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7 mar. 2013

TRANSPORTE



Transporte, esa es la palabra definitoria que puede resumir la sensación obtenida después de la lectura de la obra "Arcadia" de Lope de Vega y Carpio, el conocido autor del Siglo de Oro español, "Fénix de los Ingenios y Monstruo de la Naturaleza", éste segundo apóstrofe obra, por lo visto, del mismísimo Miguel de Cervantes.
 
Y sí, transporte ya que el lector se ha visto en todo momento trasladado a los fértiles paisajes de la Arcadia, territorio semi-paradisíaco donde los pastores y pastoras, lejos del mundanal ruido de las urbes, se dedican al noble arte del ejercicio amatorio. Ese traslado, aunque muchas veces reflejado en los entornos propios de la naturaleza, ríos, fuentes, arboledas, bosques y prados, queda más certeramente reflejado en los paisajes de la acción humana propiamente dicha. El amor en su más espiritual y orgánica acepción, las conductas equívocas que su capricho produce entre los sujetos ligados al mismo (envidias y rencillas), el destino como implacable ejecutor de su derrota y los celos, éste último principal protagonista de la narración.
 
 
 
 
La novela, compuesta por cinco Libros más un opúsculo final titulado "Exposición de los Nombres Poéticos", recoge el argumentario típico de la novela pastoril que autores anteriores a Lope de Vega ya iniciaron en 1504 (el italiano Sannazaro con su "Diana") y 1559 (el portugués Montemayor con su también titulada "Arcadia"). La "Arcadia" de Lope, escrita entre los años 1592 y 1595 plantea un escenario (y aquí la palabra escenario viene expresamente a colación al utilizar Lope una narrativa muy ligada al propio ejercicio teatral) en el que un galán (Anfriso) y una dama (Belisarda) se quieren, pero ella tiene otros pretendientes (Olimpo, Galafrón, Leriano, Salicio), uno de los cuales es favorecido  por sus padres; al creerse engañado por su amada, el galán enamora a otra joven (Anarda) lo cual causa que la protagonista a su vez se refugie en los brazos del cortejador preferido por su familia (Salicio)
 
 
 
Hay una palpable presencia de escenas y comportamientos más propiamente cortesanos que pastoriles, entendidas éstos en una rusticidad que sería la más propia del entorno de una novela de este tipo. Se suceden pues paisajes de alto nivel lírico y poético (la novela cuenta con 160 poemas insertos entre su prosa, muchas de ellas de indudable calidad), juegos y certámenes amatorios entre la sociedad que conforma el país arcadiano, regalos entre los vencedores de torneos sentimentales, acogimiento a soluciones en las que una sabia Polinesia, en un admirable ejercicio de psicología aplicada (¿habrá estudiado Freud su comportamiento?), cura al galán de sus males de amor, dirigiédole por los caminos de la sabiduría. Y todo ello adornado, sin que suponga en absoluto engolasamiento del texto, por una cantidad ingente de citas de autores y personajes de la cultura clásica greco-latina, de menciones a la simbología de los colores, de las plantas y árboles, todos ellos elementos eruditos que suponen para el interesado en estas cuestiones un auténtico festín lectivo.
 
La lectura de la "Arcadia" de Lope de Vega no es, sin embargo, fácil. El vocabulario y la práxis narrativa de los autores del Siglo de Oro no es pesebre de lectores actuales. No obstante, para todos aquellos educados en la cultura clásica de la mejor narrativa en castellano, será objeto de gloria y regocijo.

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