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23 may. 2019

SESIÓN NOCTURNA 2



Me sorprendí abriendo el portillo y firmando el pase de pernocta mientras salían al escenario, uno a uno, los Dum-Dum Boys de Iggy Pop. Sonaban City Kids en "Is it love", la voz de bisturí de Dominique Comont perforaba el córtex del oyente, la guitarra de Pascal Lamy se ocupaba del posterior sangrado; al igual que ocurre en "Girl Of My Life", los desenlaces de las canciones empujaban al observador hacia una sensación semejante a la visión de un volcán en erupción, las lenguas de lava cayendo incontrolables entre las faldas de las montañas. No lo hizo aleatoriamente la aguja cuando se posó sobre los surcos de "Losing Your Mind", su intención era la de subir la autoestima de los pocos asistentes al concierto imaginario de la madrugada. Los choques corporales carecieron de la virtud del coro eclesiástico, buscaban abrirse paso entre caminos aun repletos de ocultas bombas de racimo. "Changing" tenía otro ritmo distinto, más convencional, menos moderno quizá, sonaba más a la producción clásica de Rob Younger, psicodelia aussie con aristas de cristal. "I Need Your Noise" es la gran estrella del EP. Los Dum-Dum Boys comenzaron a tomar el control de la sesión. El salitre del Havre atlántico se coló por los micrófonos, músicos curtidos, se habían pateado durante muchos años gran parte del circuito europeo, recogiendo y asimilando todas las influencias necesarias, desde el genuino blues del Delta hasta los invocados fantasmas de Lux Interior, una pócima condimentada con la santísima receta fuzz de Radio Birdman, Hoodoo Gurus, Birthday Party y Beasts Of Bourbon.

Mucho antes del entreacto el ambiente de la sesión nocturna se movía lentamente, su escena era imprecisa, en otras ocasiones el panorama se tornaba palpitante, sucedía en el momento más inesperado, cuando la habitación se llenaba de libélulas, poco antes de que la añorada niebla londinense hiciera su presentación. Apareció entonces Savoy Brown en todo su esplendor de magnetos. Aposté a ganador en su "A Little More Wine", emocionado al encontrarme con los bardos blueseros criados bajo la humedad perenne del cielo inglés. "I´m Crying" marcaba el retorno de la banda al raw boogie blues más insolente. La sección de vientos no está en el disco acreditada a ningún instrumentista, una lástima porque deberían conocerse los autores de ese ambiente funky que hace presa en el tema. "Don´t you worry about the morning / because the day might never come...", invita sin trabas al oyente a prolongar la velada, a olvidar sus problemas mientras el riff de guitarra de Kim Simmonds mece la cuna universal en este "Stay While The Night Is Young". En "Is That So", la base rítmica sigue el camino del blues industrial, se empapa de la atmósfera del estudio de grabación de la periferia, un paisaje rodeado de almacenes logísticos, de carretillas elevadoras que se mueven al acorde de las poleas mecánicas. Lonesome Dave a la rítmica, Tone Stevens al bajo y Roger Earl comme batteur. Chris Youlden era entonces, junto a Kim Simmonds, el principal compositor del grupo. Mientras llegaba el último tema, "When I Was A Young Boy" de la cara 2 (decidí obviar la crónica de la primera cara por mor del espacio), el líder de los Dum-Dum Boys sorbía su botellín de cerveza, llegaban al escenario los primeros flashes del milagro espacial alemán.


Antes de que apareciera Ash Ra Tempel en el tablado flotaba cierto ambiente novelesco, la memoria de los relatos fantásticos de Wilkie Collins (en los que andaba entonces metido) hicieron acto de presencia. No fue mi intención destacar un tema concreto de este disco porque siempre he preferido contemplar esta obra como una representación global, un "Don Giovanni" mozartiano, un conjunto de piezas que conforman lo que considero como el mejor kraut del momento, desde luego irrepetible. También me dio por calificarlo como un camino de iniciación para el oyente no acostumbrado a este tipo de música, a poco que ahondara en su sonido se vería sorprendido por sus antecedentes floydianos y, más adelante, deduciría su posterior influencia en otras propuestas sonoras (desde los devotos seguidores de Kim Fowley hasta Sonic Youth). Mientras eso ocurre el novicio se enfrentará a la desestructuración del ritmo, lo convencional le quedaría momentáneamente oculto. Dos piezas exultantes, de celestial empuje: "Amboss" en la primera cara, en la segunda "Traummaschine". Hay que escucharlas bien, aprenderlas con indisimulada devoción, no perderse ni un solo segundo de su minutaje, concentrarse en los misteriosos ambientes que crean sus surcos, dejarse llevar así por su inagotable capacidad para sugerir imágenes.

De acuerdo con el guión inicial aquí debería aparecer una nota del Editor presentando las bandas protagonistas de esta segunda sesión nocturna. City Kids, grupo estrella de la ciudad portuaria francesa de Le Havre, Savoy Brown desde Battersea, al sur de Londres, Ash Ra Tempel desde Berlín, otros alemanes en Düsseldorf, Neu!Max Gamuza, nuestra muchachada del norte, desde Gijón. Leon Russell, el okie universal desde Los Ángeles. Sus obras, el EP "City Kids" (Marylin Rcds, 1984), "Raw Sienna" (London-Parrott Rcds, 1970), "Ash Ra Tempel" (Ohr Rcds, 1971), "Neu! 2" (Brain Metronome Rcds, 1973), "Los Buenos Momentos Están Aquí" (Munster Rcds, 2012) y "Carney" (Shelter Rcds, 1972), 

La propuesta de "Neu! 2" puede que sea más circular, el relato del eterno-retorno, del huevo-partenogénesis hecho música, el circuito hidráulico del sonido perfectamente lubricado en sus flujos, la carrocería industrial ciertamente reconstruida. Toda la cara A, un canto secuenciado en loor de la eficiencia liberadora del space-rock, se encuentra tan deliberadamente programado que más bien parece un producto de los laboratorios Bayer. Y es ese antecedente el que se rompe de improviso en gran parte de los surcos de la cara B. ¿Exceso de experimentación?, no lo creo, se pretende más bien sorprender al oyente, y aquí radica lo más atractivo, lo más digno de reseña de la obra. Puede que alguno espere que este "Neu! 2" recupere la atmósfera kraut de la que pretendidamente nunca se debió alejar (y es probable que en alguno de sus temas más extensos, "Neuschenee", "Hallo Excentrico" y "Super" se consiga), pero son sus piezas más cortas y excéntricas ("Neuschenee 78", "Super 16" o la dupla "Casetto" / "Super 78"), las que otorgan a la obra su valor absoluto de referencia.


Quise a esas horas de la noche agradecer a mi amigo Hubert el pasarme tanta mandanga buena, este disco de Max Gamuza entre otras magníficas vituallas. La banda de Busta Spector se marcaba un strip-tease roquero (con inesperados brochazos a lo Domenico Modugno) de alto calibre. En la mayoría de sus textos se asoma una lírica acertada y dinámica (también aparece la generada fruto del aburrimiento y la desolación), en la que se intenta mantener firme la leyenda de los muchachos del Norte como genuinos representantes de la reivindicación post-industrial, acogida toda ella al susurro de las mareas cantábricas. La extensión de los temas no excede los 3 minutos, lo que viene a demostrar en cierta medida su urgencia, salir rápido al ring y noquear al contrario. Destacar a todos los miembros de la banda de Busta: Joseba Irazoki a la guitarra (al que sigo desde hace tiempo), Iñigo O. de Zárate a los teclados Farfisa e Iván Mirech a la batería. Mike Mariconda, desde las catacumbas neoyorquinas de The Devil Dogs, produce y  participa como músico a la steel y guitarra acústica. 

Me dio por elucubrar sobre Leon Russell como el primer artista que aparecía por segunda vez en este blog (y curiosamente con el mismo disco), pero a esas horas de la noche no tuve suficiente voluntad para acreditar tal hecho. Eso sí, quedé sorprendido cuando revisé la entrada anterior, tan manifiestamente capacitado para manejar unas fuentes tan profusas de información. Mientras el disco giraba en el plato me sentí sobrepasado, imposible llegar a la altura del texto de antaño, pensé. ¿Permitirán ustedes que me limite a recordar parte de lo reflexionado entonces? Muy agradecido. Una combinación de estilos que partiendo de la pura raíz sureña (sin olvidar algún toque de vodevil Broadway) concluyen en la fértil huerta de Bakersfield en la Costa Oeste. Entre medias, las llanuras resecas de Oklahoma, el dust-bowl de John Steinbeck. Leon transporta hasta Los Ángeles su riquísimo tejido musical de crossroads. Incluye simples melodías jazz, dixie de Nueva Orleans, ecos de los Apalaches, la atmósfera down the bayou y los bailes en los polvorientos graneros de Arkansas. También excentricidades medicine show ambulantes cuando suena la canción de mismo título, "Carney". No serán las únicas, aparecen además alegatos en los que las brujas de Salem se mecen bajo los aromas del cosmic american music de Gram Parsons. "This Masquerade" (si nadie apuesta más alto, lo considero como el mejor tema del disco a día de hoy) es ya puro pop sunshine. Concluí la sesión rememorando a sus amigos de la Wrecking Crew, recluidos en el Capitol Records Tower de Hollywood (y en un Denny Cordell que ya iba por entonces camino de convertirse en su Bernie Taupin americano). Ignoro si su opinión coincidirá con la mía.






7 may. 2019

SESIÓN NOCTURNA



Trataba de orientarme hasta llegar a un punto previamente convenido de la sesión nocturna, en una zona sin apenas geografía, inmersa en una desacumulación de motivos, totalmente incapaz de contextualizar el entorno. Al final todo daba igual, no conseguía controlar las variantes ideales de la felicidad, tampoco me importaba no conciliar el sueño, el ruido del camión de la basura me despertaba temprano, pretendía seguir escribiendo sobre límites difusos pero no lo conseguía. ¿Quién era el que echaba a un lado el edredón de la cama cada mañana? Además las tardes concurrían sin deporte, demasiado apacibles. Escuchaba a Nirvana, la banda inglesa de los excéntricos Alex Spyropoulos y Patrick Campbell-Lyons, en su brillante "The Story Of Simon Simopath" (Island Rcds, 1967), acabé a duras penas cualquier ensayo de Sánchez Ferlosio. Entreveía una voz que hablaba por hablar, ¿o era un sonido que pretendía tan solo llenar un espacio en silencio?. Deduje que lo que realmente consideraba como dinámico no se encontraba muy lejos de las teclas del ordenador, el tránsito ruidoso de mis dedos descongestionaba al buzo submarinista cuando intentaba emerger a la superficie. Alguien consiguió traspasar el paso de aduanas enarbolando una cinta amarilla, se sacudió el polvo de los zapatos con la manga de la chaqueta, hizo un guiño al espejo roto de la peluquería, sonrío y salió a la calle.

En aquellos instantes muchas bandas rabiaban por ser protagonistas de la sesión nocturna, cada artista intentaba trepar por las enredaderas llenas de musgo, hacer sonar sus cláxons en las calles de la gran ciudad americana, poner en marcha una emisora de new-gospel que pudiera escucharse en las autopistas sin tráfico. Las palmas de mi mano reflejaban el neón conductor de las palabras, el poso de tinta china que deja el rastro de chatarra de los satélites, jabalíes montados por nerviosos pasteles de manzana, aparecimos desnudos a la mañana siguiente, a veces quise a mujeres que me explicaban el mundo.

Los primeros invitados fueron los escoceses de la Average White Band, la banda de Alan Gorrie y Molly Duncan, sus creadores. El disco blanco "AWS" (Atlantic, 1974) me confirmó al oírlo la convicción de estar en presencia del mejor blue-eyes-funk. Desconozco si fueron realmente pioneros en Europa de este género, no importa. Llegó después "Wake Up Everybody" (PIR Rcds, 1975) de Harold Melvin & The Blue Notes y la escena cambió, entró una corriente de funk-soul directa desde las cocheras de Filadelfia, un deje black-power, también sensual del que hablaremos después. Le siguió "Angel" (Mercury Rcds, 1977) de Ohio Players, una banda de desordenado soul hendrixiano, majestuosos en los cortos recorridos, de ritmo veloz, paseando por la pasarela de la Great Millenial Soul-Funk Parade en Chicago. Ante la ausencia de material decidí cambiar de sellos, entraron de suplentes Barry White con su "Can´t Get Enough" (20th Century, 1974) y The Ronettes en "Volume 2", una recopilación algo reciente editada por Philles Rcds (el sello propio de Phil Spector). Cerró la sesión  nocturna "Midnight Lover" de Marvin Gaye (CBS Rcds, 1982), el disco belga, el de su última ascensión a los cielos. Lo mantuve en las gradas de invitado VIP.

El desarrollo de la sesión nocturna suele estar divida en varias fases, en una primera prima el desconcierto, en la siguiente una luminosidad increíble, la música suena por sí misma, la última plantea una retirada a tiempo.

Oolacile
Al día siguiente me levantaron hecho polvo, ante todos los músicos convocados me quejé de una fuerte tortícolis, prepararon el desayuno, alguno de ellos se ofreció a darme un masaje en el cuello mientras otro me ayudaba a hacer ejercicios de estiramiento con mis brazos. Les dí a todos las gracias y quedé en que volveríamos a vernos. Al cabo de un rato pensé en desarrollar la idea de un antes, un precedente de lo que estaba viviendo, supuse que igual se trataba de regresar al origen de la escritura, indagar en su razón de ser. Estaba hecho un buen lío.  

Ya comenté que la AWB fue mi primera opción, su "Pick Up The Pieces" (aunque ahora suene exagerado, entonces me dio por decir que era una de las mejores piezas de disco jamás grabadas), su sofisticado ambiente jazz y soul me recordaban mucho el "Memphis Soul Stew" de King Curtis, tanto por el sonido de ambos temas como por la inmensa fortaleza que transmiten, marchosa, rompepistas de final de fiesta. Desde el mismo inicio, en "You Got It", ya marcan su propio territorio funk. La atmósfera del disco es brillantemente americana (los músicos de la banda graban el Lp en Nueva York y a continuación se mudan definitivamente a Los Ángeles). Su música es, desde entonces, la imagen de la primera mitad de la década de los 70, la de las grandes calles llenas de anuncios y el ambiente en los mejores clubes de baile de Nueva York. Les influyen también los artistas autóctonos de Alabama, Tennessee y Nueva York, sus grabaciones en los estudios de la RCA son coétaneas con las de muchas figuras que por entonces lo hacían en la Sun, Muscle Shoals o Fame. Es más que probable que sus antecedentes como músicos de sesión, requeridos al poco de nacer la banda (formaron el grupo de apoyo de Bonnie Bramlett en su primera gira en solitario, además de grabar con Chuck Berry su conocido "My Ding-a-Lin" y actuar como invitados en el mítico concierto de Eric Clapton en el Rainbow, y todo en ese mismo año 1973), les empujaran para continuar en esa línea más americana, más moderna en definitiva, bastante alejada del gusto del white average man, del tipo de oyente blanco de Londres.

A Harold Melvin y su banda The Blue Notes les conocía desde su "The Love I Lost", una maravilla editada ese mismo 1973, fueron además una de las bandas estrella (junto a The O´Jays y The Three Degrees) incluidas en la recopilación que el sello Philadelphia International Records sacó al mercado ese mismo año ("The Sound Of Philadelphia´73"). Esa misma recopilación contenía además el famoso "Me & Mrs. John" de Billy Paul, pero el tema de Harold Melvin, "If You Don´t Know Me By Now", se convirtió en uno de los favoritos de esa excepcional colección de canciones disco. Sus interpretaciones se amoldan perfectamente tanto en temas reivindicativos, "Wake Up Everybody", "To Be Free To Be Who We Are", como en canciones con un toque más sensual, "Don´t Leave Me This Way", "Keep On Lovin´You" o "You Know How To Make Me Feel So Good". Es ese el momento en que el funk, el soul y los ritmos latinos se han fundido en una inconfundible amalgama que anticipa el sonido disco, un fenómeno que en tan solo un par de años, en 1975, ya ha arrasado en todas las discotecas del mundo.

Bigenheimer´s English Disco, LA 1975

Ohio Players arrostraron la hoy políticamente incorrecta fama de ser una ladie´s men band, muchas de sus portadas utilizaron la figura de la mujer ligera de ropa, mostrando sus encantos. La temática de gran parte de sus composiciones no es raro que busque ese sentimiento de cortejo, de satisfacción una vez consumado el acto sexual, de confirmación del rol poseedor masculino. En este "Angel" abundan esas líneas de actuación. "Glad To Know You´re Mine", "Don´t Fight My Love", "Body Vibes" y "Can You Still Love Me" son pegadizas como jugos corporales. "O-H-I-O" es una gran composición funky que se convirtió en favorito en sus actuaciones en directo. Barry White fue un auténtico ciclón en esa primera mitad de los 70, continuador de los renglones ya escritos por Marvin Gaye e Isaac Hayes, en muchos casos su temática no se aleja realmente de la de esos dos gigantes del soul. Lo que si puede que les distinga es la patente que Barry White tiene registrada para rozar sin disimulo el cuerpo de la pareja de baile, permitir el magreo y calentar al personal. Por destacar un solo tema (no, no mencionaré los más conocidos), "I Can´t Beleive You Love Me", 10 minutos y 23 segundos de auténtico trailer soft-porn, tenues las luces de las velas, las sábanas de obligado satén rojo, las bocas, todo es hambre.

El "Volume 2" de The Ronettes es el disco sorpresa de la sesión nocturna. El muro de sonido de Spector se ha transtornado en visillos mecidos por el viento. El ejemplar contiene temas inéditos, a cual de ellos más excitante, también hay canciones en directo que muestran a una Ronnie con voz bluesera, casi en plan Billie Holyday. Durante gran parte del disco el trote de su ritmo es imbatible, temas como"You Came, You Saw, You Conquered", muestra toda la luz de mañana del Sunset Boulevard, su versión del clásico "Sleigh Ride" no llega a la de Johnny Mathis pero podría formar parte del soundtrack de "American Graffiti" sin ningún desdoro. En el "Midnight Love" de 1982 encontramos a un Marvin Gay en Bélgica recuperándose de sus múltiples problemas; refugiado en Ostende, su cura cara a cara frente al Atlántico ofrece como brillante resultado a un artista rejuvenecido, inspirado por un nuevo ambiente bien distinto del que ha dejado en Los Ángeles hace más de un año. Los primeros compases del "´Till Tomorrow" marcan el paso del Rubicón del disco, se desplaza aquí y allá como ritmo precursor un beat con algunos toques techno, a veces los teclados suavizan la atmósfera del disco. Destaca, claro,  "Sexual Healing", un canto al punto y final del desorden, a la vuelta al amor como más eficaz curativo. Su sensualidad es femenina, puede que funda algunas luces de neón, su embrujo rítmico reúne toda la sequía, elimina su quejido, a partir de ahora volveremos juntos a cuidar las flores del jardín. Pero el plan desgraciadamente falló.





23 abr. 2019

CONSIDEREN SI SE CONSIGUIÓ O NO



POPOL VUH                               "AGUIRRE"

"Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo". 

..., así es como empiezan los primeros versos del "Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché", a cuya lectura me enfrenté (tomo como inciertamente válida la fecha por mí manuscrita en las primeras páginas), en Agosto de 1978. Debo reconocer que no guardo ni poca ni mucha memoria de aquella experiencia, eso sí, declaro ahora que por aquellos años ya había comenzado a sentir cierta querencia por las entretelas de la historia de la Conquista de América (afición que, visto lo acontecido, afortunadamente ha ido menguando con el paso del tiempo). El libro que prendió ese deseo de conocer más fue sin duda "La aventura equinoccial de Lope de Aguirre" (Edit NyC, 1970) de Ramón J. Sender. Puede que este libro fuera adquirido en la Cuesta de Moyano, quizás en alguna Feria del Libro del Paseo de Coches del Retiro, lo comento porque pienso que toda lectura debe homenajear el lugar geográfico en el que se adquirió su objeto ejemplar. También lo fue por lo atractivo de la figura legendaria de su principal protagonista, por el lenguaje empleado (esa contracción de "hideputas" se quedaría grabada para siempre en mi memoria adolescente). Creo recordar que por aquellos años, ya metida en carnes la década de los 70, vi también la película "Aguirre, la cólera de Dios" de Werner Herzog, en la que el autor alemán usaba el texto de Sender para dar forma narrativa a esta su obra fílmica. No supe caer entonces en el embrujo de su música, aunque si en una geografía y atmósfera que entonces me parecieron fascinantes.

No pude hacerlo en aquel momento porque el disco, que contenía la banda original de la película de Herzog, no se publicaría hasta cuatro años más tarde, en 1976 y, aunque mi adquisición de esa obra, reeditada de la forma más fidedigna por el sello alemán SPV Recordings, no se produciría hasta casi treinta años después, el disco, digo,  de Popol Vuh, la banda de Florian Fricke autora de la musica, se encontraba inexplicablemente revoloteando de una edición a otra, accidente que lo condenaba a la desaparición, al olvido. Igual sería interesante saber si entre las lecturas sobre la Conquista de América que en aquellos años prodigaba (Salvador de Madariaga, Bernal Díaz del Castillo, Pedro Mártir de Anglería, Fray Diego de Landa, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Stefan Zweig, Tzvetan Todorov o las mismas "Cartas" de Cristóbal Colón) pudiera encontrarme con algún atisbo, alguna pista que facilitara el eslabón perdido. Hace unos días, emulando al buquinista Pío Baroja, adquirí en un tinglado de la Cuesta de Moyano el "Lope de Aguirre. Príncipe de la Libertad" del autor venezolano Miguel Otero Silva, y fue en este libro donde me empeñé en hallar el maridaje definitivo con la obra homónima de Popol Vuh. No se qué saldrá de todo esto.

Para centrarnos en el mapa, Popol Vuh es una banda muniquesa influenciada, no podía ser de otra forma, por el exultante ambiente juvenil alemán de los últimos años 60. Florian Fricke, el alma mater del grupo, nacido en Lindau, a apenas 160 kilómetros de la capital bávara, se dejaba caer por el Café Trikont (centro clave donde se reunía una multitud de jóvenes desafectos al Schlager), puede que se alojase en la profusa red de sus comunas, su asistencia a la universidad y a las escuelas superiores (lugares donde muchas bandas hicieron su primeras presentaciones en público), no la he logrado comprobar. Su elitista educación como pianista clásico le empuja a buscar nuevas iniciativas musicales, John Cage y John Coltrane forman parte de sus referencias. Serán sus constantes viajes por la India, el continente africano y americano (experiencia que podía permitirse gracias a un abultado patrimonio familiar), los que le mantendrán con el piloto Julio Verne puesto. Sus hobbies preferidos eran (según lo reconoció en varias entrevistas), la filosofía griega, estudiar las religiones antiguas y alarmarse ante la estupidez de la humanidad por no seguir ambas enseñanzas. Es en uno de sus itinerarios por Centroamérica cuando se acerca por primera vez al "Popol Vuh", el más importante texto sagrado maya conocido. Esta idea- encuentro será definitiva para la creación del grupo en 1969.

Rememoremos algunos de los siguientes versos del libro sagrado:... "solo el Creador, El Formador, Tepeu, Gucumatz, Los Progenitores, (hay aquí un preludio de HP Lovecraft) estaban en el agua rodeados de claridad". Es en esa mezcla de formación clásica, vanguardista y aventurera de Fricke donde se conforma su verdadera identidad; empuja a Florian no solamente a servirse de la música para buscar una nueva espiritualidad étnico-espacial, también le convence para autoproclamarse como intérprete oficial de la misma en Alemania. "La esencia de Popol Vuh (declaró en otra entrevista), es una misa para el corazón. Es música para el amor. De eso se trata". Suyo fue el segundo moog que entonces sonaba en Alemania, pensó que las posibilidades electrónicas del instrumento le servirían para llegar más rápidamente a ese nuevo estado de nirvana hippie pero, al poco tiempo, Fricke no queda totalmente convencido de su apuesta. ¿Anticiparemos las opiniones sobre la que sería una de sus más controvertidas decisiones, la venta del moog a Klaus Schulze y la vuelta a su primer y clásico piano?. Allá van sucintamente, algunos opinan que no volvería a grabar mejores discos que los que hizo sirviéndose de ese mamotreto, otros, entre los que se encuentra el propio Fricke, argumentan que su sonido se estaba convirtiendo en demasiado frío, sintético y que, con la vuelta al piano, pretendía reencontrarse con su instrumento natural, volver a la génesis que aprendió del libro sagrado.

Legiones de estudiosos del tema barajan sobrados datos científicos que abundan en lo acertado de la primera versión. Discos como "Affenstunde" (Liberty, 1970), "In Den Gärten Pharaos" (Pilz, 1971) y "Hosianna Mantra" (Pilz, 1972) estarían, según ellos, entre los grandes favoritos de la banda. No seré yo quien lo discuta, no los he escuchado. Llegué a Popol Vuh bastantes años más tarde, en su "Einsjäger & "Siebenjäger" (Kosmiche Musik, 1975, reedición de Spalax de 1997), el previo conocimiento de la banda como compositores de "Aguirre, la cólera de Dios" hizo el trabajo de zapa, creo que ya lo dije. Esta mayoritaria corriente filosófica también opina que desde que Fricke vuelve al piano se vuelve más previsible, sus obras de entonces contemplan a un artista interpretando una y otra vez la misma misa. Aquí podríamos añadir que los hombres religiosos, como Florian (aun sin ser seguidor de ningún credo en concreto), siempre han gozado del privilegio de tener el santo de cara; a él no le pudo ir mejor, se le apareció en 1975 Werner Herzog, uno de los directores de cine más serios en su concepción vanguardista de la imagen y el sonido. Fricke, había experimentado antes con cortos propios y era un razonable crítico cinematográfico, Herzog buscaba un medium musical para sus proyectos.

"Aguirre" es curiosamente uno de los discos más enrevesados para seguirle la pista. La razón comercial de su grabación tuvo su origen en cumplimiento del acuerdo contractual que ligaba a Fricke con Rolf-Ulrich Kaiser, capo de los sellos Ohr y Pilz, propietario de la editora Kosmischen Kuriere, una de las figuras más imaginativas de la escena musical alemana de la época (su grabación con Timothy Leary y Ash Ra Tempel en el lisérgico "Seven Up", KK 1972 queda anotada como escucha obligada). "Aguirre" se edita en 1975 por primera vez por el sello italiano PDU (propiedad de la inmensa Mina), licenciatarios entonces de los sellos alemanes mencionados. En la carátula del disco brilla por su ausencia la referencia gráfica de la película de Herzog, tan solo una breve mención en la parte trasera anuncia su condición plebeya de BSO; tampoco se prodiga la información puramente instrumental, la mención del piano y spinett que sigue al nombre de Florian Fricke en los créditos parece estar lejos de la realidad, la voz de Djong Yun no se escucha ni un solo instante durante la grabación, tan solo la cita de los instrumentos empleados por el guitarra Daniel Fichelscher (entonces a caballo entre Amon Düül II y Popol Vuh) se puede considerar como certera. La sección arqueológica de la doctrina asume que, a pesar de haber abandonado Fricke el empleo del moog a partir de su "Hosianna Mantra", en este "Aguirre" se encuentran varios restos que los datan en la onda de ese exclusivo instrumento, también hacen referencia a un engendro desconocido, llamado "choir-organ" (un procesador de cintas multipistas), desarrollado por Herbert Prasch, ingeniero de sonido de los Bavaria Tonstudio y frecuente colaborador también de Werner Herzog.

Resulta curioso observar como durante el visionado de la película deja de sonar una parte importante de la música grabada en el disco, tan solo los temas que la dan nombre, "Aguirre I" y "Aguirre II". Mi teoría es que lo que podría ser considerado como un punto negativo del proceso, porque el espectador pierde inexorablemente continuidad en la prometedora comunión de escenas y música, no deja, sin embargo, de favorecer al protagonista atento. Este hecho discordante compensa tanto la imaginación del asistente a la sala, gracias a la extralimitación de imágenes amazónicas, como la del oyente casero que fantasea escenas acordes con la profundidad etérea del sonido. El origen de esos dos temas parten de piezas grabadas por Popol Vuh años antes, remodeladas para la ocasión. "Morgengruss II" y "Agnus Dei" son variaciones de dos temas que publicaron en su "Einsjäger & Siebenjäger"  ("Morgengruss" y "Gutes Land", de recomendada escucha) un año antes. "Vergegenwärtigung", y el bonus-track de "Aguirre III", completan la edición más completa del disco editada hasta la fecha (SPV Recordings, 2004), versión auspiciada además por los propios familiares herederos de Florian Fricke.

Mis pasos eran mis pasos y se que a alguno le parecería un milagro el no caer por el precipicio, descendía con paso seguro hasta el corazón de la selva, las nubes me sostenían, flotaba con ellas, detrás, en el pensamiento, soñaba con una señal equívoca, repetitiva al principio, luego según desaparecía iba dejando el sonido en suspensión, adornado por un coro de ángeles, una flauta de pan cierra "Aguirre I", busca el aire último, la antesala de la traición. La guitarra de Daniel Fichelscher asciende como el humo de leña, rebuscado y sorprendente, ya estamos en el groove de "Morgengruss II", apenas una chispa al principio, después se anticipa el ambient, la world-music, es tan grande y además su atmósfera es de ensueño, idealmente melancólica. Fricke vuelve a ese tono sombrío, de ira anticipada, en la siguiente pieza, "Aguirre II", su teclado narra el horror del agua, interminable el Marañón, el río, inabarcable su líquida paciencia, el Amazonas. Fichelscher boga con sus guitarras, navegan hacia una traición atlántica, descomunal, a veces inabarcable en su propia dimensión. "Agnus Dei" posee un karma étnico demoledor, bellísimo el entorno que crean Fricke y Fichelscher, destaca la percusión de este último. "Vergegenwärtigung", la pieza más extensa, epitomiza la aleación literaria y cinematográfica del disco, también el conocimiento del libro sagrado. El tímbre intermedio de Fricke siempre está por hacer, de frente su luz, su sombra detrás, invariablemente rutinario para mantener la estructura rítmica, pero siempre abierto, liberado, aceptando su rol de fortaleza a punto de derruirse. Me recuerda su atmósfera los momentos más tensos de la película, cuando los gritos de las aves son lanzados junto al viento, cuando las flechas untadas con el curare de la locura silban por encima de la última embarcación , cuando el silencio de tan atronador absorbía el escenario central del río. Los pocos supervivientes que quedaban estancados por la amenazadora belleza de las orillas, iban muriendo, uno a uno, salvo Lope de Aguirre. El bonus "Aguirre III" persigue la continuidad emocional de sus dos primeros títulos hermanos. La idea de la fluidez en la Naturaleza queda reflejada como en pocos artistas y bandas he visto antes.

Es esta renovación en la dirección de Popol Vuh -auspiciada por un Florian Fricke nuevamente motivado por la enseñanza quiché-, buscando su consolidación como banda, la que se concretará en las sucesivas composiciones que crearán para las películas de Werner Herzog. Digo, y les aseguro que traerá consecuencias, que hará bien el que se enfrente a este disco en saludar de mi parte a Lope de Aguirre, soldado de Oñate (homenajeado por algunos paisanos de su pueblo como el primer gudari euskaldun, proto-bolivariano), devoto de San Miguel Arcángel, espada de Dios, traidor ("que para el Rey quedará la gloria de nuestras hazañas, y para nosotros solo el olvido y la muerte"), desquiciado peregrino en un nuevo mundo alocado, violento. La visión panorámica de las obras literarias que generan el escenario (desde el mismo libro sagrado hasta los textos de Ramón J. Sender y el posterior del venezolano Miguel Otero Silva), así como la contemplación alucinada de la magnífica película de Werner Herzog, otorgan al cliente de tardes bicéfalas razón de arrobo y contento.




A la memoria de Carlos Folache.

17 abr. 2019

14 DE ABRIL EN CARABANCHEL (2019)

Llegué tarde, el cocido ya se había terminado, me perdí antes. Saludé a los compañeros, fue una jornada de sol de mañana, limpia y magníficamente organizada. La República de Carabanchel se consolida gracias a su cocido popular.








11 abr. 2019

RELATOS VIII: LA CAZA.



Aquel último día confirmamos la pérdida de su rastro, de hecho habíamos prolongado más la tarde para buscar otras pistas alternativas, por la radio del Land Rover sonaba "Dame veneno" de Los Chungitos. El cansancio ya había empezado a hacer mella en todos nosotros, recuerdo que me sentía como exprimido, arrastrado contra mi voluntad por la correa de un matadero, el de mi padre, ya abandonado. Los latidos de mi corazón vivían entonces entre los rescoldos del último Desfile de la Victoria, puede que mis neuronas, a punto de fundirse definitivamente, avanzaran a tientas por el zaguán de un próximo cortocircuito. Experimentaba además sensaciones contrapuestas, el cielo parecía vaciarse de colores mientras que, en ese punto del camino en el que hicimos alto, observaba fascinado como el viento dirigía solemnemente su improvisada orquesta entre los carrizos. Algunas mañanas, antes, cuando levantábamos el campamento, en esas primeras jornadas en las que nuestra empresa todavía conservaba el impulso del café recién hecho y los torreznos fritos, me inundaba la premonición de que todo terminaría mal y, si eso no llegara a suceder, si por el capricho de algún otro narrador tuviéramos otro texto distinto, cada paso que me acercara a él, a la pieza, lo vivía como el de una liberación frustrada.

Pero ya habían transcurrido unos cuantos días desde su fuga, nos encontrábamos ahora en una finca alejada de la ciudad, el campo estaba por allí arrugado y demasiado feo, solo nuestro perro "Pitu", un pointer de canela desteñida, parecía gozar correteando de un lado a otro. Hacía mucho calor, más de 35 grados a pleno sol. Rufino era el jefe del grupo, un tipo terso y duro, experto jugador de póker, su mirada muchas veces alcanzaba a adivinar las cartas del contrario, intuía la geografía con la que a continuación nos íbamos a encontrar. Su mejor amigo, Rafael, auténtico predicador de la cinegética como negocio, excombatiente laureado, línea directa con el poder económico y político de Madrid, mascaba constantemente su farias medio apagado. Yo me había empeñado en mantener una extraña relación con Tomás, un chico joven de excelente puntería, nacido en el mismo pueblo que mis padres, eso decían, porque yo no lo llegué a conocer entonces. Alguien le había puesto al cargo de un taller de reparación de motocicletas.

Anselmo bien podría ser un convicto fugado de la prisión provincial, cumplía condena por el asesinato de una menor, él siempre alegó en su descargo que ella se le puso a tiro. Una poderosa voz interior le impulsó a rechazar la tentación, por eso la mató, aunque en el juicio se cuidó mucho de expresarlo de ese modo. Rondaría los 40 años de edad, era de complexión menuda, no llegaría a los 160 centímetros de altura, se escondía con facilidad en cualquier accidente que el campo le ofreciera. Va armado por supuesto. Fingió que huía a gran velocidad de la prisión pero, en realidad, no llegó a suceder así. Fue en sus dos primeras jornadas de escapada cuando más se alejó, en la tercera esperó a sus seguidores, notó desde la cercanía su cansancio y decidió actuar antes del amanecer del día siguiente.

Aparejamos el vivac guarecidos bajo unas hoces de sombra indigna, encendimos fuego, cenamos y hablamos poco y, como cada noche, nos preparamos el terreno para intentar dormir. A Tomás le tocó la primera guardia, yo cambié la mía, la segunda, por la última de Rufino, a los ojos de todos saltaba que era el que más descanso necesitaba. Rafael haría el tercer turno de guardia. Desde un roquedo no muy lejano Anselmo observa agazapado, sus pequeños ojos de ratón de campo toman nota de los movimientos de sus perseguidores. Los conoce bien, no hace falta que fije con detalle sus rasgos físicos, por el tono de sus voces, por los silencios, adivina las alianzas, decide actuar antes de que el fuego se consuma totalmente. Antes de que llegara a graznar ha degollado a un desprevenido búho real, le ha sacado limpiamente de las órbitas sus ojos sin movimiento. Ha dado cuenta a continuación de Tomás, evitaremos detalles de la agonía del más ingenuo de ellos, se acerca al fuego, lleva colocados los ojos del búho como un antifaz. Echa mentalmente a suertes su próxima víctima, quizás porque intuya que en el azar pueda encontrar su salvación.

Anselmo ignora que le estoy viendo en la profundidad de mi sueño, me martillan el pensamiento las palabras del Eclesiastés: "La hija mantiene desvelado a su padre, pues el cuidado de ella le quita el sueño por el temor de que sea manchada su virginidad". Abro sin saberlo por última vez los ojos y contemplo a Anselmo pronto para atacarme, su atroz mirada disfrazada no logra paralizarme, "por qué la mataste?, era mi vida, mi único consuelo", él susurra que ella se le ofreció sin pudor alguno, creyó que era el demonio que le tentaba, y por ello la apuñaló con saña de jesuita. Alcancé sin esfuerzo su punzón y me lo clavé varias veces en el pecho, no quería vivir más, no sin mi hija. Él me dejó hacer, tan solo se limitó a tapar con sus manos mi boca para así evitar cualquier gorjeo inesperado.


Rufino también estaba inquieto, "es un pez difícil de pescar éste Rafael, si me lo gano tengo ya una ganga asegurada, algo fijo durante un buen tiempo, podría reabrir el desguace de coches, me costará algo convencerle, eso sí". Rafael es el que mejor se entrega al sueño, apenas piensa en nada más que en reflejarse en su propio espejo de burdeles y morfina, pero existían señales de advertencia, "Pitu" se movía inquieto, puede que en realidad todos ellos desearan la llegada del gran depredador de la noche, terminar de una vez por todas con esta absurda aventura. A Anselmo apenas le queda tiempo para realizar su próximo movimiento, se acerca sigilosamente a Rufino y le introduce el punzón en la sien izquierda, provoca que vomite la cena, se altera, más contrariado por el pegajoso unto que por el hecho de su propia muerte. Su demonio interno ha escapado por fin de la jaula, no quedará ya para él ningún otro abrazo nuevo en la madrugada, en su mirada se posa un aire dulce, casi transparente.

Los ojos del búho real, disecado en su único haz de luz, invocaban a los dioses inciertos. Anselmo se aproxima resuelto hacia la figura recostada de Rafael, mientras"Pitu" sale disparado tras un conejo.







27 mar. 2019

LA BUSCA



CAN                                             "TAGO-MAGO"
Ignoro las razones por las que me empeñé en la absurda idea de descubrir algo, ocurrió en uno de esos escenarios de tardes vacías, medidas por el rabillo del ojo del reloj de arena. He de confesarles que en el transcurso de esos días anduve bastante fastidiado, padecía un fuerte dolor de muelas, de los antiguos, y mientras tanto intentaba aliviarme con lecturas de libros de viajes, improvisaba comidas caseras y cumplía sin falta con la rutina de las bajadas a la ciudad para visitar a mi madre. Me entretuve, lo recuerdo bien, comprando algunos regalos de cumpleaños, prescindí absolutamente del alcohol, y ese esfuerzo no tuvo recompensa porque bajo los efectos colaterales del antibiótico me encontré con lenguas de estropajo y lineales de excrementos color bebé. Pero, a pesar de esas señales tan equívocas, la permanente idea de la búsqueda no se apartaba de mi cabeza. La verdad es que no sabía a qué achacarlo. Para terminar con este galimatías decidí escuchar solo música kraut, creía así que un punto de extravagancia facilitaría mi vuelta a la normalidad. Por las noches, una promiscuidad noctámbula de imágenes en blanco y negro expresionista actuaron como un nuevo catalizador. No había forma de librarse. Los discos que iba escuchando sonaban independientes entre sí, de uno en uno, deslavazados, sin crear entre ellos ninguna ligazón. La primavera ya había entrado con su lenta y leve reverencia.

Un recorte de la revista Disco Express, en el que aparecía el rostro de Irmin Schmidt, permaneció pegado durante dieciocho meses en las paredes de mi taquilla.


¿Y por qué elegir tan solo un disco como el más representativo del kraut?, ¿por qué no seleccionar más?, montar un popurrí de canciones y presentarlas en su conjunto, diferenciarlas unas de otras por el carácter que recogen de sus intérpretes, podría ser un buen enfoque. Mientras dilucidaba llevar a cabo o no esta idea distintos grupos de kraut no paraban de sonar en los platos. El libro de David Stubbs "Future Days. El Krautrock y la construcción de la Alemania moderna" podría conformar la base estructural de una futura serie. Mis opiniones personales sobre cada grupo y canción concreta servirían para hacer de contrapunto. Al final me veía preparando un chucrut que bien podría terminar con la licencia de un divertido desmadre.

En mi habitación se alojaba una voz extraña.

Suena ahora el "Walki-Talky" ("Deluxe", Lilith Rcds, R 2006) de Harmonia, sobre los teclados y sintetizadores la guitarra de Michael Rother (Neu!) descubre jardines abandonados, el aire se llena de ondas sintéticas, también de materia metálica, la reconstrucción de Alemania les aporta el sonido del hierro, del cemento y del acero. Las canciones escuchadas anteriormente se transmutan ahora en el tema que está sonando, se han quedado aquí sin previo aviso los ecos del motorik y del  kosmiche. Pero los miembros de la banda (Roedelius, Moebius y Rother) prefieren retirarse al campo, a la "Alter Weserhof" de Forst. El problema con el kraut es que oficialmente no procede del sol, su atmósfera está (o parece estar) circunscrita a un monótono color gris, de máquina de producción industrial, sobrevive con la luz de las centellas de los tornos. Sin embargo, el romanticismo alemán renacía a través de esta música, los aires del mayo francés encontraron una red de comunas musicales ya dispuestas a seguir su buena nueva, la ruptura con la burguesía dominante. Todo tenía cabida dentro de la revolución. Un par de décadas antes los aliados vencedores de la 2GM habían previsto un proceso de desnazificación radical, en el que obviamente fracasaron. La siguiente estrategia se apoyó en la idea del trabajo disciplinado y el consumo masivo. ¡Acabemos con la pretendida libertad de mickey-mouse!, la mayoría concienciada del movimiento estudiantil apoyó la ruptura total con la cultura oficial.  En esos mismos días de Julio de1972, los de la matanza de los atletas israelíes en las Olimpiadas de Múnich,  Curtis Mayfield presentaba la banda sonora de su "Super Fly", la antítesis del feminismo actual.

El kraut dio preferencia a las estructuras comunales.

Nos encontramos ante una gran pantalla panorámica Telefunken, en ella se muestra a los espectadores la situación virtual de la Alemania de los años 60; la parte Occidental, en la que el Schlager de la generación de Konrad Adenauer sigue imponiéndose, y la parte Oriental, en la que la Stasi ordena y manda a su antojo. Desplacémonos a la zona americana, la escena ya no estaba ocupada por los crooners de la década anterior, Sinatra, Como, Bennett, Frankie Laine, es más, algunos GI Joes ya estaban curtidos en el rockabilly, el blues metálico de Chicago y el dixie de Nueva Orleans, la mayoría ya habían dejado de creer en Buddy Holly como el más auténtico chico solitario. La British Invasion también tuvo un recorrido hacia Europa, no tan intenso y pregonado como en los Estados Unidos; las actuaciones de muchos grupos británicos en las ciudades cercanas a las más importantes bases militares angloamericanas lo demuestran. Entre no pocos de los asistentes autóctonos germinarían nuevas ideas, nuevos grupos vieron la luz una vez regresaron a sus casas. Las emisoras de radio emitían música constantemente, recogían y expandían en sus contenidos gran parte de los estilos musicales existentes (poco antes del atomizado sonido Eagles de los 70), el circuito de clubes asentado por el constante tráfico de grupos y artistas, una prensa musical devota como “Sounds”, y un apoyo decidido a la audiencia juvenil de la TV estatal con programas como Beat Club (que ya emitían desde 1965), caldearon una atmósfera que propició la venida al mundo de Jackson Browne en otoño de 1948, en Nüremberg. Esta nueva situación favoreció también, la historia muchas veces juega a la contra, el alejamiento de una porción importante de la masa juvenil si no de los postulados si del activismo político de la época. Las fuentes consultadas admiten que al stablishment aliado le fue mucho mejor con esta nueva estrategia.

El kraut es la escisión musical dentro del movimiento político estudiantil.

Llevo escuchando, necesito decirlo de nuevo, exclusivamente kraut desde hace muchos días, y ya no quiero atender otra audición fuera de los pocos más de 30 Lps que obran en mi colección. "Apocalyptic Bore" de Amon Düüll 2 ("Vive La Trance", United Artists, 1974) es mi tema de cabecera, el “Deutschland Über Alles”. Los riffs de guitarra de John Weinzierl y Chris Karrell, la base rítmica de Robby Heibl y Peter Leopold, trasladan el tema hacia una insólita melodía, distinta tanto por lo etérea como por la fuerza de sus metales, abstracta en la búsqueda de nuevos acordes y clásica a la vez en la voz de una Renate Knaup que viene a confirmar lo por muchos ya sabido, y es que en la historia de la música kraut han existido brillantes compositores y arriesgados y excelentes instrumentistas, casi nunca buenos vocalistas. Sigue el título homónimo del "Phaedra", quinto álbum de Tangerine Dream (Virgin Rcds, 1974), disco que escuchaba entonces con la devoción del novicio, reconozco que algunos de sus  extraños sonidos de sintetizadores llegaron a amedentrarme. En el "Hallogallo" de Neu! ("Neu!", Brain, 1972) parecía como si la misma música viniera ya escuchada, transmitida desde la lejanía por otros oyentes, felizmente condenada a repetirse una y otra vez.

El kraut es repetición.

La misma repetición que ahora se asoma en "Autobahn", primer corte del Lp homónimo de Kraftwerk (Vertigo, 1975). La aparente monotonía de un viaje por la autopista, las cintas grises (graues Band) que conectan el paisaje de un mundo rural (tan asociado a muchas bandas alemanas durante buena parte de la primera época del kraut) con cualquier ciudad, la mirada convertida en arte autóctono, la Ruta 66 no formaba parte de su folclore. Aparecen los primeros textos en la obra del grupo de Düsseldorf, "fahr´n, fahr´n, fahr´n (andamos, andamos, andamos) auf der autobahn", ¿quien dijo que la fonética alemana no se ajusta al pop? El mensaje no puede ser más escolar, más simple, sobre un fondo de sintetizadores, guitarras, flautas y cintas modificadas (que variarán según las condiciones del viaje), la en principio anodina idea del desplazamiento motorizado se convierte en excursión impresionista. En "Bayreuth Return"" ("Timewind" Ariola-Eurodisc, 1975), Klaus Schulze dedica esa pieza de más de 30 minutos a Richard Wagner, otro de los campeones clásicos a los que se acogieron muchos músicos alemanes de la época. Sus líneas ambientales, con empleo profuso de la última electrónica disponible (grabado con seis tipos diferentes de sintetizadores, además de órganos y pianos Farfisa), corren paralelas a las del Edgar Froese de Tangerine Dream. No hay límites posibles para la ensoñación espacial. Del primer trabajo de Harmonia ("Musik Von Harmonia", Brain, 1974) me suelo quedar con su primer corte, "Watussi". Es una danza con cierta base funk, la mecánica de los ritmos empuja al oyente hacia movimientos nada robotizados, también hacia un oleaje de cableado selvático. Gracias a Michael Rother (tercer miembro de la banda junto a los Cluster Hans-Joachim Roedeluis y Dieter Moebius) gran parte de la experiencia motorik de Neu! se vuelve a encontrar entre sus surcos.

El kraut surge del hartazgo en la imitación de la música anglo-americana. Frank Zappa y sus Mothers of Invention influyeron en una gran parte de los músicos alemanes.

Guru Guru es el kraut con mayor influencia free-jazz, consiguen además extraer el sustrato del mismo rock para crear un sonido crudo, sin contemplaciones, reivindican los ruidos de montacargas mezclados con crescendos de chatarrería industrial. Su álbum "UFO" (Ohr, 1970) es realmente difícil de catalogar, está construido a pedazos, la línea melódica cambia constantemente, a la hiriente tensión le siguen muchos momentos de inquietante sosiego. Lo fascinante de Faust es que hacen del estudio un nuevo instrumento musical, son los pioneros de su utilización como gimnasio libre de aprendizaje, allí quedan grabados los ecos de las sesiones, pareciera como si de esa manera la música consiguiera mayor aire para respirar. Su más hilarante título, puro sarcasmo, "Krautrock" del álbum "IV" (Virgin, 1973), es fiel reflejo de ello. Moebius y Roedelius se suman a Brian Eno en el "Cluster & Eno" (Sky, 1977). Es esta una obra de ambient pastoril, las labores domésticas de la casa donde se retiraron en el pueblo de Forst, los largos paseos por los bosques, cualquiera otra actividad que realizan en un entorno de absoluto aislamiento la trasladan a un sonido comunal que, fielmente recogido en el estudio de Conny Plank, logra cotas de belleza pequeña, enorme. El inglés, recién salido de Roxy Music, llegó por entonces a confesar que en ningún otro lugar del mundo se hacía música como en Alemania. Su participación destacada en esta grabación significó una mayor presencia internacional para una de las bandas más singulares del kraut, Cluster, también influyó en la decisión de David Bowie para trasladarse posteriormente a Berlín.

El kraut es el joven Werther resucitado.


En mi afán de orden burgués tomé la decisión de mantener como banda sonora la recopilación de Can, "The Lost Tapes" (Spoon, 2012). Este juicio premeditado decantó de una forma determinante la banda y el disco a seleccionar. Entre todos los temas del "Tago -Mago" (Spoon, 1971) siempre he preferido muy especialmente aquellos en los que el groove de la batería de Jaki Leibezeit fuera el principal protagonista. La cara 2 se abre con "Halleluwah", el ritmo percusivo es puro acorde repetitivo, su eco es profundo, ciénaga, burbujas que explotan unas detrás de otras. El bajo de Holger Czukay ancla el sonido del tema mientras ocurren aquí y allá sorprendentes interrupciones melódicas. La voz de Damo Suzuki  a veces se acerca a la de la aquella voz extraña. Los teclados de Irmin Schmidt y la guitarra de Michael Karoli vuelan, taladran suavemente el cortex del oyente, y Jaki insiste en su papel de guía, marcando el ritmo con una precisión de cadena de montaje psicodélica. En "Aumgm", el tema más budista del álbum, hay atisbos del "Interstellar Overdrive" de Pink Floyd, mayor religión, llamada electrónica al OM indostánico, se suceden mantras repletos de efectos especiales. La percusión, ya pasada buena parte del metraje, llega a confundirse con ruidos y ladridos de perros, parece descompensarse inicialmente para conseguir poco después un beat frenético. Con "Pekin O" culmina la fase de extensas improvisaciones en "Tago-Mago". Es el tema más radical, otra vez la voz de Suzuki, cercana la agonía en lo extenuante de sus gritos, el ambiente se torna indeciso, no existe ni una sola tonalidad que permita mantener un ritmo medianamente fijo. La imagen pudiera ser la de las barras de acero hundiéndose sin control en la piscina de un reactor nuclear. No dejaría de tener su encanto escuchar este tema justo antes de la próxima conflagración mundial. "Bring Me Coffee Or Tea" apacigua en parte los excesos de la anterior pieza creando un ambiente de mayor relajación.

El kraut fue una bacteria no suficientemente aislada de la República de Weimar.

En "Paperhouse" ya se intuye toda la amplitud percusiva de Liebezeit, desde un inicio claramente mecanizado, hasta un tono menos agresivo que navega entre rupturas amazónicas (bellísimas en su ambigüedad), cada golpe de baqueta transpira un sudor frío, un latido moribundo. "Mushroom" despliega una de la líricas más celebradas de Damo Suzuki: "When I saw a mushroom head / when I saw a mushroom head / when I saw a mushroom head / I was born and I was dead", la recitación se extiende como un mantra que anticipa una futura explosión y allana la entrada de "Oh Yeah". La percusión de Liebezeit sigue marcando el ritmo, su batería parece desarrollarse al abrigo de un antiguo taller de carpintería, los arreboles de Karoli a la guitarra elevan la pieza, la convierten en una cometa serpiente camboyana reclamando lluvia. El ambiente, una vez escuchado el disco, es de purificación, pareciera como si el oyente se hubiera sometido a un tratamiento de diálisis sonoro.

El kraut es el soul europeo.

Viene a suceder algo parecido a lo que ocurre con las relecturas de aquellos libros que más nos gustaron, cada nueva escucha de un disco como "Tago-Mago" sorprende una y otra vez al que se deja llevar por el hechizo de sus surcos. Quisiera resaltar la figura de Holger Czukay después de estas últimas sesiones, su magnífica labor al bajo, resaltando con disciplina alemana las simplificadas notas en la percusión de Jaki Liebezeit, conceden a Can una base rítmica inigualable. Su actividad durante los posteriores procesos de grabación y producción en el estudio (fue él de hecho el único miembro de la banda de Hamburgo realmente interesado en esta técnica), otorgaron a su figura un papel relevante en todo el universo de la música creada por Can. Una especial mención también para Ulrich Eichberger, autor del diseño de la portada. De todas las magníficas carátulas que abundaron en los álbumes de los discos de música kraut, esta suya de "Tago-Mago" es de las más impactantes, de las más conseguidas, refleja en su aparente nimiedad la grandeza de una época irrepetible.









7 mar. 2019

RELATOS VII: FEBRERO JOHN



Ella era la niña prodigio de la portada se presentó con un perfumado silencio de maní pero sus piernas no parecían moverse por el suelo del zaguán se deslizaban más bien entre los viejos tablones de madera, así que ella se acercó hasta los ennegrecidos cristales de la puerta para apoyar (à suivre) sus manos contra la bisagra central, la sucia planta del pie derecho en perfecta miniatura de movimiento. Cuando alguien como yo se encuentra encerrado en un tendedero de apenas 5 metros cuadrados ¿cuántos son 5 metros cuadrados realmente? siendo consciente de su mala suerte de su desgraciado aislamiento el mundo la existencia se limita a un no saber cómo empezar. Gracias a mi educación burguesa me decidí a hacer algo productivo por ejemplo recuento de todos los artilugios depositados en el gran armario blanco de la memoria, pero yo no tenía teléfono no podía usarlo para llamarla tampoco servirme de la opción de apuntar cualquier cifra entre sus notas ¿cómo guardar entonces todos los datos que pudiera recopilar? De acuerdo, alternativa desechada ¿y qué se supone que debe hacer alguien en una situación como esta?, tendré que ingeniar un pasatiempo algo que me mantenga entretenido hasta que regrese a casa la que (presumo que sin ser consciente de ello) me ha dejado encarcelado en este tendedero. ¡En el tendedero! qué endemoniada conspiración de los dioses contrarios aquí me encuentro atrapado en esta trampa inesperada en uno de los ridículos destinos que nadie calcula ocurran y sin embargo todavía tengo luz, son las cinco de la tarde le echo una ojeada al reloj esperanza de momento mi único aliado con el mundo exterior.

No me considero capaz de contarles todo esto menuda historia y si intentara saltar por la ventana qué tendrá sus cinco o seis metros de altura seguro que me puedo partir la crisma, mejor me quedo aquí agua y ajo. Mira hacia el suelo aparte del armario blanco hay un par de repisas con artículos de aseo palancanas y un cenicero medio lleno de colillas. Un cubo y una fregona un aspirador danés escalera tabla de la plancha escoba recogedor carrito para transportar la vajilla hasta el comedor. Si por lo menos tuviera un sacacorchos podría abrir una de las botellas de vino y puedo buscar alguno en el armario pero esa es una opción que prefiero dejar en la retaguardia para más tarde, antes ¿qué hacer? Rechazo la idea de apostarme en la ventana y gritar o por lo menos llamar la atención de alguien que pase por el jardín, por favor escuche me he quedado encerrado en el tendedero podría avisar a Ettore que se acerque a la ventana y le explico por favor sería tan amable, no dejaría de ser todo un espectáculo los vecinos alucinando y menuda fama de lunático además el interruptor está fuera de mi alcance y la luz se va ocultando, decido entonces lucubrar.

Hacía demasiado calor en Febrero John, todos padecíamos de sequía y allí fue de improviso donde la conocí, una chica tan esbelta no sé por qué razón supuse que debía ser una aristócrata rusa. Otros lectores aseguran que el encuentro tuvo lugar en la Iglesia de Lânna en Suecia o en un puesto de comida en la placita de Santurce en San Juan de Puerto Rico (en el primer manuscrito no se concretaba ningún código postal), pero he de manifestar con la firmeza necesaria del que ya nada tiene que perder que todo lo que les relato sucedió en Febrero John, no quiero ni debo dejar de mencionar este hecho. Insisto en que ella era de largo ébano una mujer aprendiz de maga además (pensé que ese dato le daría más interés a la narración). La verdad es que pocas veces hablaba, le gustaba permanecer aupada en una especie de extraña nebulosa practicando el trino de los cuervos. Aun diré más (pero eso sucedió mucho más tarde), también sometía a sus clientes al vudú más extremo, les subía en bicicletas desnudas de payasos obligándoles a hacer peligrosas piruetas. Sus besos allí en salones de tela rasa florentina, espléndidas estancias llenas de espejos que reflejaban imágenes difusas, sí que tenían el sabor del aire helado de la tundra. Ella fue en días más antiguos la niña prodigio de la portada aunque conste que esta magnífica circunstancia nunca se aprovechó lo suficiente para atraer más turistas a Febrero John.

Apoya o más bien deja caer la cabeza contra sus manos abiertas, se restriega con ellas la cara y comba el cabello con sus dedos, parecen los suyos los gestos propios del condenado. Creo que debería presentarme puede que de esta manera alguien encuentre algún hilo argumental digno de una futura novela policíaca. Los que me conocen me llaman Gustavo Percolatti di Amatista barón de Rotorik por parte paterna, ¿qué importancia tiene el nombre de una persona cuando está desesperada? no vale de nada, tan solo algún eco lejano me viene a la memoria cuando mi madre me llamaba vito chiquito ven aquí y con sus largas uñas de acero me pellizcaba sin compasión en mis rosadas nalgas pequeñas el primer dolor inolvidable que me sabía a no comprender a sentir el pavor de un cuerpo el mío inocente fracturado roto. Esos ayes tan lejanos es la voz que recuerda haber escuchado la niña cuando se asomó por la ventana, también recuerda el silencio que a continuación siguió mudo como un alud sin sonido. Observa como Gustavo ladea la cabeza de un lado a otro mirando hacia un techo que no encuentra cielo (la niña moderó con su mano una tos inoportuna), ambos se apartaron temporalmente de la ventana para aspirar un aire no viciado tan limpio (soportable para sus pulmones de mayólica), también para descansar antes del segundo acto.

Ni en la F ni en la J de Febrero John cabe librarse de los perniciosos efectos ultravioleta de los rayos del sol, es una tortura siempre el mismo color ácido en el fondo de los peroles, el sonido de los neumáticos de los coches crujiendo en el asfalto no es tampoco el de la ansiada lluvia (no busquen ninguna señal del cars hissing by my window de Doors), todo es seco hasta la mirada pajiza de los paseantes de los pocos pasajeros que se atreven a subir a un tranvía plagado de saltamontes, hasta el ruido del gozne de la puerta de mi casa cuando la abro suena arrugado. Los parkings tienen un brillo lejano de circo con luces de neón y los anuncios muestran una primera línea de rosas y cintas azules que alguien entrega a la intermitente belleza de la primera dama norcoreana  Ri Sol-ju.

Oye niñita, ¿estás todavía ahí, dinos qué ves? Veo a un hombre sujetando muchos papeles en sus manos los va lanzando al aire al azar, van cayendo al suelo con la lentitud del vuelo de la libélula, cada papel posado refleja un potente haz de luz hacia el techo blanco como el foco grande de una linterna, pero todo alrededor permanece oscuro muy oscuro. ¿Escuchas algo, oyes alguna voz? Repentino cambio de plano, la cámara se desplaza con inusitada rapidez hacia las alturas, se observa una gran hacienda sureña de tejas de color de herrumbre y algas de verdor quemado entre sus pliegues, palmeras ancladas en la tierra desde hace mucho tiempo testigos de la desolación de un jardín lleno de zarzales y fuentes de piedras rotas. Ahora mismo es cuando más me haría falta la aparición del doble (deduce el que no vive en la novela y  pasa por esta incómoda situación), un nuevo personaje que sea capaz de narrar con humor mi angustia, deseo que a nadie le ocurra algo parecido, no escucho ni radio ni música si algún vecino cercano tuviera por suerte abierta las ventanas…


En la siguiente escena contemplaremos a Gustavo Percolatti sobrevolando Febrero John en un globo aerostático modelo Blanchard francés de 1784. La ciudad aun no ha logrado librarse de su sed eterna por el contrario sigue reflejando cicatrices perfiladas en los edificios más altos también observa acueductos derruidos por piedras lunares, han aparecido además enormes lagartos pardos desplazándose con total libertad por las calles (ni las moscas se atreven a volar). Desde las montañas cercanas comienza a caer una colosal lágrima de lava seguida de múltiples afluentes que van dejando un reguero de azules brillantes y líneas de cobre, en su vértice confluye una espina dorsal que emite señales inequívocas de un volcán en próxima erupción. Aquí se perdió el hilo de su relato, debió acusar un primer inicio de cansancio de rendición quizá, parece que también se apercibió de que era ya demasiado tarde, la luz había desaparecido completamente y se encontraba rodeado de una absoluta oscuridad (salvo un brillo tenue que llegaba desde el fondo del jardín). Por no hacer nada extravagante (antes de intentar dormirse) decidió apretar el botón de inicio en la lavadora, surgió un sonido simpático semejante a un txistu sanferminero le gustó escucharlo de nuevo, se miró a continuación los lunares de las manos sin esperanza. La supuesta baronesa rusa se acercó de nuevo a la ventana y prestando gran atención a los movimientos de los labios de Gustavo entornó sus ojos, el caso es que después de pensarlo un rato dedujo que su vito chiquito estaba tatareando alguna canción de Violent Femmes.




28 feb. 2019

MELODY MAKER



HÜSKER DÜ                            "CANDY APPLE GREY"
Nunca deberían considerarse como apropiadas para la lírica aquellas horas en las que la antesala nocturna las colma con cualquier estimulante, en teoría no deberían serlo, además nadie en su sano juicio recomendaría un allegro molto vivace de tal naturaleza (ni siquiera me había molestado en indagar sobre los posibles efectos del venidero colapso mental), pero en aquel momento supe que el riesgo de la locura era inevitable, iba a producirse algo semejante a un izado brusco del telón cerebral, ¿cuando?, aun no lo sabía, en dos o tres horas a lo sumo. La tarde giraba entonces alrededor de una luna color mostaza, así me lo hizo saber un Mozart acelerado en sus "Hostias et Preces" del "Requiem", ocurrió en esa misma mañana, mientras contaba sus últimas monedas de plata en el gabinete de la emperatriz María Teresa. Así es que, por un instante, decidí abandonar a su suerte a la dama de Shalott, recuerdo que se palpaba los cabellos de oro mientras comparaba su extensión con los hilos de la rueca antigua, y allí estaba ella, enclaustrada en la torre que algunos insistían estar orientada hacia el castillo de Camelot. La escena tuvo lugar justo antes de partir de su isla en busca de una libertad tanto tiempo ajena (alimentada, he de decir, por poemas y sombras de Tennyson). Se produjo entonces su mirada deslumbrante y fue cuando decidí probar los hongos eléctricos de Hüsker Dü

Meterse de lleno en Hüsker Dü requiere de un entrenamiento previo, incluso cuando se ha pasado tiempo sin probar, conviene dosificarlo adecuadamente. Puede que sea este el consejo más oportuno, recomendable sobre todo para personas como las que les habla, de cierta edad ya, para las que le resulta, triste evidencia, comprobar cómo su organismo no funciona de la misma manera que lo hacía en aquella primera mitad de la década de los ochenta, cuando descubrió a la banda de Saint Paul, Minnesota. Recuerdo entonces que mi stock de células cerebrales superaba ampliamente los doscientos mil millones, corrían desbocadas por los neurotransmisores, no sabía qué hacer con tantas, era un agobio intentar satisfacerlas a todas. Ahora es distinto, por el camino se han ido perdiendo unas cuantas, las más aguerridas, las más bizarras. Pero en fin, todo este preámbulo no debería servir más que para decirles que hice caso omiso de las recomendaciones más prudentes y me lancé de lleno a un consumo desmedido e irresponsable. Una primera dosis con el "Land Speed Record" (SST, 1981) a toda tralla, hardcore genuino cosechado en la época más oscura de Ronald Reagan, seguido de un doble pildorazo de "Zen Arcade" (SST, 1984) y, para mitigar el posterior efecto depresor, unos rebujitos de "New Day Rising" y "Flip Your Wig" (SST, 1985).

Me encontraba además seriamente afectado por la visión de "30 días de oscuridad", una película de David Slade en la que el actor Danny Huston interpreta a un genial jefe de vampiros. Su palidez, su largo y raído abrigo negro, los dientes de sierra enmarcados en una boca plenitud de sangre, los horribles ojos negros sin apenas iris, hablando en un idioma que parecía escandinavo, o más bien gótico, muy antiguo, me cautivaron. Hüsker Dü?. ¿Recuerdas, aquellas secuencias en las que gira lentamente la cabeza calva y observa el cielo de una interminable noche blanca, como si quisiera olfatear la posible presencia de sus víctimas, escondidas en la torre de un edificio de madera, enclaustradas igual que la dama de Shalott?. Intenté encontrar algunas conexiones entre el pictograma de Hüsker Dü, un círculo cruzado por gruesos trazos horizontales y un eje central común, y las más conocidas pìnturas de Britten y Waterhouse sobre la dama y las tenebrosas imágenes del vampiro. Tres líneas en el círculo, otras tres en las impostas de un puente oscuro, tres velas alumbran un crucifijo en la barca que lleva a Shalott al encuentro con Lancelot, sus ojos perdidos en otra pintura, el pie de un samovar repujado mostrando las patas de un felino coronadas por una efigie muy semejante a la figura del vampiro jefe. ¿Puede participar una de las bandas más carismáticas del hardcore americano de algún remoto antecedente con las leyendas artúricas, también con las figuras mitológicas que mejor han representado la muerte y la oscuridad?

En esta situación me hallaba cuando empecé a tomar notas sobre la formación de Saint Paul, lástima no encontrar entre sus calles las hermosas ruinas reflejo de la decadencia industrial y urbana de ciudades como Detroit, no tan lejanas, pero escuchen, largémosnos ahora hacia los algoritmos de Edward Hopper, concretamente hacia los alrededores del club First Avenue del 701 First Avenue North esquina con la 7th Street. El 27 de Noviembre de 1987 se celebraba el Día de Acción de Gracias y a las 2 de la tarde lo único que permanecía abierto a la redonda era un restaurante de comida griega. Bob Mould está situado al volante de un diminuto Chevrolet Chevette del 80 aparcado enfrente del club. A su lado se encuentran Steve McClellan y Jack Meyers, dueño y gestor de los conciertos del local. Bob comparte con ellos una tosta ya fría de moussaka mientras les habla de la insostenible situación de la banda en ese momento, él ha conseguido dejar su adicción al alcohol pero Grant Hart está cada vez más enganchado al caballo, su dependencia está creando serias disputas entre ambos, a Greg Norton parece que se la suda y ya tiene tomada la decisión de echar a Grant del grupo cuando terminen la gira de ese año, al término del concierto en el Blue Note de Columbia, Missouri. Un silencio incómodo se adueña entonces entre los tres protagonistas. Bob mira por la ventana y observa a un mendigo apoyado en las antiguas cocheras de Greyhound.

Debería hablar ahora del estilo y de la corriente hardcore punk que recorre los EEUU desde los finales años 70 hasta nuestros días (con denominaciones más actualizadas), pero temo aburrirles con una extensa exposición de este apasionante fenómeno, prefiero limitar su contenido a unas pocas bandas embrionarias y a las principales ciudades que las dan cobijo. El eje Washington DC y Nueva York, por un lado, con bandas como Bad Brains y Minor Threat, Los Ángeles y San Francisco, por otro, con Black Flag y Dead Kennedys. Francotiradores desperdigados, favoritos todos ellos, como Dwarves en Chicago, Poison Idea en Portland o Tad en Seattle, se unen ahora y dan la bienvenida a la formación estrella protagonista, Hüsker Dü. Las conocidas como Ciudades Gemelas, Minneapolis-Saint Paul,  son su cuna y sede, allí curiosamente se concentra una gran parte del negocio de distribución, incluida la de la industria discográfica. Pero si hay una banda que resume las referencias más estrechas con Hüsker Dü esos son los Ramones. El estilo musical de los de Queens harán profunda mella en Mould, Hart y Norton. Riffs de guitarras cortantes, bajos redoblando las escalas de las guitarras y baterías aceleradas, voces ensambladas con un ritmo frenético y canciones cortas, sin alcanzar casi nunca los tres minutos de duración.

La evolución del estilo de Hüsker Dü es un claro trasunto de desarrollo melódico. Desde sus orígenes claramente punk-harcore en las primeras obras "Land Speed Record"  y "Everything Falls Apart" (Reflex Rcds, 1983), en su siguiente EP, "Metal Circus" (SST Rcds, 1983), ya incorporan la idea del tratamiento de la melodía como un valor que les sirva para poder diferenciarse con lo producido en sus primeros años (el sonido extremo disimulaba entonces sus carencias instrumentales), una necesidad, en definitiva, de la que siempre fueron conscientes, la de apartarse paulatinamente de los parámetros de un estilo que les podría venir demasiado estrecho. La voz más agradable de Hart se acopla perfectamente a la melodía en un tema como "It´s No Funny Anymore", y este hecho propicia y facilita su amplia exposición entre las innumerables radios de los campus universitarios americanos, a la larga base principal de los seguidores de la banda. En los trabajos posteriores con el sello SST Records de su amigo Greg Ginn  (Black Flag), "Zen Arcade" (aquí se encuentran interesantísimos y largos desarrollos instrumentales como "Reoccurring Dreams" que, lamentablemente, no explorarán más adelante), "New Day Rising" y "Flip Your Wig", siguen esa trayectoria, incorporar elementos melódicos sin dejar de lado la contundencia propia del estilo hardcore, música furiosa adornada con vuelos de mariposa. El dúo Mould & Hart han dado con la tecla perfecta para hacer de los Huskers una banda de referencia al poco tiempo de su creación.

"Candy Apple Grey" comienza con "Crystal", un relámpago metálico anuncia un torrente de emociones, el redoble de la batería de Hart da entrada a un Mould relatando experiencias que abogan por rebajar la presión de un personaje desconocido, pero la intensidad instrumental y la propia voz de Mould, cáustica en su fuerza, impiden cualquier atisbo de tregua. En "Don´t Want To Know If You Are Lonely" la estructura compositiva permanece, aristas instrumentales acompañadas de textos  donde se muestra despego hacia lo observado, el relator parece curado contra cualquier atisbo de compasión humana. "I Don´t Know For Sure" expresa el conformismo con la falta de criterio del relator, "I never get confused ´cause I dont really know / So I´m happy and so what", al final las mismas palabras parecen no tener sentido, "And words are never proper words". En "Sorry Somehow", el tempo de la canción se ralentiza un tanto, como en el resto de las composiciones de Hart (y esta es una de ellas) su voz, más suave, facilita que el tema adquiera un cariz más melodioso, sin que por ello se resienta la aspereza de la guitarra de Mould. "Too Far Down" cierra la cara A y tiene tintes de balada desolada. El comienzo, un arpegio de cuerdas, da entrada a una guitarra acústica que domina toda la canción. La voz de Mould , acompasada al ritmo sosegado del tema, relata un agudo caso de depresión, dejando abierta la posibilidad del suicidio como última salida.

"Hardly Getting Over It" da comienzo a la cara B. Otra balada acústica de Mould, la melodía seguramente desquiciaría a los primeros seguidores más radicales de la banda, y no es para menos. Hay una sorprendente delicadeza en la instrumentación, las cuerdas rasgan suavemente la madera, la base rítmica se mece en un precioso arrullo, en el puente, los teclados otorgan al tema una cadencia especialmente lograda, bellísima, la lírica, sigue a piñon fijo con la idea de la desolación. En "Dead Set Of Destruction" Hart toma de nuevo la batuta para relatar los efectos emocionales de un huracán, el protagonista no cree poder soportar el aislamiento que tal situación le produce, la guitarra de Mould traza líneas limpias, el bajo de Norton apuntala certeramente la melodía. "Eiffel Tower High" pretende retomar el vuelo hardcore, pero pareciera como si la atmósfera del disco ya se hubiera decantado por el embrujo de la melodía, las voces a capella de Mould y Hart contribuyen a reforzar ese sonido general de apaciguamiento que parece flotar al irse acercando el final del disco. "No Promise Have I Made" afianza esa última conclusión. El piano y la voz de Hart marcan una pauta de quejido aparentemente sosegado, a la espera de que, durante un puente de cuerdas arrastradas, estalle la melodía. No hay tal. "All This I´ve Done For You" cierra el disco y vuelve el hardcore con toda su pretendida fuerza pero la atmósfera ya está dominada por la melodía, la voz de Mould declama: "I guess it matters just to you/ All this I´ve done for you", en el mismo título de la canción puede que se encuentre la clave.


"Candy Apple Grey", grabado en los Nicollet Studios de Minneapolis (sede también de las oficinas de la banda en aquellos años 80), fue publicado en Marzo de 1986 y editado por Warner Bros, un aparente salto cualitativo firmar con una major que, no cabe duda, mejoró la pobre distribución que de la obra anterior de la banda estaba haciendo el sello SST, incrementando además su popularidad a nivel internacional. La recepción de la crítica y del público fue buena y aunque fue profusamente radiado por las emisoras de radio, no consiguió llegar más lejos del puesto 140 de la Billboard Top 200. Hüsker Dü es una de las bandas prototipo de la evolución del hardcore con base punk hacia el rock alternativo y el posterior estilo indie, su influencia por ello está ampliamente reconocida. Escuchando estos últimos días la discografía del grupo, y especialmente este "Candy Apple Grey", me ha retrotraído a la escuela Ramones, influencia declarada en numerosas ocasiones por los miembros de la formación, y, sobre todo, al muro de sonido spectoriano. En muchas de sus canciones esa sensación es patente, el ambiente creado por las capas de guitarra superpuestas de Mould, el gran artífice instrumental de Hüsker Dü (acompañado por una base rítmica nada desechable, digámoslo en honor de Hart y Norton), logra que sus ecos reverberen pujantes en las neuronas del oyente, recupere sensaciones olvidadas sin necesidad de acudir a aquellos estimulantes de los que hablábamos al principio. Las horas de la antesala nocturna se convierten entonces en un inesperado festival, les invito a que entren y comprueben por ustedes mismos los resultados.