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7 mar. 2019

RELATOS VII: FEBRERO JOHN



Ella era la niña prodigio de la portada se presentó con un perfumado silencio de maní pero sus piernas no parecían moverse por el suelo del zaguán se deslizaban más bien entre los viejos tablones de madera, así que ella se acercó hasta los ennegrecidos cristales de la puerta para apoyar (à suivre) sus manos contra la bisagra central, la sucia planta del pie derecho en perfecta miniatura de movimiento. Cuando alguien como yo se encuentra encerrado en un tendedero de apenas 5 metros cuadrados ¿cuántos son 5 metros cuadrados realmente? siendo consciente de su mala suerte de su desgraciado aislamiento el mundo la existencia se limita a un no saber cómo empezar. Gracias a mi educación burguesa me decidí a hacer algo productivo por ejemplo recuento de todos los artilugios depositados en el gran armario blanco de la memoria, pero yo no tenía teléfono no podía usarlo para llamarla tampoco servirme de la opción de apuntar cualquier cifra entre sus notas ¿cómo guardar entonces todos los datos que pudiera recopilar? De acuerdo, alternativa desechada ¿y qué se supone que debe hacer alguien en una situación como esta?, tendré que ingeniar un pasatiempo algo que me mantenga entretenido hasta que regrese a casa la que (presumo que sin ser consciente de ello) me ha dejado encarcelado en este tendedero. ¡En el tendedero! qué endemoniada conspiración de los dioses contrarios aquí me encuentro atrapado en esta trampa inesperada en uno de los ridículos destinos que nadie calcula ocurran y sin embargo todavía tengo luz, son las cinco de la tarde le echo una ojeada al reloj esperanza de momento mi único aliado con el mundo exterior.

No me considero capaz de contarles todo esto menuda historia y si intentara saltar por la ventana qué tendrá sus cinco o seis metros de altura seguro que me puedo partir la crisma, mejor me quedo aquí agua y ajo. Mira hacia el suelo aparte del armario blanco hay un par de repisas con artículos de aseo palancanas y un cenicero medio lleno de colillas. Un cubo y una fregona un aspirador danés escalera tabla de la plancha escoba recogedor carrito para transportar la vajilla hasta el comedor. Si por lo menos tuviera un sacacorchos podría abrir una de las botellas de vino y puedo buscar alguno en el armario pero esa es una opción que prefiero dejar en la retaguardia para más tarde, antes ¿qué hacer? Rechazo la idea de apostarme en la ventana y gritar o por lo menos llamar la atención de alguien que pase por el jardín, por favor escuche me he quedado encerrado en el tendedero podría avisar a Ettore que se acerque a la ventana y le explico por favor sería tan amable, no dejaría de ser todo un espectáculo los vecinos alucinando y menuda fama de lunático además el interruptor está fuera de mi alcance y la luz se va ocultando, decido entonces lucubrar.

Hacía demasiado calor en Febrero John, todos padecíamos de sequía y allí fue de improviso donde la conocí, una chica tan esbelta no sé por qué razón supuse que debía ser una aristócrata rusa. Otros lectores aseguran que el encuentro tuvo lugar en la Iglesia de Lânna en Suecia o en un puesto de comida en la placita de Santurce en San Juan de Puerto Rico (en el primer manuscrito no se concretaba ningún código postal), pero he de manifestar con la firmeza necesaria del que ya nada tiene que perder que todo lo que les relato sucedió en Febrero John, no quiero ni debo dejar de mencionar este hecho. Insisto en que ella era de largo ébano una mujer aprendiz de maga además (pensé que ese dato le daría más interés a la narración). La verdad es que pocas veces hablaba, le gustaba permanecer aupada en una especie de extraña nebulosa practicando el trino de los cuervos. Aun diré más (pero eso sucedió mucho más tarde), también sometía a sus clientes al vudú más extremo, les subía en bicicletas desnudas de payasos obligándoles a hacer peligrosas piruetas. Sus besos allí en salones de tela rasa florentina, espléndidas estancias llenas de espejos que reflejaban imágenes difusas, sí que tenían el sabor del aire helado de la tundra. Ella fue en días más antiguos la niña prodigio de la portada aunque conste que esta magnífica circunstancia nunca se aprovechó lo suficiente para atraer más turistas a Febrero John.

Apoya o más bien deja caer la cabeza contra sus manos abiertas, se restriega con ellas la cara y comba el cabello con sus dedos, parecen los suyos los gestos propios del condenado. Creo que debería presentarme puede que de esta manera alguien encuentre algún hilo argumental digno de una futura novela policíaca. Los que me conocen me llaman Gustavo Percolatti di Amatista barón de Rotorik por parte paterna, ¿qué importancia tiene el nombre de una persona cuando está desesperada? no vale de nada, tan solo algún eco lejano me viene a la memoria cuando mi madre me llamaba vito chiquito ven aquí y con sus largas uñas de acero me pellizcaba sin compasión en mis rosadas nalgas pequeñas el primer dolor inolvidable que me sabía a no comprender a sentir el pavor de un cuerpo el mío inocente fracturado roto. Esos ayes tan lejanos es la voz que recuerda haber escuchado la niña cuando se asomó por la ventana, también recuerda el silencio que a continuación siguió mudo como un alud sin sonido. Observa como Gustavo ladea la cabeza de un lado a otro mirando hacia un techo que no encuentra cielo (la niña moderó con su mano una tos inoportuna), ambos se apartaron temporalmente de la ventana para aspirar un aire no viciado tan limpio (soportable para sus pulmones de mayólica), también para descansar antes del segundo acto.

Ni en la F ni en la J de Febrero John cabe librarse de los perniciosos efectos ultravioleta de los rayos del sol, es una tortura siempre el mismo color ácido en el fondo de los peroles, el sonido de los neumáticos de los coches crujiendo en el asfalto no es tampoco el de la ansiada lluvia (no busquen ninguna señal del cars hissing by my window de Doors), todo es seco hasta la mirada pajiza de los paseantes de los pocos pasajeros que se atreven a subir a un tranvía plagado de saltamontes, hasta el ruido del gozne de la puerta de mi casa cuando la abro suena arrugado. Los parkings tienen un brillo lejano de circo con luces de neón y los anuncios muestran una primera línea de rosas y cintas azules que alguien entrega a la intermitente belleza de la primera dama norcoreana  Ri Sol-ju.

Oye niñita, ¿estás todavía ahí, dinos qué ves? Veo a un hombre sujetando muchos papeles en sus manos los va lanzando al aire al azar, van cayendo al suelo con la lentitud del vuelo de la libélula, cada papel posado refleja un potente haz de luz hacia el techo blanco como el foco grande de una linterna, pero todo alrededor permanece oscuro muy oscuro. ¿Escuchas algo, oyes alguna voz? Repentino cambio de plano, la cámara se desplaza con inusitada rapidez hacia las alturas, se observa una gran hacienda sureña de tejas de color de herrumbre y algas de verdor quemado entre sus pliegues, palmeras ancladas en la tierra desde hace mucho tiempo testigos de la desolación de un jardín lleno de zarzales y fuentes de piedras rotas. Ahora mismo es cuando más me haría falta la aparición del doble (deduce el que no vive en la novela y  pasa por esta incómoda situación), un nuevo personaje que sea capaz de narrar con humor mi angustia, deseo que a nadie le ocurra algo parecido, no escucho ni radio ni música si algún vecino cercano tuviera por suerte abierta las ventanas…


En la siguiente escena contemplaremos a Gustavo Percolatti sobrevolando Febrero John en un globo aerostático modelo Blanchard francés de 1784. La ciudad aun no ha logrado librarse de su sed eterna por el contrario sigue reflejando cicatrices perfiladas en los edificios más altos también observa acueductos derruidos por piedras lunares, han aparecido además enormes lagartos pardos desplazándose con total libertad por las calles (ni las moscas se atreven a volar). Desde las montañas cercanas comienza a caer una colosal lágrima de lava seguida de múltiples afluentes que van dejando un reguero de azules brillantes y líneas de cobre, en su vértice confluye una espina dorsal que emite señales inequívocas de un volcán en próxima erupción. Aquí se perdió el hilo de su relato, debió acusar un primer inicio de cansancio de rendición quizá, parece que también se apercibió de que era ya demasiado tarde, la luz había desaparecido completamente y se encontraba rodeado de una absoluta oscuridad (salvo un brillo tenue que llegaba desde el fondo del jardín). Por no hacer nada extravagante (antes de intentar dormirse) decidió apretar el botón de inicio en la lavadora, surgió un sonido simpático semejante a un txistu sanferminero le gustó escucharlo de nuevo, se miró a continuación los lunares de las manos sin esperanza. La supuesta baronesa rusa se acercó de nuevo a la ventana y prestando gran atención a los movimientos de los labios de Gustavo entornó sus ojos, el caso es que después de pensarlo un rato dedujo que su vito chiquito estaba tatareando alguna canción de Violent Femmes.




28 feb. 2019

MELODY MAKER



HÜSKER DÜ                            "CANDY APPLE GREY"
Nunca deberían considerarse como apropiadas para la lírica aquellas horas en las que la antesala nocturna las colma con cualquier estimulante, en teoría no deberían serlo, además nadie en su sano juicio recomendaría un allegro molto vivace de tal naturaleza (ni siquiera me había molestado en indagar sobre los posibles efectos del venidero colapso mental), pero en aquel momento supe que el riesgo de la locura era inevitable, iba a producirse algo semejante a un izado brusco del telón cerebral, ¿cuando?, aun no lo sabía, en dos o tres horas a lo sumo. La tarde giraba entonces alrededor de una luna color mostaza, así me lo hizo saber un Mozart acelerado en sus "Hostias et Preces" del "Requiem", ocurrió en esa misma mañana, mientras contaba sus últimas monedas de plata en el gabinete de la emperatriz María Teresa. Así es que, por un instante, decidí abandonar a su suerte a la dama de Shalott, recuerdo que se palpaba los cabellos de oro mientras comparaba su extensión con los hilos de la rueca antigua, y allí estaba ella, enclaustrada en la torre que algunos insistían estar orientada hacia el castillo de Camelot. La escena tuvo lugar justo antes de partir de su isla en busca de una libertad tanto tiempo ajena (alimentada, he de decir, por poemas y sombras de Tennyson). Se produjo entonces su mirada deslumbrante y fue cuando decidí probar los hongos eléctricos de Hüsker Dü

Meterse de lleno en Hüsker Dü requiere de un entrenamiento previo, incluso cuando se ha pasado tiempo sin probar, conviene dosificarlo adecuadamente. Puede que sea este el consejo más oportuno, recomendable sobre todo para personas como las que les habla, de cierta edad ya, para las que le resulta, triste evidencia, comprobar cómo su organismo no funciona de la misma manera que lo hacía en aquella primera mitad de la década de los ochenta, cuando descubrió a la banda de Saint Paul, Minnesota. Recuerdo entonces que mi stock de células cerebrales superaba ampliamente los doscientos mil millones, corrían desbocadas por los neurotransmisores, no sabía qué hacer con tantas, era un agobio intentar satisfacerlas a todas. Ahora es distinto, por el camino se han ido perdiendo unas cuantas, las más aguerridas, las más bizarras. Pero en fin, todo este preámbulo no debería servir más que para decirles que hice caso omiso de las recomendaciones más prudentes y me lancé de lleno a un consumo desmedido e irresponsable. Una primera dosis con el "Land Speed Record" (SST, 1981) a toda tralla, hardcore genuino cosechado en la época más oscura de Ronald Reagan, seguido de un doble pildorazo de "Zen Arcade" (SST, 1984) y, para mitigar el posterior efecto depresor, unos rebujitos de "New Day Rising" y "Flip Your Wig" (SST, 1985).

Me encontraba además seriamente afectado por la visión de "30 días de oscuridad", una película de David Slade en la que el actor Danny Huston interpreta a un genial jefe de vampiros. Su palidez, su largo y raído abrigo negro, los dientes de sierra enmarcados en una boca plenitud de sangre, los horribles ojos negros sin apenas iris, hablando en un idioma que parecía escandinavo, o más bien gótico, muy antiguo, me cautivaron. Hüsker Dü?. ¿Recuerdas, aquellas secuencias en las que gira lentamente la cabeza calva y observa el cielo de una interminable noche blanca, como si quisiera olfatear la posible presencia de sus víctimas, escondidas en la torre de un edificio de madera, enclaustradas igual que la dama de Shalott?. Intenté encontrar algunas conexiones entre el pictograma de Hüsker Dü, un círculo cruzado por gruesos trazos horizontales y un eje central común, y las más conocidas pìnturas de Britten y Waterhouse sobre la dama y las tenebrosas imágenes del vampiro. Tres líneas en el círculo, otras tres en las impostas de un puente oscuro, tres velas alumbran un crucifijo en la barca que lleva a Shalott al encuentro con Lancelot, sus ojos perdidos en otra pintura, el pie de un samovar repujado mostrando las patas de un felino coronadas por una efigie muy semejante a la figura del vampiro jefe. ¿Puede participar una de las bandas más carismáticas del hardcore americano de algún remoto antecedente con las leyendas artúricas, también con las figuras mitológicas que mejor han representado la muerte y la oscuridad?

En esta situación me hallaba cuando empecé a tomar notas sobre la formación de Saint Paul, lástima no encontrar entre sus calles las hermosas ruinas reflejo de la decadencia industrial y urbana de ciudades como Detroit, no tan lejanas, pero escuchen, largémosnos ahora hacia los algoritmos de Edward Hopper, concretamente hacia los alrededores del club First Avenue del 701 First Avenue North esquina con la 7th Street. El 27 de Noviembre de 1987 se celebraba el Día de Acción de Gracias y a las 2 de la tarde lo único que permanecía abierto a la redonda era un restaurante de comida griega. Bob Mould está situado al volante de un diminuto Chevrolet Chevette del 80 aparcado enfrente del club. A su lado se encuentran Steve McClellan y Jack Meyers, dueño y gestor de los conciertos del local. Bob comparte con ellos una tosta ya fría de moussaka mientras les habla de la insostenible situación de la banda en ese momento, él ha conseguido dejar su adicción al alcohol pero Grant Hart está cada vez más enganchado al caballo, su dependencia está creando serias disputas entre ambos, a Greg Norton parece que se la suda y ya tiene tomada la decisión de echar a Grant del grupo cuando terminen la gira de ese año, al término del concierto en el Blue Note de Columbia, Missouri. Un silencio incómodo se adueña entonces entre los tres protagonistas. Bob mira por la ventana y observa a un mendigo apoyado en las antiguas cocheras de Greyhound.

Debería hablar ahora del estilo y de la corriente hardcore punk que recorre los EEUU desde los finales años 70 hasta nuestros días (con denominaciones más actualizadas), pero temo aburrirles con una extensa exposición de este apasionante fenómeno, prefiero limitar su contenido a unas pocas bandas embrionarias y a las principales ciudades que las dan cobijo. El eje Washington DC y Nueva York, por un lado, con bandas como Bad Brains y Minor Threat, Los Ángeles y San Francisco, por otro, con Black Flag y Dead Kennedys. Francotiradores desperdigados, favoritos todos ellos, como Dwarves en Chicago, Poison Idea en Portland o Tad en Seattle, se unen ahora y dan la bienvenida a la formación estrella protagonista, Hüsker Dü. Las conocidas como Ciudades Gemelas, Minneapolis-Saint Paul,  son su cuna y sede, allí curiosamente se concentra una gran parte del negocio de distribución, incluida la de la industria discográfica. Pero si hay una banda que resume las referencias más estrechas con Hüsker Dü esos son los Ramones. El estilo musical de los de Queens harán profunda mella en Mould, Hart y Norton. Riffs de guitarras cortantes, bajos redoblando las escalas de las guitarras y baterías aceleradas, voces ensambladas con un ritmo frenético y canciones cortas, sin alcanzar casi nunca los tres minutos de duración.

La evolución del estilo de Hüsker Dü es un claro trasunto de desarrollo melódico. Desde sus orígenes claramente punk-harcore en las primeras obras "Land Speed Record"  y "Everything Falls Apart" (Reflex Rcds, 1983), en su siguiente EP, "Metal Circus" (SST Rcds, 1983), ya incorporan la idea del tratamiento de la melodía como un valor que les sirva para poder diferenciarse con lo producido en sus primeros años (el sonido extremo disimulaba entonces sus carencias instrumentales), una necesidad, en definitiva, de la que siempre fueron conscientes, la de apartarse paulatinamente de los parámetros de un estilo que les podría venir demasiado estrecho. La voz más agradable de Hart se acopla perfectamente a la melodía en un tema como "It´s No Funny Anymore", y este hecho propicia y facilita su amplia exposición entre las innumerables radios de los campus universitarios americanos, a la larga base principal de los seguidores de la banda. En los trabajos posteriores con el sello SST Records de su amigo Greg Ginn  (Black Flag), "Zen Arcade" (aquí se encuentran interesantísimos y largos desarrollos instrumentales como "Reoccurring Dreams" que, lamentablemente, no explorarán más adelante), "New Day Rising" y "Flip Your Wig", siguen esa trayectoria, incorporar elementos melódicos sin dejar de lado la contundencia propia del estilo hardcore, música furiosa adornada con vuelos de mariposa. El dúo Mould & Hart han dado con la tecla perfecta para hacer de los Huskers una banda de referencia al poco tiempo de su creación.

"Candy Apple Grey" comienza con "Crystal", un relámpago metálico anuncia un torrente de emociones, el redoble de la batería de Hart da entrada a un Mould relatando experiencias que abogan por rebajar la presión de un personaje desconocido, pero la intensidad instrumental y la propia voz de Mould, cáustica en su fuerza, impiden cualquier atisbo de tregua. En "Don´t Want To Know If You Are Lonely" la estructura compositiva permanece, aristas instrumentales acompañadas de textos  donde se muestra despego hacia lo observado, el relator parece curado contra cualquier atisbo de compasión humana. "I Don´t Know For Sure" expresa el conformismo con la falta de criterio del relator, "I never get confused ´cause I dont really know / So I´m happy and so what", al final las mismas palabras parecen no tener sentido, "And words are never proper words". En "Sorry Somehow", el tempo de la canción se ralentiza un tanto, como en el resto de las composiciones de Hart (y esta es una de ellas) su voz, más suave, facilita que el tema adquiera un cariz más melodioso, sin que por ello se resienta la aspereza de la guitarra de Mould. "Too Far Down" cierra la cara A y tiene tintes de balada desolada. El comienzo, un arpegio de cuerdas, da entrada a una guitarra acústica que domina toda la canción. La voz de Mould , acompasada al ritmo sosegado del tema, relata un agudo caso de depresión, dejando abierta la posibilidad del suicidio como última salida.

"Hardly Getting Over It" da comienzo a la cara B. Otra balada acústica de Mould, la melodía seguramente desquiciaría a los primeros seguidores más radicales de la banda, y no es para menos. Hay una sorprendente delicadeza en la instrumentación, las cuerdas rasgan suavemente la madera, la base rítmica se mece en un precioso arrullo, en el puente, los teclados otorgan al tema una cadencia especialmente lograda, bellísima, la lírica, sigue a piñon fijo con la idea de la desolación. En "Dead Set Of Destruction" Hart toma de nuevo la batuta para relatar los efectos emocionales de un huracán, el protagonista no cree poder soportar el aislamiento que tal situación le produce, la guitarra de Mould traza líneas limpias, el bajo de Norton apuntala certeramente la melodía. "Eiffel Tower High" pretende retomar el vuelo hardcore, pero pareciera como si la atmósfera del disco ya se hubiera decantado por el embrujo de la melodía, las voces a capella de Mould y Hart contribuyen a reforzar ese sonido general de apaciguamiento que parece flotar al irse acercando el final del disco. "No Promise Have I Made" afianza esa última conclusión. El piano y la voz de Hart marcan una pauta de quejido aparentemente sosegado, a la espera de que, durante un puente de cuerdas arrastradas, estalle la melodía. No hay tal. "All This I´ve Done For You" cierra el disco y vuelve el hardcore con toda su pretendida fuerza pero la atmósfera ya está dominada por la melodía, la voz de Mould declama: "I guess it matters just to you/ All this I´ve done for you", en el mismo título de la canción puede que se encuentre la clave.


"Candy Apple Grey", grabado en los Nicollet Studios de Minneapolis (sede también de las oficinas de la banda en aquellos años 80), fue publicado en Marzo de 1986 y editado por Warner Bros, un aparente salto cualitativo firmar con una major que, no cabe duda, mejoró la pobre distribución que de la obra anterior de la banda estaba haciendo el sello SST, incrementando además su popularidad a nivel internacional. La recepción de la crítica y del público fue buena y aunque fue profusamente radiado por las emisoras de radio, no consiguió llegar más lejos del puesto 140 de la Billboard Top 200. Hüsker Dü es una de las bandas prototipo de la evolución del hardcore con base punk hacia el rock alternativo y el posterior estilo indie, su influencia por ello está ampliamente reconocida. Escuchando estos últimos días la discografía del grupo, y especialmente este "Candy Apple Grey", me ha retrotraído a la escuela Ramones, influencia declarada en numerosas ocasiones por los miembros de la formación, y, sobre todo, al muro de sonido spectoriano. En muchas de sus canciones esa sensación es patente, el ambiente creado por las capas de guitarra superpuestas de Mould, el gran artífice instrumental de Hüsker Dü (acompañado por una base rítmica nada desechable, digámoslo en honor de Hart y Norton), logra que sus ecos reverberen pujantes en las neuronas del oyente, recupere sensaciones olvidadas sin necesidad de acudir a aquellos estimulantes de los que hablábamos al principio. Las horas de la antesala nocturna se convierten entonces en un inesperado festival, les invito a que entren y comprueben por ustedes mismos los resultados.







15 feb. 2019

ANTÍGONA REVISITADA




RENAISSANCE                         "ASHES ARE BURNING"
¿Por qué las palomas huyen cuando nos acercamos a ellas, por qué diablos remontan el vuelo y dejan de picotear en el césped?. Por favor, fíjense en la foto de la portada de "Ashes Are Burning", contémplenla unos instantes y díganme: si realmente hubiera decencia, ¿resolveríamos la gran escasez de alimentos en Venezuela publicando en la prensa española los muchos casos de abusos contra menores?. Este enigma le trae al pairo a la media sonrisa de Annie Haslam, mitad fría, mitad sensual, maldito calor de Febrero. El corte de sus labios anuncia un pequeño temor, de momento ignorado, quizá se trate del posible hartazgo de luz que le viene encima, puta primavera anticipada, quiero lluvia ya. Apuesto que sus besos (nunca y siempre fueron míos), se encontraron entre bancos abandonados, líquenes en los kits de Coca-Cola, caminos del extraradio por los que ni de coña me atrevería a pasar. Aunque le cueste reconocerlo, el autor se encuentra ahora babeando como un babuino, nunca pensé sentirme como la cenicienta del "Just Like A Woman", así que me temo que ahora tendré que enfrentarme contra las urracas lapislázulis del Imperio ("en aquel campo de batalla donde la uña negra tiene su castillo", exigencias del guionista). ¡Buff!

Apenas existían datos sobre esta entrada en el cuaderno de notas del autor, de hecho él mismo confesó, en un arrebato tonto (con el que pretendió dignificarse), no haber encontrado ningún antecedente para publicarla. Eso sí, reconoció que aparecieron unos breves apuntes que hacían referencia a la idea de desarrollar un diálogo entre un protagonista (aun no conocido) y el mismo autor. Pretendió servirse, como ejemplo de estilo, de unas anotaciones subrayadas en el libro que en ese momento estaba leyendo pero, por más que buscaba la identidad de un personaje al que dar vida, no lo encontraba. Nadie quería hacerse cargo de un papel cuya representación no estaba siquiera imaginada, figúrense el compromiso, dedujo, hablar por hablar sin ningún hilo argumental, ¿quizá haciendo acopio de pensamientos e ideas inicialmente deslavazadas, transversales? El escritor parece ser buen conocedor de sus limitaciones y suele vencer el bloqueo utilizando una serie de trucos (en los que habitualmente falla), por ejemplo, olvidarse de él mismo y dejar que sea el propio texto el que vaya caprichosamente tomando la iniciativa; otrosí, pensar que por prepararse un combinado de alta graduación alcohólica acelerará la llegada de las musas.

Ignoro la razón pero me encuentro obligado a confesarles que sufro excesivo calor por la noche en la cama, padezco además de un insomnio intermitente, que va y viene a su antojo, cabronazo, que no duermo demasiado bien vaya. Eso sí, he de reconocer que en algunos momentos tuve sueños interesantes, ¿lo suficientemente atractivos como para escribir algo sobre ellos?, presumo que no pero por fortuna ya los he olvidado mejor así menudo apuro el intentar contarlos. Ahora que caigo..., lo del exceso de calor nocturno..., ¿podría tener alguna conexión con el título del disco del que hoy hablamos, "Ashes Are Burning"?, y ya puestos, ahora recuerdo que no hace mucho publiqué una entrada hablando del "Burn" de Deep Purple. ¿Debo deducir por ello que mi relación con la música esté degenerando hacia lo paranormal, que me queme tanto para lo bueno como para lo malo, que la cera y las cenizas sean en este caso mi habitat natural? Aunque a estas alturas no me sienta inclinado a buscar otro pesebre más confortable, la puñetera pereza, he de admitir que sería conveniente encontrar una situación intermedia, aquella que me permita evitar de momento la visita al psiquiatra.

Un avión surca el altísimo por un cielo intensamente azul y frío y, antes que desaparezca, el autor pretende recoger el testigo de su mensaje, que no lo dejes escapar, agárralo bien fuerte, se trata de un inesperado rastro del que quizá te puedas valer para así presentarnos a la Primera Dama, Annie Haslam, voz (¿solo eso?) de Renaissance, banda inglesa de folk-rock progresivo que destacó durante una buena parte de la década de los 70. Lo que resulta increíble es que ese rastro tuviera al mismo tiempo otra voz, otro protagonista no femenino, en ese mismo transcurso de la estela, una voz que sonaba también a no masculina, pero no, era la del contratenor alemán Andreas Scholl interpretando los "Cantates pour alto" de Bach. Vale, sigamos lanzados por esa pista, aunque inicialmente no se afiance su apuesta, porque (estas ya son noticias provenientes de su gabinete de prensa) una de las razones fundamentales para la creación de Renaissance fue la aproximación de la música clásica al lenguaje del rock. Habla Jim McCarty: "Hacia el final de los Yardbirds quisimos hacer algo un poco más poético, algo no tan heavy, más folky, ya tuvimos suficiente de heavy-rock. Cuando a finales de 1968 Keith y yo dejamos a los Yardbirds ya habíamos escrito algunos temas. Nos movía nuestro interés por la música experimental de John Cage, también la clásica y la contemporánea". McCarty y Relf, batería, voz y armónica de los Yardbirds, planeaban por entonces un cambio sustancial en su carrera artística, el momento era propicio, cualquier envite parecía contar con una audiencia juvenil ingenuamente dispuesta a aceptar nuevas emociones, otra cosa sería lo que la prensa pudiera opinar sobre el resultado de tal iniciativa, pero de eso hablaremos más tarde.

Supongo que la sociedad de aquel lejano 1974, año de la publicación de este "Ashes Are Burning" de Renaissance, no era peor que esta en la que hoy vivimos. El asesinato de Víctor Jara, cantor del pueblo en Chile, el golpe de estado en Portugal a los sones del "Grândola, Vila Morena" de José Afonso y el retorno de Mikis Theodarakis a la Grecia ya libre de los coroneles (junto al antecedente inmediatamente anterior de Lluis Llach en el Olympia de París), no fueron más que anécdotas, muy importantes por su calado emotivo y sentimental, gotas de lluvia en un inmenso océano musical donde la industria anglosajona, y muy en particular la estadounidense, seguían marcando la pauta a seguir. El primer acercamiento a un grupo como Reinassance, repaso ahora la base de datos de las compras de aquel 1974, coincidió con el descubrimiento de otros artistas, John Martyn o Mike Oldfield, alejados ambos de la horma común de los grupos de rock de la época. Porque conocer a Renaissance, nada sabía de la banda, adentrarme inicialmente en su música, fue una apuesta entonces arriesgada, también una agradable sorpresa al encontrarme con la maravillosa voz de Annie Haslam, desde entonces abanderada perfecta de aquellas utopías que convertían este tipo de música en especial en una pequeña toma de la Bastilla. Esa grandeza inigualable en su rango vocal de cinco-octavas (¡no, por Dios, me acabo de enterar que Mariah Carey también la tiene...!), acompañada por una instrumentación adecuada y arreglos orquestales ad hoc, llegaba para quedarse en buena hora, parecía una de las señales tanto tiempo esperadas.

La secuencia instrumental que da pie a la entrada del primer tema del disco, "Can You Understand", se convierte en una inesperada catarata, desde el primer gong introductorio, el piano marca una pauta en continuo crescendo, la batería literalmente galopa, el bajo sacude el espacio sin compasión, al llegar a los primeros versos, bellísimos, la sensación del oyente es de incredulidad, qué disparate, cómo puede ser esto tan bueno. La voz de Annie prolonga el arrullo, su prodigiosa extensión melódica medita entre fibras aéreas, los coros, cortos y sutilmente intensos, los puentes orquestales, precisos en su suave contundencia, transportan al oyente a estados de feliz espasmo. En "Let It Grow" ya he pedido la mano de Annie Haslam, su fraseo, la delicadeza de su voz de alas, "Stay with me, here with me, keep our loving flowing free", no admite paso atrás, ahí está la verdadera patria, entre mujeres como ella. El piano de Tout alcanza tal profundidad que más parece llorar de alegría, los coros, otra vez perfectos acompañantes, culminan un tema de altísimo lirismo. "On The Frontier" cierra una cara A, tan solo tres temas, ¿para qué más?, prodigiosa. Es esta una pieza más coral, la banda asume un papel si cabe más didáctico, "It´s peaceful revolution time to join the day now", todos a una en propagar la buena nueva, traspasemos la frontera, dejemos atrás la oscuridad.

Más tarde, ahondando en la historia de Renaissance, descubrí a su otra protagonista femenina, la poeta y letrista londinense Betty Thatcher-Newsinger. Ligada al grupo desde su primera época, cuando Jane Relf, hermana de Keith, ejercía las labores de primera vocalista, su aportación resultó fundamental para remarcar otra de las más importantes peculiaridades de Renaissance, sus textos, reclusivos (la autora tuvo problemas por su extrema timidez durante la adolescencia), de oblicua belleza. John Tout y Jon Camp fueron entonces los principales instrumentistas de la banda, el primero como teclista, el segundo al bajo. Tout posaba sus manos de mariposas de hierro en los teclados, su sonido tenía la limpieza del tai-chi de Mozart, nada que ver con el ambiente honky-tonk. Camp me recuerda, paso de las debidas distancias, al Jaco Pastorius que Joni Mitchell buscó en su "Hejira", (el autor, al ser testigo de un reciente concierto de Wilko Johnson, hace muy bien en mencionar ahora a otro bajista excepcional, Norman Watt Roy, antiguo Blockheads de Dury y  miembro de la banda actual del ex-guitarrista de Dr. Feelgood), sus acordes abiertos otorgan al disco un espacio más amplio, mayor holgura, carruaje. Terence Sullivan ejerce a la batería su labor de buen funcionario, titular de un estilo que primaba el aspecto melódico de su instrumento sobre el propiamente rítmico. Michael Dunford, guitarra acústica en la grabación, aunque no aparece en los créditos como miembro oficial de la banda es considerado, de hecho, como tal por los seguidores y estudiosos de su historia (fue él quien dio un empuje definitivo a la formación una vez que Keith Relf y Jim McCarty se desligaron temporalmente de Renaissance), es nuestro último personaje digno de reseña.

En la cara B sigue el tono coral que abre "Carpet Of The Sun", los arreglos de cuerda de Richard Hewson le otorgan, además, ese gusto de música clásica del que hablábamos. También hay aquí algo que abunda en muchas de las canciones, el mensaje de solidaridad, de comunión entre hermanos, de búsqueda de una nueva Arcadia, "Part of the world that you live in / You are the part that you´re giving". En el piano inicial de Tout  en "At The Harbour" escucho ecos de los monólogos de Kurt Weill, puede que también aparezcan distintas variables de las "Gimnopedias" de Erik Satie. Es este un tema de lirismo antiguo, la voz de Annie recoge las de aquellas mujeres que esperan el regreso de sus seres queridos, "Women weeping holding hands / Of those they still have left", el corifeo final es augurio de un final trágico, "For men the sea have drowned". Toda la composición está debidamente recreada para imitar la atmósfera de una tragedia griega. Cierra el disco "Ashes Are Burning". Es este, junto a "Can You Understand", el segundo tema más extenso, situado como aquel en su extremo expuesto, los polos se atraen inexorablemente, su orquestación goza del tiempo suficiente para estirarse, lo convierte en mitad instrumental y mitad cantado. El piano de Tout, junto al admirable bajo de Camp (el único instrumento amplificado durante la toda grabación), sustrato rítmico, marca la pauta al resto de los componentes, la guitarra de Andy Powell de Wishbone Ash, muy al final, le otorga un plus apenas eléctrico, su riff es hermosísimo, casi de línea telegráfica apunto de interrumpirse, la voz de Annie mantiene su dulce vigor de himeneo. "Ashes Are Burning", en su conjunto, no puede dar más de sí, más allá se convertiría en un vuelo imposible, podría caer como Ícaro, estrepitosamente.


El reconocimiento posterior del "Ashes Are Burning" fue muy pobre por parte de la prensa inglesa, nada extraño porque, desde sus dos primeros trabajos, "Renaissance" (1969) e "Illusion" (1970), a la banda le acompañó en paralelo un patente desconcierto generalizado. Sus antecedentes Yardbirds, usados por los medios para darlos a conocer a su público potencial, no encajaba con el tipo de música que entonces practicaban. En consecuencia, en estas sus dos primeras referencias su estilo, mezcla de folk, rock, clásica y experimental, no tuvo el apoyo necesario de la crítica. Lo mismo ocurrió con su siguiente álbum, "Prologue" (1972), una obra que, además de ser el estreno en la banda de Anni Haslam (y figurar también como última participación de Jim McCarty), anticipa el estilo musical por el que Renaissance será posteriormente reconocido. La nueva orientación que Miles Copeland III, mánager de la banda desde 1971, quería impulsar, esto es, potenciar la imagen de Haslam, sirviéndose de su prodigiosa voz y, por otro lado, consolidar el tándem compositivo entre Betty Thatcher y Michael Dunford, no daría sus primeros frutos de gran calidad hasta este "Ashes Are Burning", pero tendrán que esperar a la aparición de su siguiente "Turn Of The Cards" (1974), para que el favor de la prensa y el público inglés comiencen a tener un efecto positivo. En los EEUU vino a ocurrir algo parecido, aunque el reconocimiento de la banda fuese algo anterior y, desde luego, mucho más profundo. Sus primeros conciertos allí, en 1970 y 71, en los que compartieron no pocos carteles con The Kinks, no ayudaron a situarles inicialmente en un nicho de mercado adecuado. Deberán entonces esperar a la publicación del mencionado "Prologue" para que su base de fans se asiente y crezca, curiosamente con mucha mayor profusión en la amplia zona costera que va desde San Francisco hasta Seattle, precisamente allí donde bandas como EL&P y Yes habían conseguido una gran cantidad de seguidores en años anteriores.






31 ene. 2019

EL ROCK Y LAS CIUDADES IX: IBIZA



PINK FLOYD                          "MORE"
Para la mayoría de los observadores resulta descorazonador el contemplar a gran parte de la clase turista como una suerte de nuevos bárbaros, una horda multiforme, maleable, advenediza y usurpadora del espacio público. Muchos coinciden también al opinar que, las más de las veces, su comportamiento responde a los cánones típicos de la tribu rebajada a rebaño. Amoldándose a la falta de conocimiento, se dejan conducir por un guía turístico al que permiten les imparta, previo pago de un canon concertado anticipadamente, momentáneas lecciones de cultura local. Los hay empero más sabihondos, aquellos que, creyéndose con mayor erudición que el resto de los alineados en la cola, se atreven a formular preguntas nada habituales. Cuando le llegó el turno a Wolfang Von Auchenstolffen, sacó un papelito del bolsillo de la chaqueta azul de lino, se ajustó las gafas, releyó el texto para asegurarse del contenido y habló en un inglés de empresario de Lübeck: "por favor, ¿dónde estar cueva donde Pink Floyd grabar More?". María Eulalia Marí, empleada de la Oficina de Turismo del Paseo de Vara del Rey de Ibiza, miró fijamente a Wolfang con sus enormes ojos negros (mientras, su mujer Renate, clavaba ligeramente el codo izquierdo en el costado de su marido). "¿Disculpe...?", ..."si,... amigo en Alemania decir, aquí Ibiza, cueva Pink Floyd, grupo Pink Floyd, More...", "la mare que li ha parit, pel que fa temps em queda per aguantar a aquests tontos del cul", pensó la Mari. Aunque admito no ser testigo directo de esta anécdota, algunos cronicones hablan de la verosimilitud de la misma.

No conozco Ibiza, nunca estuve allí o, para ser más honesto con mi espejo, debería limitarme a decir que descubrí la ciudad y su paisaje insular de otra manera, escuchando por ejemplo el "Soundtrack From The Film More Played And Composed By The Pink Floyd" (EMI Harvest Rcds, 1974), el que fue cuarto disco en estudio de la banda londinense, publicado en España cinco años después de su grabación y edición original. En 1977 se estrenó aquí la película homónima del director francés Barbet Schroeder. La vi entonces en el ya desaparecido Cine Estudio California de Madrid, una sala que por entonces solía proyectar la mayoría de las películas de temática musical de la época. Pienso ahora que quizás fue mejor haberla conocido así, en el tránsito oblicuo de una realidad espacio-temporal a la que no era tan común acceder en aquellos años, la ausencia de un escenario, también, compensado por espléndidas imágenes de vuelo musical, el reflejo de la mejor geografía underground de la época. ¿Para qué pedir más?

Ese 1969, el año en el que se publicó "More", significó, ahora lo veo con la perspectiva del tiempo pasado, el anclaje definitivo de mi amor por la música, algo así como el primer fruto después de un breve e intenso tiempo de siembra. Un poco antes, en aquel ya lejano Mayo del 68, me cubría parcialmente la cabeza con una papelera metálica y así leía, escuchando mis palabras a través de un eco que parecía muy a tono con la gravedad de los acontecimientos, las crónicas periodísticas sobre los sucesos en las calles de París. Por las noches, ya de madrugada, recorría gateando el pasillo hasta cobijarme bajo la mesa del comedor y allí, a la luz de una luna inmensa y brillante, devoraba a escondidas las novelas de José Luis Martín Vigil. Bailaba interminablemente, ahora toca guasearse de los movimientos corporales de la época, con el "Massachussetts" de Bee Gees y el "No Milk Today" de Herman Hermits. Salir de la tienda de discos con el "We Gotta Go Home" de The Music Explosion y, al enseñarlo a los amigos, comprobar cómo yo les causaba una sensación de aficionado entendido (el término enrollado todavía no se empleaba), he de confesar que me agradaba, elevaba mi ego adolescente hasta niveles donde la ausencia de práctica del deporte no me permitía destacar.

Mientras tanto, Wolfang y Renate han salido (con indisimulada marcialidad prusiana) marcando el paso de la oca del hotel donde se alojan. Ya en el zaguán él ha colocado sus brazos en jarras, se ha instalado el monóculo en el extremo del ojo derecho mientras miraba al cielo y, con un "jawohl" indiscutible,  ha dado su conformidad al tono limpio y brillante que se espera de cualquier isla mediterránea que se precie. Renate lleva un delicioso velo corto de tul color marfil con grecas en el extremo, camisa de lino blanco y pantalones harem sueltos a juego. Antes de salir revisó minuciosamente la caída del sombrero de paja sobre sus ojos de alcohol azul, también que el par de alpargatas con suela de plataforma, adornadas con lonetas amarillas bordadas con cuñas de esparto, la esperaran a la vuelta, debidamente colocadas al pie de la cama. Pero esta mañana ambos llevan zapatillas deportivas ya que tienen prevista una intensa jornada turística, y la comodidad en el calzado, ya se sabe, es regla de oro. Harán unas primeras compras por la zona de Dalt Vila, volverán al hotel para dejar las bolsas, comerán en alguna terraza cercana a Santa Tecla y bajarán al puerto, intentando no coincidir con los siempre ruidosos turistas italianos. Wolfang tiene la intención de desmarcarse en cuanto vea la situación propicia, una hora a lo sumo, y perderse por Sa Penya y La Marina, su amigo le dijo que por esas callejuelas se rodaron algunas de las escenas de la película y aparentemente pretende tomar varias fotografías.

He visto la película de nuevo, cuarenta y tantos años después. Admito que lo hice sin ningún ánimo de convocar a  las arañas melancólicas, lo que me faltaba, las maldigo ahora, siempre propensas a tejer como Penélope ese sudario que deseamos siempre lejano. No me ocurrió lo mismo cuando me enfrenté no hace mucho a la revisión de la siguiente aventura cinematográfica del director francés, "La Vallée" (1972). Esta me pareció entonces insulsa, aburrida, apenas aguanté 20 ó 30 minutos de su metraje. Aun admitiendo que "More" también participa de los típicos tópicos de la época, me pareció diferente, tiene más pulso, más sustrato, además el paisaje es más reconocible, más nuestro, hay un inesperado toque del Berlanga de "El Verdugo" cuando el protagonista desciende por la pasarela del barco al llegar a la ciudad. Las mujeres vestidas de negro, los seiscientos y Land Rovers, los conserjes y camareros, las calles con sus escaleras empinadas, el abandono de la luz blanca, esos intensos círculos solares tan comunes en toda climatología isleña. Aquí se respira algo reconocible, la cal desconchada de las paredes, los perros callejeros, las terrazas de los bares. No existe vida impostada, la realidad se encuentra reflejada en el propio ambiente, hay mucha más cercanía. Dejaré para más adelante la descripción de los caminos hacia la costa, los perfiles de las playas, los acantilados, el color del mar, lo rural. Un gran descubrimiento para Wolfang y Renate que, sin adivinarlo ahora, volverán a ser trágicos protagonistas del relato.

Aproximadamente son 30 los segundos en los que, depositada la aguja sobre los surcos del disco, comienzan los pájaros a piar. Nos adentramos en un mundo de pompas de jabón en "Cirrus Minor". "In a churchyard by a river / Lazing in the haze of midday / Laughing in the grasses and the graze". La voz de Gilmour, suave, etérea, casi en oración, se mezcla con el órgano catedralicio de Wright, un instrumento y un intérprete, éste último, que darán mucho juego durante toda la grabación. En "The Nile Song", el mundo de Pink Floyd colisiona con un asteroide proto-heavy, fuertísimo reflujo donde los riffs de guitarra arañan paredes de cal viva. La voz de Gilmour escupe el texto. Sin dudarlo un segundo, uno de los temas clave en toda su amplia discografía. "Crying Song", vuelve la relajación, del tema se apodera un mantra circular, los punteos de Waters y riffs finales de Gilmour confirman la admonición contra los efectos de un mal viaje: "Help me roll away the Stone". "Up The Khyber", Mason y Wright toman la batuta de este primer tema instrumental. Tom-tom espacial en la batería contra frases de free-jazz de los teclados. "Green Is The Colour", maravillosa balada, se eleva gracias a su sencillez, a la ingenuidad instrumental que la sustenta, apenas los punteos acústicos de la guitarra, una flauta y la ornamentación del piano. "Cymbaline" ahonda en el viaje espacial: "And it´s high time / Cymbaline...". La balada se adormece, las últimas estrofas del teclado parecen confirmar la poderosa imagen de exaltación pagana de la vida. "Party Sequence". Dudo si la grabación procede de un trío de percusionistas locales o de la propia banda en estudio.


Wolfang y Renate han hablado con el conserje del Hotel El Corsario, todavía subsiste el establecimiento en el mismo corazón del Dalt Vila. Aquí tenía una de sus bases de operaciones Ernest Wolf, el nazi traficante en la película, también aquí se alojaron gran parte del equipo de grabación que, durante los meses de Octubre y Noviembre de 1969, trabajaron en el largometraje. Ha sido ella en esta ocasión la que ha llevado la voz cantante. Tomarán el autobús desde Ibiza hasta Sant Antoni por la C-371. Desde esa misma estación de llegada irán en bicicleta hasta Cala Gracioneta, diríjase hasta el chiringuito de la playa y en un alto, hacia la derecha, divisará usted la casa donde los protagonistas de More vivieron un tiempo. El conserje, Manolo (previa propina adicional), les ha facilitado también el teléfono de un paisano al que le pueden alquilar un mini-moke para llegar hasta Punta Galera, escenario de las secuencias nudistas y del mal viaje de ácido. La visita al Molí Vell de la Mola en Formentera, escenario del quijotesco ataque de Klaus y motivo de la excelente portada de Hipgnosis, acuerdan que se efectúe durante la siguiente jornada. Inmediatamente después, Renate ha mirado con intensidad cómplice a Manolo, él movió su cabeza de un lado a otro para cerciorarse que nadie les observaba.

Ese juego de intensidad-relajación que revuela durante todo el disco tiene en "Main Theme" uno de sus puntos álgidos. Con ese tema instrumental comienza la película, los círculos solares se apoderan de la pantalla, el fundido final tiende hacia un blanco desbordado de luz, la base rítmica de Wright y Mason crea el ambiente propicio. "Ibiza Bar" no deja de ser la continuación de "The Nile Song", la apacible psicodelia del entorno instrumental envuelve la aridez de un rostro hasta entonces desconocido en la banda. "More Blues", esqueleto de blues clásico envuelto por un bajo (apenas audible) al que cuesta prestar atención y un punteo de guitarra. "Quicksilver", el tema más enigmático, sugerencias de salas de máquinas abandonadas, revuelo de drones a ras de un aire viciado, hay que imaginar el ambiente creado entre cortocircuitos fosforescentes, Julian Cope habla de él como una de las cimas del disco. "A Spanish Piece" es una tontería, curiosamente la primera pieza compuesta por Gilmour desde su entrada en la banda. Sobra y afea el resultado final. "Dramatic Theme", recoge el señuelo del "Main Theme" y desarrolla un poco más la atmósfera espacial del álbum. En la película hay dos temás, "Hollywood" y "Seabirds" que no aparecen en el álbum, lástima.

Mientras pedaleaban hasta Cala Gracioneta Wolfang observó una abundante sudoración en el rostro y cuerpo de Renate, no le dio mayor importancia, un día de mucho calor y el ejercicio continuado, es normal que ocurra algo así, a otra cosa. La verdad es que le hubiera gustado entonar con ella un "OM" en las derramadas laderas de Cap Negret, justo antes de llegar a Punta Galera, pero no se atrevió a proponérselo. Antes de bajar hacia el pequeño parking de Cala Salada quiso recuperar aquellas sensaciones de estudiantes universitarios en Lübeck. Inesperadamente Renate se dejó abrazar, tenía entonces la garganta algo inflamada y unos extraños moratones se extendían a lo largo de ambas clavículas. ¿Has tomado...?, Renate deslizó la mano derecha sobre los labios de Wolfang. Extendieron la toalla sobre el nivel más alto de las terrazas de roca lisa. Se descalzó primero, luego amontonó toda su ropa con calculada parsimonia, ya totalmente desnuda él la miraba como hechizado, se acercó hasta el borde del pequeño acantilado, la espalda contra el mar, mirándole con esos ojos ahora glaucos, dejó que su cuerpo cayera contra las escarpadas rocas del rompiente, una bañista cercana que practicaba yoga gritó su espanto blanco.


17 ene. 2019

MUSEO DE CERA




DEEP PURPLE                     "BURN"
Después de almorzar unos huevos fritos con arroz se fue a dar un paseo por el parque más cercano. Tan solo se cruzó con una mujer que caminaba algo alejada del que parecía su perro. Unos críos se balanceaban sobre una enorme alfombra de caucho sujeta al suelo. Hizo algunas fotos con su móvil. Raro que no le viniera a la cabeza ninguna canción, ningún riff de guitarra, tampoco la melodía de alguna canción. Dio las buenas tardes a un hombre joven con perilla, cerca ya de la verja de salida. Mientras regresaba a su casa iba cavilando el texto de su próxima entrada en el blog. Ya saldrá algo. Al abrir la puerta de su domicilio parecía un tipo feliz, persuadido de lo provechoso de un ejercicio del que pretendía hacer un saludable hábito diario. Año nuevo, pongamos en práctica algunas de las promesas tantas veces incumplidas. Mientras archivaba las fotos en el ordenador recuperó otras antiguas y se las enseñó a su mujer. Mira que guapa estabas aquí, ¿donde era?, en algún pueblo del interior de Cantabria, creo que en Carmona, el verano que estuvimos en casa de tus primos, ¡ah, ya!. Le preguntó si había visto las llaves de casa, contestó que no. Ella tenía sus propios planes, le habían regalado unas invitaciones para asistir esa tarde a la ópera, iría con su hermana mayor. Le pidió prestados los prismáticos.

¿Hablar de Deep Purple, de su álbum "Burn"?, ¿le interesará realmente a alguien?, una banda y una obra sobre la que se habrán escrito cientos de páginas, muchas de ellas definitivas, seguramente mejores que las tuyas. Tú mismo, te arriesgas a que la gente  piense que no merece la pena leerte, ya darán por dicho todo lo que se debe saber sobre la banda y sobre esa obra en concreto. Una más, dirán con razón. Bueno, puedo empezar comentando que compré el disco en mi primer viaje Inglaterra en el año 1974, en la misma tienda de His Master Voice de Oxford Street, un enorme edificio de tres plantas cercano a Marble Arch, quizás eso les enganche. Aquella noche dormí en un albergue de High Kensington Street, un antiguo parque de bomberos reacondicionado que alojaba a las hordas juveniles que invadían Londres por aquellos años. Se levantó del asiento y fue a la cocina a por un botellín de Mahou. Sonaba la cara B del "Argus" de Wishbone Ash -llevaba ya unos días dándole un repaso a la discografía de la banda inglesa-. Además, ya puestos , podría hablar de lo que ocurrió esa misma jornada. Me encontraba apoyado contra un árbol en Hyde Park leyendo el Melody Maker, edición de la primera semana de Julio, en la sección de anuncios aparecía un texto que decía: "another Bernie Taupin looks for another Elton John". Un chiquillo se separó de una hilera de colegiales y se acercó para soltarme una perorata de la que no entendí ni papa, ahora que lo pienso, tenía un gran parecido con Guillermo Brown.

Extrajo el disco y dentro de la funda halló unas hojas impresas que hablaban sobre la muerte de Jon Lord en Julio de 2012. En una nota manuscrita leyó algo relacionado con la llamada telefónica de su amigo el Puñi en la que le anunciaba la muerte del teclista. En ese instante paró de teclear y se quedó pensativo. ¿Voy por buen camino? Recuerdo como a partir de esa fecha programé en su homenaje una audición completa de la obra de la banda. Publiqué mis comentarios en una revista digital y al poco tiempo alguien me había añadido al "Purple Reign...Fans of Deep Purple", una plataforma internacional de pirados de la música del grupo de Hertford. Pasó las siguientes horas reuniendo una serie de datos sobre la banda y su obra "Burn" (Purple Rcds, 1974) y le extrañó no encontrar tanta información como inicialmente preveía. No habría más remedio que seguir echando mano de la propia experiencia. Le llamó la atención, eso sí, algo que desconocía, la venganza de Ritchie Blackmore contra los promotores de los festivales en Plumpton (National Jazz & Blus Festival) en agosto de 1970 y en el Ontario Motor Speedway de San Bernardino (California Jam) cuatro años más tarde. Yes y Emerson, Lake & Palmer pagaron los platos rotos. Se entretuvo viendo por youtube parte de este último concierto, la escena en que los roadies de Blackmore, siguiendo sus instrucciones, prenden fuego a parte del equipo de sonido. Este hombre, pensó, estaba genialmente loco. Creyó oír lejanos aplausos de aprobación a partir de ese momento.

¿Debo hablar ahora de la portada del álbum?, -pero esta acción transcurre ya en otra mañana-. ¿Decidirá hacerlo?. Lo hará, no les quepa duda. Le gustó la imagen con los bustos encerados de la formación de la banda, la conocida como la Mark III de Blackmore, Coverdale, Hughes, Lord y Paice. En el anverso del disco sus cabezas sostienen unas velas recién prendidas, en la parte trasera ya se han consumido parcialmente y la cera ha comenzado a desfigurar sus rostros. El color púrpura, la galleta interior con ese mismo tono del sello propio de la banda, le dio pie, lo recuerdo ahora, para organizar una Fiesta Púrpura con la pandilla de entonces, un verano de hace muchos años. Fue la primera vez que tomé ácido, no eran nada del otro mundo los que entonces circulaban por ahí, tan solo una caótica pero intensa visión de imágenes y líneas de colores cuando ya estaba acostado. En la portada aun se conservan la etiqueta de HMV con el precio de 2,25 libras esterlinas y los logotipos que acreditan la propiedad de la Familia. Repasa en este momento las notas que tomó ayer de madrugada mientras se desesperaba porque no llegaba el final del "Inland Empire" de David Lynch.

Ha dejado de fumar y, aunque hurte su intimidad con esta declaración, les diré que cada noche se da un par de golpecitos con los pulgares en el pecho para celebrarlo. Buen chico. Si, ya les digo, desde el principio de este año en el que, por lo visto, nadie confía -se avecina un nuevo cataclismo económico y a mí me va a pillar con los pulmones algo más limpios-. Un consuelo. Inesperadamente busca alguna relación entre los textos de las canciones del disco y los poemas de "Libros Proféticos I" de William Blake, igual por aquí puedo sacar otro hilo argumental. He de confesar que hasta la llegada del capítulo dedicado a  "Vala, o los cuatro Zoas", el texto promete, después ya cuesta digerirlo. Piensa que la lírica de ambas obras debería coincidir, y es que no era muy ajeno al hard-rock de entonces hablar de mujeres malditas, cielos enrojecidos, fuegos en la ciudad. Pero no, eso solamente ocurre en "Burn", la canción que abre el disco. El resto de los temas se orienta más por las influencias de los nuevos integrantes de la banda, Coverdale y Hughes, el blues y el soul. Aquí se habla de relaciones rotas, personajes buscavidas, chulos, arrepentidos o abusadores, lo típico del inframundo urbano. Blake y los Purple aquí no coinciden. Lástima, tendrá que buscar otra línea.

Una buena base de información, recuerda ahora, es el texto que apareció en las fundas del "Stormbringer" reeditado en 2009. Allí habla de aquel mágico 1974, cuando la banda estaba en pleno apogeo artístico, dos magníficos discos publicados ese mismo año, éxitos de ventas, giras mundiales multitudinarias, el caché de la banda alcanza las 40.000 libras en el Houston Astrodome de Tejas. Sigamos por este itinerario. La mayoría de las composiciones ven la primera luz en los Welsh Marches, las conocidas como Marcas Galesas que fijaron durante la Edad Media la frontera con Inglaterra, también en el Clearwell Castle de Gloucertershire, lugar donde un 23 de septiembre de 1973 fueron presentados en sociedad los nuevos miembros, el cantante David Coverdale, sucesor de Ian Gillan y Glenn Hughes, sustituto al bajo de Roger Glover. Ese texto también menciona a la ciudad suiza de Montreux, ligada ineludiblemente a la historia del grupo. En la Unidad Móvil de los Rolling Stones, por entonces allí desplazada, grabaron en noviembre de 1973 este "Burn" y, ya dando entrada a la leyenda, la misma ciudad sirve de inspiración para la composición del famosísimo "Smoke On The Water" después del incendio de su Casino durante la actuación de Frank Zappa y sus Mothers Of Invention. Aparentemente ha quedado satisfecho, aunque no del todo, volverá a revisar el texto más tarde. Pretende salir a la calle para buscar nueva inspiración pero, en ese preciso momento, llega su mujer. La ópera de ayer, si, bueno, un poco dura, cómo te diría, todo el escenario lleno de pordioseros, no muy agradable. Mueve las manos como si fueran aspas de molinos. Mejor me quedo en casa para que me lo cuente.

Igual que sucediera ayer, esa tarde salió a dar su paseo después de comer. No siguió el mismo itinerario, esta vez se movió más por las calles de urbanizaciones vecinas, no le ladró ningún perro, tienes que llevar siempre tu navajita, sacó algunas fotos, cuatro o cinco. Después del trabajo de la mañana dedujo que ya tenía prácticamente construida la estructura de la entrada. Ya en casa se colocó los auriculares, a continuación leyó con atención los textos de todas las canciones, hizo alguna que otra anotación resaltando las aportaciones de los distintos miembros de la banda. Mientras esto sucedía, la ausencia impuesta de nicotina le obligó a ingerir un par de onzas de chocolate. No pasa nada. Sigue descalzo. La transcripción que ahora continúa pretende reflejar fielmente sus pensamientos sobre esta obra. 

Me llama la atención una cualidad especial en los riffs de Blackmore. En todos ellos aparece su marca personal, líneas instrumentales inicialmente cortas, pero muy poderosas, que se van adueñando de la canción -suena ahora "Silver Shoes" de Wishbone Ash-, mejor levanto el "There´s The Rub" del plato, me está distrayendo. En "Burn" es patente esa feliz incautación, la melodía cabalga casi en exclusiva a partir de la guitarra de Ritchie hasta que, casi al final, los teclados de Jon Lord aparecen como contrapunto instrumental. Interesa mencionar especialmente la aportación del teclista en este disco -aun quedan algunos toques de rock progresivo-, teniendo sobre todo en cuenta cómo su influencia en el sonido de la banda había quedado relegada desde que Blackmore se hiciera con las riendas. "Might Just Take Your Life" realza de nuevo la cuota de Lord, el prólogo y epílogo del tema son magníficos. Otro tanto ocurre, esta vez con Ian Paice, en la batería del "Lay Down, Stay Down". Su golpeo es rápido, ocurre a veces que es difícil seguir el endiablado tráfico de sus baquetas. "Sail Away" es un tema redondo, con una estructura acertadamente definida. Los distintos tonos vocales de Coverdale y Hughes, más barítono el primero, el segundo más cándido, otorgan a la canción un contraste delicioso. Aquí también acontece el pulso instrumental entre Lord y Blackmore, algo que veremos en las canciones que integran la siguiente cara.


Tuvo que dejar lo que estaba haciendo. Una inesperada visita le obligó a salir al ruedo para saludar. Vaya por Dios, a ver si siguiendo su maldita costumbre esta vez no me besa cerca de la boca, su aliento no es que sea de Chanel nº 5. Afortunadamente la visita duró un té con leche, volveré hacia las 10 y media, para cenar mira lo que tienes en la nevera. A pesar del gran nivel de la primera cara prefiero la B, y eso descontando ese engendro progresivo instrumental de ""A" 200", favorito por cierto de Coverdale en su época inicial con Whitesnake. En "You Fool No One" la mencionada tensión instrumental Blackmore vs Lord alcanza magníficas cotas, igual que ocurre en "What´s Goin´ On Here" y "Mistreated", para mí los dos mejores temas de "Burn", aunque en este último la presión del guitarrista se hace mucho más patente. La voz de Coverdale, el bajo de Glenn y la batería de Paice funcionan en ambas canciones con la precisión del mejor relojero de Montreux. Debo decir que le agradó este nexo semántico. Cuando le telefoneó su hijo para pedirle su opinión sobre un contrato de alquiler ya tenía prácticamente terminado el texto.

Cuando concluya la entrada bajaré de nuevo la aguja sobre el quinto álbum de estudio de Wishbone Ash -no es casualidad que lleve hoy puesta una camiseta de la banda con un dibujo emulando la portada de su "Live Dates" de 1973-. Dos jóvenes vecinas se exponen desde la ventana de su cocina, justo enfrente de mi cuarto. No te despistes, es tan sencillo como rematar la faena hablando precisamente ahora de la gran expectación que causó la aparición de "Burn" en febrero de 1974. La salida de Gillan y Glover había causado cierta inquietud en los ya numerosísimos seguidores de la banda. Si bien es cierto que la influencia blues en "Burn" era más patente, no por ello dejaban de sonar a Deep Purple, el toque hard-rock de sus inolvidables "In Rock" y "Machine Head" seguía vigente. Pero esta obra marca el inicio de la pérdida de confianza de Blackmore en el futuro de la banda. Ya en el "Stormbringer" de ese mismo 1974 , su última grabación como miembro original, la nueva deriva musical, más funky incluso, le convencerá para abandonar el barco y buscar una continuidad del sonido original de los Purple en su nuevo proyecto, Rainbow. Aquí finalizó su texto. Me encuentro obligado a asegurarles de qué manera, después de las correcciones y variaciones a las que sometió el borrador original, la esencia de lo que han leído coincide en gran parte con lo que el autor pretendió desde un principio, que ustedes se entretuvieran un rato. Doy fe de ello.




10 ene. 2019

ÁLBUM FOTOGRÁFICO 2018 II


Punto y final a la segunda serie de las imágenes seleccionadas durante el año 2018. Recomiéndase pinchen en la fotografía inicial para así tener una visión más amplia de la misma. Confío en que hayan disfrutado ustedes lo mismo que un servidor lo hizo al tomarlas.

1.- DOBLE LÁPIZ DE LABIOS


2.- MEJOR EN LA DIRECCIÓN OPUESTA


3.- DESCANSO ABANDONADO


4.- NO ACERQUES EL DEDO


5.- ¿DÓNDE DICES...?


6.- MARÍA SINTÉTICA


7.- ADIÓS A MI HUESO...


8.- MUY FUCK YOU


9.- AVINGUDA DIAGONAL EN HORA PUNTA


10.- ESTA SE HA COLAO...




6 ene. 2019

ÁLBUM FOTOGRÁFICO 2018 I


De cómo de una afición ya lejana preténdese surtir provecho y regocijo para grandes y pequeños. Invitados quedan vuesas mercedes a observar con sosiego cómo al autor le alienta el espíritu en estas imágenes, que no la técnica, pues de esa industria carece.

1.- VOLANDO VOY...


2.- LOS PELIGROS DE LA NOCHE


3.- ¿Y TÚ QUE MIRAS...?


4.- POCO CIELO


5.- EN LA PRADERA


6.- FAROL INGLÉS


7.- MOCIÓN DE CENSURA


8.- ESPEJO ABSTRACTO


9.- NO TE PREOCUPES RUFUS