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14 jun. 2017

LLUVIA INGLESA







TREES                     "THE GARDEN OF JANE DELAWNEY"
¿Dónde encontré a Jane Delawney? ¿Qué hizo que su nombre permaneciera tanto tiempo dentro del baúl de la memoria, aquel que parece agrandarse con el paso de los años? ¿Por qué me persigue esa imagen suya de mujer interior, de mujer ideal que a menudo surge desde el patio azul de los sueños? ¿Por qué su voz es la del campo abierto, sus palabras mojadas las que siguen a las páginas que he leído, sin encontrar de nuevo su nombre entre ellas? ¿Debe existir la certeza de no haber conocido a Jane Delawney para que se convierta en un personaje real? ¿Pueden las aceras empaparse de barro, los autobuses rodar por el pavimento sin pisarlo, una tarde de inicios de septiembre retirarse sin recibir más luz, fundirse las esquinas de dos calles entre el aire tibio? Jane Delawney estuvo allí, en ese preciso instante, cuando las burbujas de las cervezas apenas costaban cinco duros, en una terraza que miraba a dos grandes avenidas. Me saludó y noches más tarde contemplé enamorado sus clavículas desnudas, una belleza de mujer apalachiana bailando, enfundada en un ceñido traje negro. Desde entonces.

Estoy escuchando en la penumbra "Llena Tu Cabeza De Rock", un doble recopilatorio que el sello CBS publicó el año 1970 a mitad de precio, trescientas pesetas. Un disco que desde entonces gira en el plato aunque a veces tarde en salir de la estantería F6. "The Garden Of Jane Delawney" es el quinto corte del Disco Segundo, Cara C. En esa cara, mi favorita, Trees comparten a Jane Delawney con "Gibsom Street" de Laura Nyro, "A Small Fruit Song" de Al Stewart y "Driving Wheel" de Tom Rush, debilidades, y al escucharlos el mundo se mueve con la lentitud de las libélulas. Abro la carpeta del disco y busco la fotografía del grupo Trees. Celia Humphris extiende los brazos extendiendo una paz blanca que contrasta con el fondo oscuro del resto del retrato. David Howells era entonces el responsable de CBS en Londres y decide editar un muestrario de los mejores artistas contratados por el sello. A los más consagrados, Chicago, Santana, Blood, Sweat & Tears, The Byrds, Leonard Cohen, Janis Joplin, Johnny Winter, se suman algunos otros poco o nada conocidos. Spirit, Steamhammer, Flock, Black Widow, Argent, Skin Alley, Moondog, Amory Kane, Al Kooper, Taj Mahal. Mike Bloomfield, Pacific Gas & Electric. El disco doble causa una tremenda conmoción en Inglaterra y en toda Europa. The Beatles han desaparecido ese mismo año y hay que dejar el pop y volver la vista hacia la música que en esos momentos se hace en América, el rock.


Trees es uno de los grupos elegidos en el recopilatorio de CBS. Junto a Skin Alley, otro de los seleccionados, forma parte del establo que Doug Smith y Kick van Hengel han apiñado bajo la Clear Water Productions, una agencia corporativa con evidente ánimo de lucro, representantes de bandas (Hawkwind, High Tide...) que abundan en un Londres resacoso del post-Swinging, y que moviéndose todavía en un nivel semi-profesional desean también dar a conocer las propuestas de bandas innovadoras. La capital inglesa es un hervidero de actividad artística relacionada con la música y con la imagen que esta proyecta. Carnaby Street, Ladbroke Grove, Portobello Rd., Notting Hill Gate, Westmorland Mews, las campas de Richmond y Barnes -muy cerca, en las confluencias de Queen´s Ride y Gipsy Lane, Marc Bolan encontraría la muerte pocos años más tarde en su Mini color violeta-, el Guy Stevens de Hapshash & The Coloured Coat, los DJs Pete Drummond y John Peel, los clubs y las emisoras de radio y TV, en permanente estado de programación musical, Melody Maker, Ziz Zag, Disc, IT, y muchos músicos, muchos, que pasan hambre y apenas tienen lugar donde lavarse.


Entre aquellos músicos hay una porción importante de norteamericanos expatriados que practican un folk bellamente contaminado de pop, Paul Simon, o de un blues existencialista, Jackson C. Frank; otros ingleses, Ralf McTell, que han vuelto de París y muestran al público interesado la visión más cruda de la realidad de las calles de la gran ciudad. El folk, aunque a contracorriente entonces en el gusto de la mayoría del público urbano, tiene en el circuito universitario, controlado por los innumerables Student Unions, un mercado fiel, una audiencia que sigue considerando como propia la tradición literaria de las Child Ballads, un compendio de baladas populares tradicionales de Inglaterra y Escocia que, curiosamente, llegan a los campus a través de la versión americana de John Jacob Miles, una especie de British Invasion a la inversa. Bandas como Fairport Convention, Pentangle, Steeeye Span, recogen en muchas de sus composiciones de finales de la década de los 60 ese motivo literario, aquel que utiliza la belleza de lo oscuro, el brillo de lo prohibido, el incesto, la violencia, la traición y lo anómalo de la conducta humana como elemento compositivo preferente.

Trees se mueven en esa onda. David Costa, el germen fundador del grupo, es un devoto practicante de la guitarra acústica, seguidor de las grabaciones surgidas de los sucesivos Newport Folk Festivals, del Modern Folk Quartet, The Kingston Trio, de Joan Baez, Peter, Paul & Mary y, a través de ellos, de Bob Dylan. Su contrapunto inicial en Trees, Barry Clarke está,  por el contrario, más centrado en el sonido de la guitarra eléctrica, en Jeff Beck y posteriormente en el estilo de mezcla modal de Davy Graham, padre reconocido del estilo fingerpicking que desarrollan poco tiempo después artistas como Bert Jansch, John Renbourn, Martin Carthy o John Martyn. La confluencia de los estilos e influencias de David y Barry otorgan a Trees su característica seña de identidad, una mezcla de acústica y eléctrica que tienen en el "Bluebird" del Stephen Stills de Buffalo Springfield la referencia de sonido ideal. La corriente musical proveniente de la Costa Oeste americana, abierta a todo tipo de experiencias, desde el funk suburbano de Watts hasta el country de Bakersfield, la escena jazz de Los Ángeles y la percusión latina de Santana, encuentran en Trees sus seguidores al otro lado del Océano. La escena de San Francisco, más psicodélica, tiene a Jefferson Airplane como gran referente de Trees.



Los otros miembros masculinos del grupo son Bias Boshell, al bajo, y Unwin Brown a la batería. Ambos se conocen desde su época estudiantil en Bedales, una escuela famosa por sus métodos poco convencionales de enseñanza co-participativa, donde los profesores son conocidos por sus nombres de pila y, por recalcar su progresismo, ni los alumnos llevaban uniformes ni hay centro religioso en sus instalaciones. Bias se convierte en el principal compositor del grupo, de hecho en las primeras audiciones y ensayos de la banda ya aporta una cantidad significativa de canciones, entre ellas "The Garden Of Jane Delawney", tema al que inicialmente no otorgan demasiada relevancia. Unwin, hijo de diplomáticos y empleado en un Banco antes de decidirse por su nueva profesión, es el miembro con menos antecedentes musicales, el que simplemente aprovecha la corriente de la época para dejarse llevar hacia orillas y escenarios mucho más excitantes. Su estilo percusivo, más frío en su primer trabajo, más envolvente en su segundo publicado el mismo año, "On The Shore", también en CBS, aporta a la banda la firmeza que su estilo va buscando, un aleteo de mariposas entre martillos de yunque.

Nos queda la voz de Celia Humphris, una gran parte, sin saberlo ella, de Jane Delawney, la verdadera protagonista de este texto, como Vds habrán deducido. Digo esto porque yo siento una especial predilección por las cantantes inglesas en la onda folk. Sandy Denny, Annie Haslam, Maggie Bell, Judy Dyble, Vashti Bunyan, incluso la más roquera Elkie Brooks, son santas patronas de esta casa. Sus voces, tan intensas en su modulación puramente inglesa, aportan a sus obras, en solitario o acompañadas de sus legendarias bandas, un plus de emoción que transporta fácilmente al oyente a los más idílicos paisajes de los Cotswold, independientemente que se entiendan o no sus letras, en muchos casos ligadas a la tradición literaria antes apuntada. Este es el caso también de Celia Humphris, una auténtica belleza que inicialmente intenta abrirse camino como bailarina y actora dramática y que, después de una primera audición fallida con el grupo, su tono de voz entonces un tanto operística, decide aceptar finalmente la invitación de unirse a la banda londinense.


Doug y Kick, los capitostes de Clear Water antes mencionados, logran que Trees firme contrato discográfico con el sello CBS en Agosto de 1969. A partir de esa fecha y hasta Febrero del año siguiente, van grabando los distintos temas que conforman esta su primera obra, "The Garden Of Jane Delawney". La producción corre a cargo del propio David Howells, ayudado en esta ocasión por un Tony Cox que ya conoce el paño por grabaciones anteriores de Caravan y Family, bandas ligeramente afines a la nuestra. La edición del disco se realiza en Abril y, desde entonces, intensifican sus giras por todo el circuito de clubs de la capital y del resto del país. Su propuesta, como ya habíamos apuntado, no es fácil de asimilar, considerando que el gusto mayoritario del mercado había transmutado del pop y de la psicodelia al blues-rock más compacto, a los inicios también del glam y a las variantes recogidas en el rock progresivo. Su estilo no es apostado, no está camuflado por las corrientes que entonces imperaban y que hicieron variar a muchos grupos de un estilo a otro para mantenerse vivos. Su folk progresivo, con fondo roquero y temática lírica más bien tradicional, hace que triunfen más en ciertos ambientes donde la calma precede a la tempestad y ésta, en todo caso, se encuentra controlada por unos músicos que apenas entran en el juego de los excesos tan característicos de la época.

Los temas que se incluyen en este primer trabajo de Trees contienen muchas de las referencias literarias antes apuntadas. El tono de baladas tradicionales, extraídas en algunos casos de las propias interpretaciones de artistas ingleses, Bert Jansch, o americanos, Joan Baez o Pete Seeger, que sirven al principal compositor Bias Boshell para dar a conocer una visión modernizada del folk como género musical. "Nothing Special", "The Great Silkie" (existe una muy interesante versión de esa influencia medieval inglesa en el "John Riley" del "Fifth Dimension" de The Byrds), la mágica "The Garden Of Jane Delawney", "Lady Margaret", maravillosa encarnación de los mejores fairy-tales ingleses, ""She Moved Thro´The Fair", arreglo de una antigua balada celta, "Road", "Epitaph" y "Snail´s Lament" que, sin dejar de lado su lírica más convencional, no dejan de estar inspiradas por una gran calidad poética. Solo "Glasgerion" suena altisonante, fuera de la onda ácidamente intimista que procura el disco en su totalidad. Nada que ver con las sublimes versiones que Bert Jansch hiciera en su "Jack Orion" (otra variable conocida del "Glasgerion") de 1966, o en 1970 cuando grabó con Pentangle la misma canción en su excelente trabajo "Cruel Sister".

Trees fueron una banda que tuvo muy corto recorrido en el tiempo, desde 1969 hasta 1973, demasiado poco para un grupo que luchó denodadamente contra el curso natural de un escenario que apostaba por el fin de los pastores y la bienvenida a las primeras tribus urbanas. Si a ello añadimos el simplista sambenito de considerarles, por muchos, como una réplica de Fairport Convention, una suerte de equipo de segunda que tiene muy difícil acceder a una primera división, acotada por dos o tres de sus pares, su destino parecía marcado por la falta de éxito y el prematuro abandono, como así ocurrió. No obstante, el paso del tiempo les ha ido colocando en el sitial destacado que siempre merecieron, en ese cruce de caminos donde East Anglia y California se entrelazan, la primera bañada en melancolía, la segunda refulgente en renovación.  




Dedicado a Crosby, él sabrá porqué.







30 may. 2017

RELATOS II. ELOGIO BREVE DE AZORÍN






JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ                         "LA VOLUNTAD"
El guía turístico se encuentra en el vértice de la esquina de la calle Misericordia con la del Maestro Victoria, enfrentado a un cartel metafísico que desde la fachada de una conocida librería recuerda los años -desde 1896 hasta 1902- en que el novelista Pío Baroja habitó en ese mismo lugar. Debe apuntarse que la placa metálica también menciona el hecho de haber publicado en esa época el novelista donostiarra sus primeras obras literarias. Inesperadamente algunos de los asistentes reclutados comienzan a dar signos de cierto sonambulismo y se apoyan sin recato contra la fachada opuesta, lo hacen justo en el momento en que éste mismo guía del que hablamos reseña el año de 1902, uno de los más importantes en la historia de la literatura española contemporánea. El tráfico humano -a esas horas de la mañana previas al aperitivo tan típicamente madrileño- es correoso y colorido. Un grupo muy numeroso de familias han acudido al reclamo de las fiestas navideñas. Clamores y emociones infantiles, bocinas -un tanto atenuadas por respeto a una alegría que se palpa en el ambiente-, junto a globos de gas de colores sintéticos, surcan un espacio cada vez más reducido para paseantes y curiosos, mientras varios miembros de la Policía Municipal, con sus uniformes azules de franjas amarillas refulgentes, intentan deducir el momento en que deberán intervenir para aliviar el caos existente. Desde los gigantescos altavoces de un cercano centro comercial una voz de mujer anuncia la inminente aparición de Sus Majestades. Las madres sacan pañuelos blanquísimos y restriegan las narices de sus pequeños que se resisten, en tanto los abuelos, algunos aun no han abierto la boca en toda la mañana, se ahorcan aun más fuerte con sus bufandas. Hace un frío de abismo.

El guía hablaba de ese año de 1902 como si se tratara de una revelación que él solo conociera, el año de la publicación de varias novelas que marcaron el arranque de la nueva narrativa española contemporánea, y lo hacía mencionando, la placa conmemorativa parecía obligarle a ello, el "Camino de perfección" de Baroja en primer lugar. Le siguieron, decía, "Amor y Pedagogía" de Miguel de Unamuno, "Sonata de Otoño" de Ramón del Valle-Inclán y finalizó con "La voluntad" de José Martínez Ruiz. En esas obras, continuaba argumentando, los autores citados intentan romper las pesadas cadenas del realismo que, desde la segunda mitad del siglo anterior, parecían atenazarles. Apuntó, tratando de conectar los hechos literarios con los meramente históricos, como el todavía muy reciente Desastre del 98, ayudó a crear un ambiente de denuncia de la decadencia secular española y de la necesidad -recuerdo que indicó "perentoria"- de una renovación en todos los órdenes de la vida y de la sociedad del momento. "Tienes que repetirme esas novelas que has dicho..., para que me las apunte, y a ver si leo alguna...". La que ahora habla se llama Clara, y se cree con el suficiente arrojo para irrumpir en el centro de la escena y de paso, como quien no quiere la cosa, hacer que el resto de los asistentes se fijen en el foulard de seda que estrena esa mañana. El guía solo tiene ojos para sus ojos de anaconda.

Lo más resaltable, lo más importante, continua el guía en su síntesis, es que esas novelas, algunas más que otras, suponen una ruptura total con el estilo predominante de los escritores entonces ya consagrados, los Galdós, los Pereda, los Varela, Campoamor... Y "La voluntad" de Martínez Ruiz es -todavía no ha empleado su alias artístico- es, como digo, quizás la más interesante entre todas ellas, la más atrevida, la más....¡cómo os diría..., la más excitante! Los ojos de Clara se sorprenden entonces con un rubor extraño de ágata.

A mitad de la ruta literaria, cuando los primeros síntomas del hambre empezaban a arañar los estómagos de la limitada concurrencia - tres mujeres entre los 35 y 40 años y una pareja de gays tatuados hasta las orejas- el guía hace un alto para invitarles a un bocado y así descansar un rato. Aprovecha entonces para hablar de las influencias literarias y filosóficas de los autores, que si el Arcipreste de Hita o Gonzalo de Berceo, del romancero del siglo XVI, de Juan de Timoneda. Que si Miguel de Montaigne y Ángel Ganivet para arriba o Kant, Schopenhauer y el positivismo de Auguste Comte para abajo -con estos últimos no comulga tanto un Valle-Inclán- que, como se encarga de apuntar el guía, va por libre como casi siempre. Cuando la camarera del local, una chiquita de grandes pómulos y cara de tortuga, les pregunta qué tapa prefieren con las bebidas, el guía aprovecha para contarles la anécdota del menú de la comida que Martínez Ruiz organiza ese mismo año de 1902 para homenajear a un Baroja que acaba de publicar su "Camino de perfección". "Cazuela de arroz con despoxos. Alcauciles rellenos. Terneruela apedreada con limón ceutí. Pescado cecial. Cordero asado. Frutas. Queso. Valdepeñas tasaxeño y brebaxe de las Indias". La sonrisa unánime de los asistente hace reflexionar a nuestro guía y le confirma que, de seguir así, conseguirá su último propósito.

Desde los altos de la calle Leganitos hasta el anchurón de la Plaza de España se adivina un hervor humano que todavía está por definir. Según van bajando los invitados del autor, aparecen nítidamente pequeñas banderolas blancas y amarillas que, ondeadas por un sinfín de manos, cambian con su agitación la línea de un horizonte antes inmóvil. El guía pregunta a un viejo que tiene pinta de enterao - han abundado siempre este tipo de ciudadanos en Madrid- y a lo que parece dizque la muchedumbre se ha congregado para rogar a San Ramón Nonato que Su Majestad la Reina para varón. "¡Que se llame como su padre, Felipe!"..., gritan unas chicas rubias, ¡"ca"!, se indignan otros -entre los cuales se encuentra una larga cuerda de soldados borrachos- "¡que se llame Froilán, como su primo"! El guía, que está a la que salta, con una sonora carcajada convoca a su alrededor la atención de sus amigos y les cuenta cómo el famoso padre Claret, preclaro hijo de la Religión, peregrinó a Roma con doce millones de reales en el bolsillo para convencer al Papa Pío Nono que promulgase una bula, privadísima eso sí, que permitiera a nuestra reina Isabel II tener relaciones extramatrimoniales. Nota como Clara se acerca a su lado y siente un siseo de gelatina en su espalda.

Nuestro guía protagonista camina con su séquito hacia los jardines del Templo de Debod (última parada de la ruta), ya dejada atrás la Plaza de España, y se encuentra tentado de liberarse del argumento del autor. Pero dejemos esta disyuntiva para más adelante mientras "La voluntad", dice, al igual que las otras obras citadas de ese año 1902, es una novela de aprendizaje donde Martínez Ruiz ha volcado, junto a su experiencia literaria anterior, el variado aprendizaje vital atesorado hasta entonces. La narración sin fábula, sin principio y sin final, hecha novela, contada a fragmentos porque lo más interesante es plasmar el instante mismo en que vive el personaje, aunque su situación sea imperfecta o anormal. Donde el argumento se va construyendo mientras discurre la acción de la obra, ausencia de la clásica materia narrativa, la del realismo y el naturalismo de nuestros mayores, porque normalmente en la vida no ocurre apenas nada digno de ser contado, tan solo si acaso el viaje iniciático del protagonista, muchas veces alter ego del que pretende con su huida una regeneración interior. Y mientras viaja, reflexiona y nos cuenta sus opiniones sobre la literatura, la filosofía, la Fe y la Religión, sus sensaciones sobre una Castilla, cada vez más despoblada de gente y de emoción, trasunto de un país enfermo, anclado en una educación retrógrada, fruto de un pasado levítico.


El guía ha propuesto a Clara un corto viaje hasta Toledo, aquella ciudad entonces mística que reivindicaron con su contínua presencia Azorín - se da por fín cumplida relación del alias del autor de la obra- , Baroja y Ramiro de Maeztu, antes Galdós, poco después Gregorio Marañón. Verán pasar desde los ventanales del tren el paisaje en movimiento de una parte de la llanura manchega, la más septentrional. Un cúmulo de colores que, según la hora en que lo hagan, cambiará del mortecino tono blancuzco de los sembrados yermos de maíz hasta el pardo, ya medio apagado al atardecer, de los tomillares, y es que ha nevado la noche anterior. Los trenes, a pesar del mal tiempo repletos de turistas, salen desde la estación Atocha y llegan puntuales hasta el hermoso edificio neomudejar de Toledo y allí, entre antiguas paredes que asemejan miles de onzas de chocolate a punto de perder el equilibrio, cogen un coche de punto para llegar hasta la Plaza de Zocodover. Suben caminando hasta la calle de la Plata y cerca de un mirador alquilan un cuarto por horas. El guía, sorprendido por la palidez cadavérica de Clara no resiste la tentación y dulcemente le recita un verso de Juan Ruíz: "Así estades fija, viuda et mancebilla / Sola y sin compannero, como tortolilla / Deso creo que estades amariella et magrilla". Ella sonríe, extiende sus brazos alrededor del cuello del guía y aprieta los anillos: "Cámbiame tú la color, si puedes".








  

17 may. 2017

EL ROCK Y LAS CIUDADES II : LONDRES



THE GRAHAM BOND ORGANIZATION                "THE SOUND OF 65"
¿Saben qué opino de todo esto?..., que ahora Londres es una mierda. Si. Toda la maldita ciudad llena de esos ávidos turistas con sus bolsas de compras y cientos de ejecutivos jóvenes vestidos con ajustados trajes siempre oscuros caminando rápidamente a jugar a la bolsa en sus maravillosos puestos de trabajo de la City o del Westferry Circus. Sus miradas entonces fijas en sus móviles están deseando enfrentarse cuanto antes a las múltiples pantallas de ordenador desplegadas a lo largo de mesas compartidas por tantos capullos como ellos. No tienen otra intención que encontrar cada veinte minutos un instante feliz para conectarse a facebook y colgar sus nauseabundos selfies. En el último concierto de ayer mismo en Brixton Academy donde conocieron a una diseñadora pecosa de Seattle, o a un par de chicas japonesas con las que estuvieron charlando durante más de dos horas en el Zuma de Raphael Street sobre lo elegantes que eran las antiguas chimeneas victorianas. O puede que el sabor de los crujientes aros de cebolla que prepararon más tarde en sus lofts de un millón de Libras del South Bank no fueran los mejores, pero mostrando a los demás la etiqueta del pesto sabor albahaca del Fortnum & Mason con que los mezclaron podrían aparecer como suficientemente cool. Quieren tener algunos los que más avanzan entre muros de algoritmos y cifras interminables un constante temblor de manos y por esa razón se desayunaron a las ocho de la mañana con un primer fix de hielo picado, vodka y zumo de piña. Eso es lo que buscan realmente, que el fin de semana siga su curso interminable y no tenga final. Pero déjenme que les diga que ni de lejos eran como los nuestros.

Más vale que crean lo que les digo porque yo me crié en los últimos años 40 entre Warren y Fitzroy Street, una sucursal del West End tapadera de los gemelos Kray, nadie se andaba con bromas por entonces con ellos y entre aquellas calles todavía podías encontrar solares con restos de los bombardeos nazis. Mi padre tenía allí un próspero negocio de compraventa de coches de segunda mano, casi todos ellos de dudosa procedencia y recuerdo que me estrené en la parte trasera de un Ford Pilot del 49. Ella me dijo que se llamaba Meggy pero su verdadero nombre no era ese y después supe que mi padre la pagó para que me enseñara todo lo que un chico de 15 años ya debería saber sobre la vida...., él si que fue un tipo duro que luchó en la campaña de Italia y en ese país conoció a mi madre Gina, en Salerno después de tomar el puerto con la 7ª División Acorazada del General Erskine. El primer embarazo de Gina Salvatore fue motivo para que mi padre reclamara su entrada en Inglaterra a finales del 44, y ella llegó a  las Islas con sus enormes ojos negros y su temblor de luna brilló en todo el maldito Londres. Ese antecedente latino fue también una de las razones para enamorarme de Cilla Black cuando interpretó la versión inglesa de "Il Mio Mondo", pero eso lo descubriría años después en el 64. Todavía conservo el single original de Parlophone.

Londres era una ciudad entonces dominada por los gemelos Kray y lo hacían a lo grande, con mucho estilo vaya y sin contemplaciones de ningún tipo. Me los presentó mi padre una tarde lluviosa de Octubre del 60, no lo olvidaré mientras viva, en The Cromwellian y allí acudió también el hijo mayor de Stanley Setty, el torso de su padre había aparecido unos diez años antes medio hundido y en avanzada descomposición en el fango de las playas de Essex , se cree que fue una venganza del clan enemigo de los Richardson y esa fatalidad tan tétrica me pareció entonces algo tremendamente atractivo. Fue por el cumpleaños de Ronnie y Reggie Kray, ellos fueron los últimos presos del Tower of London y además se dejaron caer por el local Rick Gunnell, Tubby Hayes y Georgie Fame al que admiré cuando un par de años más tarde entró como pianista en la banda de Billy Fury también por ser novio algún tiempo después de esa belleza española Carmen Jiménez. Todos sabían que Ronnie Kray era homosexual pero nunca un marica de mierda porque él se relacionaba con la gente de la aristocracia, tenía clase, y yo supe que le gustaba con mi pelo negro y rizado pero no pasó nada extraño entre nosotros, además por entonces él personalmente me regaló uno de los primeros portátiles Zenit Victor que aparecieron en el mercado y yo le estaría eternamente agradecido porque en aquella época había ya descubierto mi verdadera pasión, la música que escuchábamos por la radio después de la tormenta del skiffle, el modern-jazz, el blues de Chicago, el soul de la Tamla, el rock´n´roll de Chuck Berry, la voz de seda de Mose Allison.

Seguí viviendo en Warren Street con mi hermana mayor Lucia y mi madre durante unos cuantos años más, y aunque el viejo había abandonado recientemente nuestra casa porque andaba liado con una belleza del Murray´s Cabaret Club del Soho no nos faltaba el dinero. Todos los de mi pandilla desde el 62 en esa amplia zona del West End de Londres eramos auténticos mods, ni pickers ni numbers, eramos Faces y fieles seguidores además de los Hammers. Recuerdo bien cuando ganamos la FA Cup en Junio del 64 y fuimos al Roaring Twenties de Carnaby Street para celebrarlo; si querías probar la mejor hierba jamaicana  tenías que estar allí justo en el momento en que Lucky Gordon ejercía de encargado de seguridad del garito. ¡El maldito bastardo de Lucky Gordon!..., cómo nos vacilaba a pesar de ser buen amigo de la familia, palpaba su chaqueta italiana con doble abertura trasera hecha a medida en Saville Road como si estuviera buscando algo y cuando te acercabas lo suficiente te enseñaba una bien engrasada Smith & Wesson, esa era la parafernalia que usaba para admitirte medio Score de 10 Libras -todavía usábamos la jerga del hampa- y dar su conformidad para que negociaras la compra con los dealers caribeños. El tío controlaba todo el pastel y sospecho que las invitaciones que nos dio una tarde de otoño para asistir al Klook´s Kleek del Railway Hotel al concierto de la Graham Band Organization pretendía sellar temporalmente nuestras jodidas bocas.

Esa noche del concierto de Graham Bond en el Klook´s Kleek fue la noche del 15 de Octubre de 1964 y recuerdo muy bien como una premonición mientras conducíamos por Abbey Road hasta el Railway Hotel de Broadhurst Gardens que aullábamos como lechuzas borrachas nuestro desprecio a The Beatles, esos babosos del Merseyside que se dedicaron a estropear las maravillosas versiones originales de The Miracles y The Marvellettes. Nuestras scooters volaban abarcando todo el ancho de calle sin importarnos los coches que circulaban en sentido contrario, el pequeño Tony Jones encabezaba la formación con su Lambretta blanca mientras clamaba..." ¡Hey Faces, vamos justo al lugar donde Pete Tonwshend estrelló su guitarra contra el suelo por primera vez hace unos pocos meses!...¡Apuesto a que le vemos allí sentado en la mejor mesa junto a su medio-huevo Richard Barnes!... y efectivamente allí estaban y me acerqué sin temor al guitarrista en cuanto le tuve a tiro y le susurré mi nombre al oído, el caso es que al cabo de dos o tres días del concierto en el KK llegó a Warren Street un sobre con unos pases para la actuación que un par de semanas después daban The Who en el Ricky-Tick de Windsor... ¡así es cómo funcionaba el Londres de los gemelos Kray!

Allí estaban en el escenario Graham Bond con su órgano Hammond, lo realmente bueno se producía cuando lo tocaba al unísono con el saxo alto, teníamos verdaderas ganas de verlo así después de la decepción que nos supuso su actuación del pasado verano en el 4th National Jazz and Blues Festival de Richmond donde acompañamos por un rato a unos mods que llegaron desde Manchester, y nos dimos cuenta que realmente no eran Faces, no se decidían por escuchar el tipo de jazz del Modern Beat de Manfred Mann y Georgie Fame o desmadrarse con uno de los primeros rock-rage protagonizado por un Roger Daltrey que pateó las luces del escenario y nos dejó a oscuras a todos, me temo que lo único que iban buscando era ligarse a unas birds que bajaron desde Yorkshire y apartarse con ellas hacia los greens del cercano club de golf; Jack Bruce estaba al bajo y Ginger Baker a la batería. Supimos más tarde por Dick Jordan, el dueño entonces del KK, que Graham materialmente se los había birlado al bueno de Alexis Korner cuando todos tocaban en su Blues Incorporated y después de una agria disputa en el Flamingo de Wardour Street un año antes, el caso es que los convenció no sé con qué razones para acompañarle en su nuevo proyecto, una ORGANization, así quería llamar a la banda el mismo Graham, en la que el sonido de los teclados debía ser el instrumento que volara la cabeza de todos los oyentes. Poco después incorporó a uno de los niños bonitos del saxo tenor de entonces, Dick Heckstall-Smith, siempre calado con su gorra Signes de 2 libras, pero eso fue justo después de que Baker expulsara de la banda al guitarrista John McLaughlin por ser como decía él un jodido llorón, haría lo mismo con Jack Bruce tres años después amenazándole con una navaja de 6 pulgadas, si vuelves a aparecer por aquí este acero entrará en tí bastardo, Eric Clapton fue el que convenció al loco borracho de Ginger Baker para que olvidara sus agrias disputas con el mejor bajista de Glasgow y formaron Cream en Julio del mismo 66.

Desde las escaleras del KK veíamos bien el perfil de Graham acoplado a su órgano con su cara oronda de panadero francés. Su modelo B3 era el único instrumento que disponía de una doble hilera de micrófonos acoplados a los amplis más elevados, justo los teníamos pegados detrás de nuestros cogotes y cada vez que pretendíamos seguir el ritmo del sonido nuestras cabezas chocaban contra ellos, en la grabación del disco se escuchan ruidos secos y raros, como si los jacks no estuvieran bien ajustados. Y es que Graham buscaba que el órgano sonara parecido a aquel mellotron con el que ya experimentaba y que utilizó por primera vez en una grabación de un año más tarde en el sello Columbia, en Agosto del 65, aun conservo por cierto ese maravilloso "Lease On Love" / "My Heart´s In Little Pieces". Pero para un lugar tan estrecho y pequeño como el Klooks, forrado en sus finas paredes con esa tela roja oscura que se asemejaba a la coraza de un cangrejo de río, con el techo no demasiado elevado y apenas separado del piso inferior por un conglomerado de cemento que le servía de escenario y le aislaba totalmente del hall principal de Railway Hotel, el sonido de la música que salía de allí en directo era lo mejor que se podía escuchar en todo Londres. Así era y nos sucedió que en algún concierto en el que no pudimos entrar en el club por llegar tarde, casi siempre ocurría porque teníamos que esperar a que alguna de nuestras chicas se decidiera de una maldita vez por ponerse un twin-set de color azul o de color verde o unos pantalones, las birds mods de Londres fueron las primeras chicas de Europa que vistieron esas prendas, con botonadura lateral o no, el maravilloso sonido del Klooks Kleek nos llegaba hasta la calle desde su fachada de ladrillo pardo y sucio, nítido y grandioso y era majestuoso estar allí bebiendo una pinta de ale hasta que las quejas de los vecinos al cabo de los años lograron que se cerrara el local.

El 65 comenzó con el tour que Robert Stigwood organizó para Chuck Berry por toda Inglaterra, fuimos Kathy y yo con Tony y Rose al Astoria de Charing Cross y antes de finalizar el concierto un grupo de unos 20 Faces nos subimos al escenario mientras el rey del rock hacía su fabuloso paso de la oca, nos arrodillamos frente al astro de Missouri y extendimos nuestros brazos hacia arriba y abajo como si estuviéramos adorando a Cleopatra y toda su corte de Marco Antonios, fue genial, no salimos en los periódicos conservadores del día siguiente y Chris Welch publicó un razonable artículo en el Melody Maker de la semana siguiente. Entonces el Sunday Mirror empezó a lanzar basura a los gemelos Kray y recuerdo que Christine Keeler aparecía fotografiada en una playa del sur de España, espléndida, el agua salpicaba sus muslos de ébano, y ya entonces empezaba a pensar en largarme ese verano de vacaciones a Torremolinos. Lo hice así pero en Junio del 66 y pasé dos inolvidables semanas con Merry en el Griego Hotel de la cadena Butlins, Kathy ya llevaba un tiempo sin salir conmigo, coincidimos en el avión de la BOAC con The Kinks que iban a Madrid a grabar para la televisión y cuando volví a Londres traté de arreglar nuestra antigua relación pero fue inútil, ni siquiera me permitió un quick-one como recuerdo por los viejos tiempos.

Pero bueno durante buena parte de la primera mitad del 65 todavía manteníamos Kathy y yo la llama de nuestro amor encendida y compartimos muchas veladas en el estudio 5 de Wembley viendo a un montón de bandas en el Ready, Steady, Go! que presentaba Cathy McGowan. François Hardy interpretó su "All Over The World" y me vestí muy francés aquel día con mi sweater de cuello alto, Kathy llevó su boina a lo "Bonnie & Clyde" el día que actuó Georgie Fame & The Blue Flames, y recuerdo que se puso de lo más celosa el día que entregué a mi adorada Cilla Black un par de claveles que había comprado antes en el mercado de flores de Camdem Town. The Rolling Stones me convencieron con su "The Last Time", antes me parecieron sus versiones del "Come On" de Chuck Berry indignas, al igual que la farsa que hicieron con el "You Better Move On" de Arthur Alexander, pero está bien reconocer que no estuvieron mal, aunque la palma de esa velada fue para el "Can´t Explain" de The Who. La sesión en la que Lulu interpretó su "Try To Understand" fue un caluroso día de finales de Agosto del 65 y yo notaba como unas ganas tremendas de sentar la cabeza y empezar a buscarme la vida. Mientras Lulu recitaba dulcemente esa frase de ..."All I want to do is find a way back into love / I can´t make it through without a way back into love / OUH OUH OUH..." notaba inesperadamente como se me derretía el corazón y entonces le pedí a Kathy que se casara conmigo. Apenas tenía 27 años cumplidos pero no sirvió de nada. ¿Qué demonios pasaba por su cabeza...?

Solamente me queda por decirles que cogí una salmonella que me tuvo fuera de combate durante cuatro o cinco meses al principio del 66 antes del viaje a Torremolinos, un sandwich de mantequilla de cacahuete, atún y pepinillos en mal estado que me ofrecieron en el Peccillis Cafe de Bethnal Green. Allí estaban desayunando los gemelos Kray como todas las mañanas y yo fui a entregarles el sobre con las comisiones que cobraban por la protección de los negocios de mi padre. Él estaba asociado entonces con los Pershing para la importación y mantenimiento de motoras, pequeños veleros y barcos-casa que empezaron a proliferar en aquella época por muchos de los ríos y canales navegables del centro y sur de Inglaterra. Le fue bien, mi viejo tenía buen olfato para los negocios y después se alió con Sydney Allard y trajo desde USA una buena partida de motores V8 Top Fuel para las primeras pruebas de dragsters que empezaron a celebrarse en Blackbushe cerca de Windsor. Cuando me recuperé totalmente le ayudaba a deshacernos de todas las piezas defectuosas o que no tenían arreglo y alquilé un pequeño almacén por la zona alta de Lambeth Road desde donde vendía el material a los chatarreos rusos que entonces se concentraban alrededor de la entrada del metro de Elephant´s Castle. 

En Mayo del 67 organicé una fiesta por todo lo grande en el Tiles de Oxford Street después de la actuación de The Yardbirds y pagué de mi bolsillo 4 Tons cuatrocientas libras al dueño para que nos permitiera cerrar el local y poner nuestra propia música. Jeff Dexter el Dj del Tiles me ayudó hasta la madrugada pinchando y mi hermana Lucia se encargó de prepararnos sus LSD cocktails, había hecho un curso en el London Cocktail Club de Shaftesbury Avenue y por entonces ya estaba contratada por los Kray como camarera jefa en una de las barras del Esmeralda´s Barn de Wilton Place, un subalterno de Lucky Gordon se hizo sin yo saberlo de antemano con el control de la mejor resina de hierba jamaicana, las uppers las tomé prestadas del enorme botiquín de mi madre y les puedo asegurar que los sandwiches no fueron de Peccillis. Kathy apareció en el Tiles con un tipo llamado Joe Rogan al que no dirigí la palabra en toda la noche, aunque yo ya había formalizado mi relación con Merry me moría de ganas de estar a solas con mi antigua bird aunque fueran cinco minutos, nos habíamos visto un par de semanas antes en el Ally Pally cuando se organizó toda esa comedia para niños ricos del 14 Hour Technicolor Dream donde también se exhibió nuestro personaje Graham Bond esta vez con el gran John Hiseman a la bateria y Dick Heckstall-Smith apareció con su misma gorrita Signes de 2 libras.












19 abr. 2017

HALL OF FAME V: JULIAN COPE




JULIAN COPE                 "PEGGY SUICIDE"

William Blake: 'Create your own system or become enslaved by another man's'.

 En el suplemento del 22 de Julio de 1995 del diario londinense The Independent, Paul Du Noyer entrevistaba a Julian Cope. (Recuerdo que era Domingo cuando lo leí por primera vez., el día séptimo, número sagrado del que hablan los seguidores de Gioacchino da Fiore) Relataba entonces Cope las visiones que desde hacía unos años atrás (desde el 22 de Diciembre de 1989 concretamente) venía experimentando con cierta y feliz asiduidad. Comentaba entonces que la imagen que mejor concordaba con esa primera visión le llevó a rememorar la impactante cubierta del "Fireball" de Deep Purple; la Diosa Madre Luna había decapitado a los miembros de la banda de Hertford y ofrenda su sacrificio en forma de creciente espermatozoide cósmico. En su mente, "el gameto se ha convertido en un diamante rotatorio que penetra incontrolado por los huecos abiertos de su cerebro". Sigue la visión con la figura de un dependiente de estación de servicio que rellena con una manguera de luz esas cavidades, mientras otras voces en off aclaran el camino que, a partir de ahora, debe seguir el mismo artista. "Para penetrar en el diamante, la glándula pituitaria tiene que rasgarse en su mismo eje y quedar de ese modo liberada". Desde entonces, la carrera artística de Julian Cope queda marcada por el seguimiento y desarrollo de tan misterioso precepto. El que sus seguidores coincidan, o no lo hagan, con la afortunada consecución de la misión encomendada, puede que sea cuestión de dejarse llevar por territorios que trataremos de transitar conjuntamente.


Hay quienes afirman que antes de "Peggy Suicide" (Island, 1990) Julian Cope exploró, él lo sabría más adelante, muchos otros ámbitos mentales. Puede que cuando la existencia de Un Dios Único y Excluyente comenzara a estar en entredicho, el Archi-Druida Cope, el Chamán (tal como posteriormente le gustaba llamarse), aconsejara a William Blake el ritmo de los primeros versos de "El Libro de Thel", la Reina del Rebaño (aquellos que nos preguntan si "cabe el saber en un cetro de plata, o el amor en un cáliz de oro"...). Aun en su época más primitiva, se dice que Cope lamía el viento frío entre las Piedras de Callanish, discutiendo con los arqueólogos más eminentes de la época si el sentido final del monumento megalítico era sacrificial o meramente astronómico. También hay quien le vio inspirar a Thomas Hardy, en esa fascinante escena de su "Tess, la de los d´Uberville", cuando la protagonista escapa con Angel Clare, buscando refugio en  Stonehenge. Tampoco cabe duda, y parece que este dato queda debidamente confirmado después de cotejar los archivos del British Museum, que Julian Cope y Robert Graves fueron los primeros en coincidir en que la diáspora mediterránea de "El Pueblo del Mar" trajo por primera vez a las costas de Inglaterra e Irlanda la figura de la Diosa Blanca. Donde no hay lugar para vacilación mental alguna es en el hecho de que, durante una de las conocidas épocas de reclusión del artista (1985-1987), la lectura, ávida y profunda, de Blake, Hardy y Graves, la de Joseph Campbell y Aubrey Burl en el campo de los estudios mitológicos y prehistóricos, otorgaron a Cope elementos intelectuales de suficiente calado para preparar su obra inminente, la que compone, junto a "Peggy Suicide", la conocida como "Pollution Trilogy" ("Jehovahkill", Island,1992 y "Autogeddon", Echo,1994)

Son estas influencias, más espirituales, además de las más prosaicas (estas últimas inexorablemente unidas a la propia experiencia vital de Cope), las que hacen posible la creación de una ideología intrínsicamente copeyana (permítanme el epíteto). Una doctrina de superviviente moldeada por un carácter donde la rebeldía toma a edad temprana carta de naturaleza. Desde su Gales natal, donde contempla atónito, en su entonces residencia de Bargoed , el vecino desastre minero de Aberfan en 1966; los primeros conciertos del grupo alemán Faust en 1973 en Birmingham y Sheffield, hasta la llegada al City of Liverpool College of Higher Education en 1977. Allí, en la capital del Merseyside, en un ambiente donde la aparición del punk causa sensación y estragos de todo tipo, además de haber cuestionado necesariamente los modelos musicales anteriores, decide utilizar el rock como forma de vida alternativa, el cauce más idóneo para apuntalar la sublevación que ya venía pergeñando en su interior. Contra el patriarcado como eje familiar, contra la religión  y todas sus estructuras de poder organizado, contra un sistema que apoya sin tapujos una política medioambiental nociva y excluyente de otras variables. Contra una clase política que, ya en los primeros años 80 bajo el gobierno Margaret Thatcher (y en conjunción con el ideario socio-económico importado desde los EEUU de Ronald Reagan), hace del Neoliberalismo la plataforma perfecta contra la clase trabajadora y el ya consolidado Estado del Bienestar (guerra contra los mineros, privatizaciones a mansalva, acusada pérdida de influencia de los Trade Unions) además de la desaparición de las autonomías de poder municipales (extinción del Greater London Council).

Es cierto que este Cope de los primeros años 80, cuando entra en la escena de Liverpool con su más conocida formación The Teardrop Explodes, está aun bien lejos de las visiones posteriores, aunque sigue cultivando su faceta más iconoclasta, más inconformista. La ingesta continuada y desmesurada de LSD, durante buena parte de la primera mitad de la década, le lleva a ser protagonista de comportamientos bizarros, tanto en su exposición pública como privada. Conciertos en los que se autolesiona clavándose las aristas de un micrófono roto en su estómago, entrevistas en medios del sector en las que su elevada intoxicación provocan situaciones hilarantes y fuera de control, o prolongadas reclusiones periódicas, alejado totalmente del mundo circundante, y dedicando gran parte de su tiempo a engrosar su ya por entonces larga colección de juguetes mecánicos (observen con detenimiento la portada de su Lp "Fried", Mercury, 1984) no dejan de ser botones de muestra de una conducta que parece asemejarse a la de un Syd Barrett cruzado con el Iggy Pop más desbarrado. En su biografía "Head-On", publicada en 1994, relata los años prolíficos y salvajes pasados al frente de The Teardrop Explodes, el ambiente en los clubs underground de Liverpool (mención especial para el inmundo Eric´s, contrapunto de The Cavern), su primera amistad y colaboración con el Ian McCulloch de los futuros Echo & The Bunnymen, el éxito casi inmediato en la escena musical de la época, las constantes giras en una Inglaterra que les recibe como los nuevos abanderados del post-punk, su hartazgo de la fama, de la industria musical, las peleas con los miembros de la banda y la posterior disolución definitiva 

Es cuando, ya prácticamente finalizada la década de los 80, aparecen estas primeras visiones cósmicas de las que hemos hablado anteriormente (y de las que el mismo autor da breve pero cumplida cuenta en la contra portada del "Peggy Suicide"), el momento en el que Julian Cope encuentra una veta comercial para su nueva personalidad. Una identidad singular que, sirviéndose de la experiencia musical y vital acumulada, utiliza las recientes percepciones cósmicas para crear un originalísimo campo de juego, momentáneamente adaptado a su necesidades musicales, no mucho más tarde a las económicas. Nace entonces la Julian Cope Marketing Corporation, un profuso conglomerado donde tiene cabida el compositor de música, el prolífico escritor, el arqueólogo revitalizador de la historia antigua, el activista político, el ecologista comprometido, el defensor del feminismo, el animalista, el radical ensalzador de la campiña inglesa frente a la ciudad, el conferenciante provocador, el redescubridor de figuras en declive (los grandes Roky Erickson y Scott Walker le deberán algún que otro favor), el hostigador inveterado contra la religión organizada. Todo ello condicionado a un fin último y utilitario, la creación de un nuevo mito, la de un Julian Cope cuya imagen trascienda a la del propio personaje y se convierta en la de un guía, un flamante chamán o druida. Un nuevo Jim Morrison, un trasunto de Sun-Ra, que, basándose en la historia antigua (y en su más que posible conexión extraterrestre) muestre a sus coetáneos un camino, aquel que consiga hacer de sus vidas algo más coherente, más acorde con una filosofía donde el carpe diem tuviera un significado más totalizador y absorbente, más lúdico también.

Y "Peggy Suicide" es el primer eslabón en esa cadena, quizás el paso más arriesgado en su momento, el de mayor éxito también como músico en solitario. Publicado por Island Records en 1991, después de superar una etapa de confrontación con el sello, nos presenta a la Diosa Madre en su portada, un diseño de Darren Woolford que pretende ser el fiel reflejo de la primera visión contemplada por el artista el 22 de Diciembre de 1989. En la primera contra portada, Julian saluda a Sqwubbsy, imitación caricaturesca de la Diosa Madre, con una cabeza gigante y deformada que recuerda un tanto a la imagen del protagonista de "El Hombre Elefante" de David Lynch. En la segunda, el artista nos describe las motivaciones que le sirvieron de inspiración para componer cada uno de los 19 temas que forman el disco. En los dos sobres protectores de los vinilos, distintas fotografías y pies de página nos adentran en un mundo de encantamiento, proclamas e interesantes documentos gráficos. (La instantánea en sepia de la banda, acompañada por Sqwubbsy, cruzando el puente de Lambeth con motivo de la "Anti-Polltax March" de Abril de 1990, se encuentra ya en el imaginario de mi Londres preferido). La muy atractiva presentación de este "Peggy Suicide" viene a ser, entonces, más que un disco de vinilo al uso; una representación fidedigna del rock como producto capaz de generar un objeto de arte, y además con vocación reivindicativa. 

La música contenida en esta obra alcanza, no puedo ser parcial en mi calificación, cotas de extraordinaria belleza. En ello ayudan los músicos fijos de la banda que acompañan a Cope.Un Donald Ross Skinner al bajo y los teclados, ocasionalmente a la guitarra, antiguo y fiel compañero de Julian desde su última época en Liverpool. Rooster Cosby y J.D. Hassinger en la percusión acústica y eléctrica, congas y batería. El propio artista en la guitarra acompañado de Michael Moon-Eye, un músico de excepcional calidad que se asociaría después al mejor Spiritualized en directo del "Royal Albert Hall October 10, 1997" (BMG, 1998). Mike Joyce en la batería de algunos cortes, y los coros de Lulu Chivers, Camilla Mayer y Edwina Vernon, en un único tema. El sonido alcanzado lo hace mezclando una serie de estilos que van desde el space-art-kraut, psych-punk-house, calypso, marimba pastoral, samples obtenidos de Lenny Bruce en su album "The Berkeley Concert" (1965); tomas en vivo de manifestaciones callejeras contra la Guerra del Golfo y de la propia Anti-Polltax March, instrumentación neo-folk acústica y capas superpuestas en las guitarras, líneas de bajos y percusiones de la escuela Detroit-High-Energy, los teclados incluyendo muchas veces un toque de gospel ácido. Todo ello mezclado con una profusión de efectos y arreglos, loops electrónicos y sintetizadores brillantemente atractivos que hacen de la producción final del propio Donald Ross Skinner (y las mezclas finales de Hugoth Nicolson) una auténtica obra de arte musical. Las 19 canciones pueden ser contempladas en su totalidad, como un ente orgánico multiforme y variado, o en su propia unicidad, no perdiendo por ello su valor como piezas aisladas. De hecho, los singles publicados, "Beautiful Love / East Easy Rider" y "Soldier Blue / The Disposable Heroes of Hiphoprisy´s Michael Franti" (este último tema no incluido en en Lp original) funcionan con perfecta autonomía creativa.

Resultaría un delito de lesa humanidad no referirse, si quiera telegráficamente, a cada una de las 19 canciones que componen este sublime trabajo de Julian Cope. Dispuesto en cuatro fases, dos por cada cara, comienza la primera con "Pristine", un aviso para lo que espera al oyente durante toda la grabación. Parte de su texto..., "Pristine, Pristine / Porque fueron tus mentiras tu primer error / Tu confianza en mí fue tu mayor error...", presenta una lírica, compleja y elíptica, que será marca narrativa durante toda la grabación. "Double Vegetation", se escurre entre los dedos para luego aparecer en felicísimos pastos cerebrales. "East Easy Rider", se estructura a golpe de trote psicodélico, con efecto altamente fluorescente. "Promised Land", una balada de contenido político que torna su minimalismo instrumental en un puente de cuerda gaseoso. "Hanging Out & Hung Up On The Line", cierra la cara A y recuerda, en sus guitarras extremas, también en el tono de las voces, la visión apocalíptica de La Batalla de Armagedón. La cara B se estrena con "Safesurfer", la mejor canción del disco. Un mantra space-rock de algo más de 8 minutos. Una Torre de Babel cósmica, barroca e incendiaria. Las capas de guitarra, alucinadas por su propia grandeza, los teclados desbocados, acompañan sin misericordia el pater noster de un Cope que recita su visión sobre el SIDA, la pandemia de la época. "If You Loved Me At All", calma las aguas. Un simple  y continuado punteo de bajo abre, al poco, un bucle instrumental que, como un muelle, otorga al tema un deje de marea. "Drive, She Said", cierra la cara B y esta segunda fase. Aparece aquí en el texto por primera vez la misma deidad Peggy Suicide que, en una idea que sería posteriormente desarrollada en su "Autogeddon" de 1994, eleva el paisaje rítmico al gusto de un corro de cangrejos.

Las Fases 3 y 4 contienen, en buena proporción, estilos más drum ´n beat, acordes con una época en la que coetáneos como The Happy Mondays también causaban cierto furor con ese típico galope percusivo. (Es curiosa la semejanza, en muchos momentos de las 10 canciones restantes, del sonido de este "Peggy Suicide" con el "Pills N Thrills And Bellyaches", publicado también en 1990 por la banda de Manchester). "Soldier Blue" es un claro ejemplo de ello. "You..." destaca con un saxo, que araña algo del free-jazz, a cargo de Ronnie Ross. "Not Raving But Drowning", basado en un poema de Stevie Smith, mezcla líneas constantes de bajo y guitarra con un puente donde el calypso sorprende. "Head", asombra gratamente. Un ritmo fingido en su aparente inconsistencia encierra, según va progresando, una atmósfera pre-ambient de muy amable escucha. "Leperskin", también rememora el stick bumping (no encuentro palabras concordes en castellano) de The Happy Mondays para cerrar la cara C. La siguiente fase, 4ª, y última cara, D, se abre con "Beautiful Love" y un comienzo que recuerda el estilo de la anterior. Su tono más pop-hit, acentuada por las líneas de viento de la trompeta de Aaf Verkade, le otorgan la atmósfera perfecta para editarla como uno de los singles del doble Lp. "Uptight", y su primer ámbito de Cuentos de Canterbury, se va enriqueciendo con coros en segunda línea y silbidos en el puente. "Western Front 1992 C.E....", recoge el ambiente de las consignas políticas que Cope graba en París en una manifestación contra la Guerra del Golfo. Su acento es monoaural y, por ello, restringido, pero no por ello deja de ser interesante. "Hung Up & Hanging Out To Dry", igual que la predecesora, acoge los coros femeninos grabados por el artista bajo un puente de la ciudad de Londres para, después de un pequeño corte de cacofonía vocal, crear una dulce tensión rítmica. "The American Lite", sirve como perfecto compendio de los estilos contenidos en las anteriores canciones para, finalizando el disco con "Las Vegas Basement", ver a Julian entonar una suerte de nana minimalista, tanto en el matiz de su voz como en la parca instrumentación que alimenta el puente.

No sería justo terminar este merecido homenaje a Julian Cope sin destacar algo que anteriormente apuntábamos, su faceta de escritor (del gusto, imagino, de los aficionados bibliógrafos de este blog). A su mencionada autobiografía "Head-On. Memories of the Liverpool Rock Scene and The Story of The Teardrop Scene" le sigue "Repossessed. Shamantic Depressions in Tamsworth & London", publicada en 1999, y que da a conocer su época más oscura (1983-1989), preludio de la más brillante posterior. Su interés por el kraut alemán y la música underground japonesa, le lleva a editar "Krautrocksampler, One´s Head Guide To The Great Kosmiche Musik" en 1995 y, en 2007 "Japrocksampler, How The Post War Japanese Blew Their Minds On Rock And Roll", obras, ambas, de obligada lectura para los amantes de tales escenas y sonidos. Para los aficionados a la Prehistoria, la Astronomía y los monumentos megalíticos, "The Modern Antiquarian. A Pre-Millenial Odyssey Through Megalithic Britain" de 1997, y "The Megalithic European" de 2004, les servirán de guía para, desde una visión original (no podía ser menos partiendo de tal personaje) y ampliamente documentada, informarse con detalle de tan apasionantes temas. "Copendium: An Expedition into the Rock´n´Roll Underworld", publicado en 2014, contiene una detallada revisión de numerosas rarezas editadas por bandas o autores no menos singulares. Faceta que seguía la iniciativa originalmente aparecida en su web Head-Heritage (altamente recomendable), donde, en su apartado "Unsung", llegó a revisar mensualmente, durante más de 10 años (lamentablemenete, esta labor ha cesado desde Mayo de 2010) una cantidad ingente de álbumes poco conocidos, o menos divulgados. "One Three One. A Time-Shifting Gnostic Hooligan Road Novel", publicada en 2014, supone la primera incursión de nuestro prolífico autor en el mundo de la novela de ficción.