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27 mar. 2019

LA BUSCA



CAN                                             "TAGO-MAGO"
Ignoro las razones por las que me empeñé en la absurda idea de descubrir algo, ocurrió en uno de esos escenarios de tardes vacías, medidas por el rabillo del ojo del reloj de arena. He de confesarles que en el transcurso de esos días anduve bastante fastidiado, padecía un fuerte dolor de muelas, de los antiguos, y mientras tanto intentaba aliviarme con lecturas de libros de viajes, improvisaba comidas caseras y cumplía sin falta con la rutina de las bajadas a la ciudad para visitar a mi madre. Me entretuve, lo recuerdo bien, comprando algunos regalos de cumpleaños, prescindí absolutamente del alcohol, y ese esfuerzo no tuvo recompensa porque bajo los efectos colaterales del antibiótico me encontré con lenguas de estropajo y lineales de excrementos color bebé. Pero, a pesar de esas señales tan equívocas, la permanente idea de la búsqueda no se apartaba de mi cabeza. La verdad es que no sabía a qué achacarlo. Para terminar con este galimatías decidí escuchar solo música kraut, creía así que un punto de extravagancia facilitaría mi vuelta a la normalidad. Por las noches, una promiscuidad noctámbula de imágenes en blanco y negro expresionista actuaron como un nuevo catalizador. No había forma de librarse. Los discos que iba escuchando sonaban independientes entre sí, de uno en uno, deslavazados, sin crear entre ellos ninguna ligazón. La primavera ya había entrado con su lenta y leve reverencia.

Un recorte de la revista Disco Express, en el que aparecía el rostro de Irmin Schmidt, permaneció pegado durante dieciocho meses en las paredes de mi taquilla.


¿Y por qué elegir tan solo un disco como el más representativo del kraut?, ¿por qué no seleccionar más?, montar un popurrí de canciones y presentarlas en su conjunto, diferenciarlas unas de otras por el carácter que recogen de sus intérpretes, podría ser un buen enfoque. Mientras dilucidaba llevar a cabo o no esta idea distintos grupos de kraut no paraban de sonar en los platos. El libro de David Stubbs "Future Days. El Krautrock y la construcción de la Alemania moderna" podría conformar la base estructural de una futura serie. Mis opiniones personales sobre cada grupo y canción concreta servirían para hacer de contrapunto. Al final me veía preparando un chucrut que bien podría terminar con la licencia de un divertido desmadre.

En mi habitación se alojaba una voz extraña.

Suena ahora el "Walki-Talky" ("Deluxe", Lilith Rcds, R 2006) de Harmonia, sobre los teclados y sintetizadores la guitarra de Michael Rother (Neu!) descubre jardines abandonados, el aire se llena de ondas sintéticas, también de materia metálica, la reconstrucción de Alemania les aporta el sonido del hierro, del cemento y del acero. Las canciones escuchadas anteriormente se transmutan ahora en el tema que está sonando, se han quedado aquí sin previo aviso los ecos del motorik y del  kosmiche. Pero los miembros de la banda (Roedelius, Moebius y Rother) prefieren retirarse al campo, a la "Alter Weserhof" de Forst. El problema con el kraut es que oficialmente no procede del sol, su atmósfera está (o parece estar) circunscrita a un monótono color gris, de máquina de producción industrial, sobrevive con la luz de las centellas de los tornos. Sin embargo, el romanticismo alemán renacía a través de esta música, los aires del mayo francés encontraron una red de comunas musicales ya dispuestas a seguir su buena nueva, la ruptura con la burguesía dominante. Todo tenía cabida dentro de la revolución. Un par de décadas antes los aliados vencedores de la 2GM habían previsto un proceso de desnazificación radical, en el que obviamente fracasaron. La siguiente estrategia se apoyó en la idea del trabajo disciplinado y el consumo masivo. ¡Acabemos con la pretendida libertad de mickey-mouse!, la mayoría concienciada del movimiento estudiantil apoyó la ruptura total con la cultura oficial.  En esos mismos días de Julio de1972, los de la matanza de los atletas israelíes en las Olimpiadas de Múnich,  Curtis Mayfield presentaba la banda sonora de su "Super Fly", la antítesis del feminismo actual.

El kraut dio preferencia a las estructuras comunales.

Nos encontramos ante una gran pantalla panorámica Telefunken, en ella se muestra a los espectadores la situación virtual de la Alemania de los años 60; la parte Occidental, en la que el Schlager de la generación de Konrad Adenauer sigue imponiéndose, y la parte Oriental, en la que la Stasi ordena y manda a su antojo. Desplacémonos a la zona americana, la escena ya no estaba ocupada por los crooners de la década anterior, Sinatra, Como, Bennett, Frankie Laine, es más, algunos GI Joes ya estaban curtidos en el rockabilly, el blues metálico de Chicago y el dixie de Nueva Orleans, la mayoría ya habían dejado de creer en Buddy Holly como el más auténtico chico solitario. La British Invasion también tuvo un recorrido hacia Europa, no tan intenso y pregonado como en los Estados Unidos; las actuaciones de muchos grupos británicos en las ciudades cercanas a las más importantes bases militares angloamericanas lo demuestran. Entre no pocos de los asistentes autóctonos germinarían nuevas ideas, nuevos grupos vieron la luz una vez regresaron a sus casas. Las emisoras de radio emitían música constantemente, recogían y expandían en sus contenidos gran parte de los estilos musicales existentes (poco antes del atomizado sonido Eagles de los 70), el circuito de clubes asentado por el constante tráfico de grupos y artistas, una prensa musical devota como “Sounds”, y un apoyo decidido a la audiencia juvenil de la TV estatal con programas como Beat Club (que ya emitían desde 1965), caldearon una atmósfera que propició la venida al mundo de Jackson Browne en otoño de 1948, en Nüremberg. Esta nueva situación favoreció también, la historia muchas veces juega a la contra, el alejamiento de una porción importante de la masa juvenil si no de los postulados si del activismo político de la época. Las fuentes consultadas admiten que al stablishment aliado le fue mucho mejor con esta nueva estrategia.

El kraut es la escisión musical dentro del movimiento político estudiantil.

Llevo escuchando, necesito decirlo de nuevo, exclusivamente kraut desde hace muchos días, y ya no quiero atender otra audición fuera de los pocos más de 30 Lps que obran en mi colección. "Apocalyptic Bore" de Amon Düüll 2 ("Vive La Trance", United Artists, 1974) es mi tema de cabecera, el “Deutschland Über Alles”. Los riffs de guitarra de John Weinzierl y Chris Karrell, la base rítmica de Robby Heibl y Peter Leopold, trasladan el tema hacia una insólita melodía, distinta tanto por lo etérea como por la fuerza de sus metales, abstracta en la búsqueda de nuevos acordes y clásica a la vez en la voz de una Renate Knaup que viene a confirmar lo por muchos ya sabido, y es que en la historia de la música kraut han existido brillantes compositores y arriesgados y excelentes instrumentistas, casi nunca buenos vocalistas. Sigue el título homónimo del "Phaedra", quinto álbum de Tangerine Dream (Virgin Rcds, 1974), disco que escuchaba entonces con la devoción del novicio, reconozco que algunos de sus  extraños sonidos de sintetizadores llegaron a amedentrarme. En el "Hallogallo" de Neu! ("Neu!", Brain, 1972) parecía como si la misma música viniera ya escuchada, transmitida desde la lejanía por otros oyentes, felizmente condenada a repetirse una y otra vez.

El kraut es repetición.

La misma repetición que ahora se asoma en "Autobahn", primer corte del Lp homónimo de Kraftwerk (Vertigo, 1975). La aparente monotonía de un viaje por la autopista, las cintas grises (graues Band) que conectan el paisaje de un mundo rural (tan asociado a muchas bandas alemanas durante buena parte de la primera época del kraut) con cualquier ciudad, la mirada convertida en arte autóctono, la Ruta 66 no formaba parte de su folclore. Aparecen los primeros textos en la obra del grupo de Düsseldorf, "fahr´n, fahr´n, fahr´n (andamos, andamos, andamos) auf der autobahn", ¿quien dijo que la fonética alemana no se ajusta al pop? El mensaje no puede ser más escolar, más simple, sobre un fondo de sintetizadores, guitarras, flautas y cintas modificadas (que variarán según las condiciones del viaje), la en principio anodina idea del desplazamiento motorizado se convierte en excursión impresionista. En "Bayreuth Return"" ("Timewind" Ariola-Eurodisc, 1975), Klaus Schulze dedica esa pieza de más de 30 minutos a Richard Wagner, otro de los campeones clásicos a los que se acogieron muchos músicos alemanes de la época. Sus líneas ambientales, con empleo profuso de la última electrónica disponible (grabado con seis tipos diferentes de sintetizadores, además de órganos y pianos Farfisa), corren paralelas a las del Edgar Froese de Tangerine Dream. No hay límites posibles para la ensoñación espacial. Del primer trabajo de Harmonia ("Musik Von Harmonia", Brain, 1974) me suelo quedar con su primer corte, "Watussi". Es una danza con cierta base funk, la mecánica de los ritmos empuja al oyente hacia movimientos nada robotizados, también hacia un oleaje de cableado selvático. Gracias a Michael Rother (tercer miembro de la banda junto a los Cluster Hans-Joachim Roedeluis y Dieter Moebius) gran parte de la experiencia motorik de Neu! se vuelve a encontrar entre sus surcos.

El kraut surge del hartazgo en la imitación de la música anglo-americana. Frank Zappa y sus Mothers of Invention influyeron en una gran parte de los músicos alemanes.

Guru Guru es el kraut con mayor influencia free-jazz, consiguen además extraer el sustrato del mismo rock para crear un sonido crudo, sin contemplaciones, reivindican los ruidos de montacargas mezclados con crescendos de chatarrería industrial. Su álbum "UFO" (Ohr, 1970) es realmente difícil de catalogar, está construido a pedazos, la línea melódica cambia constantemente, a la hiriente tensión le siguen muchos momentos de inquietante sosiego. Lo fascinante de Faust es que hacen del estudio un nuevo instrumento musical, son los pioneros de su utilización como gimnasio libre de aprendizaje, allí quedan grabados los ecos de las sesiones, pareciera como si de esa manera la música consiguiera mayor aire para respirar. Su más hilarante título, puro sarcasmo, "Krautrock" del álbum "IV" (Virgin, 1973), es fiel reflejo de ello. Moebius y Roedelius se suman a Brian Eno en el "Cluster & Eno" (Sky, 1977). Es esta una obra de ambient pastoril, las labores domésticas de la casa donde se retiraron en el pueblo de Forst, los largos paseos por los bosques, cualquiera otra actividad que realizan en un entorno de absoluto aislamiento la trasladan a un sonido comunal que, fielmente recogido en el estudio de Conny Plank, logra cotas de belleza pequeña, enorme. El inglés, recién salido de Roxy Music, llegó por entonces a confesar que en ningún otro lugar del mundo se hacía música como en Alemania. Su participación destacada en esta grabación significó una mayor presencia internacional para una de las bandas más singulares del kraut, Cluster, también influyó en la decisión de David Bowie para trasladarse posteriormente a Berlín.

El kraut es el joven Werther resucitado.


En mi afán de orden burgués tomé la decisión de mantener como banda sonora la recopilación de Can, "The Lost Tapes" (Spoon, 2012). Este juicio premeditado decantó de una forma determinante la banda y el disco a seleccionar. Entre todos los temas del "Tago -Mago" (Spoon, 1971) siempre he preferido muy especialmente aquellos en los que el groove de la batería de Jaki Leibezeit fuera el principal protagonista. La cara 2 se abre con "Halleluwah", el ritmo percusivo es puro acorde repetitivo, su eco es profundo, ciénaga, burbujas que explotan unas detrás de otras. El bajo de Holger Czukay ancla el sonido del tema mientras ocurren aquí y allá sorprendentes interrupciones melódicas. La voz de Damo Suzuki  a veces se acerca a la de la aquella voz extraña. Los teclados de Irmin Schmidt y la guitarra de Michael Karoli vuelan, taladran suavemente el cortex del oyente, y Jaki insiste en su papel de guía, marcando el ritmo con una precisión de cadena de montaje psicodélica. En "Aumgm", el tema más budista del álbum, hay atisbos del "Interstellar Overdrive" de Pink Floyd, mayor religión, llamada electrónica al OM indostánico, se suceden mantras repletos de efectos especiales. La percusión, ya pasada buena parte del metraje, llega a confundirse con ruidos y ladridos de perros, parece descompensarse inicialmente para conseguir poco después un beat frenético. Con "Pekin O" culmina la fase de extensas improvisaciones en "Tago-Mago". Es el tema más radical, otra vez la voz de Suzuki, cercana la agonía en lo extenuante de sus gritos, el ambiente se torna indeciso, no existe ni una sola tonalidad que permita mantener un ritmo medianamente fijo. La imagen pudiera ser la de las barras de acero hundiéndose sin control en la piscina de un reactor nuclear. No dejaría de tener su encanto escuchar este tema justo antes de la próxima conflagración mundial. "Bring Me Coffee Or Tea" apacigua en parte los excesos de la anterior pieza creando un ambiente de mayor relajación.

El kraut fue una bacteria no suficientemente aislada de la República de Weimar.

En "Paperhouse" ya se intuye toda la amplitud percusiva de Liebezeit, desde un inicio claramente mecanizado, hasta un tono menos agresivo que navega entre rupturas amazónicas (bellísimas en su ambigüedad), cada golpe de baqueta transpira un sudor frío, un latido moribundo. "Mushroom" despliega una de la líricas más celebradas de Damo Suzuki: "When I saw a mushroom head / when I saw a mushroom head / when I saw a mushroom head / I was born and I was dead", la recitación se extiende como un mantra que anticipa una futura explosión y allana la entrada de "Oh Yeah". La percusión de Liebezeit sigue marcando el ritmo, su batería parece desarrollarse al abrigo de un antiguo taller de carpintería, los arreboles de Karoli a la guitarra elevan la pieza, la convierten en una cometa serpiente camboyana reclamando lluvia. El ambiente, una vez escuchado el disco, es de purificación, pareciera como si el oyente se hubiera sometido a un tratamiento de diálisis sonoro.

El kraut es el soul europeo.

Viene a suceder algo parecido a lo que ocurre con las relecturas de aquellos libros que más nos gustaron, cada nueva escucha de un disco como "Tago-Mago" sorprende una y otra vez al que se deja llevar por el hechizo de sus surcos. Quisiera resaltar la figura de Holger Czukay después de estas últimas sesiones, su magnífica labor al bajo, resaltando con disciplina alemana las simplificadas notas en la percusión de Jaki Liebezeit, conceden a Can una base rítmica inigualable. Su actividad durante los posteriores procesos de grabación y producción en el estudio (fue él de hecho el único miembro de la banda de Hamburgo realmente interesado en esta técnica), otorgaron a su figura un papel relevante en todo el universo de la música creada por Can. Una especial mención también para Ulrich Eichberger, autor del diseño de la portada. De todas las magníficas carátulas que abundaron en los álbumes de los discos de música kraut, esta suya de "Tago-Mago" es de las más impactantes, de las más conseguidas, refleja en su aparente nimiedad la grandeza de una época irrepetible.









7 mar. 2019

RELATOS VII: FEBRERO JOHN



Ella era la niña prodigio de la portada se presentó con un perfumado silencio de maní pero sus piernas no parecían moverse por el suelo del zaguán se deslizaban más bien entre los viejos tablones de madera, así que ella se acercó hasta los ennegrecidos cristales de la puerta para apoyar (à suivre) sus manos contra la bisagra central, la sucia planta del pie derecho en perfecta miniatura de movimiento. Cuando alguien como yo se encuentra encerrado en un tendedero de apenas 5 metros cuadrados ¿cuántos son 5 metros cuadrados realmente? siendo consciente de su mala suerte de su desgraciado aislamiento el mundo la existencia se limita a un no saber cómo empezar. Gracias a mi educación burguesa me decidí a hacer algo productivo por ejemplo recuento de todos los artilugios depositados en el gran armario blanco de la memoria, pero yo no tenía teléfono no podía usarlo para llamarla tampoco servirme de la opción de apuntar cualquier cifra entre sus notas ¿cómo guardar entonces todos los datos que pudiera recopilar? De acuerdo, alternativa desechada ¿y qué se supone que debe hacer alguien en una situación como esta?, tendré que ingeniar un pasatiempo algo que me mantenga entretenido hasta que regrese a casa la que (presumo que sin ser consciente de ello) me ha dejado encarcelado en este tendedero. ¡En el tendedero! qué endemoniada conspiración de los dioses contrarios aquí me encuentro atrapado en esta trampa inesperada en uno de los ridículos destinos que nadie calcula ocurran y sin embargo todavía tengo luz, son las cinco de la tarde le echo una ojeada al reloj esperanza de momento mi único aliado con el mundo exterior.

No me considero capaz de contarles todo esto menuda historia y si intentara saltar por la ventana qué tendrá sus cinco o seis metros de altura seguro que me puedo partir la crisma, mejor me quedo aquí agua y ajo. Mira hacia el suelo aparte del armario blanco hay un par de repisas con artículos de aseo palancanas y un cenicero medio lleno de colillas. Un cubo y una fregona un aspirador danés escalera tabla de la plancha escoba recogedor carrito para transportar la vajilla hasta el comedor. Si por lo menos tuviera un sacacorchos podría abrir una de las botellas de vino y puedo buscar alguno en el armario pero esa es una opción que prefiero dejar en la retaguardia para más tarde, antes ¿qué hacer? Rechazo la idea de apostarme en la ventana y gritar o por lo menos llamar la atención de alguien que pase por el jardín, por favor escuche me he quedado encerrado en el tendedero podría avisar a Ettore que se acerque a la ventana y le explico por favor sería tan amable, no dejaría de ser todo un espectáculo los vecinos alucinando y menuda fama de lunático además el interruptor está fuera de mi alcance y la luz se va ocultando, decido entonces lucubrar.

Hacía demasiado calor en Febrero John, todos padecíamos de sequía y allí fue de improviso donde la conocí, una chica tan esbelta no sé por qué razón supuse que debía ser una aristócrata rusa. Otros lectores aseguran que el encuentro tuvo lugar en la Iglesia de Lânna en Suecia o en un puesto de comida en la placita de Santurce en San Juan de Puerto Rico (en el primer manuscrito no se concretaba ningún código postal), pero he de manifestar con la firmeza necesaria del que ya nada tiene que perder que todo lo que les relato sucedió en Febrero John, no quiero ni debo dejar de mencionar este hecho. Insisto en que ella era de largo ébano una mujer aprendiz de maga además (pensé que ese dato le daría más interés a la narración). La verdad es que pocas veces hablaba, le gustaba permanecer aupada en una especie de extraña nebulosa practicando el trino de los cuervos. Aun diré más (pero eso sucedió mucho más tarde), también sometía a sus clientes al vudú más extremo, les subía en bicicletas desnudas de payasos obligándoles a hacer peligrosas piruetas. Sus besos allí en salones de tela rasa florentina, espléndidas estancias llenas de espejos que reflejaban imágenes difusas, sí que tenían el sabor del aire helado de la tundra. Ella fue en días más antiguos la niña prodigio de la portada aunque conste que esta magnífica circunstancia nunca se aprovechó lo suficiente para atraer más turistas a Febrero John.

Apoya o más bien deja caer la cabeza contra sus manos abiertas, se restriega con ellas la cara y comba el cabello con sus dedos, parecen los suyos los gestos propios del condenado. Creo que debería presentarme puede que de esta manera alguien encuentre algún hilo argumental digno de una futura novela policíaca. Los que me conocen me llaman Gustavo Percolatti di Amatista barón de Rotorik por parte paterna, ¿qué importancia tiene el nombre de una persona cuando está desesperada? no vale de nada, tan solo algún eco lejano me viene a la memoria cuando mi madre me llamaba vito chiquito ven aquí y con sus largas uñas de acero me pellizcaba sin compasión en mis rosadas nalgas pequeñas el primer dolor inolvidable que me sabía a no comprender a sentir el pavor de un cuerpo el mío inocente fracturado roto. Esos ayes tan lejanos es la voz que recuerda haber escuchado la niña cuando se asomó por la ventana, también recuerda el silencio que a continuación siguió mudo como un alud sin sonido. Observa como Gustavo ladea la cabeza de un lado a otro mirando hacia un techo que no encuentra cielo (la niña moderó con su mano una tos inoportuna), ambos se apartaron temporalmente de la ventana para aspirar un aire no viciado tan limpio (soportable para sus pulmones de mayólica), también para descansar antes del segundo acto.

Ni en la F ni en la J de Febrero John cabe librarse de los perniciosos efectos ultravioleta de los rayos del sol, es una tortura siempre el mismo color ácido en el fondo de los peroles, el sonido de los neumáticos de los coches crujiendo en el asfalto no es tampoco el de la ansiada lluvia (no busquen ninguna señal del cars hissing by my window de Doors), todo es seco hasta la mirada pajiza de los paseantes de los pocos pasajeros que se atreven a subir a un tranvía plagado de saltamontes, hasta el ruido del gozne de la puerta de mi casa cuando la abro suena arrugado. Los parkings tienen un brillo lejano de circo con luces de neón y los anuncios muestran una primera línea de rosas y cintas azules que alguien entrega a la intermitente belleza de la primera dama norcoreana  Ri Sol-ju.

Oye niñita, ¿estás todavía ahí, dinos qué ves? Veo a un hombre sujetando muchos papeles en sus manos los va lanzando al aire al azar, van cayendo al suelo con la lentitud del vuelo de la libélula, cada papel posado refleja un potente haz de luz hacia el techo blanco como el foco grande de una linterna, pero todo alrededor permanece oscuro muy oscuro. ¿Escuchas algo, oyes alguna voz? Repentino cambio de plano, la cámara se desplaza con inusitada rapidez hacia las alturas, se observa una gran hacienda sureña de tejas de color de herrumbre y algas de verdor quemado entre sus pliegues, palmeras ancladas en la tierra desde hace mucho tiempo testigos de la desolación de un jardín lleno de zarzales y fuentes de piedras rotas. Ahora mismo es cuando más me haría falta la aparición del doble (deduce el que no vive en la novela y  pasa por esta incómoda situación), un nuevo personaje que sea capaz de narrar con humor mi angustia, deseo que a nadie le ocurra algo parecido, no escucho ni radio ni música si algún vecino cercano tuviera por suerte abierta las ventanas…


En la siguiente escena contemplaremos a Gustavo Percolatti sobrevolando Febrero John en un globo aerostático modelo Blanchard francés de 1784. La ciudad aun no ha logrado librarse de su sed eterna por el contrario sigue reflejando cicatrices perfiladas en los edificios más altos también observa acueductos derruidos por piedras lunares, han aparecido además enormes lagartos pardos desplazándose con total libertad por las calles (ni las moscas se atreven a volar). Desde las montañas cercanas comienza a caer una colosal lágrima de lava seguida de múltiples afluentes que van dejando un reguero de azules brillantes y líneas de cobre, en su vértice confluye una espina dorsal que emite señales inequívocas de un volcán en próxima erupción. Aquí se perdió el hilo de su relato, debió acusar un primer inicio de cansancio de rendición quizá, parece que también se apercibió de que era ya demasiado tarde, la luz había desaparecido completamente y se encontraba rodeado de una absoluta oscuridad (salvo un brillo tenue que llegaba desde el fondo del jardín). Por no hacer nada extravagante (antes de intentar dormirse) decidió apretar el botón de inicio en la lavadora, surgió un sonido simpático semejante a un txistu sanferminero le gustó escucharlo de nuevo, se miró a continuación los lunares de las manos sin esperanza. La supuesta baronesa rusa se acercó de nuevo a la ventana y prestando gran atención a los movimientos de los labios de Gustavo entornó sus ojos, el caso es que después de pensarlo un rato dedujo que su vito chiquito estaba tatareando alguna canción de Violent Femmes.