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29 jun. 2016

NOCHES DE INSOMNIO






GOG Y LAS HIENAS TELEPÁTICAS.                  "CHOKE / DROWN"
Reconozco que la nauseabunda relación que mantengo con la publicación Karate Press me pone del revés, esto es, hace que mis vómitos me lleguen a gustar, encuentro en ellos el simulacro de agonía inesperada que Jimi Hendrix o Keith Ellis debieron sentir antes de estirar la pata. Debo aclarar que esta sensación tiene procedencia por mi ánimo auto-destructivo, cuestión que afortunadamente va quedando disminuida conforme van pasando los años, uno ya no tiene las suficientes agallas para deambular por un camino que no conduce hacia ninguna parte. Además, cada vez me apetece menos llegar hasta un final incómodo mientras pueda seguir escuchando a Gog y Las Hienas Telepáticas, otra cosa será cuando decidan dar papela a la formación, a tanta desolación seguro me abocaría el desánimo y la frustración vital. Queda dicho.

Para mayor desasosiego, padezco desde hace mucho de insomnio y, con demasiada frecuencia, me levanto como un autómata a cualquier hora de la noche para enfundarme los cascos y escuchar lo que se ponga a tiro. En esta ocasión elegí su "Choke / Drown" (gracias a Luis Boullosa por su generosidad), disco grabado por la banda gallega (¿o no es gallega?) ignoro cuando y la verdad es que tampoco estoy tan necesitado de saberlo. Les aseguro que en la decisión de escuchar los temas del trabajo mencionado a esas horas aun tan oscuras, sin ningún estimulante que sirva al oyente para espolear sus insomnes neuronas, pesa casi en exclusiva la ya continua desesperación por negarme Morfeo sus añorados abrazos. Quisiera pensar que tal resolución sirviera para curar la ansiedad de un día completo de fallos, no he probado hoy los labios de ninguna admiradora, me ha sentado a sapos el café doble después de comer y, para ahondar en el descalabro motivador, siento recientemente unas ganas tremendas de coger la bomba y tal. Dados los antecedentes juzguen ustedes si merece la pena continuar con la lectura del texto.

Me resulta aterrador anotarlo pero conforme van pasando los años voy acercándome cada vez más a la necesidad de la violencia reivindicativa, me apremia el hecho de asomarme a un balcón cualquiera de la calle Mayor y cuando pase la pareja real mandarles un recado cargado de dinamita. ”Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas) / A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, y paso largas horas oyendo gemir el huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna” (Dámaso Alonso, "Insomnio”, “Hijos de la ira”). No sería justo alinear a Gog y Las Hienas Telepáticas con mis extravagancias fanáticas pero, debo confesarlo, el título (y el despiadado contenido) del poema y la escucha continuada de su mencionado "Choke / Drown", me han dado pie para sumergirme en los meandros de la noche. Parece que se acaban los años del pastoreo hippie de CSN&Y, o al menos deberían tener un reflejo más actualizado hacia la Madre Naturaleza y los rollos veganos, así que he llegado al convencimiento de que el rock´n´roll debe seguir haciendo daño, su armamento debe seguir cargado de futuro, luchar en primera fila y dar la razón al Gabriel Celaya del barrio de Prosperidad:Porque vivimos a golpes, porque si apenas nos dejan / decir que somos quienes somos / nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno / Estamos tocando el fondo” (“La poesía es un arma cargada de futuro”, “Cantos íberos”)

Y ya basta de reivindicaciones laborales por hoy. Vayamos al grano.

También, para paliar en cierta medida esas ansias destructivas, y darle de paso a la mancha arcoiris un tono más pitiminí, pienso que el rock debe seguir prodigando la vena del humor y del guaseo lírico. Y en ese campo confieso que los textos de Gog y Las Hienas Telepáticas en este “Choke / Drown” se las traen. Corre por sus líneas un inglés de rotundo acento español, empapado de una inflexión castellana que refuerza el significado de cada palabra, de cada frase. Es tan exacto en su pronunciación cañí que su inglés acaba sonando estupendamente, ni siquiera la fonética más puramente cockney podría llegar a tales niveles interpretativos . En algunos pasajes la corista vedette Mary Chuka pone orden ante tanta emigración incontrolada, y con ello acierta a debilitar en parte un rock tan machote. La carcajada al final del "The Servant" y la rotunda expresión del "joder", una vez culminado el "City of Knockout", no dejan de ser algunos de los momentos más inolvidables del album.


"I´m not , I´m not / I´m not your fucking servant, little idiot"...(The Servant”)




Siguen las nubes de estos últimos días de Junio (poco antes del concierto de Danny & The Champions of the World (¿quién no se puede consolar ante tal próximo evento?...) creyendo en sí mismas, en su previsto antídoto contra la futura sequía, tal galope de calor acumulado llevan en sus venas abiertas que hacen pensar que la batería de Noli “Rattlesnake” Torres es realmente el latido de su corazón sustituyendo a parte de la base rítmica. Existen resonancias en los acentos de algunos temas que recuerdan a The Cramps, también estruendos en los acordes de la guitarra de Joao Avalanche, y su no forzado ensamblaje con el bajo de Cowboy Iscariot, que propician el retorno de mi anima lupis a los primigenios conciertos de Rock Ola, cuando las bandas de entonces presentaban sus canciones con la hermosa ingenuidad de los novatos. Hay una certeza sentimental en cada una de las estrofas tal que hace que la primera impresión del disco sea excelente, nada desencojona, existe una concluyente uniformidad en el sonido que hará imposible ninguna atrocidad post-producción. Me gusta el sonido que crean de puerta de polígono industrial, retratado también en la imagen en la que aparecen los tres miembros de la banda anteriormente mencionados, y que en alguno de sus poemas se expresa en su más perfecta coherencia; "We live outside the city walls / Trying to hide but life will get us away" (“Moon of the Parking Lot”)


Los 11 temas que componen este “Choke / Drown no se limitan en ser exclusivas variaciones melódicas que conducen al oyente hacia territorios más o menos conocidos, el estilo de la banda quedaría bastante bien emplazado en el territorio de los chatarreros del ritmo, tan queridos en las tierras españolas. Y así mismo afirmo que también me agrada de la banda su campante tremendismo compositivo, su falta de experiencias nuevo- psicodélicas (tan de moda últimamente), su acople al ritmo del tractor Ebro más tradicional. Texto por texto, por ejemplo, "You´ve been destroying the town / With your friend, the Wonder Man", (“The ballad of James Flour and The Wonder Man”) claro significado melodramático; melodía por melodía, la base rítmica recoge en esa misma canción la nunca bien ponderada leyenda de nuestro rock de carajillos y aguardiente. Y tal que así llegan a su cima, después de muchas audiciones, las ideas que se consolidan entre los múltiples textos líricos tan bien expresados: "You never choose companions / Even when you´re blessed with a good dog or a son".(“The Hustler”). En este preciso momento me gustaría oler la gasolina de una estación de servicio, ubicada en carretera comarcal a ser posible.





Me espera una ciudad dormida, casi sin despertar de una resaca de exclusiva propiedad (y de futuros croissants viejos con mantequilla). El suelo de la estación de cercanías de Delicias refleja en sus andenes los cambios de guitarra de "The Line", (voy a escucharlo ahora una vez más). "Why don´t you hate me? / Why don´t you hate me? / I know the time has arrived to reveal the underbright”,  y existen menciones a volcanes y a flujos de espermas de lava que se asemejan al sonido de unas lavativas congestionadas que The Cramps, nueva mención a la banda americana, emplearon en antigua y plena juerga fronteriza. Los riffs de guitarra raspean el cielo incómodo de la derrota. Eso mismo pasa cuando "City of Knockout" irrumpe sin permiso en una estancia que aun huele a orines. “Where are we heading? / City of hicks and boors” Existe un rescoldo trasero de excelente melodía ritmica, puramente rocquera y de alto octanaje pop, bien engrasada, mientras escucho el "Fucking Desierto", "Senseless thoughts go everywhere"..., y es lo que pasa. La mínima expresión del sin sentido alcanza las mayores cotas del baile. Los paletos y los horteras presentan sus credenciales ante Felipe VI.



¡Que construcción!, ¡qué cemento de tan alta calidad!, ¡tan magnífica estructura no podría venir más que de la tierra de lírica trovadoresca pasada por la Turmix!. Se desparrama su esqueleto todo en los limpios acordes de "The Ballad of James Flour and The Wonder Man"!, el punteo del bajo abre surcos de cebada rubia y percebes. Macky Chuca se luce en unos  magníficos coros en "Hope´s Hero", su voz suena a desayuno del domingo, antes de una misa imposible. "I will end this pest with the sword from my chest". Repican las espadas de unas cruzadas que remiten a tiempos medievales, tan queridos por un Quevedo que presumía de comerse el primigenio pegamento de la Biblia de Gutenberg.






 Y sigue la inspiración lírica para recrearse en muchas de las líneas de este “Choke / Drown”. "He´s been seen in seven states / Bluffing and gambling in his way / And why not? / Why not / Why don´t you go and fuck your dog" , (“The Hustler”).   Aquí aparece el recuerdo del mejor Charles Bukowski. En "You can just kill me tonight & tomorrow you´ll find / and open grave / empty cans of beer and a fading silouette" ("Leaving Trains"), se nos muestra el anticipo de una maravillosa escena fílmica, semejante por potencia visual a aquella versión cinematográfica del  "A Sangre Fría" de Tennessee Williams, en la que uno de los protagonistas se aseaba en el lavabo de una estación de autobuses de la Greyhound Company. Su expresión de dolor, mientras buscaba la píldora curadora,  seguramente serviría de anticipo a textos como: "We live outside the city walls / Trying to hide but life will get us anyway" ("Moon of The Parking Lot").


Podríamos seguir así hasta que el nuevo día traicione con su terrible calor el fresco resplandor de esta madrugada, pero debemos finalizar. De hecho, al terminar de escribir estas líneas, han pasado ya algunas jornadas desde su inicio, pero Junio sigue despierto, aun no ha terminado el mes en que hace un mes que todos hicieron su primera comunión. El desenlace, si es que hubiera necesidad de terminar algo que no tiene final, no puede ser más intrincado. El insomnio funciona en su basura como un peligroso nutriente de sombras y dudas rocambolescas, cada vez más deformes en sus gráficos e imágenes. De hecho, el dibujo de la portada y contra-portada de este “Choke / Drown” (magnífica obra de Alba Fernández) no invita a conciliar el sueño, parece que persiguiera la continuidad de la pesadilla. Cuando les ocurra el transtorno del sueño, como a mí me acontece ahora, vuelvan hacia lo más oscuro de su ser y urgen en su angustia. Gog y Las Hienas Telepáticas les estarán esperando.











20 jun. 2016

DIVAGACIONES PREVIAS A "RAINY DAY IN JUNE"




I RUTA URBANA.               BARRIOS DE SALAMANCA, CENTRO Y MONCLOA
Hay una tensa discusión en el senado del cielo esta mañana y parece que afectara a las copas de los árboles que no cesan de moverse inquietas, también a los tejados urbanos que ven cómo ya no arden sus planchas de metal. En el asfalto los taxis se mueven a ritmo de cuarteto de cuerda, las nubes dibujan extraños huertos estampados que cambian cada minuto, y un aire frío para esta época de Junio barre confuso unas aceras que han debutado hace tan poco. Así es que, en un alarde de desprogramación climática, la atmósfera opta por tatarear a destiempo el "Rainy Day In June", todavía sin la convicción suficiente porque la tormenta caerá ya muy en la tarde (entonces, cuando la sombra del paseante se desliga de su cautiverio corporal). Toda la experiencia del peatón atento, en ese extraño momento que dura casi eternamente como un caramelo, se vuelve hermosamente templada y su mirada, más que andar por el pavimento, vuela entre las caderas de todas las mujeres, ahora bellísimas impulsoras de una libertad que se respira entre las esquinas, entre  las fachadas, entre aquellos balcones que nunca antes habían brillado tanto.


Y ese debate imprevisto hace que los colores de la ciudad se tornen más delicados, menos agresivos, una breve tapicería de alas parece que los hiciera invisibles a los ojos chillones de las bocinas. Así caen al suelo sin estrépito, ni siquiera chocan contra él porque un vapor los recoge antes de que se estrellen. Vuelven a subir al espacio que han ocupado momentos antes para solo encontrar una huella de tonos aun más desvanecida. Y de esa manera se mezclan en un retorno constante de muelles y de pinceles imaginarios. Lo que verdaderamente importa es contemplarnos cuando ya han desaparecido, haciendo posible que coincida en la retina del observador el último parpadeo de su vuelo.

Las fachadas de los edificios, de algunos de ellos, juegan el papel de vigilantes de una belleza que se torna furtiva. Sus balcones de hierro forjado (tan hermosos en muchas partes de Madrid) observan el nuevo ordenamiento impuesto por un día tan sorprendente como éste. No hay insultos entre los conductores, los peatones se ceden amablemente el paso a la entrada de los cafés, los motores de combustión han decidido que el nivel de emisión de dióxido de carbono sea hoy prácticamente inexistente. Una paz dulzona ha estallado en esta jornada de higos maduros. De los contenedores de las obras se eleva una polvareda blanca que aturde felizmente a todo aquel que se acerca a sus contornos, una inmediata sonrisa propicia que los agraciados enseñen encantados sus hilera de dientes, todos perfectamente alineados, todos blancos de un resplandor de cal pura.

Hay edificios de una exquisita aristocracia  que solamente  muestran hacia su contorno exterior, guardando para sí mismos celosos secretos de alcoba, también antiguas conspiraciones monárquicas (existen muchos de esos en Madrid). Otros, más populares, derraman por sus fachadas pasteles de crema antigua y, diferentes a estos dos modelos, los hay además que enseñan gran parte de su ropa blanca al espectador que camina por sus aceras. Un ajuar tejido por los nuevos gremios de la ciudad y que muestran en sus portales tiestos de flores, alineados en galerías de boscajes diminutos, pizarras anunciando menús veganos, bicicletas recicladas que compiten con los canes en su grado de mejor objeto amigo del hombre, tanto y tan variado servicio han encontrado para los habitantes de una ciudad que casi siempre las ha dado la espalda.

[Y desde dentro de algunos locales, a los que el paseante entra para refrescarse, el mundo de una pantalla de televisión muestra las violentas imágenes de los seguidores de los equipos de fútbol ruso e inglés, enfrentándose por una cerveza de menos o por un ridículo tatuaje de más. Asciende entonces a un patoso peldaño el hombre moderno y nos enseña su estúpida condición de un ser sin atributos, mientras nos exhibe nada menos que el aburrimiento de sus cien mil días sin vida]

En el último tramo de nuestro itinerario la ciudad, aun no recuperada de un inicio de Junio tan benévolo, se confunde con los comienzos de grandes avenidas que la evacúan hacia el extrarradio. En un instante de quietud el paseante observa el latido de sus calles finales, contempla cómo sigue moviéndose la gente, aunque en realidad cree que no lo hacen hacia ninguna dirección fija porque muchos desearían quedarse adormecidos por ese calor tan tibio. Y es que parece desprenderse de sus pensamientos un ansia de tregua, un no querer ir más allá, a poco que fuercen la vista ya les enseña el Parque del Oeste aquellas sombras que añoraban adolescentes. En apenas unas pocas horas, desde la cabecera oriental del barrio de Salamanca, pasando por el Centro más emprendedor, culmina el viaje en Moncloa, ya próximo el río, aun tan verde en sus meandros de la Puerta de Hierro. Mientras el autobús retorna al viajero a su domicilio de Majadahonda, Ray Davis inicia el estribillo: "A misty shadow spread its wings / and covered all the ground / and even though the sun was out / the rain came pouring down"

8 jun. 2016

RAREZAS X: VIAJE A LOS GRANDES LAGOS




GRANICUS                                 "GRANICUS"
Cuando la tarde se hace de papel de fumar me da por rememorar las palabras de mi abuelo materno, un tipo humanista cuyo paréntesis vital abarcó desde el Desastre del 98 hasta la victoria del neoliberalismo en la primera mitad de la década de los 80. El propósito de una de sus más celebradas sentencias, atemperada por el cuajo de un hombre que supo vivir mucho y bien, venía a instruirme en el sentido de que hiciese lo que hiciese lo hiciera siempre en exclusiva, nunca compartiendo algo que especialmente me gustara con otra cosa que quisiera hacer al mismo tiempo. Si lees un buen libro, me decía, no escuches música ajena entre sus páginas, deja que las propias palabras del texto lleven hacia tí la mejor melodía posible. Si te evades con un buen cuarteto de cuerda (el rock´n´roll nunca llegó a tener para él carta de naturaleza), evita que un sorbo de Rioja te embriague aun más. Si contemplas una pintura, haz que solo la vista sea protagonista de tu emoción, ni el tacto del lienzo, ni el posible olor del óleo deben tomar partido, solo la inundación de los colores merece entrar en tu retina.

Saco esto a colación porque me resulta muy difícil abstraerme mientras escribo esta entrada sobre el grupo americano Granicus, prototipo del mejor hard-rock de los primeros años 70 del pasado siglo. Una banda del mid-west que tuvo su sede en Cleveland (ciudad del Ohio limítrofe con el Lago Erie) y gozó de un primer momento de no-gloria entre 1969 y 1973. Incólumes vuelan sobre mi cabeza multitud de imágenes de estos días atrás, frases, lecturas, conversaciones, sabores y paisajes que seguramente tengan influencia en el texto que ahora sale a luz. Intentaré disculparme con el improbable lector si entre párrafo y párrafo no encontrara sentido a mis palabras, ... ¿o no?, mejor dejar que salga el sol por donde le venga en gana y asunto concluido.

Mientras escucho el primer corte de su homónimo Lp, publicado en 1973 por el sello RCA, "You´re In America", debería hablarles de una ciertísima conexión del estilo musical de Granicus y gente como Blue Cheer y Cactus, por ejemplo, también de Led Zeppelin. Pero, ya me perdonarán, prefiero comentarles un excelente plato que cociné en casa de mi madre hará un par de semanas, experiencia de cuyo resultado me enorgullezco profundamente. Pochar primero un par de cebollas, repetir después la misma operación con 4 ó 5 patatas peladas en láminas y un pimiento verde previamente troceado. Verter todo el contenido ya preparado en una sartén y, a medio fuego, cuando el chup-chup no llegue al nivel de la burbuja inmobiliaria, partir en cuatro mitades una pieza entera de queso camembert. Finalizamos dejando que se mezcle todo, ahora a fuego lento. El resultado es espectacular, tanto o más que el sonido de la guitarra de Wayne Anderson, uno de los virtuosos intérpretes de la banda,  y la voz de otro miembro (el que salpimienta el plato), el cantante Woody Leffel, auténtico fuera de serie que eleva su fraseo vocal hasta los mismos niveles de un Robert Plant.

Granicus fueron un grupo de hard-rock parcialmente politizado (no en el nivel del MC5 de John Sinclair), sus miembros movilizados (a su pesar) por la onda expansiva de una juventud americana urbana,  marginada y golpeada por la crisis económica (rampante en una ciudad como Cleveland, que veía como una parte importante de de su tejido industrial y manufacturero perdía gran peso durante una buena parte de la década de los 60), un racismo feroz  y la oposición a la guerra de Vietnam. Su visión de USA es la de un país maldito ("Wicked!, Wicked!, Wicked!", claman en el texto de su mencionado "You´re In America", ..."politicians and bankers sleep on silken sheets,...let me load my drop on you Americaaaaa!!"). Cleveland, una ciudad escenario de violentos altercados raciales en los mismos años en los que los miembros de la banda inician su formación musical. El guitarra Wayne Anderson (abandonado mucho antes por sus padres a los 3 años de edad), se esconde en un piso abandonado durante los disturbios sangrientos en el barrio de Glenville; su compañero Al Pinell, guitarra rítmica, es salvado a tiempo de perecer en las batallas callejeras que protagonizaban las bandas que controlaban el juego ilegal en la ciudad.

Granicus es el prototipo de la banda americana que se sirve del rock´n´roll como vía de redención para buena parte de sus miembros. Pero antes de seguir en esta línea, añadiendo a los problemas de Wayne Anderson y Al Pinell la breve mención de una juventud frustrante en la que se vio envuelto el cantante Woody Leffel (agobiado por el carácter dictatorial de un padre intransigente y una devotísima madre católica), o la catarsis curativa a una complicada operación de espalda que mantuvo a Joe Battaglia, batería del grupo, fuera de juego durante buena parte de su adolescencia, [el único que se libró de esa sordidez juvenil fue el bajo Dale Bedford], permítanme incluir en este texto el escueto párrafo de un poema de J.M.Caballero Bonald, su letanía me ha perseguido sin descanso durante estos últimos días: "¿Qué habría sido de mí sin esas donaciones consoladoras de tus ojos? /  ¿Cómo habría yo podido sustraerme a la evidencia de saber que he vivido / porque estaba mirándote?"

Y es que hay dos canciones en la primera cara del disco, "Bad Talk" en las que las palabras de nuestro poeta andaluz deberían servirnos como guía; contrapeso figurado en una frase como "...cause I´m hated by the tongue..." y que podría encontrar su justificación en el transcurso del párrafo final del tema "...we knew you when you sent us off to war. No more!". En la otra, "Twilight", una pieza instrumental con una maravillosa introducción de la guitarra acústica de Woody Lefell (y un no menos extraordinario arreglo de melotrón del mismo productor del disco Martin Last), la atmósfera conseguida por la banda se transforma en un verdadero poema armónico, tanta es la elevación que evoca, casi sin pretenderlo. Los mejores pasajes del "Lizard" de King Crimson ("Lady Of The Dancing Water") se esparcen entre sus acordes de seda dormida. El extenso corte de once minutos que cierra la cara A, "Prayer", sigue insinuando en su comienzo, también acústico, un dulce ambiente de torneo medieval para, según progresa la canción, introducir al oyente en una estructura melódica donde las aristas sangrantes de la voz de Woody (en su mejor momento en el disco) y el punteo y los riffs medidamente violentos en la guitarra de Wayne van ganando escalas dentro de una ascendente agonía rítmica.

El comienzo del primer corte de la cara B, "Cleveland, Ohio", desentierra de mi cámara fotográfica la piedra contemplada recientemente en el Pantano de Valmayor. Una extensa placa de granito cuarteado por unos riffs de Wayne Anderson, que para nada añorarían la fuerza y el estilo de otro guitarrista coetáneo como el Leslie West de Mountain, y que añaden mayor convicción, si cabe, a una voz de Woody que arremete sin piedad en su lírica contra una ciudad condenada a una crispada rutina . En "Nightmare" rescato la visión maligna de aquel tronco yacente sobre un tálamo rocoso, al igual que la palpitante voz de Woody denuncia con gritos de piedra la partida de sus hermanos con dirección a Vietnam. Análogo sentimiento de oración fúnebre posee la instrumentación de la canción, un lamento que sabe a epitafio. La idea de una Armageddon revisitada cobra visos de realidad, pero es aun un sueño de taller de chapa y pintura, la materialidad que invoca la obra de Granicus (grabada en 1973) no posee afortunadamente ninguno de los posteriores efectos especiales de la industria discográfica.


"When You´re Moving" se mueve como un quitanieves Sterling en los suburbios de Cleveland, un reguero de lubricante fluye viscoso desde el manguito del bajo de Dale Bedford hasta la pala articulada en la guitarra de Wayne. La batería de Joe Battaglia funciona como la cadena de un engranaje en perfecto servicio de post-venta, la voz de Woody, inexplicablemente, habla de folleteo..., "Plant my seeds in you baby / Plant my love in you baby"..., cuando el sonido sugiere claramente el bellísimo rugido de un motor Chrysler V8 sobrealimentado. Lo mismo ocurre en el tema final del disco, un prolongado "Paradise", donde Woody implora al Innombrable..., "...funky Ol´ Devil / you gotta go / you gotta rock mah soul!!"..., en un imparable ritmo sabiamente moderado en algunos pasajes. La banda está poseída por una ferocidad post-industrial típicamente americana, en algunos de los puentes las guitarras tienen un magnífico e inesperado crujido funky, el tono final del disco es el de una libélula armada de napalm.

Hay datos que hablan de la reunión posterior de Granicus después de su separación inicial ocurrida en 1973, poco tiempo después de la grabación de este magnífico trabajo homónimo. La decisión de reaparecer en 2009, en principio provocada con la intención de contrarrestar la edición pirata europea de su hasta entonces único disco (¿tan tarde?), les motiva para grabar un nuevo album, "Thieves, Liars And Traitors" en un sello independiente un año después. Esta nueva obra contenía temas compuestos en el año 1974  que permanecían encarpetados por alguno de los miembros originales de la banda. Además, para este mismo año 2016, Granicus ha anunciado la grabación de un nuevo disco. De lo que se da el oportuno aviso a todos los amantes del mejor american-high-energy-rock, puro y genuino octanaje abrasivo sin aditivos.











1 jun. 2016

UN DÍA EN LA VIDA DE JOE HENDRIK PEROTTI


WEATHER REPORT                          "MYSTERIOUS TRAVELLER"
Pasen y vean (pasen y lean, mejor dicho...), cómo Joe Hendrik Perotti se precipitó sin gran dificultad por el abismo de un cartel pegado a un muro. El quería ser escritor y contarles, (si me lo permiten yo lo haré por él, ya que desgraciadamente Joe se ha largado sin avisar), los hechos que ocurrieron hasta poco tiempo antes de que desapareciera. Había quedado en acompañar a su hermano al médico una mañana cualquiera (no importa el motivo, bueno..., algo relacionado con un problema en uno de sus ojos) y cuando terminó la consulta su hermano le encargó que se quedara con su coche, un flamante Volvo V60 Wagon, justo un día más hasta que se recuperara totalmente de los efectos de una sequedad ocular que le impedía conducir. A eso de las 3 y media de esa misma tarde pudo más la tentación que la prudencia y JHP se hizo al volante del Volvo y condujo unos 30 kilómetros por la A6 hacia el noroeste, dirección Torrelodones, antes de parar muy cerca del Casino de Madrid, valla a valla con los "19 días y 500 noches" de Joaquín Sabina. Menciono esa canción porque estaba incluida en el CD que encontraron en el Volvo, junto a otros tantos temas grabados en alguna fecha inconcreta de septiembre de 2006, así aparecía en el listado mecanografiado de los 15 cortes que figuraban en el reverso del plástico. La idea original que JHP tenía en mente la misma mañana de su mutis era la de escribir sobre Weather Report y también sobre los Weatherman.

Lo se porque un día antes yo mismo había estado paseando con él por Vallekas, después de acordar con la inkilina de turno el desalojo de un piso de su propiedad, y de improviso lo comentó. Me dijo que antes de llegar a la cita, entre la esquina de la Avenida de la Albufera y la calle Sierra del Cadí,  se había parado para contemplar en una columna un cartel que convocaba al X Congreso del PCPE para los próximos días 10, 11 y 12 de Junio. El eslogan de la cita, según me confesó, llamó poderosamente su atención. Decía: "FORTALECER EL PARTIDO. ORGANIZAR LA REVOLUCIÓN". La REVOLUCIÓN..., ¡coño, si todo es tan sencillo como creer en esa palabra!, me comentó que pensó sin apenas desviar la mirada del muro, te das cuenta, la idea de la acción revolucionaria se abre paso ante nosotros como una maravillosa posibilidad. Repentinamente, debo confesar que enervado por la emoción de lo que yo imaginaba como futuras e interminables sesiones de amor libre,  le ratifiqué mi opinión favorable a esa mágica palabra. REVOLUCIÓN. ¡Qué bien suena, joder!, confesé. Fue entonces cuando me habló de los Weatherman y de Weather Report.

El 11 de marzo de 1975 Genesis presentaban en Madrid su "The Lamb Lies Down In Broadway" y poco antes de las 9 y media de la noche, mientras JHP se dirigía a su silla de tijera alineada junto a las primeras filas del auditorio, recordó cómo sonaba por los grandes altavoces del recinto el "Scarlet Woman". El saxo soprano de Wayne Shorter amagaba sus suaves aristas en una atmósfera aun extrañamente iluminada por los focos del pabellón. Los teclados de Joseph Zawinul y el bajo de Alphonso Johnson andaban a tientas, marcando al unísono un lento y somnoliento peregrinaje hacia la cueva del oyente. Esa fueron las primeras frases que JHP escribió en algún lugar sobre el "Mysterious Traveller" de Weather Report. Dias antes del concierto, seguía anotando, había terminado la lectura del "Weatherman" de Jacob Harolds y, con la curiosidad de un recién iluminado, saqué de la estantería el "Bringing It All Back Home" de Bob Dylan y puse en el tocadiscos el primer corte de la cara A, "Subterranean Homesick Blues". Había descubierto que una de las frases contenida en la canción, "You don´t need a weatherman to know which way the wind blows", fue el detonante lírico del que tomaron su nombre los activistas revolucionarios americanos.

Mencionaba también cómo el sonido de la excitación del público presente en el concierto de Madrid le había trasladado a ese mismo instante vivido felizmente años atrás, cuando en el "Nubian Sundance" una emocionada y múltiple voz de espectadores celebraban el gol al universo, la totalidad y el vacío generados  por el piano y el sintetizador de Zawinul  ocurrían en el mismo momento en que Peter Gabriel intentaba girar por el escenario disfrazado como un genízaro;  los coros femeninos y la percusión de Dom Um Romao funcionaban como un rallador eléctrico de queso, sus acordes cayendo pausadamente en un lecho oscuro y fluido. La música de "American Tango" era un lenguaje anterior a la lengua patriarcal, los instrumentos de los miembros de Weather Report galopan por sí solos,  sin dirección visible, y parece que se encaminaban automáticamente hacia las chatarras espaciales que Stanley Kubrick dejó flotando cerca del extraño monolito lunar. Ignoro si exageraba o no JHP cuando escribía que los bucles del bajo de Alphonso Johnson (su primera intervención con Weather Report como futuro sustituto de Miroslav Vitous, indicaba a pie de página) actualizaban la doctrina de un Nuevo Concilio De Trento Para Un Moderno Jazz-Rock-Fusión Del Siglo XX, y tal acontecimiento ocurría  en el transcurso del "Cucumber Slumber", más de ocho minutos, continuaba diciendo, en los que el último Dios conocido quedaba depuesto, el saxo de Wayne y el piano eléctrico de Josef coronaban al Pepino Aletargado como nuevo Maestro de la Creación Fallida. La sentencia me parece, siempre que vuelvo a ella, un tanto forzada.


A partir de entonces JHP comienza a introducir en su texto alusiones a los Weathermen, primero en sus conexiones musicales, recordando la génesis de su denominación en el mencionado "Subterranean Homesick Blues" de Dylan (que liga con una mención a un "Lay, Lady, Lay" que los activistas políticos utilizaron para ridiculizar al Fiscal del Distrito de Chicago, un tal Richard Elrod,  por su actuación durante los famosos "Days of Rage" de octubre de 1968 en la "Ciudad del Viento"), para seguir a continuación con su "George Jackson", denunciando el asesinato del destacado militante de los Black Panther Party en la prisión estatal de San Quintín, origen de la rebelión posterior en la prisión neoyorquina de Attica en 1971. Habla también con emoción del tema "Diana" del "Sunfighter" de Paul Kantner y Grace Slick, compuesto en homenaje a Diana Oughton, uno de los tres miembros de los Weathermen muertos en el Village neoyorquino a causa de una detonación fortuita mientras manipulaba un artefacto explosivo en marzo de 1970. A uno de los activistas fallecido en ese momento, Terry Robbins (reconocido seguidor entonces de la música de The Beatles, Dylan y Barbara Streissand), le dedica JHP quizás su mejor comentario, un simulacro de la última frase que Diana pudiera dirigir a Terry y Ted Gold (el tercer hombre) momentos antes de la explosión: "por un segundo inmóvil me ofreció Ted su mano y en ella ya había pequeños granos de incendio sobre el fuego". Como mención de pasada, JHP relata igualmente la huida de Timothy Leary de la California Men´s Colony Prison ayudado por los Weathermen.

Si viniera por una vez la muerte..., continuaba el texto de JHP en el siguiente párrafo, evocadme entre las teclas del Rhodes de Joe Zawinul en "Mysterious Traveller", tema con el que se abre la cara B del disco. Comienza, añadía, con un latido de teclados y percusión que yo se que no eran los míos, ahora me doy cuenta que pertenecían a una escolanía derrotada, que ensayaba allá donde mi colección de cactus ya supura el olvido del desierto, en un lugar de mi cableado interior que es muy difícil de localizar, incluso para mí mismo. El grito postrero del saxo (de Wayne Shorter en esta pieza), continuaba,  puso mis pies sobre el suelo húmedo de madera, me acababa de despertar después de padecer un sueño matemático, una narcosis que el mismo Wayne se encargaba en "Blackthorn Rose" de desmenuzar número a número, soplando desde sus labios un arsenal de acordes que no conseguía calcular, se desprendía de sus palabras que tan alta volaba la melodía en su mente

El tema final de este "Mysterious Traveller" de Weather Report, "Jungle Book", que JHP calificaba como fantástico ejercicio de preciosismo instrumental de Zawinul  (salvo la percusión de Dom Um Romao, Josef se convierte en el único protagonista de la pieza), merece los únicos calificativos meramente técnicos que se dan en el texto que les comento. Allí JHP hablaba de la incorporación de la tamboura, de la macarina y de otros elementos de percusión tribal que reforzaban la influencia de la música oriental y la onda experimental en la que la banda se encontraba al grabarse el disco en 1975. Los instrumentos de viento, en esta ocasión a cargo de Don Ashworth, llegan al oyente (papel que nunca ha dejado de interpretar en el texto el mismo JHP) como un arrullo desinfectado en autoclave, el perfume de una espalda femenina al salir de una ducha de cometas. Es este el impecable remate, agradezco que la siguiente frase la apunten a mi propia cosecha,  para un viaje sin vuelta hacia territorios de los que se prefiere no regresar, una geografía  por la que JHP estaba, sin yo saberlo, acostumbrado a peregrinar.

Un día después de la desaparición de JHP, concretamente la mañana del 9 de junio, una Brigada de la Comisaría General de la Policia Científica se presentó en el Depósito Municipal de Vehículos de Collado-Villalba, lugar al que habían trasladado el flamante Volvo V60 Wagon de color azul perla metalizado. La funcionaria Bienvenida Mahou Clásica realizó una exhaustiva inspección del coche y concluyó, antes de redactar el informe preceptivo, la no existencia de ninguna huella digital que pudiera pertenecer a JHP, la falta de cualquier rastro humano tanto en el interior como en el exterior del vehículo inspeccionado encendieron además las alarmas para alimentar cualquier tipo de suposiciones. El mismo hermano de JHP no dio señales de vida cuando intentaron avisarle para hacerse cargo del VV60W. Su paradero era desconocido incluso para su perro Golem, un encantador cruce de corgi y dálmata del que tuvieron que hacerse cargo los vecinos. Como bien supondrán me frieron a preguntas como posible testigo de tan extraña evanescencia. Lo único que se me ocurrió contestarles, nada más que para salir del paso, es que investigaran sobre las fechas de la convocatoria del X Congreso del PCPE. Allí estaría, presumiblemente, alguna de las claves.