Oscurecía en una tarde-noche gélida que rellenaba aún con más tétricas sombras los prolegómenos de la cita con Ángela Hoodoo. Un viento helado afilaba las esquinas de las calles aledañas a la Sala Fun House, farol y reducto de buenos aficionados al rock.
Con puntualidad casi europea (solo quince minutos de retraso) comienza la actuación de Castor Head, banda madrileña encabezada por la apabullante presencia escénica de Laura del Amo (voz y guitarra acústica) y que se completa con un elenco de músicos curtidos en polvorientos moteles de carreteras secundarias. Ruri Grande (guitarra eléctrica), Dani Masa (contrabajo) y Mario García (batería).
Completan en cerca de una hora un set que recoge sus más recientes grabaciones - editadas recientemente por los sellos Folc y Sleazy Records -. Entre sus virtudes más destacadas, además de sus propias composiciones, la de calentar a una audiencia que, poco a poco, iba completando un local de escasa capacidad pero con espacio más que suficiente para acumular entre sus paredes (pocos locales en Madrid con tan buenos carteles de bandas invitadas) tan alto octanaje de ardor roquero (la cerveza cumple el resto). Castor Head, banda a seguir, sin ninguna duda.
Apenas Angela Hoodoo han interpretado un par de canciones, “Outlaw Girls” y “Dusty Boots”, correspondientes ambas a su segundo 10" (Sleazy Records, 2025) cuando me encuentro – ¡oh sorpresa! – con dos viejos amigos, dos auténticos pintas con los que he compartido muchos conciertos, Roberto y Andrés. No puede comenzar el bolo de mejor forma. Comentarios, chascarrillos, planes futuros, sorbos compartidos de lúpulo. Conatos de bailes.
La banda que acompaña a Angela está formada, además de ella misma (voz, guitarra acústica, percusión y coros), por Nicolas A. Huguenin (batería), Frank Mora (contrabajo) y Pablo Mateos (guitarra eléctrica). Practican – al igual que Castor Head – un country rock fronterizo, americana de road-runners perseguidos por los cabrones de ICE. Puro western-rock del más genuino chitlin´ circuit pantanoso, gasolineras abandonadas y autoestopistas de la Route 66. Una auténtica gozada.
Además de las dos canciones antes mencionadas, el set incluye prácticamente la totalidad de sus grabaciones disponibles. “Far Away”, “Little Boy”, “Home”, “Turtle Road Blues”, “Deep Blue Eyes” de su primer LP “Coyote” (Folc Records, 2023).
De su actual 10", “Outlaw Girls”, caen como moscones electrocutados “Fugitivo”, “Everybody Wants To Go To Heaven” (versión de Loretta Lynn), “I Got Soul For My Enemies”, “Don´t Get Into Trouble”, “Snakes In My Head” y “Wild Horses”. Hay tiempo para colar algunas composiciones novedosas, “After Midnight”, “Is Not My Business” y “Shake It”, además de una cuña del emblemático “Ring Of Fire” de Johnny Cash. También hueco para interpretar con gusto exquisito un emocionante “These Boots Are Made For Walking” de Nancy Sinatra y, ya en el bis final, un muy celebrado “On The Road Again” de Willie Nelson.
Poco antes de la finalización del concierto, – mi falta de memoria impide lamentablemente concretar los temas-, suben al escenario Elena Amores (música colaboradora en algunas recientes grabaciones de la banda, artista también participante en alguno de los temas finales del set anterior de Castor Head) con su mandolina y la misma Laura del Amo a la guitarra acústica. Angela ha mencionado poco antes a las tres divas, Dolly Parton, Emmylou Harris y Linda Ronstadt. Pienso en el Ryman Auditorium de Nashville, allí grabaron en 1987 su famoso“Trio” (Warner Bros Rcds). Nuestro terceto nacional ahora, adecuadamente ataviado durante todo el concierto – lentejuelas de colores, dobladillos a ras de glúteos, sombreros vaqueros – eleva con su interpretación al modesto Fun House a la categoría de escenario de leyenda. Otra suerte.
La audiencia - completa ya un espacio tan reducido -, hace como que baila moviendo sistemáticamente la cabeza de un lado a otro (alguna chica desmelenada – hay muchas chicas entre el público – actúa como motosierra), los brazos se levantan (algunos con botella de cerveza incorporada) amenazan los puños sin herir a nadie, gritan los varones más bizarros, Angela se baja del escenario e inicia una ronda de bailes, besos y abrazos, Frank Mora -aparcado temporalmente su contrabajo- rememora con voz lúgubre al “el negro más negro que el sobaco de Muddy Waters”, Pablo hace honor con su guitarra al astro-padre del blues eléctrico de Chicago, Nicolas aporrea su batería como si Madrid tuviera playa. Silbidos, aplausos, el tequila en la barra lleva camino del infierno.
De esta brillante manera culmina la gira que Angela Hoodoo ha mantenido durante los últimos meses por todo el país. Un colofón de primer nivel al que he tenido la suerte de asistir (gracias a Juanjo por su sugerencia). Me despido de Roberto y Andrés. Antes de salir, nos toma un par de fotos una chica que me sonríe con sus ojos de plata. Mañana toca ruta ciclista. ¡Qué vida más dura!
Nota: Esta entrada, con ligeras modificaciones, fue publicada inicialmente en Exile SH Magazine el 26 de Enero de 2026.




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