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23 abr. 2019

CONSIDEREN SI SE CONSIGUIÓ O NO



POPOL VUH                               "AGUIRRE"

"Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo". 

..., así es como empiezan los primeros versos del "Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché", a cuya lectura me enfrenté (tomo como inciertamente válida la fecha por mí manuscrita en las primeras páginas), en Agosto de 1978. Debo reconocer que no guardo ni poca ni mucha memoria de aquella experiencia, eso sí, declaro ahora que por aquellos años ya había comenzado a sentir cierta querencia por las entretelas de la historia de la Conquista de América (afición que, visto lo acontecido, afortunadamente ha ido menguando con el paso del tiempo). El libro que prendió ese deseo de conocer más fue sin duda "La aventura equinoccial de Lope de Aguirre" (Edit NyC, 1970) de Ramón J. Sender. Puede que este libro fuera adquirido en la Cuesta de Moyano, quizás en alguna Feria del Libro del Paseo de Coches del Retiro, lo comento porque pienso que toda lectura debe homenajear el lugar geográfico en el que se adquirió su objeto ejemplar. También lo fue por lo atractivo de la figura legendaria de su principal protagonista, por el lenguaje empleado (esa contracción de "hideputas" se quedaría grabada para siempre en mi memoria adolescente). Creo recordar que por aquellos años, ya metida en carnes la década de los 70, vi también la película "Aguirre, la cólera de Dios" de Werner Herzog, en la que el autor alemán usaba el texto de Sender para dar forma narrativa a esta su obra fílmica. No supe caer entonces en el embrujo de su música, aunque si en una geografía y atmósfera que entonces me parecieron fascinantes.

No pude hacerlo en aquel momento porque el disco, que contenía la banda original de la película de Herzog, no se publicaría hasta cuatro años más tarde, en 1976 y, aunque mi adquisición de esa obra, reeditada de la forma más fidedigna por el sello alemán SPV Recordings, no se produciría hasta casi treinta años después, el disco, digo,  de Popol Vuh, la banda de Florian Fricke autora de la musica, se encontraba inexplicablemente revoloteando de una edición a otra, accidente que lo condenaba a la desaparición, al olvido. Igual sería interesante saber si entre las lecturas sobre la Conquista de América que en aquellos años prodigaba (Salvador de Madariaga, Bernal Díaz del Castillo, Pedro Mártir de Anglería, Fray Diego de Landa, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Stefan Zweig, Tzvetan Todorov o las mismas "Cartas" de Cristóbal Colón) pudiera encontrarme con algún atisbo, alguna pista que facilitara el eslabón perdido. Hace unos días, emulando al buquinista Pío Baroja, adquirí en un tinglado de la Cuesta de Moyano el "Lope de Aguirre. Príncipe de la Libertad" del autor venezolano Miguel Otero Silva, y fue en este libro donde me empeñé en hallar el maridaje definitivo con la obra homónima de Popol Vuh. No se qué saldrá de todo esto.

Para centrarnos en el mapa, Popol Vuh es una banda muniquesa influenciada, no podía ser de otra forma, por el exultante ambiente juvenil alemán de los últimos años 60. Florian Fricke, el alma mater del grupo, nacido en Lindau, a apenas 160 kilómetros de la capital bávara, se dejaba caer por el Café Trikont (centro clave donde se reunía una multitud de jóvenes desafectos al Schlager), puede que se alojase en la profusa red de sus comunas, su asistencia a la universidad y a las escuelas superiores (lugares donde muchas bandas hicieron su primeras presentaciones en público), no la he logrado comprobar. Su elitista educación como pianista clásico le empuja a buscar nuevas iniciativas musicales, John Cage y John Coltrane forman parte de sus referencias. Serán sus constantes viajes por la India, el continente africano y americano (experiencia que podía permitirse gracias a un abultado patrimonio familiar), los que le mantendrán con el piloto Julio Verne puesto. Sus hobbies preferidos eran (según lo reconoció en varias entrevistas), la filosofía griega, estudiar las religiones antiguas y alarmarse ante la estupidez de la humanidad por no seguir ambas enseñanzas. Es en uno de sus itinerarios por Centroamérica cuando se acerca por primera vez al "Popol Vuh", el más importante texto sagrado maya conocido. Esta idea- encuentro será definitiva para la creación del grupo en 1969.

Rememoremos algunos de los siguientes versos del libro sagrado:... "solo el Creador, El Formador, Tepeu, Gucumatz, Los Progenitores, (hay aquí un preludio de HP Lovecraft) estaban en el agua rodeados de claridad". Es en esa mezcla de formación clásica, vanguardista y aventurera de Fricke donde se conforma su verdadera identidad; empuja a Florian no solamente a servirse de la música para buscar una nueva espiritualidad étnico-espacial, también le convence para autoproclamarse como intérprete oficial de la misma en Alemania. "La esencia de Popol Vuh (declaró en otra entrevista), es una misa para el corazón. Es música para el amor. De eso se trata". Suyo fue el segundo moog que entonces sonaba en Alemania, pensó que las posibilidades electrónicas del instrumento le servirían para llegar más rápidamente a ese nuevo estado de nirvana hippie pero, al poco tiempo, Fricke no queda totalmente convencido de su apuesta. ¿Anticiparemos las opiniones sobre la que sería una de sus más controvertidas decisiones, la venta del moog a Klaus Schulze y la vuelta a su primer y clásico piano?. Allá van sucintamente, algunos opinan que no volvería a grabar mejores discos que los que hizo sirviéndose de ese mamotreto, otros, entre los que se encuentra el propio Fricke, argumentan que su sonido se estaba convirtiendo en demasiado frío, sintético y que, con la vuelta al piano, pretendía reencontrarse con su instrumento natural, volver a la génesis que aprendió del libro sagrado.

Legiones de estudiosos del tema barajan sobrados datos científicos que abundan en lo acertado de la primera versión. Discos como "Affenstunde" (Liberty, 1970), "In Den Gärten Pharaos" (Pilz, 1971) y "Hosianna Mantra" (Pilz, 1972) estarían, según ellos, entre los grandes favoritos de la banda. No seré yo quien lo discuta, no los he escuchado. Llegué a Popol Vuh bastantes años más tarde, en su "Einsjäger & "Siebenjäger" (Kosmiche Musik, 1975, reedición de Spalax de 1997), el previo conocimiento de la banda como compositores de "Aguirre, la cólera de Dios" hizo el trabajo de zapa, creo que ya lo dije. Esta mayoritaria corriente filosófica también opina que desde que Fricke vuelve al piano se vuelve más previsible, sus obras de entonces contemplan a un artista interpretando una y otra vez la misma misa. Aquí podríamos añadir que los hombres religiosos, como Florian (aun sin ser seguidor de ningún credo en concreto), siempre han gozado del privilegio de tener el santo de cara; a él no le pudo ir mejor, se le apareció en 1975 Werner Herzog, uno de los directores de cine más serios en su concepción vanguardista de la imagen y el sonido. Fricke, había experimentado antes con cortos propios y era un razonable crítico cinematográfico, Herzog buscaba un medium musical para sus proyectos.

"Aguirre" es curiosamente uno de los discos más enrevesados para seguirle la pista. La razón comercial de su grabación tuvo su origen en cumplimiento del acuerdo contractual que ligaba a Fricke con Rolf-Ulrich Kaiser, capo de los sellos Ohr y Pilz, propietario de la editora Kosmischen Kuriere, una de las figuras más imaginativas de la escena musical alemana de la época (su grabación con Timothy Leary y Ash Ra Tempel en el lisérgico "Seven Up", KK 1972 queda anotada como escucha obligada). "Aguirre" se edita en 1975 por primera vez por el sello italiano PDU (propiedad de la inmensa Mina), licenciatarios entonces de los sellos alemanes mencionados. En la carátula del disco brilla por su ausencia la referencia gráfica de la película de Herzog, tan solo una breve mención en la parte trasera anuncia su condición plebeya de BSO; tampoco se prodiga la información puramente instrumental, la mención del piano y spinett que sigue al nombre de Florian Fricke en los créditos parece estar lejos de la realidad, la voz de Djong Yun no se escucha ni un solo instante durante la grabación, tan solo la cita de los instrumentos empleados por el guitarra Daniel Fichelscher (entonces a caballo entre Amon Düül II y Popol Vuh) se puede considerar como certera. La sección arqueológica de la doctrina asume que, a pesar de haber abandonado Fricke el empleo del moog a partir de su "Hosianna Mantra", en este "Aguirre" se encuentran varios restos que los datan en la onda de ese exclusivo instrumento, también hacen referencia a un engendro desconocido, llamado "choir-organ" (un procesador de cintas multipistas), desarrollado por Herbert Prasch, ingeniero de sonido de los Bavaria Tonstudio y frecuente colaborador también de Werner Herzog.

Resulta curioso observar como durante el visionado de la película deja de sonar una parte importante de la música grabada en el disco, tan solo los temas que la dan nombre, "Aguirre I" y "Aguirre II". Mi teoría es que lo que podría ser considerado como un punto negativo del proceso, porque el espectador pierde inexorablemente continuidad en la prometedora comunión de escenas y música, no deja, sin embargo, de favorecer al protagonista atento. Este hecho discordante compensa tanto la imaginación del asistente a la sala, gracias a la extralimitación de imágenes amazónicas, como la del oyente casero que fantasea escenas acordes con la profundidad etérea del sonido. El origen de esos dos temas parten de piezas grabadas por Popol Vuh años antes, remodeladas para la ocasión. "Morgengruss II" y "Agnus Dei" son variaciones de dos temas que publicaron en su "Einsjäger & Siebenjäger"  ("Morgengruss" y "Gutes Land", de recomendada escucha) un año antes. "Vergegenwärtigung", y el bonus-track de "Aguirre III", completan la edición más completa del disco editada hasta la fecha (SPV Recordings, 2004), versión auspiciada además por los propios familiares herederos de Florian Fricke.

Mis pasos eran mis pasos y se que a alguno le parecería un milagro el no caer por el precipicio, descendía con paso seguro hasta el corazón de la selva, las nubes me sostenían, flotaba con ellas, detrás, en el pensamiento, soñaba con una señal equívoca, repetitiva al principio, luego según desaparecía iba dejando el sonido en suspensión, adornado por un coro de ángeles, una flauta de pan cierra "Aguirre I", busca el aire último, la antesala de la traición. La guitarra de Daniel Fichelscher asciende como el humo de leña, rebuscado y sorprendente, ya estamos en el groove de "Morgengruss II", apenas una chispa al principio, después se anticipa el ambient, la world-music, es tan grande y además su atmósfera es de ensueño, idealmente melancólica. Fricke vuelve a ese tono sombrío, de ira anticipada, en la siguiente pieza, "Aguirre II", su teclado narra el horror del agua, interminable el Marañón, el río, inabarcable su líquida paciencia, el Amazonas. Fichelscher boga con sus guitarras, navegan hacia una traición atlántica, descomunal, a veces inabarcable en su propia dimensión. "Agnus Dei" posee un karma étnico demoledor, bellísimo el entorno que crean Fricke y Fichelscher, destaca la percusión de este último. "Vergegenwärtigung", la pieza más extensa, epitomiza la aleación literaria y cinematográfica del disco, también el conocimiento del libro sagrado. El tímbre intermedio de Fricke siempre está por hacer, de frente su luz, su sombra detrás, invariablemente rutinario para mantener la estructura rítmica, pero siempre abierto, liberado, aceptando su rol de fortaleza a punto de derruirse. Me recuerda su atmósfera los momentos más tensos de la película, cuando los gritos de las aves son lanzados junto al viento, cuando las flechas untadas con el curare de la locura silban por encima de la última embarcación , cuando el silencio de tan atronador absorbía el escenario central del río. Los pocos supervivientes que quedaban estancados por la amenazadora belleza de las orillas, iban muriendo, uno a uno, salvo Lope de Aguirre. El bonus "Aguirre III" persigue la continuidad emocional de sus dos primeros títulos hermanos. La idea de la fluidez en la Naturaleza queda reflejada como en pocos artistas y bandas he visto antes.

Es esta renovación en la dirección de Popol Vuh -auspiciada por un Florian Fricke nuevamente motivado por la enseñanza quiché-, buscando su consolidación como banda, la que se concretará en las sucesivas composiciones que crearán para las películas de Werner Herzog. Digo, y les aseguro que traerá consecuencias, que hará bien el que se enfrente a este disco en saludar de mi parte a Lope de Aguirre, soldado de Oñate (homenajeado por algunos paisanos de su pueblo como el primer gudari euskaldun, proto-bolivariano), devoto de San Miguel Arcángel, espada de Dios, traidor ("que para el Rey quedará la gloria de nuestras hazañas, y para nosotros solo el olvido y la muerte"), desquiciado peregrino en un nuevo mundo alocado, violento. La visión panorámica de las obras literarias que generan el escenario (desde el mismo libro sagrado hasta los textos de Ramón J. Sender y el posterior del venezolano Miguel Otero Silva), así como la contemplación alucinada de la magnífica película de Werner Herzog, otorgan al cliente de tardes bicéfalas razón de arrobo y contento.




A la memoria de Carlos Folache.

17 abr. 2019

14 DE ABRIL EN CARABANCHEL (2019)

Llegué tarde, el cocido ya se había terminado, me perdí antes. Saludé a los compañeros, fue una jornada de sol de mañana, limpia y magníficamente organizada. La República de Carabanchel se consolida gracias a su cocido popular.








11 abr. 2019

RELATOS VIII: LA CAZA.



Aquel último día confirmamos la pérdida de su rastro, de hecho habíamos prolongado la jornada para buscar otras pistas alternativas, por la radio del Land Rover sonaba "Dame veneno" de Los Chungitos. El cansancio ya había empezado a hacer mella en todos nosotros, recuerdo que me sentía como exprimido, arrastrado contra mi voluntad por la correa de un matadero, el de mi padre, entonces ya abandonado. Los latidos de mi corazón vivían entonces entre los rescoldos del último Desfile de la Victoria, puede que mis neuronas, a punto de fundirse definitivamente, avanzaran a tientas por el zaguán de un próximo cortocircuito. Experimentaba además sensaciones contrapuestas, el cielo parecía vaciarse de colores mientras que, en ese punto del camino en el que hicimos alto, observaba fascinado como el viento dirigía solemnemente su improvisada orquesta entre los carrizos. Algunas mañanas, antes, cuando levantábamos el campamento, en esas primeras jornadas en las que nuestra empresa todavía conservaba el impulso del café recién hecho y los torreznos fritos, me inundaba la premonición de que todo terminaría mal y, si eso no llegara a suceder, si por el capricho de algún otro narrador tuviéramos otro texto distinto, cada paso que me acercara a él, a la pieza, lo vivía como el de una liberación frustrada.

Pero ya habían transcurrido unos cuantos días desde su fuga, nos encontrábamos ahora en una finca alejada de la ciudad, el campo estaba por allí arrugado y demasiado feo, solo nuestro perro "Pitu", un pointer de canela desteñida, parecía gozar correteando de un lado a otro. Hacía mucho calor, más de 35 grados a pleno sol. Rufino era el jefe del grupo, un tipo terso y duro, experto jugador de póker, su mirada muchas veces alcanzaba a adivinar las cartas del contrario, intuía la geografía con la que a continuación nos íbamos a encontrar. Su mejor amigo, Rafael, auténtico predicador de la cinegética como negocio, excombatiente laureado, línea directa con el poder económico y político de Madrid, mascaba constantemente su farias medio apagado. Yo me había empeñado en mantener una extraña relación con Tomás, un chico joven de excelente puntería, nacido en el mismo pueblo que mis padres, eso decían, porque yo no lo llegué a conocer entonces. Alguien le había puesto al cargo de un taller de reparación de motocicletas.

Anselmo bien podría ser un convicto fugado de la prisión provincial, cumplía condena por el asesinato de una menor, él siempre alegó en su descargo que ella se le puso a tiro. Una poderosa voz interior le impulsó a rechazar la tentación, por eso la mató, aunque en el juicio se cuidó mucho de expresarlo de ese modo. Rondaría los 40 años de edad, era de complexión menuda, no llegaría a los 160 centímetros de altura, se escondía con facilidad en cualquier accidente que el campo le ofreciera. Va armado por supuesto. Fingió que huía a gran velocidad de la prisión pero, en realidad, no llegó a suceder así. Fue en sus dos primeras jornadas de escapada cuando más se alejó, en la tercera esperó a sus seguidores, notó desde la cercanía su cansancio y decidió actuar antes del amanecer del día siguiente.

Aparejamos el vivac guarecidos bajo unas hoces de sombra indigna, encendimos fuego, cenamos y hablamos poco y, como cada noche, nos preparamos el terreno para intentar dormir. A Tomás le tocó la primera guardia, yo cambié la mía, la segunda, por la última de Rufino, a los ojos de todos saltaba que era el que más descanso necesitaba. Rafael haría el tercer turno de guardia. Desde un roquedo no muy lejano Anselmo observa agazapado, sus pequeños ojos de ratón de campo toman nota de los movimientos de sus perseguidores. Los conoce bien, no hace falta que fije con detalle sus rasgos físicos, por el tono de sus voces, por los silencios, adivina las alianzas, decide actuar antes de que el fuego se consuma totalmente. Antes de que llegara a graznar ha degollado a un desprevenido búho real, le ha sacado limpiamente de las órbitas sus ojos sin movimiento. Ha dado cuenta a continuación de Tomás, evitaremos detalles de la agonía del más ingenuo de ellos, se acerca al fuego, lleva colocados los ojos del búho como un antifaz. Echa mentalmente a suertes su próxima víctima, quizás porque intuya que en el azar pueda encontrar su salvación.

Anselmo ignora que le estoy viendo en la profundidad de mi sueño, me martillan el pensamiento las palabras del Eclesiastés: "La hija mantiene desvelado a su padre, pues el cuidado de ella le quita el sueño por el temor de que sea manchada su virginidad". Abro sin saberlo por última vez los ojos y contemplo a Anselmo pronto para atacarme, su atroz mirada disfrazada no logra paralizarme, "por qué la mataste?, era mi vida, mi único consuelo", él susurra que ella se le ofreció sin pudor alguno, creyó que era el demonio que le tentaba, y por ello la apuñaló con saña de jesuita. Alcancé sin esfuerzo su punzón y me lo clavé varias veces en el pecho, no quería vivir más, no sin mi hija. Él me dejó hacer, tan solo se limitó a tapar con sus manos mi boca para así evitar cualquier gorjeo inesperado.


Rufino también estaba inquieto, "es un pez difícil de pescar éste Rafael, si me lo gano tengo ya una ganga asegurada, algo fijo durante un buen tiempo, podría reabrir el desguace de coches, me costará algo convencerle, eso sí". Rafael es el que mejor se entrega al sueño, apenas piensa en nada más que en reflejarse en su propio espejo de burdeles y morfina, pero existían señales de advertencia, "Pitu" se movía inquieto, puede que en realidad todos ellos desearan la llegada del gran depredador de la noche, terminar de una vez por todas con esta absurda aventura. A Anselmo apenas le queda tiempo para realizar su próximo movimiento, se acerca sigilosamente a Rufino y le introduce el punzón en la sien izquierda, provoca que vomite la cena, se altera, más contrariado por el pegajoso unto que por el hecho de su propia muerte. Su demonio interno ha escapado por fin de la jaula, no quedará ya para él ningún otro abrazo nuevo en la madrugada, en su mirada se posa un aire dulce, casi transparente.

Los ojos del búho real, disecado en su único haz de luz, invocaban a los dioses inciertos. Anselmo se aproxima resuelto hacia la figura recostada de Rafael, mientras"Pitu" sale disparado tras un conejo.