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13 mar. 2015

SEGUIR DE POBRES






BURNING                              "NOCHES DE ROCK & ROLL"
Coloco mi espalda contra el cojín y compruebo que está bien apoyada contra el respaldo de la silla. Me acomodo antes de concentrarme ante la pantalla del ordenador. Todo está en orden aparente (es decir, no hay ningún signo revolucionario frente la millonésima tropa polvorienta que navega libremente por la estancia). He introducido antes mis delgados dedos entre los vinilos para escoger (no al azar, la casualidad es una situación imposible cuando se impone el recuerdo) un disco de Burning. Soy de los que creo que sus compañeros de estantería (colegas alfabéticos, una exigencia del orden burgués), les han influido de forma definitoria. A su derecha BUM, una banda de la Columbia Británica canadiense, con su "Wanna Smash Sensation!" del 92; a la izquierda (ni siquiera lo adivino inicialmente..., ¿me dará por fin una alegría la izquierda, aunque solo sea en el orden de los discos coleccionados?, veamos...), el primer disco homónimo de la Butterfield Blues Band del 65 (aunque lo debería haber archivado en la P de Paul Butterfield...). ¡Magnífico!, (han desaparecido por un momento las dudas relativas a mi próximo voto en las elecciones municipales). Con tales credenciales difícil es que se de mal la entrada.

Antes de colocar en el plato la cara A del "Noches de Rock & Roll" (1984) he estado escuchando "El Final de Una Década" (1979), es decir, he intentado sumergirme en los años que marcaron indeleblemente la trayectoria más conocida de la banda. Como las plantas del pie del saltador olímpico que (restregándose sobre el esparto antideslizante del trampolín momentos antes de dar el impulso definitivo,  sus ojos cerrados contra la inmensa tarima celestial), van deslizándose como un timón autónomo, libre e independiente de la voluntad de un cuerpo que (puede quebrarse en cualquier momento por el simple roce del vuelo de una avispa), así , antes de culminar el arco voltaico que daría la razón a Humphry Davy, he sentido la necesidad de solazarme con los antecedentes de la banda.

¿Es el Madrid de 1979 algo cercano en el desván de la memoria (un cúmulo de experiencias que no pocas veces sirven para atormentar las madrugadas de insomnio)? Si, lo es, aun cuando creyera exclusivamente evocarla (como lo hago ahora) en imágenes que reviven los paseos con mi hijo pequeño por el campus de la Universidad (mientras leía a Hölderlin), o asistiendo a los conciertos en el "Johnny" (Splint Enz) o allá en el Pabellón Polideportivo del Real Madrid (Ian Dury and The Blockheads + Robert Gordon); también intentando, con mi recién adquirida Yashica FX-2, retratar un tiempo tan feliz que dificilmente puede alcanzar su verdadera dimensión entre estas breves palabras. Tan cercano como el Madrid de 1984, la culminación de una escena polivalente donde la música, la literatura, pintura, cómics (gracias hermanos catalanes) y magazines, cine y fotografía habían ya adquirido una cierta carta de naturaleza autóctona. En apenas 10 años se había pasado del final de la "pertinaz sequía" (tan ligada a la conspiración comunista y judeo-masónica) a una especie de leve hartura. Nos mudamos de los conciertos en los colegios y tómbolas de barrio a aquellos otros que posibilitaron la existencia de un pequeño circuito de salas y escenarios fijos. De Ñu, (Teatro del Colegio Maravillas), a la Orquesta Mirasol (Sala MM), culminando con los primeros Nacha Pop en el Teatro Barceló (teloneros de Siouxsie and The Banshees).

Y Burning, ¿dónde estaban entonces?. He de reconocer que, aun conociéndoles (¿quién en Madrid no sabía de ellos?...), no formaban parte de mis melodías preferidas. Acudo a aquellos momentos (atrapado en el tenso esfuerzo del que recrimina a una memoria desmemoriada) en los que las esquinas mojadas de noche y lluvia, las luces iridiscentes de los garitos de Malasaña o el olor acre del orín mezclado con el perfume del cáñamo (sería prolijo mencionar los postreros insultos a las noches que nunca quisimos ver finalizadas), nos pudieran servir para comprobar si efectivamente los del barrio de La Elipa entraban o no en nuestros tarareos de satoris alocados. Y no, allí no estaban. Existía una frontera (la llamábamos "la del Ebro") delimitada por una aún joven M-30, por la que rara vez transitábamos. Más proclive eran sus confines para tribus urbanas distintas a las nuestras, y esa frontera nos servía de línea divisoria (entiendan por favor el ejemplo) entre la aceptación de un Ramoncín advenedizo y el olvido culpable (no lo siento, de todas maneras, como una pesada carga) de unos Burning que, desde hacía mucho tiempo, formaban parte de una periferia que había entrado por las cañerías de la ciudad.


A esa falta, a esa ausencia premeditada, en gran parte contribuyeron los medios de la época. No todos, es cierto, cayeron en el olvido; algunos, los más centrados en la escena puramente roquera, dieron noticias de ellos. Se les veía entonces como una continuación de los grupos del sello Chapa y del recopilatorio de "Viva el Rollo" de Vicente "Mariskal" Romero, sus actuaciones se publicitaban como el vívido ejemplo del rock más auténtico, chulesco y canalla. Pero en 1984, cuando se publica su "Noches de Rock & Roll", la prensa del momento, tanto la meramente musical (dedicada en esos instantes a alabar las excelencias el pop nuevaolero) como la consagrada a ejemplificar las excelencias del post-modernismo (versión intelectual y literaria de la "movida"), les relega al cuarto oscuro de los dinosaurios. Veamos un caso: "La Luna de Madrid", paradigma de la modernidad, Diciembre de 1984, sección musical. Se habla de los siguientes grupos: Radio Futura, Minuit Polonia, La Caída de la Casa Usher, Ciudad Jardín, Siniestro Total, Toreros After-olé, Glutamato Ye-Ye, Gabinete Caligari, Nacha Pop, Derribos Arias, Aviador Dro, Almodovar y McNamara, Bernardo Bonezzi, Mecano, Alaska y Dinarama, El Último de la Fila, Loquillo y Los Trogloditas, Golpes Bajos (la sensación otoñal...), ni una sola mención a la banda de La Elipa.

Es evidente que la menguadísima distribución y publicidad dada al "Noches de Rock & Roll" tuvo mucho que ver. La quiebra por entonces del sello Belter contribuyó a que el disco estuviera en las estanterías de las tiendas apenas un par de semanas. Las emisoras de entonces, en especial Onda 2, que tanto tuvo que ver con la siembra y posterior consolidación musical de la época, estaban mucho más centradas en dar a conocer los estilos y las nuevas bandas del país (además de las extranjeras que servían de referencia), haciendo caso omiso a los grupos y estilos más tradicionales. Las dos únicas cadenas de TVE, en sus programas musicales de la década de los 80 (quien los tuviera ahora...), apenas emitían actuaciones o entrevistas a Burning, siendo quizás la más recordada la que retransmitió Miguel Ríos en su escenario de "¡Qué noche la de aquel día!", pero ya en 1987.

Resulta chocante esta situación toda vez que cuando uno se enfrenta a la audición de "Noches de Rock & Roll" el disco le resulta una pura simbiosis del mejor rock stoniano (marca registrada de la casa) con las pautas musicales del estilo nuevaolero de la época. Instrumentalmente, los teclados de Johnny Cifuentes transitan mucho más sobre puentes claramente pop sin olvidar sus antecedentes honky-tonkianos, los riffs guitarreros de Pepe Risi (el miembro técnicamente mejor dotado de la banda) se extienden por territorios más acordes con la época, tampoco ajenos al sabor añejo de las grabaciones clásicas de los cinco de Dartford, el saxo de Miguel Slingluff, además de resaltar una tensión rítmica muy escorada hacia el mejor Bobby Keys, se amolda perfectamente en un ambiente de "little-big-band", y el acople del bajo de Eloy con la batería de Arturo Terriza (también seña rítmica del grupo) consolida el magnífico sonido de la grabación. Las voces, compartidas entre Johnny y Pepe Risi, han desechado el característico estilo del huido Toño Martín y se mueven en ricas tonalidades, festivas unas veces, agridulces otras, que resaltan en todo caso una lírica básica, dejándose, gracias al trabajo de producción de Maurizio Gaudenzi, escuchar con no disimulado placer.

Y en las letras y textos viene a ocurrir prácticamente lo mismo. Frente a la tontuna de los motivos festivos y exóticos de gran parte de los grupos de la nueva-ola, Burning en ese año de 1984, continuando con su trayectoria lírica desde una década atrás, siguen reflejando fielmente los escenarios urbanos relacionados con su propia historia; habitantes de los barrios que les vieron crecer y desarrollarse como roqueros militantes (La Latina, Las Ventas, Torrejón, Chueca...), y las vivencias personales que en ellos tuvieron. Los planes del atracador y sus esperanzas de una mejor vida ("Esto Es Un Atraco"), relatos carcelarios, anhelos de libertad y represión policial ("Johnny El Seco" y "Tú De Azul Yo No"), memorias y homenajes a protagonistas desaparecidos y a las drogas duras ("Cristina" e "Y No Lo Sabrás"), la magia previa al concierto de rock & roll ("Corazón Solitario"), la nostalgia sentimental ante la ausencia femenina y la ruptura ("El Sueño De Tu Sonrisa", "Una Noche Sin Tí" y "Nena").

Tampoco mengua para nada su status actual de banda de culto (referida aquí a aquellos momentos donde se consolidó su mejor alineación posible como grupo con el terceto de Toño, Pepe y Johnny; en ése año 1984, en sus "Noches de Rock & Roll", exclusivamente con los dos últimos miembros después de la salida de Toño Martín), si atendemos estrictamente a la propia historia y referencias que ofrece para el interesado la trayectoria de Burning. Su participación en el mítico concierto de "La Cochambre" en Julio de 1975 ("Festival de Música Pop de la ciudad de Burgos"), su legendario bolo con Dr. Feelgood en Madrid en 1977, su previa participación en el "European Pop Jury" (con gente como Marc Bolan y Gary Glitter), la inauguración de la sala El Sol (aunque esta actuación es posterior, año 1979, y aun se discute si la hazaña la llevaron a cabo ellos o unos primerizos Nacha Pop), su presencia en una filmografía de época ("Que hace una chica como tú en un sitio como este" de Fernando Colomo y "Navajeros" de Eloy de la Iglesia). Igualmente queda más que enriquecido el curriculum de la banda cuando mencionamos a aquellos personajes de la escena musical del momento (su década de oro, 1974-1984) que pasaron, dejando huella permanente, por su camino. Gonzalo García Pelayo (locutor radiofónico, productor y director de cine), Vicente "Mariskal" Romero (hombre de amplio espectro musical también), Eduardo Haro Ibars (poeta y escritor "maldecido", como gustaba ser reconocido), Loquillo, aquel colega barcelonés que, anecdóticamente,  reivindica su presencia en alguna de las interminables fiestas nocturnas con la banda (aquella única y penúltima luz que aparece encendida en los áticos del edificio de la Torre de Madrid, [ver anverso y reverso de la carátula del disco], así lo atestigua.


La existencia de Burning, transcurrida esa década de oro que culmina con este "Noches de Rock & Roll", se consolidará como la de un grupo que, por razones inherentes a la propia banda y por decisión de la mayoría de los medios, quedará alejado de las modas y corrientes imperantes por entonces. Su rock canalla, macarra, castizo y chulesco no casará, o lo hará forzadamente, con los estilos vigentes antes de llegar al ecuador de la década. Y lo que resulta curioso es que la personalidad musical de la banda, a poco que uno escuche con mediana atención al grupo, se acopla más que bien a las corrientes reinantes tanto a final de los 70 ("El Final De Una Década") como en la primera mitad de los 80 ("Noches De Rock & Roll"). Su exclusión de la "modernidad" fue un grave perjuicio comercial. Inconveniente que afianzó, para bien y para mal, su itinerario anterior y forjó su futuro más inmediato. Me quedo, y es una opción muy personal, con éste Burning de los perdedores, aquellos que se irguieron sobre sus cenizas rechazando la tramposa mano de los vencedores.
















13 comentarios:

  1. Unas lagrimas me han caido leyendo más que la revisión de un lp es la historia de una ciudad y una vida. no soy de madrid ni recuerdo ese Madrid pero si soy de provincias y si recuerdo intentar vivir un ideal que desde alli se transmitia , luego no era todo tan bonito pero y que imposrta. El disco de burning ( reconozco que tampoco le prestaba atención entoncés) pues casi el mejor diria . Y ahora que es Burning ( ya se que existen pero creo que debían haber cerrado ese capitulo hace mucho muchom tiempo) pues EL GRAN GRUPO DE ROCK AND ROLL DE LOS 70

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    1. Estoy de acuerdo, y ahora (no antes) lo reconozco. Burning son el gran grupo de rock español de los 70, la gran referencia. Buena y muy divertida época en Madrid a finales de 70 y principios de los 80, que tuve la suerte de vivir muy metido en el ajo.

      Gracias y saludos,

      Javier.

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  2. Un muy buen disco, si bien no tanto como los dos primeros, en mi opinión insuperables. No sé si has leído el libro de Alfred Crespo sobre Burning (igual lo hemos hablado, pero ahora no caigo), relato oral de esa época que nos cuentas narrada por los miembros del grupo (los que quedan vivos, claro). Buen repaso, Javier.

    Un abrazo.

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    1. Solo tengo el "El final de una década" y no el primero, aunque si puedo me haré con él. Conozco el libro de Alfred Crespo, de hecho en esta reedición (del sello Vinilissimo) del "Noches de Rock & Roll) se incluye una hoja de presentación, con un texto muy claro y definitorio del grupo y del disco por parte de Crespo.

      Abrazos,

      Javier.

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  3. Este ejercicio de memoria y de documentación debería poseer un marco. Es cierto eso de que se ninguneaba a los de La Elipa cuando se hablaba de modernidad en aquel 84 y que este glorioso disco pasó bastante desapercibido, aunque también es cierto que algunas canciones de discos anteriores como “Bulevar” acompañaron a destiempo todos esos ejemplos que citas de La Luna de Madrid, al menos en la zona de Levante. Mis sinceras felicitaciones, gran Javier, este artículo vale su peso en oro. Un fuerte abrazo.

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    1. Si, la verdad es que ya me cuesta mi trabajo recopilar un montón de información para publicar cada entrada. Burning, ninguneado por la modernidad en Madrid desde luego, imagino que lo mismo pasó en el resto de España por aquellos años. No obstante, un gran grupo al que parece que se le va haciendo un poco de justicia actualmente.
      Abrazos,
      JdG

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  4. Me siento muy culpable por no haber pasado antes por aquí, Javier. Me ha encantado la entrada y, dicho sea de paso, sin ser yo un acérrimo de Burning, Pepe Risi era uno de los tíos con más carisma que he podido escuchar; y bueno, el directo que tienen en la Joy Eslava, me parece muy bueno. Imprescindibles para entender el Rock en España. Muy buena entrada, máster. Por cierto, ¿te gusta Faith No More? De ser así, te invito, si quieres, a que te pases por la última entrada de mi bitácora.


    http://www.ourgodsaredead.blogspot.com.es/2015/03/the-real-thing-entra-patton-entra-la.html

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    1. No pasa nada Alex, faltaría más. Yo me paso también por tu bitácora muy a menudo y, por una razón o por otra, no comento nada.. Vosotros, los jóvenes, debéis mantener la antorcha de los grupos veteranos. No soy muy de Faith No More, más que nada por no haber profundizado mucho. No obstante pasaré por tu blog para ponerme al tanto.
      Gracias y saludos,
      JdG

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  5. Burning han dejado unas cuantas canciones-himno que definen perfectamente el rock de barriada de las décadas 70/80, canciones que no han pasado ni pasarán. Yo no soy el más indicado para opinar porque mis gustos son otros, pero admiro su integridfad casi hasta el final. Y es cierto que gran parte de la modernura madrileña les dio de lado, a ellos como a cualquier otro grupo del tipo Leño, Coz, Ñu, etc, que no cuadraban con la pijería reinante.

    Me ha hecho gracia ver otra vez, depués de tantos años, el cartel anunciador de "lo de Burgos". Qué tiempos...

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    1. Si, efectívamente, hubo modernura y pijez deurante la movida, siempre que se la quiso dotar de cierta aurea intelectualoide. Si la vivías a pie de calle, procurando exclusivamente la diversión (que la hubo, y mucha), era otra cosa distinta. Burning estuvieron alejados, ignorados, pero nunca ausentes del todo, eso no podía ocurrir.
      Gracias y saludos,
      JdG

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  6. Cojones Javier!!! Como es posible que yo viviera ajeno a este espacio, que me he tropezado con él de casualidad, y encima de ser tuyo me escribes sobre Burning, mis Burning...
    En cierto modo ninguneados, es cierto, y tras la huida de Toño nunca bien esplicada por Johnny, los problemas con la discográfica y otras movidas se permiten este disco, el que marca un mayor equilibrio entre el rock germinal que entienden como propio y los acentos nuevaoleros de la época, aun así agua...No hubo promoción en cambio yo recuerdo una entrevista y foto a portada completa del disco en El Gran Musical...hace años tire las revistas y hoy lo siento.
    El artículo es una montaña de recuerdos y sapiencia, nostalgia y erudicción, me ha encantado y a partir de ahora que te tengo fichao pasaré amenudo por aquí.
    Un abrazo.

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  7. Muchas gracias Addi por tus generosas palabras. Si, ninguneados (no totalmente, pero si de una manera significativa) por fuera y ellos (por dentro) a su bola, dando carnaza en muchas ocasiones a sus propios problemas. ¡Todo un estilo!. Como digo en el post, efectivamente, se trata de un disco que no desencaja para nada con la música vigente entonces (1984) y, además, para darle mayor valor, no olvida, como bien dices, el rock germinal del que siempre mamaron.
    Aquí tienes tu casa, ya sabes.
    Abrazos,
    Javier.

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    1. Es verdad que ellos siempre fueron un poco a su bola, es parte de su identidad y hoy incluso de su propia promoción. Pero nunca sonó del todo extraño raro en su época. Un fortísimo abrazo maestro.

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