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16 oct. 2019

RAREZAS XVIII: ELOGIO DEL OBRERO INGLÉS



JOHN KILLIGREW                                      "KilliGREW"
Resulta realmente descorazonador encontrar tan escasa información sobre un artista del talento de John Killigrew. En la magna y muy recomendable obra de Vernon Joyson "The Tapestry of Delights. The comprehensive guide to British music of the beat, r&b, psychedelic and progressive eras, 1963-1976" (Borderline Productions, 2006), aparece tan solo una escueta referencia: "Killigrew, oriundo de Birmingham, cuyo único álbum, una apacible colección de folk-pop, raramente vio la luz. El álbum fue producido por Pete Dello, como consecuencia del descubrimiento de Killigrew por Terry Noon, mánager de Honeybus". Aprovecha la breve cita para dar cuenta de la fecha de publicación del disco y del single coetáneo, ambos en octubre de 1971, por el sello independiente Penny Farthing. Eso es todo. Acudo esperanzado a la página de facebook de Richard Morton-Jack, fundador y editor de la prestigiosa revista Flashback (además de autor de notables libros de temática musical), para que me confirme si en alguno de los 9 números publicados hasta la fecha pudiera encontrar algún dato más sobre John Killigrew.

No me queda más remedio que indagar por mi cuenta, aventurarme por un camino cuyo final desconozco. La siguiente referencia que investigo es la localización de los distintos domicilios conocidos en los que John Killigrew vivió en Birmingham. El primero es el de Cato Street, una calle que circula paralela entre la B4132, circunvalación urbana que une el este con el norte de la ciudad, y el River Rea, un estrecho y no muy caudaloso río cuyos aledaños son considerados curiosamente como principal lugar de asentamiento de la tribu Beorma, primeros pobladores anglosajones de la ciudad y origen de su actual denominación toponímica. La segunda calle conocida (y que parece ser la actual residencia del artista), es la de Shady Lane Great Barr, ubicada algo más al norte, se cobija bajo la espuela que por allí conforma el Daw End Branch, uno de los numerosos afluentes de un Grand Union Canal que constituye, junto a los commoners rurales, una de las tradicionales espinas dorsales de Inglaterra. En ambas calles, con mucha más profusión en la primera, se muestra al observador la desolada la tristeza urbana y post-industrial existente en no pocas ciudades inglesas. Grandes áreas repletas de concesionarios de automóviles, talleres de servicios y obras públicas, además de almacenes y pequeños malls de todo tipo, se mezclan con zonas residenciales de construcción uniforme, edificaciones bajas de ladrillo visto, pequeños jardines y garajes frontales, en sus yermas zonas intermedias y parques adyacentes rara vez se contempla algún paseante en las horas laborables del día, el cielo, casi siempre gris, amenaza lluvia inminente.

Debo adivinar también los personajes, ya diré más adelante sus nombres, aunque en el caso de nuestro protagonista lo tengo más fácil. En la portada de éste su único álbum "KilliGREW", John aparece apoyado en la entrada de su casa; la puerta, de un color verde césped (he consultado el tono con mi mujer), muestra el número 145, pero ignoramos de qué calle se trata. Su porte es el de un hombre de treinta y pocos años, de estatura media, bien vestido, en el que destacan sus lustrosos zapatos marrones de tacón alto y los botones blancos en su camisa de fondo lápiz de labios rojos. Apenas se ven sus ojos, los mantiene dirigidos hacia el suelo, como si estuviera inmerso en algún profundo pensamiento, el color del pelo y la barba pronostican un matiz bermejo. Un grupo de tres chavales se lanzan carrera abajo por la calle, tienen toda la apariencia de los típicos pilluelos dickensianos, descarados, ágiles y malhablados, me recuerdan aquellos otros de la portada del "Meaty Beaty Big And Bouncy" de The Who. La fachadas de las casas son las representativas de las vecindades de la clase obrera, unas figuras simétricas blancas sirven de adorno a las cabeceras de las puertas y ventanas de guillotina, en el extremo derecho una farola culmina el apéndice de su farol con una muesca de inesperada interrogación.

El siguiente personaje, llego ahora al cabo de mis adivinanzas, nos presenta a un tal John Killigrew (1568-1584), proclamado segundo gobernador del castillo de Pendennis en Cornualles por la reina Isabel I, pirata y contrabandista de renombre, sospechoso además de alguna que otra muerte violenta y enterramiento oculto. No puedo evitar en este momento rememorar a León Felipe y su poema "Raposa", publicado en su "Nueva Antología Rota" de la Colección Visor de Poesía (Visor, 1973): "Inglaterra, / eres la vieja Raposa avarienta, / que tiene parada la Historia de Occidente hace más de tres siglos, / ...has dejado meterse en mi solar / a los raposos y a los lobos confabulados del mundo / para que se sacien en mi sangre / y no pidan enseguida la tuya. / Pero ya la pedirán,...". El segundo  y último personaje podría coincidir con el de Tom Brangwen, patriarca de la saga del mismo nombre que aparece en la novela "The Rainbow" ("Three Great Novels", Parragon, 1993) de D.H. Lawrence. Tom Brangwen muere ahogado una noche en la que la lluvia torrencial inunda su granja cercana a Nottingham; la narración nos lo muestra conduciendo borracho su carruaje, vuelta a casa, ya muy cercana la madrugada, le canta a su yegua antiguas canciones de amor desafiando el peligro que le acecha. Entre ambos protagonistas, uno cruel y avariento (y curiosamente de igual nombre), el otro, un personaje de ficción romántica, más cercano quizás al carácter de nuestro artista, se podría resumir la ambivalencia del espíritu inglés.

Como los obreros intérpretes de las últimas novelas leídas de Lawrence y Zola, John Killigrew tiene que trabajar muy duro para mantener una creciente familia, de modo que tan solo los fines de semana puede permitirse el lujo de practicar su gran pasión. The Fortunes, una formación que recorre los pubs de la ciudad de Birmingham al término de los partidos de la Premier League (y de la que, por ahondar en la falta de referencias sobre nuestro personaje, ignoramos si se trata de la misma banda del futuro Traffic Chris Capaldi), es la base de su primera experiencia musical. A principios de 1964 es seleccionado para una audiencia con The Moody Blues, pero es Mike Pinder el definitivamente elegido. John encaja el golpe con dignidad proletaria y sigue trabajando animoso en sus composiciones hasta que, en una de sus múltiples actuaciones, se encuentra con el anteriormente mencionado Terry Noon, mánager por entonces de la banda Honeybus, además de antiguo batería en la formación del primer Them de Van Morrison, aquella que grabara el legendario "The "Angry" Young THEM!" (Decca Rcds, 1965). Noon, convencido de su valía, habla con Pete Dello que aceptará producir el único álbum de nuestro obrero favorito.

Pete Dello, sin duda una de las grandes figuras del pop inglés de los años 60 (muy recomendable su imprescindible "Into Your Ears", Pete Dello and Friends, RE Hanky Panky Rcds, 2006), convence a John Killigrew para trasladarse desde su pequeño y concurrido piso en Birmingham hasta su más confortable y pacífico apartamento de Wembley. Ya en Londres, en los cercanos Intersound Studios, acompañado por los entonces miembros de Honeybus, Ray Cane (bajo y co-fundador de la banda junto al mismo Pete Dello), Colin Hare (guitarra rítmica), Jim Kelly (guitarra solista) y Peter Kircher (batería), además del próximo integrante de Rockpile Billy Bremner, como refuerzo a la guitarra, va dando forma a los arreglos de unas composiciones sobre las que Killigrew ya llevaba tiempo trabajando. Pete Kelly, por entonces un prestigioso pianista de sesión y Pat Halling, músico de acentuada educación clásica (suyos serán los arreglos de cuerda en la famosa BSO del "Don´t Cry For Me Argentina" de 1977), rematan la formación instrumental. En Abril de 2010 Pete Dello rememora aquellas jornadas de la grabación de 1971 y habla de un John Killigrew emocionado, eternamente agradecido por haber conseguido su sueño, el de dar a luz unas canciones que, analizadas desde la perspectiva de casi 50 años atrás, constituyen uno de los momentos más necesariamente reivindicables en la gran historia del pop británico.

La cara A comienza con uno de los mejores temas del álbum, "Just A Line", una auténtica proeza lírica e instrumental. La voz de John sobrecoge por su humildad expresiva, el piano de Pete Kelly, como lo hará durante toda la obra, marca impecablemente la melodía, los arreglos de cuerda de Pat Halling le otorgan una trascendencia que me recuerda al "Eloise" de Barry Ryan. En "Brand New World" aparecen ya las primeras guitarras de Hare y Bremner, la melodía, más jugetona, queda mejor engarzada dentro del tono pop-folk de la época. "Nothing´s Impossible" suena inicialmente a Serge Gainsbourg, la melodía va poco a poco elevándose a cimas de campiña soleada, los arreglos orquestales y los coros la enmarcan como una exquisita pieza de orfebrería. "Hold On Baby" es puro Rockpile, al piano trotón de Kelly se le añade el regusto pub-rock, la guitarra de Bremner anticipa el espíritu que haría eterno el sonido de Nick Lowe y Dave Edmunds. En "Yesterday And You" volvemos al ambiente de campiña, la melodía se sostiene en un tempo delicado, la voz de John alcanza aquí una entonación más lírica, su texto es deliciosamente ecológico. Cierra la primera parte "Roverman", una pieza que no desmerecería en ninguno de los programas musicales emitidos por la TV pública inglesa de la época; alegre, progresa amparado por una melodía cautivadora por lo sencillo de su planteamiento, los coros añaden un aroma propio de Mary Quant.

Se mantiene el alto nivel durante toda la cara B. "John Dupree", una oda a un supuesto ladrón de bancos, protagonista homónimo del título, y a un tal John McKay, sheriff que pretende darle captura. El piano de Pete Kelly sigue enmarcando la melodía, la voz de John recita la pequeña historia de estos dos protagonistas, su tono pretende alcanzar la epopeya de un nuevo Robin Hood; el final, con la inclusión de vientos, tiene un inesperado toque Ennio Morricone. En "Got Your Number" la melodía se disuelve entre aromas Bee Gees y el sunshine-pop de los mejores Harry Nilsson y Burt Bacharach. "You Don´t Know What You´ve Got" vuelve al tono épico de Barry Ryan, la cadencia entre los versos se rompe suavemente, la voz de John matiza perfectamente las distintas emociones que surgen de su propia lírica, los arreglos de viento, bellísimos, nos transportan hacia una de las mejores canciones del disco. En "Hey Mockingbird" sigue el piano manteniendo el principal pulso instrumental, la orquesta anticipa la incorporación de la sección de vientos en el puente, la simplicidad de la melodía otorga al tema un sabor escondido, casi inerte. "Do I Love You" continúa con el mismo rumbo que el tema anterior, un tempo de sencilla melodía acompañada por una orquestación que ordena el conjunto final. Cierra el disco "Just The Way You Are" y aquí retorna el espíritu Rockpikle. El piano mantiene una acelerada velocidad honky-tonk durante todo el tema, los riffs de guitarra recuperan el sabor pub-rock, los arreglos se completan con unas cortas líneas de repentino gusto country .

El disco se publica en octubre de 1971 en el sello Penny Farthing. Su propietario, Larry Page, productor del "Wild Thing" de The Troggs (versión del tema original de los americanos The Wild Ones de 1965 que, un año más tarde, llevarían al estrellato), es el típico y controvertido hombre de negocios musical de la época. Un single conteniendo los temas "Nothing´s Impossible" y "Just A Line" anticipa al público una obra que, a pesar de ser radiada profusamente en Radio One por la primera dj femenina británica de la época, Annie Nightingale, no consigue despegar en las listas. El single se publica, con una carátula distinta a la del Lp, en España en el sello Belter. Cuarenta años más tarde, en 2011, los bilbainos de Hanky Panky Records reeditan y lanzan al mercado 500 copias del disco. La obra, impecablemente presentada, contiene los textos introductorios de Pete Dello y Barry Pritchard, compañero de John Killigrew en su época con The Fortunes. Allí éste último habla del carácter inexpugnable de un artista que, bajo las condiciones económicas y de salud más adversas, supo rehacerse con la dignidad necesaria de un hombre de su clase. Su obra, representada en este más que recomendable "KilliGREW", constituye patente muestra de su gran talento, el canto del cisne de un artista perteneciente a la mejor Inglaterra posible, la que, si no cambian las cosas, dentro de muy poco tiempo echaremos de menos.



4 comentarios:

  1. No conocía de nada al señor Killigrew, así que he buscado el disco y lo he estado escuchando. No cabe duda de que, como bien dices, es una de esas pequeñas delicias del pop melódico isleño; quizá no sea tan brillante como un Billy Nicholls, por ejemplo, pero tiene su encanto. Y al final tampoco a Nicholls ni a otros cuantos les valió de mucho esa delicadeza, porque los grandes números de ventas están en manos de otro tipo de autores. Salvo que uno se muera a tiempo, como Nick Drake.

    En fin, otra de esas injusticias que jalonan el mundo del pop. Gracias por descubrírmelo.

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  2. Pues si, la historia del rock/pop está plagada de grandes injusticias, a menos que, como bien dices, acompañen algunos artistas a su propuesta un bonito cadáver (por lo de joven...). A este John Killigrew afortunadamente no le hizo falta llegar a tales extremos. Un auténtico currante, que hizo de la música su vía de escape, y que no se olvidó de madrugar cada mañana para mantener a su familia. Algo raro entre tantos otrs.
    Gracias y saludos,

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  3. No tenía el disco de John Killigrew, pero si el “Into Your Ears", de Pete Dello and Friends. Por cierto, una maravilla de disco. Leyendo tu magnífico relato me han entrado ganas de pillar el disquito. Y así lo he hecho. Ya lo tengo bajado de “The Sounds of my mind” Lo oiré esta noche acordándome de tu viaje musical.

    Saludosssssssssssss

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  4. Enteniendo el "Into Your Ears" ya se anticipa este "KilliGREW", ambos muy parecidos en cuanto al enfoque musical de sus autores. Pop inglés pristino, de delicado voltaje lírico, especialmente apto para almas domésticas.
    Gracias y saludos,
    Javier.

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