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20 mar. 2017

HE HECHO HASTA HOY




PINK FLOYD                 "OBSCURED BY CLOUDS"
Pongo en el plato el "Obscured By Clouds" de Pink Floyd, dos, tres o puede que cinco años después de la última vez en que lo hice, y pienso en lo que he sido. Es tal la carga emocional que me acompaña al escuchar esta obra que, forzosamente, me siento empujado a rememorar algunos episodios de mi pasada existencia. Lo que soy ahora tiene que ver estrictamente con lo que me ha inspirado para hablar de este disco, aquí y en este preciso instante. Una introducción sobre una novela de Azorín, y un brevísimo verso de un poema del "Cancionero" de Petrarca, me han servido de inspiración para encontrar la palanca de arranque olvidada en una esquina del garaje. La exigua línea del humanista italiano decía: "¡Ay del que soy, y he sido!" ("Cancionero XXIII")..., la nota sobre el escritor levantino (en su obra "La voluntad") hablaba de las nubes como trasunto de la fugacidad del tiempo y de la vida. Ambas sensaciones me han llevado entonces a contemplar un panorama donde pasado y presente se dan la mano, ayudándome la imagen de las nubes como nexo de unión entre ambas realidades. Debo decir que la presencia de estos fenómenos aúreos, coincidiendo con el título del disco, no es casualidad.

[Es curioso constatar cómo la iluminación llega instantáneamente. Llevaba varios días recopilando información para hablar de una banda que nada tenía que ver con el grupo inglés. Ni su procedencia, ni su estilo, tampoco su historial ni su puesta en escena, llegaban a impresionarme lo suficiente para que me pronunciara sobre un disco que ya no merece la pena mencionar. Visitaba la página oficial de la supuesta banda, me sumergía en las opiniones de otros conocedores de su biografía y de sus obras, pasaba muchas horas visionando los vídeos de sus actuaciones, y no ocurría nada, me encontraba sin argumentos. ¿Por qué no aprovechar, entonces, esos ratos de reflexión mientras miraba la calle desde la ventana de mi habitación?. En ese vuela pluma una mujer mayor paseaba un perro por la calle, mientras, casi sin hacer ruido, un vehículo se deslizaba por el pavimento amarillo].

El he sido de "Obscured By Clouds" significa volver la vista atrás y plantarme ante el Cine Estudio California de la calle Andrés Mellado de Madrid. Allí acudía con la pandilla de amigos a ver las películas musicales que, de vez en vez, se proyectaban en una ciudad, y en un país, que vivían (sin aun saberlo) los últimos años de la dictadura. Por aquella pantalla pasaron los Festivales de Monterrey y de Woodstock (éste último en su versión reducida y con las pocas escenas de desnudos censuradas), también "More" y "La Vallée", ambas del director franco-suizo Barbet Schroeder. A Pink Floyd ya lo conocíamos por sus obras anteriores, básicamente por un "Atom Heart Mother" que circulaba de casa en casa, en préstamos de obligadísimo seguimiento y devolución que rara vez cumplía la fecha estipulada. Visionar esas películas nos hacía más libres, o por lo menos eso creíamos en aquellos momentos. Salíamos de la sala emulando con las manos los riffs de la guitarra de Gilmour, golpeando unas baquetas imaginarias en el aire ya tibio del comienzo de la noche. Mientras decidíamos donde ir después (siempre a algún bareto de los bajos de Aurerrá, donde nos aseguraríamos de seguir escuchando buena música), hurgábamos en nuestros bolsillos para hacer caja común ante lo que prometía ser una nueva jornada memorable.

El que soy ahora reflexiona sobre el "Obscured By Clouds" con la perspectiva que otorga el haber mojado tantas veces la magdalena en la taza de té caliente. Quizás el disco de la primera etapa de Pink Floyd menos alabado, no por ello digno del mejor de los elogios. Una de las primeras conclusiones a las que llego me permite asegurar el papel fundamental que Rick Wright ejerce a lo largo de todo el album, sus brillantes teclados funcionan como el pegamento que une y ensambla buena parte de los temas incluidos en él. Las guitarras de Gilmour destacan en todas aquellas piezas en las que el bucle armónico y espacial se hace necesario. Su estilo, ya  inconfundible en el momento de la grabación de este "Obscured By Clouds" (que coincide con los primeros ensayos en estudio, ya en preparación, para su siguiente "Dark Side Of The Moon"), es reposado incluso en los momentos de mayor tensión. Sus exquisitas entradas y salidas entre los puentes de las canciones, más que sus breves o prolongados solos, sellan la marca de identidad de un Pink Floyd eterno. Waters se encumbra como lo que siempre fue, un gran compositor, el alma mater del genio de la banda post-Barrett. Mason, el miembro menos dotado musicalmente, sirve sin fisuras de apoyo y basamento.

Lo que fui de "Obscured By Clouds" me encuentra entonces leyendo la revista "Vibraciones", concentrado especialmente en un artículo del malogrado Claudi Montanya. Hablaba como protagonista de un fantasmal paseo nocturno por las calles de Barcelona; en un momento preciso su mirada, llena de luz alcalina, se cruzaba con la de otros paseantes que sentían el mismo vértigo, la misma necesidad de liberación. Veo también nítidamente aquellas interminables conversaciones en los bares favoritos y en los pisos francos, en el campo en verano, en las buhardillas prestadas, en los tejados de madrugada sobre la primacía de Pink Floyd o de King Crimson, los partidarios de unos y otros alegando sus razones de medianoche, empapados de risas. Yes estaban bien, pero no tenían la llave de acceso, Genesis eran unos maravillosos advenedizos, E,L&P no nos hacían volar tan alto. Tan solo el "Ege Bamyasi" de CAN (todavía no habíamos descubierto el "Tago") y, sobre todo, el "Yeti" de Amon Düül II, tenían permiso para aplacar la controversia. Las mañanas del domingo en La Bobia del Rastro, las subidas al monte Abantos y encontrarse una vaca pastando. Ladeando perezosamente la cabeza nos miraba, dándonos una razón que solo nosotros entendíamos.

El que ahora habla de "Obscured By Clouds" ha intentado esta mañana encontrar en youtube la película íntegra de "La Vallée" y solo ha podido localizar la de "More". Ha comenzado a ver esta última y su atención tan solo ha durado una media hora escasa. Ha apretado el botón para verla más tarde, pero duda de que lo haga finalmente. Los trailers y las conversaciones que ha conseguido sacar de "La Vallée", alguna de ellas acompañadas con la banda sonora de Pink Floyd, le han parecido bastante anodinas. Las imágenes de la isla perdida en el Pacífico, a la que ha acudido Barbet Schroeder con su equipo a grabar la película, son, junto a la propia música de la banda inglesa, las verdaderas protagonistas. Ambas son también las ganadoras en una supuesta confrontación ideal, que no tiene porque ocurrir más que en la mente del que soy ahora. El mismo que ha optado por cliquear en "Festen" y ver un rato la película de Thomas Vinterberg.

El que fui ayer de "Obscured By The Clouds" leía las letras de algunos de los temas del disco y creía a pies juntillas en su significado. El "Momentos robados flotando lánguidamente en el aire / Nacidos sobre alas de fuego y alzándose hacia lo más alto" de "Burning Bridges" le emocionaba más intensamente que la indignación por la reventada revolución del Allende chileno. Aquel "Todo lo que tengo que hacer no es más que cerrar mis ojos / para ver las gaviotas girar sobre aquellos cielos distantes" de "The Gold It´s In The..." me enamoraba más que el Derecho Administrativo. Qué decir de "El cielo nos trajo la tierra prometida / y parece oportuno desde donde me encuentro / porque soy el hombre que mira desde dentro hacia fuera" de "Wot´s...Uh The Deal?".., ese texto, o algún otro parecido, me dio alas para hacerme el enrollado ante varias pretendientes de entonces, sin éxito evidente. La poesía del "El azul de la medianoche se quema en oro / una luna amarilla  crece helada" del "Stay", me inspiraba al escribir versos oscuros en las últimas páginas del "Relato de los Mares del Sur" de Jack London. Nada sabía entonces de la muerte o, mejor dicho, siempre la imaginaba inesperada, casi siempre llegando después de un momento feliz, como si fuera a perpetuarlo. Del texto de "Free Four", compuesto por Waters como homenaje a su padre muerto en la Segunda Guerra Mundial, no cogía el significado trágico. El desconsuelo en la lírica de "Childhood´s End", "Habrá guerra, habrá paz / pero todo terminará algún día", no entraba en mis planes inmediatos. Los instrumentales "Obscured By Clouds" y "Mudmen" sonaban cada mañana como amables despertadores.


El que soy ahora en "Obscured By Clouds" sigue enamorado de las nubes y recuerda como, hace poco más de un año, abandonó forzado aquella plataforma feliz desde donde las contemplaba extasiado. Las nubes eran como el mar para el que no tenía el mar cercano, Ví en ellas, cuando vivía en el "Obscured By Clouds", los mejores satoris de mi generación. Ahora, el que soy en "Obscured By The Clouds", medita sobre el tiempo pasado y sin ninguna sorpresa, lo encuentra mejor que el presente.




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6 mar. 2017

PARA LOS MENOS





MARCEL SCHWOB                   "VIDAS IMAGINARIAS"
Supe de Marcel Schwob a través de la "Biblioteca personal" de Jorge Luis Borges (Alianza Tres, 1988) y, como sospecho que no todos los lectores de este blog conocen al autor francés, me permitirán que lo presente utilizando las mismas palabras del escritor argentino: "Biblioteca personal", (página 83). "Como aquel español [la malquerencia de Borges hacia la mención del mismo nombre de Cervantes es de sobra conocida] que por la virtud de unos libros llegó a ser "don Quijote", Schwob, antes de ejercer y enriquecer la literatura, fue un maravillado lector. Le tocó en suerte Francia, el más literario de los países. Le tocó en suerte el siglo XIX, que no desmerecía del anterior. De estirpe de rabinos, heredó una tradición oriental que agregó a las occidentales. Siempre fue suyo el ámbito de las profundas bibliotecas. Estudió el griego y tradujo a Luciano de Samosata. Como tantos franceses, profesó el amor de la literatura de Inglaterra. Tradujo a Stevenson y a Meredith, obra delicada y difícil. Admiró imparcialmente a Whitman y a Poe".

Sigue hablando Borges..." Le interesó el argot medieval, que había manejado François Villon. Descubrió y tradujo la novela Moll Flanders, que bien pudo haberle enseñado el arte de la invención circunstancial. Sus Vidas imaginarias datan de 1896. Para su escritura inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de este volumen está en ese vaivén. En todas partes del mundo hay devotos de Marcel Schwob que constituyen pequeñas sociedades secretas. No buscó la fama; escribió deliberadamente para los happy few, para los menos. Frecuentó los cenáculos simbolistas; fue amigo de Rémy de Gourmont y de Paul Claudel. Hacia 1935 escribí un libro candoroso que se llamaba Historia universal de la infamia. Una de sus muchas fuentes, no señalada aun por la crítica, fue este libro de Schwob. Las fechas de 1867 y de 1905 abarcan su vida".

Esa Francia en la que Borges sitúa a Schwob es la de la Tercera República, la que se recupera de la debacle de la Guerra Franco-Prusiana (1870-71), de la Commune y de la caída del Segundo Imperio. París se sumerge de lleno en La Belle Époque (1880-1920) y es un hervidero de nuevos ricos al amparo de un fulgurante desarrollo industrial y de la especulación inmobiliaria y bursátil. La pujante escena bancaria hace sombra a la City. La impresionante Exposición Universal de 1900 marca el final del Grand Siècle. La tortilla del Impresionismo ya ha cuajado y las novedosas exposiciones de los fauves y de arte japonés ofrecen al coleccionista nuevas experiencias, además del exotismo de otras culturas hasta entonces desconocidas. Las publicaciones de todo tipo (gacetas literarias, semanarios políticos, revistas satíricas, económicas y artísticas) circulan libremente entre una burguesía, ávida de estar a la última en cualquier movimiento que signifique modernidad.

A ese París, que ya se ha convertido en el centro del mundo elegante y civilizado, llega Marcel Schwob desde su Chaville natal en 1881. Se instala en casa de su tío materno Leon Cahun, bibliotecario de la Bibliotheque Mazarine. Su educación, como corresponde a su rango social, es esmerada. Lycée Louis-le-Grand, École des Hautes Etudes Sociales y College de France. De esa etapa nace su pasión por el estudio bibliográfico y los libros de viejo, también por la filosofía, la filología y el conocimiento de lenguas antiguas y modernas. Domina el latín, el sánscrito, el inglés y el alemán. Su preferencia por las literaturas greco-latina, medieval francesa e inglesa, le sumerge en el estudio de los autores clásicos y sus cosmogonías. La del poeta del siglo XV François Villon, paradigma y origen de la utilización de las baladas en jerga en el mismo texto narrativo, le introduce en el jargon de los coquillards y en el oscuro misticismo de las sociedades feudales. La lectura de los ingleses R. L Stevenson, Daniel Defoe, George Meredith y Oscar Wilde (a los que traducirá más tarde) le abre las puertas al gusto por el relato corto y al mundo de las aventuras y al paisaje ultramarino. Por ellos conoce a James Boswell y John Aubrey, escritores y anticuarios de los siglos anteriores, verdaderos antecedentes en lo que será la posterior marca de Schwob como escritor, el empleo de la biografía imaginaria y fantástica como contra-modelo de la historia real de los personajes. Su labor literaria se complementa con las colaboraciones en periódicos como L´Echo de Paris o Mercure de France.

Si Boswell y Aubrey conforman la primitiva influencia de Schwob, el también autor inglés Walter Pater con sus obras de 1873 ("El Renacimiento") y 1887 ("Retratos imaginarios") es su referente más próximo en el tiempo. Schwob se hace eco de la filosofía conceptual de este último: "...una luminosidad súbita transforma una cosa trivial..., y esto tal vez solo dura un instante, pero guardamos el deseo de que ese instante pueda repetirse por casualidad..." para utilizar esa nueva lógica en sus "Vidas imaginarias", publicada en 1896. Es esta idea de la fugacidad aparentemente inocua, la vida que imita el arte y no a la inversa ( Wilde, discípulo de Pater, dixit) de la que se sirve Schwob para darle a su obra un contenido tan original y atrevido, resaltando lo aparentemente trivial como elemento narrativo más extraordinario. Muy atrás quedan los ejemplos de las biografías instituidas como paradigmas del género. Las "Vidas paralelas" de Plutarco o las "Vidas de los Doce Césares" de Suetonio son superadas en tiempo y en forma por las biografías de unos personajes de segunda fila, colaterales a los grandes protagonistas de la Historia con mayúsculas. Individuos que nos muestran sus rarezas, sus desdichas, sus torpezas, crímenes y pecados, nunca sus grandes hazañas, pocas veces incluso compitiendo por el reconocimiento de sus coetáneos, tampoco buscando el halago en el imaginario de las generaciones futuras.

Biografías de personajes que abarcan momentos históricos acontecidos desde el siglo V a.d.C hasta el XVIII de nuestra era. Los subtítulos con los que Schwob presenta al lector algunos de los biografiados ("Empédocles. Dios supuesto", "Eróstrato. Incendiario", "Crates. Cínico", "Cyril Tourneur. Poeta trágico", "Walter Kennedy. Pirata iletrado", "Los señores Burke y Hare. Asesinos") pretenden resaltar hechos trágicos, disparatados y muchas veces misteriosos. Otros como "Paolo Ucello. Pintor", "Alain. Soldado", "Gabriel Spenser. Actor" o "Pocahontas. Princesa", se sirven de la profesión real de los protagonistas para destacar sucesos imaginados, fantásticos y de difícil o improbable verificación. Los protagonistas que aparecen por las páginas de "Vidas imaginarias" son sutilmente enfrentados con aquellos coetáneos que si tuvieron un reconocimiento histórico, debidamente documentado en fuentes fiables. (...Ucello contra Da Vinci, Spenser contra Shakespeare, Kennedy contra Barba-Roja, Burke & Hare contra Jack El Destripador), y en el destello final queda consagrada la mentira como auto de fe, la impostura como carta de naturaleza, lo híbrido, el simbolismo más radical, el "realismo mágico". Faulkner, Perec, Bolaño, Borges, nuestros Alvaro Cunqueiro, Joan Perucho y, entre los vivos Enrique Vila-Matas (el autor barcelonés es de los pocos  que actualmente ensalzan su figura) agradecerán por siempre a Schwob su audacia.


Se diría que la propia singularidad de la vida de Marcel Schwob, muerto a los 37 años, fuera una continuación de la de muchos de aquellos que retrata en sus "Vidas imaginarias". Su rareza, su "identidad confundida" le llevó insospechadamente hacia una grave y prolongada enfermedad intestinal que ni los doctores de la época (ni el opio ni la morfina) fueron capaces de paliar, tampoco curar. Su precipitado regreso a Francia desde la isla de Samoa, a la que viaja para visitar la tumba de su adorado Stevenson, apresura su final. Su carácter se torna más arisco y pocas veces se le ve fuera del círculo más íntimo de amistades. Al abrigo de su propia biblioteca, célebre ya en su época por la gran variedad y riqueza de su catálogo, cultiva una erudición que fue calificada como legendaria por sus más allegados. Muere el 26 de febrero de 1905 y sus restos son trasladados al cementerio de Montparnasse, y allí descansan desde entonces, cerca de la tumba de Leon Cahun, ajeno al París mundano de entonces. En el Salón de Otoño los cuadros de Henri Matisse han triplicado su valor en apenas cuatro años y ese mismo 1905, (¡por fin!), les robes à faux-cul han dejado de verse entre las damas parisinas más distinguidas.

Desafortunadamente Marcel Schwob sigue siendo un escritor desconocido y muy poco reivindicado. Se cuenta que existen, dispersos por diversos países, varios círculos de entusiastas seguidores (los famosos happy few de Borges) que se deleitan en mantener el secreto de su existencia, de su obra iconoclasta, evitando, de esta manera, un posible aluvión de admiradores que les obligue a ampliar su club de iniciados. Poco se ha hecho en nuestro país para llamar la atención sobre su legado. Baste como ejemplo lo que ocurre en el manual que habitualmente me acompaña cuando intento investigar en la obra de un escritor que me interese. Ninguna mención para el autor francés en la "Historia de la literatura universal, tomo 2" de Martín de Riquer y José Mará Valverde (Y ya es sorprendente la falta de referencia de Schwob en un de Riquer, que como lo fuera el autor francés, es un especialista prestigioso en el medievalismo español y europeo).