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10 nov. 2015

EL EXILIO INTERIOR




NIÑO DE ELCHE                                 "VOCES DEL EXTREMO"
...¿Cómo era?..., ¡ah!,... ahora caigo, es verdad, quería pensar (mientras estornudo violentamente) en aquella representación del jardín mojado por las últimas lluvias y que se tornaba en la imagen imposible de un exilio interior. Esa imagen que comienza con el final de la estación estival y entra, como un torrente de colores (también de olores), dentro del sistema neuronal más primitivo. De esa manera esa imagen idealizaba el cambio del césped tan húmedo en una alfombra arrocera, un diminuto Viet-Nam con sus perfiles de selvas imaginarias y el eco de un napalm casi ya olvidado. El tenue fulgor del sol de las 4 y media de la tarde convertía el horizonte de las montañas en una línea de diapositivas amarillas (casi violetas). Es otoño (salvo en el exilio interior). El Comandante Marcos hace tiempo que no es noticia. Las milpas de Yucatán han sido sustituidas por campos de golf y la ancestral sabiduría austral ha quedado adulterada por la violencia policial que denuncia Quentin Tarantino.


El exilio interior tiene mucho que ver con los asientos de los aviones. Siempre se encuentra atenazado en las zonas preferentes de las aeronaves, allí donde no existe poesía. Distinto sucede en la clase turística, apretadas las rodillas contra el respaldo del pasajero contrario. Codos y brazos que marcan una frontera fraternal de pagadores de impuestos. Allí es donde el hombre habla con la piel que roza la piel vecina. Y es en ese entorno de baquelita y forrados sintéticos donde se mueve el antídoto del exilio interior, aquella vida del personaje anónimo que intenta comprender lo que ve y lo que siente. El hombre que no quiere disimular su aburrimiento leyendo el periódico (ya más que sobado por innumerables dedos) y, en el mejor de los casos, hecha una cabezadita que eleva su mente más alto aun que el propio vuelo. El hombre que al final de su corto sueño desciende por las rompientes del alcohol acumulado y desea algún roce fugitivo.  Entonces, en esa magnífica nada tan repleta de momentos vivos, muere el exilio interior.


El Niño de Elche es la nana contra el exilio interior. Esa bufanda arrebujada que clama contra la injusticia de las lentejas frías. Ese rescoldo casi apagado que pervive en la lumbre de los pastores penibéticos, ya acabadas las últimas migas en el aprisco tan lejano. La voz que nunca derrama olvido frente al viento negro de los lobos. El Niño de Elche es la belleza del polígono industrial, aun mejor, la sublimación del cartonaje psicodélico, el espejo de los cubos de basura apilados en la esquina del puticlub. La carretera interminable del viajante de comercio. El dial de la radio que escupe infames proclamas políticas y comerciales. El escombro y el contenedor, los residuos del descampado apilados en basura incontrolada, imposible su ascenso para sherpas románticos. Contra todo ese entramado de desilusión y multitud de servilletas sucias de kleenex , y de arrugadas hojas de ofertas de supermercados, existe el Niño de Elche.

Y es ahora cuando ha llovido tanta ceniza, y parece que perviven por mucho tiempo los charcos sucios en las aceras, cuando la poesía y la música se convierten en espejos denunciadores de la gran crisis española. Y contra esa mugre impuesta por decreto-ley surge "Voces del Extremo", el último trabajo del poeta músico flamenco Francisco Contreras Molina (aka Niño de Elche). Un disco colectivo en el que participan poetas, músicos experimentales (con especial referencia fraterna al gran grupo sevillano Pony Bravo, cuyo miembro Daniel Alonso es coproductor de la obra), compositores, artistas muchos que hicieron del experimentalismo y de la contracultura una razón de supervivencia contra la costra de la razón de Estado.

"Este es un disco para los que asumen que nuestra tarea es politizar la vida pero no para movilizarnos en el reducto de la política sino para inventar formas y dispositivos que nos ayuden a habitarla plenamente con decencia y honradez..., encuentro gozoso de todo lo alternativo, subterráneo, marginal, disidente, incómodo y radical que unos pocos insumisos al mercado, a las instituciones y a la cultura espectáculo fueron capaces de construir para poder vivir y respirar dentro de un tiempo hostil frente al que decidieron quebrar las reglas sociales, rebelarse contra las normas establecidas, las convenciones y toda la racionalidad que cercan la vida en torno al conservadurismo y lo inmutable" Este texto de Antonio Orihuela (insertado en una de las carpetas del disco) contiene una buena parte del ideario del proyecto globalizador en el que el Niño de Elche viene trabajando desde hace ya tiempo.


Amparado por ese entorno de rebeldía social y denuncia política, el Niño de Elche se apoya en este "Voces del Extremo" en una mezcla de estructuras vocales y melódicas que, debo confesarlo, nunca antes había experimentado este oyente. La voz propia de un cantaor flamenco en su más pura delicadeza de colores y timbres perfumados, muchas veces asentada en repeticiones silábicas que otorgan un giro mágico a la estrofa cantada, otras dispensando a las propias consonantes del poema una entonación propia e independiente, resaltando así en su unicidad una profunda carga de emotividad rítmica. La estructura melódica, enmarcada dentro de ese guión de experimentalismo antes mencionado, corre por campos donde se mezclan estilos como el kraut de Faust, el minimalismo neoyorquino de Philipp Glass o de Laurie Anderson, la guaria costaricense renovada al gusto menos occidental y ecléctico. Sus colaboradores en la grabación, Raúl Cantizano (guitarra eléctrica y española), Darío del Moral (batería y bajo), Daniel Alonso (teclados), Fernando Junquera (guitarra) y Javier Mora (bajo) crean un ambiente a la vez de leve sacudida cadenciosa y arritmia explosiva. Gran trabajo de todos ellos como grupo de acompañamiento del Niño de Elche.

Es de justicia reseñar que este maravilloso trabajo "Voces del Extremo" es, ante todo,  un auténtico libro de poemas musicado. Sus diez temas recogen textos de poetas como Begoña Abad ("Estrategias de Distracción"), Antonio Orihuela ("Miénteme"), José Luis Checa ("Que os Follen"), Inma Luna ("Nadie"), Francisco Fenoy Rodríguez ("El Comunista"), Enrique Falcón ("Canción del Levantado/Notificaciones"), Bernardo Santos ("Mercados"), Jorge Riechmann ("Han sido Treinta Años"), Conrado Santamaría ("Canción del Corro Palestino") y Antidio Cabal ("Informe para Costa Rica"). Algunos de estos poetas, conocidos en los círculos como "poetas de la conciencia",  aparecen en la Antología titulada "En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis" (Bartleby Editores, 2014). Obra absolutamente necesitada de mucha mayor difusión en cuanto que, como una ola acometedora , puede y debe chocar y limpiar el chapapote incrustado en esta nuestra mezquina democracia.

"Voces del Extremo", primer acercamiento a la obra y al proyecto de el Niño de Elche. Ese exilio interior del que al principio hablaba y que necesita salir a la superficie de la tierra, para que lo vea el que lo posee y vea también como otros lo ven y algunos muchos lo repudian. Exilio interior tantas veces lleno de vergüenza, de rabia tantas veces disimulada, de impotencia admitida ante la injusticia legalizada, un día si y otro. "Voces del Extremo" es antídoto contra el abandono y la sumisión del "no poder hacer nada", veneno contra la cultura exclusiva de las grandes bodas monárquicas. Asistí al concierto presentación de "Voces del Extremo" recientemente (Sala El Sol, Madrid 8 de octubre pasado) y salí del evento seguramente más buena persona, más indignado también. Otra vez convencido que la lucha contra el exilio interior es el único orgullo de hombres que nos queda.



2 comentarios:

  1. Después de leerte me he ido al youtube para escuchar algo. Mercados me ha parecido peculiar, interesante, lo escucharé más. Un abrazo.

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  2. A mi este tío me tiene totalmente obnubilado. No paro de escucharle y cada vez su propuesta me parece más interesante. El verlo en vivo gana mucho.
    Gracias y abrazos,
    Javier.

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