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1 abr. 2014

EL ÚLTIMO VIAJE




JOSÉ-CARLOS MAINER                   "PÍO BAROJA"
Como necesario complemento a la preparación de la próxima "Ruta Barojiana"  (que tendrá lugar el próximo 12 de Abril) he desmenuzado (más que leído) el libro que José-Carlos Mainer ha escrito recientemente (2012) sobre Pío Baroja, incorporado éste a la excelente colección de la Editorial Taurus titulada "Españoles Eminentes". El autor aragonés, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Zaragoza, se suma así al plantel de los más celebrados autores, estudiosos y críticos literarios que como Joseph Pérez, Santos Juliá, Jordi Canal o Jon Juaristi, entre otros, han escrito sus impresiones biográficas sobre algunas de nuestras "eminencias nacionales" (de tal manera pueden ser considerados) como el Cardenal Cisneros, Mariano José de Larra, Benito Pérez Galdós o Miguel de Unamuno.

Como inicio ajustado a mi pequeña (por intrascendente) formación literaria, tengo que admitir que he sido, y sigo siendo, un seguidor incondicional de la obra del escritor donostiarra, admiración que se ha ido consolidando a lo largo del tiempo. Tuvo ésta, en una época ya muy lejana, solamente los breves (pero sólidos) apuntalamientos de las lecturas dispersas de varias de sus obras ("Las inquietudes de Shanti Andía" o las correspondientes a su trilogía "La Lucha por la vida", más libros sueltos como "El Árbol de la Ciencia" o "La Dama Errante") y con el transcurso de los años esa querencia ha ido consolidándose con un mayor conocimiento y lectura de la obra del autor guipuzcoano. Serán, por tanto, las opiniones que vierta en esta breve nota las de un enamorado lector, partícipe agradecido de todo un mundo de acción y reflexión que en mí ha propiciado la pluma maestra y el estilo directo y conciso de don Pío, sin dejar de mencionar, no sería justo hacerlo, la última aportación que en tales menesteres ha tenido el autor del libro, José-Carlos Mainer.

Independientemente del escenario cronológico del libro, no olvidemos que se trata de una biografía y, en tanto, el señalamiento de los aconteceres vitales del protagonista deben fijarse en base a un desarrollo de estas características, hay o se dan, mejor dicho, varios aspectos que destacan sumariamente en el estudio literario de Mainer. El primero sería el aspecto estructural del libro ya que, además de los obligados escalones temporales que recogen las propias vivencias personales y creativas del escritor vasco, concurren en el mismo dos ensayos menores, uno al inicio y otro al final (a modo de un bucle de "eterno retorno"). Trata uno del "pacto del escritor con el lector", especie de acuerdo pre-escrito que propone don Pío a quien decide aventurarse por sus páginas (a modo de aviso de navegantes), donde éste último queda al tanto de las intenciones del primero, siempre honradas y diáfanas en su planteamiento, en tanto sus motivos puedan ser banales o meramente recreativos, y aprovechables para un lector que nunca debe esperar una moraleja final, de tal punto pretendía inhibirse el autor donostiarra de todo aquello que significara un forzar el posicionamiento previo del lector. El otro aspecto que cerraría ese "bucle narrativo" del propio estudio biográfico sería el ensayo relativo a la "eminencia de Pío Baroja" como tal. Un autor al que, a la conclusión de la guerra civil y justamente cuando su prestigio había ya calado en el imaginario intelectual de épocas anteriores, se le hace difícil encajar en una España "nacional-católica" a ultranza, donde junto a sus conocidos escarceos cercanos al anarquismo libertario, negacionismo de Schopenhauer o ateísmo de Nietzsche, se le recriminan sus conocidas diatribas contra el clero y la doctrina de la Iglesia católica. Catalogación de "eminencia" que, a fuerza de ser sinceros (y así lo recogen críticos, ensayistas y autores de la postguerra) se le reconoció en tanto Pío Baroja seguía siendo, entonces, el lector más leído de una España semi-analfabeta.


Otros dos aspectos destacables de la biografía de Mainer serían aquellos que reflejan tanto el carácter de "inadaptado" de Baroja como las distintas imágenes que el autor pudo (o supo) dar al mundo exterior. "Inadaptación" reflejada en cuanto a la personalidad terriblemente individualista del escritor, trasunto de personaje que rechaza intrínsicamente lo más crudo de una realidad que encuentra manejada por seres secos, egoístas, vacíos y ajenos entre sí, dirigidos las más de las veces por sentimientos de pura supervivencia, las menos por ideales y orgullo de pertenencia a una raza (vasca) o por la atracción visceral hacia la acción como redención a una vida anodina. Y de tal materia orgánica se gestan sus propios personajes, tantas veces también actores principales de un drama al que no han sido invitados y que, más bien mal que bien, representan con desdén y apatía. En otro punto, e íntimamente ligado con la propia trayectoria vital del escritor, éste transmite en cada momento una imagen de gran potencia visual. Sus primeros paseos por los arrabales de Madrid, sus estancias en su casa de Vera de Bidasoa, sus exilios en París y en la frontera francesa, sus últimos paseos por el parque del Retiro y las instantáneas con los invitados en sus tertulias de la calle Ruiz de Alarcón, tienen cabal presencia en todo el corpus biográfico y Mainer, en uno de los numerosos aciertos del libro, sabe ligarlos con el espíritu de cada época, con la idiosincrasia personal de un Baroja que va creciendo como escritor y como persona,  muchas veces interpretando y dando vida "idealizada" (quizá a sabiendas...) a los propios personajes de sus novelas.

Como es lógico suponer una gran parte de la biografía de Mainer se refiere a las obras propias de Pío Baroja en lo que representa su trayectoria literaria, desde las primeras participaciones en los periódicos, folletines y revistas de las distintas épocas, hasta sus novelas, memorias, ensayos y artículos de opinión, incorporando incluso una muy valiosa información referida a todo (o casi todo) de lo que aun permanece inédito en la obra del autor guipuzcoano. La altísima calidad académica de Mainer, además de como catedrático también en tanto acreditado especialista y estudioso de la literatura española de toda época, guía y dirige al lector a una mejor y más profunda comprensión de la obra y del significado del escritor, así como al encadenamiento de la misma con los más singulares acontecimientos de la vida española y europea de las postrimerías del siglo XIX y buena parte del siglo XX. Este dato hace que la lectura del libro, además de un muy entretenido y preciso ejercicio introductorio en la vida y obra del escritor, suponga un valioso repaso (fuera de las visiones propias de historiadores y politólogos) memorialístico a una de las épocas más fascinantes (también lúgubres) de la historia de nuestro país.

Libro, en definitiva, altamente recomendable, tanto a los seguidores de la obra de Pio Baroja, que no creo equivocarme si aventuro que son unos cuantos, como a los que puedan identificarse con su "modus vivendi", la de un libérrimo iconoclasta (también políticamente) que pudo y supo (quizás a su pesar...) crear un mundo antídoto, paralelo a una realidad circundante hosca y también de alto contenido inspirador (ahí precisamente radica su gran mérito como autor), por el que transitan, junto a él, personajes de todo tipo y condición, unos mejores que otros, siempre todos interesantes, incluso en su propia personalidad literaria. Baroja, escritor culto, bendiga extendiendo sus alas de cuclillo a todo aquél que se entrometa entre sus páginas, sabedor desde el principio al conocerse, como él, persona extraña a cualquier otra actividad que no sea la pura y feliz ensoñación literaria, contrapunto necesario a un mundo desdichado, a lo más, caminante, bucanero, contrabandista, conspirador, inventor, estrafalario, psicópata, hipocondríaco, navegante, espiritista, espía, guerrillero, colonizador, amanuense, librero (de viejo), quincallero, prestidigitador.


Esta entrada está dedicada a mi padre.

1 comentario:

  1. Valle Inclan y Pio merecerían mucho más reconocimiento que el que se le da.

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