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22 dic. 2013

TENGO UN DISCO EN LAS MANOS...




ELVIS COSTELLO AND THE ROOTS         "WISE UP GHOST AND OTHER SONGS 2013"
Hace muchos años, tantos que una memoria caprichosa (como la mía) se niega a recordar con precisión, en uno de los primeros programas culturales de TVE, aparecía un hombre ya tan entrado en años que parecía académico y, sosteniendo un libro, comenzaba su disertación con una frase sugestiva y premonitoria: "Tengo un libro en las manos..." y, a continuación, mencionaba el título y nombraba al autor del mismo Su voz grave quedaba acentuada por una presencia que irradiaba un convencimiento misterioso, una orden de paralización parecía salir de la caja y obligaba a grandes y chicos, en aquellos primeros años todos veían la televisión, a dejar de lado cualquier actividad que estuvieran en ese momento realizando y, como si sufrieran una suerte de hipnotismo doméstico, concentrarse exclusivamente en el mensaje que iba a impartir el protagonista mencionado.

Hoy "tengo un disco en las manos". Su título "Wise Up Ghost And Other Songs 2013"" y sus son autores Elvis Costello and The Roots y quisiera transmitir toda esa sensación de clasicismo, de empaque antiguo, de madera de caoba pulida con el paso del tiempo. Estamos, señores y señoras, permitanme que ante la gravedad del momento adopte un tono de levita y reloj de cadena, ante una de las obras cumbres desde luego del artista londinense, no me atrevería a decir lo mismo del combo de Filadelfia ya que desconozco su trayectoria anterior. Su misma presencia, esa elegante y escueta portada en blanco y negro (a semejanza quizás de las célebres Deutsche Grammophon), su enigmático "Number One" en el borde inferior derecho, y el logotipo del prestigioso sello Blue Note en el mismo extremo superior; la amplia foto del interior según se abre el album, juego de blancos, negros y grises brillantes donde aparecen retratados Elvis y ¿UESTLOVE, las fundas con los créditos y textos de las composiciones (siente uno un frío nacarado al pasar sus dedos por ellas), todo irradia una fuerte sensación de seriedad gótica, de quietud de gabinete científico, de tiempo entre calendarios ya muy amarillentos, no por ello olvidados.

Pero, sorpresa, frente a esa cuidada imagen de obra clásica nos encontramos, ya entrando en la propuesta musical de los artistas, con un material para nada convencional. Un cuadro formado por un marco de perfiles cambiantes, ritmos basados muchas veces en medios-tiempos funk con golpes repetitivos de batería (eje rítmico) y bajo (refuerzo), secciones de viento que encumbran constantemente tonos a veces sombríos, otros más explosivos, guitarras comedidas en un cauce manso, sus punteos en muchas ocasiones brillando con luz cegadora, coros mágicos (para voces femeninas también mágicas) Arreglos orquestales de prodigiosa riqueza instrumental en la sección de cuerdas, "samplers" entremezclados (de canciones anteriores de Costello), atmósferas de un "neo-soul" urbano (¡cuanto de Prince y de Gil Scott-Heron se escucha entre sus surcos!) con ecos de un hip-hop inteligente, tamizado, hiper coloreado más bien,  por una conjunción instantánea de sonidos expandidos en todas direcciones, su posible control solo queda al alcance del oyente poco escrupuloso, por bravo y bizarro.

Frente a este esqueleto musical que sostiene la apuesta de Costello y ¿UESTLOVE, el artista londinense ha construido, como solo él sabe hacerlo, un corpus lírico de gran riqueza temática. Centrado sobre motivos de patente actualidad, sus textos recogen la angustia, la rabia (también el vacío ocasionado) de una sociedad condenada por una crisis política y económica de la que no fue culpable y ve, resignada las más, combativa otras veces, como las soluciones posibles desaparecen con el paso del tiempo. Hay una suerte de "What´s Going On" o de "There´s A Riot Goin´ On" revisitados, el recuerdo del "Shipbuilding" planea como un nuevo llamamiento a las conciencias, ahora mismo tan adormecidas, tan sosegadas por un incipiente consumismo. Marvin Gaye, Sly Stone y Robert Wyatt son también protagonistas de este disco, sus mensajes se leen nítidamente en los textos de Elvis Costello; un Costello que sigue siendo un auténtico paradigma en el alcance y significado de sus versos, a tal nivel llega su profundidad creativa, su capacidad vocalizadora elevándose en los momentos de mayor tensión, o temblando titubeante en las ocasiones en las que la vulnerabilidad de la historia lo requiere (también, cuanto del mejor Bill Whiters o Al Green hay aquí).

Si, vuelvo a la etiqueta del besamanos, señoras mías (ellos seguro habrán vuelto al calor del casino) este trabajo de Elvis Costello and The Roots ofrece una maravillosa ambigüedad entre la envoltura de su corpiño de ballenas metálicas y lo más "cool" de los diseños de Stella McCartney, una bellísima imposibilidad entre un coche de postas y un Maserati Ghibli Sedan, un cruce de afgano y fox terrier en el desierto de Gobi, algo que solo la mente del más avezado a dejarse sorprender pudiera apreciar. A todos aquellos aficionados al Costello colaborador con Bill Frisell, The Brodsky Quartet o The Metropole Orkest, éste "Wise Up Ghost And Others Songs 2013" les sonará a música celestial, la apuesta de un artista que, ya alzado a la cima de la consagración desde hace mucho tiempo, aun se atreve a proponer a la audiencia una lectura arriesgada pero de portentoso valor compositivo.


No dejemos exclusivamente el mérito de este trabajo al londinense. La imbricación de Ahmir ¿UESTLOVE Thompson, líder de la banda "philly" The Roots, es a todas luces un punto fundamental en la cohesión de ideas y  resultados que transmite este disco. Su ligamen con Costello, que de hecho se retrotrae hasta el año 2009 y a distintas participaciones conjuntas en el programa televisivo de Jimmy Fallon en los siguientes años, se refuerza cuando ambos artistas deciden embarcarse en una grabación conjunta, fruto de sus intereses compartidos por ahondar y experimentar en estilos inicialmente alejados de sus premisas más conocidas. The Roots, consagrados ya en territorios donde el sonido urbano se actualiza con elementos de hip-hop alternativo, jazz-rap, R&B y "neo-soul" orquestal  (muy patente en la sección de vientos), entran en contacto inicialmente con Diana Krall (actual mujer de Costello) cuando uno de sus músicos itinerantes participa en una de las grabaciones de la cantante de jazz. El trabajo que los de Filadelfia realizan con D´Angelo en 2009 ("Voodoo") llama la atención de un Costello que, ya entonces, manifestaba su predilección por el grupo y su, entonces incipiente, idea de una futura colaboración. Desde entonces hasta Enero de 2013, en que se anuncia oficialmente su intención de grabar un disco conjuntamente, el paso del tiempo y las ocasiones de en que ambos coincidieron no hicieron sino recalcar su admiración mutua.

Como suele ser costumbre de esta casa, donde la educación siempre ha primado sobre el olvido, no dejaré escapar la ocasión para refrendar mi admiración por los músicos (algunos) que participan en este trabajo. En primer lugar,. Steven Mandel, el tercer eje sobre el que gravita el proyecto, compositor conjunto con Elvis y ¿UESTLOVE de muchos de los temas. "Captain Kirk" Douglas en la guitarra, otro de los miembros fijos de The Roots. Pino Palladino (algún día habrá que hablar de este hombre) y Mark Kelley al bajo. Ray Angry a los teclados (en la sección de agradecimientos le llaman "The Billy Preston of our Beatles"). Una maravillosa La Marisoul, líder del grupo angelino La Santa Cecilia. Frank Knuckles a la percusión y Matt Cappy y Korey Riker en una prodigiosa sección de vientos. Por último, Brent Fischer como director e ingeniero de los arreglos orquestales, tan importantes en muchas partes del album.

Terminada la presentación del libro, nuestro protagonista televisivo se despedía de la audiencia no sin antes convocarles a una futura aparición semanal. Símil de su ejemplo, me dispongo a recoger los vinilos (es disco doble en este formato), guardarlos en sus fundas correspondientes y admirarlo una vez más. No será la última. Elvis Costello y The Roots, el mérito y éxito de su trabajo es conjunto, me han deparado uno de los mejores momentos musicales de este año, próximo a finalizar..., y a refrendar la opinión siempre sabia de que quien no arriesga, no avanza, no triunfa.





17 dic. 2013

COMUNIÓN EN ORANGE COUNTY



THE NITTY GRITTY DIRT BAND              "RICOCHET"
Esta entrada está dedicada a las miradas nada furtivas, aquellas que sin ser de soslayo dirigimos con valentía (descaradas en el tiempo) a ciertas personas que ejercen una labor o acción que reclama nuestra atención instantánea, no importa que la atracción sea motivo refulgente o un simple espejo banal. Casi siempre ocurriendo en calles o en medios de transporte público, u otros lugares de concentración masiva, donde nuestra observación puede pasar más desapercibida o, caso de ser capturada por el sujeto observado, ese cruce de miradas pueda dar lugar a una maravillosa sensación de íntima captura (a veces también de enojoso rechazo). No se consideren invitados en absoluto aquellos personajes anónimos (cada vez más numerosos) que viven en su propio mundo virtual, enfrascados en la visión de sus aparatos telefónicos, ajenas al rico devenir de los gestos de su prójimo, alejados por propia decisión de contemplarse en otras miradas, privados del personaje anónimo que pueda ser sombra de nuestra pequeña historia cotidiana.

Viene a colación esta pequeña introducción al hablar hoy de una banda que ejerció en sus muy primeros años (además de su propia y fructífera profesión musical),  una cierta y exitosa panoplia callejera (en su caso, reflejada en sus conciertos y actuaciones públicas) y que liga muy adecuadamente con la idea expresada anteriormente, el saber ver a los demás para verse a sí mismo, contemplar sus reacciones para reflejarnos en las mismas, vivir vidas propias en existencias ajenas, riqueza al alcance de las manos que quieran cogerla.

Si, The Nitty Gritty Dirt Band fueron una banda arquetípica de la primera hornada de "jug bands" americanas en los inicios de la segunda década de los sesenta. The Charlatans y los muy primeros Grateful Dead en la costa oeste, The Lovin´ Spoonful en la costa oriental, por citar a los quizás más conocidos. "Jug bands" como sinónimo de agrupaciones que utilizaban el humor como vehículo de acercamiento a la audiencia, sus vestimentas reflejando un escenario casi circense, una representación cómica que provocaba una inmediata simpatía, nada de cerrar los ojos en ensoñación psicodélica (ese gesto vendría poco tiempo más tarde), llanamente miradas contra miradas, unos con otros en una superficie de celebración de la vida.

No eran solamente esas armas escénicas las usadas por las "jug bands", también los instrumentos musicales empleados tenían mucho que ver con su propia idiosincracia. Muchos de ellos creados manualmente (fuera de lo que se pudiera considerarse como pura artesanía de fabricantes más o menos reconocidos), o producto de la adaptación de otros objetos de distinto uso a una labor de sucedáneo instrumental. La jarra de ancha base de porcelana de whiskey americano ("jug"), como uno de los objetos más característicos, apoyada en el ángulo del codo del brazo, sujeta su asa por el dedo pulgar y brevemente alzada hasta los confines de los labios (sin llegar a tocarlos), desde donde se soplaba, era el instrumento más representativo (además de darle nombre) de este tipo de bandas.

The Nitty Gritty Dirt Band están incursos en esa inicial escena californiana de la segunda mitad de los sesenta (la banda se forma en Orange County, sur de Los Ángeles en 1965) que alarga el folk hasta territorios cercanos a una pre-psicodelia más acústica y coral que electrificada; una costa oeste que amalgama los sonidos pop de la "british invasion" con las raíces folklóricas de los Appalaches americanos (llevadas allí por los "okies" de "la gran tormenta de arena"), el blues de raíces y las últimas enseñanzas del "ragtime" y del "bebop", envolviendo su propuesta en una especie de banda espectáculo, dentro de esas características de representación que hemos comentado anteriormente, sostenidas por una audiencia que asiste a los conciertos tanto para escuchar música como para ver "happenings", los reclamos del absolutismo liberador del reino "hippie" están ya muy cercanos.

Y en ese escenario , los originarios y más conocidos creadores de la banda, Jeff Hanna, Jimmy Fadden y John McEuen (que sustituye a un imberbe Jackson Browne, por pocos meses en 1966 miembro oficial del grupo, y compositor de varios temas en grabaciones posteriores), junto a Ralphy Barr, Les Thompson y Bruce Kunkel, graban en el año 1967 dos discos que encajan perfectamente en ese ambiente. El primero homónimo y el segundo, objeto de nuestra entrada de hoy, que responde al nombre de "Ricochet". Si el primero tuvo cierto éxito, el segundo fue un fracaso comercial en toda regla. Tanto que Bruce Kunkel, uno de los miembros fundadores y creador junto a Jeff Hanna de The Illegitimate Jug Band , uno de los grupos precursores de NGDB, decide salir de la banda disconforme con la idea de seguir practicando el mismo estilo musical.

"Ricochet" se explaya, en apenas menos de media hora, en una suerte de elevado juego vocal e instrumental que, para nada,  tiene que ver con un ejercicio electrificado al uso. Guitarras acústicas, mandolinas, banjos, sección de cuerdas,  armónicas, clarinetes, kazoos y el empleo del "jug-player", siempre utilizado como soporte de la base rítmica, marcan la pauta instrumental, nada de percusión (de hecho la edición original carece de batería, aunque fue incluida en posteriores grabaciones digitalizadas). Y en el apartado vocal, 5 de los 6 miembros del grupo participan activamente en la grabación, otorgando a la misma una atmósfera de experiencia comunal, de "performance" colectiva (volvemos a la idea original de la entrada) que hace que el conjunto del disco funcione como un todo, sus temas sucediéndose en una especie de representación teatral. Los personajes se miran (nos miramos) celebrando la oportunidad de estar juntos, vivos, una fiesta en definitiva.

A partir de este su segundo álbum, "Ricochet", la historia de la banda cambia radicalmente y comenzará, ya en 1968, una andadura que les alineará mucho más claramente en el estilo "country-rock". Pero es esa otra historia que, quizás en otro momento, merezca la pena ser contada. Si cabe ahora la mención de este "Ricochet", además de por su intrínseca calidad musical, es porque, junto a su primer trabajo homónimo, supone una de las grabaciones clave en un estilo musical genuinamente americano, el de las modernas "jug band" (el último eslabón sería el de The 13th Floor Elevators, magnífica "jug-band" electrificada), no ajena a los estilos más clásicos (folk, blues,  jazz...), y que viene a confirmar la riqueza de una escena geográfica, la de la costa oeste californiana, donde la mezcla de distintas influencias musicales, nacionales y foráneas, es aceptada, asimilada y expuesta como una nueva corriente del sentimiento popular. Ese que acoge sin reparos al vecino y cruza con él su mirada.




13 dic. 2013

DESDE FLORIDA CON AMOR





JJ GREY & MOFRO                  "GEORGIA WARHORSE"
Pasear..., ¿hacer camino sobre un pavimento que no marcará tus huellas? o, mejor aun, ¿hacerlo sobre la tierra helada de la mañana, muy humedecida por un rocío que se resiste a desaparecer, y comprobar, echando la vista atrás, como las grietas de la suela han quedado indeleblemente marcadas en una pequeña porción del campo? No cabe duda cual de estas opciones es la mejor, la que posibilita en mejor medida que nuestro paso tenga una historia que contar, la que abre más amplia las puertas a un aire nuevo, corriendo ágil ya las cortinas de una mente que aun pelea contra los fantasmas de la noche. Ese ejercicio tan de mañana, un inmenso bosque a la puerta de mi casa, es el que me he propuesto hacer todos los días, vale ya el retozar en la cama hasta la hora décima, aunque sea acompañado de los mejores libros, antes de la ducha.


¿Por qué me vendrán a la cabeza estos pensamientos ahora?, y ¿qué tendrán que ver con lo que de verdad importa aquí, la reseña del primer disco que escucho (y tanto valoro) de John "JJ" Grey y su banda Mofro, "Georgia Warhorse"? Fácil. El artista originario de Jacksonville (Florida) es un auténtico enamorado del medio rural en el que nació, relator de las excelencias de la vida al aire libre, también señala con denuedo las consecuencias nefastas de una industrialización, de un progreso falsamente entendido y del daño causado, por ello, al medio ambiente y a la población de su entorno. Y si éste nuestro artista de hoy es un verdadero campeón de estas causas tan simpáticas, aunque lejos de ser un activista político en estas cuestiones,  ¿por que no yo le iba a manifestar mi apoyo, aunque solo fuera en una tan minúscula parcela de influencia, como la mía? Pues ahí queda.

Como todos los grandes artistas, el comienzo de "JJ" (el otro, recordarán, se nos fue tristemente este año) no fue fácil. Se inicia a principios de los 90 cuando hace amistad con un tal Daryl Hance, compañero de trabajo en una compañía de climatización (buen negocio en Florida...), y también como él un apasionado de la música sureña en todas sus acepciones, blues, soul, funk y rock. El nombre que le dan a la banda, Mofro Magic, pretende transmitir a la audiencia el tipo de música que practican, mezcla inteligente y apasionada de los estilos anteriormente mencionados. A pesar de alcanzar al poco tiempo cierta notoriedad en las escenas musicales de Florida, y sus estados limítrofes, no logran llamar la suficiente atención de ningún sello discográfico. Parece que la suerte les sonríe, ya estamos en 1994, y un sello londinense les reclama para hacer una serie de grabaciones, seguido de una posible edición de un album, en la capital británica. Al final la experiencia no culmina con éxito y nuestros dos jóvenes protagonistas vuelven a su Jacksonville natal.

Ajenos al desaliento, ya con un estilo musical más que consolidado, y con una banda estable (aunque los miembros de la misma siempre tuvieron la consideración de itinerantes, tantos entraron y salieron...), "JJ" y Daryl siguen girando sin interrupción y grabando sus maquetas a la espera de una nueva oportunidad. Y esta llega desde un sello de San Francisco, Fog City Records, de la mano de un "hombre de música" (como diría nuestro querido Juan de Pablos), productor, ingeniero, mezclador, "manager" y buscador de talentos, Dan Prothero, desde entonces fiel amigo y socio de nuestro héroe. Estamos en 2001 y, con ese sello, la banda graba dos álbumes. "Blackwater" ese mismo año y "Lochloosa" en 2004. Dos años más tardes, la suerte ya parece ir de cara, "JJ" y Daryl consiguen un nuevo contrato con el prestigioso Alligator Records. Aparecen seguidamente sus trabajos "Country Ghetto" (2006), "Orange Blossoms" (2008), éste nuestro "Georgia Warhorse" en 2010 y el último, de este mismo año 2013, "This River". Entre medio de sus últimos discos (en 2011) publican el que, de momento, es su única grabación en directo (contiene igualmente una película de la banda), el "Brighter Days". 

Es ésta segunda etapa del grupo, la de Alligator, la que les ha otorgado cierta y merecida fama y reconocimiento en Estados Unidos y a nivel internacional. Sus giras son constantes (en este año que culmina, con un total de 125 días subidos a los escenarios americanos y europeos), abren para artistas de gran calado (Jeff Beck o Ben Harper) y participan con cierta asiduidad en eventos musicales de prestigio (Bonnaroo, The Austin City Limits y The New Orleans Jazz and Heritage Festival). En el ínterim Daryl Hance, ese primer compañero de "JJ", sale del grupo e inicia una carrera en solitario y es sustituido por un nuevo guitarrista de importante progresión, Andrew Trube.

Este "Georgia Warhorse" (cuyo título supone un nuevo guiño medioambiental de "JJ", homenaje a una especie de saltamontes autóctono de su Florida natal) nos envuelve en un sonido que bebe de las varias influencias estilísticas anteriormente señaladas, además refrendadas por la influencia de artistas y grupos de los que "JJ" se siente admirador y deudor reconocido. Otis Redding, Lynyrd Skynyrd, Dr. John, Tony Joe White, Jerry Reed, Stevie Ray Vaughan, Muddy Waters, Bill Whiters, un elenco de auténtica clase y virtuosismo. Temas como "Diya Dayo", una atmósfera funky-boogie, juguetona y caprichosa, que nos recuerda a Sly Stone, o las baladas "King Hummingbird" y "The Sweetest Thing", en ésta última a la voz el gran intérprete Toots Hibbert (Toots and The Maytals), en un tono soul puramente "reddingniano", con una gran sección de viento a lo Muscle Shoals. "All", pieza de mezcla soul y funk también, con un piano Rhodes de gran poderío. "Georgia Warhorse", un blues arenoso donde hay sombras claras de Allman Brothers ( y de Howlin´ Wolf en la voz de "JJ").

Temas sensuales y carboníferos, "Slow, Hot & Sweaty" y "The Hottest Spot In Hell", blues-rock más en la onda Memphis, o "Lullaby", soul que va progresando hacia un blues de medio tiempo, aquí con la colaboración a la "slide-guitar" de nuestro recién amigo Derek Trucks. "Gotta Know", un piano sosteniendo exclusivamente la mejor voz posible de "JJ", tan quebrada como la del mejor Joe Cocker, alegría trotona del mejor rock sureño en "Hide &Seek", otro soul susurrante del más emocionante Whiters en "Beautiful World". Todo ello compuesto y arreglado por nuestro protagonista; pasión, convencimiento, mensaje directo a los órganos decisores de una audiencia que, al poco de introducirse en el disco, debería caer rendida por su encanto. Grabado en los pequeños estudios Retrophonics de Jim De Vito en Saint Augustine (Florida), el mismo lugar que emplea "JJ" desde su etapa Alligator. Toda una confesión (que recogen los créditos del disco) de amor y querencia por un local que se distingue por trabajar con un equipamiento de grabación clásico y de cierta antigüedad, característica que otorga también al disco un cálido y hogareño sonido y ambiente.


Gracias a los comentarios de distintos amigos blogueros he conocido a "JJ" Grey & Mofro en este año. Su incursión en mi mundo musical ha tenido la importancia que siempre otorgamos a lo honesto, a aquellas propuestas de artistas o bandas que, sin ser cabeceras de medios o tabloides al uso, nos ofrecen sinceridad, entrega y un buen hacer sencillo y, al mismo tiempo, cautivador. De ahora en adelante, me prometo,  no dejaré de ser seguidor suyo.





10 dic. 2013

MEDALLA DE ORO EN DICIEMBRE




TEDESCHI TRUCKS BAND                  "MADE UP MIND"
Me gustan mucho los primeros días de Diciembre, mi mes favorito del año sin duda. Esos días fríos (o muy fríos), antes del mediodía el sol en lo alto del cielo, totalmente despejado en un azul de celofán virgen, venciendo paulatinamente la sobrecogedora helada de la noche anterior. Sus rayos desplegando haces de calor dorado, se trasladan a lo largo de la jornada hasta muy el final de la sobremesa, bendiciendo a todos aquellos que se exponen a esa bondad planetaria, repetida, eterna en tan limitado espacio de tiempo. Los prefiero, ¡cómo no!, a esos días grises, que amanecen como si ya nacieran cansados, sin más esencia que lo grisáceo de su espejo, empañado por un vaho de algodón sucio, a punto de romperse en mil diminutos charcos de pelusa. Y, si se prolongara esa suerte climática, esos maravillosos días fríos y soleados de Diciembre, nunca iguales, bien me sirven para revitalizar mi organismo, vitaminar mis neuronas y (auto)convencerme de la necesidad siempre viva de un nuevo comienzo, de un nuevo ciclo.

Este nuevo comienzo, ese tan oportuno empezar de nuevo, es la línea argumental que me sirve para comentar mis impresiones sobre un grupo novel también, por lo menos en su andadura con tal denominación, si bien sus antecedentes se remontan a los muy últimos años 90, la Tedeschi Trucks Band. Fusión musical de las bandas de Susan Tedeschi (The Susan Tedeschi Band) y de Derek Trucks (The Dereck Trucks Band), encarnación que también se produce entre Susan y Derek, como mujer y marido, tan lejos decidieron llegar los principales protagonistas de esta breve entrada.

Y novedad patente éste grupo (o, más bien, proyecto músico-familiar) ya que apenas cuentan con tres trabajos, el primero publicado hace apenas dos años y medio ("Revelator", Junio de 2011), éste álbum que comentamos hoy, "Made Up Mind", el último publicado en Agosto de éste año 2013. Novedad por el escaso tiempo de vida de la banda y, quizás lo más importante, porque también suponen, y plantean como propuesta propia, una reivindicación de la mejor música americana del siglo pasado, soul, blues, funk, gospel, también jazz, las verdaderas raíces y estilos que han alimentado el flujo constante de inspiración de innumerables grupos de antaño y de ahora. Es, en definitiva, esa brevedad temporal desde su aparición en la escena musical, y la nueva lectura que hacen del legado de sus mayores (testigo que recogen en sus manos), lo que hace que su aun corta existencia posea ya esa aureola necesaria para ser considerados como uno de los nuevos grupos a tener en cuenta.

Hablábamos antes de novedad y también de raíces, antecedentes en este caso de las formaciones originales que dan lugar al nacimiento de la Tedeschi Trucks Band. La banda originaria de Susan (natural ella de Boston) formada en el año 1997. Perteneciente a una nueva generación  de blues urbano que se remonta a la última década del siglo pasado. Sus influencias más patentes Janis Joplin y Bonnie Raitt, voz y guitarra, ambos instrumentos dominados sin rubor alguno por la dama. Él, Derek (natural de Jacksonville, Florida), sobrino del gran Butch Trucks, uno de los baterías de la mítica Allman Brothers Band, se puede considerar como un guitarrista superdotado. Acostumbrado desde muy temprana edad a tratar personalmente, además de los miembros de la banda de Georgia, a estrellas como Bob Dylan, Stephen Stills, Buddy Guy o Joe Walsh, forma también su propia banda en 1998. Ambos, una vez unidos sus destinos, deciden formar inicialmente un grupo, el Soul Stew Revival, que se dedica a girar por toda la nación norteamericana interpretando, básicamente, "covers"  de soul, blues, funk y gospel, además de material originalmente compuesto por ellos mismos o, nunca se desechan buenas aportaciones foráneas, por otros invitados que comentaré al final de la entrada.

De la Soul Stew Revival inicial a la Tedeschi Trucks Band solo hay un paso, dado en 2010. Previa decisión de montar en su propio hogar un estudio de grabación, las ideas del matrimonio más que claras a la hora de controlar en lo posible todo el proceso de creación, financiación, "merchandising" y montaje del negocio familiar; también la de mantener la formación como una "rock´n´roll big band" (al mejor estilo de un Count Basie o de un Joe Cocker´s Mad Dogs & Englishmen, ¡cáspita!, que no me olvide mencionar a la misma y sagrada Allman Brothers Band) con sus 11 miembros originales, sección de viento, teclados, dos baterías y hasta cuatro bajistas, alternándose en función de las grabaciones y giras contratadas. 

El foco principal de la Tedeschi Trucks Band, y de éste "Made Up Mind" por lo tanto, gira alrededor de la voz de Susan y la "slide-guitar" de Derek. La primera, portentosa. Hacía mucho tiempo que no oía una voz con tanta personalidad. Agresiva, sin necesidad del grito de guerra, melódica cuando es necesario, arrastrada, sin perder en ningún momento su entonación clara y diáfana, susurrante desde los carraspeos iniciales gospel hasta sus vibrantes tonos altos, sensible y sensual en los bajos de atmósfera "jazzy a lo Joni Mitchell", alargada, febril, mágica (me recuerda mucho a nuestra mejor Luz Casal, también a las divinas Carole King y Bonnie Bramlett), pura delicia. Él, una auténtica apisonadora instrumental. En cada tema del disco su tono ideal. Concreción estilística, extensiones controladas, nada de "fuzz" distorsionado, vuelos y aterrizajes de "manual Grammy o Hall Of Fame", perfectos pero con verdadera alma de virtuoso, con contenido agreste y poético a la vez, sonidos incalculables en sus ecos rock, soul, funk profundo, apuntes a veces de jazz elegante con apenas tres acordes. ¡Qué pareja señores!


Desde el inicio de este "Made Up Mind", con su "boogie" trotón de mismo título (reseñamos exclusivamente algunos títulos para no cansar al lector), pasando por esa profunda sombra "slystoniana" de "Misunderstood", las primerizas atmósferas mágicas de Motown en "Part Of Me", con una segunda parte espléndida en su sección de vientos marca "Stax-Hayes" y también "Canterbury" (¡qué flauta!), las baladas empapadas de la mejor maquila blues-rock-funky instrumental de "It´s So Heavy", "Sweet And Low", "Whiskey Legs" y "The Storm", la guitarra de Derek adentrándose en un emocionante "space-country-rock" genuinamente americano en "All That I Need", el susurrante final acústico, "elevada mínima expresión máxima" con Susan y Derek sin la banda, a solas,  en "Calling Out To You", el disco no tiene desperdicio alguno, ningún tema de relleno, nada que sobre, está todo él lleno de una atmósfera de granero mojado, de líneas de luz. Se puede ver y sentir el polvo flotar entre las rendijas.

Mención, como no, a la impresionante banda que, junto al matrimonio protagonista, ha hecho posible esta grabación. Kofi Burbridge a los teclados (magníficos muchas veces), J.J.Jonhson y Tyler Greenwell a la batería, Mike Mattison y Mark Rivers, voces que acompañan a Susan, en la sección de viento, Kebbi Williams, Maurice Brown y Saunders Sermons, en los bajos Pino Palladino, Dave Monsey, Bakithi Kumalo y George Reiff. Como compositores de muchos de los temas (además Tedeschi y Trucks), reseñar a personajes tan recomendables como Gary Louris (Jayhawks y Golden Smog), Eric Krasno (Soulive), Doyle Bramhall II (por favor, miren su curriculum en Wikipedia, impresionante) o Sonja Kitchell (¿la nueva Joni Mitchell?).

Ya ha caído la (tenebrosa) noche cuando termino de redactar estas líneas. Los meteréologos han pronosticado un nuevo día de luz y color para mañana en Madrid. Mientras llega esa nueva fecha, da igual el número y la ubicación semanal, seguramente saborearé el poso de éste magnífico "Made Up Mind" durante las horas que queden. Qué así sea de eterno este Diciembre, frío, dorado, pórtico final de un año que nos ha traído, para alegría y contento del personal, discos como éste.





6 dic. 2013

EL BLUES DEL BARRENDERO



THE IMMORTAL LEE COUNTY KILLERS.
Recogo la propuesta del bloguero y amigo Gonzalo Aróstegui, elegante y psicodélica a la vez (por los colores de la bandera), invitación a participar en la manifestación del viernes 6 de diciembre (a la que no he podido asistir) a favor de la III República (y en contra de una "constitución-cinturón-de-castidad", escudo obligado de una denigrante clase política), y me convierto en un santiamén en barrendero de la muy castigada y degradada ciudad de Madrid. Noble trabajador el barrendero, ya lejano el "status" de empleado municipal (ahora carnaza del capitalismo más salvaje, como tantos otros), insigne empujador de la basura hacia espacios controlados por algún Tony Soprano del PP. Honrado personaje (no..., Tony no, el barrendero), con su mirada siempre a ras de un suelo sin alfombras rojas, espacio que acoge a toda esta maraña nuestra de seres conformistas, humilde en su silencio, de vez en cuando un descanso, un pitillo, un comentario sobre lo bien que va el Atleti este año...

Donde hay blues no hay dinero (quitemos de sopetón los luminosos garitos para turistas de B.B.King en las ciudades de Nueva York y Nueva Orleans). Donde hay punk no hay porvenir. Donde hay blues y punk no hay sino dolor y rabia y, si además hablamos de un marco de actuación donde el tufo del "trash" empapa ambos estilos musicales, entonces haremos entrar nuevamente a ese barrendero al que hacía mención inicialmente y aparecerá el "trash-blues-punk", detritus que ambos estilos elevan a la categoría de arte escénico. ¿Y quién es és personaje que va con él de la mano?, nada menos que Chetley "Cheetah" Weise, el "alma mater" del grupo del que hoy hablamos, The Inmortal Lee County Killers.

Chet Weise, originario de Auburn, condado de Lee, en la profundidad de Alabama, es profesor de Economía en la Universidad del Estado y, desde hace ya algún tiempo, uno de los grandes y reconocidos animadores de la escena "trash" sureña de los Estados Unidos. Sus grupos anteriores, The Quadrajets y Sphamm,  que se remontan a los años inmediatamente anteriores al final del siglo pasado, siempre se han movido por esos territorios pantanosos de la reivindicación distorsionada de las raíces locales, esto es, el punk al servicio del blues. Déjemos que hable él mismo: "El punk y el blues se mezclan fácilmente porque los dos estilos son similares. Son ambos reacciones honestas frente a la crudeza de la vida, solo que interpretamos el blues, nuestro blues de siempre, de una forma un poco más rápida y alocada". The Immortal Lee County Killers conforma, pues, el proyecto musical que de una forma más precisa se ha asemejado a las ideas contaminadoras de Chet "Cheetah" Weise.

El grupo de Alabama tiene publicados dos discos en el sello Estrus que son, en definitiva, los que nos sirven de comentario en la entrada de hoy. "The Essential Fucked Up Blues!" (2000) y "...Love Is  A Charm Of Powerful Trouble" (2001), también conocido simplemente con la denominación numérica, "The Immortal Lee County Killers II".  Manteniendo siempre la estructura de un duo ("a punk delta duo of Opelika, Alabama", como les reconocían los medios de la época), Chet varió sus colaboradores en ambas grabaciones. En el primero fue Doug "The Boss" Sherrard el que se hizo cargo de la batería, mientras que en el segundo J.R.R. Token se ocupa de esas mismas baquetas, reservándose  Chet la instrumentación en las guitarras y el harpa, además de participar con una voz acelerada, muchas veces desgarrada, en el límite de la tolerancia melódica.

Si el "...Fucked Up Blues!" se dirige hacia territorios más punk, la distorsión instrumental de éste genero propicia más y mejor los mensajes de frustación y recoge más fielmente la falta de salidas personales, el segundo "...Love Is A Charm..." se recrea principalmente en un blues de perspectivas más clásicas, no por ello convencionales, ya que sigue habiendo un poso importante de ruptura estilística, los famosos doce acordes de siempre tensados hasta límites insospechados. De hecho, mientras que en el  "....Fucked Up Blues!"  predominan composiciones propias de Chet, y títulos de canciones muy acordes con el imaginario punkarra ("Let´s Got Killed", "Go To Hell On Judgement Day", "Sometimes The Devil Sneaks Inside My Head"), en el "...Love Is A Charm" se reparten temas propios y versiones de Willie Dixon, Roosevelt Jamison y Charles Tindley (además de algunas canciones tradicionales).

La pasarela "trash" en el blues contemporáneo ha tenido, desde hace ya algún tiempo, a The Jon Spencer Blues Explosion como sus abanderados más significados. Chet Weise lo reconoce y comenta al efecto lo siguiente: "Mentiría si dijera que TJSBE no nos han influenciado, pero hay una clara diferencia no obstante. Ellos son de Nueva York y nosotros de Alabama. No pienso que el factor geográfico lo explique todo, sin embargo las raíces sureñas pueden influir especialmente a una persona, haciendo que la necesidad de escapar (de un ambiente muy provinciano) sea mucha más necesaria y difícil. Es esta una parte de la razón por la que el blues se originó en el sur, y también otra parte de la razón por la que la rama punk-blues de los Killers tiene una raíz más primitiva que la de los Spencers". No hacen falta mayores explicaciones.

Para todos aquellos aficionados a éste género musical mencionar, además de TJSBE y los Killers (también conocidos como ILCK, ILCK II y III, según las distintas composiciones de sus miembros desde 1999 hasta 2007 en que se disolvió el grupo) una serie de artistas y bandas que se significaron como influencias de los mismos. Robert Johnson, John Lee Hooker, Pussy Galore, MC5, Skip James, Bad Brains o The Gun Club (próxima entrada en este blog). Y para cerrar el círculo, aquellos otros grupos que siguieron por los mismos, o parecidos, derroteros: Soledad Brothers, Mr. Airplane Band. Pearline, The Dexateens, Bible Of The Devil y, entre nosotros, Guadalupe Plata. No olvidemos los grupos que, una vez disueltos los Killers, formaron sus miembros: Silver Lions 20/20 por parte del propio Chet Weise y Black Diamonds Heavies en el caso de J.R.R. Token. 

Ya pasa por la calle limpia aquél famoso camión cisterna, los mayores lo recordarán con mayor gracia y esmero, en el que Ava Gardner regresaba en su cabina a su hotel en Madrid después de una noche de farra, ya muy entrada la madrugada, mitad de los años 50. Nuestro barrendero, no por ello ajeno al resplandor de las luminarias del cinematógrafo, observa su paso con una mirada de perro triste. El chorro a presión de agua fría salpica los bordes de las aceras, y un último borracho cercano, separándose del farol que le sirve de apoyo, se acerca para refrescarse. Termina la noche. El blues sigue sin siendo una historia desagradable, un cúmulo de emociones que no pueden ser explicados más que de una sola manera. Nuestro más internacional director cinematográfico, un tal Almodovar, recoge esa secuencia en una de sus películas. La Maura se empapa de cuerpo entero, sus curvas tan sugerentes quedan resaltadas de forma nítida, y aúlla una especie de reivindicación somnolienta, un grito a deshoras que clama una venganza lejana. 







2 dic. 2013

1967, AQUÉL ÚLTIMO GRAN AÑO


BUFFALO SPRINGFIELD                      "BUFFALO SPRINGFIELD AGAIN"
Mi horóscopo de comienzo de mes habla de una primera semana de Diciembre donde tendré que afrontar situaciones complicadas. Escenarios relacionados, mayoritariamente, con las relaciones personales (falta de comunicación e incapacidad de expresar convenientemente mis sentimientos) y, como no, con aspectos puramente económicos (merma considerable de mi escaso patrimonio, caso de no tomar acciones de ahorro rápidas y contundentes). Ante tal tesitura, que aparentemente mejorará en el transcurso de la segunda semana, decido sumergirme en la audición de uno de mis discos favoritos de siempre y, confiado en que la cura y alivio sean instantáneos, dejar que los malos augurios me resbalen totalmente, como afortunadamente siempre ha ocurrido...(¡sip!, sorbito de ribeiro fresquito para ir tomando carrerilla...)

Pues sí, doy fe de ello, la escucha del "Buffalo Springfield Again" es mano de todo el santuario cristiano, pagano y ateo. Hablé al principio de "sumergirse" en la audición y, no encuentro mejor expresión que esa, tal es la sensación previa que el narrador siente al enfrentarse a la obra magna de Stills, Furay, Martin, Young & Palmer, más y mejor conocidos como Buffalo Springfield. Lanzarse en plancha, o haciendo el ángel, de espaldas con doble tirabuzón (¿será posible ese arpegio corporal?), o "a lo bomba", dando igual el vuelo espacial que ensayemos, siempre sabedores de la no necesidad de flotador alguno, tan límpida y acogedora será el agua que nos reciba, tan pura la bendición de cristales líquidos, tan suave el bienestar conseguido.

Estamos en 1967, el último gran año, y los Buffalo Springfield se reúnen para grabar el que sería su segundo Lp. Las relaciones personales entre distintos miembros de la banda no eran entonces idílicas. Neil, peregrino de sus "pájaras" habituales, entra y sale del grupo a su antojo, sin dar previo aviso ni razón a los demás miembros. Bruce se pasa más tiempo en las comisarías del condado que en los ensayos de la banda, sus continuas detenciones por posesión de drogas hacen de él carne de próxima deportación. Richie no se encuentra demasiado satisfecho con la deriva musical del grupo, él ya pensando en una aproximación más country-rock que aplicaría claramente en su próximo proyecto, Poco. Dewey, un mandado, ni sabe ni contesta..., no crea mayores complicaciones. ¿Y Stephen, qué pasaba con él entonces?

Independientemente del conocido "pique creativo" que siempre mantuvo con Neil (y que se manifiesta nítidamente también en este "BS Again"), Stephen era entonces el único que mantenía la llama unitaria de grupo; grupo como conjunto de protagonistas que puedan presentar una propuesta musical, con nombre y apellidos, a una audiencia ya preparada para adentrarse en terrenos más alejados del puro "hit" de la música pop. Pero ese empuje de Stephen, esa intención de proseguir por más tiempo con una marca reconocible y prestigiosa, falla al final. La banda no logra cohesionarse durante la grabación del disco, muchos de los temas del mismo son producidos directamente por sus miembros, bien a dúo entre alguno de ellos, o con otros músicos de sesión (Jack Nitzsche o Ahmet Ertegun), o en solitario. Hay una continuada sensación de ruptura próxima, de choque de egos creativos, de premeditadas demostraciones ante el "otro" de la magnificencia de las composiciones propias frente a las ajenas.

Y, sin embargo, el album se salva con una puntuación más que notable, sobresaliente diría para hacerle mayor justicia. Es así porque la calidad de las canciones es de tal nivel que, sin de lejos tener el sentimiento de unidad de su primer homónimo trabajo, logra crear un "corpus" musical de incuestionable grandeza creativa, todo ello arropado con una perfecta conjunción de estilos, folk-rock, country-rock, psicodelia, fondos, voces y arreglos adecuados perfectamente a cada uno de los temas que culminan, y se repiten como un eco impasible en el tiempo, en un trabajo imperecedero, su historia siendo el espejo de la obra que con el tiempo deviene en maestra.

Tres hombres en estado de gracia. Stephen Stills compositor de cuatro temas, "Everydays", "Hung Upside Down", "Bluebird" y "Rock´n´Roll Woman". Mientras que las dos primeras se pueden enmarcar dentro de ese anhelo permanente de Stephen por la experimentación (muy lograda en sus secuencias puramente guitarreras, vocales y de arreglos), logrando al final melodías de brillante colorido pop, las otras dos son piezas de auténtica orfebrería musical. "Bluebird", una suerte de "suite" (que el artista prolongará en el futuro con su magnífica y conocida "Suite: Judy Blue Eyes" del primer Crosby, Stills & Nash) donde se suceden, de forma continuada y sin alterar el encanto de la composición, una serie de variaciones rítmicas que fortalecen la propia composición del tema, y "Rock´n´Roll Woman", canción compuesta al alimón con David Crosby (que presta aquí su voz, aunque no aparezca en los créditos), mucho más ensartada en un tono de balada rock, sus voces unísonas presagiando de forma definitiva lo que en un próximo futuro harían ambos con el Hollie Nash.

Un Neil Young, ya lo dijimos cuando comentamos la antología del grupo publicada por ATCO en 1973, dotado como pocos para crear música de su "intrahistoria", narrador con una potencia lírica tan importante como la de Dylan, aquí en este trabajo confirmando su papel de artista de gran nivel entonces, de inmenso alcance muy poco tiempo después. Tres son sus temas, tres gemas de brillo y éxtasis propios. Un "Mr.Soul" (dedicado a las mujeres del club Whisky A Go Go y a las de Hollywood), pieza con trote rítmico roquero y guitarras afluentes de aristas psicodélicas; "Expecting To Fly" (escrita durante una de las "escapadas" de Neil), una canción que nunca baja del podium de la ensoñación más poética, tal es su belleza melódica, su suave marea de caricias sensitivas transportan al oyente a un paraíso instantáneo y "Broken Arrow" (la misma denominación que dará posteriormente Neil a su rancho californiano), otra nueva "suite", respuesta al "Bluebird" de Stephen, con hasta siete cambios de estructura rítmica, que funciona como una representación teatral, realidad convertida en sueño donde se suceden personajes enigmáticos, arropado todo ello por una ingente, sin serlo nunca en demasía, instrumentación.

Richie Furay, para terminar, haciendo en cierto modo de balanza entre las dos fuerzas desatadas de sus compañeros compositores. Más orientado al country-rock, baladas de un pop artesanal, armonías casi livianas, evitando arreglos superfluos para resaltar de cada tema su gracia originaria. "A Child´s Claim To Fame", cuyo texto afea la conducta errática de Neil (sin lograr que éste deje de colaborar a la guitarra y voces en el mismo), "Sad Morning" y "Good Time Boy" (aquí con la participación en la sección de viento de unos emocionantes American Soul Train), circulando por atmósferas de sencillez y ligereza instrumental, de lírica atemporal pero sugestiva al mismo tiempo.

Sería injusto finalizar este texto sin mencionar a los grandes músicos de sesión y técnicos que colaboraron en este "Buffalo Springfield Again" y que hicieron, en definitiva, que el proyecto inicial, con tan malos presagios durante todo el proceso de grabación, culminara con éxito. El equipo técnico formado (además de Stills, Furay y Young) por Jim Messina, Bruce Botnick (como Ingeniero) y Tim Mulligan (masterización). Músicos del calibre de James Burton (Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, The Beach Boys...), al dobro, Jim Fielder (Tim Buckley, The Mothers of Invention...) al bajo, batería para Jim Gordon (Derek & The Dominoes, Traffic...), Jack Nitzsche (Phil Spector...) al piano eléctrico, Charlie Chin, banjo, Russ Titelman, guitarra, Bobby West, bajo, Mary Clayton, voces. Un elenco de grandes instrumentistas dando forma a una de las grabaciones fundamentales de 1967, aquél último gran año.








28 nov. 2013

CONCIERTO DE NOTHING PLACES

Corre un aire endiabladamente frío mientras me acerco al Teatro del Arte (TDA) para asistir al concierto de Nothing Places y tal es mi alegría que, en un alarde de juventud ya irremediablemente perdida (y de locura también), desabrocho el penúltimo botón de mi camisa y pretendo llegar de ese modo, empujado por el viento helado que se cuela entre mi cuello, antes a mi cita. Craso error que vuelve a demostrar, una vez más, que la experiencia sirve de bien poco. Retorno, entonces, el nacarado apósito textil a su lugar de origen, tal es el hálito que me congela, y resuelvo llegar más bien "como pueda" al recinto mencionado. Tiempo habrá durante el concierto para coger el calor tan necesario para esta osamenta encorvada.

Nothing Places es una banda (¿o un proyecto musical, debería mejor decir?) formado por dos grandes músicos, Emilio Sáiz a la guitarra eléctrica y Xavi Molero a la batería. Ocasionalmente, como en el caso que nos ocupa en este concierto, participa el padre de Emilio, Suso Sáiz, de sobra conocido por todos los aficionados en edad de merecer (y con ello no me refiero exclusivamente a los mayores, si no a todos aquellos que ya tienen cierto conocimiento de la historia musical de nuestro país). Editaron a finales del año 2012 un disco titulado "Buffet Libre" y vienen, desde hace tiempo, demostrando que un tipo de música, el suyo, el que nace del convencimiento, la pasión y la aventura, tienen cabida y aceptación entre los aficionados.

Nos situamos entonces en el recoleto escenario del TDA en esa gélida noche del 27 de noviembre y, apoyados en un manejable botellín de Estrella de Galicia (¿porqué no dar publicidad a esta marca de cerveza, cuando se lo está haciendo tan bien patrocinando festivales y eventos musicales más que interesantes?) nos disponemos a dejar manosear nuestro cerebro, sin ataduras de ningún tipo, liberados de clichés y dogmas estilísticos al uso (o de moda), directos a territorios que, no importa haber sido explorados previamente, nunca han dejado de conmocionarnos.

Confieso que me sorprendió muy gratamente el comienzo de Suso Sáiz, a solas con su guitarra y su "mesa de mezclas" (desconozco el término electrónico del artefacto lleno de lucecitas y botones que tenía a su lado). Su propuesta, tenue, leve, intensos acordes de largo recorrido, abiertos a un sin fin de interpretaciones, donde el mismo silencio conjugaba una suerte de pulso medido con un sonido eminentemente espacial y eléctrico, me transportó a un plano de inicio tántrico que preparó, y facilitó también, la entrada en escena de la guitarra de Emilio y la percusión de Xavi.

Y en esa clave, en ese descubrimiento inicial de voladuras mentales, neuronas abiertas como alvéolos sedientos de sensaciones, me dejé transportar a geografías seguramente fascinantes, valles y rocas de ébano cristalino (esa misma noche, ya en la cama, tuve un sueño de "escalamiento" pétreo que pareció dar la razón a mi subsconciente). Y debo hacer una corrección semántica en este momento porque lo que entró en escena, la protagonista del concierto, no fueron realmente Emilio y Xavi (Suso en su parte), si no la música en sí.

Música compuesta con una estructura atemporal, con un comienzo, desarrollo y final  de canciones (corto significado dadas las secuencias anímicas que provocaban) cuyas líneas rítmicas y melódicas hacían que los instrumentos (guitarras y percusión, la voz de Emilio susurrando más que cantando) adquirieran protagonismo autónomo. Los solos de guitarra decidían, ellos mismos, su extensión y significado, la batería apostó por consolidar y dar firmeza a las distorsiones que propiciaban las cuerdas electrificadas, sobre electrificadas muchas veces por la utilización de elementos electrónicos y pedales que creaban un muro de sonido hermosamente chirriante, desesperadamente espacial.

Y el oyente, el espectador cómodamente sentado en un ambiente más semejante a un "lounge" urbano, con la guardia baja, noqueado por las rupturas rítmicas y melódicas de cada tema, que el intérprete (Emilio en este caso) sabía anticipar por los gestos de su cuerpo, muchas veces convulso; Xavi casi siempre la mirada fija en el guitarrista, con una permanente mueca bucal que parecía temer el desboque final de una batería, también protagonista autónoma, que ansiaba seguir horadando un tiempo que se tornaba limitado, tan cortas se nos hacían las interpretaciones de los temas interpretados.

Al final del concierto, y en esos momentos el papel de Suso fue especialmente eficaz, el círculo fue cerrándose paulatinamente y ese tantra del que hablé al principio tomó nueva carta de naturaleza. La música decidió tornarse en recitación oriental y el silencio fue adquiriendo mayor incidencia. Los músicos, extasiados después de un prolongado y orgánico viaje, susurran numeraciones aparentemente incomprensibles y uno de ellos se arrodilla. Emilio junta sus manos y hace una reverencia lunar, se incorpora y lentamente abraza a sus compañeros. El fondo musical se mantiene en una reverberación crepuscular que me recuerda, felizmente, aquel concierto al que asistí algún mes de 1974. Fripp y Eno. Tan alto llegó el alcance. Si pasa la música por su lugar, no teman en encontrarse con ella.


25 nov. 2013

EL CANTO DEL CISNE





SCREAMING TREES                   "DUST"
Salen carrillones de humo blanco por las chimeneas del pueblo y me pregunto si podré concluir algún significado a esas volutas que se dibujan en el aire. (Un aire helado de cuchillas de acero que marea un viento despiadado de finales de Noviembre). Grises de fondo de cacerola, a veces blanquecinas sin llegar a fundirse del todo con el horizonte ya nevado de las montañas, volutas que se abren caprichosamente en un abrazo de segundos para morir por el nuevo empuje de otras recién nacidas. Se elevan y quizás transporten el espíritu de los inquilinos de la casa, sus últimos pensamientos no cuajados en palabras, un humo apenas constituido que, conservando el aroma tenue del césped y la tierra mojada, muestra el despertar de un niño, sus ojos abiertos a un cielo con alma de algodón.

Estamos en 1995 y seguramente a los miembros de Screaming Trees se les habría pasado por la cabeza elucubraciones como la anteriormente expuesta, tiempo no les faltaría. Cuatro años de silencio desde la publicación de su anterior "Sweet Oblivion" darían para mucho, sin contar una temporada intermedia en que hicieron unas sesiones con Don Fleming y que no concluyeron en nada positivo. Además, ya elegido el que iba a ser el nuevo productor de éste su nuevo disco, "Dust", George Drakoulias (con excelentes antecedentes en grabaciones de Black Crowes, Jayhawks o Tom Petty), ven como por su entonces apretada agenda de trabajo (todo el verano de ese año lo emplea en la edición del box-set del artista de Florida), se extiende más el tiempo para cuajar y culminar sus nuevas canciones, retrasando en definitiva la entrada en los estudios Capitol y Sunset Sound de Hollywood hasta ese otoño de 1995.

En esos momentos los de Ellensburg jugaban con las cartas a su favor. Habla Gary Lee Conner: "Fue una suerte que ocurriera este nuevo retraso, pues escribimos la mitad del album mientras esperábamos. Tuvimos tiempo de escoger las mejores canciones y la verdad es que todas ellas acabaron sonando mejor que en las maquetas", y corrobora su hermano Van: "Ahora nos interesa hacer algo que podamos escuchar dentro de diez años. Por eso la gestación de "Dust" ha sido tan larga, porque queríamos hacer un album atemporal". Y sin duda alguna este período de tiempo, lo suficientemente largo para madurar ideas y componer los temas definitivos del disco, hace que éste su último trabajo sea un auténtico canto del cisne, una obra de grandeza simple y sobrecogedora, culmen perfecto para la carrera de una de las bandas más singulares e importantes de la última década del pasado siglo.

No se ha movido la banda un ápice de la temática que les diera cierta carta de naturaleza en sus anteriores trabajos. Todos aquellos imaginables conceptos que puedan permitir reflejar la desolación, y la falta de esperanza posible, aparecen en los textos de las canciones. Soledad, ruptura, desasosiego, oscuridad de bocas heladas, cielos yacentes, muerte liberadora, inviernos  de silencio, días mortecinos, prisiones interiores de las que difícilmente se puede escapar, paisajes explorados por mentes apagadas, oraciones finales engarzadas por cadenas doradas, en forma de "gospel", que dejan entrever una última redención, quizás ni querida por unos protagonistas que deambulan sin concierto, empujados hacia un destino desconocido, ingrato y sin aparente final.


Pero si es esa la lírica, rota y agobiante en su amargura, la propia música que nos sirven los Trees es de una belleza majestuosa. Hay una línea rítmica, que sobrevuela toda la grabación, de una riqueza de catedrales de ébano, pura arquitectura del mejor heavy-metal y garaje psicodélico, arabescos que recogen las mejores tonalidades góticas del post-punk, arcadas acústicas que coronan bóvedas de esplendor vaticano, atmósferas y ecos de Canterbury, aristas del más añorado haz luminoso, vértice de sus bosques hermanos de Seattle (Nirvana, Soundgarden, Mudhoney, Alice In Chains...), puentes de Brooklyn (desde allí se embarcan...) y piedras angulares de Stonehenge (hasta allí llegan). 

Y junto a esa línea rítmica hay otra melódica, muchas veces creada y reforzada por la propia voz de un descomunal Mark Lanegan, que ahonda y taladra esos cielos de cáscara de huevo, transportándonos a un paraíso sónico donde se descerrajan las horas muertas y todo adquiere una pátina de besos de hierro, de muerte entre libélulas. En pocas recientes audiciones, lo aseguro (excepción para el "This Is The Sea" de The Waterboys), he llegado a experimentar tal sentimiento de plenitud cósmica, de ser uno con todos, envuelto y arropado por una naturaleza interior tan exuberante, tan prolongada en su intensidad, como simples cascadas de nubes puedan tornarse en crepitar de hogueras al instante de un guiño, o contemplar una hoja de roble abrir su corazón hasta provocar un vómito de rocío.

Si "Sweet Oblivion", además del relativo éxito de ventas (300.000 copias en un año), supone la consolidación creativa de Screaming Trees (su grandeza se refuerza escucha tras escucha hasta alcanzar cotas de brillo incuestionable), "Dust" es el último peldaño al que sube la banda y mirando desafiantes al mundo, como queriéndole decir, "esta es nuestra obra magna, tomadla, disfrutadla si queréis y dejad que su simiente fructifique", se despide de todos aquellos que creyeron en ellos, dejándoles (dejándonos) un legado de inmensa riqueza. Desde la portada del disco (obra de Mark Danielson) la figura rota de un rey desdentado, ¿acaso un guerrero torturado?, yace exánime entre azules pilares de mármol trasversal. Su muerte anuncia el óbito de la banda. Screaming Trees los grandes perdedores de la película "grunge" (otros se llevaron el éxito masivo, algunos con mucha menor calidad) quedan como lo que siempre fueron. Una banda más allá de la convención musical de la época (y eso que no era nada desdeñable), más cercanos a la arqueología del futuro que a la cercanía del laurel inmediato.

Mención especial para dos personajes de este maravilloso album. Bentmont Tench, teclista de la banda de Tom Petty, que aparece en todos los temas del disco y Andy Wallace (mano derecha de un gran protagonista en la historia del "grunge", Butch Vig), encargado de las mezclas finales en The Hit Factory de Nueva York. El primero hace volar a la banda como nunca antes lo habían hecho; el segundo eleva a la categoría de genios a los, casi siempre, postergados ingenieros de sonido.

15 nov. 2013

CHAPEL HILL TAMBIÉN EXISTE





SUPERCHUNK                     "I HATE MUSIC"
Totalmente lejana mi intención de ser considerado como un tipo brillante u original si, deseando acercarme cuanto más a la realidad y a verbalizar mis impresiones, utilizo un breve poema de Lope de Vega al comienzo de esta entrada:

"Tiempo, lugar y ventura,
muchos hay que lo han tenido,
pero pocos han sabido
gozar de la coyuntura"*

Y en ese intento de dar pábulo a mis sentimientos, una y otra vez escuchado el último registro de Superchunk, "I Hate Music", no puedo dejar de admitir mi muy estrecha imbricación con el grupo de Chapel Hill y, al tanto, encontrar una frase (el grupo se merece algo más que un fragmento, mejor una sucesión de versos) que refleje siquiera honrosamente mi gratitud y admiración por uno de los grandes grupos del conocido como "indie rock" americano.

Si, Superchunk han sido una parte muy importante de mi vida musical de los últimos veinte y tantos años, desde que les conocí aquel maravilloso año de 1991 (la última década prodigiosa) con su magnífico "No Pocky For Kitty" hasta esta triste actualidad de 2013. He seguido, puedo decirlo con asombro hoy, prácticamente toda su carrera musical, experiencia que en lo material se traduce en la posesión de la práctica totalidad de sus grabaciones y, más importante aun, reconozco que han conformado muy especialmente "la coyuntura" de mi (tan decisiva) vida musical. Esto es, de tiempo en tiempo, con el lapso prolongado entre 2001 y 2010 en que no hay producción discográfica del grupo, en todos aquellos lugares que aun guardan un cierto y grato recuerdo en mi memoria, en aquellos actos más propios, más enajenados por ese carácter que tengo (que se acaba en sí mismo y difícilmente se expande), y en aquellas venturas tantas veces alocadas, divertidas muchas, maravillosamente momentáneas todas, Superchunk han estado, Superchunk han sido.

"I Hate Music". Un título (un tanto melodramático y que nos les ayudará en las ventas) empleado por la banda cuando, entre otras cosas, pretenden concretar (ahí está lo verdaderamente complicado) sus sentimientos ante el paso del tiempo, la pérdida de la primera ingenuidad y la sensación de que la música "ya no significa necesariamente tanto" para una persona más adulta, comparada con la vitalidad y energía que representaba para otra de mucho menor edad. Lo dicen ellos no obstante, de forma mucho más sabia y menos exacerbada, cuando se enfrentan a las primeras líneas de la canción estrella "Me & You & Jackie Mittooo": "...can´t bring anyone back to this earth / Or fill in the space between all of the notes / But I got nothing else so I guess here we go...", por lo tanto cabe preguntarse, ¿hacía falta entonces ese título tan funesto? A todas luces, creo que no.


Y dije en el párrafo anterior "...entre otras cosas..." porque evidentemente hay en el disco muchas otras miradas que revalorizan su visión de conjunto. Amor a la vida, amor a vivir, amor a la música (no, en el fondo no la odian), el aceptar no poder recuperar lo perdido, el mantener la unión y cercanía con los protagonistas (artista y oyente), el celebrar los recuerdos de tantos años de camino juntos, optar por una cierta serenidad que seguro entenderán mejor los que ya se hartaron de vértigos. Una exposición variada de sentimientos que abarcan tonos y atmósferas de ensoñación crítica a veces, espacios y flujos multiformes, coros antiguos y miradas cómplices, movimientos corporales siempre acordes con una electricidad poética que circula inmanente por el disco, suerte de celebración y fiesta para esos amigos que les han seguido durante todos éstos años.

Desde el inicio acústico de "Overflows", con ese aire de misterio nostálgico, el "punk" reinterpretado artesanalmente de "Starting Home", la llamada de  transmigraciones fotográficas de "Breaking Down", el más originario sonido "indie" revitalizado de "Foh", el no hacer de la realidad un "stress" contínuo de "What Can We Do", la inspiración temática entre palmeras y multitudes amigas de "Trees Of Barcelona" (curiosa la querencia de la banda por las ciudades mediterráneas españolas, recuerdo ahora las fotografías interiores de Valencia en su "Here´s Where The Strings Come In" de 1995), la imposible dualidad del vacío con la riqueza instrumental de "Void", el encanto expresivo de "Low F", conversación banal de unos protagonistas que las guitarras elevan a la categoría de trascendentes, ese "Out Of The Sun",  Mac McLaughan relatando un deseo que su misma voz hace imposible de creer, "Your Theme", perfecto ejemplo de una lírica contenida y banal ("...eating obscure, looking at girls, shopping for jeans"), escena propia y típica del "mall" americano más genuino, engarzado con una instrumentación potente y de aristas oxidadas, todo sucede entre los "flashes" en blanco y negro de un parque nevado (una de las mejores portadas del año), y hace sentirse una helada aureola, casi higiénica.

Mac McLaughan (guitarra y voz principal, que conserva en toda aquella plenitud juvenil de hace veinte años) y Laura Ballance (bajo), miembros originales de la banda desde sus comienzos en 1989, junto a Jim Wilbur (guitarra) y Jon Wurster (batería), éstos dos últimos incorporados en 1992 y ya, por lo tanto, piezas más que ensambladas en la historia y sonido del grupo, han facturado un trabajo digno y honesto. Superchunk, fieles a sus principios de impulso instrumental y eléctrico, aderezado con una lírica espontánea y no huérfana de sentido generacional (también hoy, en su versión madura), trasuntos del más genuino estilo "indie rock", aquel que se conformara más bien alrededor de una serie de sellos independientes (el suyo, Merge Records, uno de los más característicos y celebrados, aun subsiste y sirve de plataforma para esta su última grabación) nos han llamado de nuevo, su voz y propuesta no han perdido un ápice de naturalidad y frescura, cosa ya difícil en grupos con tantos años a sus espaldas. Es ésta entonces una buena noticia, de aquellas que deseamos se dieran con mayor asiduidad. No dejen, pues, de recuperar una pequeña porción de la historia si es que, como es mi caso, ha sido parte importante de sus mejores momentos.

* (Rimas Sacras, glosa a las "Lágrimas de la Madalena")