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14 nov. 2019

ROSALÍA TIENE RAZÓN



DEAD BOYS                         "YOUNG LOUD AND SNOTTY"
En Agosto de 1976, en las fechas aproximadas en las que Dead Boys hacían su presentación en el CBGB´s del Bowery de Nueva York, me encontraba conduciendo un Seat 850 desde El Escorial con dirección a Almazán, en la provincia de Soria. Habíamos pasado ya por Medinaceli en una tarde de mucho calor y recuerdo haber esbozado la línea de un poema en el que hablaba de la fuerza aérea del verano del 76. No me inspiraba entonces la revelación que el 4 de Agosto de ese mismo año tuvo el Clemente, el del Palmar de Troya, ya ciego después de su accidente automovilístico, instándole para convertirse en "el gran papa Gregorio XVII, que sucederá automáticamente a Paulo VI, arteramente drogado en el Vaticano por los auténticos responsables -masones y comunistas", tampoco lo hicieron el "Spirit´76" del nuevo presidente Jimmy Carter, ni las dos únicas medallas de plata conseguidas por el olimpismo español en Montreal. Algo me impulsaba, no obstante, a seguir hacia delante, quizás el animo de la aventura inesperada, plasmada, como en las novelas recientes de Kerouac, por el viaje en la carretera, la búsqueda en el cielo de algún satori, el encuentro con una señal que iluminara el camino hacia un lugar desconocido.

Escuchaba por entonces a la Charlie Daniels Band, la Velvet de "1969" y el Lou Reed de "Satellite Of Love", a Joe Walsh, y el Freddie Hubbard de "Polar AC", pero ninguno de ellos sonaba en la radio de aquel Seat 850 blanco. Transportaba a varios miembros de un grupo de teatro aragonés que habían depositado en mí su confianza (observen, si tienen a mano, la portada del "Wipe The Windows" de The Allman Brothers Band, Polydor Rcds, 1976), para trasladarlos de regreso hasta Zaragoza. Antes, ya cercano el ocaso de la tarde, llegamos a un Almazán que había suspendido la representación por el clamoroso retraso de los actores. Empacamos de nuevo, no recuerdo quien pagaba la gasolina, y conduje hasta que llegamos a una inmensa campa, ya de noche cerrada. Nos bajamos todos del coche, Luis sacó el saxo de su funda, roció su campana con un chorro de Ron Bacardí blanco, lo enjuagó moviendo el mejunje hasta el fondo de su mismo arco y proclamó solemnemente: "vamos a entonar un blues al viejo Miles Davis". Un maravilloso sonido de aguarrás se elevó hasta un cielo cubierto de estrellas. Recuerdo que aquella noche no dormí, ya instalados en un piso franco de Zaragoza, y hablamos hasta la madrugada de lo que no veíamos, la consolidación de la escena punk americana en el local que Hilly Kristal regentaba en el Lower East Side.


A la mañana siguiente llamé a mi madre, alarmada por la ausencia inesperada de su segundo hijo, el mayor ya se había marchado con su novia a vivir a una comuna cerca de Arapiles, mamá tranquila, no nos drogamos, es que me han dicho que os drogáis, que no mamá, bueno cogeré un tren y llegaré a casa en cuanto pueda, ¿tienes dinero?, ya me lo dejan aquí, pero, ¿con quien estás...?, las primeras letras del párrafo inicial del "Sonic Reducer" de Dead Boys ("Young Loud And Snotty", Sire Rcds, 1977), "I don´t need anyone / Don´t need no mom and dad /..." cruzaron el Atlántico para colarse entre unos cables telefónicos que confirmaban la aparición de la cabecita de Adolfo Suárez en el nuevo gobierno monárquico. Unos días después se celebró en El Escorial una cumbre familiar, mis padres en frente, en el sofá los dos hermanos, pero, ¿qué es lo que queréis...?, recordé entonces una pintada en la pared que había visto en una fotografía de Notting Hill Gate, lo que no queremos es la misma mierda de siempre, de casa al trabajo y del trabajo a casa, así durante toda la vida, queremos algo diferente, vivir de otra forma, como lo expresa el "Ain´t Nothing To Do": I wanna get on out of here / Find me somethin´ to do / Yeah, get on outta here...", los Dead Boys sin saberlo hablaban por nosotros.

Bueno, no tanto, quien sabe, estábamos entonces muy en la onda hippie post-franquista, todo sucedía tarde aquí, ese mismo "Ain´t Nothing To Do" proclamaba: "Gonna beat up the next hippie I see / Maybe I´ll be beatin´up you...", puestos así prefería aquella amenaza a la del "Mr. Clean" de The Jam de "All Mod Cons" de un año después (Polydor Rcds, 1978): "Cause I hate you and your wife / And if I get the chance I´ll fuck up your life / Mr.Clean...". Leía entonces al Hesse del "Lobo Estepario", "Los vagabundos del Dharma " y "Ángeles de desolación" de Kerouac, Cortázar, siempre Cortázar, toda su obra, me imaginaba el París de las escenas de la Maga en "Rayuela", capítulo 7: "Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera..." y presentía la estancia de Stiv Bators allí, en París, estaría bien descubrir en que calle fue herido mortalmente por ese taxi. Paralelo al éxito con The Lords of The New Church, les vi en un concierto en Madrid, busco su entrada, un sábado 2 de julio de 1983 en Rock-Ola, quizás fue allí donde mi amigo Álvaro dedicó el concierto a buscar a su Maga. No existe referencia literaria alguna en los textos de este primer Lp de Dead Boys.

He vuelto a repasar las entradas que Gonzalo Aróstegui y Rick hicieron en sus blogs ("Ragged Glory" y "El bar de Rick") sobre Dead Boys, la de Gonzalo más antigua, en Julio de 2013, más visceral, yo acababa de regresar de una ruta homenaje a Zumalacárregui por el Goierri guipuzcoano, difícil encontrar entre esas antiguas tierras carlistas alguna semejanza con los paisajes urbanos del Nueva York próximo a la bancarrota. "Ford To City: Drop Dead", Gerald Ford, unos pocos años antes de recibir a Juan Carlos y Sofía en su primer viaje a EEUU, "Muérete Nueva York". "But I don´t care / Go and push me away / You can´t hurt me anymore / Not anymore", "Not Anymore", consagra esa misma sensación de demolición de Travis Bickle en "Taxi Driver", una película del mismo año 1977. Difícil también emular una experiencia como la de Gonzalo con Dead Boys después de asistir al concierto de Dictators en el que la versión de "Sonic Reducer" marca el culmen de la actuación. La entrada de Rick, más ilustrada, de Mayo de 2018, habla de los orígenes de la banda en Cleveland, recorre el ambiente musical de la ciudad de Alan Freed, habla de los antecedentes de la formación, Rocket From The Tombs, de su desdoblamiento en Frankestein, Dead Boys y Pere Ubu, nos presenta a sus protagonistas, acertadamente, con concisión, ¡ah!, un lujo inesperado, aparece en escena el Ian Hunter ("You´re Never Alone With A Schizophrenic", Chrysalis Rcds, 1979) post Mott The Hoople, compositor del "Cleveland rocks". En ambas entradas se encuentra lo más interesante de la banda de Ohio.

La vuelta en tren desde Zaragoza transcurrió como un viaje en blanco, creo que caí en una somnolencia lechosa, algunos puntos negros luchaban por salir de una coctelera que todavía se batía bajos las secuelas del alcohol y las pastillas de dexedrina; de repente escuché un frenazo y un golpe seco, dos coches colisionaban en la esquina de una calle, abrí los ojos y no ocurría nada, tan solo la línea de la fuerza aérea de aquel verano seguía presente en las ventanas del vagón. Decidí seguir adormilado, buceando entre las fallas teutónicas de Nueva York hasta Los Ángeles, allí donde el "Hot flashes burning my brain / Your tongue lashing drive me insane / From New York to LA..." de "Caught With The Meat In Your Mouth" ofrece al espectador su primer paisaje. Prefiero ahora esos estados previos al sueño, aquellos en los que Vladimir Nabokov definía la noche como el momento de alabar el día en su "Pálido fuego"; entonces, en aquellos años de recién casado, casi todo se reducía a una maldita obsesión: "Can I describe what it´s like / To have sex with the lights on? / And would ya feel right if I did ya tonight?...", que la banda describía en su "All This And More".

En un momento determinado me remangué las mangas de la camisa y le enseñé a mi madre los brazos desnudos, ninguna señal de pinchazos ni costras sospechosas, ¿lo ves, te convences ahora...?, aprovechábamos entonces su ignorancia, su ingenuidad, ese párrafo del "Ballad Of A Thin Man" de Dylan ("Highway 61 Revisited", Columbia Rcds, 1967), "But something is happening and you don´t know what it is / Do you, Mr.Jones?" revolotea ahora como un cuervo sediento de venganza. El "Dead boy - dead boy running scared / Dead boy - dead boy caught in a nuclear weird..." de "Down In Flames" quedaba muy lejos, el primer miedo tardaría en aparecer, quizá lo hiciera cuando los versos de Jaime Gil de Biedma, "Que la vida iba en serio / Uno lo empieza a comprender más tarde..." posaron por primera vez sus alas en aquellas no tan lejanas noches de taquicardia. El "I Need Lunch" puede que tuviera también alguna conexión con "El almuerzo desnudo", con la tensión de las guitarras de Cheetah Chrome y Jimmy Zero, una sensación de mono, de abstinencia con olor a sopa de pollo congelada, los fideos piden auxilio, aparentemente nada que ver con el texto de la canción, "I said I need lunch / Feed me!!", pero es ese otro tipo de alimento del que William Burroughs de vez en cuando adolecía.

El galope de la memoria no deja de arrojar sus haces de luz, así es que el rayo de Genya Ravan aparece ahora con su obra "Urban Desire" (20th Century Fox Rcds, 1978), uno de los favoritos de la época. Genya, productora de este "Young Loud And Snotty", aparece aquí a propósito de un reciente artículo aparecido en el Ruta 66 de Octubre de este año. "Los Dead Boys fueron la banda más fácil con la que he trabajado..., estuvimos en los estudios Electric Lady Land tres noches fantásticas. Sigo en contacto con Cheetah Chrome. Adoro a ese chico que ha recorrido un largo y tortuoso camino. Cuidé de él y me encargué de que no fuera otro roquero muerto". Gracias a tí Genya, mi compadre Gonzalo y yo pudimos asistir a un concierto suyo, acompañado por Señor No en el Gruta 77 hará un par de años, el "You got nothing to hide / And everybody knows it´s true..." del "Hey Little Girl", único tema en directo grabado en el CBGB´s, puede servir como pequeño homenaje a tu inmortal creación.

Del Stiv Bators de París ya hemos hablado, escuela crucificada del mejor Iggy Pop, discípulo sangriento, sus representaciones en escena fueron míticas, aunque no llegaron al salvajismo de GG Allin, existe por la red un vídeo en el que éste último recorre medio desnudo las calles del Lower East Side; la base rítmica compuesta por Jeff Magnum y Johnny Blitz, Johnny sobrevive a un ataque fatal a navajazos algunos meses después de la grabación de su segundo Lp "We Have Come For Your Children" (Sire Rcds, 1978): "Living to fast I´ve got my head in full throttle / I saw a screaming skull in the bottom of a bottle...", esas primeras líneas de "High Tension Wire" bien podrían expresar su desgraciada experiencia. En Octubre de 1978 compré en la Cuesta de Moyano, así aparece datado en la guarda del libro, el "Delta de Venus", los relatos eróticos de Anaïs Nin. Abro la página 126 al azar y leo: "Aunque había quedado satisfecha por completo poco antes, de nuevo estaba excitada. Le hubiera gustado desabrochar el cinturón, bajarle los pantalones y volverle a tocar el pene. Cuando este aparecía por primera vez, ¡con qué viveza apuntaba hacia ella, como si procediera a un reconocimiento!". El texto de "What Love Is" presenta al género masculino, y esto lo hace a lo largo de toda la obra, como el verdadero y genuino depredador sexual, un tanto agresivo muchas veces: "I wanna write on your face with my pretty knife / I wanna toy with your precious life /... / I want to know what love is."


Pensaba haber titulado esta entrada como "Elogio a la protesta", dudo ahora si hacerlo así. Dead Boys me acompaña en noches en las que bailo observado por desconocidas latinas, pido al intérprete en el escenario alguna canción de James Taylor, el Pink Floyd más bucólico me acompaña en alguna ruta ciclista, tomo de madrugada notas sobre algún próximo relato de terror, voy a setas con mi amigo Hubert, Damiani de DWOMO me obsequia con el desaparecido "Electroshock Taronger" (Hall Of Fame Rcds, 2013), el tabernero me regala una botella de aceite de oliva virgen extra, quedo a medio camino en la visión de los archivos de Zacherley, disputo con un italiano sobre unos discos de Kevin Coyne deficientemente recibidos, intento ahorrar para pagar la deuda a Oscar-el-quiosquero, asisto a un concierto de Perro Cadáver en Malasaña, también a un funeral en el que el coro canta el "Agur Jesus Ama" en eusquera, no voto a Vox.


31 oct. 2019

HALL OF FAME XI: JAMES BROWN



JAMES BROWN                        "THE PAYBACK"
Al lado de aquellos artistas cuyo talento no ha sido suficientemente reconocido, y el caso del recientemente citado John Killigrew (ver "RAREZAS XVIII: ELOGIO DEL OBRERO INGLÉS) es claro ejemplo de la desalentadora normalidad de tal injusticia, existen otros compositores, otros hombres de música, cuya trayectoria ha estado jalonada si no por el éxito inmediato si por un masivo reconocimiento. En este lance se encuentra una figura como la de James Brown, la inacabable profusión de información que en la red existe sobre su persona choca radicalmente con el paupérrimo testimonio disponible sobre el artista inglés; puede que también ayude a entender la razón de los extremos la diferencia en el carácter de ambos músicos, retraído el británico, explosivo el americano, el primero encerrado en su propio mundo de simples alteraciones domésticas, el segundo un verdadero torbellino sanguíneo, un ciclón de entusiasmos imparables. La corriente naturalista hablaría aquí también de la influencia del entorno, la dicotomía entre la decadencia de una Birmingham gris y aburrida frente a un conjunto de pequeñas y exuberantes poblaciones del estado de Georgia, en ambos casos hábitats idóneos para otorgar a sus residentes un carisma especial, un vínculo inequívocamente ligado a su lugar de procedencia.

Ya tenemos prefigurado parte del marco distintivo de la personalidad de un artista como James Brown, dejemos ahora que entre la luz en una habitación colmada de sombras, de sueños. El ambiente atmosférico ha ido transformándose semana a semana, día a día, de hora en hora, cambiando el velo que lo cubre. A veces queda tapizado por el peso de visiones incomprensibles, de esos extraños besos llenos de sangre, hospedados en canciones nunca antes escuchadas; otras envuelto en repentinos cambios climáticos, a la suave lluvia le sucede una luz recién nacida, al cielo de alargados flecos azulados le sigue una titubeante niebla de becarios. Vuelvo a sentir un día cualquiera el bendito frío de la ultratumba de François-René de Chateaubriand mientras, en otra hora inconforme, me agobia el calor picajoso del insomnio. Caen los días sin saberlo, no son conscientes de ello, lo hacen sin hacer apenas ruido; envueltos en el desorden de las hojas del calendario, su marea tiende a ser brillante, así se mantienen hasta el almuerzo, se derrumban después en una tarde indecisa para terminar, muchas horas después, en el recuento de unos pasos que atraviesan el pasillo.

Estuve caminando después de comer, afortunadamente no me conmueve ninguna reivindicación política, tan solo me preocupa encontrar un plácido local donde pueda asistir a la final de la Copa del Mundo de Rugby el próximo sábado 2 de noviembre. Una vez solventada la papeleta compro un décimo de la lotería terminado en 00 (pensaba al salir del establecimiento en el grupo granadino 091, intentaba así justificar el más que probable requiebro del destino). Llegué a casa después de contemplarme en algunos escaparates comerciales, mi perfil era el de un improbable diputado electo, las arizónicas de las urbanizaciones vecinas llegaban tan solo a registrar el sonido de un correcalle solitario. Ya en casa dejo caer la aguja sobre el plato del equipo reproductor, suena "The Payback" de James Brown, "The Godfather Of Soul", así se reclama en la cubierta del disco el nombre del artista. La habitación comienza a desesperezarse, un burbujeo asciende desde la madera del suelo hasta el cercano techo, el ambiente de una inesperada fiesta llama a la puerta. Es esta una sensación muy diferente a las vividas con anterioridad, será que James Brown posee la suficiente entidad para retrasar la caída de la tarde, la entrada de las sombras crepusculares queda anulada por el descorche de la botella del funk más chispeante, del sonido de sus surcos se presiente el calor de las mejores caderas afroamericanas.

Algo me empuja aquí y ahora a hablar de dos dinastías Brown en la historia moderna de los EEUU, la del comerciante, traficante esclavista y banquero de éxito de Providence en Rhode Island (la ciudad natal de H.P. Lovecraft), fundador de la Brown University (una de las 8 universidades que conforman la exclusivista Ivy League) y apasionado defensor de la independencia, considerado, para mayor gloria propia, como uno de los padres fundadores en la sombra de la patria americana. Su educación liberal y puritana le impelía a denunciar los abusos de los capitanes de los barcos negreros cuando, para prevenir la expansión de cualquier plaga, lanzaban in itinere por la borda a aquellos esclavos contagiados (siempre que no fueran de su propiedad, quede claro). La otra dinastía es la de los Brown de Barnwell en Carolina del Sur, pobrísima cuna de nuestro artista. Originario de ancestros con sangre africana y cherokee, su padre, y asiático-africana, su madre, Joseph James Brown no responde a los primeros cachetes que sus tías le propinan después del parto, le apartan a un lado dejándolo por imposible. Este suceso, mencionado tal cual en la biografía del artista (y que tiene más bien pinta de ser una típica boutade), no deja de tener su significado; un Brown blanco y poderoso, amparado en el árbol de la vida por la gracia de Dios, el otro Brown, descendiente de esclavos y negro, abandonado incluso por sus manes tribales.

Desde su primer contacto con Bobby Byrd en el correccional juvenil de Toccoa (Georgia) en 1955, (verdadero descubridor del talento musical de un jovencísimo James, condenado entonces por robo), hasta su establecimiento definitivo, poco después de conseguir la libertad provisional, en Augusta, en cuyos International Recording Studios graba "The Payback" (Polydor Rcds, 1973), la carrera musical de James Brown se va sucediendo con una seguridad asombrosa. En 1956, con tan solo 23 años, ya obtiene su primer hit con el single "Please, Please, Please", un tema auspiciado por el encuentro con Little Richard durante un concierto en la vecina ciudad de Macon. Le acompañan los primeros miembros de su legendaria banda The Famous Flames, una formación que le seguirá durante quince largos años, hasta que a principios de 1970 se disuelven alegando los músicos graves desavenencias económicas con el líder. Los éxitos, tanto musicales como de gestión de su propia marca (cantante, compositor, productor, creador de sellos discográficos, bailarín, propietario de emisoras de radio y entretenimiento), le conducen hacia una posición de auténtica preeminencia en el negocio musical. Canciones como "Try Me", "(Do The Mashed) Potatoes" (¿porqué no aplicar este su famoso paso de baile en la pisada de la uva de la vendimia...?) , "Papa Got A Brand New Bag", " I Got You (I Feel Good)", "It´s A Man´s Man´s Man´s World", "Get Up (I Feel Like Being A) Sex Machine", "Say It Loud, I´m Black And I´m Proud" o "Papa Don´t Take No Mesh", estos tres últimos con su nueva formación The JB´s, se convierten en triunfos clamorosos y mantienen al artista durante muchas semanas en la cima de las listas de ventas mundiales.

Es su tema "Cold Sweat", incluido en su Lp homónimo con His Famous Flames (Polydor Rcds, 1967, un álbum en el que curiosamente prevalecen las versiones de otros compositores), el que inicia la época puramente funk de James Brown. Su música se africaniza, da entrada tanto a los beats de las second lines de Nueva Orleans (inspirados en buena parte en los patrones y claves afro-caribeños) como a la improvisación propia del jazz. Prevalece entonces el sonido en su idea básica de pura percusión, lo que importa es enfatizar un ritmo en el que las frecuencias altas y bajas adquieran una dimensión más libre y profunda. Su voz, intensa y excitante a la vez (auténticos aullidos en muchas ocasiones), los continuados breaks sincopados en la batería, los cortos riffs de guitarra , la sección de vientos (importantísimo punto focal en la gran mayoría de sus composiciones), crean todos ellos un ambiente en el que la melodía, aunque tienda a quedar reducida a su más sencilla expresión, propicia un riquísimo vaivén rítmico, capaz por sí mismo de transportar al oyente desde la más explosiva alegría vital hasta el recogimiento del más enamorado susurro. Todo en el James Brown de esa época, finales de los 60 y comienzos de los 70, es pura dinamita (como "Mister Dynamite" le presentan en sus conciertos).

"The Payback" sorprende inicialmente por su presentación, los dibujos de Don Brautigan no dejan de ser algo enigmáticos. En la cubierta, escrito en el frontal del sombrero de James, se puede leer lo siguiente: "We got a right to the trees of life"; al rostro fuertemente remarcado del artista se sobreponen las figuras de unas manos que entregan y reciben algunos objetos que parecen más fotografías que otra cosa. El tronco desnudo de un árbol divide la imagen en la que una mujer, aparentemente desnuda, se enfrenta a otro personaje, presunto compañero de coyunda sexual. Al extender la funda se muestra un paisaje agrícola, un tractorista ara la tierra, los surcos quedan delimitados en la parte más oscura, en el lado opuesto aparece el edificio de un granero, rodeado por una fila de árboles otoñales, brilla bajo un cielo surcado por un lineal de nubes de algodón. Los tonos cobre y dorado de las imágenes se resumen en la contracubierta, el perfil de la cabeza de un hombre africano muestra su corte cerebral compartimentado por distintos signos y fórmulas (E=MC2...), le corona la leyenda "Mind Power" sobre el texto copiado que Alan M. Leeds ha incluido en la parte baja de la funda. Una visión atenta de los dibujos de Brautigan y del texto de Leeds parecen anunciar un claro mensaje, "the payback" como el retorno, la recuperación de una deuda, la contraprestación, "el árbol de la vida", contacto entre la tierra y el cielo, "el poder de la mente" como sinónimo de la determinación del hombre por hacer de su existencia algo digno. En el transcurso del disco estas ideas, que se manifiestan en algunos de los textos de las canciones, dan a entender el esfuerzo especial del artista por crear una obra trascendente.

La propia estructura del disco, un doble Lp con dos temas por cada cara, facilita la inmersión del oyente. El tema homónimo "The Payback" marca la tónica espiritual del álbum, sus primeras palabras hablan de revancha, plantean escenarios de carencias familiares y afectivas, James suena amenazante, el esqueleto de los coros se crea en base al efecto de llamada-respuesta, el groove instrumental es compulsivo, las guitarras hieren, los vientos intimidan, no se puede empezar mejor. Al igual que hiciera en el posterior "Hell" (Polydor Rcds, 1974), Brown extiende la secuencias al final de cada tema para dar entrada a las siguientes canciones, "Doing The Best I Can", puro sonido philly, una delicia soft-soul que reivindica (así aparece en el texto también) al mismo "Me And Mrs. Jones" de Billy Paul. Los coros siguen enmarcados en el efecto llamada-respuesta mientras ese suplicante verso de "...I´m for real man" abre las puertas a un bucle bellísimo donde el trombón de Fred Wesley juega un papel protagonista. Los dos temas que aparecen en la cara 2, "Take Some-Leave Some" y "Shoot Your Shot", además de mantener el altísimo nivel instrumental hasta ahora alcanzado, muestran por primera vez el talento del propio James con el piano eléctrico. El primero reivindica lo pragmático del trabajo para sobrevivir, el segundo, en una atmósfera más enlazada con el "Shaft" de Isaac Hayes, aboga por la acción como contrapeso a la depresión provocada por la indolencia. 

El segundo disco, Brown los denomina a todos ellos como Soul 1 y Soul 2, contiene cuatro temas más. El primero, "Forever Suffering" retoma una simulada calma sirviéndose de una composición funky-blues, los coros repetitivos en el "suffering..." lo transforman en una especie de constante lamento, la voz de James rememora su infancia de pobreza extrema. "Time Is Running Out Fast", el tema más extenso (posiblemente la joya escondida del álbum), es una auténtica celebración tribal. La lírica es, sílaba a sílaba, cantar de los pastores del Chad; en la instrumentación, colosal en todo su escenario, destacan la percusión y los vientos, anticipa los mejores grooves de Funkadelic y Parliament, James, al igual que en el resto del disco, utiliza su voz como un instrumento más. Sigue "Stone To The Bone", los punteos de guitarra suenan a latón atómico; ¿...puedo gritar...?, pregunta el líder, "...sure James...!" le responden, y lo hace como una urraca atragantada de amianto; el órgano Hammond en sus manos es una auténtica fiesta, el galope de la base rítmica, los vientos, de una belleza incansable, convierten a este tema en una auténtica obra de arte. Termina "The Payback" con "Mind Power", un esqueleto de "spoken-word" adornado con un groove coercitivo, alarmante en cuanto que la lírica llama a filas a la tribu, desde las devastadas calles de las ciudades de América, vivimos en un tiempo crucial, ha llegado el momento del "mind power..., what it is is what it is...", la revolución va a ser televisada y más vale que te encuentres en primera fila.

Los músicos de esta grabación histórica, (inicialmente planteada como BSO de la película "Hell Up In Harlem" de Larry Cohen, aunque la música fue posteriormente asignada al Edwin Starr de "War"), agrupados como segunda formación de The J.B´s (la primera fue la del revoltoso Bootsy Collins, antecedente de Parliament/Funkadelic, disuelta en 1971), fueron los siguientes: St. Clair Pickney (saxo tenor y flauta), Maceo Parker (saxo alto y flauta), Fred Wesley (trombón y co-director artístico del proyecto), Jimmy Nolen (guitarra), Fred Thomas (bajo), John "Jabo" Starks (batería), las trompetas de Darryl Jamison, Isiah Oakley y Jerone Sanford, con John Morgan en la percusión. Junto al indudable genio y portentoso talento del Godfather Of Soul, convierten todos ellos este "The Payback" en un éxito inmediato, certificado de hecho como único "disco de oro" de todos los trabajos grabados en estudio por James Brown y su banda. Podríamos calificarlo, sin lugar a dudas, como una de las grandes obras maestras del funk, un claro epítome de influencias posteriores, desde el rap hasta el hip-hop (de hecho es una de las obras más sampleadas de la historia), culminando hoy en día en la corriente trap afrobeat electrónica, cénit de la música actualmente más bailada en las discotecas de vanguardia.

16 oct. 2019

RAREZAS XVIII: ELOGIO DEL OBRERO INGLÉS



JOHN KILLIGREW                                      "KilliGREW"
Resulta realmente descorazonador encontrar tan escasa información sobre un artista del talento de John Killigrew. En la magna y muy recomendable obra de Vernon Joyson "The Tapestry of Delights. The comprehensive guide to British music of the beat, r&b, psychedelic and progressive eras, 1963-1976" (Borderline Productions, 2006), aparece tan solo una escueta referencia: "Killigrew, oriundo de Birmingham, cuyo único álbum, una apacible colección de folk-pop, raramente vio la luz. El álbum fue producido por Pete Dello, como consecuencia del descubrimiento de Killigrew por Terry Noon, mánager de Honeybus". Aprovecha la breve cita para dar cuenta de la fecha de publicación del disco y del single coetáneo, ambos en octubre de 1971, por el sello independiente Penny Farthing. Eso es todo. Acudo esperanzado a la página de facebook de Richard Morton-Jack, fundador y editor de la prestigiosa revista Flashback (además de autor de notables libros de temática musical), para que me confirme si en alguno de los 9 números publicados hasta la fecha pudiera encontrar algún dato más sobre John Killigrew.

No me queda más remedio que indagar por mi cuenta, aventurarme por un camino cuyo final desconozco. La siguiente referencia que investigo es la localización de los distintos domicilios conocidos en los que John Killigrew vivió en Birmingham. El primero es el de Cato Street, una calle que circula paralela entre la B4132, circunvalación urbana que une el este con el norte de la ciudad, y el River Rea, un estrecho y no muy caudaloso río cuyos aledaños son considerados curiosamente como principal lugar de asentamiento de la tribu Beorma, primeros pobladores anglosajones de la ciudad y origen de su actual denominación toponímica. La segunda calle conocida (y que parece ser la actual residencia del artista), es la de Shady Lane Great Barr, ubicada algo más al norte, se cobija bajo la espuela que por allí conforma el Daw End Branch, uno de los numerosos afluentes de un Grand Union Canal que constituye, junto a los commoners rurales, una de las tradicionales espinas dorsales de Inglaterra. En ambas calles, con mucha más profusión en la primera, se muestra al observador la desolada la tristeza urbana y post-industrial existente en no pocas ciudades inglesas. Grandes áreas repletas de concesionarios de automóviles, talleres de servicios y obras públicas, además de almacenes y pequeños malls de todo tipo, se mezclan con zonas residenciales de construcción uniforme, edificaciones bajas de ladrillo visto, pequeños jardines y garajes frontales, en sus yermas zonas intermedias y parques adyacentes rara vez se contempla algún paseante en las horas laborables del día, el cielo, casi siempre gris, amenaza lluvia inminente.

Debo adivinar también los personajes, ya diré más adelante sus nombres, aunque en el caso de nuestro protagonista lo tengo más fácil. En la portada de éste su único álbum "KilliGREW", John aparece apoyado en la entrada de su casa; la puerta, de un color verde césped (he consultado el tono con mi mujer), muestra el número 145, pero ignoramos de qué calle se trata. Su porte es el de un hombre de treinta y pocos años, de estatura media, bien vestido, en el que destacan sus lustrosos zapatos marrones de tacón alto y los botones blancos en su camisa de fondo lápiz de labios rojos. Apenas se ven sus ojos, los mantiene dirigidos hacia el suelo, como si estuviera inmerso en algún profundo pensamiento, el color del pelo y la barba pronostican un matiz bermejo. Un grupo de tres chavales se lanzan carrera abajo por la calle, tienen toda la apariencia de los típicos pilluelos dickensianos, descarados, ágiles y malhablados, me recuerdan aquellos otros de la portada del "Meaty Beaty Big And Bouncy" de The Who. La fachadas de las casas son las representativas de las vecindades de la clase obrera, unas figuras simétricas blancas sirven de adorno a las cabeceras de las puertas y ventanas de guillotina, en el extremo derecho una farola culmina el apéndice de su farol con una muesca de inesperada interrogación.

El siguiente personaje, llego ahora al cabo de mis adivinanzas, nos presenta a un tal John Killigrew (1568-1584), proclamado segundo gobernador del castillo de Pendennis en Cornualles por la reina Isabel I, pirata y contrabandista de renombre, sospechoso además de alguna que otra muerte violenta y enterramiento oculto. No puedo evitar en este momento rememorar a León Felipe y su poema "Raposa", publicado en su "Nueva Antología Rota" de la Colección Visor de Poesía (Visor, 1973): "Inglaterra, / eres la vieja Raposa avarienta, / que tiene parada la Historia de Occidente hace más de tres siglos, / ...has dejado meterse en mi solar / a los raposos y a los lobos confabulados del mundo / para que se sacien en mi sangre / y no pidan enseguida la tuya. / Pero ya la pedirán,...". El segundo  y último personaje podría coincidir con el de Tom Brangwen, patriarca de la saga del mismo nombre que aparece en la novela "The Rainbow" ("Three Great Novels", Parragon, 1993) de D.H. Lawrence. Tom Brangwen muere ahogado una noche en la que la lluvia torrencial inunda su granja cercana a Nottingham; la narración nos lo muestra conduciendo borracho su carruaje, vuelta a casa, ya muy cercana la madrugada, le canta a su yegua antiguas canciones de amor desafiando el peligro que le acecha. Entre ambos protagonistas, uno cruel y avariento (y curiosamente de igual nombre), el otro, un personaje de ficción romántica, más cercano quizás al carácter de nuestro artista, se podría resumir la ambivalencia del espíritu inglés.

Como los obreros intérpretes de las últimas novelas leídas de Lawrence y Zola, John Killigrew tiene que trabajar muy duro para mantener una creciente familia, de modo que tan solo los fines de semana puede permitirse el lujo de practicar su gran pasión. The Fortunes, una formación que recorre los pubs de la ciudad de Birmingham al término de los partidos de la Premier League (y de la que, por ahondar en la falta de referencias sobre nuestro personaje, ignoramos si se trata de la misma banda del futuro Traffic Chris Capaldi), es la base de su primera experiencia musical. A principios de 1964 es seleccionado para una audiencia con The Moody Blues, pero es Mike Pinder el definitivamente elegido. John encaja el golpe con dignidad proletaria y sigue trabajando animoso en sus composiciones hasta que, en una de sus múltiples actuaciones, se encuentra con el anteriormente mencionado Terry Noon, mánager por entonces de la banda Honeybus, además de antiguo batería en la formación del primer Them de Van Morrison, aquella que grabara el legendario "The "Angry" Young THEM!" (Decca Rcds, 1965). Noon, convencido de su valía, habla con Pete Dello que aceptará producir el único álbum de nuestro obrero favorito.

Pete Dello, sin duda una de las grandes figuras del pop inglés de los años 60 (muy recomendable su imprescindible "Into Your Ears", Pete Dello and Friends, RE Hanky Panky Rcds, 2006), convence a John Killigrew para trasladarse desde su pequeño y concurrido piso en Birmingham hasta su más confortable y pacífico apartamento de Wembley. Ya en Londres, en los cercanos Intersound Studios, acompañado por los entonces miembros de Honeybus, Ray Cane (bajo y co-fundador de la banda junto al mismo Pete Dello), Colin Hare (guitarra rítmica), Jim Kelly (guitarra solista) y Peter Kircher (batería), además del próximo integrante de Rockpile Billy Bremner, como refuerzo a la guitarra, va dando forma a los arreglos de unas composiciones sobre las que Killigrew ya llevaba tiempo trabajando. Pete Kelly, por entonces un prestigioso pianista de sesión y Pat Halling, músico de acentuada educación clásica (suyos serán los arreglos de cuerda en la famosa BSO del "Don´t Cry For Me Argentina" de 1977), rematan la formación instrumental. En Abril de 2010 Pete Dello rememora aquellas jornadas de la grabación de 1971 y habla de un John Killigrew emocionado, eternamente agradecido por haber conseguido su sueño, el de dar a luz unas canciones que, analizadas desde la perspectiva de casi 50 años atrás, constituyen uno de los momentos más necesariamente reivindicables en la gran historia del pop británico.

La cara A comienza con uno de los mejores temas del álbum, "Just A Line", una auténtica proeza lírica e instrumental. La voz de John sobrecoge por su humildad expresiva, el piano de Pete Kelly, como lo hará durante toda la obra, marca impecablemente la melodía, los arreglos de cuerda de Pat Halling le otorgan una trascendencia que me recuerda al "Eloise" de Barry Ryan. En "Brand New World" aparecen ya las primeras guitarras de Hare y Bremner, la melodía, más jugetona, queda mejor engarzada dentro del tono pop-folk de la época. "Nothing´s Impossible" suena inicialmente a Serge Gainsbourg, la melodía va poco a poco elevándose a cimas de campiña soleada, los arreglos orquestales y los coros la enmarcan como una exquisita pieza de orfebrería. "Hold On Baby" es puro Rockpile, al piano trotón de Kelly se le añade el regusto pub-rock, la guitarra de Bremner anticipa el espíritu que haría eterno el sonido de Nick Lowe y Dave Edmunds. En "Yesterday And You" volvemos al ambiente de campiña, la melodía se sostiene en un tempo delicado, la voz de John alcanza aquí una entonación más lírica, su texto es deliciosamente ecológico. Cierra la primera parte "Roverman", una pieza que no desmerecería en ninguno de los programas musicales emitidos por la TV pública inglesa de la época; alegre, progresa amparado por una melodía cautivadora por lo sencillo de su planteamiento, los coros añaden un aroma propio de Mary Quant.

Se mantiene el alto nivel durante toda la cara B. "John Dupree", una oda a un supuesto ladrón de bancos, protagonista homónimo del título, y a un tal John McKay, sheriff que pretende darle captura. El piano de Pete Kelly sigue enmarcando la melodía, la voz de John recita la pequeña historia de estos dos protagonistas, su tono pretende alcanzar la epopeya de un nuevo Robin Hood; el final, con la inclusión de vientos, tiene un inesperado toque Ennio Morricone. En "Got Your Number" la melodía se disuelve entre aromas Bee Gees y el sunshine-pop de los mejores Harry Nilsson y Burt Bacharach. "You Don´t Know What You´ve Got" vuelve al tono épico de Barry Ryan, la cadencia entre los versos se rompe suavemente, la voz de John matiza perfectamente las distintas emociones que surgen de su propia lírica, los arreglos de viento, bellísimos, nos transportan hacia una de las mejores canciones del disco. En "Hey Mockingbird" sigue el piano manteniendo el principal pulso instrumental, la orquesta anticipa la incorporación de la sección de vientos en el puente, la simplicidad de la melodía otorga al tema un sabor escondido, casi inerte. "Do I Love You" continúa con el mismo rumbo que el tema anterior, un tempo de sencilla melodía acompañada por una orquestación que ordena el conjunto final. Cierra el disco "Just The Way You Are" y aquí retorna el espíritu Rockpikle. El piano mantiene una acelerada velocidad honky-tonk durante todo el tema, los riffs de guitarra recuperan el sabor pub-rock, los arreglos se completan con unas cortas líneas de repentino gusto country .

El disco se publica en octubre de 1971 en el sello Penny Farthing. Su propietario, Larry Page, productor del "Wild Thing" de The Troggs (versión del tema original de los americanos The Wild Ones de 1965 que, un año más tarde, llevarían al estrellato), es el típico y controvertido hombre de negocios musical de la época. Un single conteniendo los temas "Nothing´s Impossible" y "Just A Line" anticipa al público una obra que, a pesar de ser radiada profusamente en Radio One por la primera dj femenina británica de la época, Annie Nightingale, no consigue despegar en las listas. El single se publica, con una carátula distinta a la del Lp, en España en el sello Belter. Cuarenta años más tarde, en 2011, los bilbainos de Hanky Panky Records reeditan y lanzan al mercado 500 copias del disco. La obra, impecablemente presentada, contiene los textos introductorios de Pete Dello y Barry Pritchard, compañero de John Killigrew en su época con The Fortunes. Allí éste último habla del carácter inexpugnable de un artista que, bajo las condiciones económicas y de salud más adversas, supo rehacerse con la dignidad necesaria de un hombre de su clase. Su obra, representada en este más que recomendable "KilliGREW", constituye patente muestra de su gran talento, el canto del cisne de un artista perteneciente a la mejor Inglaterra posible, la que, si no cambian las cosas, dentro de muy poco tiempo echaremos de menos.



30 sept. 2019

54 MILLONES DE VACAS



THE DREAM SYNDICATE               "HOW DID I FIND MYSELF HERE?
Terminó el borrador pasada la medianoche, dos días después del plazo previsto para la entrega definitiva. Aun le quedaba una jornada más para las correcciones finales, le sabía fatal, a pedo de coliflor, era más partidario de dejar los bocetos iniciales tal y como quedaran, el texto resultante le parecía así más auténtico, más de cámara instamatic. El último día del mes, un lunes de esos en los que ni empieza ni termina nada interesante, presentó al editor el artículo. Sabía que una mala recepción sería inevitable. ¿Cómo lo vas a titular...? Contestó con una seguridad que no dejó de sorprenderle: 54 millones de vacas...¿Estás quedándote conmigo...? Bueno, verás, hace un par de días estaba por Lavapiés tomando unas Modelos Negras con un porteño y me comentó que por allí hay un debate muy interesante sobre la enorme cantidad de metano que emiten los eructos de la cabaña bovina, un 20% de las emisiones totales de efecto invernadero, ya sabes,... El editor, una birria de tío (le recordó al actual alcalde): no tienes huevos...; se miraron como el sol y la luna a la misma hora del aperitivo.

El tipo ese del que os hablaba se empeñó en escribir una tarde de sábado, casi ya a la desesperada, el tiempo se le acababa. Tenía preparada una agenda con distintos temas y un calendario adjunto para datar cada uno de ellos. De hecho, en ese mismo día, ya debía haber enviado el artículo al editor. Como en modo de resorte defensivo se dispuso a elucubrar una serie de excusas de las que se podría valer para justificar su retraso, todas ellas basadas en hechos ciertos, eso si, pero según mi opinión (así se lo hice saber), sin la suficiente enjundia como para acreditar su flagrante demora. Además estaba lo del maldito calor, había vuelto con mayor virulencia, el cabrón, no daba tregua. Le habían antecedido unos días de bendita lluvia y ahora le daba por recordar la reciente noche en que se cubrió la cabeza con una caja de frutas de la huerta mediterránea. Arreciaba la tormenta mientras se dirigía al concierto de The Cynics y no tuvo mejor idea que guarecerse con lo primero que encontró a mano. El hueco de las asas de una mediana caja de cartón le sirvieron de mirilla mientras intentaba guiarse por unas calles llenas de gente y charcos de agua. A algunos de los transeúntes les debió parecer chocante ver caminar a un tipo guarecido bajo un recipiente que anunciaba pimientos o pepinos murcianos. El concierto de The Cynics según él estuvo de 10 para arriba.

Bueno, el caso es que ya tenía comenzado un texto alimentado con las notas de una abortada sesión nocturna efectuada a últimos de Julio. Los participantes fueron The Clash, Green On Red, The Beat Happening, The Byrds, Moose y los Beatles como artistas invitados. Repasó los tres y pico párrafos del borrador y apenas encontró algo que le sirviera; además fue una noche de esas tontas, demasiadas expectativas que apenas concluyeron en dos o tres frases medio ocurrentes. Vayamos a otra cosa, se dijo resignado. ¡Maldita sea!, tuve tiempo de sobra para disponer del texto en la fecha acordada, ¿de qué le valía quejarse ahora sino para confirmar su maldita falta de previsión?. Debía intentarlo de todas formas, no le quedaba otra. Vamos a ver, ¿y si le hablo del tiempo que me llevó la preparación de un texto para la presentación del libro de un amigo, de las gestiones transcurridas mientras negociaba en el banco la financiación para la compra de una bicicleta eléctrica, o del guión que preparé para una emisión radiofónica de otro compadre aficionado al blogueo....? Mejor ni mencionar la tremenda resaca que le dejó todo un día tirado, sin apenas capacidad de reacción tras una magnífica sesión nocturna en la que Iggy Pop, City Kids, Mega City Four, The Edsel Auctioneer y My Bloody Valentine brillaron con luz propia hasta las 6 de la madrugada.

Como quien no quiere la cosa ahí encontró la inspiración, el filón que buscaba. Hablar de la banda protagonista del programa de radio al que había sido invitado la víspera. Centrarse en algo muy cercano en el tiempo, dejar de lado las notas y los recuerdos dispersos de una calurosa noche de Julio. Pensó incluso en darle a la narración un tono más jocoso, algo gamberro, sin duda influido por la reciente lectura de "Los Asquerosos" de Santiago Lorenzo, un escritor y una obra que le había sido recomendada por su librero no hacía mucho. Eso ya sería más difícil, dedujo, conseguirlo en un narrador más acostumbrado a expresarse en un estilo de cierta seriedad formal. Haré lo posible por insertar pinceladas más volátiles, como si acaso no me costara demasiado esfuerzo añadir alguna que otra gracia entre línea y línea, procurando crear una atmósfera donde el bostezo no tuviera cabida y, si así ocurriera, que lo fuera en el último momento de la lectura. Tuvo la buena idea de rodearse de una buena banda sonora mientras escribía, artistas de estilos más desperdigados, folk-rock californiano, groove africano francófono, high-energy australiano, blues electrificado con influencias soul, electrónica casera y soft-rock inglés de los años 70.

Una vez más admitió el efecto benéfico que las publicaciones musicales hicieron por su educación musical. En este caso concreto, recordó cómo la revista Ruta 66 le puso por primera vez en contacto con la banda californiana The Dream Syndicate. Corrían los años 83-84 del siglo pasado y el denominado Nuevo Rock Americano hacía por entonces acto de presencia. Cuantos magníficos momentos escuchando los primeros trabajos de R.E.M., de Rain Parade, de Green On Red, Rank and File, Game Theory, The Long Ryders, The Leaving Trains, Thin White Rope. Entre todos ellos reconoció a The Dream Syndicate como uno de sus preferidos. Aquel verano de 1984 paladeando el perfume de su "The Days of Wine and Roses" (Slash Rcds, 1982), las guitarras con ese feedback tan deudor de The Velvet Underground, la portada con una influencia que le pareció de Mondrian, las fotografías del reverso, Steve Wynn, en plan James Dean, la de ella, Kendra Smith, la bajista, con esa mirada pícara a la moda, Karl Precoda, tan parecido al piloto francés de F1 François Cevert, la de Dennis Duck, el batería, con su cara redonda, pelo corto y ojos de frenopático. El anagrama del sello Nuevos Medios, tan decisivo para dar entonces a conocer los trabajos de bandas y artistas incluidos en su Catálogo de ese mismo año, New Order, Cabaret Voltaire, Durutti Column, Pat Metheny, Scritti Politti. Aquellos eran tiempos en los que aun perduraba la posibilidad del deslumbramiento.

Así que se puso a la faena, desechando desde el primer instante dirigirse al lector ya conocedor del grupo y de su historia, para ello no haría falta rellenar ningún párrafo, lo saben todo. Comenzamos entonces. The Dream Syndicate, banda californiana abanderada del sonido conocido como Paisley Underground, una mezcla de psicodelia, garaje, punk..., Steve Wynn, su líder, en numerosas entrevistas mencionaba sus grupos preferidos desde el inicio de su carrera en Denis: Velvet Underground, Stooges, Neu!, Modern Lovers, Gun Club, segunda fila. En sus primeras obras, "The Days of Wine and Roses" y "Medicine Show" (A&M Rcds, 1984), el feedback nutre las capas de guitarras de Wynn y Karl Precoda, en el primer Lp de una forma más velvetiana, en el segundo (sin olvidar la influencia de los de Nueva York), las aristas tienen un toque más Crazy Horse. Hay mucha distorsión en el primero, más rock de alambique en el segundo. Sus siguientes trabajos no los controlaba, había escuchado poca cosa. Alguna publicación hablaba de la deriva más pop de la banda hasta su ruptura en 1988. Siguió, eso sí, a Steve Wynn en alguna de sus posteriores obras en solitario, en concreto en su "Weasel" (Brake Out Rcds, 1995) ya en Gutterball, una formación en la que coincide con Stephen McCarthy de The Long Ryders y que suena mucho a eso, a Steve Wynn.

En Septiembre de 2012 la banda es invitada al Festival BAM de Barcelona, le siguen tres conciertos más en Madrid, Valencia y Bilbao, celebraban el 30 aniversario de la publicación del "The Days of Wine and Roses". El éxito fue total. Dos años más tarde repiten gira para celebrar la misma década de su "Medicine Show", allí acudió a la sala Moby Dick de Madrid para verles. Recuerda su grito, a pie de escenario: "We Love You...", y la respuesta de Wynn: "ese mismo sentimiento lo tenemos nosotros para todos los que estáis aquí esta noche..." El flechazo de la afición española con la banda permanece incólume. Los miembros de la formación entonces, además de los originales Wynn y Dennis Duck (batería), son Jason Victor a la guitarra y Mark Walton al bajo. Steve reconoce que sus últimas actuaciones en directo son de las mejores que han hecho nunca, le devuelve a aquellos primeros años en los clubes de Los Ángeles en los que eran considerados como una de las grandes sensaciones de la escena. Enardecido por ese sentimiento decide grabar un nuevo álbum en 2017, treinta y cinco años después de su primer trabajo. Produce al alimón con Chris Cacavas, teclado de los legendarios Green On Red. El ambiente durante la grabación es fulgurante, todos a una reconocen la oportunidad como única, les mueve el deseo de retomar el espíritu y la pasión de aquellos años lejanos.

El disco tiene una pinta física extraña, una portada negra, las letras que lo anuncian conforman un rectángulo de colores extendido en la parte inferior derecha, justo la antítesis estética de su primer trabajo, el vinilo de un color baby blue subido de tono. Pero el espíritu que sale de sus surcos es básicamente muy similar a los de antaño. Frente al feedback de "The Days of Wine and Roses", el muro de sonido de "How Did I Find Myself Here?". Todos los temas de la cara A, "Filter Me Through You", "Glide", "Out Of My Head", "80 West" y "Like Mary", parten de la misma estructura de entonces, una breve introducción, muy potente, originada desde la guitarra de Jason Victor o desde el bajo de Mark Walton, para dar a continuación entrada a sucesivas capas de sonido que podrían recordar un evolucionado muro spectoriano. Hay transfondo psicodélico, la voz de Steve Wynn se extiende como el barniz por la madera, a veces suena a Iggy Pop. Los arreglos de producción se asemejan al ruido oxidado de una gigantesca nave espacial, sin rumbo fijo, deambulando perdida por un firmamento probablemente conectado con algún cementerio de desguaces cósmicos.

"The Circle", el comienzo de la cara B, parte de la misma idea, intro a toda pastilla, hay aquí hasta algún desmadre punkarra, de aquellos movimientos compulsivos de cabeza y perilla puntiaguda; el muro de sonido persiste, más desesperado, más al límite, coincidiendo con el pitillo del condenado al paredón, los riffs de guitarra de Jason Victor parecen encajar con los estertores de una radio perdida. En "How Did I Find Myself Here?" alguien intenta reparar la emisora, los punteos al teclado de Chris Cacavas retransmiten las primeras señales provenientes de un receptor desconocido, la voz de Steve Wynn calma a un oyente al borde de zamparse de golpe los friskies preparados para el gato. La atmósfera instrumental que va creando el tema suena a unos The Doors revisitados por una banda en total estado de gracia. El desenlace recuerda los loops desbarrados de las cintas magnéticas, fuera ya de garantía. "Kendra ´s Dream", un tema en el que Steve Wynn reconoció no encontrar inicialmente su punto vocal, le sirve para dar entrada como intérprete a la primera bajista original Kendra Smith. El ambiente puede que sea "motorik" de Düsseldorf, la voz de Kendra queda aparentemente diluida en un pequeño mantra de sílabas industriales, el susurro de su canto construye sin esfuerzo aparente todo un termitero de sensaciones.




14 sept. 2019

EL ROCK Y LAS CIUDADES X: MUSCLE SHOALS



BOB DYLAN                                "SLOW TRAIN COMING"
Llevaba varias semanas cavilando sobre la conveniencia de mi salida de la ciudad sin llegar a concretar ningún plan definitivo, la idea iba conformándose fragmentariamente, como las migas de pan después de una comida, aun desperdigadas alrededor de la mesa, formando una geografía de archipiélagos caprichosos. El hecho innegable era que necesitaba cambiar de aires, alejarme de un ambiente que me acercaba a un punto de no retorno. Atisbaba claramente el peligro de permanecer por más tiempo en una ciudad que me exigía un alto precio a pagar, la continuada falta de consciencia se había convertido en un comodín que rara vez se presentaba en la mesa de juego. No me ayudaba. Había decidido también abandonar a mi compañero de viaje, su comportamiento era aun más grotesco. Aunque lo planteara como una situación temporal, nuestro alejamiento formaba parte de un objetivo a más largo plazo, pretendía convertirse en una necesaria fuerza purificadora.

Así que una mañana decidí extender el mapa en la mesa del comedor de Marigny, los diferentes destinos se presentaban ante mí con la misma incertidumbre de un puzle a punto de iniciarse. Observé las agujas de mi reloj de pulsera, el minutero marcaba la mitad del camino entre las cinco y las diez, de manera que desplegué la regla hacia cualquier punto coincidente. Muscle Shoals apareció al final de la escala numérica. La perspectiva de visitar los míticos estudios de grabación de FAME o el de Muscle Shoals Sound Studios, donde tan grandes estrellas del soul y el rock habían grabado, se presentó de inmediato. Barajé incluso la posibilidad de desviarme a mitad de camino, en Meridian, desde allí podría atravesar parte del estado de Misisipí para entrar en Alabama y recalar en Montgomery para subir después hasta Birmingham. Los siguientes momentos me vieron emocionado recopilando información sobre los artistas originarios de ambas ciudades: Hank Williams, Nat King Cole, Wilson Pickett, Emmylou Harris, Sun Ra, The Temptations, Dan Penn... Y desde Birmingham por la estatal 157 llegar hasta los alrededores de Muscle Shoals, en Sheffield y Florence, allí me esperarían Arthur Alexander, Sam Phillips y Rick Hall, creadores estos últimos de la Sun Records y de los estudios FAME. Solo quedaba elegir el disco, el verdadero motor de tan extravagante viaje.

Decidí prescindir del Edsel Corvair y viajar en tren, de modo que bajé hasta la Union Central de Loyola Avenue para comprar mi billete por 36 dólares. Aproveché después para acercarme a Matairie y recitar una poesía de Bousoño ante la tumba de Gram Parsons..."Aquí estás camino de siempre / hacia delante, rota / la aspiración rosada..." Comí sin apetito un sandwich de pepinos en Toledano Street mientras contemplaba el mural del artista MTO en el que Dr. John aparece en toda su gloria de The Night Tripper. Me despedí de él. De vuelta en Marigny me vi forzado a hacerle la colada a la casera por última vez, cansado, recogí mi cuarto lo mejor que pude, resolví llevar el menor equipaje posible, dos o tres libros de Baroja, Vonnegut y unos relatos cortos de Cortázar, además de una desgastada baraja de cartas francesa. Me observé detenidamente en el espejo del baño antes de acostarme, mi cara tenía una expresión demasiado pálida, una mano invisible extendía todos sus dedos arañándola suavemente, del fondo de la calavera surgía una mueca de desconcierto.

Debo aclarar que no buscaba en este viaje ninguna recuperación, de sobra sabía que cualquier síntoma de mejoría física me llevaría de nuevo al fondo del abismo, haciéndome caer otra vez en la profundidad de una adicción que no me causaba más que problemas. La experiencia no me servía de nada. La fatiga que desde hacía algún tiempo venía padeciendo mantenía mis músculos en una suerte de suspensión hidroneumática, acrecentaba la sensación de hipotermia ingiriendo cortos y constantes sorbos de limonada helada. Buscaba, eso sí, un estado de hibernación mental, pensando que de ese modo podría luchar mejor contra la tendencia a un llanto que me rompía en mil pedazos (con muchos mocos al final). Necesitaba experimentar una renovación anímica, el flujo de un espíritu reconstruido en base a un nuevo proceso auto-analítico, mudar de la piel de serpiente para convertirme en una bola de algodón.

Medité sin rumbo fijo durante gran parte del trayecto en tren desde NOLA hasta Meridian. Allí, en una oficina cercana a la estación de destino, alquilé un Hyundai Sonata y me dispuse a iniciar el resto del viaje hasta Muscle Shoals, atravesando en cuña una buena parte del estado de Alabama. Antes de llegar a la frontera, el paisaje en el lado de Misisipí abunda en tierras bajas, planicies que emiten un aliento verde y caliente sucediéndose entre turbas y edificios de sedimentos de polvo amarillento, el lento flujo del agua que aparecía entre colinas de pequeña altura regalaba una cómoda parálisis a mis ojos soñolientos. Desde Meridian a Montgomery, ya al volante, apenas existen medianos núcleos urbanos, la planicie se sucede entre prolongados bancos de lirios anaranjados hasta que, tomando la 157 en dirección a Birmingham, aparecen las primeras extensiones de bosques de pinos. Esa es la escena que predomina hasta llegar al tridente formado por Decatur, Huntsville y Muscle Shoals. Allí las estribaciones de la cadena de los Apalaches ya empieza a descender hacia los grandes conglomerados del río Tennessee, el agua parece fluir sin aparente control, arroyos, lagos, cascadas, corrientes naturales y pantanos marcan la divisoria de una malla que recoge y transforma la música que navega desde Memphis y Nashville.

A esas alturas del viaje ya tenía decidida la banda sonora, el "Slow Train Coming" (Columbia Rcds, 1979) de Bob Dylan. Grabado entre el 30 de Abril y el 11 de Mayo de 1979 en los Muscle Shoals Sound Studios de la 3614 de Jackson Highway en Sheffield, una de las poblaciones que junto a Florence conforman la más norteña conurbación del estado, fue publicado en Agosto de ese año y para muchos críticos supone la revitalización de una artista que, desde su "Desire" (Columbia Rcds, 1975), parecía no levantar cabeza. Producido por Jerry Wexler y Barry Beckett, el primero, gran campeón de las míticas sesiones de los últimos años 60 para el sello Atlantic con Aretha Franklin, Wilson Pickett, Percy Sledge y Dusty Springfield, el segundo, miembro de la célebre Muscle Shoals Rythm Section. Este mismo Beckett es con sus teclados uno de los componentes de la banda de acompañamiento, le siguen Mark Knopfler a la guitarra y Pick Whiters a la batería, Tim Drummond al bajo, a los vientos la Muscle Shoals Horns y en los coros, Carolyn Dennis, Helena Springs y Regina Havis.


"Slow Train Coming" es una obra en la que presientes que algo especial va a suceder. Los primeros cuatro cortes de la cara A suenan a góspel made in Dire Straits, el oyente queda gratamente sorprendido por el dócil galope que fluye desde la prodigiosa guitarra de Knopfler hasta los teclados de Beckett. La base rítmica de Drummond y Whiters otorga al sonido un aroma de cocina de Dia de Acción de Gracias. "Gotta Serve Somebody", "Precious Angel" y "I Believe In You" añaden además la voz de un Dylan convincente, totalmente entregado a la causa, los coros, subyugantes, añoran el calor de los abrazos femeninos. El gran tema que cierra la cara, "Slow Train Coming", es un prodigio construido con almohada de plumas y placenta; el sonido, pura magia de la mejor atmósfera Muscle Shoals, mece las neuronas del oyente hacia territorios cercanos a los frescos de cualquier capilla medieval.

La cara B muestra el mejor ciclo cardiaco dylaniano de la época; los temas más roqueros "Gonna Change My Way Of Thinking" y "When You Gonna Wake Up", coinciden con la contracción sanguínea, la fuerza de los arreglos de la Muscle Shoals Horns los potencian; "Do Right To Me Baby (Do Unto Others)" y "When He Returns" se ajustan a la relajación del órgano, los teclados de Beckett y del propio Dylan merecen subrayarse, alcanzan cimas que pujan con las del incienso de las catedrales. "Man Gave Names To All The Animals", el que fue tema más radiado del disco, es un ejercicio que siempre me ha apetecido calificar de catequesis infantil, la exclusión final del nombre del reptil otorga al tema una gracia añadida. De nuevo la persuasiva voz de Dylan, los coros femeninos (en esta cara menos presentes), los arreglos de la producción huelen a sitial de caoba, todo parece anunciar la segunda y definitiva llegada del Mesías.

"Slow Train Coming" es uno de los discos con más rica intrahistoria en la discografía de Dylan. Se supone que gran parte de los aficionados están al tanto los antecedentes de la grabación que inicia el período cristiano (1979-1981) del artista norteamericano; aquella cruz de metal arrojada al escenario en un concierto en San Diego (un acontecimiento tan controvertido como el accidente motociclista unos años antes), sus declaraciones sobre una aparición divina en un hotel de Tucson. En los últimos años 70 California era un hervidero de sectas. Afortunadamente Dylan no cayó en la del Templo del Pueblo, la de aquel Jim Jones que obligó a más de 400 seguidores al suicidio colectivo en Noviembre de 1978 en una granja de la Guayana; la congregación de Dylan, recomendada por el guitarrista T-Bone Burnett y varias de las por entonces asiduas compañeras del artista, era conocida como la Vineyard Fellowship, una secta evangélica neopentecostal que, a su vez, le permite introducirse en la obra del predicador Hal Lindsey, ("el hombre al que Dios, en su infinita sabiduría, había revelado el verdadero código del Libro del Apocalipsis"). Influido por este visionario, Dylan solía dirigirse, entre canción y canción, a los asistentes de los posteriores conciertos de presentación del disco para trasladarles la buena nueva ("la decisiva batalla de Armagedón acontecerá durante la próxima década de los 80"). En ellos da a entender que el conflicto árabe-israelí de entonces sería la chispa que provocaría la debacle final. Sea como fuere, y ajeno a la fuerte controversia que "Slow Train Coming" generó entre sus seguidores, esta obra de Dylan puede ser considerada como uno de los trabajos más singulares y bellos de su amplia y fructífera carrera musical.

Jimmy Johnson, guitarrista tránsfuga de FAME y fundador junto a Roger Hawkins, Barry Beckett y David Hood del Muscle Shoals Sound Studios (además de músico de sesión de grandes grabaciones de Franklin, Pickett y Sledge con su banda The Swampers) había fallecido 6 días antes de mi llegada a la ciudad, así que decidí acercarme a Florence para homenajearle. Pagué los 10 dólares de la visita guiada y adquirí el "Muscle Shoals Small Town Big Sound", único vinilo disponible en la tienda de los estudios. Volví al motel, llené la tina de agua fría y me introduje en ella embozado en una toalla de baño. A los 7 minutos y medio me levanté entre convulsiones moradas. Salí a la terraza cubierto con un albornoz, del cercano río llegaba un olor fecal, de planta residual. Observé la luna, grande y blanca, parecía una bola de algodón a punto de romperse.



A Rick.






29 ago. 2019

CAMPO SECO




CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL                      "BAYOU COUNTRY"
Me hablaba de cómo sus primeros recuerdos de infancia acontecieron en la extensa dehesa boyal, no muy lejos de la raya fronteriza, mientras jugaban a las cuatro esquinas con primos y hermanos, leyendo libros de la editorial Austral sobre energía nuclear. Las rutas ciclistas alrededor del perímetro de una enorme venta charra debieron su inspiración a las lecturas de Karl May, también le sirvieron para recrear una ficción sobre el presidente de un gabinete extranjero. Sus siglas, continuó, coincidían con las de los fabricantes de alambres. Él era el chófer que conducía el coche oficial entre sus callejuelas circundantes; olía entonces a almacén de grano, a cocina en pepitoria, a muladar (a veces a matadero), a cobertizo donde las sillas de montar confraternizaban con los hierros taurinos, los estribos aherrojados con doble sarmiento de cobre. Lo recuerda ahora, tantear con una larga vara a una vaca brava desde la cima del ruedo, ella defendiéndose del acecho, la cría a su lado, a punto de perder el equilibrio y morir posiblemente corneado en el albero. Cuando montaba en bicicleta por Las Navas del Marqués este pasado fin de semana recordaba sus palabras, buscaba ahí la inspiración para hablar del segundo Lp de Creedence Clearwater Revival, "Bayou Country" (America Rcds, 1969).

Intenté tararear alguna canción mientras pedaleaba achicharrado por el calor y la primera que me vino a la cabeza fue el "Penthouse Pauper". Los riffs de John Fogerty, prolongados mientras canta y toca su Rickenbacker 325, eran el culmen del enrollamiento mental roquero, un complejo de imanes desmañados, las cataratas de las primeras emociones alteradas precipitándose al vacío. La Naturaleza que observo mientras sigo pedaleando es más bien la de la contra portada del "Green River" (Fantasy Rcds, RE1983), los miembros de la banda aparecen apoyados en una verja corrida de madera, ese color del camino, pedregoso y brillante, el fondo rural de la arboleda interior de California, parecía que transmitiera el olor de boñiga, la humedad desconsolada por la falta de lluvia a la que me sigo enfrentando kilómetro a kilómetro. Había más agua entonces, continuaba recordando, habían ganado la guerra para eso, aunque a veces fuera necesaria la novena, la rogativa que no impidió, sin embargo, que tuvieran que contratar a un zahorí de Santander para buscar un nuevo manantial, crear un pozo estable y construir otra piscina. No se puede hablar del "Bayou Country" sin hacerlo también del "Cosmo´s Factory". ¿Cómo enfrentarse a esa situación?. Buena pregunta para vivaquear durante toda la semana.

La portada de este último álbum es imbatible, Doug Clifford en la bicicleta, al fondo tanto los dos Fogerty (la primera camisa de cuadros de John), como Stu Cook pierden cierta exposición. Una portada con señales algo enigmáticas, "3rd Generation", "Lean, Clean and Bluesy" y "Creedence Clearwater Revival. Beware Of Dog". La de "Bayou Country", para el afortunado que posea la primera edición de America Records (los siguientes trabajos se comercializaron sin tanto glamour por el sello matriz Fantasy), es más de tramperos del noroeste, el polvo impide que la luz reviente contra sus caras. Seguramente el "Cosmo´s Factory" será el disco que más haya escuchado, sin embargo "Bayou Country" me llena más porque transmite mejor el ciclo de las cuatro estaciones, sabe más a Karl May, rememora mejor a  Winnetou, se aleja a años luz de la tontuna del "Pocahontas" de Neil Young.


"Bayou Country" no lo tuvo fácil en su casa, quedó a punto de sucumbir ante la moda del "Hair" (Polydor Rcds, 1968) de entonces. No fue el primer Lp de la colección, ese mérito lo tuvo el ya perdido de The Spectrum, banda inglesa acogida a la moda de los minipulls de lana y colores pop. "Little Red Boat By The River" era su canción estrella, puro Támesis de los 60 entre sus surcos, aunque su "Samantha´s  Mine"  fue mejor canción. Sobrevivió "Bayou Country" y cambió al poco tiempo de domicilio, fruto de un trueque con el "Abbey Road" de los Beatles. Fueron devueltos los discos, cada cual se quedó contento con la experiencia, yo continué, el otro no. Cuando me recuperé de la ausencia de Creedence supe que mi querencia futura sería la de la música americana. La recopilación "LLena Tu Cabeza De Rock" del siguiente año 1970 (CBS Rcds) afianzó esa sensación. Creo que eramos entonces una minoría los que escuchaban a la banda (me gustaba cómo se explicaba), su éxito era evidente, el "Proud Mary" sonaba en la radio, pero entre la primera hornada de aficionados eramos pocos los que conocíamos realmente a la banda, teníamos sus discos, singles incluidos. En nuestro caso (elevó el dedo índice para afianzar su monólogo), compartíamos además la atmósfera de la tierra, el cielo abierto y el color de las dehesas de alcornoques. La tipografía de las letras con caracteres vaqueros, del viejo oeste, los fanzines de la editorial mexicana Novaro, relatando las aventuras de Hopalong Cassidy y Roy Rogers, todo ello quedaba de alguna manera reflejado entre las comisuras del disco.

Hablar de la historia de la banda de El Cerrito, una población localizada entre los ojos de cíclope de la bahía de San Francisco, supone un nuevo ejercicio memorístico al que me agarro mientras recorro los caminos pelados de Las Navas del Marqués. Formado por tres compañeros de la Portola High School, John Fogerty, Stu Cook y Doug Clifford, se hacen acompañar en sus primeras incursiones musicales por la voz del hermano mayor de John, Tom Fogerty. Su primera denominación es la de The Blue Velvets, interpretan entonces instrumentales y standars de las emisoras de radio de los últimos años 50. Cambian su nombre por The Golliwogs y firman su primer contrato con el sello Fantasy en 1964. Saul Zaentz, un tiburón del negocio (conocido posteriormente como productor de la célebre película "Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco" de Milos Forman en 1975), les convence para grabar su primer disco homónimo en 1967, una vez que se ha hecho con el control del sello. Les anima también para cambiar su nombre, de ahí nace la nueva denominación de la banda, Creedence Clearwater Revival, tan curiosa y original como las de sus vecinos Grateful Dead o Jefferson Airplane. Su primer single, "Suzy Q", una magnífica versión del original de Dale Hawkins donde ya se adelanta el sonido de la guitarra de John, alcanza el número 40 de las listas. Destacan además "I Put A Spell On You", lograda interpretación del clásico de Screamin´ Jay Hawkins y "Porterville", un tema del propio John, compuesto cuando queda liberado definitivamente del reclutamiento de una guerra de Vietnam que ya huele a pleno apogeo de napalm.

Muchos años después me enteré que la Creedence (como siempre habíamos llamado a la banda), participó en el mítico concierto de Woodstock en el verano de 1969, de hecho fue la primera formación contratada por los organizadores. John Fogerty, descontento con el sonido obtenido, decide vetar su participación en la película homónima dirigida por Michael Wadleigh. Esos pensamientos me distraen momentáneamente del padecimiento que sigo soportando. El escenario del paisaje se sucede en una represión entre montañas, pequeñas colinas y escarpadas pendientes. Multitud de hileras de pinos aparecen en formación, exudan también por las altas temperaturas mientras ofrecen al ciclista el espejismo de una lengua de resina que pueda saciar una sed ya atormentada. Los riscos de granito anteceden fuentes secas, se observa una abundancia de arroyos sin ningún reguero de agua, campas abiertas se abren a un sol de yunque en el que tan solo el color de los excrementos se afianza con el de una paleta pajiza, de un amarillo extenuado. En esos extremos intento concentrar la atención en el capítulo de las conocidas desavenencias entre los miembros del grupo, las mutuas acusaciones de tiranía contra John Fogerty, la defensa de este al quejarse amargamente por la falta de compromiso (por no decir de talento) de sus compañeros con la banda.

¡Qué comienzo el de "Bayou Country"!, tres diamantes en bruto completan una cara A antológica. "Born On The Bayou", cualquiera diría que estamos en presencia de una banda californiana, el más lego se sorprendería ante un estilo que se alejaba totalmente de la psicodelia de entonces, de la experimentación del trip-acid. Su música suena a pantanos de Nueva Orleans, a cabañas en cuya balaustrada de madera se expone la piel de un caimán recién desollado. Es puro Sur, es la búsqueda del hoodoo del 4 de Julio, el lenguaje, el deje de la voz de John contiene el agridulce sabor de la destilería clandestina. Nadie se imaginaba entonces una música así, tan preñada de tierra y lodo. "Bootleg", tan pegadiza en su introito, bebe del mismo manantial oscuro, parece una oración. El protagonista de la ruta celebra frases como esta: "See how good the water tastes / When yo can´t have any at all". En "Graveyard Train" se impone un blues tan antiguo que suena a tan-tan de la selva, la base rítmica empala al oyente, su palpitación le arranca gruesas gotas de sudor. La prolongada armónica de John durante el puente se eleva dando así alas a una visión de muertos vivientes, cuerpos destrozados, alineados en la cuneta de la autopista. Tuvimos que esperar a Jim Morrison dos años más tarde con sus "Raiders On The Storm" para alcanzar cotas tan altas.

Cae la aguja sobre los gastados surcos de "Good Golly Miss Molly" y parece como si el sonido arenoso rememorara los mejores momentos de la fiesta. "When you´re rocking and a-rolling, can´t hear your momma call", imposible desatender la telúrica llamada del baile, este tema tiene la fuerza del robado cartucho de dinamita, el riff de guitarra expande sus esquirlas en una lluvia de pólvora mojada, interminable en su demoledora belleza. En "Penthouse Pauper" el blues vuelve a su raíz rural, a la del cobertizo de madera, el protagonista escupe las últimas hebras de tabaco mientras canturrea "And If I were a guitar player / Lord, I´d have to play the blues", la guitarra de John se desliza como una serpiente de cascabel entre la maleza baja, narcotizada por la música que escucha. "Proud Mary" vuelve a poner la balanza en su justo lugar, entre Memphis y Nueva Orleans, la eterna siesta del Misisipí corre entre sus surcos. El hit más conocido y radiado de la banda antecede al gran tema del disco, "Keep On Chooglin´", vuelve la celebración de Miss Molly, esta vez en una insuperable secuencia blues. El sonido es tan potente que parece salirse de su propio cauce, se tambalea entre calderos de cobre, eleva sus tentáculos de salamandra hacia otra dimensión de palabras. Una poderosa base de doce compases de 4x4, aumentada por la constante dilatación de la base rítmica (es este sin duda el tema donde Stu y Doug se encuentran más inspirados), los riffs de guitarra se extienden prodigiosos, la armónica se lamenta en un asombro de puente, la banda galopa al trote de un boogie cazalludo, la voz de John se convierte en la del predicador que siempre quisimos escuchar. No hay en el mundo nada mejor que Creedence Clearwater Revival.


Así ocurrió. Me lo comentó mientras en un alto del camino presenciaba una vacada, cobijada a la sombra de un extenso pinar, los rayos del sol entraban en su recinto sagrado como golpes de guadaña, las moscas revoloteaban sin tregua entre sus ojos gelatinosos. Allí nacieron las últimas disquisiciones sobre la banda de El Cerrito. Hablaba de una formación única, irrepetible, de cortísima vida pero de inmensa repercusión. Sus influencias eran claras, los justos ecos de la british invasion, la panzuda abundancia de Chuck Berry, Roy Orbison y Elvis Presley, el blues de Leadbelly, la guinda del sonido de Motown y Stax, de hecho John siempre quiso tocar la guitarra como el Steve Cropper de Booker T & The M.G.´s (tan solo el eco de la reverberación del estudio de grabación). Nada que ver con el sonido de la bahía de San Francisco, con la sobreproducción de la Capitol Records Tower de Los Ángeles o la magia de Laurel Canyon. Su música gustaba por igual a los soldados establecidos en Vietnam y a las jóvenes amas de casa de Berkeley, en Georgia y Louisiana contaban con una inmensa base de seguidores. La costa este, toda Europa estaba a sus pies, los Beatles morderían el polvo ese mismo año 1969. Lástima de las luchas de egos. El terremoto que su música provocó continúa teniendo maravillosas secuelas.


A Crosby, compañero de tantas rutas.