucho más sencillo hablar del tiempo pasado porque este en el que vivo, estamos en 2016, es un periodo en el que la incertidumbre ya ha tomado carta de naturaleza, sin que aun se sepa a ciencia cierta si es más conveniente que esto se arregle o se hunda, y me he quedado plantado en la duda. Estamos en 1984, a principios de Agosto, y he dicho que llegaba a Bromwell Park.

Me he acercado sigilosamente a una inmensa pradera con césped que bordea el ala occidental del parque. Un gentío importante ya asiste al concierto que ha empezado algunas horas antes de que yo llegara, ignoro cuantas realmente. De hecho era la participación en el concierto de The Damned la que había servido de gancho inicialmente para atraerme al evento. Me he colocado con la timidez de un extranjero junto al tronco de un árbol y delante mío he contemplado a una nutrida pandilla de jóvenes que estaba sentada sobre la hierba. Repentinamente el mal rollo empezó a tomar posesión del ambiente. Una pareja se daba de hostias en el mismo corro que me antecedía, ella entre sollozos le atizó un buen bofetón primero a él, y él respondió a continuación con un contundente sopapo directo a su mejilla izquierda. Algo más lejos hacia mi derecha, un elemento disfrazado de punk, he imaginado en ese mismo momento que estaba pasado de vueltas, insultaba de viva voz a los asistentes más cercanos, he escuchado un nítido "fuck you!!" repetido varias veces. Un perrito vagabundo se meaba descaradamente en los bajos del pantalón de un vecino mío apoyado también en el tronco del árbol. Él no se ha dado cuenta. He tomado fotos que debo tener guardadas en un lugar sin que mi memoria tenga ahora mismo acceso directo a ellas, recuerdo claramente la de una chica justo frente a mí. Rubia con gafas de sol y un look parecido a Linda "Eastman Kodak" McCartney. Me sonreía mientras hacía con sus dedos un signo que me ha parecido ser el de la victoria de Churchill. 

Sigo estando en 2016 pero ignoro por qué lo he dicho porque a mi lo que me hubiera apetecido era hablar en 1984 de 2016, aunque he reconocido de inmediato que la tontería del mundo sigue siendo la misma en ambos años. Desconocía entonces la futura influencia del grupo de Manchester en mi vida adulta, como lo sigo desconociendo ahora, incluso entonces auguraba al grupo una carrera sin demasiado porvenir en mi colección privada. Después de repetidas escuchas del "Grotesque/After The Gramme" en aquella época me he dado cuenta de la dificultad de su música. De hecho sigo en 1984 escuchando a The Fall por primera vez, y también asistiendo ese Agosto sin saberlo en Brockwell Park al único concierto del grupo mancuniano al que he acudido, pero estoy convencido que eran The Damned a los únicos a los que quería realmente ver. Pero estamos en 2016 y recopilando información sobre la banda inglesa he topado con un cartel en el que aparecen The Fall en el mismo festival de la GLC, y yo me he dado cuenta ahora en 2016 que en 1984 lo ignoraba totalmente. He leído que durante su actuación recibieron sobre el escenario cientos de botes de cerveza lanzados por los espectadores, la concurrencia ansiaba ya la llegada de The Dammed y prefería, me he enterado por la prensa especializada, la actuación anterior de unos New Model Army que hablaban en sus canciones de bastardos que giraban como derviches sobre una sola pierna.

Estamos en 2016 y he pasado un verano de calor africano en Madrid, pero he estado expuesto al sol durante muchas horas y ahora me he mirado al espejo y parezco más árabe. Desde inicios de Agosto he intentado escribir algo sobre este disco de The Fall publicado en Octubre de ese año, una de sus mejores grabaciones, y he encontrado hace unos días una fotografía de 1984 en la que aparezco con mi hijo a la misma puerta de la tienda Rough Trade cerca de Portobello Road. Me ha parecido que disfrutábamos de muy buen tiempo, estábamos ambos en manga de camisa y mi mujer ha hecho la foto, yo casi nunca salgo en ellas y he recordado por mi imagen de entonces que era feliz. Estoy sosteniendo en mi mano izquierda la bolsa que contenía el disco de The Fall en 1984 y, súbitamente (y de qué manera más extraordinaria) he admirado el juego de la memoria ahora en 2016 cuando he recordado que dentro del disco había un panfletillo musical del sello discográfico Rough Trade de entonces, todo cicloestil en blanco y negro, que daba noticias de la banda y ya lo he perdido, o lo he guardado en algún sitio de imposible paradero actualmente en 2016.

No, no he asistido al concierto de The Fall en 1984 a pesar de que he estado allí, porque he aguantado en el parque apenas 40, 45 minutos, y después de que he sido testigo de tan mal ambiente me he ido de vuelta a casa, a Kenway Road, cerca de Earl´s Court Station, uno de los epicentros de la siempre juerguista comunidad aussie en la capital británica. No he tomado ni una cerveza durante toda la tarde. He ratificado mi parecer en 2016 que quizás fuera mejor así ya que la propietaria del piso en el que me alojaba era la típica dama inglesa post-victoriana, y a pesar de ello liberal, que adivinaba el cervecero aliento ajeno  a más de una yarda de distancia, y ha puesto cara mohína en mi imaginación de ahora. 

He hablado de The Fall desde el recuerdo de 1984 y me gustaría que hubiera sido aun mejor, si cuando menos quedara su cacofónico eco en el concierto de un Bromwell Park que descubrí entonces por primera vez. Estaba cerca de Dulwich y he estado recorriendo ese barrio tan campestre, tan inglés y tan civilizado con mi familia antes de entrar en casa de los Davis (1) para gozar de la comida y una inusual tertulia de sol veraniego en el jardín trasero de su mansión que tenía una gran biblioteca gris repleta de antiguos libros de pintura y pintores españoles. He estado pensando en aquel Londres de Bromwell Park, Dulwich, Earls Court, Candem Town (me he introducido sin permiso en un sótano donde una banda ensayaba alejada de la barbarie del  turismo), mi querido jardín japonés de Holland Park y Talbot Street (una de las tiendas de la Rough Trade) de 1984, 10 años exactos después de mi primer viaje a la sede imperial del Rules Britannia, y The Fall aparecen como protagonistas en este 2016, un año que sumando 9 coincide sin sorpresa con el mismo número de canciones que contiene el "The Wonderfull And Frightening World Of The Fall".

Durante estas últimas semanas he entrenado a mi ardilla cerebral para descerrajar todo lo que me pudiera impedir el acceso a The Fall. He sabido de la razón de su nombre después de leer a Albert Camus en su obra "Le Chute", los miembros iniciales del grupo daban a la literatura y a las drogas un gran protagonismo en su vida adolescente. He sabido de la existencia de John Anderton como Lord Chief Constabulary del Great Manchester de la época en la que nace The Fall en 1976. John Anderton ha sido el último cowboy policial (y el primer predicador televisivo) del Merseyside inglés en el pasado siglo y con Maggie Thatcher dieron razones más que suficientes para que el posicionamiento político de una parte de los jóvenes músicos ingleses se alineara con el Socialist Workers Party, tal fue el caso de Mark Edward Smith, fundador también mancuniano y verdadera alma mater del grupo. He sabido de los Moss Riots de Manchester en 1981 y he profundizado más en el conocimiento de la lucha que los mineros ingleses mantuvieron durante buena parte de la década de los 80. Para nada me ha extrañado ver cómo Robert Wyatt y algunos miembros de Henry Cow apoyaban en numerosas actuaciones y conciertos la lucha de los mineros, algunos de sus abuelos acompañaron en la Guerra Civil española a George Orwell.

He leído con atención en 2016 las declaraciones de Mark E Smith en el Mojo October Special Collectors´ Cover sobre su pretendida fama de tirano, borracho, acosador y otras lindezas de carácter canalla a él atribuidas. En septiembre de 2016 (32 años después [no olviden, estamos en 1984] su aura de tipo poco recomendable sigue pasándole factura) he comprendido sus razones de aguerrido entrenador de equipo de fútbol local. Cambio de alineaciones en el grupo (más de 50 desde su fundación), reforzamiento de la línea medular del combinado, el único jugador que tiene asegurada la renovación es el propio Mark y tu abuelita, como estrategia instituir un mal ambiente dentro del grupo para potenciar la competitividad y olvidar los laureles de una Premier League imposible para una banda siempre calificada como el parangón de lo anti-comercial. En este "The Wonderful And Frightening World Of The Fall" la formación incluye a su segunda esposa la americana Brix Smith, un explosivo combinado de glamour, diseño femenino y trigo apalachiano, Steve Hanley al bajo, el verdadero motor del sonido falliano, la doble percusión (algo que distingue muy positivamente a la banda) de Karl Burns y Paul Hanley, y la guitarra de Craig Scanlon. He deducido en 2016, en una tarde sin TV pero con güisqui y canela, que esta formación no es solamente la clásica, también es la mejor en la remota historia de la banda.

Creo estar seguro cómo en estos últimos días me ha parecido encomendarme a los augures de Shylock y Calibán (2), antiguos nigromantes gemelos de Anderton & Thatcher, para que el torbellino de la cubierta del disco de The Fall me envolviera en su redentor ciclón. Su "Lay, lay, lay..." párrafo inicial en "Lay Of The Land" ha funcionado explícitamente como un mantra, y me ha permitido adentrarme además en la comprensión de las razones ocultas que algunos ciudadanos comprometidos observaban sobre el desplome industrial, social y cultural de la ciudad de Manchester. "Hit a quick coach, take the town in Surrey / There´s no one here but crooks and death / Kerb-crawlers, of the worst order.../" Shaun Ryder de The Happy Mondays, también mancuiniano como Mark E Smith, dedicaba al superpolicía Anderton su "God´s Cop" en el recordado "Pills N Thrills AND Bellyaches" seis años después..."Hand me out fish, did some big tease / Oh Man did you fuck it / Baby Brother I took it..."

A la sombra de las primeras felices nubes grises de septiembre en 2016, advirtiendo que en el Londres de Cheyne Walk en el que he vivido en 1984 (he dejado a la izquierda el Battersea Power Station de Pink Floyd) también tuve tiempo en esa tarde de Agosto de Bromwell Park para pasear entre las hermosas líneas de las canciones de su anterior album "Grotesque / After The Gramme", y hoy, en 2016,  he sabido que no hay album de The Fall que no preexista al anterior, todos son como una lluvia repentina tan inglesa que hacen del te y las tostadas alimento espiritual pero incompleto..." Can´t get far in land of immovable frogs / Can´t get far in home of horrible hoax / And you don´t last long on a diet of tea and toast", ("Copped It"). También he escuchado hoy con atención las sirenas rasgadas de la guitarra de Brix en "SLANG King", quizás el tema más poderoso del album, ..."Whip wire / Whip wire / Hawk man / Slip down easy" y entonces en 1984 no tuve la opción de comprender el hermosísimo y terrible balance del verso, tampoco el eco terminal en que se convierte el "Swoop swoop" de la misma canción. 

¿Qué me dicen que haya pasado por mi imaginación en este año que termina en 9 (reconocido signo que premia el genio artístico y humanístico) que una canción tan sutilmente titulada como "2 x 4" extienda entre sus líneas tan perspicaces pullas contra el british stablishment?..."Ol´Nick [¿por qué no Lord Nicholas Windsor, primo de la reina Isabel II?] doesn´t go from digs to digs no more / Hit him on the head with a 2 by 4 / Nowadays he has a Georgian glazed porch". O la reivindicativa frase "...When will the good Scotch return...?" de su tema "Elves" (he pensado por un instante que esas letras mayúsculas podían referirse a Nessie, el monstruo del Lago, pero  me he dado cuenta al poco de la imposibilidad de mi tesis...) cuando he continuado leyendo "... / In all its scarred splendor / When will the price of Scotch come down", ¿acaso al escucharla no he sentido una necesidad inmensa de beber y olvidarme de la podrida realidad circulante?....


Nunca he pensado que en 2016 podría abrumar a alguien al hablarle de algo que casi siempre ha permanecido oculto en mi cortex cerebral, el más conspicuo modelo del muro de los hombres-nada. El "Bug Day", el mal bicho que ha asolado mi alma desde antes de 1984 (previamente he constatado que era "por mi culpa, por mi grandísima culpa"...). Su "...Facing up to the sea is a very hard thing" [lo manifiesta un mancuniano alejado de las costas inglesas, también lo ratifica trágicamente un castellano], continuamos..." / Anything is better than a bug day..." se ha enseñoreado de mi persona hasta este 2016, cuando los hálitos de la prohibida especie herbácea siguen acuchillando sin misericordia mis aun jóvenes arterias. ¿Y qué decirles de lo que ahora he deducido al escuchar una frase tan brillante como esta?..."It was no more a net of mesh / It was class / He did not blink a lid / He braced his self-imposed gorgeus adult net / And breeze /". ¿Es necesario parodiar ahora a Eton, al Trinity College de Cambridge, al Colegio del Pilar, a la Universidad de Deusto, a la Pontificia de Comillas?, Mark E Smith en "Stephen Song" lo hace.

No he comprendido en 1984 que la causticidad lírica de un Mark E Smith, hijo de un fontanero y obligado prófugo de la escuela desde los 19 años, gran lector como sus compañeros en la primera formación de The Fall, podría llegar a emocionarme. Sus querencias literarias hacia Arthur Machen y Thomas Pynchon por ejemplo (he vuelto la vista atrás, a aquellos años en los que la lectura del "Vinum Sabbati" y del "V" procuraban en mi piel un extraño sarpullido de serpientes y miel) han hecho que desempolvara algunos libros empapados ya de olvido. El maravilloso cuento de "La sombra sobre Innsmouth" de H. P. Lovecraft, el "Under The Greenwood Tree" de Thomas Hardy [con una portada que pueden reivindicar los mismos Fleet Foxes], con su mágica música de olde english, y el mejor Edgar Allan Poe en su "La narración de Arthur Gordon Pym" han traído a mi memoria felices momentos de paz azul, el color elegido de un Rubén Darío que compartía desde su tumba en 1984 la bohemia alcohólica con Mark E Smith. He sentido nostalgia de aquellos tiempos.

Ninguna añoranza de aquel vecino cuya imagen he ensoñado ahora bajo el telón sedoso de un harén árabe, ..."Neighbour downstairs with one eye / Co-habs with a mass of blonde curls / Ooo-ar / T´pau / (Mind moving fast is mad / Mind moving slow is sane)", ("Craigness"). Tampoco en 1984 me hubiera sido demasiado complicado rememorar a mi viejo amigo Yago (el que primero cayó del caballo), cuando le echaba a "Disney la culpa de todo", ..."And everything stopped / The nurses climbed up / Our face paled / And there was no doubt at all / No two ways about it / Was the Disney´s dream debased". ("Disney´s Dream Debased").

Me ha dado cuenta que he pasado por todo sin apenas tener consciencia del peligro, lo sigo haciendo en 1984.


(1) David Davis es uno de los más prestigiosos hispanistas ingleses, especialista en El Greco y gran amigo de la familia inglesa mi mujer.
(2) Atribulados personajes de "El mercader de Venecia" y "La tormenta" de William Shakespeare.