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28 feb. 2019

MELODY MAKER



HÜSKER DÜ                            "CANDY APPLE GREY"
Nunca deberían considerarse como apropiadas para la lírica aquellas horas en las que la antesala nocturna las colma con cualquier estimulante, en teoría no deberían serlo, además nadie en su sano juicio recomendaría un allegro molto vivace de tal naturaleza (ni siquiera me había molestado en indagar sobre los posibles efectos del venidero colapso mental), pero en aquel momento supe que el riesgo de la locura era inevitable, iba a producirse algo semejante a un izado brusco del telón cerebral, ¿cuando?, aun no lo sabía, en dos o tres horas a lo sumo. La tarde giraba entonces alrededor de una luna color mostaza, así me lo hizo saber un Mozart acelerado en sus "Hostias et Preces" del "Requiem", ocurrió en esa misma mañana, mientras contaba sus últimas monedas de plata en el gabinete de la emperatriz María Teresa. Así es que, por un instante, decidí abandonar a su suerte a la dama de Shalott, recuerdo que se palpaba los cabellos de oro mientras comparaba su extensión con los hilos de la rueca antigua, y allí estaba ella, enclaustrada en la torre que algunos insistían estar orientada hacia el castillo de Camelot. La escena tuvo lugar justo antes de partir de su isla en busca de una libertad tanto tiempo ajena (alimentada, he de decir, por poemas y sombras de Tennyson). Se produjo entonces su mirada deslumbrante y fue cuando decidí probar los hongos eléctricos de Hüsker Dü

Meterse de lleno en Hüsker Dü requiere de un entrenamiento previo, incluso cuando se ha pasado tiempo sin probar, conviene dosificarlo adecuadamente. Puede que sea este el consejo más oportuno, recomendable sobre todo para personas como las que les habla, de cierta edad ya, para las que le resulta, triste evidencia, comprobar cómo su organismo no funciona de la misma manera que lo hacía en aquella primera mitad de la década de los ochenta, cuando descubrió a la banda de Saint Paul, Minnesota. Recuerdo entonces que mi stock de células cerebrales superaba ampliamente los doscientos mil millones, corrían desbocadas por los neurotransmisores, no sabía qué hacer con tantas, era un agobio intentar satisfacerlas a todas. Ahora es distinto, por el camino se han ido perdiendo unas cuantas, las más aguerridas, las más bizarras. Pero en fin, todo este preámbulo no debería servir más que para decirles que hice caso omiso de las recomendaciones más prudentes y me lancé de lleno a un consumo desmedido e irresponsable. Una primera dosis con el "Land Speed Record" (SST, 1981) a toda tralla, hardcore genuino cosechado en la época más oscura de Ronald Reagan, seguido de un doble pildorazo de "Zen Arcade" (SST, 1984) y, para mitigar el posterior efecto depresor, unos rebujitos de "New Day Rising" y "Flip Your Wig" (SST, 1985).

Me encontraba además seriamente afectado por la visión de "30 días de oscuridad", una película de David Slade en la que el actor Danny Huston interpreta a un genial jefe de vampiros. Su palidez, su largo y raído abrigo negro, los dientes de sierra enmarcados en una boca plenitud de sangre, los horribles ojos negros sin apenas iris, hablando en un idioma que parecía escandinavo, o más bien gótico, muy antiguo, me cautivaron. Hüsker Dü?. ¿Recuerdas, aquellas secuencias en las que gira lentamente la cabeza calva y observa el cielo de una interminable noche blanca, como si quisiera olfatear la posible presencia de sus víctimas, escondidas en la torre de un edificio de madera, enclaustradas igual que la dama de Shalott?. Intenté encontrar algunas conexiones entre el pictograma de Hüsker Dü, un círculo cruzado por gruesos trazos horizontales y un eje central común, y las más conocidas pìnturas de Britten y Waterhouse sobre la dama y las tenebrosas imágenes del vampiro. Tres líneas en el círculo, otras tres en las impostas de un puente oscuro, tres velas alumbran un crucifijo en la barca que lleva a Shalott al encuentro con Lancelot, sus ojos perdidos en otra pintura, el pie de un samovar repujado mostrando las patas de un felino coronadas por una efigie muy semejante a la figura del vampiro jefe. ¿Puede participar una de las bandas más carismáticas del hardcore americano de algún remoto antecedente con las leyendas artúricas, también con las figuras mitológicas que mejor han representado la muerte y la oscuridad?

En esta situación me hallaba cuando empecé a tomar notas sobre la formación de Saint Paul, lástima no encontrar entre sus calles las hermosas ruinas reflejo de la decadencia industrial y urbana de ciudades como Detroit, no tan lejanas, pero escuchen, largémosnos ahora hacia los algoritmos de Edward Hopper, concretamente hacia los alrededores del club First Avenue del 701 First Avenue North esquina con la 7th Street. El 27 de Noviembre de 1987 se celebraba el Día de Acción de Gracias y a las 2 de la tarde lo único que permanecía abierto a la redonda era un restaurante de comida griega. Bob Mould está situado al volante de un diminuto Chevrolet Chevette del 80 aparcado enfrente del club. A su lado se encuentran Steve McClellan y Jack Meyers, dueño y gestor de los conciertos del local. Bob comparte con ellos una tosta ya fría de moussaka mientras les habla de la insostenible situación de la banda en ese momento, él ha conseguido dejar su adicción al alcohol pero Grant Hart está cada vez más enganchado al caballo, su dependencia está creando serias disputas entre ambos, a Greg Norton parece que se la suda y ya tiene tomada la decisión de echar a Grant del grupo cuando terminen la gira de ese año, al término del concierto en el Blue Note de Columbia, Missouri. Un silencio incómodo se adueña entonces entre los tres protagonistas. Bob mira por la ventana y observa a un mendigo apoyado en las antiguas cocheras de Greyhound.

Debería hablar ahora del estilo y de la corriente hardcore punk que recorre los EEUU desde los finales años 70 hasta nuestros días (con denominaciones más actualizadas), pero temo aburrirles con una extensa exposición de este apasionante fenómeno, prefiero limitar su contenido a unas pocas bandas embrionarias y a las principales ciudades que las dan cobijo. El eje Washington DC y Nueva York, por un lado, con bandas como Bad Brains y Minor Threat, Los Ángeles y San Francisco, por otro, con Black Flag y Dead Kennedys. Francotiradores desperdigados, favoritos todos ellos, como Dwarves en Chicago, Poison Idea en Portland o Tad en Seattle, se unen ahora y dan la bienvenida a la formación estrella protagonista, Hüsker Dü. Las conocidas como Ciudades Gemelas, Minneapolis-Saint Paul,  son su cuna y sede, allí curiosamente se concentra una gran parte del negocio de distribución, incluida la de la industria discográfica. Pero si hay una banda que resume las referencias más estrechas con Hüsker Dü esos son los Ramones. El estilo musical de los de Queens harán profunda mella en Mould, Hart y Norton. Riffs de guitarras cortantes, bajos redoblando las escalas de las guitarras y baterías aceleradas, voces ensambladas con un ritmo frenético y canciones cortas, sin alcanzar casi nunca los tres minutos de duración.

La evolución del estilo de Hüsker Dü es un claro trasunto de desarrollo melódico. Desde sus orígenes claramente punk-harcore en las primeras obras "Land Speed Record"  y "Everything Falls Apart" (Reflex Rcds, 1983), en su siguiente EP, "Metal Circus" (SST Rcds, 1983), ya incorporan la idea del tratamiento de la melodía como un valor que les sirva para poder diferenciarse con lo producido en sus primeros años (el sonido extremo disimulaba entonces sus carencias instrumentales), una necesidad, en definitiva, de la que siempre fueron conscientes, la de apartarse paulatinamente de los parámetros de un estilo que les podría venir demasiado estrecho. La voz más agradable de Hart se acopla perfectamente a la melodía en un tema como "It´s No Funny Anymore", y este hecho propicia y facilita su amplia exposición entre las innumerables radios de los campus universitarios americanos, a la larga base principal de los seguidores de la banda. En los trabajos posteriores con el sello SST Records de su amigo Greg Ginn  (Black Flag), "Zen Arcade" (aquí se encuentran interesantísimos y largos desarrollos instrumentales como "Reoccurring Dreams" que, lamentablemente, no explorarán más adelante), "New Day Rising" y "Flip Your Wig", siguen esa trayectoria, incorporar elementos melódicos sin dejar de lado la contundencia propia del estilo hardcore, música furiosa adornada con vuelos de mariposa. El dúo Mould & Hart han dado con la tecla perfecta para hacer de los Huskers una banda de referencia al poco tiempo de su creación.

"Candy Apple Grey" comienza con "Crystal", un relámpago metálico anuncia un torrente de emociones, el redoble de la batería de Hart da entrada a un Mould relatando experiencias que abogan por rebajar la presión de un personaje desconocido, pero la intensidad instrumental y la propia voz de Mould, cáustica en su fuerza, impiden cualquier atisbo de tregua. En "Don´t Want To Know If You Are Lonely" la estructura compositiva permanece, aristas instrumentales acompañadas de textos  donde se muestra despego hacia lo observado, el relator parece curado contra cualquier atisbo de compasión humana. "I Don´t Know For Sure" expresa el conformismo con la falta de criterio del relator, "I never get confused ´cause I dont really know / So I´m happy and so what", al final las mismas palabras parecen no tener sentido, "And words are never proper words". En "Sorry Somehow", el tempo de la canción se ralentiza un tanto, como en el resto de las composiciones de Hart (y esta es una de ellas) su voz, más suave, facilita que el tema adquiera un cariz más melodioso, sin que por ello se resienta la aspereza de la guitarra de Mould. "Too Far Down" cierra la cara A y tiene tintes de balada desolada. El comienzo, un arpegio de cuerdas, da entrada a una guitarra acústica que domina toda la canción. La voz de Mould , acompasada al ritmo sosegado del tema, relata un agudo caso de depresión, dejando abierta la posibilidad del suicidio como última salida.

"Hardly Getting Over It" da comienzo a la cara B. Otra balada acústica de Mould, la melodía seguramente desquiciaría a los primeros seguidores más radicales de la banda, y no es para menos. Hay una sorprendente delicadeza en la instrumentación, las cuerdas rasgan suavemente la madera, la base rítmica se mece en un precioso arrullo, en el puente, los teclados otorgan al tema una cadencia especialmente lograda, bellísima, la lírica, sigue a piñon fijo con la idea de la desolación. En "Dead Set Of Destruction" Hart toma de nuevo la batuta para relatar los efectos emocionales de un huracán, el protagonista no cree poder soportar el aislamiento que tal situación le produce, la guitarra de Mould traza líneas limpias, el bajo de Norton apuntala certeramente la melodía. "Eiffel Tower High" pretende retomar el vuelo hardcore, pero pareciera como si la atmósfera del disco ya se hubiera decantado por el embrujo de la melodía, las voces a capella de Mould y Hart contribuyen a reforzar ese sonido general de apaciguamiento que parece flotar al irse acercando el final del disco. "No Promise Have I Made" afianza esa última conclusión. El piano y la voz de Hart marcan una pauta de quejido aparentemente sosegado, a la espera de que, durante un puente de cuerdas arrastradas, estalle la melodía. No hay tal. "All This I´ve Done For You" cierra el disco y vuelve el hardcore con toda su pretendida fuerza pero la atmósfera ya está dominada por la melodía, la voz de Mould declama: "I guess it matters just to you/ All this I´ve done for you", en el mismo título de la canción puede que se encuentre la clave.


"Candy Apple Grey", grabado en los Nicollet Studios de Minneapolis (sede también de las oficinas de la banda en aquellos años 80), fue publicado en Marzo de 1986 y editado por Warner Bros, un aparente salto cualitativo firmar con una major que, no cabe duda, mejoró la pobre distribución que de la obra anterior de la banda estaba haciendo el sello SST, incrementando además su popularidad a nivel internacional. La recepción de la crítica y del público fue buena y aunque fue profusamente radiado por las emisoras de radio, no consiguió llegar más lejos del puesto 140 de la Billboard Top 200. Hüsker Dü es una de las bandas prototipo de la evolución del hardcore con base punk hacia el rock alternativo y el posterior estilo indie, su influencia por ello está ampliamente reconocida. Escuchando estos últimos días la discografía del grupo, y especialmente este "Candy Apple Grey", me ha retrotraído a la escuela Ramones, influencia declarada en numerosas ocasiones por los miembros de la formación, y, sobre todo, al muro de sonido spectoriano. En muchas de sus canciones esa sensación es patente, el ambiente creado por las capas de guitarra superpuestas de Mould, el gran artífice instrumental de Hüsker Dü (acompañado por una base rítmica nada desechable, digámoslo en honor de Hart y Norton), logra que sus ecos reverberen pujantes en las neuronas del oyente, recupere sensaciones olvidadas sin necesidad de acudir a aquellos estimulantes de los que hablábamos al principio. Las horas de la antesala nocturna se convierten entonces en un inesperado festival, les invito a que entren y comprueben por ustedes mismos los resultados.







15 feb. 2019

ANTÍGONA REVISITADA




RENAISSANCE                         "ASHES ARE BURNING"
¿Por qué las palomas huyen cuando nos acercamos a ellas, por qué diablos remontan el vuelo y dejan de picotear en el césped?. Por favor, fíjense en la foto de la portada de "Ashes Are Burning", contémplenla unos instantes y díganme: si realmente hubiera decencia, ¿resolveríamos la gran escasez de alimentos en Venezuela publicando en la prensa española los muchos casos de abusos contra menores?. Este enigma le trae al pairo a la media sonrisa de Annie Haslam, mitad fría, mitad sensual, maldito calor de Febrero. El corte de sus labios anuncia un pequeño temor, de momento ignorado, quizá se trate del posible hartazgo de luz que le viene encima, puta primavera anticipada, quiero lluvia ya. Apuesto que sus besos (nunca y siempre fueron míos), se encontraron entre bancos abandonados, líquenes en los kits de Coca-Cola, caminos del extraradio por los que ni de coña me atrevería a pasar. Aunque le cueste reconocerlo, el autor se encuentra ahora babeando como un babuino, nunca pensé sentirme como la cenicienta del "Just Like A Woman", así que me temo que ahora tendré que enfrentarme contra las urracas lapislázulis del Imperio ("en aquel campo de batalla donde la uña negra tiene su castillo", exigencias del guionista). ¡Buff!

Apenas existían datos sobre esta entrada en el cuaderno de notas del autor, de hecho él mismo confesó, en un arrebato tonto (con el que pretendió dignificarse), no haber encontrado ningún antecedente para publicarla. Eso sí, reconoció que aparecieron unos breves apuntes que hacían referencia a la idea de desarrollar un diálogo entre un protagonista (aun no conocido) y el mismo autor. Pretendió servirse, como ejemplo de estilo, de unas anotaciones subrayadas en el libro que en ese momento estaba leyendo pero, por más que buscaba la identidad de un personaje al que dar vida, no lo encontraba. Nadie quería hacerse cargo de un papel cuya representación no estaba siquiera imaginada, figúrense el compromiso, dedujo, hablar por hablar sin ningún hilo argumental, ¿quizá haciendo acopio de pensamientos e ideas inicialmente deslavazadas, transversales? El escritor parece ser buen conocedor de sus limitaciones y suele vencer el bloqueo utilizando una serie de trucos (en los que habitualmente falla), por ejemplo, olvidarse de él mismo y dejar que sea el propio texto el que vaya caprichosamente tomando la iniciativa; otrosí, pensar que por prepararse un combinado de alta graduación alcohólica acelerará la llegada de las musas.

Ignoro la razón pero me encuentro obligado a confesarles que sufro excesivo calor por la noche en la cama, padezco además de un insomnio intermitente, que va y viene a su antojo, cabronazo, que no duermo demasiado bien vaya. Eso sí, he de reconocer que en algunos momentos tuve sueños interesantes, ¿lo suficientemente atractivos como para escribir algo sobre ellos?, presumo que no pero por fortuna ya los he olvidado mejor así menudo apuro el intentar contarlos. Ahora que caigo..., lo del exceso de calor nocturno..., ¿podría tener alguna conexión con el título del disco del que hoy hablamos, "Ashes Are Burning"?, y ya puestos, ahora recuerdo que no hace mucho publiqué una entrada hablando del "Burn" de Deep Purple. ¿Debo deducir por ello que mi relación con la música esté degenerando hacia lo paranormal, que me queme tanto para lo bueno como para lo malo, que la cera y las cenizas sean en este caso mi habitat natural? Aunque a estas alturas no me sienta inclinado a buscar otro pesebre más confortable, la puñetera pereza, he de admitir que sería conveniente encontrar una situación intermedia, aquella que me permita evitar de momento la visita al psiquiatra.

Un avión surca el altísimo por un cielo intensamente azul y frío y, antes que desaparezca, el autor pretende recoger el testigo de su mensaje, que no lo dejes escapar, agárralo bien fuerte, se trata de un inesperado rastro del que quizá te puedas valer para así presentarnos a la Primera Dama, Annie Haslam, voz (¿solo eso?) de Renaissance, banda inglesa de folk-rock progresivo que destacó durante una buena parte de la década de los 70. Lo que resulta increíble es que ese rastro tuviera al mismo tiempo otra voz, otro protagonista no femenino, en ese mismo transcurso de la estela, una voz que sonaba también a no masculina, pero no, era la del contratenor alemán Andreas Scholl interpretando los "Cantates pour alto" de Bach. Vale, sigamos lanzados por esa pista, aunque inicialmente no se afiance su apuesta, porque (estas ya son noticias provenientes de su gabinete de prensa) una de las razones fundamentales para la creación de Renaissance fue la aproximación de la música clásica al lenguaje del rock. Habla Jim McCarty: "Hacia el final de los Yardbirds quisimos hacer algo un poco más poético, algo no tan heavy, más folky, ya tuvimos suficiente de heavy-rock. Cuando a finales de 1968 Keith y yo dejamos a los Yardbirds ya habíamos escrito algunos temas. Nos movía nuestro interés por la música experimental de John Cage, también la clásica y la contemporánea". McCarty y Relf, batería, voz y armónica de los Yardbirds, planeaban por entonces un cambio sustancial en su carrera artística, el momento era propicio, cualquier envite parecía contar con una audiencia juvenil ingenuamente dispuesta a aceptar nuevas emociones, otra cosa sería lo que la prensa pudiera opinar sobre el resultado de tal iniciativa, pero de eso hablaremos más tarde.

Supongo que la sociedad de aquel lejano 1974, año de la publicación de este "Ashes Are Burning" de Renaissance, no era peor que esta en la que hoy vivimos. El asesinato de Víctor Jara, cantor del pueblo en Chile, el golpe de estado en Portugal a los sones del "Grândola, Vila Morena" de José Afonso y el retorno de Mikis Theodarakis a la Grecia ya libre de los coroneles (junto al antecedente inmediatamente anterior de Lluis Llach en el Olympia de París), no fueron más que anécdotas, muy importantes por su calado emotivo y sentimental, gotas de lluvia en un inmenso océano musical donde la industria anglosajona, y muy en particular la estadounidense, seguían marcando la pauta a seguir. El primer acercamiento a un grupo como Reinassance, repaso ahora la base de datos de las compras de aquel 1974, coincidió con el descubrimiento de otros artistas, John Martyn o Mike Oldfield, alejados ambos de la horma común de los grupos de rock de la época. Porque conocer a Renaissance, nada sabía de la banda, adentrarme inicialmente en su música, fue una apuesta entonces arriesgada, también una agradable sorpresa al encontrarme con la maravillosa voz de Annie Haslam, desde entonces abanderada perfecta de aquellas utopías que convertían este tipo de música en especial en una pequeña toma de la Bastilla. Esa grandeza inigualable en su rango vocal de cinco-octavas (¡no, por Dios, me acabo de enterar que Mariah Carey también la tiene...!), acompañada por una instrumentación adecuada y arreglos orquestales ad hoc, llegaba para quedarse en buena hora, parecía una de las señales tanto tiempo esperadas.

La secuencia instrumental que da pie a la entrada del primer tema del disco, "Can You Understand", se convierte en una inesperada catarata, desde el primer gong introductorio, el piano marca una pauta en continuo crescendo, la batería literalmente galopa, el bajo sacude el espacio sin compasión, al llegar a los primeros versos, bellísimos, la sensación del oyente es de incredulidad, qué disparate, cómo puede ser esto tan bueno. La voz de Annie prolonga el arrullo, su prodigiosa extensión melódica medita entre fibras aéreas, los coros, cortos y sutilmente intensos, los puentes orquestales, precisos en su suave contundencia, transportan al oyente a estados de feliz espasmo. En "Let It Grow" ya he pedido la mano de Annie Haslam, su fraseo, la delicadeza de su voz de alas, "Stay with me, here with me, keep our loving flowing free", no admite paso atrás, ahí está la verdadera patria, entre mujeres como ella. El piano de Tout alcanza tal profundidad que más parece llorar de alegría, los coros, otra vez perfectos acompañantes, culminan un tema de altísimo lirismo. "On The Frontier" cierra una cara A, tan solo tres temas, ¿para qué más?, prodigiosa. Es esta una pieza más coral, la banda asume un papel si cabe más didáctico, "It´s peaceful revolution time to join the day now", todos a una en propagar la buena nueva, traspasemos la frontera, dejemos atrás la oscuridad.

Más tarde, ahondando en la historia de Renaissance, descubrí a su otra protagonista femenina, la poeta y letrista londinense Betty Thatcher-Newsinger. Ligada al grupo desde su primera época, cuando Jane Relf, hermana de Keith, ejercía las labores de primera vocalista, su aportación resultó fundamental para remarcar otra de las más importantes peculiaridades de Renaissance, sus textos, reclusivos (la autora tuvo problemas por su extrema timidez durante la adolescencia), de oblicua belleza. John Tout y Jon Camp fueron entonces los principales instrumentistas de la banda, el primero como teclista, el segundo al bajo. Tout posaba sus manos de mariposas de hierro en los teclados, su sonido tenía la limpieza del tai-chi de Mozart, nada que ver con el ambiente honky-tonk. Camp me recuerda, paso de las debidas distancias, al Jaco Pastorius que Joni Mitchell buscó en su "Hejira", (el autor, al ser testigo de un reciente concierto de Wilko Johnson, hace muy bien en mencionar ahora a otro bajista excepcional, Norman Watt Roy, antiguo Blockheads de Dury y  miembro de la banda actual del ex-guitarrista de Dr. Feelgood), sus acordes abiertos otorgan al disco un espacio más amplio, mayor holgura, carruaje. Terence Sullivan ejerce a la batería su labor de buen funcionario, titular de un estilo que primaba el aspecto melódico de su instrumento sobre el propiamente rítmico. Michael Dunford, guitarra acústica en la grabación, aunque no aparece en los créditos como miembro oficial de la banda es considerado, de hecho, como tal por los seguidores y estudiosos de su historia (fue él quien dio un empuje definitivo a la formación una vez que Keith Relf y Jim McCarty se desligaron temporalmente de Renaissance), es nuestro último personaje digno de reseña.

En la cara B sigue el tono coral que abre "Carpet Of The Sun", los arreglos de cuerda de Richard Hewson le otorgan, además, ese gusto de música clásica del que hablábamos. También hay aquí algo que abunda en muchas de las canciones, el mensaje de solidaridad, de comunión entre hermanos, de búsqueda de una nueva Arcadia, "Part of the world that you live in / You are the part that you´re giving". En el piano inicial de Tout  en "At The Harbour" escucho ecos de los monólogos de Kurt Weill, puede que también aparezcan distintas variables de las "Gimnopedias" de Erik Satie. Es este un tema de lirismo antiguo, la voz de Annie recoge las de aquellas mujeres que esperan el regreso de sus seres queridos, "Women weeping holding hands / Of those they still have left", el corifeo final es augurio de un final trágico, "For men the sea have drowned". Toda la composición está debidamente recreada para imitar la atmósfera de una tragedia griega. Cierra el disco "Ashes Are Burning". Es este, junto a "Can You Understand", el segundo tema más extenso, situado como aquel en su extremo expuesto, los polos se atraen inexorablemente, su orquestación goza del tiempo suficiente para estirarse, lo convierte en mitad instrumental y mitad cantado. El piano de Tout, junto al admirable bajo de Camp (el único instrumento amplificado durante la toda grabación), sustrato rítmico, marca la pauta al resto de los componentes, la guitarra de Andy Powell de Wishbone Ash, muy al final, le otorga un plus apenas eléctrico, su riff es hermosísimo, casi de línea telegráfica apunto de interrumpirse, la voz de Annie mantiene su dulce vigor de himeneo. "Ashes Are Burning", en su conjunto, no puede dar más de sí, más allá se convertiría en un vuelo imposible, podría caer como Ícaro, estrepitosamente.


El reconocimiento posterior del "Ashes Are Burning" fue muy pobre por parte de la prensa inglesa, nada extraño porque, desde sus dos primeros trabajos, "Renaissance" (1969) e "Illusion" (1970), a la banda le acompañó en paralelo un patente desconcierto generalizado. Sus antecedentes Yardbirds, usados por los medios para darlos a conocer a su público potencial, no encajaba con el tipo de música que entonces practicaban. En consecuencia, en estas sus dos primeras referencias su estilo, mezcla de folk, rock, clásica y experimental, no tuvo el apoyo necesario de la crítica. Lo mismo ocurrió con su siguiente álbum, "Prologue" (1972), una obra que, además de ser el estreno en la banda de Anni Haslam (y figurar también como última participación de Jim McCarty), anticipa el estilo musical por el que Renaissance será posteriormente reconocido. La nueva orientación que Miles Copeland III, mánager de la banda desde 1971, quería impulsar, esto es, potenciar la imagen de Haslam, sirviéndose de su prodigiosa voz y, por otro lado, consolidar el tándem compositivo entre Betty Thatcher y Michael Dunford, no daría sus primeros frutos de gran calidad hasta este "Ashes Are Burning", pero tendrán que esperar a la aparición de su siguiente "Turn Of The Cards" (1974), para que el favor de la prensa y el público inglés comiencen a tener un efecto positivo. En los EEUU vino a ocurrir algo parecido, aunque el reconocimiento de la banda fuese algo anterior y, desde luego, mucho más profundo. Sus primeros conciertos allí, en 1970 y 71, en los que compartieron no pocos carteles con The Kinks, no ayudaron a situarles inicialmente en un nicho de mercado adecuado. Deberán entonces esperar a la publicación del mencionado "Prologue" para que su base de fans se asiente y crezca, curiosamente con mucha mayor profusión en la amplia zona costera que va desde San Francisco hasta Seattle, precisamente allí donde bandas como EL&P y Yes habían conseguido una gran cantidad de seguidores en años anteriores.