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15 ene. 2020

RELATOS X: ACCIDENTE PRÓXIMO A SUCEDER



Mañana me gustaría entrevistarte para el blog, le dije (unas horas después se lo confirmé en un WhatsApp que resumo a continuación). Propongo quedar en un sitio discreto, bajo la estatua del oso y madroño en la Puerta del Sol, punto cardinal desde el que podemos tomar cualquier dirección, conozco una tetería, cerca ya de Atocha, donde si hay suerte nos hacen la danza del vientre. No lleves ningún envoltorio de plástico encima, te cachearé para comprobarlo. No fue allí donde por fin nos encontramos y mientras oteaba su inconfundible presencia física me pareció vislumbrale pensativo entre un plato de patatas fritas y el postre de su reciente jubilación. Ahí estaba y yo iba dispuesto a darle una paliza pero su abrazo de oso pidiéndome disculpas definitivamente me desarmó. Decidí a continuación exponerle parte del guión de la entrevista para de esa manera mantener su atención. La cervecería Santa Bárbara estaba tan repleta de gente que no era raro ver cómo los camareros (uniformados con su tradicional chaqueta, camisa blanca y corbata negra) tropezaban unos contra otros a lo largo del estrecho pasillo central. Los grandes espejos de las paredes reflejaban una decoración más del gusto del XIX, dominaba el color rojo tiziano sobre el terciopelo de unas butacas ya algo desgastadas, la luz del local mostraba el colmillo blanco y dorado de las antiguas escaleras austro-húngaras.

Algunos aseguran que hubo un tiempo en que los hombres se miraban a los ojos y se entendían, así, por las buenas, sin palabras, pero el inspector Martínez pensaba que eso debió ocurrir hace ya unos cuantos siglos; hoy la gente habla y habla para no decir nada, se esconden detrás de sus voces para disimular su ignorancia, como si fueran un escudo contra la caries mental. Encendió otro cigarrillo, tengo que dejar esta mierda, me está matando, masculló mientras tentaba con la lengua las llagas de su paladar superior. Y este hijo de puta, este que se cree que por tener un bar de moda ya está por encima del bien y del mal, cabronazo, no ayuda nada, con esa mirada de corcho podrido por el alcohol, nos niega lo que todos ansiamos saber ahora, nos oculta la única pista por la que posiblemente podamos averiguar algo. Los aros de humo del inspector Martínez salían a borbotones desde sus finos labios, las pequeñas ondas iniciales alcanzaron su máximo diámetro antes de llegar al techo, olió la nicotina impregnada entre sus dedos antes de atusarse la perilla, quiso carraspear pero le pareció fingido. Se acercó después a la bombona de agua colocada en una esquina del pasillo, la madre los parió, tampoco han repuesto los vasos hoy, y este idiota sigue ahí sentado, confiando salir en cuanto aparezca su abogado. Aspiró la última calada de su Lucky para aplastarlo a continuación en un repleto cenicero de cristal, el expediente seguía abierto encima de la mesa y allí se encontraba la fotografía.

Tienes que aguantar, aguantar ¿entiendes?.... Si, yo soy ese hijo de puta, el cabronazo idiota propietario del bar de moda del que habla el inspector Martínez. Aquí me encuentro, en una de las comisarías del barrio de Salamanca, en este cuartucho de apenas... (duda en ese momento sobre la expresión más exacta) 10 metros cuadrados; helado, sin calefacción, rodeado por cuatro paredes desnudas y una puerta cerrada a cal y canto; parece como si mi fortaleza se escurriera entre el gotelé de estas paredes para caer al suelo lentamente. No pienses en ello, tienes que aguantar...; antes de nada, toma conciencia de tu situación, no le mires a los ojos, haz lo posible por mantenerte alejado de su mirada, fíjate solo en su boca, incluso en ese maldito perfil judeo-masónico que tanto te repugna. Y, mientras esto ocurre, no puedo dejar de preguntarme, qué demonios hago yo aquí, qué es lo que ha pasado realmente. Esos dos tipos aparecieron en el bar, escogieron la única mesa disponible al lado de una de las ventanas, no los había visto nunca por el local. Me pasaron la comanda de Roni, una cerveza y un gintónic de Beefeater, les miré de soslayo, uno de ellos, el de la barba, sacó un papel y empezó a escribir, parecían muy animados, nada anormal en una tarde previa a los días de Navidad. El bar se encontraba entonces prácticamente lleno, más aun en la zona interior, donde un numeroso grupo de americanos trasegaban unas cuantas botellas de Rioja. En la barra, en el extremo cercano a la mesa de esos dos tipos, recuerdo haberla visto. Me pegó un subidón, lo confieso.


¿A qué viene todo este revuelo, cual es la razón de esta historia?, se arrellanó en el sofá, junto a la chimenea, desde allí podía contemplar la enorme estantería de caoba del salón (completa la colección del National Geographic desde los primeros años 50), su lugar favorito en la casa familiar de la calle Pinar,  una bellísima travesía en cuesta hacia María de Molina, rodeada por los palacetes que albergaban la embajada portugesa y el Colegio Alamán. Allí llegaron desde Bilbao a finales de esa década, él apenas contaba entonces 5 ó 6 años. Apuesto que seguramente vieron las comitivas de Eisenhower del año 59, las de Nixon y Ford tiempo después, la de los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins recién descendidos de la Luna, doblando por la plaza del Marqués del Duero hacia Colón. Si alguien me pidiese declaración, y tan solo en caso de apertura de expediente administrativo, solo diría que el autor del texto me citó para hacerme una entrevista; que quedamos por la zona del barrio de las Letras pero que (he de reconocerlo, debido a la fuerza mayor de una inacabable sobremesa) yo le propuse anticiparnos y vernos en la cervecería de Santa Bárbara. Allí se presentó y nos dimos un abrazo, pidió un doble de cerveza negra mientras me explicaba el motivo de nuestro encuentro. Recuerdo que comenzó a preguntarme cosas extrañas, sin mucho sentido, y que yo me limité a seguirle el juego.

El inspector Martínez abre la puerta de la sala V605 y procede al interrogatorio final. El dueño del local de moda se encuentra sentado enfrente de la cámara de seguridad, su cara refleja ya el cansancio propio de tantas horas perdidas. Se miran sin verse, el inspector deja caer con fuerza el expediente sobre la mesa, ¡te voy a cantar las cuarenta, cabrón!. El idiota del local (sin duda asustado por el ruido) se atreve a pedir un vaso de agua; hoy no hay agua ni hostias (por una vez el inspector Martínez dice la verdad), me vas a decir de una puta vez qué pasó entre las 9 y las 10 y media de esa noche mientras le muestra la foto. Allí se les ve, él detrás de la barra con un trapo entre las manos, la supuesta víctima al otro lado, sentado sobre un taburete, impecablemente vestido con su traje y sombrero blanco. ¿Qué pasó entonces?, ¡contesta, maldita sea!. ¡Nada, no pasó nada!, ese tipo se limitaba a quemar cosas, ¿qué cosas, no eran papeles o cartas entonces...?, no inspector, la carta que sostiene en su mano derecha es en realidad una tarjeta de visita profesional, el local está lleno de ese tipo de cartulinas, mire usted al techo y se dará cuenta. Al inspector (curado de desconciertos después de su segundo matrimonio con una mujer de Cali) le sube repentinamente un regüeldo con sabor a ajo colombiano y pregunta, ¿y qué ponía en la tarjeta?..., no recuerdo el nombre inspector, solo la profesión allí escrita, era..., periodista del The Guardian.

Debo aclararles que, por empeño personal del inspector Martínez, no hubo lugar a dar curso oficial al expediente abierto el día de autos (actualmente archivado en el Ministerio de Interior, sección Patrimonio Documental, pasillo 23F). Allí se encuentra la declaración de la supuesta víctima, tanto en lo que ésta relata sobre su antigua relación personal con el autor del texto como en lo relativo al contenido de la entrevista que le propuso. El temario de preguntas no deja de tener cierta incongruencia. ¿Recuerdas la primera persona que conociste sin conocerla previamente de nada?, ¿cual fue tu primera reacción mecánica al ser consciente de que no podías correr a gran velocidad?, ¿pensabas mientras comías?, ¿qué sentiste cuando escuchaste por primera vez "El Garrotín?, ¿cual es el número de tu DNI que menos te gusta?, ¿qué es lo más característico del ambiente de Madrid que encuentras en Bilbao?. Curiosamente de todas las respuestas transcritas por el entrevistado se deduce una clara querencia por su relación personal con el sexo femenino (incluidas las monjas de sus primeros años escolares); tanto es así que no le dolieron prendas al admitir representar su papel ideal como el de una mujer no procreadora, me encanta ser mujer, le comentaba al autor, mientras dirigía a Roni una mirada no incluida en la carta del restaurante de moda.


El inspector Martínez salió de la comisaría con todas sus pertenencias intactas, ¡ya es raro!, nadie ha metido mano hoy en mi taquilla. Hay constancia fotográfica en la que se le ve con el Jefe de Servicios Internos; parece mentira Martínez, después de más de veinticinco años de paz me la mete usted doblada, espere Barroso, recapacite, no tengo nada contra usted, todo lo contrario, pero necesito salir de esta pocilga cuanto antes, y tranquilo, nadie sabrá nada de lo nuestro... Un par de horas después, el dueño del local de moda (El Economato, calle Bailén 5) dejó la sala de interrogatorios, libre, sin cargo alguno. La supuesta víctima, aun adormilada en el sofá de su casa de Pinar, miraba el reloj regalo de su boda, cotejando el horario del último autobús de línea a Bilbao. El autor del texto piensa en reservar su mesa favorita en El Comunista para proseguir con la entrevista. Puede que les mantengamos informados.



A Javier Urroz.




11 ene. 2020

ÁLBUM FOTOGRÁFICO 2019 II



Segunda y última entrega de esta antología fotográfica del pasado año. Aquí los motivos son variados, oscilando entre interiores y tomas externas. Desde la espontaneidad infantil hasta la reflexión sobre los perfiles tamizados por unos visillos, el autor ha pretendido retratar algunas estampas que, a pesar de su indudable trivialidad, colman no pocos momentos de nuestra existencia.

1.- SEÑALES DE SUEÑO


2.- ELLA


3.- ROPA SUCIA


4.- SE ALQUILAN


5.- EFERVESCENCIA


6.- ME PLANTO


7.- REFLEJOS EN UN OJO DORADO


8.- AHORA SILENCIO


4 ene. 2020

ÁLBUM FOTOGRÁFICO 2019 I



IV Edición del Álbum Fotográfico, correspondiente al año 2019 en esta entrada. Un año en el que he de reconocer la inspiración ha sido menos condescendiente con el autor. La primera parte presenta diversas tomas relacionadas con la ciudad de Madrid. Para un mejor disfrute les sugiero pinchen en cada una de las fotografías expuestas, incluida la de la cabecera.

1.- PEINES COLGANTES


2.- A LAS TANTAS...


3.- ESTATUA DE SAL (HOMENAJE A RADIO FUTURA)


4.- PROA


5.- DESPEDIDA


6.- HOMENAJE A THE NICE ("FIVE BRIDGES")


7.- OVNIS SEDIENTOS


8.- ANTES DE LA TORMENTA


19 dic. 2019

EL PRINCIPIO



SOFT MACHINE                                       "THIRD"
Intento hallar algún nexo entre este "Third" y el romanticismo eléctrico del que creo no vuelva a hablar más. Repaso algunos de los capítulos de la obra recientemente leída de Chateaubriand ("Memorias de ultratumba", Cátedra, 2010) para buscar, entre sus magníficas descripciones del paisaje de Suiza, aquellos lugares en los que se suceden los episodios más bellos. Las montañas, los lagos centrales y los fronterizos con Italia (¡qué pasión por ese país!), sus valles conformando un contrapunto perfecto. Sus sentimientos reivindican a la Naturaleza como no olvidada musa de la poesía. El autor francés (un personaje tantas veces ahogado en el océano de su enorme soledad, viajero lleno de bosques y mares bretones, de ruinas griegas, de continentes; sus descripciones de la América virgen recuperan la revelación juvenil de Karl May), asciende hasta los desiertos de nubes de Friedrich; desde allí, emulando a Senancourt, se despeña hacia el frío encanto de los pies desnudos de las campesinas.

Afortunadamente el vínculo no solo lo encuentro allí (lo que sigue es una explicación del por qué). Ocurre también en el gabinete de los científicos, en el cónclave episcopal reunido para la elección de los nuevos Popes de la música progresiva. Entre salones repletos de tapices y maderas de caoba, de mármoles y silencios cómplices, los músicos viven absortos en la formación de la fumata blanca. Sumidos en la pura improvisación, ese intento de deconstrucción del antiguo régimen musical les conduce hasta los límites de la abstracción. El jazz es su cordón umbilical. También las imágenes de una ciudad que espera ansiosa el reflejo de sus luces en los charcos de las calles, puede que ahí se encuentre el origen de esa improvisación. La última pieza, "Our-Bloody-Rageous", en particular sus postreros acordes de teclados (en ese instante en que el sonido de la lluvia crepita contra el asfalto), recuerda el "Aqua" de Froese, también algunos lances del "No Pussyfooting" de Fripp & Eno.

The Soft Machine es el principio, su pretendida dificultad produce una leve sustentación temporal, es el arranque del rock subterráneo, más tarde avanzará Robert Wyatt por ese camino. El corta y pega del Borroughs de su novela homónima recogiendo las vanguardias (hay un tema explícito, "Dada Was Here" de su "Volume Two", ABC Rcds, 1969 que escucharé en un rato), un nuevo romanticismo eléctrico pretende hacerse con el poder. Su ritmo es el del saltamontes, el primer tema, "Facelift" ocupa, como el resto de sus hermanos, cada una de las caras de este "Third" (CBS Rcds, 1970). Asistimos a las tomas en vivo desde los escenarios de Fairfield Hall en Croydon y el Mother´s Club de Birmingham en Enero de 1970. Somnoliento al principio, arrastrando las pinzas contra los surcos del vinilo, se eleva después gracias a una inspiradísima sección de vientos, comandada por Elton Dean. Multinstrumentista que previamente coincide con el otro Elton (John) en Bluesology (más tarde miembro de Centipede, la banda de Keith Tippet), es el músico elegido para sustituir a Brian Hopper. Este "Facelift" es el tema más rock del álbum, y pudiera parecer que se encuentra en la onda de King Crimson pero no es del todo cierto. Construido pieza a pieza, con la ingenuidad del que busca algo nuevo, la flauta de Lyn Dobson destaca en su nube lavada de azul, los teclados de Ratledge atrapan al intrépido oyente cuando pretende huir despavorido.

Es el principio. "Slightly All The Time", siguiente tema de la cara 2, mantiene el duelo entre los teclados y la sección de vientos. Mayor espacio para la improvisación, el complejo molde percusivo de Wyatt añade más personalidad a la pieza. Puede también que las distintas escalas rítmicas recojan las enseñanzas del free-jazz, no se tanto, pero reconozco que la composición posee un punto que transita por esos derroteros. Me gusta. Es el principio de las conversaciones iniciales sobre la música subterránea, algo aparecía a flor de piel y había que encontrar sus raíces. No lo supe hacer, nada sabía del dilema que más tarde mencionará Wyatt en "The Moon in June". Contemplo mis manos a través de las venas, cada vez más geográficas. Sigo recogiendo notas del suelo, del cielo, del aire fresco; las imágenes se suceden una detrás de otra, encuentran enseguida un encuadre satisfactorio.

OK, a "Noisette" no he podido adivinarla (y me duele no haberlo hecho), al igual que la segunda parte del "Slightly All The Time" tan solo existe en los créditos del disco. La cara 3 la completa "The Moon in June". Avanzamos unos años más, a la fiesta en Maida Vale, Junio de 1973. Lady June, una de las excéntricas artistas subterráneas de la época, recibe a sus invitados en Vale Court, a dos manzanas de Abbey Road. Celebran allí el cumpleaños de Gilli Smyth, miembro de Gong, representación de Shakti Yoni, espejo de la mujer liberada por la práctica del tantra y yoga. Robert Wyatt cae al suelo desde una cuarta planta, se rompe la columna vertebral. Ha grabado su último álbum "Four" con Soft Machine, la postrera aparición del batería con la banda, dos años antes (CBS Rcds, 1971). No es el final, lo sabemos, Wyatt se rehace con su expléndido "Rock Bottom" (Virgin Rcds, 1974). Este "The Moon in June", lo compone antes del desgraciado accidente, es el único tema cantado en el Lp (recogido más recientemente en el "´68", Cuneiform Rcds, 2013, una obra recopilatoria que agrupa las primeras grabaciones del artista). Muestra su característica voz en falseto, absorbe la atmósfera educada del alfabeto pop, reinterpreta la elegancia inglesa cuando suena más melancólico (además el bajo de Hugh Hopper es soberbio).

"Out-Bloody-Rageous" cierra el Lp completando la cara 4. Como viene siendo habitual, Ratledge y Dean pugnan por hacer la pieza más hermosa. La melodía adquiere un ritmo galopante, la batería de Wyatt está a años luz de Blakey, pero lo intenta. Los intermedios marcan un sofisticado estilo cercano al ambient de Eno; el entorno se ha transformado en grandes edificios de cristal, las luces de los taxis se deslizan por las calles de la ciudad, a cámara lenta. La rivalidad entre teclados y vientos alcanza un punto de equilibrio, el resto de instrumentos se añade a su lucha de titanes, queiren participar, el tema culmina con un claro vencedor, el propio grupo en su conjunto.

Al desplegar el vinilo los cuatro músicos aparecen en la fotografía principal, obra (¿por qué no decirlo?) del alemán Jürgen Ensthaler. Elton Dean aparece apoyado en la pared izquierda de una amplia habitación (en una esquina se recorta el famoso póster dylaniano "Mister Tambourine Man" de Martin Sharp). En el centro, tumbados sobre una cama cubierta por una horrenda colcha de color remolacha, Hugh Hopper y Mike Ratledge, a la derecha, sentado sobre un pequeño taburete metálico, Robert Wyatt. "El disco de los pies" (así lo conocía), donde las extremidades inferiores de los músicos adquieren un inesperado protagonismo, contrarrestan el silencio enorme que reflejan los rostros de los protagonistas. Unos pies femeninos (deducible su género por el bolso de mano que aparece al lado del asiento de Robert), añade aun más encanto a la toma; un último personaje se nos muestra medio escondido tras una columna, su mano derecha sostiene una taza roja. ¿Por qué no imaginar que los pies femeninos son los de la anfitriona Lady June?, existen de hecho dos líneas en el texto de "The Moon in June",..." Ahora comprendo cómo me siento desde mi pelo hasta mis talones / Al tenerte en las cuernas de mi dilema..." que permiten tal conjetura.

Tal vez ese sea el mensaje del "Third". "El Tercero", signo de la expresión artística, símbolo de la comunicación, la interacción y la neutralidad, el número perfecto. Comparado con los dos primeros álbumes de la banda (para nada psicodélicos, como algunos pretenden hacernos creer), este "Third" amplía la orientación jazzística de la banda, aunque presente no tan extremada en sus dos primeros trabajos (más pop el primero, experimental el segundo). La incorporación a la sección de vientos de Lyn Dobson, Nick Evans y Jimmy Hastings, músicos entonces de reconocido prestigio (provenientes además de formaciones señaladas, la de Keith Tippet, Manfred Mann, Keef Hartley, Third Ear Band, el primer Caravan de Richard Sinclair) otorga a esta obra ese característico sonido de la casa, jazz improvisado, controlado hasta límites donde la audiencia pueda entenderlo. No obstante, alguna de las piezas que lo componen, estoy pensando ahora en la misma "The Moon in June", un tema intrínsicamente brillante en sus iniciales cinco minutos, se convierte en una progresión de notas musicales que pretenden convencernos de nuevo del virtuosismo de sus intérpretes. No hacía falta, ya lo sabíamos.

El relativo éxito de este "Third" les permite de igual modo actuar por primera vez, ningún otro grupo de rock lo hizo antes, en el PROMS del Royal Albert Hall londinense en Agosto de 1970, un ciclo de conciertos que retrotrae sus raíces a los bailes de salón del siglo XVIII. Supone un espaldarazo. Grabado en los IBC Studios, sus salas de Portland Road fueron testigos en las sesiones de las grandes estrellas del pop y del rock británico de la época. A finales de los 70 fue adquirido por Chas Chandler, bajista original de The Animals y posterior mánager de Jimi Hendrix. El 5 de Agosto de ese 1970 actúan en el sucedáneo del Woodstock francés, el "Popalania" de Biot, una pequeña población cercana a Cannes. La expectación ante un cartel de auténtico lujo (Joan Baez, Pink Floyd, Traffic, Moody Blues, King Crimson, también los amigos Kevin Ayers y el Gong de Daevid Allen, entre muchos otros) no impide la batalla final. Cinco mil asistentes han pagado la entrada de 30 francos, la otra gran parte de los más de treinta mil que acuden no lo han hecho. Los organizadores no tienen dinero para pagar a la banda, tampoco les llega para hacerlo con la mayoría de los grupos contratados. La cancelación del festival, a poco de comenzar, causa un levantamiento popular, menudo se las gastan los franceses en situaciones como esta. La formación se rehace pasados los Pirineos. Unos días más tarde, el 8 concretamente, actúan con gran éxito en el Revolution Club de Lloret de Mar junto a Georges Moustaki. Aquí, en su posible primera actuación en España, reina un auténtico ambiente de veraneo.

"Third" es el disco más vendido de Soft Machine, el más conocido también. Es ahora Miércoles por la tarde y sigue conociéndose, ocurre. Cada escucha es un aprendizaje, más definido cada vez su significado, baluarte de una escena que iba a tomar por asalto la sensibilidad de los solitarios. La crítica, también la de las galerías de arte, lo calificaba como la cima artística de la producción del grupo. Sus primeros trabajos, "The Soft Machine" y "Volume Two" son dos soles ingleses, oscuros y al mismo tiempo brillantes. El giro en "Third" es premeditado, se les venía venir vaya, esperábamos ese flujo tan internamente impresionista, un cuarteto de cámara improvisando sobre una fusión de jazz, rock y literatura. Muy pocos lo han conseguido. "Third" es una verdadera joya almacenada en el museo solitario, una obra siempre cercana e imprescindible para quien quiera rehabilitar su mejor memoria musical.




28 nov. 2019

SESIÓN NOCTURNA 3



Al igual que en los partes metereológicos concurren circunstancias que producen el desconcierto en los telespectadores (la exposición de sus fotografías no logra encarrilar el azar científico...), la cantidad de todo tipo de variables que ofrece el Otoño suele también descolocar a los observadores que se mueven a pie de acera. Acabo de terminar un paseo por un barrio obrero y me asombra advertir la cantidad de pequeños negocios dedicados al cuidado femenino, a los colmados chinos-de-todo-a-un-euro y a los establecimientos dedicados al trasiego de divisas con nuestros hermanos del otro lado del Océano. Anoto también la escasísima presencia de banderas nacionales. En el vagón del metro en el que viajo la mayoría de los pasajeros son (o parecen ser) extranjeros, suerte la suya, la patria desde lejos agobia menos. Una mujer eslava dormita apoyada contra el quicio de la ventana del vagón, otra que tal (me parece filipina por su lengua) no para de copular por teléfono, entran en la siguiente estación una cuadrilla de albañiles polacos, escalera incluida, una gitana oronda y toda vestida de negro, como la España del XIX, pregunta, no señora, para ir a Atocha tiene que coger usted la línea contraria, un enorme caballero con barbas a lo Thor-señor-de-los-vikingos cede amedrentado el asiento a una aguerrida dama que entra dispuesta a liarse a paragüazos con todo aquel que ose mirar hacia otro lado.

Lo cierto es que a esas horas de la tarde aun no había decidido de qué hablar. Manejaba desde hacía unos días unas notas tomadas con ocasión de una reciente jornada de búsqueda de setas (el hecho de comentar las distintas variedades encontradas siempre podría dar juego...), pero poco más. Sonaba mientras tanto el "Revelations" de Charlie Daniels ("Uneasy Rider", Epic Rcds, 1977, un disco sensacional con una trayectoria complicada), pero aun no tenía claro el camino a seguir. Afortunadamente llovía. Compré un par de envases de colonia Old Spice Original, la misma marca que usaba mi abuelo, en su diseño se refleja también la diminuta arquitectura de las botellas borgoñesas; los coros femeninos de "Why Can´t People", que se repiten afortunadamente a lo largo de gran parte de la grabación, le otorgan una profundidad góspel, los riffs de guitarra en "No Place To Go" pertenecen ya a otro siglo, los teclados de mi paisano Joel "Taz" DiGregorio mantienen ese distinguido toque de club Playboy de Chicago, cuando en la mitad de una sesión televisada en blanco y negro la vida explotaba en lentejuelas, en margaritas y humo de cigarrillos marca Kool. Robert Crumb retrató el futuro más Soprano de aquel ambiente.


La ausencia de cálculo iba estrechándose, la mano de una musa amiga me empujaba hacia una nueva edición de las olvidadas Sesiones Nocturnas. Climax Chicago, una de las ramas de la Climax Blues Band, sonaba en "Come On In My Kitchen" de Robert Johnson, magnífica variable del "Sitting On Top Of The World" de Chester Burnett, el nombre de pila del gran Howlin´ Wolf. Repentínamente, pensaba, hemos recuperado la senda de los elefantes azules, aquellas antológicas concentraciones de moteros de los años 70 en la Selva Negra alemana. Mi hija llevaba ya unos días en Nueva York con su novio, nos mandaba un surtido de fotos de Manhattan, la nueva zona cero envuelta en un azul brillante de Tiffany´s, desde un Brooklyn cinematográfico de Scorsese, las calles cercanas a la orilla del Hudson sostenían los cables del puente elevado más famoso del mundo. La contraportada del "Tightly Knit" (EMI Harvest Rcds, 1972) muestra a los componentes del grupo en un escenario muy parecido a una de las secuencias de la primera parte de "El Padrino", cuando Robert De Niro saltaba entre los tejados, huyendo después de ajusticiar a uno de los capos italianos de la zona. "St Michael´s Blues" suena a retrete descongestionado, los teclados de Colin Cooper, líder de una de las bandas fundamentales del boom blues-rock de los últimos años 60 en Inglaterra, admiten también esa caricia jazz del delta del Mississippi.

La maravillosa "I Got A Woman" de Al Kooper ("Easy Does It", CBS Rcds, 1970), recoge el mejor legado que el artista dejó tras su trayectoria por The Blues Project y Blood, Sweat & Tears, pasea su palmito a la sombra del Brill Building (es este un disco muy de la calle 42 también) una pieza que resume los últimos acordes de la orquesta del Titanic mientras la joya de la corona inglesa se iba a pique. En "I Bought You The Shoes" se encuentran también los ecos de los más inspirados Lovin´ Spoonful, una corta canción que almacena ese country de los parques neoyorquinos en primavera y que, después de un sorbete de vainilla y un café, tutea al dios de los astros, su orquestación impresiona por la grandeza de su sonido. Al Kooper, un auténtico portento de los arreglos en la composición final de las canciones, se introduce en "Sad, Sad Sunshine" en un ambiente oriental que me río yo del "Kashmir" de los Zepp. ¿Qué decir de su versión del "Baby Please Don´t Go" de Joe Williams?, el piano marca un ritmo como solo el yunque en la fragua de Vulcano podría lograr. En alguna ocasión he manifestado mi predilección por los discos dobles de los grandes artistas, este "Easy Does It", aunque peca de dos o tres tonterías de ambiente de estudio, no se escapa de esa acepción. Posee ese toque de distinción de las obras perdurables, extraordinariamente orquestada, con una producción grandiosa (sin ser grandilocuente), en ese nivel de excelencia que trasciende, que llega y sobrepasa los mejores resultados de los Knicks, de los Nets, de los Yankees.


La hornada nacional llega con 091, Pau Riba e Iceberg, la relación entre Granada y Barcelona se sucede con naturalidad, ajena a la inquina de los conmilitones políticos, esos logreros, así los llamaba Galdós, que ni saben ni escuchan este tipo de música. La banda por la que Joe Strummer retrasó su regreso a Londres graba en los estudios Musigrama de Madrid uno de sus mejores discos, "Doce Canciones Sin Piedad" (Zafiro, 1989), obra de guitarras y de lírica robusta, entre sus surcos se suceden temas impetuosos, "Cartas En La Manga", "Confusión", la más conocida "Que Fue Del Siglo XX"..., así cantaba José Ignacio García Lapido,..."¿Qué fue del Dadá, del Big-Bang y del "No pasarán"? / ¿Ya se han quedado atrás?...", también "Carne Cruda"; en otros medios tiempos de puro azahar, "Al Borde Del Abismo", "Nada Es Real", el sonido hiere dulcemente, hay un reposo de líneas estelares que convierte este disco en referencia obligada del mejor rock hecho en nuestro país en los últimos treinta años.

Opto por escoger de Pau Riba su "Licors" (Movie Play, 1977) antes que "Dioptria", me parece la primera más acorde para una sesión nocturna en la que ya sabemos cómo se suele terminar. Recuerdo aquí esa breve carta de Benjamin Constant a la gran diva francesa de principios del XIX, Madame de Récamier: "...deslumbráis a todo el mundo y por ello la gente queda turbada..., no podéis prescindir de vuestro encanto, pero no lo realcéis", y esa recomendación me da pié para relacionar estas dos obras del artista mallorquín, la primera más adornada, "Licors" menos famosa y necesaria de tanta vestimenta. Temas como "Crida´m" y "La Flor Del Taronger" mantienen en la placidez al oyente, su instrumentación se enriquece con pequeños arreglos, pareciera que actúan en el salón de la casa pagesa de Ibiza, transmite esa cercanía del amigo que viene a visitarte con algún regalo. En la canción más larga "Licors" Pau relata una historia que en cierta forma me recuerda a la de aquellos Garriris de un Javier Mariscal ya asentado en una Barcelona que, por aquellos últimos años 70, aun mantenía en alto el cetro creativo del país.

Concluye la sesión nocturna con una muy reciente adquisición, el "En Directe" (Bocaccio, 1978) de Iceberg, mi banda de rock progresivo/fusión favorita entre toda aquella espléndida promoción de la década de los setenta. Mención especial al diseño del álbum, una autopista apenas transitada por un par de vehículos sirve de portada y contraportada, al desplegarse la funda aparecen una serie de fotografías de la formación en sus distintas actuaciones en directo (obsérvenlas dos párrafos más arriba, en la columna de la izquierda); impagables, en una de ellas el autobús se encuentra detenido detrás de una lechera, así llamábamos entonces a las furgonetas de la policía, y en otra un gris (sobran las explicaciones) ya accedió al carruaje con el aparente objeto de inspeccionar a un grupo de sospechosos melenudos, muy típico de la España de entonces. Las tres piezas que contiene el álbum, "Oh! Un ánec Simfónic. Ones", "Canço Per Qualsevol Orquestra" e "Históries", nos muestran a un Iceberg con un sonido ya claramente definido, sus músicos, "Max", "Kitflus", el Jordi Colomer y "Primi", auténticos portentos en sus respectivos instrumentos, navegan entre influencias de Weather Report, Chick Corea y la Mahavishnu. Ideal acompañamiento neuronal para una cama que ya espera, mejor que sean esos acordes de fusión galopante los que queden como recuerdo entre un circuito plagado de tan buenos momentos.

14 nov. 2019

ROSALÍA TIENE RAZÓN



DEAD BOYS                         "YOUNG LOUD AND SNOTTY"
En Agosto de 1976, en las fechas aproximadas en las que Dead Boys hacían su presentación en el CBGB´s del Bowery de Nueva York, me encontraba conduciendo un Seat 850 desde El Escorial con dirección a Almazán, en la provincia de Soria. Habíamos pasado ya por Medinaceli en una tarde de mucho calor y recuerdo haber esbozado la línea de un poema en el que hablaba de la fuerza aérea del verano del 76. No me inspiraba entonces la revelación que el 4 de Agosto de ese mismo año tuvo el Clemente, el del Palmar de Troya, ya ciego después de su accidente automovilístico, instándole para convertirse en "el gran papa Gregorio XVII, que sucederá automáticamente a Paulo VI, arteramente drogado en el Vaticano por los auténticos responsables -masones y comunistas", tampoco lo hicieron el "Spirit´76" del nuevo presidente Jimmy Carter, ni las dos únicas medallas de plata conseguidas por el olimpismo español en Montreal. Algo me impulsaba, no obstante, a seguir hacia delante, quizás el animo de la aventura inesperada, plasmada, como en las novelas recientes de Kerouac, por el viaje en la carretera, la búsqueda en el cielo de algún satori, el encuentro con una señal que iluminara el camino hacia un lugar desconocido.

Escuchaba por entonces a la Charlie Daniels Band, la Velvet de "1969" y el Lou Reed de "Satellite Of Love", a Joe Walsh, y el Freddie Hubbard de "Polar AC", pero ninguno de ellos sonaba en la radio de aquel Seat 850 blanco. Transportaba a varios miembros de un grupo de teatro aragonés que habían depositado en mí su confianza (observen, si tienen a mano, la portada del "Wipe The Windows" de The Allman Brothers Band, Polydor Rcds, 1976), para trasladarlos de regreso hasta Zaragoza. Antes, ya cercano el ocaso de la tarde, llegamos a un Almazán que había suspendido la representación por el clamoroso retraso de los actores. Empacamos de nuevo, no recuerdo quien pagaba la gasolina, y conduje hasta que llegamos a una inmensa campa, ya de noche cerrada. Nos bajamos todos del coche, Luis sacó el saxo de su funda, roció su campana con un chorro de Ron Bacardí blanco, lo enjuagó moviendo el mejunje hasta el fondo de su mismo arco y proclamó solemnemente: "vamos a entonar un blues al viejo Miles Davis". Un maravilloso sonido de aguarrás se elevó hasta un cielo cubierto de estrellas. Recuerdo que aquella noche no dormí, ya instalados en un piso franco de Zaragoza, y hablamos hasta la madrugada de lo que no veíamos, la consolidación de la escena punk americana en el local que Hilly Kristal regentaba en el Lower East Side.


A la mañana siguiente llamé a mi madre, alarmada por la ausencia inesperada de su segundo hijo, el mayor ya se había marchado con su novia a vivir a una comuna cerca de Arapiles, mamá tranquila, no nos drogamos, es que me han dicho que os drogáis, que no mamá, bueno cogeré un tren y llegaré a casa en cuanto pueda, ¿tienes dinero?, ya me lo dejan aquí, pero, ¿con quien estás...?, las primeras letras del párrafo inicial del "Sonic Reducer" de Dead Boys ("Young Loud And Snotty", Sire Rcds, 1977), "I don´t need anyone / Don´t need no mom and dad /..." cruzaron el Atlántico para colarse entre unos cables telefónicos que confirmaban la aparición de la cabecita de Adolfo Suárez en el nuevo gobierno monárquico. Unos días después se celebró en El Escorial una cumbre familiar, mis padres en frente, en el sofá los dos hermanos, pero, ¿qué es lo que queréis...?, recordé entonces una pintada en la pared que había visto en una fotografía de Notting Hill Gate, lo que no queremos es la misma mierda de siempre, de casa al trabajo y del trabajo a casa, así durante toda la vida, queremos algo diferente, vivir de otra forma, como lo expresa el "Ain´t Nothing To Do": I wanna get on out of here / Find me somethin´ to do / Yeah, get on outta here...", los Dead Boys sin saberlo hablaban por nosotros.

Bueno, no tanto, quien sabe, estábamos entonces muy en la onda hippie post-franquista, todo sucedía tarde aquí, ese mismo "Ain´t Nothing To Do" proclamaba: "Gonna beat up the next hippie I see / Maybe I´ll be beatin´up you...", puestos así prefería aquella amenaza a la del "Mr. Clean" de The Jam de "All Mod Cons" de un año después (Polydor Rcds, 1978): "Cause I hate you and your wife / And if I get the chance I´ll fuck up your life / Mr.Clean...". Leía entonces al Hesse del "Lobo Estepario", "Los vagabundos del Dharma " y "Ángeles de desolación" de Kerouac, Cortázar, siempre Cortázar, toda su obra, me imaginaba el París de las escenas de la Maga en "Rayuela", capítulo 7: "Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera..." y presentía la estancia de Stiv Bators allí, en París, estaría bien descubrir en que calle fue herido mortalmente por ese taxi. Paralelo al éxito con The Lords of The New Church, les vi en un concierto en Madrid, busco su entrada, un sábado 2 de julio de 1983 en Rock-Ola, quizás fue allí donde mi amigo Álvaro dedicó el concierto a buscar a su Maga. No existe referencia literaria alguna en los textos de este primer Lp de Dead Boys.

He vuelto a repasar las entradas que Gonzalo Aróstegui y Rick hicieron en sus blogs ("Ragged Glory" y "El bar de Rick") sobre Dead Boys, la de Gonzalo más antigua, en Julio de 2013, más visceral, yo acababa de regresar de una ruta homenaje a Zumalacárregui por el Goierri guipuzcoano, difícil encontrar entre esas antiguas tierras carlistas alguna semejanza con los paisajes urbanos del Nueva York próximo a la bancarrota. "Ford To City: Drop Dead", Gerald Ford, unos pocos años antes de recibir a Juan Carlos y Sofía en su primer viaje a EEUU, "Muérete Nueva York". "But I don´t care / Go and push me away / You can´t hurt me anymore / Not anymore", "Not Anymore", consagra esa misma sensación de demolición de Travis Bickle en "Taxi Driver", una película del mismo año 1977. Difícil también emular una experiencia como la de Gonzalo con Dead Boys después de asistir al concierto de Dictators en el que la versión de "Sonic Reducer" marca el culmen de la actuación. La entrada de Rick, más ilustrada, de Mayo de 2018, habla de los orígenes de la banda en Cleveland, recorre el ambiente musical de la ciudad de Alan Freed, habla de los antecedentes de la formación, Rocket From The Tombs, de su desdoblamiento en Frankestein, Dead Boys y Pere Ubu, nos presenta a sus protagonistas, acertadamente, con concisión, ¡ah!, un lujo inesperado, aparece en escena el Ian Hunter ("You´re Never Alone With A Schizophrenic", Chrysalis Rcds, 1979) post Mott The Hoople, compositor del "Cleveland rocks". En ambas entradas se encuentra lo más interesante de la banda de Ohio.

La vuelta en tren desde Zaragoza transcurrió como un viaje en blanco, creo que caí en una somnolencia lechosa, algunos puntos negros luchaban por salir de una coctelera que todavía se batía bajos las secuelas del alcohol y las pastillas de dexedrina; de repente escuché un frenazo y un golpe seco, dos coches colisionaban en la esquina de una calle, abrí los ojos y no ocurría nada, tan solo la línea de la fuerza aérea de aquel verano seguía presente en las ventanas del vagón. Decidí seguir adormilado, buceando entre las fallas teutónicas de Nueva York hasta Los Ángeles, allí donde el "Hot flashes burning my brain / Your tongue lashing drive me insane / From New York to LA..." de "Caught With The Meat In Your Mouth" ofrece al espectador su primer paisaje. Prefiero ahora esos estados previos al sueño, aquellos en los que Vladimir Nabokov definía la noche como el momento de alabar el día en su "Pálido fuego"; entonces, en aquellos años de recién casado, casi todo se reducía a una maldita obsesión: "Can I describe what it´s like / To have sex with the lights on? / And would ya feel right if I did ya tonight?...", que la banda describía en su "All This And More".

En un momento determinado me subí las mangas de la camisa y enseñé a mi madre los brazos desnudos, ninguna señal de pinchazos ni costras sospechosas, ¿lo ves, te convences ahora...?, aprovechábamos entonces su ignorancia, su ingenuidad, ese párrafo del "Ballad Of A Thin Man" de Dylan ("Highway 61 Revisited", Columbia Rcds, 1967), "But something is happening and you don´t know what it is / Do you, Mr.Jones?" revolotea ahora como un cuervo sediento de venganza. El "Dead boy - dead boy running scared / Dead boy - dead boy caught in a nuclear weird..." de "Down In Flames" quedaba muy lejos, el primer miedo tardaría en aparecer, quizá lo hiciera cuando los versos de Jaime Gil de Biedma, "Que la vida iba en serio / Uno lo empieza a comprender más tarde..." posaron por primera vez sus alas en aquellas no tan lejanas noches de taquicardia. El "I Need Lunch" puede que tuviera también alguna conexión con "El almuerzo desnudo", con la tensión de las guitarras de Cheetah Chrome y Jimmy Zero, una sensación de mono, de abstinencia con olor a sopa de pollo congelada, los fideos piden auxilio, aparentemente nada que ver con el texto de la canción, "I said I need lunch / Feed me!!", pero es ese otro tipo de alimento del que William Burroughs de vez en cuando adolecía.

El galope de la memoria no deja de arrojar sus haces de luz, así es que el rayo de Genya Ravan aparece ahora con su obra "Urban Desire" (20th Century Fox Rcds, 1978), uno de los favoritos de la época. Genya, productora de este "Young Loud And Snotty", aparece aquí a propósito de un reciente artículo aparecido en el Ruta 66 de Octubre de este año. "Los Dead Boys fueron la banda más fácil con la que he trabajado..., estuvimos en los estudios Electric Lady Land tres noches fantásticas. Sigo en contacto con Cheetah Chrome. Adoro a ese chico que ha recorrido un largo y tortuoso camino. Cuidé de él y me encargué de que no fuera otro roquero muerto". Gracias a tí Genya, mi compadre Gonzalo y yo pudimos asistir a un concierto suyo, acompañado por Señor No en el Gruta 77 hará un par de años, el "You got nothing to hide / And everybody knows it´s true..." del "Hey Little Girl", único tema en directo grabado en el CBGB´s, puede servir como pequeño homenaje a tu inmortal creación.

Del Stiv Bators de París ya hemos hablado, escuela crucificada del mejor Iggy Pop, discípulo sangriento, sus representaciones en escena fueron míticas, aunque no llegaron al salvajismo de GG Allin, existe por la red un vídeo en el que éste último recorre medio desnudo las calles del Lower East Side; la base rítmica compuesta por Jeff Magnum y Johnny Blitz, Johnny sobrevive a un ataque fatal a navajazos algunos meses después de la grabación de su segundo Lp "We Have Come For Your Children" (Sire Rcds, 1978): "Living to fast I´ve got my head in full throttle / I saw a screaming skull in the bottom of a bottle...", esas primeras líneas de "High Tension Wire" bien podrían expresar su desgraciada experiencia. En Octubre de 1978 compré en la Cuesta de Moyano, así aparece datado en la guarda del libro, el "Delta de Venus", los relatos eróticos de Anaïs Nin. Abro la página 126 al azar y leo: "Aunque había quedado satisfecha por completo poco antes, de nuevo estaba excitada. Le hubiera gustado desabrochar el cinturón, bajarle los pantalones y volverle a tocar el pene. Cuando este aparecía por primera vez, ¡con qué viveza apuntaba hacia ella, como si procediera a un reconocimiento!". El texto de "What Love Is" presenta al género masculino, y esto lo hace a lo largo de toda la obra, como el verdadero y genuino depredador sexual, un tanto agresivo muchas veces: "I wanna write on your face with my pretty knife / I wanna toy with your precious life /... / I want to know what love is."


Pensaba haber titulado esta entrada como "Elogio a la protesta", dudo ahora si hacerlo así. Dead Boys me acompaña en noches en las que bailo observado por desconocidas latinas, pido al intérprete en el escenario alguna canción de James Taylor, el Pink Floyd más bucólico me acompaña en alguna ruta ciclista, tomo de madrugada notas sobre algún próximo relato de terror, voy a setas con mi amigo Hubert, Damiani de DWOMO me obsequia con el desaparecido "Electroshock Taronger" (Hall Of Fame Rcds, 2013), el tabernero me regala una botella de aceite de oliva virgen extra, quedo a medio camino en la visión de los archivos de Zacherley, disputo con un italiano sobre unos discos de Kevin Coyne deficientemente recibidos, intento ahorrar para pagar la deuda a Oscar-el-quiosquero, asisto a un concierto de Perro Cadáver en Malasaña, también a un funeral en el que el coro canta el "Agur Jesune Ama" en eusquera, no voto a Vox.