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28 nov. 2018

ELOGIO DEL CLUB FRIARS




COCKNEY REBEL                    "THE PSYCHOMODO"
La ciudad de Aylesbury es justamente reconocida como una de las más bellas de la campiña central inglesa. Su indudable atractivo se acrecienta por el brazo fluvial que, aprovechando el esqueleto del Grand Union Canal, la une hacia el oeste con Marsworth, los extensos valles que bajan desde las Colinas de Chiltern la inundan de un color y luz especial. El paisaje, medido al raso de sus parques, canales y desde el coqueto cementerio de la Iglesia de St. Mary, se encuentra a menudo tamizado por una atmósfera delicada, de entrepaño, la calma se rompe cuando los cambios de temperatura anuncian su llegada. Pareciera entonces como si en Aylesbury se hubiera detenido el tiempo del sueño, la historia de la ciudad y su entorno girasen alrededor de las antiguas leyendas de John Barleycorn. ¿Cómo es posible que en un paisaje tan ensoñador confluya también uno de los epicentros más roqueros de las Islas Británicas?

El club Friars de Aylesbury cumplirá su cincuenta aniversario el próximo año. Sin duda uno de los grandes santuarios de la música rock en vivo del Reino Unido, abrió por primera vez sus puertas en Junio de 1969 con un cartel compuesto por el cantante y compositor de folk-blues Mike Cooper y por la Mandrake Paddle Steamer, una banda curiosamente ya catalogada entonces como post-psicodélica. Acudieron al local unas doscientas personas y Dave Stopps (uno de los gerentes y alma mater del club), reconoció haber perdido 35 libras esterlinas, una pequeña fortuna por aquella época. Desde esa fecha, todos los lunes por la tarde, el club Friars presentó ante su habitualmente nutrida audiencia a un buen número de los grupos punteros ingleses, Black Sabbath, Mott The Hoople, King Crimson, Genesis, Gong, Fruupp. Pero el cénit de las actuaciones en directo tiene lugar el 29 de enero de 1971 cuando David Bowie, a tan solo cuatro meses de publicar su "Hunky Dory" (RCA Rcds, 1971), presenta en Friars su nuevo papel como el Ziggy Stardust acompañado por The Spiders From Mars. Representantes de todos los medios musicales de Londres, además de algunos periodistas norteamericanos llegados ex profeso la víspera, asisten, junto al público asiduo que abarrota el club, a un concierto que cambiará, para bien y para siempre, la historia de la música rock.


Stephen Malcolm Ronald Nice, nombre completo del siguiente protagonista, Steve Harley, nace en Londres, en el área de New Cross en 1951. Su primera infancia está marcada por la enfermedad del polio, afección que se prolonga hasta bien entrada su adolescencia. El retraimiento consiguiente sirve a un muy joven Steve para aficionarse a la literatura y a la música, Eliot, Lawrence, Woolf, Hemingway, Steinbeck y Dylan le acompañan durante todos esos años. Como instrumentista se inicia con la guitarra española y el violín. Entre 1968 y 1971, ya recuperado después de varias operaciones quirúrgicas, Steve se dedica a trabajar en la prensa como articulista hasta que en 1972 decide dar el salto definitivo y centrarse en su verdadera pasión, la música. En ese verano le vemos actuando como músico callejero en Portobello Road, en el metro, también en algunos clubes del circuito folk londinense. Sus compañeros de cartel suelen ser John Martyn, un Ralph McTell cuyo inolvidable "Streets Of London" ya ha adquirido cierta fama, Martin Carthy o Julie Felix. Forma parte de Odin, una banda también en la onda folk, en la que comparte guitarra rítmica con dos de los que serán compañeros y miembros de su futuro grupo Cockney Rebel, el violinista Jean-Paul Crocker (recien salido de una breve colaboración con Trees), y el batería Stuart Elliott, acompañante del astro pop Adam Faith en sus recientes giras y, como muchos otros músicos por entonces, miembro de varias bandas de rock sin mayor incidencia comercial.

Ya a mediados de 1972 Steve ha logrado conformar una banda a su antojo, seguidora inicialmente de un criterio musical que debe al glam su imaginario preferido, el ambiente ideal que le servirá de escenario durante una buena parte de su carrera. La lírica de sus textos, fruto de las influencias que como lector vivaz adquirió durante su enfermedad, incorpora a su propuesta un tono de esotérica brillantez; además, el premeditado rechazo de la guitarra eléctrica, como instrumento base del sonido de la banda, la hace partícipe de una atmósfera especial. Para ello se sirve del mencionado Jean-Paul Crocker al violín eléctrico y, sobre todo, de un Milton Reame-James que, incorporado en Julio de 1973, hace maravillas con su piano Fender-Rhodes. El empleo medido y brillante de estos instrumentos, junto a  la magnífica voz de Steve, muchas veces afectada, como si estuviera representando el papel de un cantante de cabaret, consiguen que su apuesta sea considerada por la crítica no exactamente original pero si felizmente continuadora de los pasos dados por David Bowie unos años antes. Su paralelismo estilístico con el astro de Brixton, quizás menos educado literariamente, pero con mucho mayor genio compositivo y más amplia exposición mediática, compartido (amistad incluida) con un Marc Bolan que ya por entonces presumía, sin el menor atisbo de humildad, de ser el número uno de la escena ("Electric Warrior" y "The Slide" ya se han publicado), constituyen uno de los triunviratos de la mejor música pop inglesa en los comienzos de la década de los 70.

Es a finales de 1972 cuando Mickie Most levanta la liebre viéndoles en concierto en el Speakeasy de Margaret Street, mítico club donde se suelen dar cita los más famosos músicos, mánagers, representantes de sellos y promotores, además de algunos personajes extremos de la noche londinense (Laurie O´Leary, su principal representante entonces, trabajó unos años antes como empleado en el Esmeralda´s Barn Club de los gemelos Kray). El presupuesto de Most para ficharles no puede competir con la oferta de EMI y, a principios de 1973, Cockney Rebel firma un contrato por tres álbumes con el más prestigioso sello inglés. "The Human Menagerie", grabado entre Junio y Julio de 1973, es el primero de ellos. Producido por Neil Harrison, un dramaturgo especialmente elegido por el propio Harley (lo encontraremos algunos años después en el musical "Beatlemania" y formando parte del The Beatles Bootleg, un cameo al que tan aficionados son los ingleses de cierta edad), incorpora, como bajista oficial del grupo, a un tristemente malogrado Paul Jeffreys (fallecido en el atentado del vuelo 103 de la PAN AM, en Lockerbie 15 años más tarde). También a Geoff Emerick, ya entonces consagrado como uno de los mejores ingenieros de sonido de la industria, además de un joven y brillante Andrew Powell en los arreglos orquestales. El single "Sebastian", que antecede en el mercado al álbum, consigue el éxito en Bélgica y Holanda pero no así en el Reino Unido. A pesar del buen recibimiento de la crítica, este su primer Lp correrá la misma suerte.

Su segundo álbum con EMI, "The Psychomodo", grabado en varios estudios londinenses durante la primavera de 1974 y publicado en Junio de ese mismo año, es felizmente más rico en texturas. La producción conjunta de Steve Harley y un Alan Parsons, ya reputado ingeniero de sonido, colaborador en algunas anteriores grabaciones históricas de The Beatles y a punto de comenzar su exitosa carrera con el The Alan Parsons Project, le otorga al disco un matalotaje especial. Al glam se le añade un tinte de pop progresivo que, analizado en su conjunto, otorga a ese primer estilo, condenado inicialmente más al esplendor del continente que al propio contenido, una mayor caladura, mayor profundidad también. El sonido adquiere un protagonismo más envolvente, late entre los surcos del disco una variable de moderna música de cámara. Antes de sacarlo al mercado, y por imposición de unos ejecutivos de la EMI que aun dudan de la viabilidad comercial del producto final, se publica el single "Judy Teen", una brillante composición de Harley pergeñada en su época folk. "Super troubadour / She can show you more than her lace"..., la imagen fugaz de la groupie del momento queda fielmente reflejada, entre sus líneas se descubre el vacío de las after-hours. El single alcanza un éxito inmediato. Comienza lo que los medios de entonces llamaron la Rebelmania.

Mick Rock, el llamado "fotógrafo de los 70", es el encargado del diseño artístico del álbum "The Psychomodo". Sobre un fondo negro, y con las imágenes de los miembros de la banda en sepia, Steve Harley se muestra tal y como pretende, un actor dispuesto a tomar por asalto el escenario. Las manos abiertas a ambos lados de una cara maquillada, los labios pintados, sombra de ojos, una lágrima cuelga de la mejilla. A su alrededor, los rostros del resto de los miembros del grupo inciden en la representación coral del álbum. He de reconocer que pocas veces he asistido a una subida del telón tan bien interpretada como en la de la apertura del "Sweet Dreams". Los teclados tejen los bordados, el violín adorna con pasamanería, la base ritmica funciona de rodillo, la voz de Steve, clara y transparente, dirige la función. En "Psychomodo" el hilo sigue el curso del peine, la narración referencia unos protagonistas, Quasimodo y Desdemona, que juegan con imágenes extremas, el ritmo es galopante. "Mr. Soft" ofrece al oyente un tam-tam de palacios derruidos, el puente final da paso a "Singular Band", la siguiente pieza, la percusión sigue marcando el tempo, la voz de Steve estira las últimas sílabas ante el confesionario, el primer puente es una conseguida coda jazzística en la que los teclados se mueven entre hadas. "Ritz" cierra la cara A, la melodía gira en círculo, la voz de Steve es indulgente, atempera un fondo espeso que cuadra muy bien con un tono general que parece dantesco.

"Cavaliers" inicia la cara B y continúa con el tono grandioso del anterior tema. En una suerte de nana sinfónica Penélope espera la llegada de los "Caballeros", se le acumulan las imágenes en su estancia, sus símbolos se empujan unos a otros, miseria, ceguera, alas rotas, sombras, bandejas de plata, gardenias blancas, soledad, labios de morgue, caderas, melancolía, todo gira en lamento. "Bed In The Corner" es el tema más glam del álbum. Los arreglos de cuerda le otorgan esa distinción burlesca, de vodevil. La rica orquestación permite contrapuntos en los que la banda irrumpe a saco, dando pie, brillantemente, a la entrada del siguiente tema, "Sling It!," en el que los instrumentos, ya cerca de los máximos sensores de sonido roxyniano, continúan una cabalgada intensa, potente, adornada por un final de cuerda extremo. Al final, en "Tumbling Down", llega el sosiego, la melodía más acusadamente pop, no exenta por ello de la feliz aparatosidad que impregna buena parte del disco, corre por un canal de agua cristalina. El verso de cierre: "Oh dear, look what they´ve done to the blues, blues, blues..." contiene en su repetición uno de los más bellos mantras que este prosista escuchó cuando se publicó el álbum. He de confesar que a fecha de hoy me sigue emocionando.

Cortesía de aylesburyfriars
Volvemos al Friars de Aylesbury. La tarde tiende ya con pinzas mojadas la colada de sus habitantes. Ha llovido a mares la víspera del 25 de Mayo de 1974 cuando Cockney Rebel acude, por tercera vez consecutiva ese mismo año, al club de Market Square. La banda, ya favorita en la localidad, también en las poblaciones vecinas de Luton y Dunstable, ha vendido todas las entradas y presenta, como primicia, algunos de los temas de su próximo disco, "The Psychomodo". A la formación original le quedan los días contados, apenas un par de meses antes de su primera ruptura. Solo el batería Stuart Elliott permanecerá al lado de un Steve Harley que, ya desde el primer momento, ejercía su indiscutible autoridad en la banda. Ante esta postura del líder, Jeffreys, Reame-James y Crocker no tienen nada clara su continuidad y deciden marcharse. Be-Bop De-Luxe, curiosamente la banda que les sirve de teloneros en aquel concierto, les recibirá como nuevos miembros de su formación. A finales de Julio, cuando termina la gira de presentación del disco, la separación ya es un hecho. Los singles "Psychomodo" y "Mr. Soft", publicados meses antes, son éxito en las listas y preludian el del propio Lp. Salvo algunos periodistas que acusan a Steve de fatuo y demasiado presuntuoso, el resto de los medios está a sus pies. La mencionada Rebelmania había comenzado a surtir los efectos deseados. Con la desaparición de esta primera formación original de Cockney Rebel, el glam, en una de sus versiones más atractivas, pierde uno de los eslabones de su cadena.








9 nov. 2018

EL ROCK Y LAS CIUDADES VIII: NUEVA ORLEANS




FATS DOMINO                      "ROCK AND ROLLIN´WITH FATS DOMINO"
Salimos de Houston a las 6 en punto de la mañana. El día anterior revisamos todos los niveles y repostamos al completo el depósito del viejo Ford Edsel Corvair. Me gusta comenzar un largo viaje a primera hora, además, siempre que puedo, procuro hacerlo en ayunas. Manías. Trump debe seguir durmiendo, no ha pasado aun ningún tuit. La temperatura era ya entonces alta y el parte metereológico anunciaba tormenta eléctrica hasta la frontera con Lousiana. Tomamos la US-90 E bordeando Baytown por el norte para continuar por los condados de Harris y Liberty, antes de llegar a Beaumont. Me siento cómodo conduciendo por esos extensos paisajes llanos y húmedos del Este de Texas. La carretera se asemeja a una larga serpiente de acero, el reflejo de la lluvia contra el asfalto vibraba con colores dorados. Ya en Beaumont tomamos la desviación al aeropuerto, dirección Port Arthur, nuestra intención era visitar la exposición permanente de Janis Joplin en el Museum of The Gulf Coast. Según entramos en la zona portuaria de la ciudad un inconfundible olor petroquímico invade la atmósfera. El parking de la calle 4 está completo y el restaurante más cercano se encuentra bastante alejado del Museo. Empiezo a percibir la misma animadversión que la estrella tejana sentía por esta ciudad. Compramos la entrada, 8 dólares por cabeza, y nos entretenemos un buen rato en la sala dedicada a Janis. Tengo tanta hambre que me comería mi propio puño sazonado con alguna salsa criolla, así que a la salida de Port Arthur decidimos entrar en Louisiana por la 87, cruzar los Lower Neches hasta Bridge City por la frontera natural del Río Sabine y buscar en la carretera un sitio para almorzar algo.

Al llegar a Orange paramos en una gasolinera, solo para ir al servicio y hojear la prensa del día. Antes de salir con dirección a Crescent City ya tengo mi plan decidido. Pasamos por la ciudad de Lake Charles y en la intersección con la Interestatal 10, poco antes de cruzar el Calcasieu Bridge, resuelvo abandonar a mi compañero de viaje. Mientras se baja en el primer arcén del lago Westlake para tomar unas fotografías, acelero y salgo disparado sin despedirme. Ha dejado de llover, sale el sol y el viento comienza a soplar con fuerza. Mientras el Ford Edsel Corvair va cogiendo velocidad abro todas las ventanas y el viejo acero cromado del 57 despega hacia un cielo ya completamente despejado. Vuelo por encima de la autopista, cada vez más alto, lo suficiente para contemplar El Árbol de la Vida. El tronco del Mississippi se yergue fornido hacia el norte, hacia Memphis, Sant Louis, Davenport y Minneapolis. A su derecha, el Tennessee y el Ohio, a su izquierda, el Arkansas y el Missouri, llegan hasta los confines de la Costa Atlántica y la frontera canadiense. El mapa fluvial del continente americano se asemeja al atlas mental de sus neuronas, el inmenso país palpita en toda su extensión de grandes y pequeñas venas abiertas. Quiero confiar en que Bola de Sebo, mi desahuciado colega, recuerde el lugar de nuestra próxima cita. El 1208 de Caffin Avenue, el domicilio reconstruido por Fats Domino después del desastre del huracán Katrina.

Avisto un par de cazas de combate F 15C Eagles mientras planeo hacia Lafayette por la I-10. Decido entonces arrimarme a uno de ellos y aprovecho su rebufo para aproximarme hasta el suburbio de Bayou Cane. Aterrizo sin problemas en el parking de un centro comercial, compro unos sandwiches de pepino y una lata helada de High Life en un deli del Dillard´s y me dirijo a continuación hasta la Estatal 90. Mi intención es entrar en Nueva Orleans por el sur. Estoy a un poco más de una hora de la ciudad, conecto la radio del coche y busco la emisora WWOZ en la 90.7 de la FM, suena el "Still Unruly On The Plantation" de Marty Most. Ignoro la razón, pero al llegar a Paradis desciendo por la 306 hasta los pantanos de Bayou Gauche. Me guío por las señales que indican la dirección de varios pozos de gas y cabañas de pescadores abandonados. Los canales están repletos de enormes cipreses, algunos con sus copas calvas de vegetación, otros aparecen clavados en el agua como lanzas ancestrales. Alrededor de sus troncos se sucede un rito de ondas que no acabo de entender. Inexplicablemente empiezo a sentirme aturdido, el aire caliente se llena de la incómoda parálisis de los extraviados. Observo como una pareja de nutrias luchan en la orilla por la mejor porción de una raíz humeante. Aparco el coche temiendo no llegar al concierto de Project Pan en el Howlin´Wolf. Cuando despierto ya estamos en los suburbios de Nueva Orleans, hemos cruzado la coraza de lúpulo del Mississippi, a la altura de Marrero, suena el "The Wee Wee Hours" de Professor Longhair. Me sorprendo al ver a Bola de Sebo conduciendo. Gira hacia mí su pequeña cabeza de garbanzo y sonríe maliciosamente.

Antoine Fats Domino nace en Febrero de 1928 en el Lower Ninth Ward de Nueva Orleans. Es el octavo y último hijo de una familia de origen creole francés. Fats es el único miembro de los Domino que viene al mundo en la misma ciudad, sus antepasados, incluidos todos los hermanos mayores, son oriundos de Vacherie, una amplia zona de plantaciones situada al oeste de la ciudad (entre sus humedales tiene lugar la grabación de los capítulos de la serie "True Detective"). El sustrato del Lower Ninth Ward es básicamente pantanoso. En 1910 se inician las obras del Industrial Canal, un eje central que une el vientre del Mississippi con el gigantesco ojo del Lago Portchartrain, su construcción atrae a muchos trabajadores afroamericanos de las antiguas plantaciones establecidas alrededor del Lago Borgne. El primer domicilio paterno se encontraba en la Jourdan Avenue, la divisoria principal entre el canal y la parte oriental de la urbe. Cruzando por el entonces único puente de Claiborne se llegaba a la ciudad. Bywater, Marigny y French Quarter por la orilla del río. Caminando por Saint Claude, no muy lejos, hacia el norte, era fácil entretenerse entre los pasillos de los cementerios de Saint Vincent De Paul y Saint Roch. Coincidían allí vetustos panteones con extensas hileras de nichos. En muchas de sus construcciones una exuberante vegetación de líquenes otorgaba al lugar una misteriosa imagen de lágrimas escurridas.

Fats se introduce en la música de Nueva Orleans gracias a su cuñado Harrison Verrett, guitarrista en la banda de jazz de Papa Celestine. Él es quien le da las primeras lecciones al piano. Con apenas 20 años ya pertenece a la formación de Billy Diamond, se curte en clubs como el Robin Hood y el Hideaway de Desire Street, mientras trabaja a tiempo parcial transportando barras de hielo y fabricando somieres. En 1949, en el mismo Hideaway, Dave Bartholomew, líder de su propia banda, productor y compositor, junto al dj Duke "Poppa Stoppa" Thiele, asisten a uno de sus conciertos. Les acompaña Lew Chudd, propietario del sello californiano Imperial al que han convencido para trasladarse ex-profeso desde Los Ángeles. El estilo ya entonces característico de Fats, una mezcla de boogie-woogie, blues y jazz, extraía del piano una corriente que fluía entre los efectos graves del thumping y los agudos del ritmo dixie, quedó expresamente patente cuando interpretó el "Swanee River Boogie Woogie" de Albert Ammons. Una de sus influencias, junto a Amos Milburn, Big Joe Turner y Louis Jordan. Lew Chudd le contrata al instante. Acuerdan sus honorarios sobre la base de las ventas producidas y los royalties generados por cada canción (algo nada común por aquella época).

Hemos pasado la noche en el New Orleans Guest Hotel de la Ursulines Avenue. Estamos a tan solo dos manzanas del French Quarter. A nuestra derecha queda el cercano parque Louis Armstrong. El lunes 12 actúan ZZ Top en el Saenger Theatre de Canal Street y hacia allí nos dirigimos para comprar nuestras entradas. Mientras caminamos por North Rampart Street, en el límite norte del más famoso barrio de Nueva Orleans, se apodera de mí una extraña sensación de desubicación. Una estrecha medianera divide una calle donde la profusión de pequeños comercios, con sus respectivos parkings, otorga al transeúnte la impresión de explorar un archipiélago. Al otro lado los edificios cobran otro sentido, estaciones de servicio, iglesias, amplios centros hoteleros, tiendas de ultramarinos. Según se mire hacia las ordenadas farolas de la medianera, uno duda entre encontrarse ante una hilera de mástiles o de pararrayos. La poca altura de los inmuebles confiere mayor protagonismo a un cielo ya cubierto de nubes. El tranvía color mostaza de la Streetcar Line número 49 sube y baja constantemente por la calle. Su sonido se asemeja al gorgojeo de un pelícano. Miro extrañado a mi alrededor. Bola de Sebo y yo somos los dos únicos transeúntes en North Rampart Street a las 10 y media de una mañana que se ha tornado lluviosa.

El sello Imperial encaja perfectamente en un artista como Fats Domino. El inmediato éxito de sus composiciones junto a Dave Bartholomew dispensan a la marca de Lew Chudd, inicialmente especializada en música de grupos mejicanos y artistas folk del área de Los Ángeles, un impulso y fama sin precedentes. Desde su primea grabación en diciembre de 1949, en los J&M Studios de Cosimo Matassa en la misma Rampart Street, el archiconocido "The Fat Man"/"Detroit City Blues", hasta septiembre de 1962, en que cancela su contrato para firmar con ABC-Paramount, el pianista graba más de 60 singles, colocando 40 canciones entre los Top Ten de las listas de R&B, otras 11 en el Top Ten de las Pop Charts. Ventas millonarias de este "The Fat Man", "Goin´Home", "You Said You Love Me", "All By Myself", "Poor Me", "Bo Weevil", "I´m Walking", "Tired Of Crying", "Blueberry Hill" y, sobre todo, el "Ain´t It A Shame", cuya versión de Pat Boone alcanzó el número 1 de las listas, convierten a Fats Domino, junto a Elvis Presley, en el auténtico campeón de la nueva música popular durante toda la década de los años 50. En noviembre de 1956 la revista Ebony, desde 1945 la más importante publicación para el mercado del ocio afroamericano, le considera el auténtico "Rey del Rock´n´Roll". Por entonces gira 340 días al año, cobra 2.500 $ por concierto y su fortuna personal, después de ajustar cuentas con los miembros de su banda, alcanza ya el medio millón de dólares.

Ese mismo año de 1956 Imperial publica su segundo Lp, "Rock And Rollin´ With Fats Domino", una reedición, con distinto título y número de catálogo, de su primera obra, realmente una recopilación de sus grandes singles (editada en Europa como "Carry On Rockin´"), que llega al puesto 17 del Billboard Pop Charts. Además de muchos de los títulos anteriormente mencionados, se encuentran aquí otros temas de éxito como "Going To The River", "Please Don´t Leave Me", "Rose Mary" o "Don´t Blame It On Me". La enorme repercusión del artista atrae masívamente a sus conciertos al primer público blanco sureño. El encuentro de estos con la audiencia joven de color, sumado a los típicos piques al sacar a bailar a sus chicas (incrementado por la ingesta de alcohol, muy pronto prohibido) produce las primeras confrontaciones raciales en Fayetteville, Carolina del Norte. Nada que ver con las sesiones multitudinarias organizadas por Alan Freed en Detroit, Cleveland, Nueva York o Washington D.C. en las que Fats participa junto a otras estrellas. El público asistente se comporta en el norte de forma más civilizada. 1956 es su año mágico. Ayuda a su ya enorme fama la participación en dos de las más logradas películas con banda sonora de rock´n´roll, "Shake, Rattle And Rock!" de Edward L. Cahn y "The Girl Can´t Help It" de Frank Tashlin (en esta última, dicho sea de paso, una inmensa Julie London se merienda viva a la diva Jayne Mansfield).

La sección de viento del "Rock And Rollin´With Fats Domino" está formada por auténticos campeones del r&b. Dave Bartholomew, Lee Allen, Herb Hardesty, Clarence Hall y Alvin "Red" Tyler. La base rítmica la componen Earl Palmer (batería) y Frank Fields (bajo). Ernest McLean se encarga de la guitarra. Alguien dijo que Fats canta como habla, un tipo alegre, siempre con una sonrisa a punto de baño maría. El deje y´all típico dixie le sale de dentro, con toda naturalidad. Sus fraseos contienen, en algunos de los temas del disco, finísimos wah-wahs, medidas modulaciones guturales que se acoplan perfectamente con el famoso backbeat de su piano. Voy rememorando sus nombres mientras nos cruzamos con una ingente cantidad de turistas a lo largo de Bourbon Street. En Iberville Street nos topamos de lleno con una numerosa tropa de strippers, reivindican la dignidad de su trabajo. Preferiría pensar que he pasado buena parte de la tarde con Peter Fonda y Dennis Hopper en el Saint Louis Cemetery o que, ya entrada la noche, John Lurie o Tom Waits me invitan a un szerac en The Spotted Cat de Frenchmen Street, pero no sucede así. Hacemos un alto en el Coop´s Place de Decatour Street para comer algunas de las especialidades típicas de la ciudad. Ordeno un Chicken & Crawfish Gumbo mientras creo con ello homenajear algunas de las portadas de Dr. John y Professor Longhair. Por delante nos quedan otros tres días en Nueva Orleans. 


A Lucía.