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16 ago. 2017

HALL OF FAME VI: SLY STONE



SLY AND THE FAMILY STONE                         "STAND!"
No me resulta fácil reconocerlo pero afirmo que el cénit del verano contiene una eclosión acelerada de partículas en descomposición, un cúmulo de emociones insatisfechas y de entusiasmos que rara vez se cumplen, también una sucesión de paisajes extenuados por el calor en una meseta diezmada por las plagas, allí donde vivo. La violencia del sol tiende a ser tan poco agradable, y aunque reconforta sus quemaduras mediante el antídoto de exposiciones extremas (colores cargados de azufre y aire con sabor a cuero quemado), por la noche defrauda porque todavía sueña con hacer más daño del que produjo el día anterior. Salir de la ciudad a la campiña cercana significa un viaje semejante al origen deshidratado del mundo, es acercarse al ombligo de la tierra y levantar un sarcófago repleto de hormigas y otros insectos que, ajenos a la combustión de la atmósfera, trabajan sin descanso para sostener un universo sin almíbar, inmersos en un microcosmos apenas perceptible. Ese culmen de la época estival se convierte, entonces, en una costra de palabras agobiadas por temperaturas implacables, voces heridas que no acabarán de sanar hasta que lleguen las primeras lluvias.

Contemplo fascinado la posibilidad de que alguien lea estos disparates en idéntica madrugada de cualquier 17 de Agosto, fecha en la que Sly and The Family Stone actuaron ante una audiencia de más de 500.000 personas en el Festival de Woodstock del mismo mes de 1969. Yo declaro que surgiría entonces una suerte de encantamiento, producto exclusivo de esas emociones estivales de las que antes hablaba, en las que la magia del solsticio de verano podría retrasarse casi dos meses, y aun más, que de la mano de ese improbable lector viajaríamos juntos hasta el punto álgido de la cultura hippie y de la consolidación de la psicodelia. Sería fantástico comprobar cómo la conjunción de algunos espíritus solitarios no necesitara de altares para llevarse a cabo, tan solo una coincidencia astral, menos aun, el capricho imaginario de unos pocos que creyeran que la telepatía aun pudiera funcionar entre los noctámbulos eléctricos.

Sly Stone (alias artístico de Sylvester Stewart, verdadero nombre de nuestro personaje) justo me saca una década y, he de admitirlo, ha aprovechado parte de su vida bastante mejor de lo que yo lo he hecho. En 1967, fecha en que publica con su The Family Stone su primer Lp "A Whole New Thing", con tan solo 24 años ya se le podía considerar como algo más que una gran promesa en el negocio musical. Educado en una familia donde sus progenitores auspician desde edad temprana la inmersión musical de su prole (además de fuertes creencias religiosas), completa su formación en el Vallejo Junior College, localidad ubicada en la zona más industrial del Bay-Area de San Francisco. Sus antecedentes son apabullantes, virtuoso de los teclados a los 9 años, domina la guitarra, el bajo y la batería a los 11. Dj de prestigio en varias emisoras locales, desde principios de los 60 da a conocer a su audiencia, mayoritariamente negra, además de las novedades del soul del momento los mejores productos de la "invasión británica" de la época. Coproductor del sello Autumm, trabaja con grupos ya consagrados como The Beau Brummels o el The Great Society de Grace Slick. Tiene además tiempo para grabar por su cuenta, acompañado de parte de su familia, varios singles que llegarán a tener cierta repercusión local.

En el silencio de las 5:45 de la tarde (cuando tres cuartos de la persiana intentan luchar contra el bochorno), alguien me informa que Lou Graham pidió a Freddie Stewart que convenciera a su hermano Sylvester para unificar las dos bandas entonces existentes, Sly and The Stones y Freddie & The Stone Souls. Nace así en 1966 Sly and The Family Stone, un conglomerado musical donde no solo destacan los lazos familiares, también lo hace por ser una de las primeras bandas multirraciales, además de que sus miembros fueran de ambos sexos, una primicia fuera del círculo de grupos folk de la época. Sly Stone será, además del principal compositor, el encargado de los teclados de la nueva formación. Junto a su hermano Freddie, que continuará con la guitarra y Cynthia Robinson, a la trompeta, forman el terceto nigger inicial. El dúo whitey de Gregg Errico, batería, y Jerry Martini, saxofón, completan el primer quinteto de la familia Stone, al que se incorporan los coros de las Little Sister (con las voces de Vet, otra de las hermanas de Sly, más las de Mary McCreary [futura esposa de Leon Russell], y Elva Mouton). Rose será la última de las hermanas Stewart en incorporarse a la familia Stone, aunque lo hará a partir de su segundo trabajo "Dance To The Music" de 1968.

Sly and The Family Stone publican su primer trabajo, "A Whole New Thing", en Octubre de 1967 en el sello Epic, subsidiario entonces del todopoderoso CBS. El título ya puede dar una idea de lo que pretendían los componentes de la banda. Una mezcla de soul, rock, jazz y primigenio funk, bañado todo ello con un aroma de pop dulcemente irritante que, lejos de entusiasmar a las masas, fracasa en su intento inicial de llegar a lo más alto en los listados de ventas. En 1968 le siguen dos nuevos trabajos, "Dance To The Music" en Abril y "Life" en Septiembre. El primero de ellos cambia para bien la trayectoria de la banda al conseguir su primer single homónimo llegar al top-ten de las listas. Quedan ya asentadas las características básicas del sonido de la formación. Brillantes y explosivas composiciones donde destacan instrumentalmente, además del descarado teclado de Sly, un bajo de Jerry Graham que eleva a la categoría de clásica su técnica del "slapping", y la batería siempre inquieta de Gregg Errico, objeto de muchos samplers posteriores. Las líneas de vientos de Rose y Jerry, simultaneadas con un empleo novedoso de las voces como elementos orquestales, sirven para vigorizar unas melodías que, a veces y por sorpresa, rompen incluso con la cadencia inicial de las canciones. En "Life", a pesar de mantener todavía un encomiable nivel de calidad, la banda no consigue igualar la recepción popular de su anterior trabajo.


Es "Stand!", el cuarto Lp de la banda publicado en Mayo de 1969, el que eleva a Sly and The Family Stone al olimpo de la (efímera) gloria. Si su "Dance To The Music" marca la pauta del nuevo, y más excitante, sonido de finales de la década, "Stand!" será el disco que consolide y agrande aún más su innovadora apuesta. "Stand!", el tema que abre el disco, contiene una melodía que parece ajustarse inicialmente hacia un medio tiempo pop para, en los últimos 49 segundos, romperse en una terrorífica coda gospel que eleva la composición a niveles de galope lunar. En la pausada "Don´t Call Me Nigger, Whitey" su grandeza reside en la reiterada repetición del coro, una suerte de mantra cercana a la propia consunción de su controvertido enunciado. "I Want To Take You Higher" marca una de las muchas cumbres del disco cuando, además de los magníficos solos instrumentales (en los que intervienen todos los miembros de la banda, salvo la batería de Gregg), los turnos a las voces (fíjense además en los arreglos de base, un runrún de tembloroso taladro móvil), elevan el ritmo final del tema hacia atmósferas de auténtica celebración festiva. "Somebody´s Watching You" es quizás el tema más pop, su pegadiza armonía presagia un no tan lejano futuro donde la música disco acabaría imponiéndose en las pistas de baile. "Sing A Simple Song" señala la vuelta al más genuino trote funk, las voces espaciadas, los coros de Little Sisters, la instrumentación agudizada por la urgencia melódica, todo fluye en capas superpuestas, en sonidos semejantes a ecos de nácar, a latidos del acero más inoxidable.

"Everyday People", tema que llega como single al número uno de las listas en el mes de Junio de 1969, abre la cara B. Su potencia instrumental (aquí destaca de nuevo el slapping del bajo de Larry Graham), su sencillez coral, la ingenuidad de su armonía, todo ello inundado por ecos semejantes a una canción infantil, hicieron de esta composición una de las más populares de este "Stand!". "Sex Machine", casi 14 minutos de exclusiva jam instrumental, muestra el portentoso virtuosismo técnico de la banda. Los turbadores riffs de guitarra de Freddie, el vocoder de Sly, el solo de batería final de Gregg, los vientos de Jerry y Rose, el infatigable golpe del bajo de Larry, todo desemboca en lo que, para el que suscribe, conforma el escondido huevo de Pascua del Lp. Cierra "You Can Make It If You Try", aquí los vientos suenan más funky que nunca, las voces de Sly, Freddie y Larry (éste ha dejado su bajo al mismo Sly) siguen reforzando las líneas armónicas del sonido, los arreglos en los teclados tejen una tupida red de nuevas sensaciones neo-soul.

El éxito de "Stand!" fue inmediato. Un tercer puesto en la US Top R&B Albums y el treceavo en el US Billboard Pop Albums ratifica el alcance de su inmediata notoriedad. A finales de 1969 ya conseguía llegar a los 500.000 ejemplares vendidos, al millón dos años después, a los tres millones en 1986. La excelencia en la crítica de los medios de la época, que resaltan la novedad de Sly and The Family Stone como primer grupo multirracial y (permítanme la expresión) unisex, además de banda portaestandarte, con sus textos reivindicativos, del más representativo mensaje de una generación hippie, propulsora de un cambio social que nunca llegó a culminar, les abren la puerta en el mes de Agosto del Festival de Woodstock donde, sin género de dudas, se convierten en uno de los grandes triunfadores del más colosal evento musical de la historia. El brillante acontecimiento que supone su original apuesta sonora, las bases del nuevo sonido soul-funk puestas al servicio de una audiencia (que no alcanzaba poco antes a comprender su alcance y magnitud), y el éxito y reconocimiento internacional, sirven para que los grandes músicos de entonces, James Brown, Jimi Hendrix, Miles Davis, Marvin Gaye o The Jackson Five queden rendidos al nuevo astro de los últimos sesenta.

Y es curiosamente "Stand!" el trabajo con el que se inicia el declive de la banda, más acusado en el caso del propio Sly Stone. Año y medio sin grabar más que un single (el magnífico "Thank You (Falettinme Be Mice Elf Agin)" / "Everybody Is A Star"), y la edición por el sello Epic del "Greatest Hits" (supuestamente obligados ante la constante petición de novedades por parte del mercado) en Noviembre de 1970, los miembros del grupo se han trasladado ya al exclusivo barrio de Bel-Air en Los Ángeles donde pasan en el piso-estudio de Sly jornadas de noches interminables. El efecto de un consumo constante y desmesurado de cocaína y otros sucedáneos hace fuerte mella en sus componentes, además de dar fuelle a las primeras rencillas en el seno de la formación. El ego de un incontrolable Sly Stone (comienza a ausentarse en numerosos conciertos previamente contratados), agrandado por los elogios de una camarilla de advenedizos que pretende sacar tajada de su buena estrella, le lleva a retraerse en su piso-estudio angelino, de modo que, sin dejar de contar con la participación del resto de The Family Stone, será Sly prácticamente el único timón que dirija la grabación de su legendario "There´s A Riot Goin´On" en Noviembre de 1971. Larry Graham y Gregg Errico abandonan la banda justo después de la grabación. Lejos han quedado los momentos evocados en el texto del reverso del "Dance To The Music": "No cambiaría mi grupo ni por todo el té de México", se han roto también los lazos de unión de una banda que, en sus momentos crepusculares, el propio Sly Stone consideró como la feliz ampliación de su propia familia.

El impulso de su propia fama hace que Sly Stone siga manteniéndose en primera línea comercial durante sus siguientes trabajos con una The Family Stone remozada, "Fresh" (1973) y "Small Talk" (1974), aunque, desde luego, lejos de la explosión que supusieron sus anteriores obras. Su traslado a Nueva York ese mismo año (hay quienes aseguran que se mudan de Los Ángeles ante las presiones de un Black Panther Party cada vez más intransigente), no consigue reconducir su trayectoria ni tampoco elevar el listón creativo de nuestro protagonista, más bien al contrario, sus excesos se incrementan y algunos de ellos (la boda con Kathy Silva en el Madison Square Garden neoyorquino, la guardia pretoriana de guardaespaldas convictos o el alquiler del jet privado de Liz Taylor para acudir a distintos conciertos) han entrado ya en el historial de las mayores extravagancias de las grandes estrellas del rock. Su decadencia fue en aumento durante las siguientes décadas, incapaz de mantener un mínimo común artístico que le permitiera volver a la palestra de las primeras figuras. Baste señalar que en 1993, en el acto de su inclusión en el Hall of Fame, junto a la totalidad de los miembros originales de The Family Stone, Sly desaparece del escenario a la mitad de la actuación ante el asombro generalizado de gran parte de los asistentes.

No es costumbre de esta casa hacer leña del árbol caído, no nos detendremos, por lo tanto, en las múltiples referencias del declive que siguió aquejando a nuestro protagonista, tanto en su azarosa vida personal como en el desastroso manejo y gestión de su legado musical y, consecuentemente, de su patrimonio económico. Desde 1975 tan solo 4 álbumes acreditan la presencia de nuestro artista, uno en solitario ese mismo año, "High On You", los otros tres como Sly and The Family Stone (nada que ver con la banda originaria), "Heard Ya Miss Me, Well I´m Back" (1976), "Back On The Right Track" (1979) y "Ain´t But The One Way" (1982). Nada del otro mundo. Las colaboraciones con George Clinton y su Funkadelic o con Bobby Womack son, quizás, las anotaciones más interesantes de una carrera musical que, pasada la primera mitad de los 80, ya no tiene gran cosa que reseñar. Una verdadera lástima. Un final realmente indigno para un artista genial que elevó a las audiencias, quince años antes, a las más altas cimas de la música popular contemporánea.