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7 mar. 2019

RELATOS VII: FEBRERO JOHN



Ella era la niña prodigio de la portada se presentó con un perfumado silencio de maní pero sus piernas no parecían moverse por el suelo del zaguán se deslizaban más bien entre los viejos tablones de madera, así que ella se acercó hasta los ennegrecidos cristales de la puerta para apoyar (à suivre) sus manos contra la bisagra central, la sucia planta del pie derecho en perfecta miniatura de movimiento. Cuando alguien como yo se encuentra encerrado en un tendedero de apenas 5 metros cuadrados ¿cuántos son 5 metros cuadrados realmente? siendo consciente de su mala suerte de su desgraciado aislamiento el mundo la existencia se limita a un no saber cómo empezar. Gracias a mi educación burguesa me decidí a hacer algo productivo por ejemplo recuento de todos los artilugios depositados en el gran armario blanco de la memoria, pero yo no tenía teléfono no podía usarlo para llamarla tampoco servirme de la opción de apuntar cualquier cifra entre sus notas ¿cómo guardar entonces todos los datos que pudiera recopilar? De acuerdo, alternativa desechada ¿y qué se supone que debe hacer alguien en una situación como esta?, tendré que ingeniar un pasatiempo algo que me mantenga entretenido hasta que regrese a casa la que (presumo que sin ser consciente de ello) me ha dejado encarcelado en este tendedero. ¡En el tendedero! qué endemoniada conspiración de los dioses contrarios aquí me encuentro atrapado en esta trampa inesperada en uno de los ridículos destinos que nadie calcula ocurran y sin embargo todavía tengo luz, son las cinco de la tarde le echo una ojeada al reloj esperanza de momento mi único aliado con el mundo exterior.

No me considero capaz de contarles todo esto menuda historia y si intentara saltar por la ventana qué tendrá sus cinco o seis metros de altura seguro que me puedo partir la crisma, mejor me quedo aquí agua y ajo. Mira hacia el suelo aparte del armario blanco hay un par de repisas con artículos de aseo palancanas y un cenicero medio lleno de colillas. Un cubo y una fregona un aspirador danés escalera tabla de la plancha escoba recogedor carrito para transportar la vajilla hasta el comedor. Si por lo menos tuviera un sacacorchos podría abrir una de las botellas de vino y puedo buscar alguno en el armario pero esa es una opción que prefiero dejar en la retaguardia para más tarde, antes ¿qué hacer? Rechazo la idea de apostarme en la ventana y gritar o por lo menos llamar la atención de alguien que pase por el jardín, por favor escuche me he quedado encerrado en el tendedero podría avisar a Ettore que se acerque a la ventana y le explico por favor sería tan amable, no dejaría de ser todo un espectáculo los vecinos alucinando y menuda fama de lunático además el interruptor está fuera de mi alcance y la luz se va ocultando, decido entonces lucubrar.

Hacía demasiado calor en Febrero John, todos padecíamos de sequía y allí fue de improviso donde la conocí, una chica tan esbelta no sé por qué razón supuse que debía ser una aristócrata rusa. Otros lectores aseguran que el encuentro tuvo lugar en la Iglesia de Lânna en Suecia o en un puesto de comida en la placita de Santurce en San Juan de Puerto Rico (en el primer manuscrito no se concretaba ningún código postal), pero he de manifestar con la firmeza necesaria del que ya nada tiene que perder que todo lo que les relato sucedió en Febrero John, no quiero ni debo dejar de mencionar este hecho. Insisto en que ella era de largo ébano una mujer aprendiz de maga además (pensé que ese dato le daría más interés a la narración). La verdad es que pocas veces hablaba, le gustaba permanecer aupada en una especie de extraña nebulosa practicando el trino de los cuervos. Aun diré más (pero eso sucedió mucho más tarde), también sometía a sus clientes al vudú más extremo, les subía en bicicletas desnudas de payasos obligándoles a hacer peligrosas piruetas. Sus besos allí en salones de tela rasa florentina, espléndidas estancias llenas de espejos que reflejaban imágenes difusas, sí que tenían el sabor del aire helado de la tundra. Ella fue en días más antiguos la niña prodigio de la portada aunque conste que esta magnífica circunstancia nunca se aprovechó lo suficiente para atraer más turistas a Febrero John.

Apoya o más bien deja caer la cabeza contra sus manos abiertas, se restriega con ellas la cara y comba el cabello con sus dedos, parecen los suyos los gestos propios del condenado. Creo que debería presentarme puede que de esta manera alguien encuentre algún hilo argumental digno de una futura novela policíaca. Los que me conocen me llaman Gustavo Percolatti di Amatista barón de Rotorik por parte paterna, ¿qué importancia tiene el nombre de una persona cuando está desesperada? no vale de nada, tan solo algún eco lejano me viene a la memoria cuando mi madre me llamaba vito chiquito ven aquí y con sus largas uñas de acero me pellizcaba sin compasión en mis rosadas nalgas pequeñas el primer dolor inolvidable que me sabía a no comprender a sentir el pavor de un cuerpo el mío inocente fracturado roto. Esos ayes tan lejanos es la voz que recuerda haber escuchado la niña cuando se asomó por la ventana, también recuerda el silencio que a continuación siguió mudo como un alud sin sonido. Observa como Gustavo ladea la cabeza de un lado a otro mirando hacia un techo que no encuentra cielo (la niña moderó con su mano una tos inoportuna), ambos se apartaron temporalmente de la ventana para aspirar un aire no viciado tan limpio (soportable para sus pulmones de mayólica), también para descansar antes del segundo acto.

Ni en la F ni en la J de Febrero John cabe librarse de los perniciosos efectos ultravioleta de los rayos del sol, es una tortura siempre el mismo color ácido en el fondo de los peroles, el sonido de los neumáticos de los coches crujiendo en el asfalto no es tampoco el de la ansiada lluvia (no busquen ninguna señal del cars hissing by my window de Doors), todo es seco hasta la mirada pajiza de los paseantes de los pocos pasajeros que se atreven a subir a un tranvía plagado de saltamontes, hasta el ruido del gozne de la puerta de mi casa cuando la abro suena arrugado. Los parkings tienen un brillo lejano de circo con luces de neón y los anuncios muestran una primera línea de rosas y cintas azules que alguien entrega a la intermitente belleza de la primera dama norcoreana  Ri Sol-ju.

Oye niñita, ¿estás todavía ahí, dinos qué ves? Veo a un hombre sujetando muchos papeles en sus manos los va lanzando al aire al azar, van cayendo al suelo con la lentitud del vuelo de la libélula, cada papel posado refleja un potente haz de luz hacia el techo blanco como el foco grande de una linterna, pero todo alrededor permanece oscuro muy oscuro. ¿Escuchas algo, oyes alguna voz? Repentino cambio de plano, la cámara se desplaza con inusitada rapidez hacia las alturas, se observa una gran hacienda sureña de tejas de color de herrumbre y algas de verdor quemado entre sus pliegues, palmeras ancladas en la tierra desde hace mucho tiempo testigos de la desolación de un jardín lleno de zarzales y fuentes de piedras rotas. Ahora mismo es cuando más me haría falta la aparición del doble (deduce el que no vive en la novela y  pasa por esta incómoda situación), un nuevo personaje que sea capaz de narrar con humor mi angustia, deseo que a nadie le ocurra algo parecido, no escucho ni radio ni música si algún vecino cercano tuviera por suerte abierta las ventanas…


En la siguiente escena contemplaremos a Gustavo Percolatti sobrevolando Febrero John en un globo aerostático modelo Blanchard francés de 1784. La ciudad aun no ha logrado librarse de su sed eterna por el contrario sigue reflejando cicatrices perfiladas en los edificios más altos también observa acueductos derruidos por piedras lunares, han aparecido además enormes lagartos pardos desplazándose con total libertad por las calles (ni las moscas se atreven a volar). Desde las montañas cercanas comienza a caer una colosal lágrima de lava seguida de múltiples afluentes que van dejando un reguero de azules brillantes y líneas de cobre, en su vértice confluye una espina dorsal que emite señales inequívocas de un volcán en próxima erupción. Aquí se perdió el hilo de su relato, debió acusar un primer inicio de cansancio de rendición quizá, parece que también se apercibió de que era ya demasiado tarde, la luz había desaparecido completamente y se encontraba rodeado de una absoluta oscuridad (salvo un brillo tenue que llegaba desde el fondo del jardín). Por no hacer nada extravagante (antes de intentar dormirse) decidió apretar el botón de inicio en la lavadora, surgió un sonido simpático semejante a un txistu sanferminero le gustó escucharlo de nuevo, se miró a continuación los lunares de las manos sin esperanza. La supuesta baronesa rusa se acercó de nuevo a la ventana y prestando gran atención a los movimientos de los labios de Gustavo entornó sus ojos, el caso es que después de pensarlo un rato dedujo que su vito chiquito estaba tatareando alguna canción de Violent Femmes.




5 comentarios:

  1. Es una portada preciosa en su simplicidad, porque esa simplicidad imlica realismo. Y le has hecho, directa o indirectamente, un magnífico homenaje con este texto.

    En cuanto a los Violent Femmes supongo que estaremos de acuerdo en que tanto ellos como otros cuantos representantes de aquello que se llamó Nuevo Rock Americano fue un balón de oxígeno ante el deterioro progresivo del pop rock isleño: cuando salió este disco algunos sentimos un especial alivio, difícilmente descriptible. Una verdadera joya.

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    1. Si, desde luego, el NRA fue un soplo de aire fresco en un momento en que la escena estaba demasiado encorsetada, falta de ideas y aburrida. Fue un gran alivio, como dices.
      Saludos y gracias,
      Javier.

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  2. Menudo texto. Hay que leerlo muy despacio y dos veces seguidas como mínimo. Sí que es un homenaje originalísimo para este maravilloso disco. Para mí ese disco fue una revelación cuando salió. Algo nuevo a lo que agarrarse. Por cierto, tengo toda la discografía de Violent Femmes. Si alguien quiere algo, que silbe.

    Saludosssssssss

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  3. Hombre, pues si se tercia el "New Times" y el "Rock!!!!", más que agradecido, son los dos únicos que me faltan.
    Saludos y gracias de nuevo,
    Javier.

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  4. El debut de los Violent Femmes puede ser el disco que más he escuchado en mi vida. No te digo nada más, aunque igual ya lo sabías. Abrazos.

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