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23 may. 2019

SESIÓN NOCTURNA 2



Me sorprendí abriendo el portillo y firmando el pase de pernocta mientras salían al escenario, uno a uno, los Dum-Dum Boys de Iggy Pop. Sonaban City Kids en "Is it love", la voz de bisturí de Dominique Comont perforaba el córtex del oyente, la guitarra de Pascal Lamy se ocupaba del posterior sangrado; al igual que ocurre en "Girl Of My Life", los desenlaces de las canciones empujaban al observador hacia una sensación semejante a la visión de un volcán en erupción, las lenguas de lava cayendo incontrolables entre las faldas de las montañas. No lo hizo aleatoriamente la aguja cuando se posó sobre los surcos de "Losing Your Mind", su intención era la de subir la autoestima de los pocos asistentes al concierto imaginario de la madrugada. Los choques corporales carecieron de la virtud del coro eclesiástico, buscaban abrirse paso entre caminos aun repletos de ocultas bombas de racimo. "Changing" tenía otro ritmo distinto, más convencional, menos moderno quizá, sonaba más a la producción clásica de Rob Younger, psicodelia aussie con aristas de cristal. "I Need Your Noise" es la gran estrella del EP. Los Dum-Dum Boys comenzaron a tomar el control de la sesión. El salitre del Havre atlántico se coló por los micrófonos, músicos curtidos, se habían pateado durante muchos años gran parte del circuito europeo, recogiendo y asimilando todas las influencias necesarias, desde el genuino blues del Delta hasta los invocados fantasmas de Lux Interior, una pócima condimentada con la santísima receta fuzz de Radio Birdman, Hoodoo Gurus, Birthday Party y Beasts Of Bourbon.

Mucho antes del entreacto el ambiente de la sesión nocturna se movía lentamente, su escena era imprecisa, en otras ocasiones el panorama se tornaba palpitante, sucedía en el momento más inesperado, cuando la habitación se llenaba de libélulas, poco antes de que la añorada niebla londinense hiciera su presentación. Apareció entonces Savoy Brown en todo su esplendor de magnetos. Aposté a ganador en su "A Little More Wine", emocionado al encontrarme con los bardos blueseros criados bajo la humedad perenne del cielo inglés. "I´m Crying" marcaba el retorno de la banda al raw boogie blues más insolente. La sección de vientos no está en el disco acreditada a ningún instrumentista, una lástima porque deberían conocerse los autores de ese ambiente funky que hace presa en el tema. "Don´t you worry about the morning / because the day might never come...", invita sin trabas al oyente a prolongar la velada, a olvidar sus problemas mientras el riff de guitarra de Kim Simmonds mece la cuna universal en este "Stay While The Night Is Young". En "Is That So", la base rítmica sigue el camino del blues industrial, se empapa de la atmósfera del estudio de grabación de la periferia, un paisaje rodeado de almacenes logísticos, de carretillas elevadoras que se mueven al acorde de las poleas mecánicas. Lonesome Dave a la rítmica, Tone Stevens al bajo y Roger Earl comme batteur. Chris Youlden era entonces, junto a Kim Simmonds, el principal compositor del grupo. Mientras llegaba el último tema, "When I Was A Young Boy" de la cara 2 (decidí obviar la crónica de la primera cara por mor del espacio), el líder de los Dum-Dum Boys sorbía su botellín de cerveza, llegaban al escenario los primeros flashes del milagro espacial alemán.


Antes de que apareciera Ash Ra Tempel en el tablado flotaba cierto ambiente novelesco, la memoria de los relatos fantásticos de Wilkie Collins (en los que andaba entonces metido) hicieron acto de presencia. No fue mi intención destacar un tema concreto de este disco porque siempre he preferido contemplar esta obra como una representación global, un "Don Giovanni" mozartiano, un conjunto de piezas que conforman lo que considero como el mejor kraut del momento, desde luego irrepetible. También me dio por calificarlo como un camino de iniciación para el oyente no acostumbrado a este tipo de música, a poco que ahondara en su sonido se vería sorprendido por sus antecedentes floydianos y, más adelante, deduciría su posterior influencia en otras propuestas sonoras (desde los devotos seguidores de Kim Fowley hasta Sonic Youth). Mientras eso ocurre el novicio se enfrentará a la desestructuración del ritmo, lo convencional le quedaría momentáneamente oculto. Dos piezas exultantes, de celestial empuje: "Amboss" en la primera cara, en la segunda "Traummaschine". Hay que escucharlas bien, aprenderlas con indisimulada devoción, no perderse ni un solo segundo de su minutaje, concentrarse en los misteriosos ambientes que crean sus surcos, dejarse llevar así por su inagotable capacidad para sugerir imágenes.

De acuerdo con el guión inicial aquí debería aparecer una nota del Editor presentando las bandas protagonistas de esta segunda sesión nocturna. City Kids, grupo estrella de la ciudad portuaria francesa de Le Havre, Savoy Brown desde Battersea, al sur de Londres, Ash Ra Tempel desde Berlín, otros alemanes en Düsseldorf, Neu!Max Gamuza, nuestra muchachada del norte, desde Gijón. Leon Russell, el okie universal desde Los Ángeles. Sus obras, el EP "City Kids" (Marylin Rcds, 1984), "Raw Sienna" (London-Parrott Rcds, 1970), "Ash Ra Tempel" (Ohr Rcds, 1971), "Neu! 2" (Brain Metronome Rcds, 1973), "Los Buenos Momentos Están Aquí" (Munster Rcds, 2012) y "Carney" (Shelter Rcds, 1972), 

La propuesta de "Neu! 2" puede que sea más circular, el relato del eterno-retorno, del huevo-partenogénesis hecho música, el circuito hidráulico del sonido perfectamente lubricado en sus flujos, la carrocería industrial ciertamente reconstruida. Toda la cara A, un canto secuenciado en loor de la eficiencia liberadora del space-rock, se encuentra tan deliberadamente programado que más bien parece un producto de los laboratorios Bayer. Y es ese antecedente el que se rompe de improviso en gran parte de los surcos de la cara B. ¿Exceso de experimentación?, no lo creo, se pretende más bien sorprender al oyente, y aquí radica lo más atractivo, lo más digno de reseña de la obra. Puede que alguno espere que este "Neu! 2" recupere la atmósfera kraut de la que pretendidamente nunca se debió alejar (y es probable que en alguno de sus temas más extensos, "Neuschenee", "Hallo Excentrico" y "Super" se consiga), pero son sus piezas más cortas y excéntricas ("Neuschenee 78", "Super 16" o la dupla "Casetto" / "Super 78"), las que otorgan a la obra su valor absoluto de referencia.


Quise a esas horas de la noche agradecer a mi amigo Hubert el pasarme tanta mandanga buena, este disco de Max Gamuza entre otras magníficas vituallas. La banda de Busta Spector se marcaba un strip-tease roquero (con inesperados brochazos a lo Domenico Modugno) de alto calibre. En la mayoría de sus textos se asoma una lírica acertada y dinámica (también aparece la generada fruto del aburrimiento y la desolación), en la que se intenta mantener firme la leyenda de los muchachos del Norte como genuinos representantes de la reivindicación post-industrial, acogida toda ella al susurro de las mareas cantábricas. La extensión de los temas no excede los 3 minutos, lo que viene a demostrar en cierta medida su urgencia, salir rápido al ring y noquear al contrario. Destacar a todos los miembros de la banda de Busta: el navarro Joseba Irazoki a la guitarra (al que sigo en su apuesta de Atom Rhumba), Iñigo O. de Zárate a los teclados Farfisa e Iván Mirech a la batería. Mike Mariconda, desde las catacumbas neoyorquinas de The Devil Dogs, produce y  participa como músico a la steel y guitarra acústica. 

Me dio por elucubrar sobre Leon Russell como el primer artista que aparecía por segunda vez en este blog (y curiosamente con el mismo disco), pero a esas horas de la noche no tuve suficiente voluntad para acreditar tal hecho. Eso sí, quedé sorprendido cuando revisé la entrada anterior, tan manifiestamente capacitado para manejar unas fuentes tan profusas de información. Mientras el disco giraba en el plato me sentí sobrepasado, imposible llegar a la altura del texto de antaño, pensé. ¿Permitirán ustedes que me limite a recordar parte de lo reflexionado entonces? Muy agradecido. Una combinación de estilos que partiendo de la pura raíz sureña (sin olvidar algún toque de vodevil Broadway) concluyen en la fértil huerta de Bakersfield en la Costa Oeste. Entre medias, las llanuras resecas de Oklahoma, el dust-bowl de John Steinbeck. Leon transporta hasta Los Ángeles su riquísimo tejido musical de crossroads. Incluye simples melodías jazz, dixie de Nueva Orleans, ecos de los Apalaches, la atmósfera down the bayou y los bailes en los polvorientos graneros de Arkansas. También excentricidades medicine show ambulantes cuando suena la canción de mismo título, "Carney". No serán las únicas, aparecen además alegatos en los que las brujas de Salem se mecen bajo los aromas del cosmic american music de Gram Parsons. "This Masquerade" (si nadie apuesta más alto, lo considero como el mejor tema del disco a día de hoy) es ya puro pop sunshine. Concluí la sesión rememorando a sus amigos de la Wrecking Crew, recluidos en el Capitol Records Tower de Hollywood (y en un Denny Cordell que ya iba por entonces camino de convertirse en su Bernie Taupin americano). Ignoro si su opinión coincidirá con la mía.






7 may. 2019

SESIÓN NOCTURNA



Trataba de orientarme hasta llegar a un punto previamente convenido de la sesión nocturna, en una zona sin apenas geografía, inmersa en una desacumulación de motivos, totalmente incapaz de contextualizar el entorno. Al final todo daba igual, no conseguía controlar las variantes ideales de la felicidad, tampoco me importaba no conciliar el sueño, el ruido del camión de la basura me despertaba temprano, pretendía seguir escribiendo sobre límites difusos pero no lo conseguía. ¿Quién era el que echaba a un lado el edredón de la cama cada mañana? Además las tardes concurrían sin deporte, demasiado apacibles. Escuchaba a Nirvana, la banda inglesa de los excéntricos Alex Spyropoulos y Patrick Campbell-Lyons, en su brillante "The Story Of Simon Simopath" (Island Rcds, 1967), acabé a duras penas cualquier ensayo de Sánchez Ferlosio. Entreveía una voz que hablaba por hablar, ¿o era un sonido que pretendía tan solo llenar un espacio en silencio?. Deduje que lo que realmente consideraba como dinámico no se encontraba muy lejos de las teclas del ordenador, el tránsito ruidoso de mis dedos descongestionaba al buzo submarinista cuando intentaba emerger a la superficie. Alguien consiguió traspasar el paso de aduanas enarbolando una cinta amarilla, se sacudió el polvo de los zapatos con la manga de la chaqueta, hizo un guiño al espejo roto de la peluquería, sonrío y salió a la calle.

En aquellos instantes muchas bandas rabiaban por ser protagonistas de la sesión nocturna, cada artista intentaba trepar por las enredaderas llenas de musgo, hacer sonar sus cláxons en las calles de la gran ciudad americana, poner en marcha una emisora de new-gospel que pudiera escucharse en las autopistas sin tráfico. Las palmas de mi mano reflejaban el neón conductor de las palabras, el poso de tinta china que deja el rastro de chatarra de los satélites, jabalíes montados por nerviosos pasteles de manzana, aparecimos desnudos a la mañana siguiente, a veces quise a mujeres que me explicaban el mundo.

Los primeros invitados fueron los escoceses de la Average White Band, la banda de Alan Gorrie y Molly Duncan, sus creadores. El disco blanco "AWS" (Atlantic, 1974) me confirmó al oírlo la convicción de estar en presencia del mejor blue-eyes-funk. Desconozco si fueron realmente pioneros en Europa de este género, no importa. Llegó después "Wake Up Everybody" (PIR Rcds, 1975) de Harold Melvin & The Blue Notes y la escena cambió, entró una corriente de funk-soul directa desde las cocheras de Filadelfia, un deje black-power, también sensual del que hablaremos después. Le siguió "Angel" (Mercury Rcds, 1977) de Ohio Players, una banda de desordenado soul hendrixiano, majestuosos en los cortos recorridos, de ritmo veloz, paseando por la pasarela de la Great Millenial Soul-Funk Parade en Chicago. Ante la ausencia de material decidí cambiar de sellos, entraron de suplentes Barry White con su "Can´t Get Enough" (20th Century, 1974) y The Ronettes en "Volume 2", una recopilación algo reciente editada por Philles Rcds (el sello propio de Phil Spector). Cerró la sesión  nocturna "Midnight Lover" de Marvin Gaye (CBS Rcds, 1982), el disco belga, el de su última ascensión a los cielos. Lo mantuve en las gradas de invitado VIP.

El desarrollo de la sesión nocturna suele estar divida en varias fases, en una primera prima el desconcierto, en la siguiente una luminosidad increíble, la música suena por sí misma, la última plantea una retirada a tiempo.

Oolacile
Al día siguiente me levantaron hecho polvo, ante todos los músicos convocados me quejé de una fuerte tortícolis, prepararon el desayuno, alguno de ellos se ofreció a darme un masaje en el cuello mientras otro me ayudaba a hacer ejercicios de estiramiento con mis brazos. Les dí a todos las gracias y quedé en que volveríamos a vernos. Al cabo de un rato pensé en desarrollar la idea de un antes, un precedente de lo que estaba viviendo, supuse que igual se trataba de regresar al origen de la escritura, indagar en su razón de ser. Estaba hecho un buen lío.  

Ya comenté que la AWB fue mi primera opción, su "Pick Up The Pieces" (aunque ahora suene exagerado, entonces me dio por decir que era una de las mejores piezas de disco jamás grabadas), su sofisticado ambiente jazz y soul me recordaban mucho el "Memphis Soul Stew" de King Curtis, tanto por el sonido de ambos temas como por la inmensa fortaleza que transmiten, marchosa, rompepistas de final de fiesta. Desde el mismo inicio, en "You Got It", ya marcan su propio territorio funk. La atmósfera del disco es brillantemente americana (los músicos de la banda graban el Lp en Nueva York y a continuación se mudan definitivamente a Los Ángeles). Su música es, desde entonces, la imagen de la primera mitad de la década de los 70, la de las grandes calles llenas de anuncios y el ambiente en los mejores clubes de baile de Nueva York. Les influyen también los artistas autóctonos de Alabama, Tennessee y Nueva York, sus grabaciones en los estudios de la RCA son coétaneas con las de muchas figuras que por entonces lo hacían en la Sun, Muscle Shoals o Fame. Es más que probable que sus antecedentes como músicos de sesión, requeridos al poco de nacer la banda (formaron el grupo de apoyo de Bonnie Bramlett en su primera gira en solitario, además de grabar con Chuck Berry su conocido "My Ding-a-Lin" y actuar como invitados en el mítico concierto de Eric Clapton en el Rainbow, y todo en ese mismo año 1973), les empujaran para continuar en esa línea más americana, más moderna en definitiva, bastante alejada del gusto del white average man, del tipo de oyente blanco de Londres.

A Harold Melvin y su banda The Blue Notes les conocía desde su "The Love I Lost", una maravilla editada ese mismo 1973, fueron además una de las bandas estrella (junto a The O´Jays y The Three Degrees) incluidas en la recopilación que el sello Philadelphia International Records sacó al mercado ese mismo año ("The Sound Of Philadelphia´73"). Esa misma recopilación contenía además el famoso "Me & Mrs. John" de Billy Paul, pero el tema de Harold Melvin, "If You Don´t Know Me By Now", se convirtió en uno de los favoritos de esa excepcional colección de canciones disco. Sus interpretaciones se amoldan perfectamente tanto en temas reivindicativos, "Wake Up Everybody", "To Be Free To Be Who We Are", como en canciones con un toque más sensual, "Don´t Leave Me This Way", "Keep On Lovin´You" o "You Know How To Make Me Feel So Good". Es ese el momento en que el funk, el soul y los ritmos latinos se han fundido en una inconfundible amalgama que anticipa el sonido disco, un fenómeno que en tan solo un par de años, en 1975, ya ha arrasado en todas las discotecas del mundo.

Bigenheimer´s English Disco, LA 1975

Ohio Players arrostraron la hoy políticamente incorrecta fama de ser una ladie´s men band, muchas de sus portadas utilizaron la figura de la mujer ligera de ropa, mostrando sus encantos. La temática de gran parte de sus composiciones no es raro que busque ese sentimiento de cortejo, de satisfacción una vez consumado el acto sexual, de confirmación del rol poseedor masculino. En este "Angel" abundan esas líneas de actuación. "Glad To Know You´re Mine", "Don´t Fight My Love", "Body Vibes" y "Can You Still Love Me" son pegadizas como jugos corporales. "O-H-I-O" es una gran composición funky que se convirtió en favorito en sus actuaciones en directo. Barry White fue un auténtico ciclón en esa primera mitad de los 70, continuador de los renglones ya escritos por Marvin Gaye e Isaac Hayes, en muchos casos su temática no se aleja realmente de la de esos dos gigantes del soul. Lo que si puede que les distinga es la patente que Barry White tiene registrada para rozar sin disimulo el cuerpo de la pareja de baile, permitir el magreo y calentar al personal. Por destacar un solo tema (no, no mencionaré los más conocidos), "I Can´t Beleive You Love Me", 10 minutos y 23 segundos de auténtico trailer soft-porn, tenues las luces de las velas, las sábanas de obligado satén rojo, las bocas, todo es hambre.

El "Volume 2" de The Ronettes es el disco sorpresa de la sesión nocturna. El muro de sonido de Spector se ha transtornado en visillos mecidos por el viento. El ejemplar contiene temas inéditos, a cual de ellos más excitante, también hay canciones en directo que muestran a una Ronnie con voz bluesera, casi en plan Billie Holyday. Durante gran parte del disco el trote de su ritmo es imbatible, temas como"You Came, You Saw, You Conquered", muestra toda la luz de mañana del Sunset Boulevard, su versión del clásico "Sleigh Ride" no llega a la de Johnny Mathis pero podría formar parte del soundtrack de "American Graffiti" sin ningún desdoro. En el "Midnight Love" de 1982 encontramos a un Marvin Gay en Bélgica recuperándose de sus múltiples problemas; refugiado en Ostende, su cura cara a cara frente al Atlántico ofrece como brillante resultado a un artista rejuvenecido, inspirado por un nuevo ambiente bien distinto del que ha dejado en Los Ángeles hace más de un año. Los primeros compases del "´Till Tomorrow" marcan el paso del Rubicón del disco, se desplaza aquí y allá como ritmo precursor un beat con algunos toques techno, a veces los teclados suavizan la atmósfera del disco. Destaca, claro,  "Sexual Healing", un canto al punto y final del desorden, a la vuelta al amor como más eficaz curativo. Su sensualidad es femenina, puede que funda algunas luces de neón, su embrujo rítmico reúne toda la sequía, elimina su quejido, a partir de ahora volveremos juntos a cuidar las flores del jardín. Pero el plan desgraciadamente falló.