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25 ago. 2016

LECTURAS DE VERANO II





JUAN MARSÉ                             "ESA PUTA TAN DISTINGUIDA"
Tenía pensado escribir sobre un libro, literatura en definitiva, aparentemente labor tan sencilla, un arte el de la crítica literaria de los que muy pocos alcanzan previo conocimiento o aprovechan experiencia, si otro cantar fuera porque la cosa se tuerce.., [y es que Keith Moon acaba de desprender la bola del mundo con su solo de batería en "The Rock" ("Quadrophenia", Track Records, 1973) mientras Roger Daltrey aúlla un "Love Reign O´er Me" que sabe a todo lo bueno que queda por venir del verano del 16, y así ya me dirán ustedes quien es el valiente que se pueda centrar]. El cumpleaños de un amigo me sirve de lanzadera para una segunda salida andante del blog en este terrorífico mes de Agosto, mal le haya allá donde hubo incendio, peor en Galicia, no tanto afortunadamente en Cantabria y Asturias por donde este aficionado anduvo semanas atrás. [Intento desempolvar un disco en el que voy pensando los últimos días, "Songs Of Love And Hate" de Leonard Cohen y no puedo, no me dejo, hay algo que me lo impide, una ausencia inhóspita en el estómago, falta de riego medular y presencia de piedras negras. Quiero en este momento dedicar el "Come Get To This", (Marvin Gaye. "Let´s Get It On", Tamla, 1973) a todas las mujeres con las que he cruzado en mi vida algún pensamiento lascivo] No, como ven no hay manera de enfocar la atención hacia lo que originariamente querría expresar a ustedes.


Juan Marsé es un tipo de Barcelona que archiva en su memoria gran parte de la historia reciente de la ciudad y que además escribe en castellano, y también por eso arrostra un merecido reconocimiento al otro lado del río Ebro. Para situarnos, una Barcelona durante los últimos años de la década de los 40, aquella urbe subyugada tan ignominiosamente durante la postguerra y que daba pena verla, con lo que fue. Una Barcelona de incipientes nois callejeros, adictos a las aceras de los cines de sesión contínua ya en los primeros años 50, ávidos observadores ellos de unas carteleras que eran el único asomo a un mundo tan distinto al suyo, alejados de una realidad mezquina y grisácea, aunque las sardanas, menos mal, se siguieran bailando en la Plaza de Cataluña..Además de las calles y de las aceras, también las terrazas de la ciudad como protagonistas de la novela. Muchas de las escenas de la novela-película (trampantojo, así la define el autor) se desarrollan en la terraza del domicilio del escritor-guionista. Retrata entonces (con la brevedad de apenas 235 páginas) una ciudad a fuerza descorchada por la derrota pero tampoco plenamente rendida, da la impresión que aún queda un asomo de dignidad en su propia geografía urbana, en sus calles, en sus barrios y en sus meublés (Taller de Arte y Confección Madame Petit, maravillosa representación de la lucha por la vida elevada a la supervivencia erótica), en sus esquinas mojadas y en sus habitantes en definitiva.

Siguiendo un antiguo sortilegio, convencido que alguna pista me dará sobre la novela, abro el libro por la página 69 al momento de comprarlo y leo:  ..."-Es que allí estaba Encarnita, una puta ciega que vivía en mi calle...-¿Ha dicho ciega?". Al cabo del poco tiempo, cuando recién ya había terminado de leerla, descubrí que en ese brevísimo diálogo se encontraba la verdadera esencia de la novela, aunque para mi mayor encomio de lector avezado (no me duelen prendas al reconocerlo) ya lo venía venir, templado, como estaba, por los soplos de las tardes norteñas. Ni tan siquiera las ensoñaciones montañesas de un Jose Mª Pereda (al que debía homenaje por mi estancia santanderina) ni de Don Miguel de Cervantes (del que seguía disfrutando en mi tercera lectura del "Quijote"), me confundieron sobre una trama de la que cualquier lector atento desconfiaría. No señor Marsé, "leoncitos a mí, no" (1), su protagonista no podía hacerme creer que escribía un guión cinematográfico mientras que usted, el verdadero autor-personaje del lenguaje del libro, se desvivía por escribir una auténtica novela. Ya nos lo advirtió en una de sus páginas, "no es lo mismo ser un excelente escritor que un buen novelista".

El nivel pretendidamente bajo de guión cinematográfico que intenta adueñarse del texto, a salvo la inteligente y lograda balanza que la voz de Felisa otorga a la estructura narrativa, el ama y cocinera del piso que comparte durante el verano con el autor, la esposa con los niños fuera de vacaciones (en la Costa Brava seguramente, imposible de todas todas en algún pueblo del Alto Aragón acompañando a otro barcelonés ilustre) (2), los güisquis y las entrevistas con el asesino confeso (el guión va sobre un crimen) pueden quedar bien como pegamento de la novela. No. Sea en definitiva que un escritor que no parece inicialmente muy convencido de aceptar el encargo que recibe (escribir treinta y cinco años después de ocurrido el guión de una película sin poder elegir libremente el modus operandi)  finalmente entre en el juego.." 13).- "Si, por dinero", pero si aceptamos entonces esta minusvaloración narrativa ¿dónde queda aquél escalofrío medular del que Nabokov hablaba?..., ¿dónde el testimonio final, dónde Dickens

Este "13).- Si, por dinero" viene ahora a colación porque forma parte de las cuarenta y ocho respuestas que recoge una encuesta inicial contenida en las primeras seis páginas de la novela, verdadera guía de la personalidad del autor y del secreto de la misma, también valiente prólogo estilístico. El texto restante es pura ingeniería de novelista, aquel oficiante que de un pretendido esqueleto de cartón piedra (el propio guión de encargo), del que no se libran la simplicidad discursiva de los sucesivos interrogatorios con el asesino, tampoco las dudas del autor en las estrategias a seguir a la hora de escribir el texto (el irónico final aceptando la manipulación de la capital del Reino, una derrota más) crea una obra que mezcla un atrevido, por poco usual, andamiaje donde lo fílmico se da la mano con lo intrínsicamente literario. La imagen de la escena final recurre fácilmente a la despedida de "Casablanca".

No leo a Marsé desde unos lejanísimos días universitarios en los que en mis manos cayó su novela "Si Te Dicen Que Caí" (editada en México en 1973 al estar entonces prohibida por la censura franquista). A pesar de lo poquísimo leído del autor catalán le considero una de las grandes figuras de la literatura en castellano actual. Hay en la novela multitud de palabras sueltas, frases y acepciones literarias (y alguna licencia poética...) de un exquisito gusto, y que denotan una riqueza y manejo de vocabulario que en pocos escritores españoles he encontrado...(ya me perdonarán el atrevimiento, pero desde Eduardo Mendoza, Luis Martín-Santos, Ignacio Aldecoa, Rafael Schez. Ferlosio o Juan Benet no voy al paso que marca la literatura nacional, salvo la Almudena Grandes de ahora mismo, y esto últimamente como amor de pensionista). Y he de admitir que no es solamente el oficio lo que admiro en el Marsé escritor, percibo también en su método una querencia por la aventura estilística, por la puja contra lo clásico, desechando la concepción convencional de la trama y la tipología más manida de los personajes. Se escucha nítida en "En esa puta tan distinguida" el teclear de la máquina de escribir (estamos en el año 1982, cuando todavía los ordenadores no habían asomado por la puerta), el olor de tabaco y el soplar del güisqui en cantidades apropiadas, los diálogos acertados de tan sencillos, expresiones de la calle, la química de los celuloides, los informes policiales que huelen a Falange, pitos y broncas en el patio de butacas, silencios, miradas y gestos faciales, incluso una ausencia de acción muy bien llevada entre capítulo y capítulo.

No dejen de leer esta novela si tienen oportunidad de hacerlo. La edición de Lumen es cuidada a pesar de la mejorable calidad del papel. Terminé de leerla en Santander el pasado día 12 mientras observaba entre línea y línea a mi mujer durmiendo la siesta. Al lado de su cama un espejo reflejaba mi figura desde una lejanía que me parecía simpática. Flotaba en el cuarto una luz espectral, aquella que solo aparece a la mitad de las tardes en Agosto. Pensaba hacer una mera referencia a esta última novela de Juan Marsé en una entrada que la incluyera con otras tantas obras leídas en lo que va de verano (las más queridas del año literario, las que más perduran en la memoria). No la haría justicia si así lo hiciera. La paz que expresaba la cara dormida de mi esposa- niña bien se merecía este intento.


(1) "Don Quijote de la Mancha", 2ª parte, cap XVII.
(2) Joan Manuel Serrat





10 ago. 2016

DON QUIJOTE EN DETROIT



SRC                                 "SRC"
Tengo a los cuatro miembros de Television instalados desde hace algún tiempo en el salva pantallas de mi ordenador, mirándome de forma acusadora, me atrevería a decir, desde una calle del Village neoyorquino, como si increparan la falta de acción en este blog de mis penares. La pose urbana y medio relajada de la banda, enfrentándose desde una sucia esquina cualquiera a un observador que no deja de estar enamorado por su imagen en blanco y negro, es de tal quietud que pareciera sinónimo de la inmovilidad propia del autor, aquella que atenaza supuestamente su mente creativa. Y parece suceder que en estas últimas semanas de julio y primeras de agosto gran parte de la pereza del escritor se haya concentrado entre sus extremidades superiores, aunque para no acrecentar más su mayor escarnio debo decir que su actividad lectora, de intensa y fructífera escucha musical e incluso, ¡quién lo iba a decir de una persona de secano!, las largas jornadas pasadas junto al césped de la piscina han ocupado una buena parte de su actividad diurna. No todo han sido siestas ni ver las Olimpiadas por televisión, de hecho, y así de paso elevo honradamente la calidad de ocio del autor, ningún trato ha habido a deshora con Morfeo, ni los anillos olímpicos han llamado tampoco en mínima medida la atención del dueño de la casa.

El caso es que hacia finales de Junio, cuando iluso programé las actividades del blog para el mes de Julio, planeé en la segunda semana de dicho mes una entrada dedicada al grupo SRC, una banda del área de Ann Arbor y, por lo tanto, devota del sonido y ambiente del mejor Detroit de los últimos años 60. Debo decir para mi descargo, y espero que ello sirva de ejemplo a la juventud que con tanta pasión sigue mis entradas, que la dejadez en la publicación del texto no se vio mermada por la falta de escucha continuada de su primer albúm homónimo, todo lo contrario, sus surcos han recorrido la aguja del plato un día y otro también desde aquellas fechas y, como consecuencia de ello, una especie de ansiosa necesidad de hacer públicas mis impresiones se iba apoderando de mí sin solución posible. Las jornadas iban pasando y el autor, algo avergonzado por el retraso, buscaba en algunos momentos un hilo argumental que diera pie a una entrada digna de la casa, ya saben, de esas incoherentes de las que me voy sirviendo últimamente.

Y la idea surgió mientras leía la última novela de Juan Marsé, "Esa Puta Tan Distinguida" (Edit. Lumen, Barcelona, 2016). En una de sus citas al comienzo de la obra aparece una frase de mi querido amigo G.K. Chesterton: que dice así: "Hemos descubierto la verdad, y la verdad no tiene sentido" ("El candor del padre Brown"), y sigue otra joyita encontrada casi por azar en la página 140: "...estás preparando al lector para algo que no le vas a dar, me dije, cuando te gustaría prepararle para darle algo que no espera..., aunque tú mismo ignoras qué podría ser"


¿A quién le importa por lo tanto la historia de SRC, acrónimo de la Scott Richard Case"? ¿Hay alguien por ahí interesado en los antecedentes musicales de los miembros de la banda?. Y si ligo estas preguntas con algo tan querido en esta casa como el sonido blanco del Detroit de 1967, ¿conseguiría el autor que algún aficionado a la música dejara de fruncir el ceño y siguiera leyendo la entrada? Y como dicen los abogados en las vistas orales de los juicios, ¿no es más cierto que el posible lector de blogs, imputado por  la comprensiva indolencia veraniega de estos días, haya buscado más la visión y el recreo de una tetas bruñidas al sol, fuera de un texto que le obligue en cierta manera a recorrer líneas y palabras que al final van a quedar vacías de contenido? ¿Y si les dijera que hasta The Rolling Stones, cuando se dejaban caer por el Grande Ballroom de Detroit en alguna de sus memorables giras americanas de la época, recalaban en el estudio casero de los hermanos Quackenbush, ambos miembros y alma mater de SRC, para probar, en interminables jams nocturnas, el mejor equipo de sonido disponible en todo el estado de Michigan?

Bueno, sea el caso por lo menos advertirles que SRC son conocidos como The Royalty of the Detroit Psychedelia, hasta algunos más entendidos les han llegado a calificar como la única y original banda mod de la american motor city. La mezcla del mejor r&b de The Yardbirds, Procol Harum, The Pretty Things y otras luminarias de la british invasion en la mitad de la década sesentera, junto al sonido fuerte y aristado de la mejor tradición de Detroit, hacen de SRC una banda única en una escena tan característica como la mencionada. He visto arder los colores en las ramas de los árboles durante el inicio de la mañana, sus movimientos ondulantes despertaban un cielo aprisionado en un color tan azul. Los textos de las canciones de SRC discurren por estos vericuetos psicodélicos. "Captura la montaña y embalsa el mar, llena en una jaula el viento que fluye libremente" ("Onesimpletask"). "Los carruajes del cielo se han mostrado como un arcoiris de fuego entorchado" ("Paragon Council". 

Las guitarras de Gary Quackenbush (un instrumentista innovador y de grandísimo talento) y de Steve Lyman, los teclados de Glenn Quackenbush, la batería de E. G. Clawson, el bajo de Robin Dale y la voz y convincente presencia de Scott Richardson, crean un sonido envolvente, ideal para exponer sus mensajes psicodélicos, armados con una instrumentación cuya estructura rítmica recuerda mucho a los grupos ingleses anteriormente mencionados. La suerte de ser parte importante de una escena irrepetible como la de Detroit de 1967, el mismo escenario también de los históricos disturbios raciales de aquel año memorable, y la novedad de su propuesta, frente a unos The Stooges, MC5, The Rationals o el Mitch Ryder & The Detroit Wheels, hace que su base de seguidores crezca y se extienda a lo largo de todo el estado. No ocurre así, lamentablemente, cuando pretenden darse a conocer en el área de San Francisco. Aunque su lírica podría encajar en el ideario hippie de la época su propuesta musical no lo hace. Las tribus de la California de entonces seguían encerradas en su aprisco pastoril, la oferta de SRC era más mundana sin ser convencional. Ofrecían los primeros signos de descomposición del sueño, la imagen de la ciudad paulatinamente arruinada frente a los gurus lectores de Alan Watts, colgados aun en su mal viaje de Cielo Drive.

Suenan una y otra vez "Black Sheep" (auténtico himno psicodélico de los Grandes Lagos), "Daystar", "Exile", "Marionette", "Onesimpletask", "Paragon Council", "Refugeve" e "Interval" en un Thorens TD 105 Mk II (si, también hay line-ups en los platos), la grabación original de este primer album de SRC editado por Capitol Records en 1968. Me sirvo una Judas Blond Bier Van Hoge Gisting, con sus preceptivos 8,5º alcohólicos, y el tiempo se detiene como una pajarita de papel de Unamuno. Las sombras a esta hora de la tarde se cuelan entre todas las habitaciones de la casa, las ventanas todas abiertas, y corre un aire bueno que anuncia caricias, visiones de terrazas vecinas donde las mujeres apalachianas cuelgan sus trajes de baño, el jardín desprende un vapor de paja quemada por unos rayos de sol que han desaparecido hace tan solo unos minutos. Son esos momentos en que el autor está dispuesto a llegar al disparate, maldiciendo el tiempo y el país en el que entonces le tocó vivir, tan solo algo peor que el de ahora.

No deja de tener también su interés para la rata de taberna, porque curiosamente es en ese entorno donde vengo recordando últimamente las escuchas de mis discos preferidos. Aquel roedor que, no es sorpresa que sea paralelo en lo de mamón al carácter del que suscribe este antojadizo discurso, rememora entre vino y vino los discos oídos durante la misma jornada (desde que canturrea la primera canción que le viene a la cabeza, cuando hace la primera micción ya muy de madrugada...) o, ya rebobinando en un increíble looping, los que ha saboreado durante la semana en curso. Y no paro de relamer mis canosos bigotes cuando, uno tras otro, vienen a mi memoria los tirabuzones de Gary en la guitarra, el Hammond de su hermano Glenn, creando un pesebre aromatizado con el cáñamo más potente, la base rítmica de Clawson & Dale sumergiéndome en un delicioso Motown blanco de autopista.  Los camareros, ya amigos porque conocen las debilidades y vicios del autor, llaman mi atención al verme cabecear ferozmente. Una niña con cara de avestruz se ríe sin piedad de mí.

SRC, una banda que después de su hoy comentado primer disco publicó, antes de romperse a tan temprana edad de 1973, otras dos grandes obras, "Milestones" y "Traveler´s Tale". Su estilo, gallardía e imagen (compraban su ropa en las mejores tiendas de Nueva York, ciudad que emulaba entonces al más celebrado Londres de Carnaby Street) ya les vale para que este autor enloquecido les otorgue el título figurado de Mejor Banda de Caballería Andante de América en 1967. No fue su destino el de desfacer entuertos encomendándose, de paso, a la más bella doncella del lugar. Existen, en este aspecto, pruebas fehacientes que acreditan el rodillo cipotil por el que pasaron multitud de groupies durante la corta vida del grupo, tan poco fieles fueron a sus musas. Su viaje fue un extravagante experimento en la ciudad más salvajemente rock de la America de entonces. Pocos años más tarde llegó Elvis y se hizo la foto con Nixon en el despacho oval de la Casa Blanca, y ya nada volvió a ser lo mismo.




28 jul. 2016

LECTURAS DE VERANO I




ALMUDENA GRANDES               "LAS TRES BODAS DE MANOLITA"
Se me ocurrió pensar repentinamente, mientras fregaba una cacerola en la cocina, en aquellas otras labores estrictamente manuales en las que consta que algunos escritores se dedicaban a ellas, además de las propias de su oficio, la escritura. Mientras mis manos sujetaban la cazuela, y deslizaban la esponja empapada en jabón por sus contornos, meditaba por ejemplo sobre las actividades contables de un Miguel de Cervantes, su única mano viva repasando expedientes de decomisos reales y cuentas de pagos, el dibujo técnico de un Juan Benet como Ingeniero de Caminos subrayando en una cuaderna el arco posible de un puente levadizo, las manos en el pincel del poeta Rafael Alberti, en el callado y la honda también las manos del poeta y pastor Miguel Hernández, en las riendas de su caballo, sujetando con su mirada el horizonte infinito de su cortijo, las de Fernando Villalón. Y de tal modo compungido (ante la altura de los personajes comparados) contemplé las mías, sin gracia ninguna restregando un cazo de acero inoxidable, que así sin mayor dilación decidí ponerlas a trabajar en un texto literario que dignificara su oprobio, mejorando si fuera posible la labor y destreza que a ellas tengo de buen natural destinadas.

Se preguntarán algunos lectores interesados la razón de esta introducción sobre la última novela que Almudena Grandes ha dedicado a su serie de los Episodios de una Guerra Interminable, "Las tres bodas de Manolita". Extraña introducción al comentario personal de una novela que, ateniéndose a los cánones más al uso, debería limitarse a citar los datos más relevantes que sirvieran para guiar al posible lector en el tiempo, lugar  y momento de la obra, porque no también dedicarlo a mencionar la cronología que atesorara ya la autora con este su último trabajo en unos Episodios que, de momento, están dando buen resultado de crítica (e imagino también de ventas razonables). Pero no, no fue así. Capricho de una inspiración que es de natural tornadiza, la primera idea que rondó la cabeza de este escriba impostor fueron las manos de Almudena Grandes, y lo que es más curioso, lo que de ellas hicieran tanto la escritora como las protagonistas femeninas de las obras de estos sus antedichos Episodios de una Guerra Interminable.

Desde el principio me quedó claro que la actividad paralela que Inés, la protagonista de la primera obra de los Episodios, "Inés y la alegría", realiza con sus manos es la dedicación a la cocina y la pastelería. El libro está lleno de detalles y referencias a su quehacer gastronómico, labor que sirve al personaje para compensar no pocos momentos de dudas y zozobras. En la segunda novela de la serie, "El lector de Julio Verne", a pesar de ser Nino el principal actor masculino de la obra, son las mujeres de los pueblos y cortijos de la serranía sureña de Jaén las que sostienen la estructura de la narración. Sus trabajos domésticos, tantas veces al borde de la penuria y la resignación, son los que hacen que sus manos y brazos apuntalen la verdadera y más eficaz resistencia, labores que encarnan, como ningunas otras lo pudieran hacer, la propia fortaleza de los vencidos supervivientes. ¿Y qué es lo que le ocurren a las manos de Manolita, la heroína de nuestra entrada de hoy, se preguntarán ustedes? A las suyas nada que no tuviera remedio, a las de su hermana Isabel, intérprete paralela en aquellas secuencias de mayor imageniería visual del libro, les ocurre lamentablemente lo peor.

Isabel Perales, en la ficción hermana de Manolita, es en la realidad una joven adolescente represaliada durante la postguerra y que tuvo a bien relatar a Almudena Grandes la historia de su paso por el colegio bilbaino de los Ángeles Custodios de Zabalbide. Allí se convierte, como muchas otras hijas de republicanos y vencidos encarcelados, en una esclava doméstica a la que obligan a trabajar, sin sueldo siquiera miserable (tampoco sin la mínima educación primaria), lavando con sosa caústica los manteles del Hotel Excelsior y del Teatro Arriaga de la capital vizcaina (primeros años de la década de los 40). Su prolongada actividad en la lavandería del citado colegio, que tiene como loable misión la de redimir con el trabajo de las menores las penas de sus familiares presos, causa en las manos de Isabel secuelas y quemaduras de tal gravedad que obligan a las monjas que dirigen el centro religioso a darla de baja, temporalmente eso sí, en tanto que observen que cualquier leve mejoría pueda servir de razón para volver a las industrias mencionadas. Me imagino, también, que las manos ya deformes de por vida de la Isabel lavandera sirven de nexo de unión con aquellas otras cocineras de Inés en "Inés y la alegría" y con las de aquella Filomena de "El lector de Julio Verne" que recogían a escondidas la pleita y la recova para fabricar el esparto.

Las mujeres y sus actividades manuales conforman de este modo imprevisto el tronco viral por el que discurren los meandros de las tres novelas que componen estos primeros Episodios de una Guerra Interminable. Y la autora Almudena Grandes se sirve de la mera descripción de esas sus labores para sostener en numerosas ocasiones la narración de las tres obras. En el tiempo en que transcurre la acción de ésta "Las tres bodas de Manolita", dilatado desde los prolegómenos de la Guerra Civil española hasta la primera Transición de 1977, las ocupaciones tanto de la protagonista principal como las de una buena cantidad de los personajes femeninos que concurren al coro global de participantes no dejan de ser, por tan obvias, gratificantes. Las colas de las mujeres que en la entrada de la cárcel de Porlier esperan verse con sus familiares presos, las de aquellas que luchan día a día por medio llenar improbablemente una cesta de la compra, las que visitan a las compañeras recientemente viudas después de una nueva saca de fusilados, las que cuidan hasta la desesperación de una familia diezmada, aun solo hermanas mayores pero ya tan pronto madres obligadas, las que aceptan el matrimonio con un recluso previo pago al capellán corrupto de la cárcel, aunque sea fingido, como el de Manolita. A todas ellas homenajea Almudena Grandes en esta novela de mujeres bravas, bizarras, muchas de ellas ejemplo de la mejor resistencia civil en los años más crueles de la postguerra.

Es en esta última novela  de Almudena Grandes donde las raíces galdosianas de sus Episodios Nacionales se (re)encuentran de forma más patente. Hay aquí un Madrid abigarrado de barrios donde pululan gentes dedicadas al comercio al por menor, impresores, modistillas y damas de pupilaje cuanto menos sospechoso. Oficinistas y recaderos, chuletas de esquina, funcionarios, nobles venidos a menos y otros encumbrados en un tiempo de preguerra inmediata, donde los actos de romanticismo revolucionario solo cabían en los salones de algunos aristócratas saciados ya de su propio declive. Se mencionan en muchos pasajes los nombres de las calles de Madrid, la denominación de los comercios, de los tablados y los teatros, los apodos de los miembros de las cuadrillas de chavales que buscan su lugar en una ciudad que muy pronto se va a convertir en objetivo militar de los sublevados, en honorable trinchera para sus defensores.

Unos espacios urbanos que cambian ineludiblemente desde los inicios del conflicto civil hasta la época de la más próxima postguerra. Una ciudad aun palpitante en el comienzo de su resistencia, después masacrada y obligada a humillarse por la propia bota de los militares y falangistas que la ocupan, bendecida por un hálito de hipócrita y vengativa misericordia católica en todo momento. Urbe productiva y celosa de sus mejores escondites durante la guerra, humildemente mísera en las gentes que aguantan como pueden los malos tiempos. Plena de delatores y cuentas pendientes, de nuevos funcionarios victoriosos que crean de la escasez popular nuevas vías de negocio y beneficio personal y perdurable, los menos proclives a la mala conciencia se limitan a construir una nueva estructura del estado donde toda otra visión del mundo y de la vida queda irremediablemente proscrita. El espacio urbano se extiende geográficamente no mucho más lejos de la ciudad y observa con detalle las condiciones de los penados que construyeron la gran ignominia de lo que es el actual Valle de los Caídos, más conocido entonces como Cuelgamuros, sepulcro del ominoso.

En esos lugares y en esos tiempos obtusos se mueven una miríada de personajes que llenan con su presencia la amplia estructura narrativa (la más extensa de las tres novelas con más de 750 paginas) de la obra. Esa cantidad de protagonistas, y de acciones en las que concurren muchos de ellos, obligan al lector a mantener un mínimo de atención y continuidad en la lectura del texto. Cualquier falta de atención o de continuidad lectora obligan al que se sumerge en sus páginas a un esfuerzo supletorio de identificación de personajes y su relación con referencias de capítulos anteriores. Sabedora la escritora de la gran cantidad de actores que aparecen en el relato, y también de la dificultad de seguimiento de las acciones de una buena parte de ellos, facilita al lector un capítulo final donde se exhiben todos y cada uno de ellos organizados por familias, barriadas, celdas carcelarias, cuadrillas de amigos, penales, cloacas del estado y colegios, entre otros. La referencia a otras geografías en esta "Las tres bodas de Manolita", la pirenaica de "Inés y la alegría" y la serrana de "El lector de Julio Verne", da nueva oportunidad para que, otra vez, aparezcan aquellos protagonistas que tuvieron su momento de gloria en las dos últimas novelas mencionadas. De esta manera, también, la autora mantiene el principal argumento temático de sus Episodios de una Guerra Interminable.

Se agradece igualmente, sobre todo por el lector curioso de su tiempo y de la memoria histórica que le tocó vivir más recientemente, el que Almudena Grandes incluya al final del libro una breve crónica periodística de la España real de aquellas épocas. Desde el prólogo de la Guerra Civil de 1939 hasta la primera Transición del año 1977, la autora madrileña sintetiza con acierto breve y no por ello  liviano la historia de un país sumido primero en el oprobio, ilusoriamente redimido después, condenado hoy por decisión de nuestros políticos a la vergüenza de la desmemoria.


15 jul. 2016

HALL OF FAME VOL III: OLLIE HALSALL






PATTO                       "ROLL ´EM SMOKE ´EM PUT ANOTHER LINE OUT"
Llevo varias semanas rumiando el sueño del buey dorado, escuchando en profundidades subcutáneas, relajado y demasiado olvidadizo otras, pero escuchando en definitiva, la música etérea generada por uno de los mejores dioses instrumentistas ingleses de todos los tiempos. Y aunque Ollie Halsall es más bien conocido como hombre de música (graetia plena, Juan de Pablos) por su aportación al género como un extraordinario guitarrista, los teclados también fueron en gran medida un instrumento amplia y brillantemente usados por parte de mi amigo y cliente de mi peluquería. Y digo rumiando porque la idea de escribir algo sobre el elegido para esta nueva entrada de nuestra galería HALL OF FAME, me viene persiguiendo sin tregua desde hace meses, me tuvo también parcialmente obseso durante esas horas muertas de la tarde en las que aparentemente no pasa nada. La necesidad de contar mi versión sobre un músico amigo se me antojó obligatoria por múltiples razones. Veamos cuales.

Podría empezar hablando convencionalmente de Ollie y su amplísima historia musical (y también algo corta debido a su prematura desaparición). De sus méritos como instrumentista de guitarra y teclados, vibráfono (su primer introductor en la escena del rock) y batería, bajo y compositor y autor de letras además de productor, también celebrado músico de estudio y por ello muy solicitado. Miembro de bandas conocidas como Timebox, Patto, Boxer, TempestThe Soporifics con Kevin Ayers. En su estancia española con Ramoncín o Radio Futura, supliendo la baja de Enrique Sierra. También participante en otras experiencias más arriesgadas, en el Centipede de Robert Fripp o colaborando con Morgan Fisher en su "Miniatures" (una de las primeras experiencias de la globalización musical) ). Invitado de honor en juergas genuinamente británicas con John Otway o The Rutles (la cara oculta y desbarrada de The Beatles). Pero no voy a hacerlo extensamente, sería demasiado cansino (y largo) caer en una presentación al uso.

Prefiero de momento (a menos que improbablemente cambie de opinión) acercarme a su personalidad más próxima, más de cotilleo, para así facilitar a los numerosos lectores (y lectoras) del semanario "Hola", todos buenos clientes de mi peluquería,  el conocimiento de un artista de andar por el pasillo de casa, tan majo él. Quedamos entonces que Ollie Halsall nace y muere como todo el mundo. Lo hace en Inglaterra, en una ciudad equivocada, un Southport cuyo nombre se desmiente al estar localizada bastante al norte de las islas pero que, afortunadamente, soporta la incongruencia al ser regada por la cercanía de los aromas musicales del Merseyside. Muere en Madrid, en la calle Amargura (cuyo nombre afortunadamente fue cambiado), en un barrio roquero (Carabanchel) y por la tontería de la droga. El caso es que estaba sustituyendo a Enrique Sierra durante gran parte de la grabación y gira posterior del "Veneno en la piel" de Radio Futura. Y picó el anzuelo como un pardillo. Gran parte de la no despreciable suma de dinero que ganó en sus últimos años de vida la malgastó en la tontería de la heroína. ¡Fíjate tú! Otros males de amores propiciaron un bajón que pensó olvidar con la ayuda de la aguja. Ollie murío entonces sin necesidad e inesperadamente, casi ninguno de sus amigos y conocidos se creyó en principio la causa de la muerte de nuestro protagonista.

Digamos que Ollie fue un hombre que prefirió vivir la música como algo lúdico y romántico, de clase social gamberra e impetuosa, se dejó llevar la mayoría de las veces por la inspiración más instantánea, la vivió también como una profesión profundamente seria. Véase por ejemplo cuando recomienda a los miembros de Pa Amb Oli Band (¿lo pillas, lectora ?), el primer grupo mallorquín con quien colaboró, la imperiosa necesidad de llegar sobrios y en perfectas condiciones a los conciertos, cuando él mismo Ollie en más de una ocasión llegaba bastante puesto al evento (sin por ello dejar de cumplir con sus compromisos). Un trabajador autónomo el Ollie (para entendernos con la señá Teresa, que acaba de entrar para pedir hora), donde al reclamo orgánico de la diversión (compañero en muchas de sus bandas de colegas también con antecedentes tabernarios), su estricta profesionalidad británica le conminaba además a progresar hacia la mayor perfección técnica y compositiva posible. Hago mías las palabras que hace muchos años dijera John Halsey, amigo y bateria en Patto y The Rutles: "Puede que Ollie no fuese el mejor guitarrista del mundo, pero ciertamente estaba entre los dos mejores".


Ay Terelu, guapa..., no voy a tener hora hasta mañana, a eso de las 12 del mediodía, pásate entonces, ¿vale cariño?...", bueno a lo que íbamos, decía que si algún músico de entonces pretendiera provocar en la audiencia una sensación de confusión con sus letras (como a menudo sucedía), debería haberse puesto en contacto con Mike Patto, la otra mitad conocida de Ollie Halsall, su hermano gemelo sin serlo. Mike Patto, un cantante con una incomparable voz, semejante a la de un Chris Farlowe, un Chappo Chapman o un Ian Hunter (afilando la navaja antes de afeitar a don Manuel), autor él de numerosas canciones en los que sus mejores versos representaban fielmente a una clase media inglesa que no pasaba más allá del pub, para contrastarlo con las experiencias vividas durante sus largas jornadas en la carretera, de concierto en concierto, por Inglaterra, de país en país, de continente en continente. La coincidencia de Ollie y Mike Patto en los mencionados grupos Timebox, Patto y Boxer, todos ellos sinónimos del mejor rock inglés de la primera mitad de los 70, hace de su mutua experiencia musical algo parecido a lo que poco tiempo antes habían logrado Elton John y Bernie Taupin. Una maldita leucemia se encargaría de cortar por lo insano la prometedora carrera de un Boxer que aspiraba entonces a un cetro más que merecido. Mike Patto moría sin solución de inmortalidad en 1979..., "sin llegar a los cuarenta, pa chasco doña Felisa, ya vé usté..., tan joven" (Me temo que la Felisa no acaba de cogerle el hilo al asunto que nos traemos hoy entre manos). Nace, sin que nadie se percatara entonces, una maldición que persiguió a todos y cada uno de los miembros de Patto. Mike, Ollie, John Halsey y Clive Griffiths (bajista); mueren pronto los primeros y la mala suerte de un gravísimo accidente de tráfico se ceba al poco tiempo con John y Clive.

Y si algún lector o lectora quisiera conocer el lado más glamuroso de Ollie (que también lo tuvo y espero que estos datos que siguen a continuación sirvan para elevar la trempera de las clientas), tendríamos que hablar de su relación con el último aristócrata inglés del rock, su contemporáneo Kevin Ayers. La primera colaboración conocida tuvo lugar en el célebre "June 1, 1974", del mismo Ayers, John Cale, Eno y Nico, un album fundamental en el que Ollie participa en su cara B exclusivamente, y del que me hago pestes por no poseerlo todavía. Un Kevin procedente de unos The Wilde Flowers y Soft Machine (¿acaso existe una genética más exquisita en la música moderna inglesa?), y que recala a finales de los 70 en un Deiá mallorquín, cálido auto-exilio de un artista en explosión creativa, asentado en un típico ambiente de bohemia inglesa, té a las cinco, ginebra y sustancias estimulantes a discreción, el mar Mediterráneo por todas partes, lo contrario de lo que ocurre en la lejana metrópoli, no hay más que ver las fotos playeras del "Quadrophenia" o del "Setting Sons".

Desde la isla de Mallorca vemos a Ollie, (como miembro fijo de The Soporifics, banda entonces estable de Kevin Ayers con el que colabora en muchas de sus obras, desde "The Confessions Of Dc. Dream And Other Stories" de 1974 hasta el "That´s What You Get Babe" de 1980), conectando por primera vez con la escena musical isleña. Las obligaciones con la banda de Kevin le dejan el tiempo suficiente para realizar labores de producción y ser protagonista como multi-instrumentista en numerosas grabaciones de grupos como Pa Amb Oli Band, ...(...en este momento hay más lectoras en la peluquería que prefieren hablar de la última fiesta de Porcelanosa en el castillo de Windsor), The Outer Tunes (banda de existencia paralela a la primera), The Sex Beatles (¿recuerdan las ganas de diversión a la que aludíamos al principio del texto?) o incluso Mainstream Machine, una formación de jazz en la que participa muy ocasionalmente Ollie y que, como guinda de este párrafo, me retrotrae a los comentarios que leí en alguna ocasión del saxofonista Dave Brooks (esporádico participante en algunas grabaciones de Patto), sobre nuestro protagonista. "Ollie toca la guitarra como John Coltrane el saxo, como anticipándose en muchas de las notas que interpreta, dejándolas abiertas, sin culminar, para así lograr un sonido que nunca antes se había escuchado".

La década desde 1981 hasta la muerte de Ollie en 1992 es el tiempo entonces en que nuestro personaje vive y trabaja prácticamente en exclusiva en España, salvo breves y obligadas estancias en varios estudios londinenses o neoyorquinos para grabaciones puntualmente contratadas. Ollie vivé a cuerpo de rey en Deiá, aprovecha para ampliar su abanico artístico comenzando a pintar, la inspiración del ambiente mediterráneo le cambia el color de la piel a un bronceado permanente, también le altera eventualmente el carácter, de una persona suave en el escenario a un entrenador yugoslavo de baloncesto cuando se trata de gestionar sus participaciones en distintos proyectos locales. Seriedad en cualquier colaboración y transferencia de experiencia de los primeros 70 británicos hasta la península ibérica, porque Ollie recala en un país sediento de aprender. Viaja a Madrid ya a principios de la década de los 80. Ramoncin reclama el honor de haber sido el primer mesetario que llama al guitarrista para colaborar en sus albumes "Corta" (1982) y "Ramoncinco " (1984). Radio Futura se sirve de su presencia en "Veneno en la piel" cinco años más tarde. Entre esos finales años de los 80 grupos como Rey Lui, Corcobado y sus Chatarreros, Hombres G, Varsovia, cantantes como Antonio Flores o Tino Casal se benefician de sus proyectos conjuntos con Ollie. Se permite también hacer alguna tontería para el cine, "Sal Gorda"  (Fernando Trueba, 1983) y alguna canción suelta para programas de TVE.

El proyecto más emotivo para Ollie en aquella época fue su participación en CinemasPop, una mezcla de electrónica y pop glam que le permitió demostrar que seguía en plena forma como multi instrumentista. Gana suficiente dinero para permitirse dispendios de todo tipo. Sus parejas se suceden con tanta promiscuidad que, al igual que sus proveedores, no duran lo suficiente para conocerle bien. Y es que Ollie está maquinando algo. La pérdida de su última novia le lleva al límite de la típica depresión, de la que nunca fue causa suficiente el salir como se salió. Sus cenizas están enterradas en Deiá, ignoro si conjuntamente con las de su colega Kevin Ayers, lo que sí recuerdo es la existencia de un par de placas en el cementerio de la localidad. La de Ollie, obra del escultor Michael Kane, se cayó estrepitosamente al poco de instalarla y permanece tal y como quedó, con una gran grieta que la divide y afea. Poco después de su entierro, sus amigos ingleses y mallorquines celebran un concierto homenaje en el pueblo, en el ya famoso Café Sa Fonda. El amigo Ollie ya faena en un mar que no es el suyo de origen, el de Southport recuerden, aquella ciudad equivocada donde nació en 1949 (mojada por los fluidos del Merseyside)

Entre los clientes de la peluquería solo existe uno (y hoy no ha aparecido de momento) que conoce la clásica opinión de los muy seguidores del grupo Patto. No podremos entonces contrastar la opinión que sigue a continuación pero apuesto sin dudar por el "Hold Your Fire" (Vértigo, 1971) si queremos elegir al mejor Ollie guitarrista. Si por el contrario preferimos el Ollie pianista (su instrumento más importante, junto a la guitarra), "Roll ´em, Smoke ´em, Put Another Line Out" (Island, 1972) es la obra aconsejada. Muff Winwood (el hermano feo de Steve) así lo afirmaba entonces. El ex bajista de Spencer Davis Group produce ambos discos y ayuda a introducir a la banda en Island Records, no era para menos siendo entonces un alto ejecutivo del sello londinense. Muff les falla más tarde cuando impide la edición de su último trabajo "Monkey´s Bum" grabado en 1973. El final del rock progresivo es un hecho en esos años donde ya priman Roxy Music y el glam de Bolan y Bowie. Muff decide en consecuencia impedir la progresión natural de la banda, considerando que su estilo no tenía cabida en las nuevas modas musicales. Idiota.

Todos los temas incluidos en este "Roll ´ em, Smoke ´em, Put Another Line Out" son realmente un prodigio de sentimiento roquero y altísima técnica instrumental, incluso la canción que concluye con el disco, una vomitiva "Cap´n ´P´ and The Atto´s (Sea Biscuits parts 1 & 2)", tiene su guasa y razón de ser. Y es que la banda Patto refrendaba su derecho a la libertad compositiva con una boutade típicamente marítima y británica. La guitarra de Ollie en "Loud Green Sound" está considerada por una mayoría de entendidos del género como anticipo y base melódica a seguir en el próximo nacimiento del  punk. El piano introductorio en "Flat Footed Woman" ya sirve a Ollie para avisar a los oyentes de lo que les espera, un album donde los teclados van a prevalecer sobre la guitarra, una especie de revancha del autor ante su imagen mayoritaria de casi exclusivo instrumentista de las seis cuerdas en su querida Gibson SG Standard. También ocasión para afianzarse como partenaire imprescindible de un Mike Patto que compagina con Ollie la composición de la gran mayoría de los temas que forman parte del album. Canciones que hablan con ironía y humor malteado de las experiencias de un personaje real, protagonista de un ambiente que empieza a rechazar el tafetán hippie para cambiarlo por las brillantes lentejuelas del glam; y no a todos les ha servido la prometida libertad sexual de la época, tampoco a nosotros. En la edición española del sello Ariola la censura elimina "Mummy", un tema que nos habla de una madre ataviada exclusivamente con su ropa íntima, y esto aquí no se puede tolerar, faltaría más.

Bandas como Patto y Boxer giran entonces con cierto éxito por USA como teloneros de Joe Cocker y por toda Europa. Alvin Lee de Ten Years After confirmó en Suecia que no había visto una formación mejor en su vida y realiza algunas grabaciones de los conciertos en los que coinciden. Tanto en Tempest, siguiente apuesta de Ollie al salir de Patto, como en Boxer, el Peter John Ollie Halsall de Southport (la ciudad equivocada) está buscando ya una peluquería que no es la suya, la de toda la vida. El contrato con Kevin Ayers y su incorporación a la banda The Soporifics me permite verles en una actuación en directo en el Teatro Monumental de Madrid en la primavera de 1975. A Ollie ya se le empieza a caer el pelo (tenemos tratamiento de espuma cutánea contra la alopecia en nuestra peluquería...) y la forma de su cara se va paulatinamente tornando en un perfil mediterráneo, desnudo, redondo, casi ojival. Un británico tan amante del té y el criket que se quedó para siempre vivo y muerto entre nosotros. La carátula de su último disco en solitario, "Caves", es su postrera aportación conocida a la pintura y a la música.



29 jun. 2016

NOCHES DE INSOMNIO






GOG Y LAS HIENAS TELEPÁTICAS.                  "CHOKE / DROWN"
Reconozco que la nauseabunda relación que mantengo con la publicación Karate Press me pone del revés, esto es, hace que mis vómitos me lleguen a gustar, encuentro en ellos el simulacro de agonía inesperada que Jimi Hendrix o Keith Ellis debieron sentir antes de estirar la pata. Debo aclarar que esta sensación tiene procedencia por mi ánimo auto-destructivo, cuestión que afortunadamente va quedando disminuida conforme van pasando los años, uno ya no tiene las suficientes agallas para deambular por un camino que no conduce hacia ninguna parte. Además, cada vez me apetece menos llegar hasta un final incómodo mientras pueda seguir escuchando a Gog y Las Hienas Telepáticas, otra cosa será cuando decidan dar papela a la formación, a tanta desolación seguro me abocaría el desánimo y la frustración vital. Queda dicho.

Para mayor desasosiego, padezco desde hace mucho de insomnio y, con demasiada frecuencia, me levanto como un autómata a cualquier hora de la noche para enfundarme los cascos y escuchar lo que se ponga a tiro. En esta ocasión elegí su "Choke / Drown" (gracias a Luis Boullosa por su generosidad), disco grabado por la banda gallega (¿o no es gallega?) ignoro cuando y la verdad es que tampoco estoy tan necesitado de saberlo. Les aseguro que en la decisión de escuchar los temas del trabajo mencionado a esas horas aun tan oscuras, sin ningún estimulante que sirva al oyente para espolear sus insomnes neuronas, pesa casi en exclusiva la ya continua desesperación por negarme Morfeo sus añorados abrazos. Quisiera pensar que tal resolución sirviera para curar la ansiedad de un día completo de fallos, no he probado hoy los labios de ninguna admiradora, me ha sentado a sapos el café doble después de comer y, para ahondar en el descalabro motivador, siento recientemente unas ganas tremendas de coger la bomba y tal. Dados los antecedentes juzguen ustedes si merece la pena continuar con la lectura del texto.

Me resulta aterrador anotarlo pero conforme van pasando los años voy acercándome cada vez más a la necesidad de la violencia reivindicativa, me apremia el hecho de asomarme a un balcón cualquiera de la calle Mayor y cuando pase la pareja real mandarles un recado cargado de dinamita. ”Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas) / A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, y paso largas horas oyendo gemir el huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna” (Dámaso Alonso, "Insomnio”, “Hijos de la ira”). No sería justo alinear a Gog y Las Hienas Telepáticas con mis extravagancias fanáticas pero, debo confesarlo, el título (y el despiadado contenido) del poema y la escucha continuada de su mencionado "Choke / Drown", me han dado pie para sumergirme en los meandros de la noche. Parece que se acaban los años del pastoreo hippie de CSN&Y, o al menos deberían tener un reflejo más actualizado hacia la Madre Naturaleza y los rollos veganos, así que he llegado al convencimiento de que el rock´n´roll debe seguir haciendo daño, su armamento debe seguir cargado de futuro, luchar en primera fila y dar la razón al Gabriel Celaya del barrio de Prosperidad:Porque vivimos a golpes, porque si apenas nos dejan / decir que somos quienes somos / nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno / Estamos tocando el fondo” (“La poesía es un arma cargada de futuro”, “Cantos íberos”)

Y ya basta de reivindicaciones laborales por hoy. Vayamos al grano.

También, para paliar en cierta medida esas ansias destructivas, y darle de paso a la mancha arcoiris un tono más pitiminí, pienso que el rock debe seguir prodigando la vena del humor y del guaseo lírico. Y en ese campo confieso que los textos de Gog y Las Hienas Telepáticas en este “Choke / Drown” se las traen. Corre por sus líneas un inglés de rotundo acento español, empapado de una inflexión castellana que refuerza el significado de cada palabra, de cada frase. Es tan exacto en su pronunciación cañí que su inglés acaba sonando estupendamente, ni siquiera la fonética más puramente cockney podría llegar a tales niveles interpretativos . En algunos pasajes la corista vedette Mary Chuka pone orden ante tanta emigración incontrolada, y con ello acierta a debilitar en parte un rock tan machote. La carcajada al final del "The Servant" y la rotunda expresión del "joder", una vez culminado el "City of Knockout", no dejan de ser algunos de los momentos más inolvidables del album.


"I´m not , I´m not / I´m not your fucking servant, little idiot"...(The Servant”)




Siguen las nubes de estos últimos días de Junio (poco antes del concierto de Danny & The Champions of the World (¿quién no se puede consolar ante tal próximo evento?...) creyendo en sí mismas, en su previsto antídoto contra la futura sequía, tal galope de calor acumulado llevan en sus venas abiertas que hacen pensar que la batería de Noli “Rattlesnake” Torres es realmente el latido de su corazón sustituyendo a parte de la base rítmica. Existen resonancias en los acentos de algunos temas que recuerdan a The Cramps, también estruendos en los acordes de la guitarra de Joao Avalanche, y su no forzado ensamblaje con el bajo de Cowboy Iscariot, que propician el retorno de mi anima lupis a los primigenios conciertos de Rock Ola, cuando las bandas de entonces presentaban sus canciones con la hermosa ingenuidad de los novatos. Hay una certeza sentimental en cada una de las estrofas tal que hace que la primera impresión del disco sea excelente, nada desencojona, existe una concluyente uniformidad en el sonido que hará imposible ninguna atrocidad post-producción. Me gusta el sonido que crean de puerta de polígono industrial, retratado también en la imagen en la que aparecen los tres miembros de la banda anteriormente mencionados, y que en alguno de sus poemas se expresa en su más perfecta coherencia; "We live outside the city walls / Trying to hide but life will get us away" (“Moon of the Parking Lot”)


Los 11 temas que componen este “Choke / Drown no se limitan en ser exclusivas variaciones melódicas que conducen al oyente hacia territorios más o menos conocidos, el estilo de la banda quedaría bastante bien emplazado en el territorio de los chatarreros del ritmo, tan queridos en las tierras españolas. Y así mismo afirmo que también me agrada de la banda su campante tremendismo compositivo, su falta de experiencias nuevo- psicodélicas (tan de moda últimamente), su acople al ritmo del tractor Ebro más tradicional. Texto por texto, por ejemplo, "You´ve been destroying the town / With your friend, the Wonder Man", (“The ballad of James Flour and The Wonder Man”) claro significado melodramático; melodía por melodía, la base rítmica recoge en esa misma canción la nunca bien ponderada leyenda de nuestro rock de carajillos y aguardiente. Y tal que así llegan a su cima, después de muchas audiciones, las ideas que se consolidan entre los múltiples textos líricos tan bien expresados: "You never choose companions / Even when you´re blessed with a good dog or a son".(“The Hustler”). En este preciso momento me gustaría oler la gasolina de una estación de servicio, ubicada en carretera comarcal a ser posible.





Me espera una ciudad dormida, casi sin despertar de una resaca de exclusiva propiedad (y de futuros croissants viejos con mantequilla). El suelo de la estación de cercanías de Delicias refleja en sus andenes los cambios de guitarra de "The Line", (voy a escucharlo ahora una vez más). "Why don´t you hate me? / Why don´t you hate me? / I know the time has arrived to reveal the underbright”,  y existen menciones a volcanes y a flujos de espermas de lava que se asemejan al sonido de unas lavativas congestionadas que The Cramps, nueva mención a la banda americana, emplearon en antigua y plena juerga fronteriza. Los riffs de guitarra raspean el cielo incómodo de la derrota. Eso mismo pasa cuando "City of Knockout" irrumpe sin permiso en una estancia que aun huele a orines. “Where are we heading? / City of hicks and boors” Existe un rescoldo trasero de excelente melodía ritmica, puramente rocquera y de alto octanaje pop, bien engrasada, mientras escucho el "Fucking Desierto", "Senseless thoughts go everywhere"..., y es lo que pasa. La mínima expresión del sin sentido alcanza las mayores cotas del baile. Los paletos y los horteras presentan sus credenciales ante Felipe VI.



¡Que construcción!, ¡qué cemento de tan alta calidad!, ¡tan magnífica estructura no podría venir más que de la tierra de lírica trovadoresca pasada por la Turmix!. Se desparrama su esqueleto todo en los limpios acordes de "The Ballad of James Flour and The Wonder Man"!, el punteo del bajo abre surcos de cebada rubia y percebes. Macky Chuca se luce en unos  magníficos coros en "Hope´s Hero", su voz suena a desayuno del domingo, antes de una misa imposible. "I will end this pest with the sword from my chest". Repican las espadas de unas cruzadas que remiten a tiempos medievales, tan queridos por un Quevedo que presumía de comerse el primigenio pegamento de la Biblia de Gutenberg.






 Y sigue la inspiración lírica para recrearse en muchas de las líneas de este “Choke / Drown”. "He´s been seen in seven states / Bluffing and gambling in his way / And why not? / Why not / Why don´t you go and fuck your dog" , (“The Hustler”).   Aquí aparece el recuerdo del mejor Charles Bukowski. En "You can just kill me tonight & tomorrow you´ll find / and open grave / empty cans of beer and a fading silouette" ("Leaving Trains"), se nos muestra el anticipo de una maravillosa escena fílmica, semejante por potencia visual a aquella versión cinematográfica del  "A Sangre Fría" de Tennessee Williams, en la que uno de los protagonistas se aseaba en el lavabo de una estación de autobuses de la Greyhound Company. Su expresión de dolor, mientras buscaba la píldora curadora,  seguramente serviría de anticipo a textos como: "We live outside the city walls / Trying to hide but life will get us anyway" ("Moon of The Parking Lot").


Podríamos seguir así hasta que el nuevo día traicione con su terrible calor el fresco resplandor de esta madrugada, pero debemos finalizar. De hecho, al terminar de escribir estas líneas, han pasado ya algunas jornadas desde su inicio, pero Junio sigue despierto, aun no ha terminado el mes en que hace un mes que todos hicieron su primera comunión. El desenlace, si es que hubiera necesidad de terminar algo que no tiene final, no puede ser más intrincado. El insomnio funciona en su basura como un peligroso nutriente de sombras y dudas rocambolescas, cada vez más deformes en sus gráficos e imágenes. De hecho, el dibujo de la portada y contra-portada de este “Choke / Drown” (magnífica obra de Alba Fernández) no invita a conciliar el sueño, parece que persiguiera la continuidad de la pesadilla. Cuando les ocurra el transtorno del sueño, como a mí me acontece ahora, vuelvan hacia lo más oscuro de su ser y urgen en su angustia. Gog y Las Hienas Telepáticas les estarán esperando.











20 jun. 2016

DIVAGACIONES PREVIAS A "RAINY DAY IN JUNE"




I RUTA URBANA.               BARRIOS DE SALAMANCA, CENTRO Y MONCLOA
Hay una tensa discusión en el senado del cielo esta mañana y parece que afectara a las copas de los árboles que no cesan de moverse inquietas, también a los tejados urbanos que ven cómo ya no arden sus planchas de metal. En el asfalto los taxis se mueven a ritmo de cuarteto de cuerda, las nubes dibujan extraños huertos estampados que cambian cada minuto, y un aire frío para esta época de Junio barre confuso unas aceras que han debutado hace tan poco. Así es que, en un alarde de desprogramación climática, la atmósfera opta por tatarear a destiempo el "Rainy Day In June", todavía sin la convicción suficiente porque la tormenta caerá ya muy en la tarde (entonces, cuando la sombra del paseante se desliga de su cautiverio corporal). Toda la experiencia del peatón atento, en ese extraño momento que dura casi eternamente como un caramelo, se vuelve hermosamente templada y su mirada, más que andar por el pavimento, vuela entre las caderas de todas las mujeres, ahora bellísimas impulsoras de una libertad que se respira entre las esquinas, entre  las fachadas, entre aquellos balcones que nunca antes habían brillado tanto.


Y ese debate imprevisto hace que los colores de la ciudad se tornen más delicados, menos agresivos, una breve tapicería de alas parece que los hiciera invisibles a los ojos chillones de las bocinas. Así caen al suelo sin estrépito, ni siquiera chocan contra él porque un vapor los recoge antes de que se estrellen. Vuelven a subir al espacio que han ocupado momentos antes para solo encontrar una huella de tonos aun más desvanecida. Y de esa manera se mezclan en un retorno constante de muelles y de pinceles imaginarios. Lo que verdaderamente importa es contemplarnos cuando ya han desaparecido, haciendo posible que coincida en la retina del observador el último parpadeo de su vuelo.

Las fachadas de los edificios, de algunos de ellos, juegan el papel de vigilantes de una belleza que se torna furtiva. Sus balcones de hierro forjado (tan hermosos en muchas partes de Madrid) observan el nuevo ordenamiento impuesto por un día tan sorprendente como éste. No hay insultos entre los conductores, los peatones se ceden amablemente el paso a la entrada de los cafés, los motores de combustión han decidido que el nivel de emisión de dióxido de carbono sea hoy prácticamente inexistente. Una paz dulzona ha estallado en esta jornada de higos maduros. De los contenedores de las obras se eleva una polvareda blanca que aturde felizmente a todo aquel que se acerca a sus contornos, una inmediata sonrisa propicia que los agraciados enseñen encantados sus hilera de dientes, todos perfectamente alineados, todos blancos de un resplandor de cal pura.

Hay edificios de una exquisita aristocracia  que solamente  muestran hacia su contorno exterior, guardando para sí mismos celosos secretos de alcoba, también antiguas conspiraciones monárquicas (existen muchos de esos en Madrid). Otros, más populares, derraman por sus fachadas pasteles de crema antigua y, diferentes a estos dos modelos, los hay además que enseñan gran parte de su ropa blanca al espectador que camina por sus aceras. Un ajuar tejido por los nuevos gremios de la ciudad y que muestran en sus portales tiestos de flores, alineados en galerías de boscajes diminutos, pizarras anunciando menús veganos, bicicletas recicladas que compiten con los canes en su grado de mejor objeto amigo del hombre, tanto y tan variado servicio han encontrado para los habitantes de una ciudad que casi siempre las ha dado la espalda.

[Y desde dentro de algunos locales, a los que el paseante entra para refrescarse, el mundo de una pantalla de televisión muestra las violentas imágenes de los seguidores de los equipos de fútbol ruso e inglés, enfrentándose por una cerveza de menos o por un ridículo tatuaje de más. Asciende entonces a un patoso peldaño el hombre moderno y nos enseña su estúpida condición de un ser sin atributos, mientras nos exhibe nada menos que el aburrimiento de sus cien mil días sin vida]

En el último tramo de nuestro itinerario la ciudad, aun no recuperada de un inicio de Junio tan benévolo, se confunde con los comienzos de grandes avenidas que la evacúan hacia el extrarradio. En un instante de quietud el paseante observa el latido de sus calles finales, contempla cómo sigue moviéndose la gente, aunque en realidad cree que no lo hacen hacia ninguna dirección fija porque muchos desearían quedarse adormecidos por ese calor tan tibio. Y es que parece desprenderse de sus pensamientos un ansia de tregua, un no querer ir más allá, a poco que fuercen la vista ya les enseña el Parque del Oeste aquellas sombras que añoraban adolescentes. En apenas unas pocas horas, desde la cabecera oriental del barrio de Salamanca, pasando por el Centro más emprendedor, culmina el viaje en Moncloa, ya próximo el río, aun tan verde en sus meandros de la Puerta de Hierro. Mientras el autobús retorna al viajero a su domicilio de Majadahonda, Ray Davis inicia el estribillo: "A misty shadow spread its wings / and covered all the ground / and even though the sun was out / the rain came pouring down"

8 jun. 2016

RAREZAS X: VIAJE A LOS GRANDES LAGOS




GRANICUS                                 "GRANICUS"
Cuando la tarde se hace de papel de fumar me da por rememorar las palabras de mi abuelo materno, un tipo humanista cuyo paréntesis vital abarcó desde el Desastre del 98 hasta la victoria del neoliberalismo en la primera mitad de la década de los 80. El propósito de una de sus más celebradas sentencias, atemperada por el cuajo de un hombre que supo vivir mucho y bien, venía a instruirme en el sentido de que hiciese lo que hiciese lo hiciera siempre en exclusiva, nunca compartiendo algo que especialmente me gustara con otra cosa que quisiera hacer al mismo tiempo. Si lees un buen libro, me decía, no escuches música ajena entre sus páginas, deja que las propias palabras del texto lleven hacia tí la mejor melodía posible. Si te evades con un buen cuarteto de cuerda (el rock´n´roll nunca llegó a tener para él carta de naturaleza), evita que un sorbo de Rioja te embriague aun más. Si contemplas una pintura, haz que solo la vista sea protagonista de tu emoción, ni el tacto del lienzo, ni el posible olor del óleo deben tomar partido, solo la inundación de los colores merece entrar en tu retina.

Saco esto a colación porque me resulta muy difícil abstraerme mientras escribo esta entrada sobre el grupo americano Granicus, prototipo del mejor hard-rock de los primeros años 70 del pasado siglo. Una banda del mid-west que tuvo su sede en Cleveland (ciudad del Ohio limítrofe con el Lago Erie) y gozó de un primer momento de no-gloria entre 1969 y 1973. Incólumes vuelan sobre mi cabeza multitud de imágenes de estos días atrás, frases, lecturas, conversaciones, sabores y paisajes que seguramente tengan influencia en el texto que ahora sale a luz. Intentaré disculparme con el improbable lector si entre párrafo y párrafo no encontrara sentido a mis palabras, ... ¿o no?, mejor dejar que salga el sol por donde le venga en gana y asunto concluido.

Mientras escucho el primer corte de su homónimo Lp, publicado en 1973 por el sello RCA, "You´re In America", debería hablarles de una ciertísima conexión del estilo musical de Granicus y gente como Blue Cheer y Cactus, por ejemplo, también de Led Zeppelin. Pero, ya me perdonarán, prefiero comentarles un excelente plato que cociné en casa de mi madre hará un par de semanas, experiencia de cuyo resultado me enorgullezco profundamente. Pochar primero un par de cebollas, repetir después la misma operación con 4 ó 5 patatas peladas en láminas y un pimiento verde previamente troceado. Verter todo el contenido ya preparado en una sartén y, a medio fuego, cuando el chup-chup no llegue al nivel de la burbuja inmobiliaria, partir en cuatro mitades una pieza entera de queso camembert. Finalizamos dejando que se mezcle todo, ahora a fuego lento. El resultado es espectacular, tanto o más que el sonido de la guitarra de Wayne Anderson, uno de los virtuosos intérpretes de la banda,  y la voz de otro miembro (el que salpimienta el plato), el cantante Woody Leffel, auténtico fuera de serie que eleva su fraseo vocal hasta los mismos niveles de un Robert Plant.

Granicus fueron un grupo de hard-rock parcialmente politizado (no en el nivel del MC5 de John Sinclair), sus miembros movilizados (a su pesar) por la onda expansiva de una juventud americana urbana,  marginada y golpeada por la crisis económica (rampante en una ciudad como Cleveland, que veía como una parte importante de de su tejido industrial y manufacturero perdía gran peso durante una buena parte de la década de los 60), un racismo feroz  y la oposición a la guerra de Vietnam. Su visión de USA es la de un país maldito ("Wicked!, Wicked!, Wicked!", claman en el texto de su mencionado "You´re In America", ..."politicians and bankers sleep on silken sheets,...let me load my drop on you Americaaaaa!!"). Cleveland, una ciudad escenario de violentos altercados raciales en los mismos años en los que los miembros de la banda inician su formación musical. El guitarra Wayne Anderson (abandonado mucho antes por sus padres a los 3 años de edad), se esconde en un piso abandonado durante los disturbios sangrientos en el barrio de Glenville; su compañero Al Pinell, guitarra rítmica, es salvado a tiempo de perecer en las batallas callejeras que protagonizaban las bandas que controlaban el juego ilegal en la ciudad.

Granicus es el prototipo de la banda americana que se sirve del rock´n´roll como vía de redención para buena parte de sus miembros. Pero antes de seguir en esta línea, añadiendo a los problemas de Wayne Anderson y Al Pinell la breve mención de una juventud frustrante en la que se vio envuelto el cantante Woody Leffel (agobiado por el carácter dictatorial de un padre intransigente y una devotísima madre católica), o la catarsis curativa a una complicada operación de espalda que mantuvo a Joe Battaglia, batería del grupo, fuera de juego durante buena parte de su adolescencia, [el único que se libró de esa sordidez juvenil fue el bajo Dale Bedford], permítanme incluir en este texto el escueto párrafo de un poema de J.M.Caballero Bonald, su letanía me ha perseguido sin descanso durante estos últimos días: "¿Qué habría sido de mí sin esas donaciones consoladoras de tus ojos? /  ¿Cómo habría yo podido sustraerme a la evidencia de saber que he vivido / porque estaba mirándote?"

Y es que hay dos canciones en la primera cara del disco, "Bad Talk" en las que las palabras de nuestro poeta andaluz deberían servirnos como guía; contrapeso figurado en una frase como "...cause I´m hated by the tongue..." y que podría encontrar su justificación en el transcurso del párrafo final del tema "...we knew you when you sent us off to war. No more!". En la otra, "Twilight", una pieza instrumental con una maravillosa introducción de la guitarra acústica de Woody Lefell (y un no menos extraordinario arreglo de melotrón del mismo productor del disco Martin Last), la atmósfera conseguida por la banda se transforma en un verdadero poema armónico, tanta es la elevación que evoca, casi sin pretenderlo. Los mejores pasajes del "Lizard" de King Crimson ("Lady Of The Dancing Water") se esparcen entre sus acordes de seda dormida. El extenso corte de once minutos que cierra la cara A, "Prayer", sigue insinuando en su comienzo, también acústico, un dulce ambiente de torneo medieval para, según progresa la canción, introducir al oyente en una estructura melódica donde las aristas sangrantes de la voz de Woody (en su mejor momento en el disco) y el punteo y los riffs medidamente violentos en la guitarra de Wayne van ganando escalas dentro de una ascendente agonía rítmica.

El comienzo del primer corte de la cara B, "Cleveland, Ohio", desentierra de mi cámara fotográfica la piedra contemplada recientemente en el Pantano de Valmayor. Una extensa placa de granito cuarteado por unos riffs de Wayne Anderson, que para nada añorarían la fuerza y el estilo de otro guitarrista coetáneo como el Leslie West de Mountain, y que añaden mayor convicción, si cabe, a una voz de Woody que arremete sin piedad en su lírica contra una ciudad condenada a una crispada rutina . En "Nightmare" rescato la visión maligna de aquel tronco yacente sobre un tálamo rocoso, al igual que la palpitante voz de Woody denuncia con gritos de piedra la partida de sus hermanos con dirección a Vietnam. Análogo sentimiento de oración fúnebre posee la instrumentación de la canción, un lamento que sabe a epitafio. La idea de una Armageddon revisitada cobra visos de realidad, pero es aun un sueño de taller de chapa y pintura, la materialidad que invoca la obra de Granicus (grabada en 1973) no posee afortunadamente ninguno de los posteriores efectos especiales de la industria discográfica.


"When You´re Moving" se mueve como un quitanieves Sterling en los suburbios de Cleveland, un reguero de lubricante fluye viscoso desde el manguito del bajo de Dale Bedford hasta la pala articulada en la guitarra de Wayne. La batería de Joe Battaglia funciona como la cadena de un engranaje en perfecto servicio de post-venta, la voz de Woody, inexplicablemente, habla de folleteo..., "Plant my seeds in you baby / Plant my love in you baby"..., cuando el sonido sugiere claramente el bellísimo rugido de un motor Chrysler V8 sobrealimentado. Lo mismo ocurre en el tema final del disco, un prolongado "Paradise", donde Woody implora al Innombrable..., "...funky Ol´ Devil / you gotta go / you gotta rock mah soul!!"..., en un imparable ritmo sabiamente moderado en algunos pasajes. La banda está poseída por una ferocidad post-industrial típicamente americana, en algunos de los puentes las guitarras tienen un magnífico e inesperado crujido funky, el tono final del disco es el de una libélula armada de napalm.

Hay datos que hablan de la reunión posterior de Granicus después de su separación inicial ocurrida en 1973, poco tiempo después de la grabación de este magnífico trabajo homónimo. La decisión de reaparecer en 2009, en principio provocada con la intención de contrarrestar la edición pirata europea de su hasta entonces único disco (¿tan tarde?), les motiva para grabar un nuevo album, "Thieves, Liars And Traitors" en un sello independiente un año después. Esta nueva obra contenía temas compuestos en el año 1974  que permanecían encarpetados por alguno de los miembros originales de la banda. Además, para este mismo año 2016, Granicus ha anunciado la grabación de un nuevo disco. De lo que se da el oportuno aviso a todos los amantes del mejor american-high-energy-rock, puro y genuino octanaje abrasivo sin aditivos.