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8 abr. 2020

EL ROCK Y LAS CIUDADES XIII: CHICAGO, 3ª PARTE



MAGIC SAM BLUES BAND                          "WEST SIDE SOUL"
Los casos de COVID-19 en el Estado de Illinois alcanzaban la cifra de 12.262 a las 4 horas de la tarde de aquel martes, la mayoría de afectados se producía en la misma conurbación central de la ciudad de Chicago y en los condados circundantes de Cook y Lake. También el mayor número de fallecidos, aproximadamente un 75% del total, tenía lugar en las mismas áreas descritas. Las cadenas de TV y las emisoras de radio locales comunicaban en tiempo real estas estadísticas a una población que, inicialmente incrédula, se refugiaba en sus casas siguiendo las prescripciones de las autoridades locales. Las redes sociales hablaban de un incremento repentino de la población china en la ciudad, de hecho el crecimiento en los vuelos que recibía el aeropuerto internacional de O´Hare en los últimos días se debía al retorno de miles de americanos de origen asiático que regresaban a su hogar. Por la cadena FOX se propagaba la idea de un plan perfectamente diseñado por las autoridades de Pekín para infectar masivamente a la población estadounidense. Las órdenes de las primeras autoridades federales prohibiendo los vuelos desde China no eran más que una pantalla. Otras fuentes (generalmente bien informadas) relataban cómo testigos presenciales habían asistido en vivo a una ola de suicidios colectivos, gente lanzándose al vacío desde los rascacielos de Nueva York, algo parecido a la crisis del 29.

Me encontraba confinado en mi habitación de La Quinta en Lake Shore Drive,  40 metros cuadrados frente a una amplia vista al Lago Michigan. El cielo gris, encapotado de pesadumbre, se confunde con la inmensa planicie de agua, también empañada por un manto sin apenas reflejos. Mantenía la TV encendida con el único propósito de escuchar un sonido, que me llegara el eco de una voz al que no prestaba atención. La habitación se mantiene limpia, las camas hechas, el baño arreglado, la mininevera repleta, la cocina americana preparada. Cada 5 ó 6 horas me llamaban desde recepción para preguntarme si necesitaba algo, cualquier cosa, desde comida y bebida hasta prensa y revistas, sugerencias de ejercicios físicos y juegos virtuales. Intentaba hacerme cargo de la situación pero no es fácil, tenía la sensación de viajar hacia el pasado, al tiempo de la peste negra o de la fiebre española, estar sobreviviendo a un mal sin nombre ni motivo. Y lo peor era la soledad, esa sensación de pasos perdidos, miradas sin ver, asomándome al teatro de las ventanas donde el paisaje se limitaba a un vacío dificílmente soportable.

Recordé entonces las últimas palabras de Rufus Mellon cuando me llevó de vuelta al hotel después de visitar la tumba de Junior Wells: "Vendrán todos...". Busco la nota que me entregó a continuación, allí estaba, entre las páginas de una novela de Ann Radcliffe, un dibujo representando una cruz griega acompañado por las tres primeras letras del abecedario seguidas de un breve texto: "Personajes, Prisionero y Sombras". La letra A se encontraba colocada en la parte inferior de la cruz, la B en el punto medio y la C arriba. Detrás de la primera letra otra mano había dibujado un haz de fuego y postrera a la última aparecían paralelamente varios rasgos ondulados. Si se trataba de algún tipo de hechizo no había manera de confirmarlo, así que decidí acudir al mismo Rufus y llamarle por teléfono. Me contesta una voz oblicua al otro lado de la línea, ¿quién llama?, preguntó antes del hola, me presenté, le comento a continuación que Rufus estaba a mi servicio como chófer turístico esos días atrás, se produjo entonces un silencio pesado, me extraña el sonido generado cuando colgó, como si se tratara de un golpe dado a un aparato antiguo, de esos que aparecen en las cabinas telefónicas en las películas de Woody Allen.

El autor busca entre sus notas aquellos escenarios que pudieran servirle para concretar su obra. Acude a varias páginas subrayadas de "El Ruedo Ibérico" de Valle-Inclán. En una de ellas el editor comenta cómo Valle estuvo recitando versos enteros de "El Diablo Mundo" de Espronceda en una noche de bohemia frente al Palacio Real de Madrid; en otra, el mismo autor gallego, adicto a la marihuana, establece su tesis del sueño como extravagancia, ensalzando el juego de vocablos para, de ese modo, realizar transformismos absurdos. La primera escena podría trasladarse al conocido como Old Town de la ciudad de Chicago. Fue esta de antiguo la parte más bohemia de la ciudad, una suerte de Greenwich Village o Haight Ashbury angelino, alrededor del Geja´s Cafe, del Big John´s o del club Plugged Nickel (allí actuó muchas veces Miles Davis con sus distintas formaciones) se presienten las figuras de Mike Bloomfield y Paul Butterfield. Entre todos entonan la letra de uno de los singles de éxito de Magic Sam ("All Of Your Love"): "...Whoo, your love pretty baby / I have in store for you / Whoo, your kisses pretty baby / That I´m holding all night / You know I love you baby / I hope you love me too", sonaban además adjuntos coros sensuales, jugaban a rechazar el galopante climaterio de los hombres ya muy maduros.

Repasé las primeras páginas del "Macbeth" para así tomar inspiración del hechizo de las tres brujas. Tomo de la cocina un mortero, con su mano de madera trituré media cucharada de ají en polvo, nuez moscada y semillas de anís, le añado medio vaso de J&B y unas cuantas gotas de fentanilo. Al poco estaba extendiendo unas toallas de baño en forma de cruz sobre la alfombra de la habitación, cierro a canto las cortinas mientras coloco la lámpara de una de las mesas en el suelo, lo suficientemente cercano al escenario para que pudiera proyectar su foco de luz contra la pared. Me senté después en medio de la cruz, en el lugar reservado para el Prisionero, el piso estaba mullido, apenas sentía una breve palpitación de anfibios recorriendo mi espalda. Entonces aparece ella, la falsa baronesa rusa que había dirigido sesiones de magnetismo en la Cámara de la Reina Victoria. Los Personajes se colocaron detrás mío mientras yo permanecía inerte, con los ojos cerrados, tratando de adivinar el significado de sus movimientos, la voz campanuda de la baronesa Percolatti di Amatista los presentó a continuación. Abro los ojos y contemplo sus sombras bailando en la pared desnuda.

Los párrafos que ahora siguen son fruto de la investigación que el autor hizo sobre Magic Sam y su banda. Nacido en Mississippi, emigra con su familia a Chicago en 1950, se establecen en el área del West Side más cercana al lago, entre las calles Calumet y East 27th, un barrio donde la mayoría negra está sujeta a la pobreza, la exclusión social y la violencia policial. Magic Sam, alias artístico de Samuel Maghett, lleva la savia del blues del Delta en sus venas, y es allí en la gran ciudad del norte donde da sus primeros pasos como artísta, inicialmente como guitarrista de incipiente talento, más tarde como cantante y compositor. Su principal padrino en aquellos momentos, un jugador profesional llamado Shakey Jake, merodea la escena de los clubes del West Side y le consigue un ensayo después de una actuación de Muddy Waters en el 708 Club de la East 47th Street. Han pasado ya siete años y Magic Sam realiza su primera grabación en el sello Cobra. Al comienzo de la siguiente década su nombre ya tiene cierto eco entre los clubes del West y Near North Sides, en ellos se compadrea con Howlin´ Wolf y Otis Rush. Corren los años en los que el soul de Memphis y el gospel de Detroit encandilan a las nuevas audiencias, los 12 acordes del blues tradicional se extienden hasta los 16 y tanto la guitarra de Magic Sam, ya un prodigio de fingerpicking en sus cortas notas de gran intensidad, como su voz, desde antiguo entrenada y mejorada gracias a su participación en The Morning View Special (una de las muchas formaciones familiares de gospel), se encuentran preparadas para acceder a un olimpo largamente esperado.

Este "West Side Soul" de la Magic Sam´s Blues Band fue grabado, como tantas otras joyas del blues eléctrico de Chicago, en 1967 en el Sound Studio y fue editado el mismo año por el sello Delmark. El insigne Stu Black (poco después desaparecerá sin dejar rastro), sigue contratado como Ingeniero de sonido y a la producción se coloca el capo Bob Koester. Detallémoslo, la cara A comienza con "That´s All I Need", es puro sonido soul, ideal la melodía para conducir por las autopistas del Northern Belt, "I Need You So Bad" posee ya un inexpugnable toque chicagüense, blues eléctrico acompasado del mejor trote rítmico posible, en "I Feel So Good (I Wanna Boogie)", una versión del clásico de John Lee Hooker, la guitarra de Magic revolotea como una avispa punzona, su voz se estira siguiendo las polvorientas huellas del Coyote y de Correcaminos, en "All Of Your Love", primera composición propia,  Magic Sam vuelve al camino de los doce acordes, la segunda guitarra de Mighty Joe Young y el piano de Stockholm Slim apuntalan un sonido contenido en su propia brillantez, "I Don´t Want No Woman" cierra la primera cara, Magic regresa aquí a los dieciséis acordes, sus riffs, acompañados de una voz cada vez más brillante, otorgan al tema un ambiente de festival, de hits compartidos, de celebración hirviente.

¿Es Steve Ray Vaughn el intérprete del tradicional "Sweet Home Chicago"?, su aclamada versión junto a Eric Clapton y Buddy Guy no suena mejor que la de este álbum, la de Magic Sam conserva el prurito de la más auténtica academia del West Side Sound, en "I Found A New Love" el muelle revierte, el tempo se asoma al blues tradicional pero los riffs ya han asimilado el estímulo de las acerías industriales, un mix magnífico, algo parecido ocurre en "Every Night And Every Day", aunque aquí la tonalidad se encuentra más pausada, más cercana a los ensayos eléctricos de Jimmy Rogers y Muddy Waters de la Chess Records, en el instrumental  "Lookin´ Good", segunda composición propia de Magic Sam, reconozco al J.J. Cale de Oklahoma, hasta allí llega su influencia, el "dust bowl" sigue su patrón  y sopla ahora hacia California, allí le esperan Canned Heat con los brazos abiertos, en "My Love Will Never Die", un original de Willie Dixon, asoma en la voz de Magic Sam el maravilloso escarnio de Screamin´Jay Hawkins, la base rítmica de Mack Thompson y Odie Payne refuerza el hechizo de los garitos viciados, en "Mama, Mama -Talk To Your Duaghter", la flecha del arco alcanza al mismo Chuck Berry, la Epiphone Riviera granate de Magic Sam compite con la Gibson Cherry Red del astro de Sant Louis, ambas escalan cimas cuya cuerda otros más tarde seguirán.


¿Qué hacer a partir de ahora...?, me hacía esa pregunta mientras me despierto empapado entre los tibios grumos de la placenta anaranjada, pretendía cuanto antes salir de ese tejido esponjoso que me tuvo retenido durante el tiempo completo que duró la ceremonia. ¿A dónde dirigirse entonces...?, si..., siento cómo mis miembros antes aletargados rompían caperuzones de larvas al irse extendiendo lentamente. La pantalla de la TV anunciaba nuevas recetas de cocina, "Easy Mashed Potatoes", "Rack of Lamb with Nopales", todo un surtido de entretenimiento gastronómico para mantener ocupados a los ciudadanos recluidos en sus casas. Me sacudo el pringue como un perro el agua no deseada, alcancé la botella de whisky y le pego un buen trago. Mientras me acercaba titubeante a los ventanales con la intención de descorrer las cortinas suena el telefonillo de recepción. Lamento molestarle señor, el caso es que tenemos quejas de sus vecinos de planta, parece ser que desde su habitación sale un olor muy desagradable, fétido, ¿le importaría que el servicio de habitaciones suba ahora a comprobarlo?


3 comentarios:

  1. Me he puesto en YouTube "Magic Sam West Side Soul (Full Album ) 1967” para crear el ambiente adecuado al leer tu artículo. De entrada, lo de conurbación me despista un poco. Ya, solucionado. La receta de tu escrito tiene un millón de ingredientes. Hay que hilar muy fino para escribir con tantos detalles y no desbarrar. Me parece un gran relato, como siempre. Y el disco me ha encantado. Se agradece todo este despliegue y, más en momentos como este.
    Saludosssssssssssss

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  2. Creo que de la serie de Chicago es este último relato el que más me agrada, y curiosamente se desarrolla en un interior, sin posibilidad de salir a la ciudad y recoger la influencia de la calle.
    Como decía don Pío, en el relato (novela en su caso) tiene cabida todo, es como un cul-de-sac donde el autor puede meter todo lo que quiera. Yo le sigo a pies juntillas, y así me va...
    Saludos y gracias.
    Javier.

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