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23 ago 2013

GRAN JEFE APACHE CHIRICAHUA





COCHISE                "COCHISE"
Pensaran los lectores que forzosamente ante la presencia de este primer disco de Cochise lo primero que llamaría la atención es su atrayente cubierta, diseñada por el maestro de Hipgnosis Storm Thorgeson, recientemente fallecido. No fue mi caso, aunque evidentemente faltaría a la verdad si no afirmara que me sedujo también su imagen de elocuente encanto carnal. El haber leído con cierta profusión sobre la escena británica de los inicios de la década de los 70, en el que suele haber normalmente un cierto espacio para bandas como ésta, y encontrarme con éste su primer disco de 1970 en mi tienda habitual, me sedujo rápidamente a la adquisición de este trabajo. Pureta que es uno.

En esas fuentes de información escrita a las que me refería, aparece normalmente identificado Cochise como una banda más reconocida por la procedencia y posteriores destinos de los miembros que la componían, ahora comentaremos algo sobre ello, que por su propia aportación musical. Así Mick Grabham, guitarra acústica, teclados y voces, recala en Cochise después de haber pasado una temporada en Plastic Penny, banda que en los últimos años 60 fue un auténtico baluarte del mejor "psych-pop" inglés de la época, mayormente fuera del alcance de los "charts" de entonces. En 1973, ya después de grabar el tercer y último trabajo de Cochise, Mick entra en la formación de Procol Harum, ya palabras mayores, a tiempo para participar en su celebrado "Grand Hotel". Más datos.

Stewart Wilson, voz principal y guitarra acústica de Cochise, provenía de la formación de Bluesology, famosa no solo por tener entre sus miembros a un tal Reggie Dwight, posteriormente algo más conocido como Elton John, si no también por haber albergado entre sus miembros al largirucho Long John Baldry y a Elton Dean, saxofonista éste último de imborrable recuerdo con los mejores Soft Machine. Seguimos. La base rítmica de Cochise, esto es, John Wilson en la bateria y Ricky Wills, al bajo, provenían de otra banda con cierto renombre, The Joker´s Wild, no tanto por su singularidad musical, no dejaban de ser mayoritariamente un grupo de "covers", como del hecho de acoger en su seno a un tal David Gilmour que, al poco tiempo, sustituye a Syd Barrett en Pink Floyd y se convierte en mega estrella del rock. John, acabada su carrera en Cochise entraría en las formaciones de Quiver y The Sutherland Brothers & Quiver, mientras que Rick, ya en 1977, pasaría por los Procol Harum de entonces y posteriormente por Foreigner.


¿Y qué queda entonces del bagaje musical de Cochise, concretamente del que aparece en éste su primer disco?, ¿será suficientemente interesante cómo para dedicarle un tiempo minimamente equiparable al empleado en comentar las líneas genealógicas de sus miembros? Creo que sí. No estamos evidentemente ante un grupo que pasará a la historia de la música rock, pero pienso sinceramente que si reflejan muy fielmente la atmósfera que se respiraba en los inicios de la década de los 70 en Inglaterra. La psicodelia está a punto de expirar, las bandas punteras de entonces, Cream, Jethro Tull, Savoy Brown, Manfred Mann, Traffic, Family, se me ocurren ahora, empiezan a experimentar en sonidos donde los instrumentos juegan un papel más expansivo, no en la onda de lo que puedan sugerir o inducir mentalmente al oyente (pura psicodelia), si no en la propia elaboración y desarrollo técnico de sus posibilidades armónicas, dirigiéndose a territorios donde la pura extensión de los mismos (en seguida empezarán a tomar carta de naturaleza los celebrados y prolongados solos, de guitarra, batería, teclados), acompañado de una base rítmica poderosa, cercana a un "hard" o "heavy-rock" primigenio (nada que ver con el "heavy-metal" posterior), hacen que los grupos tengan más campos de acción, y en ésta situación Cochise participa y juega su pequeño papel.

En los temas de éste su primer y homónimo album, todas composiciones propias de la banda, menos una versión del "59th Street Bridge Song (Feeling Groovie)" de Paul Simon, asistimos a un ejercicio de "country " como esqueleto de estilo, no tratándose empero de un disco de "country-rock" al uso, si no más bien de emplear armonías de este estilo como base para desarrollar posteriormente una suerte de mezcla con elementos más "hard-rock", donde la base rítmica juega un importante papel tensionador de la melodía y la guitarra, aquí especialmente brillante el único miembro de la banda no mencionado anteriormente, B.J.Cole, que hace un magnífico trabajo a la "pedal steel guitar". No hay una uniformidad conceptual en la propuesta de la banda, tampoco en 1970 muchas bandas tenían claro el seguir un único argumento lírico en sus grabaciones (los fracasos comerciales recientes de los intentos de Pretty Things en "S.F.Sorrow" y "Parachute" lo demostraban, por cierto, Dick Taylor, guitarra memorable de los Pretty, es el productor del disco), y eso afecta evidentemente al "corpus" musical de Cochise en este trabajo, pero tampoco de tal manera que podamos considerar este trabajo como un intento fallido.

El disco se escucha entonces con el placer que otorga el saber que es fiel reflejo de un tiempo de cambio, de un momento en que muchas bandas experimentaban y, al mismo tiempo, ponían los primeros andamiajes de lo que posteriormente devino el rock, música más asentada, más consolidada y abierta a nuevas fronteras. Además, detalles de aquellos tiempos, el disco se abre en un magnífico "sleeve" con las fotos de los miembros más información de la grabación y, caso de aburrirnos con ellos, podemos volver a la portada original que, como ya comenté, es pura delicia visual.

Como diría en su momento el gran Dámaso Alonso, al contemplar los hermosos senos de una mujer: "Dulcísimas tartas derramándose desde los hombros"; pues eso, ahí estamos de acuerdo totalmente con Cochise.

21 ago 2013

BAILANDO EN LA PISTA



EARTH, WIND AND FIRE        "EARTH, WIND AND FIRE"
En la definición propia del "funk" encontramos gran parte de las llaves maestras que nos abrirán la puerta para una mejor comprensión de éste, tan "sui generis", estilo musical. Y creo que conviene a veces repasarlo, porque parece que en él pueden caber un cúmulo de ideas que, en ocasiones sirviendo de auténtico "cul de sac", se pueden alejar de lo que verdaderamente forma el meollo y base genética de este sonido.

No me importa tanto el aspecto puramente conceptual y geográfico de lo que pueda definir al "funk" como estilo, esto es, su clara procedencia afroamericana, su mezcolanza de otros estilos como el soul, el jazz, los ritmos latinos, el "rythm & blues", algo de psicodelia "west-coast", tampoco el punto estrictamente técnico es el que quiero resaltar; el destacar el mayor peso de la percusión y del bajo eléctrico, la significativa aportación de la sección de vientos, los acordes más graves y comprimidos, no es lo que más me interesa en este momento. Lo que realmente me invita a divagar sobre ello es lo que el "funk" consigue, conmigo y con todos aquellos amantes de éste género, BAILAR.

El primer disco homónimo del grupo Earth, Wind And Fire de 1971, siendo ésta mi primera adquisición de la banda de Chicago, y una más de las que engrosan mi pequeña colección de este estilo, Funkadelic, James Brown, Sly and The Family Stone, Mandrill, Parliament, entre los principales (¿puedo meter aquí a mis muy queridos Delfonics, de los que se anuncia ahora próxima entrada?), viene a significar mi clara apuesta por lo que estas bandas y este tipo de música me aportan como aficionado. Ganas de moverme, de seguir el ritmo sincopado de sus instrumentos, de participar en su comunión étnica, de compartir y entender sus proclamas sociales y políticas (caso común de una gran mayoría de los grupos destacados), en una palabra, de vivir la música como una celebración, como un rito de participación colectiva, más cercana a la pura expresión orgánica del sudor colectivo, más alejada del viaje mental o espacial al que, porque no decirlo, también soy buen aficionado.


Y éste primer trabajo de Earth, Wind And Fire cuadra como anillo al dedo. No era antaño, inicio de los 70, estrictamente necesario que los Lps tuvieran una gran cantidad de temas y, así, este trabajo recoge "tan solo" siete cortes, a cual mejor. En todos ellos hay suerte de los más celebrados ecos rítmicos, de las más emergentes sensaciones eróticas, profusión de gestos de primicia en pistas de baile, choques de caderas sin víctimas, si, por qué no decirlo..., "disco-dancing" del bueno, zapatos con plataformas, pantalones de campana, luces refulgentes en un pequeño cuadrado de colores, humo, alcohol, un pequeño paraíso al alcance de todos.

"Help Somebody", "Moment Of Truth", "Fan The Fire", "C´mon Children" o "This World Today", en ese aspecto que comentaba antes de canciones con títulos y textos comprometidos, ofrecen una gran uniformidad en cuanto al mejor "funk" de alegre aspersión rítmica y percusiva (mención especial a Verdine White aquí, protagonista de un soberbio trabajo al bajo eléctrico), grandes aportaciones de vientos, guitarras y teclados que extienden sus sintonías al unísono, voces que, según el momento, arañan o acarician al oyente.

Destacaría, no obstante, dos temas. "Love Is Life", más balada soul y con unos coros que crean una melodía de gran belleza, y "Bad Tune", el único tema instrumental que, según comienza con los efectos especiales de una gran tormenta, ya avisa que se va a tratar de una gran pieza, el empleo de la kalimba, teclado puramente africano de sonido parecido al vibráfono, además le otorga una gran calidez rítmica. 

Maurice White, el "alma mater" del grupo, ante el fracaso de ventas de éste su primer trabajo, decide despedir a 7 de los miembros de la banda (no sé porqué pero una de las cosas que más me ha gustado de los grupos de "funk" es que habitualmente estaban compuestos por muchos miembros), y solamente mantiene a su hermano Verdine para su segunda grabación, cambiando también de sello, de Warner Bros a CBS. Entra entonces como vocalista Philip Bailey, barítono que dará una nueva dimensión a la banda y que supondrá el inicio, para muchos, de la mejor época de esta banda de "funk" americana. Pero es ésa otra historia de la que me tengo que poner más al día.

19 ago 2013

REDENCIÓN ASEGURADA




PRIMAL SCREAM         "MORE LIGHT"
"Ave María Purísima", le digo con cierto nerviosismo al padre asentado tras la celosía de su confesionario, "Ave María", me contesta él y siento un relajante perfume de patchouli saliendo del reducido cubículo de madera. "Padre, me acuso de no haber escuchado nada de Primal Scream", mis últimas sílabas me traicionan con un patente tartamudeo. Silencio que se me hace eterno..., "...¿cómo dices hijo, nada de Primal Scream, es éso así?...", "nada Padre...", me detengo para evitar el eco tembloroso de mi voz. Carraspea el pastor de almas: "¿Ni siquiera el *Screamadelica*, hijo?", sus palabras se tornan algo comprensivas, o por lo menos esa impresión es la que inicialmente me llega. "Ni siquiera Padre", contesto compungido. Se cuelan unos tenues hilos de humo (ligeramente tóxico) por la celosía y siento como sus labios se acercan: "Bueno hijo, no temas", (espero una frase brillante del sacerdote), "...anda y levántate como Lázaro y ten fe en la misericordia divina..., hazte con su último *More Light* y escúchalo siete veces siete..., y vete en paz". Llego a vislumbrar un brillo amarronado en algo que creo son sus ojos.

Pocas veces, he de confesar, he cumplido una penitencia con tanto agrado. E, item más, debo decir que tras la escucha repetida de la obra de marras, me encuentro en paz conmigo mismo, una serena y bondadosa sensación de sosiego interior me posee desde entonces y, si, también me seduce la idea de haber vuelto al redil de los iniciados, aquel club epicúreo del que nunca debí salir, compendio feliz de todos aquellos miembros, hermanados ellos por las más seductoras melodías que la música moderna nos pueda deparar.

Y eso que "More Light" no es que aporte precisamente más luz al oscuro túnel en el que me encontraba (... por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa...) ¡Ca!, todo lo contrario. En gran parte de sus temas, salvo en dos de ellos, "Turn Each Other Inside Out", aquí destaca la participación en las voces del gran Robert Plant, e "It´s Alright, It´s OK", donde la banda presenta algún tipo de solución al desorden vital que nos somete o, caso de que ésa situación de mejora individual no llegara a cuajar, promete una suerte de redención final para toda la "peña" (antes, hace mucho tiempo decíamos "vasca"), como decía la gran mayoría de la película a la que nos enfrentamos es de fuerte rechazo a la actual situación social ("2013", "River Of Pain" o "Culturecide"), se desprende momentáneamente una nueva llamada a las barricadas (¡qué bonito sería!...), se aboga por una reacción interior de ruptura con el sistema ("Hit The Void"), se retratan los efectos de la crisis, el desgarro individual en primer plano ("Tenement Kid"), la mentira tremenda de las drogas ("Love Is The Drug", solía decir Bryan Ferry..., en "Invisible City", "Goodbye Johnny" o "Relativity"), se señala con certera narrativa a la odiada figura del "trepa" ("Sideman"), se oye la onda depresiva de la ausencia, de la soledad, el pánico ante el agresor externo ("Elimination Blues" y "Walking With The Beast"). 


¿Y todo este elenco de "buenas vibraciones" cómo se traduce musicalmente? Desconocedor, como era, del estilo musical de la banda escocesa, no deja de sorprenderme la fuerza melódica, la tensión rítmica, la potencia instrumental que emplean los miembros del grupo para encauzar su guión y hacerlo creíble. Frente a la taquicardia galopante del inicio de "2013", muy a lo Psychedelic Furs, donde aparece la guitarra del Kevin Shield de MBV, nos enfrentamos en muchos momentos a una suerte de estilo "soft-ambient" de acusada base rítmica de "free-jazz", bucles psicodélicos, guitarras distorsionadas y muros de sonido sobre-dimensionados a lo MBV o Jesus and Mary Chain, capas fílmicas elaboradas en acertados "overdubs" (extraordinario el juego y los cambios melódicos en "River Of Pain" y "Relativity", para mí el mejor tema del disco), baladas de  "soft-pop" espacial, blues de entrañas tecnológicas, abiertas a capas multi-instrumentales que lo enriquecen nítidamente ("Elimination Blues" y "Tenement Kid"), "ambient-angst" a lo "Peggy Suicide" del mejor Cope ("Culturecide"), juegos de bajos y teclados acelerados en la mejor tradición de unos Ultravox últimos ("Invisible City"), sofisticación rítmica en la acidez expresiva de los añorados Suicide ("Goodbye Johnny"), cierto gusto latino-caribeño revitalizado ("It´s Alright, It´s OK") y así podríamos recorrer tantas sensaciones que las contínuas escuchas del disco produce en el oyente.

Bobby Gillespie, Andrew Innes (haciendo en la grabación las labores del "desaparecido" bajo Debbie Googe), Barrie Cardogan, Martin Duffy y Darrin Mooney, los miembros actuales de la banda no son los únicos artífices de esta obra singular. Destacar, entre los muchos que participan, a los músicos de la sección de viento como Jim Hunt, Marshall Allen, Noel Scott, Danny Ray Thompson, Fred Adams, Todd Simon, Tracy Wannomae y Steve Tavaglione. Mención especial para ellos por la aportación brillantísima que hacen, en varias ocasiones me llegaban los ecos del mejor Andrew McKay de Roxy Music. También a la sección de voces de acompañamiento de Niki Brown, Sharlene Hector y La Donna Harley Peters, memorias selectas de los inolvidables coros del "Exile On Main Street" ("It´s Alright, It´s OK") traspasaron mis atentas neuronas.

Ya he cumplido mi penitencia, ya estoy libre de pecado, esto es, puedo pecar de nuevo con la tranquilidad del deber hecho . Las ventajas de ser lego a veces tiene sus maravillosas ventajas, más cuando se confiesan llanamente.

17 ago 2013

PALADAR EN AGOSTO





BILL WHITERS          "STILL BILL"
La exaltación, entendida como paráfrasis exacerbada, de la vivencia personal de la población negra norteamericana en los primeros años 70 del siglo pasado, tuvo musicalmente a Marvin Gaye como a uno de sus mayores exponentes. Sus dos grandes y celebrados clásicos, "What´s Going On" y "Let´s Get It On" contenían, alternativamente, una reflexión sobre la caída en picado que ciertos comportamientos sociales estaban suponiendo para dicha comunidad (James Brown y Curtis Mayfield, por ejemplo, también lo hicieron en "There It Is" y "Roots", por ejemplo), y una apuesta por la redención a través de la épica amorosa.

Otros artistas, como el que nos ocupa ahora Bill Whithers, también lo hicieron y no con menor éxito. Éste  su "Still Bill", disco de oro en el mismo año de su edición en 1972, se acerca a la dinámica expresada anteriormente para Gaye, Brown o Mayfield y reflexiona en éste caso sobre las relaciones personales y sentimentales hombre-mujer, tema de encandilamiento universal y, por consiguiente, de muy fácil caída tanto en tópicos manidos como en manierismos al uso para adolescentes, personas maduras y septuagenarios alocados.

Hace falta tener las ideas claras, y saber cómo expresarlas tanto lírica como musicalmente para no caer en esa senda facilona y , desgraciadamente y desde siempre, tan común. Bill Whiters lo sabe y aplica su lección en éste "Still Bill" de manera magistral. Le sirve sobremanera el hecho de ser un gran compositor, un magnífico conocedor del ritmo interno de las palabras (el disco está lleno de extensiones silábicas que le ortorgan una magia inigualable), de la sonoridad de las frases y su encaje con distintos tonos vocales, unas veces favoreciendo la atmósfera intima del texto, otras creando ecos expansivos que otorgan a las canciones una sonoridad de gran riqueza sensorial.

Y si esa apuesta vocal en Bill es ganadora en el cómputo general de la grabación, no lo son menos tanto los textos como la orquestación y arreglos que se emplean para conseguir cerrar un círculo casi perfecto. Lírica sencilla, cercana a los sentimientos más orgánicos de los protagonistas, sus deseos, sus ansias y miedos, la convivencia diaria, una vez extendida en el tiempo y vista como enseñanza que pueda recomendar a su comunidad, corren por los surcos con una sensación de credibilidad y guía a usar por y para otros semejantes. Instrumentación, por otro lado,  enmarcada en una base rítmica, formada por James Gadson en la batería y Melvin Dunlap al bajo, que saben crear y mantener un ambiente de sólida base "funky-soul", a veces un "blues" muy "soft-metal" (muy típico del Los Angeles fílmico de inicios de los 70) pero sin arabescos, concisa y tensionada, con la orquestación y arreglos necesarios para mantener la palpitación adecuada en cada uno de los temas; Benorce Blackman, inspiradísimo a la guitarra (muy celebrados sus pedales "wah-wah" en muchos momentos de la grabación) y Ray Jackson como teclista y autor de los sensacionales arreglos de cuerdas y vientos que adornan sin cansancio el disco, sobresalen también, siendo de hecho todos ellos copartícipes junto a Bill en la producción final de este trabajo.


Canciones para reseñar todas. Desde los grandes clásicos recogidos en su cara A, "Lean On Me" (cuanto me recuerda esta pieza al "You´ve Got A Friend" de Carole King/James Taylor, aun siendo en su ambiente totalmente diferentes, aquél más "gospel"), "Who Is He (And What Is He To You?)", amalgamándose aquí toda la riqueza lírica y orquestal del disco o "Use Me" (para mí el mejor tema), desde una potente línea de teclados se (re)crea una base rítmica de "funky" trotón y compulsivo, hasta esos comienzos de "Lonely Town, Lonely Street", permítaseme la expresión, paradigma de una sensación "urban explotation" que solamente el gran Isaac Hayes logró superar, o "Let Me In Your Life", cadencia romántica, vaivenes de gran calidad melódica.

Y en la cara B, variaciones sobre un "funky" orgánico, palpable en su explosión rítmica, de "Kissing My Love", Bill se permite aquí hasta hacer de su silbido un elemento más de la orquestación, o el "soft-soul" de "I Don´t Know", un tema que sorprende por su quietud, parece que nada ocurre, la guitarra de Benorce deslizándose hacia terrenos del jazz acústico, el "Another Day To Run", acelerándose rítmicamente conforme se va incrementando la denuncia social de su texto, el "I Don´t Want You On My Mind", blues urbano con riffs de guitarra entrecortados (y deliciosos "wah-wahs") que se acoplan perfectamente al espíritu del tema. Cierra el disco "Take It All In And Check It All Out", delicioso cabalgar desde una base sofisticada "funky-soul" hasta terrenos donde los riffs de la guitarra le conceden un digno recogimiento final.

Bill Whiters pertenece a ese elenco excepcional de músicos negros americanos que han hecho historia en el devenir de la musical moderna. Sam Cooke, Marvin Gaye, Otis Redding, James Brown, Stevie Wonder, Isaac Hayes, Ray Charles, Al Green, Curtis Mayfield y no tantos otros. A cada uno su denario. Bill Whiters se lo ganó aquí de sobra con este genial "Still Bill".

13 ago 2013

LOS HERMANOS MENORES




FOXYGEN       "WE ARE THE 21ST CENTURY AMBASSADORS OF PEACE & MAGIC"
Pocas cosas tan placenteras al ver cómo los que vienen por detrás han aprendido bien la lección, la impartida con sudor, agrado y convencimiento por todos nosotros, la que siempre hemos considerado más que importante, vital para perpetuar nuestra permanencia como gente de existencia apacible (casi nunca de orden) y encabritada, la más de las veces necesitada de bálsamos eléctricos que chispeen nuestro deambular. ¡Ciudadanos de la República de las Caderas Elvisianas (a alguna deidad hay que mencionar), estamos de enhorabuena!

Un par de renacuajos, con todo el respeto a su poca edad (igual no sobrepasan por mucho los 40 años entre los dos), llamados Sam France y Jonathan Rado, vecinos de un suburbio angelino, han parido bajo el original nombre de Foxygen un artefacto de profundo calibre musical llamado "We Are The 21st Century Ambassadors Of Peace And Love" (como verán, no se han cortado un pelo con el título, nada de humildades...). Y ello con la ayuda de un tal Richard Swift a la producción, luminaria que ha sido capaz de recoger todo el conocimiento acumulado por los dos miembros de la banda mencionados y crear, más bien cocinar, ese pastel de manzana de la abuelita Matilde que tanto nos ha gustado siempre.

Y es que en cada surco, en cada giro de la aguja, se levanta del suelo un polvo dorado que encumbra la habitación con un suave mareo de reminiscencias, los recuerdos de antiguas melodías, de voces amigas que parecían dormidas y despiertan súbitas ante la llamada de éstos nuevos trovadores, ecos de tanta vida, de tanta historia musical acumulada, se yerguen como zombies buscando una merecida revitalización, carnaza fresca donde hincar sus colmillos.


Hay un comienzo beatlemaniaco bestial en "In The Darkness", en la onda ingenua y genial del "Magical Mistery Tour", una orquestación primorosa en la que el piano juega un gran papel en la estructuración rítmica del tema (avatar que se dará en muchos de los otros temas del disco). El mejor Dylan de "Blonde On Blonde" asoma su perfil en "No Destruction", una modulación rítmica bellísima que me transporta al jardín del "Absolutely Sweet Marie". El Elvis de "Suspicious Mind" y los Rolling de "Out Of Time" saludan entre los acordes del "On Blue Mountain", tema de alto valor compositivo, responso inicial y posterior ruptura en tonalidad soul blanco, manteniendo una tensión que se prolonga hasta su final con una recitación ceremonial,... ("Blue Mountain / God will save us..."), guitarras distorsionadas. Una barbaridad, oiga. Aparece también el olvidado Scott McKenzie en una pieza que no podía tener otro título que "San Francisco",..."I left my love in San Francisco / (That´s okay I was born in L.A.) / I left my love in San Francisco / (That´s okay I was bored away)", que quede claro que cabe también la ironía y que no está el patio para florecitas. Cierra la cara A una pieza instrumental, "Bowling Trophies", eclecticismo à la mode, con un toque "soft-metal" y "post-psicodélico", un hermoso piano como elemento conductor de emociones.

La cara B sigue sorprendiendo gratamente al oyente. Si en su primer tema, "Shuggie", el más susurrante Serge Gainsbourg entra en escena, hay una atmósfera cercana al mejor pop Eurovisión de los 60 mezclada con tonalidades de disco sucio, una sensación de película veraniega de la Riviera italiana, en los inmediatamente siguientes, "Oh Yeah" y "We Are The 21st Century Ambassadors Of Peace And Magic", el imperio del Prince de "Purple Rain" se apodera de la grabación. Melodías expansivas con los justos arreglos pop, funk y disco ("I´ve Got the movies and the discotheque inside my mind") entonan convencidos en la primera, en la segunda el tempo es más acelerado, más descarado, llegando hasta un punk urbano desilvestrado por unos teclados majestuosos. Cierra el disco un tema llamado "Oh No 2". Pura electrónica del siglo XIX, la música soñada por Julio Verne para "100.000 Leguas de Viaje Submarino", emerge el batiscafo y ante él presentan armas las figuras de piedra de las Islas de Pascua, en el cielo tapices bordados con estampados orientales, círculo cerrado de nuevo con los Beatles de "All You Need Is Love", voz de "crooner" cerrando la función, se baja el telón, por favor, aplaudan, éstos chicos se lo merecen.

No he escuchado evidentemente todas las novedades de este año 2013 pero, de lo que me ha sido posible oír manifiesto que es éste uno de los trabajos que más gratamente me han sorprendido, un auténtico ejercicio de revitalización de sonidos que, muy a mi pesar, estaban algunos durmientes, nunca olvidados. Un gran disco, digno de ser considerado como uno de los "top ten" del año en curso.

(Dedicado a mi sobrino Isi Téllez que me recomendó al grupo en Septiembre del año pasado, en un bodorrio en la Rioja)
http://www.kickstarter.com/projects/664636839/world-war-ii-tcg-digital-card-game/posts/567147
(Copio dirección de su enlace. Para todos los amantes de los juegos virtuales, aquí tiene una excelente oportunidad para mantenerse en forma. De verdad, entren y no podrán salir)

12 ago 2013

EN LA ORILLA



"EN LA ORILLA"           RAFAEL CHIRBES
(Editorial Anagrama, 2013)

Hacía mucho tiempo que no leía una novela de autor español contemporáneo tan buena. Debo matizar dicha aseveración ya que soy, desde hace bastantes décadas, bastante más proclive a sumergirme por las páginas y obras de los autores clásicos, nacionales o extranjeros. Y tan es así que fijé, hace ya muchas décadas, un límite temporal de elección de autores y obras que prolongué hasta la primera mitad del siglo XX. Todo lo anterior a esa frontera impuesta, al morral; todo lo posterior, condenado al baúl de los olvidos, aunque, también he de decir, que ha habido novelas y autores que, con premeditación consentida, supieron burlar esa norma caprichosa.  He perdido por lo tanto como lector una buena parte de la literatura, de la novela más bien, producida en la segunda mitad del siglo anterior, y en la primera década del siglo corriente. Desventajas que tienen estas elecciones tan aleatorias y personales. Algún día hablaré de sus ventajas.

Hay en esta novela una serie de personajes perfectamente delimitados en sus caracteres, en el papel que juegan en el conjunto de la narración, cada uno de ellos con su tiempo existencial claramente definido, muchas veces jugando su partida en el ámbito de la elipsis temporal, en su conjunto aportando todos ellos un magma sólido y convincente que otorga a la novela un corpus orgánico de altísimo valor literario. Pero el gran protagonista, por su lamentable hondura y su rabiosa actualidad, es la situación de crisis que vive nuestro país, y cómo ésta despiadada época que vivimos deteriora al entorno geográfico y social de los habitantes que la sufren, y también de los que la provocaron, aunque de éstos últimos, menos.

El marco geográfico lo conoce Rafael Chirbes sobradamente porque está delimitado por su tierra natal levantina, aquella que se ha visto esquilmada por una rapiña inmobiliaria sin precedentes, objeto incluso de declaraciones de condena de las más altas jerarquías urbanísticas de la Unión Europea (que no sirvieron de nada...), y que desde el momento en que se produce la explosión de la famosa "burbuja" (expresión que negaba toda la ralea política que aun sigue gobernando), ha provocado un maremoto social y económico de efectos por todos conocidos, sin contar con el altísimo perjuicio medioambiental ocasionado.

Dentro de este marco geográfico merece resaltarse la presencia del pantano levantino, el marjal, esa pieza fangosa que modula una simbiosis entre los humedales, los cañizos, las extensas charcas que reflejan un sol casi perenne, con sus seres vivos anfibios y ánades y roedores de escoria, y los seres humanos que se han valido de ese entorno opaco y fluyente para descargar sus desechos, para la práctica inmemorial (furtiva muchas veces) de la caza y la pesca, para restarle terreno y otorgarlo al monstruo devorador de las nuevas promociones inmobiliarias, urbanizaciones diseñadas para una clase media que, de repente, se creyó rica y poderosa. Ese marjal, terreno fértil de podredumbre y rico en historias ocultas, comporta el famoso ciclo del eterno retorno, el inicio y el final de la novela, y allí Rafael Chirbes, nunca mejor dicho, su mueve como anguila por su ciénaga.

Novela dura, no apta para escrupolosos de enfrentarse a situaciones límite y textos crudos y, más que violentos (que ya uno aguanta de todo...), violentadores de la intimidad de un lector que suponía que iba a pasar unos tranquilos días veraniegos leyendo una novela más. Nada hay de eso. El lector se enfrenta en muchas ocasiones a su mismo yo, a ése que particularmente menos nos gusta de nosotros mismos, célula codiciosa, egoísta, malintencionada, proclive a las mayores bajezas con tal de poseer algo más, de enriquecerse a costa de la precariedad de muchos, de la inconsciencia de muchos más que creyeron sus palabras. Y todo ello cocido con un lenguaje fuerte, del interior de cada personaje, febrilmente orgánico y visceral, haciendo acopio de lo que Unamuno calificaba como "intrahistoria", aquella que para bien y para mal, más en éste segundo caso, nos acecha con su última lección de derrota, de amargura, de vida desperdiciada.

Rafael Chirbes es también el autor de otra novela anterior, "Crematorio" que, además de su merecido éxito literario (fue galardonada con el Premio de la Crítica hace pocos años), lo tuvo además al ser adaptada a una posterior película (o serie televisiva, no recuerdo bien) interpretada por el gran José Sancho, actor también levantino y al que tanto echamos de menos. Con esta novela "En la orilla" descubro a un escritor al que solo conocía por referencias y críticas literarias y que, sin menor atisbo de duda, dejaré que levante la veda de esa norma excluyente tan peregrina que mencioné al principio de estas notas. No me arrepiento de ello.

9 ago 2013

NO APTO PARA MENORES



AC/DC           "IF YOU WANT BLOOD, YOU´VE GOT IT"
Es saludable que durante el camino de vuelta, cuando hay cosas que parecen no alcanzar (emocionar) al viejo paseante, al pensar que las más de ellas se tornan por el uso en aburridas (craso error) y manoseadas (esto sí es cierto), se pare el protagonista de la historia, ése, el paseante, y haga por atender el aviso, flamígero eco que vino no por casualidad de otro personaje más joven que, vividor de experiencias similares que seguramente exploró en valles roncaleses o mugas fronterizas, se avino gratuitamente a recomendar.

Tal ocurrió a mitad de este infeliz año cuando un ilustre blogero (de cuyo nombre si quiere el paseante acordarse, don Gonzalo Aróstegui Lasarte) recomendó al escriba que ensucia este texto la escucha de un trabajo ("Highway To Hell") del grupo australiano por antonomasia, AC/DC, lides en las que el amanuense de marras estaba más que pez, absoluto lego en la materia, conocedor, eso sí, del nombre y dimensión gigantesca de la banda, pero habitante de las más oscuras calendas en cuanto a la escucha y seguimiento de la banda de Young, Scott & cia. Y como no fuese posible el encontrar dicho trabajo en vinilo, vicio que tiene a la mujer del protagonista más que harta, tal es el volumen que ocupan en la casa que comparten, adquiere otro titulado "If You Want Blood, You´ve Got It" que, éste sí, estaba disponible en ese formato analógico.

Decir que, después de media docena de escuchas de éste trabajo en vivo de los australianos grabado en 1978, alternadas con otras que también aportaron algo al oyente, aunque en otras dimensiones que no vienen aquí al caso, el peregrino se ha encontrado saltando y vibrando junto a la audiencia que, junto a la banda, protagoniza una grabación digna del Chernobil más maravillosamente tóxico y contaminante que narren las historias modernas. Pues sí, viene al caso ahora el recuerdo del que escribe. Una fotografía en blanco y negro (¿o era sepia ya?) de unos jóvenes, muy jóvenes, asistentes a un concierto de AC/DC. Sus cuerpos paralizados en un rictus de orgasmo total, los brazos simulando el arco y la caja de la guitarra de Angus Young en el momento del riff perfecto, sus ya electrificados pelos rígidos, mojados, golpeando un aire viciado de sudor y cerveza, sus caras presunto fiel de una comunión total con los miembros del grupo, una celebración religiosa con salvación auténtica y garantizada, un éxtasis colectivo que, seguramente, sirvió a muchos, a todos en ese concierto, para sentirse parte del verdadero centro del universo. Y pocos grupos podían llevar a cabo tal ceremonia de maravillosa confusión.


A estas alturas que este secretario de villa y corte les hable a ustedes de trallas como "Riff Raff", "Bad Boy Boogie", "The Jack" (blues descomunal), "Whole Lotta Rosie", "High Voltage" o "Let There Be Rock" es asunto baladí. Desde la primera escucha se siente ya que son temas CLÁSICOS del mejor rock´n´roll de la historia. "Hell Ain´t A Bad Place To Be" (si hay allí música como ésta, a nadie le importaría darse una vuelta por el averno...), "Problem Child", "Rock´N´ Roll Damnation" o "Rocker" le agarran, esta vez la pluma del letrado va a ser dura, al oyente de los huevos y no le sueltan hasta que grite como un cochino, perdón por el abuso verbal ("Advisory Parents").

La conjunción vocal de Scott junto a Angus a la guitarra, con esos riffs demoledores, también "limpios", certeros al cortex del oyente (¿a algún oyente se le ha puesto el cerebro como piel de gallina?) es de academia corrupta. La voz de Scott, lo más sencillo sería calificarla como cazallosa, es de puro arrabal putrefacto, ratas tamaño Orbea arañando en los contenedores las bolsas del Carrefour más cercano, sesos y criadillas en descomposición esparcidos por las calles del más cutre polígono industrial, allí donde las putas ejercen su labor por 20 € la mamada ("She´s got the jack / I made her cry / I made her scream / When I curdled her cream"), ¡que barbaridad, a dónde vamos a llegar!, se lamentó Sor Patrocinio, guía espiritual de los Borbones ("Another Parental Advisory") Y el gran hermano Malcolm, la otra guitarra, empalando a su hermano Angus y dejándolo tirado en el escenario, la base rítmica de Rudd y Williams, qué bien hicieron sus padres al dejarles correr desnudos por las extensas planicies australes, engullendo lagartos, eruptando gases de invernadero.

Gracias Gonzalo, voy apresurado a quitarme el disfraz literario y ver si convenzo a la colombiana para pasar un rato juntos detrás del lavadero, estos hideputas austrolopitecos, o como demonios se diga, me han puesto a cien.

6 ago 2013

SECOND WORLD WAR




WORLD WAR II
Hola, os envío anuncio de presentación de un nuevo juego que seguramente hará las delicias de los numerosos aficionados a este tipo de malabares virtuales. Lo patrocina un sobrino mío, Isidro Téllez que, junto a un par de socios barceloneses, ha creado esta maravilla, "novus casus belli" del siglo XXI. ¡No os la perdáis! y, sobre todo, si podéis extender la voz y participar económicamente ("crowfunding", nada va para Bárcenas) mejor que mejor.

Gracias a todos y keep on playing dudes!!

Javierfuzzy.

Sigue presentación de Isidro Téllez:

Hola a todos:
 
Estamos muy contentos de poder anunciar que acabamos de lanzar nuestra campaña de Crowfunding en Kickstarter para nuestro próximo juego "World War II: TCG" que durará del 5 de Agosto al 5 de Septiembre. Podéis acceder a la campaña en este link: http://www.kickstarter.com/projects/664636839/world-war-ii-tcg-digital-card-game
 
Esto es sin duda nuestro primer paso importante y los primeros resultados visibles de lo que ha sido casi un año de durísimo trabajo. Estamos enormemente satisfechos por lo conseguido hasta ahora pero, como digo, es sólo el primer paso, por delante nos quedan aún muchas horas de trabajo y una campaña de Kickstarter que sin duda necesita de toda la ayuda que podamos conseguir... Por eso recurrimos a vosotros para que nos podáis ayudar a cumplir este sueño.
 
Para los que no conozcáis Kickstarter deciros que es la plataforma número uno mundial de Crowfunding. Y muchos os preguntareis ¿qué es esto del Crowfunding? Es básicamente una forma de financiar parte de nuestro proyecto/juego por medio de las masas sociales a través de internet. Como podéis ver en la web de nuestroKickstarter, nosotros anunciamos el juego, explicamos nuestros planes y para qué necesitamos la financiación. A cambio de la ayuda económica que pueda ofrecer cada individuo ofrecemos recompensas que entregaremos una vez lancemos el juego.
 
Es un sistema de financiación perfecto para empresas pequeñas como la nuestra, a la vez que es muy popular en Internet y con una tasa de éxito muy elevada en cuanto a videojuegos. También añadir que Kickstarter es 100% fiable y segura, funciona perfectamente para ambos lados, los que quieren ayudar económicamente y los que necesitan la ayuda.
 
El tema es que no es tan fácil como poner tu proyecto y esperar a que caiga el dinero del cielo. A parte de una presentación amena, directa y concisa de lo que necesitas (que creo que hemos cumplido), se necesita de la máxima difusión desde el primer momento y la ayuda económica de todos los círculos de amigos que puedas acceder y ahí es donde entráis vosotros. El Crowfunding y Kickstarter funcionan como un Tsunami, si arrancas con fuerza, creces exponencialmente porque se publica el éxito y genera una retroalimentación al verse cada vez por más gente, por eso son muy importantes los primeros días. Si no, la posibilidad de éxito se reduce muchísimo. Recordaros que empiezaYA, este lunes 5 de agosto, por lo que no es buena idea dejarlo pasar para "otro día". 
 
Dicho eso, nos gustaría pediros un favor enorme: apoyad económicamente el proyecto con lo que podáis (1$ es incluso suficiente) y compartir con todos vuestros amigos este email. Apoyar económicamente es muy fácil ya que los pagos se hacen de forma segura y rápida por medio de Amazon con una tarjeta de crédito.
 
Si no podéis apoyar económicamente no os preocupéis con que compartáis nuestro proyecto y nuestra historia es más que suficiente, lo apreciamos de verdad.
 
¡Contamos con vosotros y muchas gracias!”

ADDENDA AL POST "BELLEZA EN LOS APALACHES"


ADDENDA AL POST "BELLEZA EN LOS APALACHES"

Tanto hablar de la portada del disco y, al final, se me olvidó adjuntarlo en la entrada. Ahí va.

5 ago 2013

BELLEZA EN LOS APALACHES


THE DILLARDS           "DECADE WALTZ"

No resulta sorprendente que uno asuma con más naturalidad un estilo musical que, sin pertenecer a la raíz de su terruño, diste muchos kilómetros de su lugar de origen y, de la misma manera, lejos de lo que pueda representar el folklore más próximo, al que supuestamente se debería estar más unido, le satisfaga una forma musical que nada o poco tiene que ver con sus tradiciones.

Tal me ocurre con el "bluegrass", un estilo musical genuinamente americano, hijo del country y hermano del "hillbilly" de los Apalaches, primo hermano del "ragtime" y con parientes cercanos diseminados por las familias extensas del jazz y del blues, al que accedí hace muchos años a través de The Kentucky Colonels. Curioso como esta banda está unida a los protagonistas de esta entrada, The Dillards, al formar parte de esta última Billy Ray Latham, guitarra bajo que fue miembro de los primeros durante unos cuantos años. Y grato y sorprendente es saber también que dos célebres músicos, Clarence White de los Kentucky y Doug Dillard de sus homónimos tuvieran mucho que ver con The Byrds (la piedra filosofal del folk-rock). El primero como miembro de honor de los pájaros desde 1968 hasta 1972, el segundo miembro ocasional de la banda cuando ésta visita Londres en Mayo de 1968, mención a parte de su colaboración con Gene Clark en sus célebres grabaciones desde 1968 hasta 1971. Todo va poco a poco encajando.

The Dillards y su "casi último disco en estudio oficial" en 1979, "Decade Waltz", no es quizás el trabajo por el que van a ser más recordados, pero no es por ello menor. No estamos ante joyas como "Wheatstraw Suite" o "Copperfields" de 1968 y 1970, ni siquiera nos retrotraemos hasta el seminal "Back Porch Bluegrass" de un lejano 1963, considerado por los puristas como émulo de las mejores y ya antiguas grabaciones de los Bluegrass Boys de Bill Monroe y el gran Earl Scruggs. Estamos, al contrario, en el final de la primera etapa de la banda, aquella que comienza a principios de los 60 y se extiende durante casi dos décadas y, conocedores de su próximo fin, prefieren ofrecer al oyente un popurrí de temas que reflejan todos los estilos que tan acertadamente cultivaron.

De tal manera que The Dillards suben a la montura y cabalgan por territorios claramente country-rock en piezas como "Greenback Dollar", magníficamente instrumentada desde su mínima entrada inicial ("The Ten Years Waltz") y en su final acústico, las cuerdas de los dobros y banjos, más la base rítmica a un trote sereno, le otorgan una hilatura de rica orfebrería folklórica. O en "Easy Ride", donde las voces y el fondo instrumental, siempre las cuerdas protagonistas, afianzan su maestría estilística. Y si en temas como "Gruelin´Banjos" e "Hymn To The Road" siguen en esa vertiente de un poderoso y convincente country-rock tradicional, en otros como "Headed For The Country" (cómo me recuerda aquí la atmósfera que crea la banda y la voz de Doug Dillard a los mejores REM), "Turn It Around" y "Lights Of Madella" se dirigen hacia terrenos propios del mejor "country-western" y "soft-rock" californiano, tipo New Riders of The Purple Sage o Doobie Brothers.


Y en ese popurrí mencionado hay tiempo para una pieza instrumental, puro galope de "bluegrass" montañoso en "Happy I´ll Be", o un toque más blues y sureño, con un "fiddle" delicioso, en "Mason Dixon", y hasta cabe una versión del "We Can Work It Out" de Lennon y McCartney, donde dobros, banjos y mandolinas otorgan al tema una riqueza instrumental digna del mejor granero de Kentucky. Al igual que al inicio del disco, el comienzo acústico de la cara B, un etéreo y acústico "10 Years Waltz" otorgan a la grabación una atmósfera general de celebración campestre.

Ya mencionado el furtivo Doug Dillard, más proclive a buscar nuevas vías interpretativas, su hermano Rodney mantiene viva la llama inicial de la banda y agrupa, en este "Decade Waltz", a un solo miembro de la formación original, Dean Webb a la mandolina. Herb Pedersen, auténtico maestro en la sección rítmica, tanto en guitarras como en el banjo, retorna a la banda después de su salida en 1971, protagonista no obstante de los mejores años de la misma, y asume también labores de producción junto a Rodney, de hecho parece que éste, conocedor de las exitosas colaboraciones de Herb con Emmilou Harris, Linda Ronstadt o John Denver, le deja bastante cuerda en el arreglo final del disco. Paul York y Jeff Gilkinson, base rítmica del grupo también son miembros con historial desde 1969 y 1971, han conocido los entresijos y el devenir de la formación con suficiente tiempo para estar perfectamente engarzados. Douglas Bounsall, incorporado ya en 1977, dos años antes de esta grabación, es un portentoso multi-instrumentista que igual domina las guitarras como el banjo y el "fiddle".

Completa el disco un excelente "sleeve" con fotos sacadas del album familiar de "Mom Dillard", sus apuntes manuscritos al pie de cada instantánea reflejan fehacientemente cómo la familia Dillard tuvo en la música un engarce definitivo para su unión y progreso. Hay también un texto clarividente de Scott O´Malley que recorre los mejores momentos biográficos de la banda, acompañado de más fotografías que muestran a una banda normal, fuera de esas pantomimas de retratos raros a los que los artistas nos acostumbraron años más tarde, cuando ya llevaban comidos unos cuantos tripis. Nada de eso aquí.

"Decade Waltz" es un album de culminación. Desde la portada con la fachada de madera de una casa campestre abandonada, el elevado porche a la derecha, la chimenea de piedra en el centro, los árboles aun recogiendo el aire agrícola en un día nublado, asistimos a la más pura celebración del folklore popular americano. Ese que nada tiene que ver con los que estamos anclados en esta loca península, y que a tantos gusta tanto.

2 ago 2013

EL RITMO PERDIDO


SANTIAGO AUSERÓN     "EL RITMO PERDIDO. Sobre el influjo negro en la canción española"

Resulta más que interesante enfrentarse a este libro del líder de Radio Futura y Juan Perro y encontrarnos, gratísima sorpresa, con que el señor Auserón se nos ha convertido en un ameno y celebrado etnomusicólogo. Y digo sorpresa porque tal ha sido la connotación personal del altísimo nivel narrativo y científico que el autor prodiga en sus páginas. Y no es que pensara que Santiago Auserón pudiera caer en un trabajo de índole menor, conociendo sus muy importantes credenciales como compositor y hombre de música , pero he de reconocer que según iba profundizando en su lectura, el conocimiento del tema tratado por el autor me enfrentaba , gustoso y encandilado, a una sensación de estar inmerso en una obra que ya es de obligada referencia.

Si la columna vertebral del tema tratado nos habla de las tradiciones rítmicas peninsulares, de sus contactos iniciales con la música del continente africano, a través de árabes y beréberes, la convivencia posterior con los esclavos negros y, finalmente, los flujos y reflujos entre las colonias americanas y la metrópoli, ello no deja de lado el estudio ensayístico sobre aspectos meramente literarios, eso sí, conectados con la influencia de la música en la historia cultural de nuestro país. Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Cervantes y Góngora, tanto en su obra teatral como novelística y poética, recogen las influencias de la cultura africana y la hacen suya, unos con un enfoque alineado al concepto y significado de perpetuación de la  "pureza de sangre" de entonces, otros más permisivos y liberales en su visión, proclives al reconocimiento de una cierta realidad multicultural en nuestro Siglo de Oro, todos ellos, mal les pesara,  objeto de control de un estado todavía contrareformista y vigilante.

También hay cabida para la aparición de la etnia gitana como receptora y, de una manera palpable, renovadora del ritmo africano en nuestro solar. El flamenco, con sus tangos y siguiriyas, adquiere carta de presentación como eslabón último entre una forma popular de entender el baile y la canción, el ritmo musical en definitiva.

A parte de estos aspectos mencionados, son muchas las madejas de las que se sirve Santiago Auserón para hilar su argumentos y opiniones, nunca dejadas al albur de una opinión sin un peso contrastado por lo que se adivina estudio concienzudo, base bibliográfica más que profusa, conocimiento extenso de los elementos puramente técnicos de la ciencia musical, recurso a antecedentes filosóficos relacionados con la concepción anímica del hombre, con su visión universal y logos, relaciones matemáticas con el fascinante mundo de la propia génesis y composición rítmica. Y si en algún momento el empleo de un lenguaje demasiado técnico, que existe y es necesario mencionarlo conforme se tratan aspectos que lo requieren, pudiera hacer la lectura algo más farragosa, el autor los emplea en la medida adecuada, sabedor de que muchos de sus lectores son legos en la materia.

Final poético, Auserón removiendo con sus manos las aguas oscuras del Misisipi, recordando la misma escena que hiciera con su Ebro natal en Zaragoza, muchos años atrás. Auserón reconociendo su alma negra como ganadora de una partida que todavía no ha tenido fin. Libro de obligada lectura pues para todos los amantes de la música, para todos aquellos que, como el que suscribe, empieza a descubrir con los años que esta pasión por la música nos hermana, nos une, nos hace sensiblemente mejores.

1 ago 2013

LADBROKE GROVE





THE DEVIANTS            "PTOOFF!"
Tiempo y espacio. 1967, Ladbroke Grove, Londres. En esa arteria londinense, subiendo desde Notting Hill Gate hasta Westway, a la derecha Portobello Road y al sur Holland Park, se sucedieron en algo más de una década (1967 a 1978) acontecimientos sociales y musicales que encumbraron la historia de la capital británica, la historia que nos interesa, claro está.

Ladbroke Grove es a Londres lo que Greenwich Village y Ashbury Park son a Nueva York y San Francisco. Enclave inicial de inmigrantes, prostitutas y pícaros va recogiendo, a principios de la década de los 60, a artistas, literatos y músicos que crean en su entorno una comunidad bohemia. Es a partir de 1967-1968 cuando los primeros "hijos de las flores" empiezan a hacer su aparición por el extenso barrio de tal manera que, ya a principios de la siguiente década, podemos considerar que tal presencia se convierte en una auténtica invasión de melenudos, freaks y colgados de todo tipo.

Entre esos nuevos habitantes destaca la figura singular de Mike Farren, músico y agitador social, políticamente orientado hacia un anarquismo radical, periodista y escritor compulsivo de artículos incendiarios en los magazines contraculturales de la época, International Times, Oz y Friends (Frendz después), organizador de eventos musicales como el Phun City Festival en Julio de 1970, colaborador en proyectos comunales como la "London Free School" (allí coincidiría con luminarias como Joe Boyd y Brian Epstein) y "Release" (organización que facilitaba ayuda legal a los muchísimos individuos que entonces tenían problemas con la policía), activista comprometido en definitiva en lo que ahora podríamos calificar como el entorno "anti-sistema".

Aunque Mick Farren colaboró como guitarrista en muchas ocasiones con los legendarios Pink Fairies de Twink (una de las bandas hippies de referencia en la época, junto a Pretty Things, Hawkwind, Edgar Broughton Band, Soft Machine y, sí los Pink Floyd de Syd Barrett, entre otros), es con The Deviants (antes The Social Deviants) con los que se da a conocer en los muchos pubs y locales del barrio que entonces ofrecían música en directo y, para cerrar el círculo, también fue buen amigo del grandioso John Peel, quien desde su programa nocturno "The Perfumed Garden Show" de Radio London, propagaba la buena nueva de la revolución "flower-power" que había él mismo importado de USA unos años antes.

"Ptooff!" es el primer disco de The Deviants en 1967 y, muy en la línea de las proclamas de su líder Mick Farren, ofrece al oyente mucho de lo que éste pensaba debía comunicar la música rock. Arma desafiante contra el sistema, violencia arrojadiza desde los escenarios reclamando el fin de un mundo obsoleto e hipócrita y el advenimiento de una nueva sociedad, libre, participativa y algo más que tolerante, abierta a unas nuevas relaciones sin límites preestablecidos entre sus miembros. Y esta bella anarquía se deja escuchar entre los surcos de sus siete temas. Desde la distorsión vocal e instrumental de "I´m Coming Home", "Garbage" y "Deviation Street", riffs de guitarra desordenados, efectos especiales donde se escuchan disparos y explosiones (estamos en plena escalada de la guerra de Viet-Nam), gritos histéricos, cortes con recitaciones inconexas, "loops" de reggae, un fondo de percusión constante (para mí lo mejor del disco) que mantiene la tensión durante toda la grabación, hasta los momentos más acústicos, de tranquilizada instrumentación, una especie de mantra colectivo, en tanto la banda pretende la participación del oyente, en piezas como "Child Of The Sky" y "Bun". Solamente uno de los cortes, "Charlie", tiene un claro fondo estoniano y estructura de rythm & blues, Mick vocalizando en la onda del más puesto Brian Jones.

La aventura de Ladbroke Grove terminó en parte por sus propios excesos, además de la presión policial que se hizo en muchos casos obsesiva (se pensaba entonces que entre sus comunas se escondían militantes irlandeses del IRA). Del espíritu inicial, comunal y experimentador de la yerba y del ácido se pasó a la paranoia del perico, caballo y "smack". La convivencia social se vio seriamente afectada, el clima de delincuencia e inseguridad subió, se cerraron las publicaciones alternativas y los locales vecinales de ayuda, el "Great London Council", antes del intento de la Thatcher por cargárselo, estrechó su cerco al enclave más identificativo y problemático de la contracultura londinense. A finales de 1977, cuando el punk hace su aparición, ya solo quedan los rescoldos.

Mick Farren y The Deviants fueron protagonistas estelares de una época refulgente de Londres, cuando Ladbroke Grove brillaba con merecida fama. Por allí vivían entonces personajes como Eric Clapton y morían otros como Jimi Hendrix. Nic Roeg y Donald Campbell rodaban entre sus calles su celebrado "Performance" (patético el recuerdo de John Fox disfrazado a lo Barrett...). Marc Bolan se dejaba ver con profusión en grabaciones, fiestas y "performances" de todo tipo, Joe Strummer ejercía de novato "squatter" (ahora okupa) en Freston Road.

Por favor, ¡que nadie me hable de Chelsea!

(Dedicado a Mick Farren, fallecido la semana pasada, a los 69, buena figura)