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27 jul. 2015

MEJOR LEYENDO EN CASA





FLASHBACK Nº 5 (SUMMER 2014)
Se suceden los días de fuego, incluso (y para mayor escarnio) las imágenes últimas que nos quedan de cada jornada casi siempre finalizan en un sórdido crepitar de rescoldos (como si quisieran restregarnos en la cara quemada su victoria), y al cabo de la diaria batalla veraniega pareciera que solo queda en el recuerdo una pequeña pérdida de vida, una herida que jamás sobrevivirá a la consiguiente costra resecada. Salvo para las monjas de clausura no hay tregua para nadie. Me acerco a la orilla de una playa imaginaria y recojo de la arena una galleta que el agua del mar devuelve. Y ya entre las palmas de mis manos abiertas queda disuelto el bronce olímpico que el Sol quiere mostrar como astro supremo. Extiendo sus bordes con mis dedos abiertos, como si ocurriera en la pantalla de una tableta informática cualquiera, y veo en su trasfondo unas líneas y letras sucesivas que bien pudieran invitar a una lectura inesperada. Es este, a continuación, el relato que el agobiante calor de entonces me permitió a duras penas descifrar.

El número 5 de Flashback, correspondiente al verano de 2014 (y poco importa lo que pueda significar ahora el retraso en la lectura del texto, la intensidad calorífica de un año a otro apenas recuerdo haya cambiado), ofrece en su cabecera un extenso e interesantísimo estudio sobre el grupo Blossom Toes. Una formación inglesa que viene a reflejar muy fielmente en su historial  el traspaso de poderes entre el reducto flower-pop psicodélico de los últimos años 60 y el comienzo de la década de los 70. Una época en la que aparecía por primera vez el llamado rock "underground", suerte de concienciación colectiva (tanto entre músicos como entre oyentes) que propiciaba la inmersión de la música rock hacia formas e ideas más elaboradas; donde las melodías, sin dejar totalmente su protagonismo, cedían paso a la progresiva sistematización de conceptos previos (libertad en los comportamientos, paz, antimilitarismo y revolución en las costumbres sociales, alineamiento ecológico...) para dar entrada a las consiguientes florituras instrumentales que el masivo uso y disfrute alucinógeno permitía entonces.

Los dos álbumes oficiales de Blossom Toes ("We Are Ever So Clean" e "If Only For A Moment", ambos ampliamente desentrañados) vienen a marcar con inusitada precisión temporal las claves del cambio de época y de la orientación musical. De la participación (un tanto forzada) de la banda en el mítico International Love-In Festival del verano de 1967 en Londres, en el que se les presenta como un grupo abanderado del mejor pop-psicodélico inglés, hasta la consolidación, ya a finales de 1969, de un estilo propio donde la brillante relación instrumental de las dos guitarras de Brian Godding y Jim Cregan (posteriormente con Cockney Rebel y en la banda de acompañamiento de Rod Stewart), anticipa lo que poco después ofrecerían grupos puramente rock como Wishbone Ash. Relato extensivo y didáctico que, para dar mayor empaque histórico a la época que acogió a la banda, no deja en el olvido sus primeros pasos musicales como The Ingoes, así como sus varios años de residencia en los mejores clubes de la ciudad de París (entonces plaza de acogida del mejor pop y rock inglés) y su rica y prolífica relación con un gran personaje como Giorgio Gomelsky, verdadero emprendedor musical al que se le reconoce, entre otras muchas hazañas, la subida al estrellato de bandas como Julie Driscoll and The Brian Auger Trinity.

Al hilo de grupos como Blossom Toes, que transitan entre el último estertor pop-psicodélico y la entrada en escena de la nueva orientación "underground" (verdadero cul-de-sac donde cabe desde el r&b progresivo hasta un folk-rock más desarrollado, la primera fusión con el jazz, el hard y el heavy inicial y la amplísima gama de colores del "american-west-coast-sound") este quinto número de Flashback da cabida a bandas tan interesantes como Arcadium, Room y Culpeper´s Orchard. Los primeros más conocidos (quizás) entre los aficionados gracias a su excelente disco "Breathe Awhile", paradigma del mejor rock progresivo inglés de 1969, y a su relación con el famoso club londinense Middle Earth (lugar originario también del sello del mismo nombre en el que publica la banda su citado álbum). Room, un quinteto progresivo de Dorset que, además de editar un magnífico Lp para Deram en 1970 titulado "Pre-Flight", pone de manifiesto la extrema crudeza que muchas bandas soportaban durante aquellos años de brillante creatividad y explosión artística. Pobreza económica, conciertos en condiciones muchas veces penosas, contratos leoninos con mánagers depredadores y, como colofón a situaciones de exigua supervivencia, la misma desaparición de la banda.

No es este el caso de penurias y problemas de todo tipo (aunque tampoco quede del todo alejado de un sinfín de aprietos y avatares), que afectaron a una banda como Fairport Convention en sus primeros años, aquí narrados bajo la visión de un amigo inicial del grupo, Kingsley Abbott. Personaje que comparte profunda amistad, piso, furgoneta (como propietario y conductor) y continuadas audiciones de su excelente y amplia colección discográfica con sus primeros miembros. Tiempo que incluye los momentos iniciales de la formación hasta la salida de su original dama Judy Dyble y la entrada posterior de Sandy Denny, además de la muerte en accidente automovilístico de su jovencísimo batería Martin Lamble. Sus grabaciones, ya como banda consagrada en el circuito londinense de la época, se reseñan desde la óptica de un colega más, aquel que escucha las opiniones más íntimas y cercanas de los miembros amigos. Desde su cierto desengaño con el primer álbum homónimo del grupo, hasta su mayor satisfacción con los posteriores "What We Did In Our Holidays", "Unhalfbricking" y la culminación de su "Liege & Lief", arquetipo del que, desde entonces (1969), está considerado como el mejor trabajo folk-rock facturado hasta ahora en las Islas Británicas.



Además de los informes reseñados para las bandas mencionadas, centrados en un rico, exhaustivo y contrastado material histórico (que incorpora también numerosos documentos gráficos de indudable valor testimonial), una revista como Flashback, que viene a superar las 200 páginas en cada una de sus publicaciones, incorpora otros temas de indudable interés para el aficionado y estudioso de estos asuntos. Desde un artículo sobre el hasta ahora desconocido Wally Richardson, renombrado guitarrista de sesión en el Nueva York de las décadas de los 50 y 60, hasta la crónica sobre la vida y milagros de Charles Royal, un expatriado británico en la costa oeste americana que dio a la luz su "World Countdown", una de las primeras publicaciones periódicas dedicadas a la música pop y rock (y que algunos consideran como la publicación oficiosa del Monterey Pop Festival de 1967). Pasando por Olav Wyper, creador del mítico sello británico Vertigo, antes ejecutivo de prestigio en sellos tan reconocidos como EMI, CBS, Philips y RCA, su visión desde dentro del propio entramado del negocio aporta, indudablemente, una paronámica más completa de una de las épocas doradas de la música moderna.

Aportación siempre más que interesante, y es algo a lo que Flashback nos tiene felizmente acostumbrados desde su primer número, y que consiste en un extenso repaso sobre un listado de discos cuya escucha y/o adquisición se consideran imprescindibles (entiéndase para los muy seguidores de los géneros y estilos musicales creados entre los años 60 y 70 del anterior siglo). En este número 5 se expone una magnífica relación de los 50 álbumes clásicos del rock europeo que, según reza la cabecera del artículo, ninguna colección que se precie debería pasar por alto. Dejando acertadamente al margen todos aquellos discos enmarcados dentro del "krautrock" o "space-rock" alemán de las décadas reseñadas, aparecen bandas y grabaciones desconocidas en su mayoría. Agitation Free, siguiendo un aleatorio orden alfabético (y dejando de mencionar a muchas de ellas), Gila, Kalevala, Orange Peel, Socrates Drank The Conium, Toad o Waterloo, además de las catalanas Máquina!, Pan & Regaliz o Tapiman (me falta Smash); grupos que, en definitiva,  mostraban una riquísima pasarela de opciones continentales para todos aquellos aficionados que comprendieron, pocos entonces, que el rock ni comenzaba ni terminaba exclusivamente en las orillas anglosajonas.

Artículos que dan a conocer a ingenieros de sonido, como el Vic Keary que ejerció su labor en los estudios londinenses de Lansdowne, Maximum Sound, posteriormente Chalk Farm, y sus grabaciones de finales de los 60 inicios de los 70 (Alexis Korner, Second Hand o Lol Coxhill, entre muchos otros fueron artistas que estuvieron bajo el control de Keary como ingeniero y productor); entrevistas que acercan al lector el lado más humano y relajado del Robert Plant granjero de Jennings Farm en enero de 1970, referencias literarias a recientes publicaciones sobre The Beatles, el Tony Mcphee de Groundhogs, Bert Jansch desde la óptica de su primera mujer Heather Jansch. La prolífica onda radiofónica del Los Ángeles de 1956 a 1972 o un exhaustivo artículo sobre gran parte de los instrumentos musicales que los Rolling Stones emplearon desde su nacimiento (apartado que inevitablemente favorece la relación de numerosas anécdotas sobre los músicos de la banda), otorgan además a la publicación un repertorio de temas de indudable atractivo para el lector interesado. Los comentarios ineludibles sobre discos editados y una última glosa sobre aquellos "clásicos nunca reeditados", esta vez le toca el turno al "Recital" (Warner Brothers, 1974) del gran grupo inglés Honeybus, cierran un número 5 de Flashback que, como logra en sus anteriores publicaciones, se consolida como una de las mejores revistas de música rock actualmente editadas.








2 comentarios:

  1. gran numero con los Blossom un grupo maravilloso como los olvidados Kaleidoscope. y honey bus que decir si hasta los vi en direscto

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  2. Que poco soy de leer revistas musicales, siempre he sido mas de radio y autodidacta...pero ee numero con esos grupos tiene que molar, al final me voy a acercar ahora al cuché rockanrolero gracias al maestro de Gregorio ya verás.
    Va calmando la cosa del calor ¿no?
    Abrazo.

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